Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 2 ○◉


AKANE III

«En el que Akane contesta una llamada»


Akane había estado sujetando a P-chan entre sus brazos.

P-chan era un cerdo pequeño (lo cual, ahora que lo pensaba, ¿no era un poco raro? Akane había leído una vez que incluso el cerdo más pequeño del mundo crecía hasta alcanzar el tamaño de un perro grande. Siempre había creído que P-chan era un cerdo pigmeo con problemas de crecimiento, pero ahora que sabía la verdad, bueno, no podía evitar cuestionarse cómo funcionaba ese aspecto de la maldición) y cabía a la perfección en el espacio que había dejado entre sus extremidades y su pecho.

Había estado dormido, con la cabecita apoyada suavemente sobre su esternón, y apenas se había movido cuando Konatsu lo había rociado con agua caliente.

P-chan seguía entre sus brazos, por lo tanto, cuando cambió.

Si Akane no estuviese todavía intentado reconciliar la imagen de su pequeño cerdo con la del cerdo que había aparecido frente a ella, a tan solo unos centímetros, tal vez habría encontrado ligeramente interesante (aunque perturbador a un nivel inimaginable) su estado de desnudez.

Si Akane no estuviese conteniendo el instinto de llamar a su maza desde el bolsillo dimensional en el que permanecía guardada la mayor parte del tiempo, tal vez habría escuchado el grito escandalizado que profirió Konatsu.

Parpadeó.

—¿Qué…?

—Eh… tengo la sensación de que… usted no… no sabía nada de esto —comentó Konatsu con delicadeza. Akane le lanzó una mirada furibunda preguntándole mentalmente exactamente qué detalle de esa situación se lo había hecho saber. Konatsu se encogió de miedo—. Um… ¿señorita…?

—Ukyo —se sorprendió diciendo Akane. Le costó un segundo comprender el rumbo de sus propios pensamientos, pero no dudó en mirar fijamente a Konatsu pidiéndole que la entendiese—. Sabes que puedes llamarme Ukyo, Konatsu.

Konatsu pareció querer decir que, en realidad, no, no lo sabía, pero Akane no le dio la oportunidad ni de abrir la boca. De un empujón del que hasta Ranma se sentiría orgulloso, mandó a Ryoga a la otra punta de la cocina. El pobre cerdo, todavía atrapado en las telarañas del sueño (y, probablemente, también del hambre y la confusión), apenas fue capaz de detener el golpe que lo habría incrustado contra la pared gracias al hombre kunoichi, que se apresuró a quitarse su kosode exterior para cubrir su desnudez.

Akane, en el fondo de su cerebro, registró que el teléfono seguía sonando.

RyogaesP-chanohdiosmíoRyogaesP-chanylehecontadotodosmissecretosyRyogaesP-chanyhadormidoenmicamayRyogaesP-chanymehavistocambiarmey…

—Ryoga es P-chan —susurró con un sonido estrangulado.

Sintió ganas de vomitar.

Desde… ¿cuándo había estado engañándola? Acaso… ¿acaso Ryoga se había hecho pasar por su mascota para acercarse a ella? ¿Como un acosador? Akane tenía la suficiente experiencia con los hombres de ese tipo como para sentirse tonta, porque, sin duda, tendría que haberse dado cuenta desde un principio y…

—Ryoga es P-chan —repitió.

¿Eran lágrimas lo que, de repente, habían cubierto tu visión?

—¿Señorita, eh, Ukyo? —la llamó Konatsu. La miraba con cautela, como si no supiese exactamente qué hacer a continuación. Ryoga, a su lado, parpadeaba con confusión—. ¿Puede usted contestar el teléfono? Mientras tanto yo puedo encargarme de…

—Pero qué idea más maravillosa —contestó a Akane. Incluso a sus oídos, su voz sonaba sin vida.

Sin prestar mucha atención a sus alrededores («RyogaesP-chanRyogaesP-chanRyogaesPchan») Akane salió de su cocina. Cuando quiso darse cuenta ya había levantado el teléfono de su sitio y recitaba las palabras que Konatsu le había hecho memorizar.

—Okonomiyakis U-Chan, ¿en qué le puedo atender?

—¿Akane?

Fue su voz, más que su nombre, lo que consiguió sacarla del extraño estupor en el que había estado sumida los últimos minutos.

Oh, cuánto había echado de menos ese tono áspero, masculino y cargado de exasperación por ella…

—¿Akane? —repitió Ranma—. ¿Eres tú? ¿Estás… estás llorando?

Vaya. Akane ni siquiera se había dado cuenta de que las lágrimas le bañaban las mejillas hasta ese mismo instante. Se sorbió la nariz, incapaz de decir nada, y, al otro lado de la línea, Ranma dejó escapar una risa.

—¿Te ha emocionado tanto oír mi voz que ahora estás llorando? —se burló—. Tonta.

Akane sonrió. «Tonta», había dicho Ranma.

«Todo va a ir bien», querían decir sus palabras.

—Idiota —contestó con desdén. «Lo sé».

—Entonces, ¿estás bien? ¿Te ha pasado algo? ¿Qué ha pasado? ¿De verdad estás bien? Porque de un momento a otro ya no eras tú y Ukyo…

—Ah, así que ya te lo ha dicho —Akane emitió un suspiro—. Sí, no sé, no sé y , en serio. ¿Cómo estás tú?

Ranma guardó silencio como si se estuviese cuestionando su cordura.

—¿Que cómo estoy yo? —le preguntó—. ¿Y eso qué más da? Yo no soy el que, de repente, está a medio país de distancia con un hombre desconocido y sin los medios ni los recursos necesarios para sobrevivir…

—Ni que me hubiese perdido en una isla sin civilización, Ranma —Akane intentó no sentirse herida por sus palabras. ¿Tan poca fe tenía en sus habilidades de supervivencia? Era posible que nunca hubiese tenido que vivir en medio de la nada como a él le había tocado en más de una ocasión, pero eso no significaba que Akane fuese totalmente inútil—. Además, Konatsu no es un hombre desconocido. Es más, ni siquiera es un hombre en el sentido más estricto de la palabra…

—Dime, por favor, que de verdad no crees eso.

—Vale, en realidad no lo creo —reconoció—. Pero Konatsu es mi amigo.

—Está enamorado de Ukyo.

—Eso no quita que sea mi amigo.

—Podría estar compinchado con ella, Akane —dijo Ranma con frustración—. ¿No se te ha ocurrido que tal vez Konatsu la ha ayudado?

—Konatsu no la ayudaría en algo así —no necesitaba tenerlo delante para saber que había fruncido el ceño y que, en esos momentos, estaba apretando la mandíbula con fuerza para no gritar—. Ukyo tampoco sabe qué ha ocurrido, Ranma —lo tranquilizó.

—Ukyo podría estar mintiendo —replicó él.

O no.

Akane contuvo las ganas de suspirar.

—Ukyo sospecha que esto es cosa de Shampoo —dijo en su lugar. Escuchó la protesta de Ranma incluso antes de que él la pronunciara—. Y no, yo tampoco creo que haya sido ella —añadió con rapidez—. La última vez que la vimos ni siquiera le diste la oportunidad de saludarte, así que dudo mucho que en los tres segundos que estuvo en casa pudiese hacer algo que explique nuestra situación.

—La charla que tuvimos con su abuela funcionó —acordó Ranma. Lo oyó suspirar—. Entonces ¿qué ha pasado? El día anterior a… esto —Akane tuvo la sensación de que hacía un gesto con las manos—, ni siquiera salimos de casa.

Akane, lamentablemente, no tenía respuestas para eso.

Los últimos días había intentado hallar respuesta al misterio que envolvía la repentina transmutación de almas que había puesto su vida patas arriba, pero lo único que había conseguido era llenarse de más dudas. ¿Por qué un intercambio y no una posesión? ¿Por qué Ukyo, y no Shampoo, la más agresiva de las otras prometidas? ¿Por qué ella y no cualquier otra persona?

—… vale, dejemos eso para otro momento. Ahora no podemos solucionarlo, así que no vale la pena que le pongamos más atención de la necesaria. Hay cosas más importantes a las que sí podemos poner remedio… como tu ubicación —continuó Ranma—. ¿Dónde estás? Ukyo me ha dicho que estás en algún lugar de Amami, pero no recuerda la dirección exacta. Dime dónde estás y yo…

—¿Tú? Qué, ¿vendrás a buscarme? —Akane no quería sonar tan borde… pero lo cierto era que Ranma acababa con su paciencia—. ¿Cómo? ¡Ni siquiera estoy en la mima isla!

—Podría…

—No tienes dinero para eso —le recordó Akane con voz impasible. Luego, se obligó a tranquilizarse—. Ranma… sé que quieres ayudarme. Pero… estoy bien. Estoy a salvo. Y, si todo va bien, estaré en casa en unos días. No necesito que me salves porque no hay nada de qué salvarme en esta ocasión. Tú mismo has dicho que, por el momento, no podemos hacer nada.

—… ¿en cuántos días dices que llegarás a casa?

—Creemos que en una semana —explicó—. No vamos a seguir el calendario que planificó Ukyo por razones obvias, pero necesitamos dinero para volver a Tokio y Ukyo no tiene suficiente… —más o menos. Se mordió el interior de la mejilla—. Una semana, Ranma.

—Una semana… —Ranma no sonaba muy convencido—. ¿Qué voy a hacer con ella durante una semana? No puedo… —chasqueó la lengua—. No sé si seré capaz de aguantarla durante tanto tiempo —admitió al fin.

Akane frunció el ceño.

—Ukyo no ha hecho nada malo.

—Eso no lo sabemos —insistió Ranma con voz ronca—. Ukyo dice que no sabe qué ha ocurrido. Dice que no tiene ni idea de cómo hemos llegado a esto. Pero ¿sabes? Yo no me lo trago. Muy conveniente todo, ¿no te parece?

—Ukyo no haría…

—Ukyo se estaba haciendo pasar por ti —la cortó Ranma. Akane abrió los ojos con sorpresa. ¿Era esa la razón por la que Ukyo se había negado a hablar con ella? —. ¿De verdad crees que no se ha aprovechado ni un poquito de la situación?

—¿Qué estás diciendo?

—Te estoy diciendo… —Ranma gruñó una palabrota—. Se estaba haciendo pasar por ti, ¿vale? Salió el lunes con tus amigas, bajó a todas las comidas cuando Kasumi te llamaba, ¡incluso hizo recados en tu nombre! —entonces Ranma pareció acordarse de algo, porque murmuró algo que Akane no pudo entender muy bien—. Mi madre le dio unas fotos tuyas. De tu madre —se corrigió.

Akane sintió que la sangre huía de su rostro.

Ukyo no tenía… no tenía… ¡ningún derecho a robarle eso!

Asió con fuerza el teléfono que sostenía entre sus manos.

—… También fuimos juntos al Centro de Exposición —reconoció Ranma al final, avergonzado.

Akane se tragó las ganas de llorar.

—No sabías que no era yo.

—Bueno… —Ranma tomó una profunda respiración—. Sabía que estabas un poco rara. Desde el primer día —se explicó—. Al principio creía que estabas en tus días, porque ni siquiera salías a entrenar, pero luego recordé que todavía te falta una semana…

—Voy a fingir que no has dicho eso.

—Entonces, me pediste… me pidió que la acompañara al Centro de Exposición a ver a ese escritor rarito que tanto te gusta —Ranma también fingió que Akane no había dicho nada—. Me dije, «es que está nerviosa, Ranma, tan nerviosa que ni siquiera recuerda que ya habíamos hecho planes para ir». Pero, después, no parabas de… no paraba de comportarse de forma extraña.

—¿Cómo?

—Te encantan los libros, Akane —le recordó con gentileza—. Y sé cómo sonríes cuando algo te encanta.

Sintió que se le formaba un nudo en la garganta.

—Ukyo es incapaz de sonreír de esa manera —insistió.

Akane, con las mejillas incendiadas, suspiró.

—Y ¿cómo acabó la cita? —se forzó a sonreír—. ¿Te lo pasaste bien?

—¿Qué? —al otro lado de la línea, Akane se lo imaginó sacudiendo la cabeza, perplejo—. ¿De qué narices estás hablando?

—Bueno, es que cuando se me ocurrió tenía mis dudas, ¿sabes? No sabía si podrías disfrutar de… nada en lugar como ese —silencio—. ¿Ranma?

—Eres imposible —contestó. Después—: Por supuesto que me lo pasé bien —farfulló—. Creía que estaba contigo, ¿vale?

—Oh, Ranma —aquello le sacó una sonrisa. Seguro que se había puesto de un rojo muy brillante—. ¿Qué vamos a hacer?

Ranma se dio cuenta de la tristeza que había en su voz.

—¿En serio no quieres que vaya a por ti? —se lamentó. Cuando Akane no dijo nada, chasqueó la lengua—. Me gustaría decir que echaré de casa a Ukyo y no le volveré a dirigir la palabra, pero… sigue en tu cuerpo. Y, hasta que eso no cambie, no quiero hacer nada que pueda molestarla. ¿Y si te hace daño? —parecía devastado solo de imaginárselo. Hubo unos segundos de silencio—. Por el momento, intentaré averiguar qué ha pasado. Y si existe una solución. Y si Ukyo ha tenido algo que ver.

—Entonces yo me encargaré de volver a casa —la semana que los separaba no podía pasar lo suficientemente rápido.

—No tardes mucho.

—Lo intentaré —murmuró.

—… ¿de verdad estás bien?

Akane pensó en la pregunta y en que estaba cansada. En que se había esforzado por no arruinar la vida de Ukyo durante las últimas 48h mientras ella no tenía ningún reparo en usurpar la suya. En que seguía sin saber cocinar. En que le gustaría volver a casa. En que hacía días que no hablaba con ninguna de sus hermanas. En que Ranma estaba a kilómetros de distancia.

En que lo echaba de menos.

—Lo estaré —contestó al cabo de un rato—. Me has dado mucho en qué pensar.

—Hablaré con tu padre y tu hermana a ver si podemos ayudarte desde aquí —Ranma pronunció las palabras a toda velocidad—. ¿Vale? No te preocupes demasiado. ¡Incluso hablaré con mis padres! Puede que mi viejo tenga todavía algún contacto que sepa…

—Ranma…

—… cómo solucionar todo esto y nos…

—Ranma…

—… pueda ayudar. Tal vez incluso nos preste un poco de dinero…

—¡Ranma! —exclamó—. Tranquilízate, ¿quieres? No hace falta… —tragó saliva—. Estoy bien. Más o menos. Konatsu me está ayudando en todo lo que puede y al ritmo que vamos puede que ni siquiera tardemos una semana en llegar a Nerima. Tenme un poco de fe.

—… otra vez Konatsu —dijo Ranma—. Sigo sin fiarme de él.

A Akane se le escapó una risa.

—Konatsu es la criatura más inofensiva que he conocido —le dijo. Entonces, recordó qué otra criatura la esperaba en la cocina junto a Konatsu y su sonrisa se esfumó—. Tengo que irme, Ranma.

—Akane…

—¿Hablamos mañana? Espera —hizo memoria y contuvo las ganas de gritar—. Mañana nos mudamos otra vez. No me acuerdo ahora de adónde, pero sé que se necesitan varias horas en barco para llegar. Cuando nos instalemos de nuevo te llamaré, ¿vale?

—Akane…

—Ahora tengo que encargarme de una plaga. Adiós, Ranma.

—¿Akane?

—¡No olvides echar el pestillo de la puerta tu habitación!

—¡Akane!

Akane, decidida, colgó.


A/N: ¿Y qué os ha parecido al capítulo? ¿De verdad Ranma y Akane se han dicho todo lo que se tenían que decir?

Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.