Código Guardianes

Capitulo 30

Tras un corto trayecto por la selva jurásica acompañados por los silurianos, los chicos llegaron a una cueva situada en medio de un pequeño claro en la misma. Si uno se fijaba en sus alrededores, se podía dar cuenta de que la cueva era solo la entrada, pues era demasiado pequeña y apenas se alargaba tres metros, insuficiente para que viviera una comunidad grande de silurianos, sobre todo una que contaba con un alto consejo, como dijo uno de sus acompañantes. . Tras entrar en la cueva, las suposiciones de los chicos se confirmaron, pues apenas entraron, unas largas escaleras iluminadas por luces eléctricas les esperaban.

-¿Vivís bajo tierra?- les preguntó, algo confundido, Odd. El siluriano mayor asintió.

-Sí, así es. Nos dimos cuenta que vivir en la superficie era demasiado peligroso por culpa de los grandes depredadores, por eso, procuramos salir lo mínimo posible y permanecer a salvo bajo tierra, donde tenemos todas nuestras ciudades y pueblos- les explicó.

-Como mola…- comentó Patrick.

-Vuestra tecnología es muy cercana a la nuestra, estoy deseando ver como es vuestra ciudad- dijo Herb, soñador.

Tras bajar escaleras durante unos minutos más, finalmente llegaron al final de las mismas. Justo allí había una sala para un máximo de 30 individuos. Al final de la sala había una enorme puerta que casi llegaba hasta el techo. Las puertas estaban echas de madera, en la cual, había inscripciones con extrañas letras que no se parecían en nada de lo que nunca ninguno de ellos había viso nunca. Mientras los chicos admiraban la enorme belleza de la puerta, el siluriano mayor abrió la puerta gracias a una cerradura que se encontraba justo a la derecha de la misma. No era una cerradura corriente de llave, sino una que se abría con la palma de la mano. Tras abrirse, a los chicos les recibió un fuerte fogonazo de luz.

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De vuelta con el grupo de Ulrich, estos se encontraban ya en la época que se les indicó en el libro de Atenea. Rápidamente se dieron cuenta de que estaban sobre lo alto de un lugar elevado, pues podían ver una gran cantidad de terreo a su alrededor. Ese terreno estaba formado en su mayoría por grandes árboles, los cuales formaban un espeso bosque, aunque no era tropical, lo que les indicaba que estaban en latitudes medias. Además, podían ver un río que atravesaba parte de la selva, con animales bebiendo a la orilla. Sus ropas estaban compuestas por pieles de animales, con el pecho y las piernas recubiertas por las mismas tanto para chicos como para chicas, aunque en ellas, la parte del torso solo llegaba hasta los hombros, dejándolos sin recubrir, el resto estaba cubierto hasta la cintura, donde empezaban los pantalones. En sus caras y brazos tenían pintados con pinturas triales sus símbolos. Ulrich observaba los alrededores, algo extrañado.

-Que raro, no encuentro ningún volcán por aquí…- comentó. Jeremy hacía lo mismo.

-¿Estas seguro de que es aquí, Ulrich?- le preguntó Jeremy. El chico asintió.

-Completamente, puedo notar la lava bajo nuestros pies- les respondió.

-¿También puedes controlar esas cosas?- le preguntó Marin.

-Claro, mi gema la obtuve allí, además, en parte, los volcanes también expulsan fuego, en forma de lava fundida, al menos- le dijo. La chica simplemente se encogió de hombros.

-En cualquier caso, sabemos que estamos en el lugar adecuado, ahora solo tenemos que buscar los chakrams de Ulrich, e irnos a casa- dijo Nicolás

Tras esas inteligentes palabras, a pesar de quien las dijo, el grupo decidió seguirlas, y se encaminó a bajar la colina en la que estaban situados. Mientras andaban, los chicos se guardaban las espaldas entre ellos, ya que, si les atacaba alguna fiera, no estaba Odd para pararla. A pesar de que con solo uno de ellos sería suficiente para hacer que cualquier animal huyera, no querían correr riesgos con eso.

-Sigo pensando que no es necesario ir con tanto cuidado, ningún animal de por aquí puede dañarnos- comentó Sissi. Aurora se giró.

-Ya, pero no queremos que nadie nos vea, las gemelas están constantemente con eso, dicen "no debemos alterar la historia" y eso incluye que usemos nuestros poderes para luchar con animales, a no ser que sea imprescindible, claro- comentó.

-Si, pero casi nunca lo cumplís- le inquirió Marin. La chica alada se sonrojó ligeramente- Por cierto, deberías recoger tus alas…- le comentó. Aurora solo las replegó, mientras miraba a otro lado. Marin rió un poco.

Tras eso, y una pequeña caminata colina abajo, el grupo llegó hasta el inicio del bosque, pues hasta entonces, en la colina, lo predominante eran arboles sueltos, y solo se juntaban en parte baja. Mientras se introducían, vieron un grupo de unos veinte ciervos, pero estos eran considerablemente más grandes que los de su época, con cornamentas mayores. Si se introducían en el bosque, probablemente se quedarían atrapados, por eso, olo las hembras, sin ornamenta, y sus crías, entraban a comer las bayas de los matorrales, mientras que los machos ya con cornamenta, se quedaban fuera, vigilando. Y por l que los chicos pudieron escuchar ya dentro del bosque, la vigilancia estaba más que justificaba, pues rápidamente empezaron escuchar los bramidos de los ciervos gigantes, junto a lo que indudablemente eran gritos de personas.

-¡COJEDLOS, COJEDLOS!- los gritos se podían escuchar desde allí, pero apenas se podían distinguir las palabras de otros ruidos.

-¿Qué hacemos?- preguntó Jeremy

-Dejémosles cazar en paz, debemos…- las palabras de Ulrich se cortaron por un fuerte grito de dolor, seguido de otros gritos de pánico y miedo. Extrañados, los chicos se encaminaron hacia donde aquellos cazadores intentaban obtener su pieza. Pararon inmediatamente cuando vieron a varios de los cazadores rodeando a algo, todos ellos sentados o arrodillados, y hablando entre ellos, en bajo. Tras varios minutos, todos se levantaron, cogieron la pieza de caza que lograron obtener, y se marcharon, cabizbajos, algunos incluso llorando con fuerza.

-Yo diría que uno de ellos murió durante la cacería…- comentó Percy.

-Es posible… ¿le ayudamos, por si aún está vivo. Marin?- le preguntó Sissi. La chica suspiró- Se supone que no debemos intervenir, pero...- las miradas clavadas sobre su nuca empezaban a hacer su efecto- Supongo que no pasará nada, ya os creyeron dioses en otras ocasiones…- murmuró. Dicho eso, los chicos, contentos, corrieron a socorrer al herido.

Cuando se arrodillaron para verle, vieron que era un hombre joven, apenas unos años mayor que ellos, con barba y pelo negro; y una brecha en la cabeza. Aelita posó su mano sobre la herida, inspeccionándola.

-Es una herida profunda…- comentó, mientras la miraba- Se necesitaría de hilo y aguja para cerrarla, aunque por suerte, no perdió mucha sangre, solo se rasgó la carne- dijo.

-¿No puedes cerrarla con tus poderes, Aelita?- le preguntó Sissi. La chica negó- Podría intentarlo, pero a pesar de que cuento con los poderes curativos de Yumi, no creo que pueda curarle, no he entrenado eso como Yumi- respondió.

-En cualquier caso debemos irnos, por allí vienen sus amigos…- comentó Aurora, señalando al grupo que se les acercaba.

Por desgracia, ya era tarde, pues los compañeros del chico al que estaban socorriendo ya les habían visto, y empezaron a gritarles y a lanzarles cosas en cuanto tenían algo que arrojarles. A pesar de que salieron corriendo, y a qu el físico de los chicos era mejor gracias al entrenamiento que recibieron, aquellos hombres antiguos eran mucho más rápidos que ellos, a pesar de portar armas pesadas. Rápidamente les apresaron, tirándoles al suelo.

-¿!Que le hacíais a mi hijo¡?- gritó uno de ellos. Parecía el jefe, aparte de por sus ropas, porque era el único que no estaba encima de uno de ellos, reteniéndoles.

-Solo…solo..- empezó Ulrich- ¡Nos asegurábamos de que estaba bien, lo juramos!- les respondió Jeremy

-¡Mentís!- gritó, enfadado. Con un ademán, les ordenó a sus compañeros que sujetaran a los chicos, para, acto seguido, colgarles a los hombros como si se trataran de animales cazados para llevarles a su aldea.

-Os dije que no era buena idea intervenir…-les reprendió Marin vía gema a sus compañeros, quienes solo suspiraron.

-Miradlo por el lado bueno, al menos no creen que seamos espíritus o algo por el estilo- comentó Percy.

-Con suerte, no nos matarán…-comentó Ulrich, haciendo que a muchos se les erizaran los pelos de la nuca.

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De vuelta con el grupo de Odd y los silurianos, se encontraban ya recorriendo las calles de la ciudad principal de aquella civilización. Las calles estaban bastante transitadas por lo que parecían coches, aunque el motor, por lo que les contaron, funcionaban con baterías de electricidad en vez de gasolina, pero como su autonomía era pequeña, contaban con dinamos para irlas recargando según iban girando las ruedas, un invento bastante inteligente, y, sobre todo, limpio. Por las aceras iban venían centenares de silurianos, algunos cargados con bolsas, otros, los que parecían guardias, armados como los escoltas de los chicos. Las casas eran no muy altas, de cómo mucho tres pisos de alto y con fachadas de madera decoradas con elegancia, aunque eran anchas, por lo que en cada piso podían vivir varias familias con facilidad.

Mientras los chicos observaban el trajín de aquella ciudad subterránea, los silurianos que se iban encontrando les miraban con curiosidad, pero no se les acercaban demasiado. Tras un rato caminando, llegaron a un edificio de gran altura, más alto que el resto de edificios cercanos, construido con grandes piedras, decoradas con hermosas figuras talladas en las paredes, y, frente a la puerta de entrada, situada en unas escaleras, una figura de una mujer siluriana con una espada en la mano derecha y una balanza en la otra se alzaba orgullosa, aunque tenía los ojos vendados.

-Bienvenidos al palacio de justicia, aquí está el alto consejo- les comentó el mayor de los silurianos- Será aquí donde le contareis vuestra historia al alto consejo- dijo.

-Gracias por acompañarnos…estoooo- dijo Odd- Llamadme Rex, chicos- les dijo su guía

-¿Esto son los tan famosos "seres humanos?- preguntó una voz. Tras darse la vuelta, allí estaba una mujer siluriana, vestida con una toga de color malva. Tras bajar los escalones que les separaban, la mujer se colocó justo en frente de Rex.

-Así es, fiscal Alaya, estos son- le respondió- Perfecto, el alto consejo se estaba impacientando, ya sabes que no les gusta esperar- siguió Alaya- Dímelo a mi- dijo, hastiado.

Los chicos se miraron entre ellos, confundidos- Prefiero no hablar del tema…- respondió simplemente Rex a sus miradas.

Tras eso, el grupo entró al palacio de justicia, guiados en esta ocasión por Alaya. El interior estaba compuesto por altos techos, de los cuales colgaban elegantes lámparas de velas. El suelo estaba conformado por grandes losas de mármol bellamente decorado, así como las paredes, aunque en algunas partes estaban tapizadas, seguramente por la aparición de humedades. Tras subir otro buen tramo de escaleras, llegaron al segundo piso, en el cual recorrieron un largo pasillo hasta dar con unas grandes pertas de madera, decoradas con la misma estatua de la puerta de entrada tallada en relieve en cada una de las partes de la puerta. Tras dar unos golpes a la puerta, y que una voz desde dentro les gritara que pasaran, los chicos empujaron las enromes puertas, haciendo chirriar los enromes goznes que las hacían girar. Una vez dentro, observaron con admiración la sala que ante ellos se mostraba: no era muy grande, pero su gran amplitud era capaz de engañar a la vista. La sala tenía forma de una magna, es decir, estaba inclinada, de tal forma que la parte trasera, donde ellos estaban, estaba más alta que el otro extremo, donde podían ver un pulpito con un micrófono, seguramente para que los miembros hablaran desde allí. Entre ellos y el pulpito había varias hileras de sillones con largas mesas delante de ellas, aunque había una que estaba por detrás del mismo pulpito sobre una elevación , donde había solo cinco silurianos, puede que los más importantes, estando todos los sillones ocupados con silurianos de edad avanzada, aunque uno que otro tenía un aspecto más joven. Los sillones estaban orientados hacia ellos, por lo que las penetrantes miradas de sus interlocutores les atravesaban de lado a lado, poniéndoles nerviosos. Sus ropas eran como las de Alaya, pero con apariencia más rica, por lo que su importancia debía ser mayor, acorde con sus mejores ropas.

-No habléis si no se os pregunta, y sed claros y concisos con vuestras respuestas, pero sobre todo, sin comentarios graciosos, ¿queda claro?- les dijo Alaya en un susurro. El grupo asintió en señal de haber entendido- Buena suerte- las palabras de la siluriana hicieron que más de uno se asustara, ¿tan duros eran los miembros del alto consejo?

-Sed bienvenidos al Alto Consejo de los silurianos, humanos- habló uno de ellos, el que tenía aspecto de ser más anciano, y el que parecía el líder de ellos

-Este consejo os hará unas preguntas para conoceros mejor, y determinar si sois fiables o no- siguió el que estaba a la derecha- En caso de no serlo, seréis juzgados como enemigos de la raza siluriana, así que os aconsejamos que midáis bien vuestras palabras- acabó otro de los miembros.

Ante esas desalentadoras palabras, los chicos tragaron saliva, esperando la primera pregunta.

-Primera pregunta, ¿de donde venís?- dijo el mayor.

-Es… un poco largo de explicar, señor- respondió Odd. El líder del consejo sonrió- Tenemos mucho tiempo, hijo, así que habla- le pidió.

Literalmente, en la mente de Odd calló un enorme chaparrón de ideas provenientes de sus amigos, todos ellos con una distinta, algunos pidiéndoles que dijera la verdad, y otros que se inventara una excusa.

-Venimos… venimos…empezó, haciendo que todo el consejo se inclinara para oírle mejor.

Su mente era un caos. Por un lado, se inclinaba por decirles la verdad, pero se arriesgaba a un conflicto si les decía que de donde ellos vienen no hay dinosaurios y que los silurianos están casi extintos, ya que podrían mal interpretarlo como una amenaza. Y si les mentía, se arriesgaba a que aquellos seres conocieran la faz de la Tierra tan bien como ellos, y que no les creyeran, dijeran lo que dijeran.

-¿Y bien?- le animó el mayor de todos- Venimos de unas tierras lejana señor, haya, al Este- dijo, al fin. El consejo empezó ha hablar entre ellos, en voz baja. Incluso algunos de ellos parecían teclear sobre una pantalla en sus mesas, dando seguramente su opinión al respecto. Tras unos segundos tensos, el líder del consejo habló.

-¿A que habéis venido desde tan lejos?- volvió a preguntar.

-Hemos venido para conocer estas tierras, señor- respondió Odd. De nuevo, el alto consejo realizo la operación antes citada.

-¿Cuales son vuestros nombres?- preguntó otro de os miembros- Mi nombre es Odd. Estos son mis compañeros, Patrick, Sam, Yumi, William, Electra. Herb y Susan- mientras decía sus nombres, iba señalando a cada uno de ellos, mientras cada uno hacía una pequeña reverencia en señal de respeto.

-¿Qué son esas… piedras que lleváis en las muñecas?- preguntó otro de los miembros del consejo.

-Son nada más que piedras, solo sirven para… decorar, son simples abalorios- respondió rápidamente Odd.

-¿Sois nobles en vuestra casa? Vuestras prendas no deben ser precisamente fáciles de obtener, parecen echas a medida- preguntó uno de los miembros que estaban sentados en las filas delante del pulpito.

-No exactamente, no tenemos ningún titulo nobiliario, pero si que somos importantes señor- dijo Odd, orgulloso.

-¿En que sentido sois importantes?- preguntó el mayor.

-Pues…- en aquel momento, Odd se vio acorralado, y, otra vez, su cabeza se llenó de las voces de sus compañeros, quienes le recriminaban sus palabras tan descuidadas, pero que a la vez le daban ideas para salir de aquel lio.

-¡Señor, señor!- el estridente grito de uno de los guardias que los chicos vieron mientras iban hacia el Palacio de Justicia hizo que muchos de los miembros del consejo saltaran d sus asientos por el susto, y que los chicos se dieran la vuelta para ver que era lo que pasaba.

-¿!Se puede saber que es tan importante para que interrumpas una reunión del Alto Consejo!?- gritó uno de los miembros del mismo, uno de los más importantes.

-Lo..lo…lo siento, señor, pero…- el pobre guardia estaba aterrado por la fiera mirada de su interlocutor, quien, a pesar de su aspecto débil por la edad, tenía la vigorosidad y el carácter de un general.

-Habla, hijo, y tranquilo, no muerde- dijo el líder del congreso. Su compañero le miró con los ojos entrecerrados y con mala cara, pero no le dio importancia- Señor, alguien ha robado en el gran museo de las Ciencias, señor- respondió.

-¿Y por eso interrumpes una reunión del consejo?- preguntó otra vez- No han robado una pieza cualquiera, sino la que usted encontró en aquella excavación, señor- dijo.

Entonces, el líder de aquel consejo, sin pensárselo, se levantó de su asiento- Esta reunión ha finalizado, sois libres jóvenes, caballeros, nos veremos mañana- dijo, mientras se levantaba apresuradamente de su asiento, ante las miradas incrédulas del resto de sus compañeros y la de los guardianes, que no entendían que pasaba. Pero, siguiendo las palabras de su líder, el resto de los miembros del consejo se fue yendo de la sala sin siquiera decir nada, haciendo que los chicos empezaran a ver gato encerrado.

-¿Tan importante será ese objeto robado?- comentó William, mientras salían de allí.

-Mucho para que el Alto Consejo haya cancelado una reunión con nosotros, por lo que parece- respondió Sam

-¿Por donde seguimos buscando? Las gemas no indican ninguna dirección- preguntó Herb.

-Podríamos probar buscado en ese famoso museo de las Ciencias, a lo mejor allí descubrimos algo- sugirió Yumi.

-Buena idea, Yumi ,vayamos allí- dijo Odd

-¿Sabemos por donde se va?- dijo Susan.

Odd dudó- Todos los caminos conducen a Roma, recuérdalo, Susan- esas palabras hicieron que, tanto Susan como el resto se dieran cuenta de las intenciones de Odd, vagabundear por la ciudad hasta dar con el museo.

-Será mejor que preguntemos…- suspiró Yumi, mientras el resto se encaminaba hacia donde ella iba, en la dirección contraria por la que Odd quería ir, por lo que el chico tuvo que seguirles.

-¡Venga, es solo una forma de hablar!- se quejó él.

-¡Vamos Odd, que se nos hace tarde!- le gritó Sam, ya a varios metros de donde se encontraba el chico. Con un resoplido, Odd simplemente corrió esos metros, colocándose rápidamente a la altura de sus compañeros.

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Mientras tanto, con una diferencia de millones de años, al grupo de Ulrich no le iba tan bien en su visita a la Edad de piedra. Tras un corto paseo de cinco minutos a hombros de aquellos hombres primitivos, los chicos llegaron al poblado en el que vivía. Saltaba a la vista que el grupo era de no más de quince personas, pues había unas pocas casas no muy grandes construidas con grandes troncos de árboles y con el tejado conformado por grandes hojas de color verde, contaban con una pequeña entrada, y dentro se podían ver más hojas verdes, las cuales usaban a modo de cama. Nada más ver a los cazadores llegar, las mujeres dejaron lo que hacían y se acercaron para ver que era lo que trían, pues parecía que llevaban muchas cosas, y eso las alegraba. Se sorprendieron al ver a los chicos, pero rápidamente empezaron a sollozar al ver el cuerpo inmóvil del hijo del que parecía el jefe en una camilla de troncos. Tras dejar a los chicos convenientemente atados a un árbol cercano, todo el grupo se acercó a verle. Uno de ellos, una mujer anciana, de pelo canoso y piel ligeramente arrugada por su edad se arrodilló a su lado, mientras el resto la observaba a una distancia prudencial.

-Debe ser la chaman del grupo…- comentó Jeremy.

-Teniendo a la curandera, es normal que no dejaran a Aelita hacer nada- dijo Ulrich.

-Deben confiar mucho en ella- siguió Marin.

-¡Fijaos!- les indicó Aelita.

La chaman estaba procediendo ha hacer lo que parecía un ritual sagrado, mientras vociferaba palabras ininteligibles y alzaba los brazos al cielo, clamando por una sanación milagrosa.

-Creo que está clamando a laguna fuerza para que sane al chico- continuó Aelita.

-Si ese es el caso, este es el momento perfecto de intervenir- dijo Percy.

Sin que nadie más dijera nada, Aelita se concentró. Deseaba ayudar al chico con todas sus fuerzas, por eso, hizo lo que Yumi le enseñó una vez. Debía concentrarse en la piel, en cada vena, en cada poro, en cada nervio, para poder regenerar la herida como corresponde. Lo mismo sucede con la rotura de un hueso o una gastroenteritis. Mientras ella se concentraba y extendía su mano en dirección al herido, una ligera aura de color blanco la rodeó, así como al chico ante la atónita mirada de los que le rodeaban. Más sorprendidos aún se qudaron cuando el chico abrió los ojos.

-¿Qué…que pasó?- preguntó. Pero antes de recibir respuesta alguna, los brazos de su padre y de los miembros del grupo le rodearon con gran felicidad, algunos incluso llorando.

-¡Estas vivo!- celebró el líder del grupo y padre del chico.

Mientras el clan celebraba la "milagrosa" recuperación del muchacho, los chicos felicitaban a Aelita.

-¡Bravo, Aelita!- le dijo Aurora- Lo has hecho muy bien- la felicitó Jeremy.

-Vamos, aprovechemos ahora que no miran para largarnos- les instó Ulrich.

Siguiendo las sabias palabras de Ulrich, cada uno rompió las cuerdas que les ataban con facilidad, y se escabulleron a través de las casas que conformaban el poblado, saliendo a correr nada más salir en dirección a un bosquejo cercano. Una vez internados en él, a sabiendas de que ya no podrían pillarles, los chicos tomaron un descanso.

-De acuerdo, ahora…- las palabras de Nicolás fueron cortadas por un intenso temblor, que hizo que los chicos se estremecieran.

-¿Un terremoto?- preguntó Jeremy al aire.

-Según parece, antes de que el súper-volcán estallara, se pudieron sentir fuertes terremotos por la zona a causa de la enorme presión que había bajo tierra- explicó Ulrich

-Entonces estamos po buen camino, guíanos, Ulrich- le pidió Aurora.

Justo como dijo Urich, mientras andaban guiados por Ulrich en dirección a los chakrams de fuego, y por tanto en dirección al volcán, podían sentir cada vez más terremotos, los cuales eran cada vez más potentes. A la media hora de marcha, los chicos llegaron a un lago de gran tamaño, rodeado del bosque por el cual antes de ser capturados por aquellos hombres primitivos ellos buscaban.

-Que raro, las gemas dicen que es aquí, pero yo no veo ningún volcán…- comentó Nico.

-Los súper-volcanes no son como los que estamos acostumbrados a ver, de forma cónica, como el Teide, sino que son grandes depresiones, a veces de cientos de hectáreas de grandes, es más, el mismo parque natural de Yellowstone es un súper-volcán, por eso, en él hay esas grandes fumarolas que se ven en constantemente- explicó Jeremy (1)

-Es posible, ahora, andando-dijo Ulrich, mientras aminaba hacia el lago.

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De vuelta con el grupo de Odd, este ya había llegado al museo, no sin antes vagabundear por las calles de la ciudad siluriana, pues se habían perdido en varias ocasiones por culpa de las malas indicaciones de algunos transeúntes, quienes, sin maldad, les indicaban trayectos un tanto liosos. Ya en el interior, los chicos buscaron con los ojos al líder del alto consejo para ver que era lo que había encontrado en aquellas famosas ruinas antiguas y que tanto le importaban, pues había dejado a la mitad una reunión muy importante con seres de otra especie, lo que hubiera causado un gran revuelo en su mundo. Pero no hizo falta agudizar la vista si uno contaba con el oído, pues los gritos de enfado se podían escuchar por todo el edificio, el cual no era precisamente pequeño.

-¡¿Pero sabéis la importancia que tenía esa pieza, atontados!?- los gros de cólera del, en apariencia tranquilo, líder del Alto Consejo retumbaban por todas partes, provocando que a los chicos se les erizaron los pelos de la nuca.

Tras subir al segundo piso del edificio, que era de donde venían los gritos, los chicos vieron al líder del Consejo dar vueltas por la sala soltando toda clase de improperios, casi como si se tratara de una fiera encerrada, y a los que parecían los trabajadores del museo, todos con la cabeza gacha, y aguantando con gran estoicismo el aluvión de insultos por parte de este.

-Vaya genio se gasta, parece Electra- bromeó Patrick, ganándose un golpe por parte de la aludida.

-¿Se sabe al menos quien robó esa arma?- preguntó el líder del Consejo de repente. Los chicos se prepararon para escucharlo bien.

-No lo sabemos señor, algo impidió que las cámaras de seguridad lo grabaran pero lo que si sabemos era que tenían rmas muy raras, uno de los guardias afirmó que uno de ellos lanzaba agua de las manos- se excusó uno de los guardias.

-¡Era el descubrimiento del siglo, que digo, del milenio!- gritó, enfurecido, provocando que todos se asustaran.

-Bueno señor, los hicos con los que se entrevistó antes también son un gran descubrimiento para la comunidad científica- dijo uno de los trabajadores.

-Puede, pero ese arco era la prueba de que antes hubo moradores en la superficie, por lo que las teorías de ese idiota de Yolai se desmoronan, no me extrañaría nada que haya contratado a alguien para hacer el trabajo- dijo.

Al oír eso, los chicos sumaron do y dos: ese tal Yolai quería deshacerse del arco, y sus enemigos, los generales de Virio, quieren obtener las armas antes que ellos, por lo que era lógico que fueran ellos los que estuvieran detrás del robo. Ahora que sabían eso, solo tenían que seguir la pista de los secuaces de Virio, y darán con el arco. Tras salir del museo, miraron a sus gemas.

-Por allí- determinó Herb tras mirarla, señalando en una dirección. Esa dirección era precisamente hacia fuera de la ciudad, donde sabían que nadie les seguiría por miedo a las enormes bestias que habitaban en la superficie. Tras llegar al enorme portón de salida, los guardias les pararon. Después de explicarles que el Alto Consejo les dejó ir, estos no les creían, por lo que llamaron al Palacio de Justicia para comprobarlo. Una vez que el Palacio les confirmó a los guardias que los chicos eran libres de marcharse, abrieron las puertas, permitiéndoles salir. Tras eso, empezaron a subir las escaleras, y, tras una corta subida, llegaron la salida.

-Sienta bien volver a respirar el aire de fuera- dijo Susan, estirándose ligeramente.

-¿Por donde, Odd?- preguntó Yumi.

El muchacho comprobó su gema- Tenemos que ir hacia allá- respondió, mientras señalaba hacia el claro.

Con una dirección a la que ir, los chicos emprendieron, una vez más, su camino para encontrar el arco de las Bestias, con la pregunta en la cabeza de cómo les iba a sus compañeros en su propia misión, y deseándoles el éxito en la misma.

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Efectivamente, los súper-volcanes no tiene forma cónica como los que estamos acostumbrados a ver a causa de su enorme tamaño. También es cierto que el parque natural de Yellowstone está justo bajo uno de estos súper-volcanes, los cuales son muy peligrosos y violentos durante las erupciones, es más, la erupción del Vesubio en la destrucción de Pompeya no es nada en comparación con la de un súper-volcán.

¡Hola! ¿Qué tal el veranito? ¿Os está gustando la historia? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no, que os está pareciendo, como continuaríais, etcétera. Espero que os haya gustado mucho, y que estéis disfrutando tano como yo. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como y el personaje de Susan, que pertenece a Doctor Who.