Código: Guardianes
Capitulo 32
Tras su dura aventura, unos en la era Jurásica, y otros en la gran erupción del Toba, el grupo fue directo a cenar a la cafetería de Kadik, pues para cuando llegaron, ya era la hora de inicio de la cena en la academia. Los chicos charlaban animados sobre sus misiones, pues ahora que tenían algo en el estomago parte de las energías perdidas habían vuelto.
-Y el jefe de la tribu se puso furioso, yo creía que nos pegaba incluso- rió Ulrich, al recordarlo.
-Yo creo que lo mejor fue ver a los dinosaurios en carne y hueso, eran espectaculares- comentó Electra, animada.
-Debimos haber hecho fotos…- comentó Odd. Ambas gemelas negaron- Ya es suficiente con que contactemos con las gentes de otras épocas como para encima ahora traigamos fotos de ellos- dijo Susan.
-Y menos aún de dinosaurios. Además, muchos dirían que son montajes hechos a ordenador- siguió Marin- ¿Tan terrible sería?- dijo Percy, curioso.
-Desde luego, cada vez que nos vamos de misión tengo que ir pendiente de que el tiempo siga su cuso normal- les dijo Susan- Si no lo hiciera, la realidad que vivimos sería muy distinta- continuó ella.
-Susan, nosotros procuramos no interferir, pero…- dijo Jeremy-Al final es imposible no hacerlo- continuó Patrick. Ambas gemelas asintieron.
-Por suerte, estáis vosotras para arreglarlo- rió Sam- Es verdad, yo creo que, sin vosotras, ahora esto sería distinto- comentó Aelita.
-Si, al menos más aburrido. ¡La cara de los profesores cuando les corregís no tiene precio!- dijo Sissi, provocando las risas del grupo.
La conversación siguió su curso, aunque, durante un trance de varios segundos, las miradas de las gemelas se posaron en el bosque de la academia, aunque rápidamente se giraron y siguieron como tal cosa. Una vez acabada la cena, el grupo salió de la cafetería y se fueron a sus habitaciones correspondientes. Claro que quien dice a sus habitaciones correspondientes quiere decir quedar las chicas en una habitación y los chicos en otra, pues aquella aventura les acercó más de lo que ya eran en algunos casos. Incluso Herb, Sissi y Nico se sumaban a esta tradición. Mientras caminaban a la habitación que compartían Ulrich y Odd, oyeron la voz de Jim.
-Y este es el pasillo de los chicos señorita…ehmm- dijo el orondo profesor, mientras habría la puerta y dejaba pasar a su interlocutor. Era una mujer de edad joven, de unos 20 años, de piel blanca y pelo marrón, con los ojos olor oscuro y con falda de color oscuro hasta las rodillas y una camiseta de rayas, por encima llevaba una chaqueta fina.
-Oswald, señorita Clara Oswald- le dijo ella, mientras sonreía. Jim asintió- Si eso…- dijo Jim, mientras él también pasaba.
-¿Quién es ella, Jim?- preguntó Odd- Ya que estáis aquí os presento a Clara, es la nueva profesora de la academia- dijo- Dará clases a los más pequeños- comentó el profesor de gimnasia.
Tras eso, ambos adultos siguieron Portu cuenta así como los chicos, quienes entraron al cuarto de Odd y Ulrich. Al mismo tiempo, las chicas estaban de camino a la habitación de Electra, pero las gemelas dijeron que preferían irse a la cama antes, pues estaban cansadas. Ya en su cuarto, ambas hermanas empezaron ha hablar.
-¿Lo has notado tu también?- le preguntó Susan a su gemela. Esta asintió- Durante la cena, y fue muy intenso- le respondió.
-¿Crees que sea él?- preguntó Susan, mientras abrazaba su almohada- No sería raro, después de tantos viajes en el tiempo y todos en el mismo lugar, es como decir "!Venid aquí!"- le respondió su hermana.
-¿Cómo crees que reaccionará al vernos a las dos juntas aquí y ahora?- le preguntó Susan.
-Supongo que pronto lo sabremos- dijo, antes de bostezar. Su hermana sonrió mientras miraba hacia el suelo- Cierto..- comentó Susan.
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Tras un par de horas más hablando entre ellos, tanto chicos como chicas se fueron a acostar, todos exhaustos por el duro día que tuvieron, pero contentos por recuperar dos armas más para su causa, estando unos pasos más cerca así de derrotar finalmente a Virio. Pero mientras el resto de sus compañeros dormía a pierna suelta, incluso las gemelas, Aelita estaba teniendo una pesadilla, por la cual se revolvía violentamente en su cama, con sudor frío recorriéndole la frente.
Sueño de Aelita
Todo era negro, y solo se podía ver la figura de Aelita con su ropa habitual en el centro. Entonces, delante de ella apareció una figura demás de conocida.
-¡Virio!- gritó ella, preparándose para luchar, mientras intentaba acumular energía en sus manos. Grande fue su sorpresa al ver que no podía.
-¿Qué es lo que ocurre?- se preguntó- Estamos en el mundo onírico, aquí tus poderes no existen- dijo, con una sonrisa y acercándose. Recelosa, Aelita dio esos mismos pasos hacia atrás.
Virio rió- Ni los tuyos, ni los míos ni los de nadie, así que no te puedo dañar- dijo, poniéndose serio cuando dijo eso último- Pensaras que esto es solo un sueño, pero no lo es, esto está en vivo y en directo, como quien dice- le explicó.
-¿Y que haces aquí, si no puedes dañarme?-le preguntó, agresiva, la joven- Vengo a decirte algo, Aelita…- le dijo Virio.
-Hasta ahora, a quien os habéis estado enfrentando fue contra Zeros, quien ocupa mi cuerpo, así que no estás tratando con tu enemigo, sino con un aliado. Ante ti está Virio de Garuda, antiguo general del reino Humano de Asmara, princesa Aelita- dijo, mientras hacía una ligera reverencia. Ahora que lo decía, Aelita se dio cuenta de que el aura alrededor de aquel personaje no era oscura, sino de un color perlado, como la que rodea a Marin.
Ella le miró con -¿Tu madre te contó la historia de vuestra familia? - empezó.
Aelita asintió- Supongo que ya sabrás que tu padre fue contigo, mientras que Atenea se fue con tu hermana Asmeya- Aelita asintió- Y también sabrás que tu padre construyó el súper-ordenador para intentar abrir el portal que conectaba ambos mundos- Mientras Virio hablaba, Aelita simplemente le miraba, siempre siguiéndole, pues no se fiaba demasiado
-Lo que puede que no sepas es la historia del súper-ordenador…- comentó- Conozco la historia, Virio – le respondió la joven.
Virio sonrió- Tu padre creo el súper-ordenador para, además de protegerte de los hombres de negro, para protegerte de Zeros…- le dijo el hombre. Aelita no dio muestras de sus emociones, pero estaba algo tensa.
-A pesar de que en aquellos años Asmara y la Tierra estaban separados, la comunicación era posible gracias a esos polvos que la princesa Asmeya usó para saber quienes eran los guardianes de esta generación- siguió Virio.
-Sabiendo eso, Francesco usó sus conocimientos para crear un ordenador lo suficientemente poderoso como para hacer que el portal se abriera definitivamente y poder volver a casa e intentar contraatacar- prosiguió.
Aelita estaba sorprendida, no se esperaba esto, ¿Cómo es que contactaba con ellos a estas alturas? La joven no pudo siquiera pensar una respuesta pues su interlocutor siguió- Con el súper-ordenador, tu padre creó a XANA, en principio un programa que solo debía ser el sistema operativo del ordenador, pero, con su poder, Zeros hico que XANA se le uniera- le dijo.
La joven de pelo rosa empezó a atar cabos, eso explicaría muchas cosas- De esta manera, tu padre no pudo completar su misión, y contigo , en principio, fuera del mapa, su victoria estaba asegurada… hasta que llegó ese tal Jeremy y sus amigos y te liberaron…- explicó Virio, mientras andaba dando círculos alrededor de Aelita.
-¿Por qué has tardado tanto en hacer contacto?-le preguntó la joven. Virio la miró triste- Zeros poco a poco me está consumiendo, y dentro de muy poco ya no quedará nada de mi. Será entonces cuando Zeros controle mi cuerpo completamente y empiece la autentica guerra- explicó. Aelita asintió- ¿dices que hasta ahora Zeros no tenía todo su poder?- preguntó, algo temerosa.
Su interlocutor asintió- Si estoy hablando contigo ahora es por que Zeros estaba algo debilitado y pude escapar- explicó.
-Supongo que hasta ahora ha habido un error al nombrar a nuestro enemigo…- se disculpo Aelita- Contra el que estabais luchando era contra Zeros, aunque yo aún seguía presente, como cuando le di guerra para impedir que os matara cuando entrasteis en su castillo, por lo que en parte era correcto- le dijo.
-Gracias- dijo Aelita. Virio asintió- Daos prisa en obtener las armas, y dadle una buena paliza. Es una pena que seguramente no viva para verlo..- dijo, algo triste.
Aelita le miró con compasión- Lo haremos, no te preocupes- le dijo, mientras posaba una mano sobre su hombro.
-¡Buena suerte!- gritó Virio, mientras se iba, dejando a Aelita sola una vez más.
Fin del sueño de Aelita
Justo después de eso, Aelita se despertó, mientras sudaba un poco y con la boca algo seca- Que sueño más raro…- comentó, mientras miraba el despertador. Este marcaba las 6:30 de la mañana, por lo que aún era de noche completamente. Ya que estaba despierta, decidió que era hora de irse preparando, por lo que cogió su neceser y se fue hacia las duchas de la planta, y, con suerte, conseguiría despejarse. Mientras andaba procurando no hacer demasiado ruido para no molestar, Aelita fue pensando sobre su sueño. Según Virio, fue real, pero no tenía certeza de ello, y no estaba segura de si aquello era una estratagema del demonio para lograr confundirles. Aunque lo que si era cierto es que Virio parecía diferente. Cuando se vieron cara a cara, la joven pudo notar un aura oscura y teñida del más profundo rencor, pero, en el sueño, esa aura era muy distinta. Era calida y agradable, e irradiaba una gran serenidad, y, por lo que su madre le enseñó, era muy difícil hacer que el aura de uno cambie tan radicalmente, por lo que las probabilidades de que estuviera diciendo la verdad eran bastante altas. Aún así, no sabía muy bien que pensar.
-¡Buenos días, Aelita!, ¿Qué tal la noche?- aquella pregunta hizo que Aelita saliera de su ensoñación, devolviéndola hasta la realidad, y viendo ante ella a las gemelas, ambas a punto de entrar a las duchas.
-Buenos días- respondió ella, sonriendo- Muy bien gracias, ¿y vosotras?- preguntó.
-Estuvo bien- le respondió Susan. Aelita asintió- ¿Por qué os fuisteis ayer tan temprano, por cierto?-preguntó.
En esta ocasión la que respondió fue Marin- Estabamos cansadas y…- sus palabras fueron cortadas por la pelirosa-Venga, dime la verdad. Ayer las chicas llegamos a la conclusión de que os pasa algo. Dejad de intentar evadirnos- le recriminó la joven.
Marin suspiró- No os estamos ocultando nada…- dijo, mientras miraba de reojo a Aelita- Si es que os gusta algún chico, podemos mantenerlo en secreto- dijo Aelita.
A pesar de que ella no la viera, ambas gemelas se pusieron ligeramente rojas- ¿Se puede saber que os pasa a los humanos con que os guste una persona?- se quejó Marin.
-¡Siempre estáis con lo mismo, ni que fuera fundamental!- siguió Susan- ¿Y quienes son los afortunados, entonces?- rió Aelita.
-¿Acaso nos burlamos de ti cuando te quedas mirando embobada a Jeremy?- le espetó Marin. Aquel fue el turno de Aelita para ponerse algo roja- ¿Y que si me gusta? Al menos lo asumo…- respondió ella.
-¿Qué le pasa a Jeremy?- dijo alguien. Enseguida la identificaron como Aurora- No, tranquila, está bien. Es simplemente que a Aelita le gusta Jeremy- dijo con una media sonrisa Marin. Era su hora de vengarse.
Aurora sonrió- Ya sabía yo que algo pasaba- dijo, mientras ella también se metía a la ducha.
-¡Ya está bien de hablar de mi!- dijo Aelita, algo enfadada- Venga, chicas, ahora en serio, ¿que os pasa?-preguntó, pero en un tono más neutral. Las gemelas intercambiaron miradas.
-Durante este tiempo, hemos viajado a través del tiempo y el espacio. Estos viajes han dejado su huella, pues no solo hemos influenciado en la historia del mundo y en su cultura, también hemos dejado un fuerte rastro de energía temporal a nuestro alrededor- explicó Susan.
-Esa energía temporal, para simplificarlo, es como cuando pasas por un centro comercial y vas a la pescadería, ¿Qué ocurre? Que acabas apestando a pez, dejando una huella. Eso mismo ocurre cuando viajas a través del tiempo- siguió Marin.
-¿Y eso es malo?-preguntó Aurora. Ambas gemelas se lo pensaron- Si, pues ahora mismo este lugar esta apestando a esa energía, y creedme que no pasará desapercibida- acabó Susan.
Tras un corto silenció, Aurora lo rompió- Marin, Susan…- murmuró. Ambas chicas la miraron- Si os sirve de consuelo, a mi el que me gusta es Percy…- dijo ella, algo roja
A sus compañeras casi les da un ataque de risa- Esta chica me encanta, es siempre tan…tan…- rió Susan- ¿Tan natural?- acabó su hermana- Si, eso mismo- respondió Susan.
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Más tarde, el grupo, ahora al completo, desayunaba en la cafetería, mientras escuchaban atentos la explicación de Aelita acerca de su sueño, y de las inquietudes de las gemelas. Una vez que acabaron, y, tras pensar un poco, Herb habló.
-¿Creéis que esa energía temporal acabe atrayendo atención no deseada?-preguntó. Ambas chicas asintieron- Nuestro mayor temor es que vengan aquí buscando algo que no van a encontrar…- comento Susan.
-¿A que te refieres?-le preguntó Sam.
-Pues a que…- las palabras de Marin se rompieron cuando Jim gritó- ¡Callaos de una vez, esto más que una academia parece una discoteca!- bramó el profesor.
-Gracias Jim…- murmuró el director- De nada señor- respondió. Tras aclararse la garganta, el director habló.
-A los alumnos de tercero y segundo curso, les informo que, por desgracia, la señora Hertz a tenido que irse por asuntos personales y no podrá dar las clases- dijo, provocando los vítores de los alumnos de los cursos citados. Antes de que aquello se descontrolara, el director pidió que callaran para poder continuar- Pero no os preocupéis, en su lugar, vendrá un profesor sustituto, a quien espero que le tratéis con amabilidad- acabó, provocando que el jolgorio de antes se terminara de golpe, pues, aunque la señora Hertz faltaba, seguían teniendo clase.
-Y yo que quería irme al centro comercial a jugar con las maquinitas…- se quejó Odd. Yumi rió- Tranquilo, si es un profesor joven, seguramente sea divertido- le dijo. Odd le miró mal- ¿Cómo puede ser divertida la física y la química?- le preguntó, con obvio retintín.
Jeremy iba a decir algo, pero el timbre sonó en aquel momento, por lo que, tras dejar las bandejas en su sitio, los chicos se dirigieron a clases. Precisamente era la clase de química la que les tocaba en ese momento, por lo que serían los primeros en conocer a aquel profesor que sustituiría a Hertz. Tras colocarse en sus sitios, la clase esperó a que llegara el nuevo profesor, teniendo todos en su cabeza un arquetipo distinto. Y no se hizo esperar, pues, al minuto, llegó. Era joven, de pelo largo con flequillo color oscuro, tenía un elegante traje de color caqui, por debajo una camiseta a rayas de color pastel y con tirantes, una pajarita, pantalones largos oscuros y zapatos (1).
-¡Buenos días a todos, soy el Doctor, pero podéis llamarme John Smith!- se presentó, alegre, mientras se sentaba en la mesa. Mientas hacía eso, Marin y Susan le miraban de arriba a bajo, intentado asimilarlo.
-Veamos…- dijo, mientras miraba unos papeles- Aquí dice que estabais dando la célula…- dijo, mientras leía por encima- Que aburrido, ¿no hacéis experimentos o algo?- preguntó de repente.
Los chicos le miraron raro- Disculpe…- dijo Sissi, levantando la mano. Él la miró- ¿Cómo decía que se llamaba?- preguntó.
-Llamadme "Doctor"- pidió. En ese momento, Marin y Susan se miraron, y, tras asentir, fue Marin la que lazó el brazo.
-Doctor- dijo. El aludido lazó la vista. Por unos segundos, los ojos de aquel hombre dieron de frente con los de la chica, y, por un segundo, su semblante cambió a uno completamente alucinado, pero rápidamente se recompuso- Dime- preguntó.
Susan dudó- ¿Vamos a bajar entonces al laboratorio?- preguntó. El Doctor sonrió- Si, ahora mismo, es más, id bajando, enseguida voy- dijo.
Mientras los alumnos se iban yendo, aquel extraño sujeto les fue mirando uno a uno, hasta que llegaron las gemelas.
-Por cierto, ¿podría hablar con vosotras a solas? La señora Hertz me habló muy bien de vosotras- les dijo. Ambas adolescentes asintieron. Una vez que el último de los jóvenes de la clase salió, y tras cerrar la puerta, aquel hombre abrazó fuertemente a ambas jóvenes, con sus ojos empañados.
-¡Que alegría volver a veros, chicas!- sollozó. Ambas jóvenes también tenían los ojos algo húmedos.
-¡Abuelo!- dijeron ambas. Tal fue la fuerza con la que ambas empujaron mientras le abrazaban, que casi le tiran al suelo, pero la mesa del profesor lo impidió.
-Estás más joven que cuando te deje- rió Susa, separándose- Y tu sigues igual de guapa, jovencita- le dijo él, mientras le removía el pelo- ¿Y yo que?-dijo Mari, imitando un puchero- Ay, que celosa eres- rió el Doctor, mientras le besaba la frente con ternura.
Tras eso, el Doctor las miró, con una mezcla de cariño y orgullo- ¿Te fue bien con David?- preguntó, mirando a Susan- Fue muy bueno conmigo…- comentó ella, con algo de tristeza.
-Eso espero, por que si no, le espera una buena- comentó, ganándose las risas de ambas jóvenes- ¿Y a ti que tal te fue, abuelo?- preguntó Marin.
-Bueno, ya sabéis, yendo de aquí para allá, conociendo gente, esas cosas…- respondió el aludido, mientras sonreía con algo de tristeza.
Ambas jóvenes entendieron sus palabras. A lo largo de sus viajes, su abuelo debió conocer mucha gente, pero también debió perder a muchos seres queridos, y cuando tienes miles de años de vida como es el caso de su abuelo, todas esas perdidas empiezan a pesar, y mucho.
-¡Pero eso no es importante!- saltó, de repente, haciendo que ambas chicas se sobresaltaran- Supongo que estaréis aquí por lo mismo que yo..- dijo, mientras salía de la clase y se dirigía hacia el edificio donde estaba el laboratorio.
-¿Has venido por la energía temporal?- preguntó Marin- ¡Si! No se que ha pasado aquí, pero la energía temporal de esta área es enorme- dijo, mientras andaba por los pasillos a toda velocidad.
-¿Y que piensas hacer?- preguntó Susan- Descubrir la causa y solucionar el problema, ¿no es obvio?- dijo, mientras se giraba.
Ambas adolescentes se miraron. Era obvio que el problema venía de sus continuos viajes temporales, y que, tarde o temprano, su abuelo lo descubriría. Y temían profundamente que eso sucediera, pues su abuelo no era de usar armas ni ningún tipo de violencia, y en esa batalla que estaban librando lo que más abundaba era precisamente la violencia. Su mayor preocupación era que s abuelo no las entendiera.
-Además, con vosotras dos aquí conmigo, lo resolveremos en un pispas- dijo, alegre. Ambas chicas asintieron, con algo de miedo.
-Oye abuelo…- habló Marin- Dime- le pidió- Si quieres, nos podemos encargar nosotras, no hace falta que pierdas tu tiempo, de verdad, no pasa nada- le dijo la joven.
Su abuelo la miró de reojo- Ya se que vosotras os podríais ocupar del caso, pero prefiero acompañaros, por lo que pueda pasar- les dijo. Ambas chicas se miraron, mientras seguían andando por los pasillos. Su abuelo seguía siendo tan precavido como cuando era antes.
-Cambiando de tema, ¿en que regeneración estas, abuelo?-preguntó Susan- Esta es la undécima, chicas- les dijo, mientras se daba la vuelta y caminaba de espaldas, con los brazos desplegados y una sonrisilla en la cara- ¿Os gusta la pajarita?- preguntó.
-Está un poco anticuada, ¿no crees?- le dijo Marin. Su abuelo puso el semblante serio y bajó la cabeza, al mismo tiempo que se giraba hacia el frente- Las pajaritas molan (2), que lo sepáis…- refunfuñó, haciendo que ambas jóvenes rieran.
Tras recorrer los pocos pasos que les separaban del edificio de ciencias, los tres entraron, y se fueron a paso ligero hacia el laboratorio. Mientras andaban, las chicas seguían pensando en una manera de hacer que su abuelo desistiera del caso, prono hallaron ninguna. Y aunque se les hubiera ocurrido la mejor de las excusas, no se la pudieron decir, pues, antes de que se dieran cuenta, ya estaban a las puertas del laboratorio, donde sus compañeros de clase les esperaban.
-¡Muy bien chicos, vamos ha hacer cosas chulas!- dijo, mientras habría la puerta, y dejaba que los jóvenes entraran. Una vez dentro, les dio a cada uno una bata de color blanco y con un cordón por detrás para atarlo, así como guantes de color amarillo y gafas especiales. Una vez vestidos así, el excéntrico "profesor" empezó a explicar.
-¡Esto de aquí es…!- gracias a que el doctor hacía constantes gracias conforme hablaba, poco a poco se fue ganando la atención de sus alumnos, incluso de los más dispersos como Odd y Nicolás estaban atendiendo y disfrutando de lo que hacían. Únicamente Susan y Marin no prestaban atención, pues estaban demasiado concentradas, pensando en alguna manera de convencer a su abuelo.
-¡Y así hacemos que el agua cambie de color con algo de azúcar!- dijo el Doctor , mientras los adolescentes aplaudían. Justo cuando empezaba a buscar más cosas para hacer, sonó el timbre.
-¿Ya se pasó la hora? Que rápido…- comentó, mientras miraba su reloj- No importa, mañana seguiremos en clase, para entonces, me haréis una redacción sobre lo que hemos aprendido hoy, ¿bien? ¡Hasta mañana!- dijo, mientras se quitaba las cosas y salía. Al mismo tiempo, los alumnos le imitaban, mientras comentaban sobre el nuevo profesor.
-¡Ese hombre es genial, es el mejor profesor sustituto de la historia!- dijo Odd, contento, mientras se estiraba.
-He de reconocer que fue divertido- comentó Patrick- Le admiro, ha sido capaz de hacer que todos le atendamos y además que aprendamos, fue genial- dijo Jeremy.
-Me temo que no es tan genial…- les dijo Marin, detrás suya. Sus compañeros la miraron extrañados.
-¿Por qué dices eso?- preguntó Electra.
-el Doctor es nuestro abuelo- atajó Susan, mientras se les acercaba también. El grupo las miró detenidamente para empezar a reír.
-¡Venga ya, eso es imposible!- rió Ulrich, mientras se apoyaba en el hombro de Jeremy, quien también reía.
-¡No es broma!- les espetó Marin- Pero eso es imposible, ese tipo debe tener 25 años, recién licenciado, vamos- comentó Sam.
-Él también es un señor del tiempo, como nosotras, solo que él se ha regenerado, ¿os acordáis de nuestra explicación (3)?-les dijo Susan.
El grupo asintió- Pues bien, el problema es que habrá venido a investigar eso que os explicamos antes, la energía temporal, y me temo que al final las pistas le conducirán a nosotros- les dijo Marin.
-Pero con todo lo que debe saber, nos sería súper útil, ¿no?- les dijo Nicolás.
-El problema es que él no aprueba el uso de armas, y bueno, nosotros estamos buscando doce para cargarnos a un demonio- les dijo Marin.
Al saber eso, el grupo se dio cuenta del problema, pero, antes de poder pensar en nada, sus gemas se iluminaron ligeramente, señal de que otra arma había despertado, por lo que el grupo se movió con cautela hasta la entrada al bosque de Kadik, y a partir de allí, empezaron a correr. Sus movimientos no pasaron desapercibidos par el Doctor, quien les miraba desde las columnas de los dinteles.
-Parece que van al bosque…- comentó al aire- ¿Eso es bueno o malo?- dijo alguien. Cuando el Doctor se dio la vuelta, allí estaba Clara, la nueva profesora- Eso lo sabremos dentro de poco- dijo, mientras se encaminaba hacia allí.
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Tras una corta carrera hasta la Hermita, el grupo llegó junto a Atenea, estando esta con su libro en los brazos. Nada más entrar, Asmeya, Cesar y Francesco les recibieron. Antes de que su madre pudiera decir nada, Aelita le contó sobre el extraño sueño que tuvo esa noche.
-Es raro, lo admito, pero es cierto lo que te dijo- comentó Francesco.
-¿Hay alguna manera de salvarle?- preguntó la joven- No creo, pero se puede intentar- dijo.
Justo cuando iba a darles la frase del arma que había despertado, la puerta de la Hermita se abrió, alarmando incluso a Odd, quien estaba demasiado entretenido con la conversación madre-hija.
-Tenias razón, Clara, es aquí- dijo el Doctor ante la atónita mirada de todos, más de las gemelas.
-¿Quién eres?- le preguntó Atenea- ¡Hola, soy John Smith, técnico de mantenimiento!, ¿me permite?- dijo, sacando su cartera y mostrándole unos papeles, en los cuales ponía eso mismo.
Sin esperar a que le dieran permiso, sacó un objeto de su chaqueta. Era alargado, con la punta luminosa de color verde, varias líneas de color marrón a lo largo del cuerpo del mismo, el cual era de color gris y alargado, un objeto muy singular. Nada más sacarlo, le dio a un Otón y un curioso sonido salió del aparato, y, tras dar una pasada a todo el cuarto, se lo acercó a la cara, mientras lo miraba, como si hubiera tomado datos de algo.
-Parece que la energía temporal se concentra aquí…- comentó, mientras se metía otra vez el objeto en la chaqueta y empezaba a andar, analizando a todos los presentes con la mirada y andaba a través del cuarto.
-Abuelo, podemos explicarlo…- le dijo Susan, mientras se le acercaba por detrás, con las manos a medio camino de tocarle. Eso de abuelo sorprendió a Atenea, Franz, Asmeya y a Cesar, pero decidieron callar.
-Después Susan, ahora,, ¿Qué es este libro, me permite?- pidió, mientras le cogía el libro a Atenea, mientras lo ojeaba.
-¡Vaya, pero si esto es Asmariano, que curioso!- dijo, mientras miraba las hojas.
Mientras andaba de lado a lado con el libro en brazos, el grupo no sabía como actuar para pararle y ponerse con la misión que tenían entre manos. No paró hasta que dio la décima vuelta al cuarto.
-Una historia interesante, la vuestra, chicos…- comentó- Viajando a través del tiempo y el espacio para recuperar, ¿Cómo era, gemas? No lo se- empezó ha hablar.
-Esa debe ser la causa de por que hay tanta energía temporal, ¿no?- dijo Clara. El Doctor asintió.
-Si, exacto, vas prendiendo- dijo, sonriendo. Clara también sonrió, contenta, mientras entraba hacia la sala.
-¿Ya conoces nuestra historia, entonces?- preguntó Odd.
-En parte, solo sé lo que ponía en estelibro- dijo, mientras lo ponía sobre la mesa- Eso es imposible, solo un descendiente de la familia Effer puede leerlo, está defendido por una magia muy poderosa- dijo Atenea.
-Tu lo llamas magia, yo lo llamo papel psíquico, como el que está hecho esto- dijo, mostrando su cartera de nuevo.
-Con el puedes hacer que aquí aparezca lo que quieras, puedo ser desde un policía hasta un bombero, pasando por un cura- dijo, mientras la imagen del papel iba cambiando conforme hablaba.
-En el caso del libro, solo los de la familia Effer pueden leerlo por que ese papel tendrá por instrucciones eso precisamente- dijo.
Atenea le miró de soslayo- ¿Pudiste leer lo que ponía aquí?- preguntó, señalándole una parte iluminada en color oro, con letras griegas. A pesar de que lo intentaba, no era capaz de entender lo que ponía. Ofuscado, empezó a leer el libro desde la página uno, y solo pudo leer un par de cosas más, nada de relevancia.
-De acuerdo, lo admito- dijo, dejando el libro a un lado- Es mágico, ¿pero que importancia tiene que lo sea o no?- dijo, mientras se sentaba.
-Mucha, y ahora, déjanos trabajar, por favor- dijo Asmeya, mientras le miraba mal. El Doctor solo pudo sostenerle la mirada unos segundos, antes de tener que apartarla.
Tras eso, y algo más tranquila, Atenea leyó- "La guadaña del tiempo se encuentra en un mundo arrasado por las guerras"- leyó
El Doctor sonrió- Pues no son pocos los mundos que les ha pasado eso mismo…- comentó.
Ampesar de las poco halagüeñas palabras del señor del tiempo, los chicos empezaron a pensar en que época y lugar podría referirse. Mientras pensaba, Susan observaba a su abuelo enredar con un trozo de papel. En aquel momento le vino a la cabeza un lugar, pero la idea no le gustó en absoluto, ir allí era la muerte para cualquiera, incluso para su abuelo era peligroso ir. Aunque puede que ello si que pudieran…
-Chicos…- murmuró. Todos le miraron con curiosidad- Creo que lo tengo…- dijo.
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Antes de aclarar, este es un capitulo especial dedicado a la emblemática serie Doctor Who, de la cual soy un gran admirador. Os la recomiendo ver, aunque sea algo larga, pues vale la pena verla, es sencillamente genial. Pero tranquilos, solo veremos al Doctor y a Clara en los capítulos referentes a esta arma y a las dagas de Marin, por lo que nos acompañaran en varios episodios, pero no más (por ahora)
1)Elegí al undécimo doctor por que me parece el más adecuado para este fic. Parece alegre y alocado, y en parte lo es, y ha tenido numerosos momentos brillantes, realmente épicos y dignos de verse una y otra vez, además, es de los más queridos, y a mi me ganó desde el principio.
2)Una de mis frases favoritas de este doctor, y probablemente la mejor junto Geronimo.
(3)Para recordar ir a capítulo 11
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, el Doctor y Clara, que pertenece a Doctor Who
