Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 2 ○◉


AKANE IV

«En el que Akane encuentra una solución»


Akane dio dos pasos antes de recordar exactamente en qué consistía la plaga que tenía que eliminar. Con la llamada de Ranma y la posterior conversación, casi se había olvidado de un detalle muy importante:

—P-chan es Ryoga —repitió, sintiéndose de repente muy estúpida.

Porque, ¿quién había odiado a P-chan desde un principio? ¿Quién había intentado separarla de su mascota por activa y por pasiva, en cada ocasión que se le presentase? ¿Quién, aun hoy, se ponía furioso cuando Akane lo resguardaba en su habitación?

Ni siquiera pensó en los números que estaba marcando hasta que, inmediatamente después del primer timbrazo, Ranma preguntó:

—¿Akane? ¿Eres tú? ¿De… de qué peste estabas hablando? ¿Necesitas mi ayuda? Pues claro que necesitas mi ayuda. Si me dices…

—P-chan es Ryoga —murmuró Akane contra el micrófono.

Al otro lado de la línea, Ranma preguntó:

—¿Qué?

P-chan es Ryoga —siseó Akane—. O Ryoga es P-chan. Quién sabe.

—… Aka-…

—El caso es —siguió diciendo, recordando todas y cada una de las quejas que había proferido Ranma sobre su mascota, rememorando todos y cada uno de los momentos exactos en los que su prometido había atacado a su cerdo— que tú lo sabías.

—¿De qué estás…?

—Tú sabías que Ryoga es P-chan —insistió Akane—. O que P-chan es Ryoga.

—… ¿cómo te has…?

—¿Desde cuándo? —Akane se preguntó desde cuándo se habían estado riendo a su costa. Hasta ella podía verle la gracia. Mira lo tonta y crédula que es Akane, se los imaginaba diciendo. ¿Cómo es que todavía no se ha dado cuenta? —¿Desde cuándo, Ranma?

—… casi desde el principio. Es la razón por la que Ryoga me siguió hasta Nerima…

—¿No fue por vuestro estúpido duelo?

—Verás…

Akane se obligó a contar mentalmente hacia atrás en francés durante los minutos que tardó Ranma en explicarle por qué P-chan era Ryoga. En realidad, era una historia muy sencilla que, a su entender, se podía resumir mucho más fácilmente en «Ranma es idiota» (1).

Así se lo dijo a Ranma, que ni siquiera intentó protestar.

—¿Y por qué no intentaste decírmelo? —preguntó con voz pequeña. No quería admitir que tenía ganas de llorar.

—¿¡Que p-por qué no intenté decírtelo?! —Ranma despotricó unos cuantos insultos antes de añadir—. Akane, te lo intenté decir. Miles de veces.

—No, no. Intentaste colarte en mi habitación para deshacerte de P-chan un montón de veces—le recordó—. Atacaste a mi mascota sin darme ninguna explicación. ¡Amenazaste a lo que a mis ojos era tan solo un animal indefenso!

—¡Lo hacía para protegerte!

—¡Pero me asustaste! ¿Tenía que entender que hacías esas locuras por mi bien? ¡Apenas te conocía y te comportabas como un psicópata!

—Bueno, tampoco es que tú me dieses mucha oportunidad para explicarte nada —rezongó su prometido—. Maldita sea, Akane, ¡si cada vez que me acercaba al estúpido cerdo me dejabas inconsciente con tu querida maza!

—Es no es… —del todo mentira, razonó para sus adentros. La culpa empezó a retorcerse en sus entrañas y Akane se pellizcó el puente de la nariz, de repente sintiéndose muy cansada. En voz alta, dijo—: Eso no es importante ahora mismo.

—Oh, claro que lo es —replicó Ranma—. Si no te precipitases en sacar conclusiones cada vez que se te presenta la oportunidad, tal vez no estaríamos teniendo esta conversación…

Akane inhaló aire a tanta velocidad que casi emitió un siseo.

—… Me estás diciendo… que esto… ¡¿es culpa mía?! ¿Quién no ha dicho nada en todo este tiempo? ¿Quién se ha limitado a mantenerse en silencio cada vez que metía a un tipo desconocido en mi cama? ¿Quién, Ranma?

—No sé, Akane, dime tú quién se ha empeñado en creer siempre lo peor de mí.

—No estamos hablando de eso ahora. No lo entiendes, yo… —le había contado a P-chan secretos que ni Yuka ni Sayuri sabían. Se había probado delante de él cientos de conjuntos que creía que le gustarían a Ranma y hasta le había pedido su silenciosa opinión. Había dormido con él, abrazándolo—. Me siento sucia —confesó con la voz rota.

—Akane…

Parpadeó para volver a la realidad y frunció el ceño.

—Tengo que irme —dijo—. Como te he dicho antes, tendrás que esperar a que vuelva a contactar contigo.

—¡Akane! ¡No puedes-! Dime dónde estás primero. Adónde vas a ir. No necesito dinero para rescatarte.

«Rescatarte».

Akane hizo un mohín de disgusto al oír esa palabra.

Y luego, dijo:

—No.

Justo antes de colgar.

—No necesito que nadie me rescate —murmuró en voz alta para nadie en particular—. Y mucho menos el estúpido de Ranma.

En cambio, sí necesitaba…

Estar sola.

Pensar.

Dejar de sentirse mal por los demás cuando estaba claro que nadie se preocupaba tanto por ella.

Por un segundo, Akane se planteó volver a la cocina. Seguir con la pantomima de que era Ukyo y engañar a Ryoga para que confesara la verdad. Pedirle ayuda a Konatsu para vengarse…

¡Pero estaba tan cansada! ¡Cansada de ayudar a una chica que no sentía la más mínima simpatía por ella! ¡Cansada de tanto engaño, de tantos secretos!

Cansada de las rarezas que plagaban su vida.

Al día siguiente, después de abandonar a Ryoga en la comisaría más cercana («Nos encontramos a este joven inconsciente en la puerta de nuestro local, señor oficial. No, no lo conocemos, pero creemos que se ha metido en algún lío grave, señor oficial. Parece herido y está muy desorientado, señor oficial, seguro que ustedes pueden averiguar qué le ha pasado exactamente. Nos gustaría quedarnos con él, señor oficial, pero tenemos que mudarnos ya por motivos de trabajo…»), Akane y Konatsu se embarcaron en el primer ferri que salía rumbo a Kagoshima.

Akane había contemplado la opción de utilizar el dinero que habían reunido para coger un avión directamente a Nerima, por supuesto. Antes, había tenido sentido intentar no hundir por completo la economía de Ukyo: Akane no la consideraba una amiga cercana, pero sí una persona que no se merecía que le hicieran daño de esa manera. Tenía una vida complicada…

Pero, ahora, a sabiendas de que se había hecho pasar por ella, que había compartido momentos con Ranma que solo le pertenecían a ella y que le había robado una experiencia muy preciada para ella (y no, no estaba hablando de su primera cita real con Ranma, pese a que eso también la tenía llena de rabia) … Akane no veía la necesidad de tener tanta consideración.

Pero un rápido vistazo a Konatsu le había hecho abandonar esa idea. Por muy enfadada que estuviese con Ukyo, Konatsu no tenía la culpa, pese a lo que decía Ranma.

Akane sabía que Konatsu no sufriría demasiado si decidía abandonarlo. Que era un hombre de recursos. Que ni siquiera se lo tendría en cuenta, pues comprendía perfectamente su situación…

Pero Konatsu era su amigo. Puede que, antes, apenas hubiesen sido un par de conocidos que se llevaban excepcionalmente bien, pero ahora que había pasado varios días trabajando codo con codo con él se había dado cuenta de que el hombre kunoichi le gustaba de verdad.

Oh, no como le gustaba Ranma, por supuesto, pero sí como un chico que, de verdad, de verdad estaba interesado en ser su amigo, en conocerla, y no solo porque quisiese salir con ella.

Akane era la primera en admitir que Konatsu no era un hombre masculino en el sentido más estricto de la palabra, y tal vez esa era la razón por la que no le ocasionaba cierto rechazo, pero hasta ese momento no se había dado cuenta de cuánto lo necesitaba en su vida.

—Creo que tanto el señor Hibiki como el señor Ranma han obrado mal en esta ocasión —le decía Konatsu sentado en una tumbona junto a ella. Tomaban el sol con sendos vasos de refresco helado, porque Akane se había negado a viajar como polizón otra vez y en esta ocasión disfrutaban de los lujos que venían con viajar de manera legal en un barco—. El señor Hibiki debería saber que meterse en la habitación de una joven dama sin su consentimiento está mal, por mucho que le guste dicha dama. Y el señor Ranma… bueno, imagino que quería… compensar, por decirlo de algún modo, el daño que le hizo al señor Hibiki. Sin embargo, creo que debería haber encontrado otra forma de hacerlo.

—Eso mismo pienso yo —contestó Akane, dándole un sorbo a su refresco—. Ranma tendría que habérmelo contado. De alguna forma menos… agresiva —añadió, recordando todos y cada uno de los intentos de Ranma por decirle la verdad—. Aunque supongo que siempre ha intentado darme pistas…

Ahora, los comentarios sobre cerdos cuando Ryoga estaba presente empezaban a cobrar otro sentido.

—¿Sabes? —comentó, distraída—. Siempre había creído que hacía esas cosas por celos, pero ahora no sé qué pensar.

Konatsu, ante eso, frunció el ceño.

—¡Por supuesto que hacía esas cosas por celos! —se apresuró a decir—. Ningún hombre en su sano juicio permitiría que su prometida meta en su cama a otro hombre, señorita Akane —le dijo, pronunciando cada palabra como si Akane tuviese problemas de entendimiento—. Aunque no creo que esa sea la única razón. Me dice usted que, cuando conoció al señor Hibiki, apenas conocía al señor Ranma, ¿no? Tal vez hizo todo eso porque sabía que lo que hacía el señor Hibiki estaba mal y quería protegerla…

—Aun así, tendría que habérmelo dicho.

—Y yo no estoy diciendo lo contrario —acordó Konatsu—. De hecho, yo tampoco entiendo por qué no hizo nada más para desenmascararlo. El señor Hibiki no se merece en absoluto la compasión del señor Ranma, si me permite decirlo. Violentar su confianza de esta forma… —sacudió la cabeza—. Es imperdonable.

Akane asintió con pesar.

—Ni siquiera sé por qué Ryoga haría algo así —murmuró—. Bueno, me hago una idea —se estremeció, porque ahora era imposible ignorar el extraño, pero familiar comportamiento de Ryoga cuando estaban juntos, su desesperación por estar siempre con ella cuando iba a Nerima o la furia que invadía a Ranma cada vez que ella aceptaba salir con él—, pero ¡yo que creía que era todo un caballero! ¡Que tenía educación, a diferencia de Ranma! —suspiró—. Supongo que me equivocaba.

Konatsu hizo una mueca.

—Bueno, si le sirve de consuelo, yo también creía que el señor Hibiki era diferente. ¿Sabe cómo lo conocí? Acababa de empezar a vivir con la señorita Ukyo cuando un día apareció por casa. Creía que era un animal extraviado e intenté ayudarlo, pero la señorita Ukyo me explicó la situación —al ver que el rostro de Akane se ensombrecía, se apresuró a explicar—: Sí, la señorita Ukyo también sabía lo de la maldición. Me dijo que el señor Hibiki a menudo acababa en su restaurante cuando era incapaz de encontrarla a usted. Y que, en una de esas ocasiones, lo descubrió por accidente.

—¿¡Es que todo el mundo lo sabía menos yo!?

—No creo que ese sea el caso —replicó Konatsu—. La señorita Ukyo me dijo que el señor Hibiki intentaba mantenerlo en secreto. Ahora entiendo por qué —añadió con cierta acusación—, pero entonces creía que era por su orgullo. El señor Hibiki es muy varonil y siempre se mostraba dispuesto a ayudarnos por las molestias que nos causaba, así que pensé que, bueno, encontraba ignominiosa la forma de su maldición… —susurró apesadumbrado.

—No sabías lo que estaba haciendo conmigo, Konatsu —dijo Akane al comprender que el hombre kunoichi se sentía culpable—. No sabías nada de todo… esto —terminó de decir con frustración.

—De todas formas…

Ukyo, en cambio, sí lo sabía —gruñó. O, al menos, eso creía. Sin duda, alguna vez habría visto que Akane tenía un cerdo como mascota que se parecía sospechosamente a Ryoga, ¿no? Suspiró. Le daría el beneficio de la duda por el momento—. Pero no estábamos hablando de eso. Hablábamos de que Ranma lo sabía y que me lo tendría que haber dicho y que… yo, tal vez, quizás, debería aprender a escucharlo —admitió.

¿No le había dicho eso Ranma la noche anterior? ¿Que se precipitaba a la hora de sacar conclusiones? Tal vez, al principio, hubiese tenido razón en pensar lo peor de su prometido, pero ahora que lo conocía más… tal vez debería haberle dado una oportunidad.

Tal vez debería darle una oportunidad, cuando volviese a hablar con él.

—Teniendo en cuenta su experiencia con el sexo opuesto, señorita Akane —dijo Konatsu como si adivinara sus pensamientos—, creo que es normal que desconfiara tanto de su prometido. Pero las cosas han cambiado desde entonces, ¿no?

—Claro que han cambiado —respondió Akane antes que inmediatamente—. Ahora Ranma es… es mi mejor amigo —reconoció. «Y algo más», pensó para sus adentros—. Cuando lo conocí pensé que era un depravado. Me caía mal. Apenas lo soportaba porque mi padre insistía en mantener el compromiso. Pero luego… —«me dijo que soy linda». Un sonrojo le cubrió las mejillas—. Es difícil no… no confiar en Ranma después de todo lo que hemos pasado juntos.

—Es precioso —comentó Konatsu. Al ver la mirada cargada de confusión de su acompañante, aclaró—: Lo que ustedes tienen. Ya sea una fuerte amistad… o algo más —dijo con picardía mal disimulada—. Debe ser bonito confiar tanto en alguien y estar seguro, al mismo tiempo, de su lealtad. Tiene mucha suerte de haber encontrado algo así, señorita Akane.

Akane no tenía que esforzarse mucho para saber por qué Konatsu parecía tan triste.

Tras chasquear la lengua, respondió:

—No lo he encontrado —pronunció con petulancia—. Me lo he ganado. Nos lo hemos ganado, supongo —reconoció—. Aunque a veces tengo la sensación de que Ranma no me conoce en absoluto.

—¿Qué quiere decir?

—Pues… —Akane ni siquiera pensó en Ryoga, porque ya había llegado a la conclusión de que era muy probable que ella también tuviese un poco de culpa. Al cabo de unos segundos, confesó—. Anoche Ranma me dijo algo… algo que no me gustó mucho.

—¿Oh?

—¡Se atrevió a decir que necesitaba rescatarme! —estalló Akane con tanto ímpetu que parte de su bebida se derramó sobre sus piernas.

A su lado, Konatsu emitió un sonido cargado de comprensión.

—Ah, así que por eso seguimos aquí… —murmuró, aunque Akane, en su frenesí, no lo escuchó.

—¡Como si solo fuera una damisela en apuros! ¿Te lo puedes creer? —con cuidado, cogió una servilleta de una mesa cercana y secó las gotas de refresco que la habían salpicado—. Vale que sí ha tenido que ir a por mí en algunas ocasiones… —más de las que le gustaría, a decir verdad—. ¡Pero eso no significa que sea totalmente inútil!

—Estoy seguro de que el señor Ranma no quería…

—Oh, sé perfectamente que a Ranma no se le da muy bien decir lo que quiere decir —Akane hizo un gesto con la mano que decía mucho de lo frustrada que estaba con ese tema en particular—. Sé que, probablemente, solo esté preocupado por mí. Todo lo que dice tiene un poco de verdad, al fin y al cabo. ¡Pero eso no le da ningún derecho a considerarme una desvalida! —refunfuñó.

¿No había hablado de ella la noche anterior como si necesitase que él viniese a por ella?

(Su consciencia trató de recordarle en ese instante que, al principio, aquellas habían sido sus intenciones: esperar a que Ranma se diese cuenta de que Akane no era Akane y que fuese a por ella. Pero Akane decidió ignorarla por completo porque, bueno, ese no era el punto de todo esto).

—Vale que no soy la Tendo más indicada para extraviarse en otra ciudad, en esta situación —gruñó—, pero tampoco soy la peor opción.

Konatsu parpadeó, confundido por el repentino cambio de tema.

—¿A qué se refiere?

—Bueno —Akane se removió incómoda—, no podemos negar que la comida de mi hermana Kasumi se vendería mucho mejor. Konatsu, cocinas muy bien, no me malinterpretes, pero mi hermana… mi hermana tiene un don.

—Me temo que todavía no he tenido la oportunidad de probar la cocina de su hermana, señorita —comentó Konatsu con pesar (2).

—Pues tenemos que cambiar eso lo más pronto posible. ¿Por qué no vienes a comer a casa un día? Puede ser entre semana, cuando no tengas que trabajar. Puede que pilles a Nabiki en casa y así podrás conocerla a ella también.

—¿Nabiki?

—Mi otra hermana mayor —respondió Akane—. Si Kasumi tiene un don para la cocina, Nabiki tiene un don para hacer dinero —soltó una carcajada—. Mi padre dice que Nabiki sería capaz de extorsionar a una piedra con tal de obtener algo a cambio…

Akane se detuvo, de repente dándose cuenta de lo que estaba diciendo.

—Su hermana parece una persona muy interesante —dijo Konatsu con tono diplomático, aunque Akane ya no le estaba prestando atención—. ¿Nabiki, ha dicho que se llama?

—... Nabiki —repitió Akane con una sonrisa deslumbrante.

Nabiki era la respuesta a todos sus problemas.


(1) A.K.A.: la autora olvidó los detalles de esa movida en particular.

(2) Puede ser que me equivoque, pero en esta historia Konatsu solo ha interactuado con Ukyo, Ranma y Akane, por lo que la única vez que tuvo contacto con la familia de Akane fue durante la boda fallida. Y no le dio tiempo a comer lo que fuera que Kasumi hubiese preparado, ni a conocer a las hermanas de Akane. Porque lo digo yo :D.


A/N: Tan solo un día de retraso! El cargador del portátil me llegó hoy por la mañana y no he tardado nada en ponerme a editar lo que faltaba de capítulo para subirlo lo más pronto posible.

Eso sí, os traigo una mala noticia: hasta el lunes 9 de septiembre no volverá a haber actualización. Tengo esta semana y la siguiente algo complicadas: esta tengo que ayudar a mi madre con cosas del trabajo, el martes que viene tengo que matricularme en mi último año de universidad (y probablemente pelearme con alguien de administración, como todos los años), ayudar a mi hermana con su boda (es el miércoles porque la señorita no quería invitar a la familia extendida) y hoy me acaba de llegar un correo recordándome que a principios de verano me ofrecí voluntaria para enseñarle el campus a los alumnos de primero el día 6.

Tengo solo una parte (de cuatro) escrita del capítulo 5, pero espero que en dos semanas me de tiempo a terminar lo que me falta. Cruzad los dedos por mí!

Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.