Código: Guardianes
Capitulo 33
A pesar de las poco halagüeñas palabras del señor del tiempo, los chicos empezaron a pensar en que época y lugar podría referirse. Mientras pensaba, Susan observaba a su abuelo enredar con un trozo de papel. En aquel momento le vino a la cabeza un lugar, pero la idea no le gustó en absoluto, ir allí era la muerte para cualquiera, incluso para su abuelo era peligroso ir. Aunque puede que ello si que pudieran…
-Chicos…- murmuró. Todos le miraron con curiosidad- Creo que lo tengo…- dijo.
-¿Y bien?- preguntó Aelita. Susan suspiró, bajando la cabeza, y, en un susurro, respondió- Skaro…- dijo.
-¡NO!- gritó entonces el Doctor, levantándose de golpe de su asiento- ¿Cómo dices?- le preguntó Atenea.
-¡Dije no!- respondió, dándose la vuelta para encararla- ¡No pienso permitir que vayan allí!- dijo, mientras la miraba directo a los ojos.
-¿Y por que no? Saben defenderse muy bien- le respondió la reina. El Doctor sonrió de medio lado - Defenderse bien no les servirá de nada si les matan nada más pisar ese lugar- dijo.
-¿Tan terrible es ese lugar?- preguntó Jeremy- Es el lugar más peligroso de todo el universo, aunque los Daleks lo llamen "hogar"- dijo, mientras se volvía a sentar, haciendo comillas en la palabra hogar.
-Los Daleks son los mayores enemigos de nuestra especie. Hace años combatimos en una guerra, en la gran Guerra del Tiempo, creo que os expliqué las consecuencias de esa guerra- comentó Marin. Todos asintieron.
-Pero debemos ir, si queremos derrotar a Virio, debemos hacerlo- dijo Percy. El Doctor rió, mientras se pasaba las manos por la cara.
-¿De que te ríes ahora, eh?- le espetó Cesar. El Doctor paró de golpe, mirándole serio- Me rio de vuestra insensatez- respondió, mientras se daba la vuelta, mirando al resto del grupo.
-Veréis, llevo recorriendo el universo desde hace mucho, mucho tiempo- empezó- Y os puedo asegurar que Skaro no es un sitio muy bonito para visitar. Pero lo mejor de todo es que, a pesar de haberlo dicho varias veces, vosotros insistís en ir.- dijo, mientras les observaba.
En aquel momento su mirada se tornó de hielo- He visto el horror que pueden llegar ha hacer los Daleks, por suerte ni Marin ni Susan llegaron a estar suficiente tiempo conmigo como para verlo- dijo, mientras las miraba- Tampoco estoy dispuesto a permitir que estos chicos lo vean- continuó, mientras miraba a los compañeros de sus nietas- ¿Te parecen suficientes motivos, muchacho, o te doy más?- preguntó, mientras le miraba.
-¿Podemos discutir este asunto en privado, Doctor?- le preguntó la reina. Este se giró- Supongo que sí- respondió. Entonces, ambos personajes se metieron dentro de una habitación, esta tenía el suelo recubierto por una alfombra, en las paredes había dos grandes muebles a rebosar de libros, y de lo poco que se veía la pared se podía apreciar que estaba empapelada. En la parte del fondo de la pequeña sala había una gran mesa de madera, y, en esta, grandes pilas de hojas. Atenea se sentó en una de las sillas dispuestas alrededor de la mesa, concretamente la que miraba a la puerta. Con un ademán, le pidió sentarse.
-¿Y bien? ¿De que quiere hablar?- preguntó el Doctor, sentándose. Atenea suspiró- Necesito saber antes una cosa, ¿sabe algo de nuestra empresa?- preguntó.
El Doctor se encogió de hombros- No mucho, la verdad- respondió. Atenea,. Entonces, le fue explicando la situación hasta el momento, desde la primera batalla contra Virio, hasta la guerra actual, pasando por el descubrimiento de los guardianes de esa época hasta la localización de las armas. Mientras la reina hablaba, el señor del Tiempo iba asintiendo, y de vez en cuando la paraba para dejar claro algún dato, tras lo cual, la explicación seguía su curso.`Tras un rato así, la reina acabó, dejando al Doctor meditando sus palabras. Tras unos cinco minutos pensado, el Doctor habló.
-Escuche que hubo un planeta que le pasó algo muy parecido al vuestro hace ya un tiempo, supongo que será eso que decís sobre ese demonio- dijo, mientras la miraba. Atenea asintió.
-Doctor, entiendo que no quieras que tus nietas vean aquello, a mi tampoco me hace gracia que mis hijas estén en el frente, pero…- dijo, mientras le miraba a los ojos- Entiende que es imprescindible que lo hagan por el bien de todos- le dijo, con tristeza.
El Doctor se cruzó de brazos- Y entienda que en este tipo de situaciones es muy raro que todos sobrevivan- dijo, con una pequeña lagrima en los ojos- ¿Ha oído hablar de la Gran Guerra del Tiempo?- preguntó.
Atenea asintió- Las chicas me comentaron al respecto- El Doctor sonrió, pero se podía ver que era de pura amargura- En esa guerra miles de mundos a lo largo y ancho de todo el cosmos fueron destruidos por el fuego cruzado, mundos que no tenían nada que ver en el conflicto- dijo, mientras algunas lagrimas caían de sus ojos- Millones de ambos bandos murieron, familias enteras destruidas en solo unos instantes- dijo, entre lagrimas.
-¡Mi familia, Atenea, mis hijos e hijas, todos murieron por culpa de esa maldita guerra!- el llanto del Doctor se pudo escuchar incluso fuera de la Hermita, pero nadie se atrevió a entrar- ¡Los Daleks no son como vuestros enemigos, que al menos albergan algo de sentimientos!- le dijo, mientras su mirada se tornaba agresiva. Al ver que se estaba empezando a descontrolar, decidió parar a tomar algo de aire y a calmarse. Una vez hecho estro, continuó
-Esas maquinas no poseen corazón, y solo sienten odio hacia lo que no son ellos- dijo, algo más calmado- Si vais, os exponéis a que os vean- dijo, serio- Y ellos no cogen prisioneros…- acabó.
Atenea suspiró- Comprendo su dolor, a mi tampoco me agrada esta guerra, pero le puedo asegurar que estos chicos pueden hacerlo- el Doctor la miró sin comprender- Han luchado contra los generales de Virio, hombres y mujeres de gran poder, y han salido victoriosos- le dijo- además, de todos, son sus nietas las que más han cuidado del grupo, de no ser por ellas, esto hubiera sido un desastre- le explicó.
-He de reconocer que las veo más maduras- dijo, mientras miraba por el rabillo del ojo- Además, tenemos medios para defendernos de un posible ataque- dijo Atenea, sonriendo- He podido leer que los "guardianes", el grupo al que pertenecen mis nietas, tienen control sobre elementos naturales tales como el agua y el fuego, si eso fuera cierto tal vez…- como si lo hubiera pedido, el agua que había en una de las jarras de la mesa se empezó a mover, adquiriendo formas, primero un cubo, después un caballo que trotaba sobre la mesa, y después un dagón, el cual volvió volando hacia la jarra.
-Un truco muy bonito, si señor, aquaquinesis, eso lo aprenden en algunos mundos de la galaxia de Andrómeda- comentó el Doctor, observando el agua de la jarra.
-Y no es lo único, entre los guardianes originales, doce en total, tienen el poder sobre todos los elementos naturales, a lo que habría que sumar la esperanza, y otras tres fuerzas que aún no hemos llegado a dilucidar- le explicó.
El Doctor sonrió de medio lado- ¿Tengo que dar por hecho que esto lo haces para tenerme tranquilo y que les deje ir hasta Skaro?-preguntó. Atenea asintió- Podríamos haberles mandado hacia allá mientras estábamos discutiendo, pero como sabemos lo que sientes, hemos decidido que no iremos hasta que estés seguro- le explicó.
El Doctor sonrió, mientras la señalaba- Una chica lista, me gustan las chicas listas, bien, iremos a Skaro, ya que estamos, os haré una ruta turística- dijo, mientras se levantaba y se apretaban las manos, en señal del acuerdo.
Fuera, los jóvenes celebraron el acuerdo con abrazos y alegría, pues al fin podrían ir a recuperar la preciada guadaña de Susan, y la propia Susan estaba que no se lo creía. Al salir, el Doctor les tranquilizó, mientras, con una sonrisilla infantil, salía corriendo hacia el bosque, mientras Clara reía.
-¡Esperadme un momento que ahora vuelvo!- les gritó, ya fuera.
El grupo observó con curiosidad al Doctor corriendo a través de los árboles en dirección a ninguna parte en especifico, aunque tanto las gemelas como Clara ya se hacían una idea de lo que iba ha hacer.
-¿A dónde va ahora?- se preguntó Odd, quien ya le había perdido de vista.
-Creo saber a por que va…- comentó Marin, mientras se recostaba sobre la pared- ¿Dónde la aparcasteis?- le preguntó Susan a clara. Esta se giró-Cerca de una fábrica abandonada que hay aquí- le respondió.
-Entonces tardará…- las palabras de William se cortaron al oír un silbido llenar la sala, además de levantarse un poco de viento.
Ante la muy sorprendida de todo el grupo, a excepción de las gemelas y de Clara, una cabina de policía inglesa de los sesenta de color azul se posó en el suelo. Mientras lo hacía, la luz encima de esta se iluminaba intermitentemente, al compás del silbido. Una vez materializada del todo, la puerta se abrió, y entonces pudieron ver la cabeza del excéntrico señor del Tiempo.
-¡Venga, todos a dentro!-les dijo, mientras abría del todo la pueta.
Desde su posición, Herb pudo notar algo que le dejo sin habla- ¿Cómo es posible…?- se preguntó, acercándose. Sus compañeros siguieron con su mirada los movimientos del joven, y también se sorprendieron ante el hecho de que aquella cabina fuera considerablemente más grande por dentro que por fuera. Sabiendo las preguntas que pululaban por sus mentes, el Doctor simplemente sonrió.
-¡Esta nave es una TARDIS tipo 40(1), la nave más común entre los señores del tiempo, y nuestro medio de transporte por el universo! Gracias a nuestra tecnología, podemos hacer que sea de pequeño tamaño por fuera pero grande como una ciudad por dentro, pero lo mejor es que con ella viajamos por el tiempo- dijo, explicándoles lo que pasaba, mientras los chicos miraban fascinados el enorme cuadro de mandos.
Era circular, con toda clase de palancas y botones en toda su extensión, así como monitores y pantallas que mostraban gráficos y datos en tiempo real de la nave. En el mismo centro del panel de control había un largo tubo que se erguía hasta el techo con luces brillantes en su interior, siendo, según algunos dedujeron, el medio de alimentación de la nave. Las paredes también estaban decoradas con rombos, los cuales cubrían toda la pared y parte del techo, pues la parte del centro, donde el panel se unía al techo, estaba decorado por círculos concéntricos. La única parte un poco más sobria era el suelo, de color gris.
-¡Y ahora, rumbo a Skaro a por esa famosa arma!- gritó, mientras bajaba con fuerza una de las palancas. Tras eso, una fuerte sacudida golpeó la nave, haciendo que los chicos casi cayeran al suelo, teniendo que agarrarse a lo primero que vieran, bien fuera un compañero, bien a la barandilla que había en el suelo.
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Pasaron solo unos pocos segundos hasta que llegaran hasta su destino, a pesar de encontrarse a miles de años luz de distancia de la Tierra. Tras aterrizar, no sin tomar cientos de precauciones, el grupo, junto a Clara y el Doctor llegaron a Skaro. Tras abrir las puertas y salir de la cabina, el grupo se dio cuenta de que estaban en el lugar correcto:
El cielo no era de color azul como en la tierra, sino de color rojo claro, con nubes de color terroso en ver de las nubes blancas o grises que se suelen ver en la Tierra. A lo lejos, los edificios se pueden ver en la más absoluta ruina, bien derruidos, bien inclinados o sencillamente con partes derrumbadas, e incluso se podía ver que estaban en parte oxidados. La única edificación que parecía estar bien era una enorme estatua. Tenia la curiosa forma de un taro de sal, con la base más ancha que la parte de arriba. En la parte que parecía ser la cabeza había dos tubos cortos, y, en el centro, salía un tubo largo con lo que parecía un visor. En la parte media del cuerpo salían otros dos tubos, uno acabado en lo que parecía un desatascador y el otro parecido a un removedor. Estos dos tubos salían de un cuadrado, y entre este y la parte que parecía la cabeza había una zona con ranuras. De ahí para abajo, y como única decoración, había semicírculos.
-Esto está en la ruina total…- murmuró Nicolás, mientras miraba en todas direcciones, pero no podía ver más que desolación.
-¿Esto pasó por la Guerra del tiempo?-preguntó Jeremy. El Doctor negó, con una sonrisa de medio lado- Este mundo está así desde mucho antes, chico- le respondió.
-¿Qué es eso?- `preguntó entonces Electra, señalando a la enorme estatua- eso de ahí es un Dalek, para que vayáis sabiendo como son- le respondió el Doctor.
-No parece muy amenazante, la verdad…- comentó Aelita, mirándolo.
-Creedme, dan escalofríos, sobre todo cuando gritan…- dijo Susan.
Tras esa explicación, el grupo se dirigió a donde las gemas les indicaban, a pesar del escepticismo del Doctor, quien prefería usar sus propios métodos. Claro que si quería acompañarles, debía estar con ellos y hacerlo a su manera. Mientras avanzaban, podía ver que los muchachos observaban todo a su alrededor, no solo por ser un mundo diferente al suyo y a todo lo que ellos habían conocido antes, sino por el terrible estado en el que se encontraba todo. Supuso que al tener cierto poder sobre elementos naturales, les daba mucha pena ver un planeta habitado en un estado tan lamentable, pero pronto entenderían la causa. Sus cavilaciones fueron cortadas cuando vio que los chicos se acercaban sigilosamente y agachados a unas rocas. Extrañado, iba a preguntarles, pero Clara le indicó que ya lo haría después. Tras acercarse con el mayor disimulo, vieron a Océano, Inferno, Loren, Erick, Darko y Elijah retroceder hacia una pared de rocas y con las manos envueltas en sus diferentes elementos, mientras se lo lanzaban contra algo.
-¡EXTERMINAR!- Aquello fue gritado por una voz tremendamente fría, y por lo que parecía un robot. Pero aquel grito, en principio uno "normal" hizo que a todos se le erizaran los pelos y se le pusieran la carne de gallina ante el inmenso odio con el que fue gritado. Entonces, un único Dalek se presentó ante los generales, y, tras dispararles y volver a proferir aquel grito, llegaron el resto de sus compañeros, quienes cogieron los cuerpos sin conocimiento.
Tras girar sobre si mismos sin demasiada elegancia, se dispusieron a partir, hasta que uno giró su cabeza y miró a los chicos.
-Ahí hay más humanos, ¡EXTERMINAR!- gritó, mientras les disparaba a bocajarro. Lo único que pudieron hacer los chicos fue correr para intentar escabullirse, pero antes de que pudieran seguir por el camino de piedra, dos de aquello seres les cortaron el paso.
-¿Y ahora que?- se preguntó Sam. En ese momento, acorralados, los chicos decidieron hacer gala de su poder, y, mientras luces de cada uno de sus colores les iluminaba, activaron sus gemas.
-Estos humanos también desprenden una enorme energía, cogedles- ordenó uno de ellos. En ese momento, los chicos se dieron cuenta de que los pitoches a los lados de la cabeza se iluminaban al hablar, pero, antes de que ninguno dijera nada, el Doctor habló.
-¡Si, amigos Daleks, estos chicos tienen un gran poder!- gritó el Doctor, poniéndose justo en frente de ellos, con los brazos en jarra.
-¡DOCTOR!- gritó uno de ellos, y, al instante, se unieron todos a aquel grito, que no tenía nada de amistoso, es más, hizo que los chicos se asustaran por la enorme rabia con la que gritaban.
-Están locos…- comentó Jeremy a Ulrich, quien solo asintió- Capturadles para los experimentos- ordenó uno de aquellos seres. Enseguida, los chicos fueron obligados a andar en perfecta fila india, mientras los Daleks les azuzaban para ir más deprisa.
En ese momento, se dieron cuenta de que la atmosfera de aquel planeta estaba muy viciada, pues al llevarles casi corriendo, les obligaron a esforzarse, y les costaba más de lo habitual respirar. Y les costó más aún al entrar en una de las otrora principales calles de aquella ciudad en ruinas, pues allí el aire apenas podía correr.
-La atmosfera de este planeta está muy contaminada…- murmuró Aurora- Apenas siento la presencia de plantas- siguió Yumi- Y animales ya ni os cuento- terció Odd.
-¿Qué habrá pasado para que esté así?- murmuró William- Es lo que tiene las guerras, chicos, solo provoca destrucción y sufrimiento para todos, este planeta es el testimonio de ese hecho- les dijo el Doctor
Tras un rato yendo así, finalmente llegaron a un punto en lo que antes debía ser una plazoleta de la ciudad casi derrumbada en la que se encontraban. En el centro, había un gran circulo con lo que parecían letras, o eso dedujeron, pues nunca habían visto nada igual antes. Tras obligarles a ponerse en el centro del circulo, y una vez que del suelo se alzó una terminal y que uno de los Daleks lo usara, una luz les envolvió, haciendo que se preocuparan un poco, pues no tenían ni idea de a donde les mandaban.
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Tras unos segundos en los cuales notaron una muy intensa fuerza que les llevaba hacia arriba, la luz se disipó de su alrededor. Se impresionaron al ver que, tal y como pasó cuando estuvieron en el mundo de los súper-héroes cuando fueron a recuperar la espada de William, estaban en una nave espacial. Lo sabían pues podían ver al enorme planeta de fondo, además, según Marin, la gravedad de aquel lugar era hecha por algo artificial. Pero estar en el espacio no fue lo que más les impacto, sino el interior de aquel lugar. Podían ver que en las altas paredes había cientos y cientos de puertas, y estas cada cierto tiempo se abrían para dejar pasar a los que parecían los guardias Daleks de aquel lugar, pero aunque iban de puerta en puerta, no había ninguna pasarela para cruzar de lado a lado, simplemente aire. Por tanto, aquellos robots podían flotar mediante algún sistema, cosa que incluso sorprendió a las gemelas, pues ellas no recordaban que pudieran hacer eso. Claro que no tuvieron mucho tiempo para pensarlo, pues en seguida les obligaron a volver a andar, aunque en esa ocasión iban encadenados por las manos con cadenas de energía que ninguno se atrevió a intentar romper por las posibles represalias.
Una vez en movimiento, abandonaron lo que parecía la sala principal de la nave para meterse en uno de los pasillos que había en los extremos de la sala. Era completamente blanco, y tras recorrer aquel pasillo por una decena de metros, llegaron a unas puertas de lo que parecían ascensores. Después de que uno de sus captores "llamara" al ascensor, las puertas de este se abrieron, y entraron al mismo. A pesar del pequeño tamaño de la puerta, en el interior podían entrar todos sin problemas, lo cual le sorprendió, pero antes de que nadie pudiera comunicarse vía gema, llegaron a su parada. Tras abrirse las puertas, llegaron a otro pasillo, y, tras andar unos metros, uno de sus guardias abrió una puerta, y les metieron dentro, y, después de que el último entrara, las puertas se cerraron. Oficialmente estaban en prisión.
-Bien, ¿Cuál es nuestro siguiente movimiento?- preguntó entonces Clara, mientras miraba al Doctor.
-Los Daleks nos han pillado, eso significa que les somos útiles, por ahora, al menos- respondió- ¿Cómo sabes eso?- le preguntó Percy.
El Doctor se lo pensó- Los Daleks no toman prisioneros, y si los toman, es por que les son útiles, en vuestro caso, y por lo que dijo uno de ellos, será para hacer experimentos. No todos los días puedes encontrar a una veintena de adolescentes capaces de controlar a la propia naturaleza- respondió.
Todos ellos, instintivamente, se llevaron una mano al estomago, mientras se miraban entre ellos con cara de pánico- ¿Entonces que hacemos, huir?- preguntó Sam.
El Doctor no se giró- Nadie normal puede salir vivo de una prisión Dalek- respondió, para, acto seguido, encararles, con una sonrisilla- Es una suerte que vosotros no seáis nada normales- acabó, mientras se masajeaba sus propias manos y sonreía.
-No se si tomármelo como un halago o un insulto…- comentó Sissi.
-Halago, créeme, he vivido mucho con él- le respondió enseguida Susan.
Tras eso, la pregunta era ¿Cómo escapar de aquel sitio? La `puerta carecía de cualquier tipo de marco ya que era corredera, y si sabían donde estaba era porque tenía ligeramente ennegrecida su contorno, seguramente por la fricción que suponía. Aparte de eso, solo una ventana permitía que el exterior se pudiera ver, y por suerte, daba al interior de la nave, pues podían ver a los Daleks pulular por ahí de aquí para allá.
-¿Cómo lo haremos abuelo?- preguntó Marin. El aludido simplemente
Sacó el objeto que antes usó en la Hermita.
-Usaré mi destornillador sónico para buscar una salida, y, a partir de ahí, escaparnos- respondió. Tras presionar un botón, este emitió un sonido muy peculiar, mientras "escaneaba" con este toda la sala. Una vez que acabó, se lo acercó a la cara para leer lo que ponía en la pantalla.
-Bien…- murmuró, mientras se lo guardaba en los bolsillos internos de su chaqueta.
-¿Alguien que pese poco?- preguntó, de repente- ¿Perdón?- preguntó Electra.
-Necesito que alguno de vosotros, preferiblemente que pese poco, se suba a mis hombros ya que soy el más alto y que haga lo que yo le diga en el techo- dijo, mientras les miraba.
En ese momento, Aurora decidió ahorrarle ese esfuerzo al Doctor y, sin demasiado esfuerzo, se elevó hasta tocar el techo sin problemas, ante la muy curiosa cara del Doctor, así como de Clara.
-¿Cómo lo hizo, in alas ni nada?- preguntó Clara. Aelita le respondió- Ella es la guardiana del aire, lo que significa que su poder sobre el mismo es absoluto, y, aunque no las podamos ver, tiene alas a la espalda, aunque ya veis que no las necesita para volar- les explicó.
-Vale, deberías de poder notar una ligera brisa desde ahí- le indicó. La chica asintió- Bien, dirígete hacia esa corriente- le pidió. La chica se acercó a la fuente de aquella corriente, y, una vez debajo, miró al Doctor.
-Parece que hay un canal de aire- le dijo ella. El Doctor sonrió- Retira el panel que lo tapa y mira adentro- le pidió.
La chica buscó con los dedos la tapa, y, una vez que la encontró, y usando sus uñas para ayudarse, la retiró. Por desgracia, la entrada era muy pequeña y el conducto tampoco era lo suficientemente grande como para que cualquiera de ellos se metiera. A pesar de ese hecho, el Doctor siguió sonriendo.
-Marin, ¿tu controlas el espacio, verdad?- preguntó, a lo que la chica asintió. En ese momento, ella comprendió.
-¡Claro, que buena idea, abuelo!- dijo la joven, sonriente. Entonces, una tenue luz de color marfil rodeó a la joven, la cual extendió su dedo índice hacia el pequeño agujero que funcionaba como entrada de aire. Entonces, un filo hilo de energía salió del dedo de Marin, y, al impactar en el orificio, este se ensanchó gracias al poder de Marin.
-Ea, ya podemos pasar- sonrió el Doctor, mientras miraba hacia el agujero.
-¿No hubiera sido más fácil hacer un portal para salir al pasillo, Doctor?- le preguntó Clara. En aquel momento, el señor del tiempo cerró la boca, alzó su mano con un dedo levantado para decir algo, pero antes de pronunciar sonido alguno, cerró la boca y bajó la mano cerrada en un puño, para acto seguido gruñir un poco.
-Creo que la idea de Clara es mejor, sí- confirmó Sissi.
Tras las fuertes risas de sus compañeros, y que el Doctor empezara a bufar de enfado, Marin abrió un portal el cual conectaba al pasillo. Una vez que todos pasaron, cerraron el portal, tras lo cual, se dirigieron hacia la gran sala a la que llegaron al entrar a la nave, pues sabían que los Daleks ya no andaban de aquí por allá en la nave pues no se oían su tremendo griterío de ordenes y amenazas. Eso les venía bien para, además, poder buscar la guadaña convenientemente, pues sus gemas les indicaban que estaba en esa nave. En aquel dato se fijaron varios de ellos durante su viaje desde donde les capturaron hasta la nave, y la señal se intensificó cuando llegaron a esta. Lo que les extrañaba es que los Daleks no dijeran nada.
-Si que es raro, pero supongo que lo interpretarían como otra cosa- sugirió Patrick
-En cualquier caso, debemos darnos prisa y salir de aquí cuanto antes- dijo William.
Mientras caminaban, pudieron escuchar a lo lejos un jaleo bastante gordo, pero en aquel caso no eran voces metálicas como la de los Dlakes, sino voces humanas. Curiosos, decidieron ir a ver que era lo que pasaba, hasta que, a medio camino de encontrarles, Herb reconoció las voces.
-Son los generales de Virio- dijo, mientras se paraba. En aquel momento, los chicos agudizaron el odio, y, efectivamente, las voces pertenecían a sus mayores rivales. Y por el tono, parecían que discutían.
-¿Todavía no han sido capaces de salir de u celda?-murmuró Percy.
-Eso parece- dijo Susan, mientras miraba hacia esa dirección.
En ese momento, se oyeron unos disparos y los gritos metálicos gritos de los Daleks desde esa dirección, junto con el sonido provocado por el agua y el fuego al ser utilizados, además, podían notar la energía que sus enemigos estaban desplegando en aquel momento. Todos llegaron a la misma conclusión, estaban luchando contra los Daleks.
-¿Qué hacemos? Queramos o no, tenemos que encontrarnos con ellos para poder salir de este sitio y poder buscar la guadaña por la nave- dijo Sam.
-En cualquier caso, la batalla está servida, fijaos- dijo Aurora, señalando al frente. Al mirar en la dirección a la que la chica señalaba, vieron a los generales de Virio correr en su dirección, y tras ellos, a los Daleks.
-¡Atrapadles!- el griterío de los Daleks era constante, y, como estaban armando tanto escándalo, los chicos decidieron intervenir. En ese momento, Electra les lanzó sus rayos, los cuales les dieron de lleno, parándoles de golpe, tras lo cual, empezaron a soltar un poco de humo. En ese preciso momento, Inferno y sus compañeros se dieron cuenta de que tenían a sus enemigos delante, pues con la adrenalina de huir de aquellos robots maniáticos no se habían fijado, solo empezaron a darse cuenta de la realidad cuando vio pasar por el rabilo del ojo un rayo.
-Vosotros…- dijo Inferno, mientras cerraba los puños- También nos alegramos de veros, chicos- dijo con marcada ironía Sam.
-Veo que también os cazaron a vosotros- comentó, mientras les miraban.
-Íbamos a escaparnos, pero vuestra pelea con los Daleks nos lo impidió- les dijo Aurora.
-¿Y a mi que me cuentas, mocosa? Por mi como si esas latas de mierda os matan aquí mismo, nosotros nos vamos, venga, chicos- intervino Darko, mientras avanzaba a empujones entre los chicos.
-Esas no son formas de tratar a la gente, ¿sabes?- le recrimino el Doctor, poniéndose justo delante de él. El hombre le escudriñó de arriba abajo.
-Tal parece que os gusta hacer amigos en los lugares que visitáis- comentó, mirando al Doctor y a Clara.
-En realidad soy el abuelo de las gemelas, soy el Doctor, por cierto- le dijo, mientras adoptaba una postura más relajada, como si estuviera en la calle tranquilamente tomándose algo en la terraza d un bar más que en una nave con miles de enemigos armados hasta lo dientes. Entonces, Elijah intervino.
-En cualquier caso, es hora de irse, y acabamos de comprobar que solos no podemos hacer nada contra esos Daleks- comentó- Habla por ti, chico con alas, nosotros podemos con esas cosas con los ojos cerrados- dijo con suficiencia Odd.
-Si lo dices por que tu compañera los inutilizó con un rayo, eso no es verdad, solo los desactivó, puedes comprobarlo- dijo, mientras tocaba la cabeza de uno. Esta aún emitía un poco de luz a a través del "ojo2 que poseían.
-Al menos es suficiente para poder pasar- le espetó Ulrich.
-Estos ya recibieron nuestros golpes, creedme, son más duros de lo que parecen- les respondió Océano.
-¿Estáis proponiendo lo que creo que estáis proponiendo?- les dijo entonces Aelita, incrédula.
-Si, princesita, estas en lo correcto…- dijo Elijah, mientras se recostaba sobre la pared.
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Disculpad el retraso, pero la universidad es una chupa tiempos increíble, además de las novatadas (aquí las hacemos, no se en otras partes) y las fiestas de los jueves, así que disculpadme. Precisamente por la uni no seré capaz de actualizar todo lo que quisiera, pero seguiré trabajando para poder hacerlo.
1)TARDIS son las siglas para Time And Relative Dimension In Space (tiempo y dimensiones relativas en el espacio en inglés) Se tratan de las naves que usan los señores del tiempo para viajar por el espacio y el tiempo, y precisamente es del tipo 40 la que usa el Doctor.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, el Doctor y Clara, que pertenece a Doctor Who
