Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D
Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.
Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.
◤El Intercambio◢
«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »
◉○ PARTE 2 ○◉
AKANE I
«En el que Akane está harta de todo»
Akane Tendo había creído que todo se solucionaría en cuanto consiguiera hablar con Ukyo. Sin duda, la amiga de Ranma estaría deseosa de regresar a su hogar, a su restaurante y a todo lo que este representaba…
—… creo que todavía podemos conseguir una gran parte…
Akane Tendo se equivocaba.
—¡Ukyo! —exclamó al borde de la desesperación, apretando con todas sus fuerzas el cable del teléfono que sostenía entre sus manos—. ¿Es que no piensas volver? Si le cuentas todo a mi familia, ¡estoy segura de que podrán ayudarnos! ¡O podemos cambiarnos por el momento y tú volverías a tu restaurante…!
—Y tú, ¿con Ranma? —Akane sintió en los huesos la burla de Ukyo y por un segundo se sintió avergonzada. Solo un segundo, porque ella no tenía la culpa (del todo) de que Ranma viviese en su casa, no señor—. No, no —se la imaginó sacudiendo la cabeza—. Todavía tengo muchas cosas que hacer, Akane.
—¿Q-qué?
—Que te vaya bien.
Y colgó.
Akane tardó menos de un segundo en repetir la llamada.
Ukyo tardó incluso menos en rechazarla.
—¡Argh!
Contuvo las ganas de estampar el teléfono contra el suelo cuando, tras marcar de nuevo el teléfono de su casa, una voz automática le comunicó que aquel número no estaba disponible en esos momentos. Konatsu ya la había advertido de que cualquier daño que sufriesen los muebles o las instalaciones que necesitaban tendría que arreglarse con dinero de su bolsillo…
Bueno, con dinero del bolsillo de Ukyo. Akane prefería evitar a toda costa que su… amiga (si estamos generosos y llamamos «amigos» a cualquier bicho traicionero, pensó con insidia) se declarase en banca rota, pero, a decir verdad, en estos momentos no le habría podido importar menos la seguridad económica de Ukyo.
Si fuese otra, pensó Akane al tiempo que se dejaba caer sobre la destartalada silla que formaba parte del juego de comedor que venía con el piso, le habría quemado el local el primer día.
Luego hizo una mueca, porque, en realidad, casi le había quemado el local el primer día. Por accidente, claro está, pero, ¿cómo iba a saber ella que las cocinas antiguas eran tan difíciles de manejar? No era su culpa que Ukyo fuera tan tacaña como para no asegurarse de que contaba con electrodomésticos buenos en vez de esa excusa barata de cocina que todavía funcionaba a leña.
(Que tal vez se hubiese entusiasmado demasiado y acabase echando más leña de la que debería no tenía nada que ver con el casi incendio. Nada en absoluto, no señor).
Suspiró y enterró el rostro entre sus manos. Estaba cansada y, encima, se sentía sucia a un nivel que jamás se habría llegado a imaginar. No entendía cómo Ukyo podía soportar quedarse en la cocina todo el día, con el olor a comida y grasa incrustándose en sus ropas y sus cabellos, cubriendo hasta el último centímetro cuadrado de su piel, mezclándose con su propio sudor…
Akane necesitaba una ducha.
Urgentemente.
Akane también necesitaba volver a Nerima.
Para ayer.
—¡Argh! Maldita sea, maldita Ukyo, maldita Shampoo si tiene razón… ¡Maldito calor! —exclamó finalmente al sentir que una gota de transpiración se deslizaba por su sien—. Y maldita Ukyo por racanear y no tener ni un mísero ventilador…
Konatsu apareció en ese momento, secándose las manos con un paño de lino que Akane ya reconocía como parte de la colección personal de Ukyo.
Porque ni eso había sido capaz de comprar, no. En lugar de haberse comprado un paquete de trapos en el supermercado más cercano, como habría hecho cualquier persona normal, Ukyo se había traído una caja entera llena de retazos de tela que Konatsu le había asegurado con orgullo limpiaban mejor que cualquier bayeta de supermercado.
Los había hecho con la tela de sus kimonos viejos, al parecer.
A Konatsu no le gustaba mucho tirar cosas.
Y a Ukyo le gustaba incluso menos gastar dinero.
—No entiendo cómo la soportas —gruñó Akane al comprender que Ukyo se había aprovechado descaradamente de Konatsu otra vez. Los kimonos, incluso los viejos, eran caros y podían venderse a un precio razonable en los lugares correctos.
Dudaba mucho de que Konatsu supiera eso.
A decir verdad, dudaba de que a Konatsu le importase en absoluto.
—¿Cómo es posible que te guste Ukyo? —le preguntó con un quejido—. Es cruel, una agarrada, apenas te aprecia y, encima, nos ha dejado aquí tirados. ¿Te puedes creer que no tiene intenciones de volver? ¿Ni de decirle nada a mi familia?
Konatsu se limitó a llenar la tetera de agua y ponerla a hervir con tranquilidad.
—Además, ha tenido la desfachatez de colgarme. ¡A mí, que solo he querido ayudarla hasta ahora!
Konatsu arqueó una ceja perfectamente depilada.
Parecía preguntarle exactamente cuánto la había ayudado de verdad.
Akane se estremeció al recordar el estado en el que habían abandonado la cocina de aquel piso de Yonabaru la noche anterior. Habían tenido que avisar a las autoridades para que la declarasen zona peligrosa, razón por la cual horas más tarde habían tenido que colarse en un barco pesquero con todas sus pertenencias para cambiar de isla sin que nadie lo notase.
Konatsu le había asegurado que aquello no tendría repercusiones en su futuro, ya que todos y cada uno de los lugares que Ukyo alquilaba estaban a nombre de una tal Oyku Jinkou (1), una joven turca de padre japonés que se había afincado en la isla de Kitadaito después de quedarse huérfana a la tierna, pero legal edad de dieciocho años y que gustaba de viajar por Japón siempre que tenía la oportunidad.
Akane no tenía ni idea de dónde demonios se habían sacado a ese personaje. Solo sabía que no existía en realidad, que era su seguro para no acabar en la cárcel o en un sitio mucho peor y que tenía sus documentos de identidad guardados en el fondo de su maleta en caso de emergencia.
—¿Matcha o sencha? —preguntó Konatsu, sacándola de sus pensamientos. La tetera ya había hervido y el hombre kunoichi había dispuesto frente a ella dos tazas desgastadas que también eran propiedad de Ukyo—. Necesita comer algo ahora, señorita Akane, o no tendrá otra oportunidad hasta después de la hora de la cena —le recordó cuando Akane sacudió la cabeza.
—Oh, no.
La cena.
Después de El Desastre de Yonabaru, habían acordado que Akane se mantendría alejada de la cocina durante las horas que el restaurante estuviese abierto. El resto del día, era libre de practicar todo lo que quisiese siempre y cuando no malgastase más ingredientes de los necesarios (solo se le permitía usar aquello que estaba a punto de caducar, al fin y al cabo) y fuese capaz de limpiar luego el estropicio.
Pero Akane no estaba preocupada por cocinar. Aunque, al principio, había estado más que entusiasmada al comprender que se le presentaba la oportunidad de demostrar que era capaz de cocinar como cualquier chica normal (2), no había tardado en sentirse abrumada al recibir pedido tras pedido y descubrirse incapaz de sacarlos a tiempo.
Que Konatsu la ayudase o incluso se encargase de todo lo relacionado con las comidas era todo un alivio, en realidad, porque todo lo que había producido hasta el momento se asemejaba demasiado a los residuos tóxicos de un laboratorio químico como para que ni Ranma, que se comía todo lo que le pusiesen por delante, lo encontrase comestible.
Se refería, más bien, a los estúpidos pervertidos que intentaban tocarla cuando les llevaba los platos a sus mesas. Konatsu le había confesado que aquella era la principal razón por la que Ukyo prefería no ejercer de camarera.
—Recuerde que no puede mandar a nadie al hospital. El seguro que tenemos no cubre nada de eso —dijo Konatsu, sentándose junto a ella y ofreciéndole una humeante taza de… algo que no era ni matcha ni sencha. Akane sospechaba que ni siquiera era té—. Y que de momento no tenemos ni la mitad del dinero que necesitamos para el ferry a Kagoshima. Porque sigue queriendo ir directamente a Kagoshima, ¿no?
A regañadientes, Akane tuvo que asentir.
Había revisado los planes de Ukyo durante la noche anterior y no había tardado en calcular que le llevaría casi un mes llegar a Nerima si continuaba al ritmo que había marcado la artista marcial. Sin embargo, si se saltaban unas cuantas islas y utilizaban los pocos ahorros que tenían (y que Akane tenía cierto reparo en gastar) y el resultado de un par de días (o puede que un poco más) de trabajo, Tokio solo se encontraba a una semana y media de distancia.
Así se lo había dicho a Konatsu esa mañana, cuando se hizo evidente que Ukyo no se iba a poner en contacto con ellos. Akane había contado incluso con algo de ayuda de su familia si conseguía hablar con ellos más tarde y acortar el viaje unos días, pero ahora tenía que enfrentarse a la realidad de que conseguir esa ayuda sería más difícil de lo que había pensado en un principio.
Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Antes, por la tarde, cuando había hablado con Kasumi, había tenido la tentación de confesar lo que había ocurrido, pero había dudado en el último momento y ahora se arrepentía de no haberle dicho nada a su hermana.
Oh, su hermana. ¡Cuánto la echaba de menos! Seguro que, si Kasumi estuviese allí con ella, nada malo habría sucedido. No habría prendido fuego a ninguna cocina, eso seguro, y su hermana la habría ayudado a salvar la cocina de Yonabaru…
—Oh, señorita Akane —se lamentó Konatsu como sintiendo su angustia—. No se preocupe, seguro que hoy nos va muy bien y conseguimos mucho dinero. ¡Y podremos volver a Nerima junto a nuestros seres queridos!
Ante su fervor, Akane no pudo contener un resoplo arisco.
—¿Es que no te molesta ni siquiera un poco que Ukyo, la chica de la que estás enamorado, ahora mismo esté viviendo bajo el mismo techo que el chico que le gusta? —masculló con crueldad.
A ella, sin duda, le molestaba que una chica que afirmaba estar enamorada de Ranma fuese a dormir aquella noche en su cama, a tan solo unos metros de distancia del objeto de su amor. ¿Y si le daba por atacarlo de madrugada? A Akane le daban escalofríos solo de pensarlo.
Konatsu, sin embargo, apenas reaccionó. Se limitó a sonreírle con la misma gracia femenina de siempre y se encogió de hombros con delicadeza.
—La señorita Ukyo lo soporta cada día sin apenas rechistar —le explicó tranquilamente—. Y si ella puede, yo también.
Sintiendo el comienzo de un sonrojo en las mejillas, Akane repitió aquellas palabras para sus adentros.
«Si ella puede, yo también».
Con un suspiro, le dio un sorbito a su té que no era té y luchó para no arrugar el rostro en una mueca.
«Si ella puede, yo también».
(1) Intento pensar en Ranma 1/2 como lo que es, una obra de ficción, pero eso no evita que me pregunte cómo diablos una chica de dieciséis años se puede pasar la vida viajando por el país con un restaurante a cuestas y nadie se cuestiona nada en absoluto.
(2) Para mí, una chica normal podría decidir no cocinar en su vida y me daría absolutamente igual, pero hay un montón de detalles en el manga (o, directamente, en los mangas que he leído, pero podemos extrapolarlo a la cultura japonesa en general, aunque generalizar me da miedo a estas alturas de la vida) que describen un tipo de mujer ideal que he querido transmitir en este capítulo, aunque sea un poquito.
N/A: Un capítulo corto, lo sé. ¡Pero es Akane!¡Y el principio!
Un saludo a los guest que me han dejado un review. Intento contestar a todos los reviews que puedo por privado, pero con vosotros no puedo. Así que, de verdad, muchas gracias por vuestros comentarios!
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