Código: Guardianes

Capitulo 34

-¿Estáis proponiendo lo que creo que estáis proponiendo?- les dijo entonces Aelita, incrédula.

-Si, princesita, estas en lo correcto…- dijo Elijah, mientras se recostaba sobre la pared.

-¿No estaréis proponiendo una alianza, verdad?- preguntó entonces Yumi

Elijah asintió, mientras se cruzaba de brazos. Entonces, algunos de los chicos rieron- ¡¿Acaso creéis que es broma, niñatos!?- gritó Inferno, enfurecido.

-Hemos luchado contra vosotros en incontables ocasiones, abandonasteis a Herb, Nicolás y Sissi en la Alemania pagana sin posibilidad de vuelta, sois nuestros peores enemigos, ¿y pretendéis que nos unamos a vosotros? Creo que estar con los Daleks os ha afectado- le reprendió Aurora, encarándosele.

-Si, no os necesitamos para defendernos, muchas gracias- les dijo Electra, mientras se marchaba por donde los generales de Virio aparecieron.

-¡Espera un momento, Electra!- le pidió William.

Esta se dio la vuelta, pero se quedó en su sitio. Con una mirada, supieron lo que el chico quería, y, tras alejarse algunos metros, se unieron en una piña para discutir el asunto.

-¡Es una locura, no podemos confiar en ellos, en cuanto nos demos la vuelta nos la clavarán en la espalda!- dijo en un murmullo Electra.

-Aunque podamos pararles durante un rato, es cierto que no podríamos con ellos, son demasiados- comentó Marin. Los chicos la miraron.

-Podríais inspeccionar al Dalek que antes fulminó Electra. Así sabríamos si los daños son serios o no- comentó Percy.

-Tomaría mucho tiempo, además, ya puedo oír más Daleks viniendo hacia aquí- les dijo Odd.

-¿Cuánto tardarán?- preguntó Sam- Unos cinco minutos, vendrán desde abajo- les dijo.

-Entonces vámonos, si nos quieren seguir adelante, pero que no me pidan que les salve el trasero- dijo Patrick, separándose.

Tras eso, los chicos suspiraron, y finalmente se encaminaron hacia el pasillo por el que antes vinieron sus agresores. Con una señal, les indicaron al resto que les siguiera, aunque la mirada que le lanzaron a los generales de Virio fue de todo menos amistosa, es más, fue helada y fría, sin ninguna señal de confianza en ella, y con la advertencia tácita de que, si se pasaban, habría consecuencias. Por ello, el grupo se dividió, siempre con varios de los chicos entre los generales para tenerles vigilados, y, a la cola, iban el Doctor, Clara y las gemelas. El resto iba con los ojos posados sobre sus enemigos, quienes se sentían sumamente vigilados e inquietos.

-Parece como si nos tuvierais miedo, niños…- les dijo Inferno. Ulrich, a su derecha, sonrió de medio lado- Es solo que no nos fiamos de vosotros, solo por eso- les respondió.

-Si estáis aquí acompañándonos no es precisamente porque nosotros lo queramos- dijo Jeremy.

-Para nosotros tampoco es plato de buen gusto- les respondió Elijah.

A partir de ese momento, sobre el grupo cayó un muy pesado y tenso silencio, solo roto por la respiración de los chicos y sus pisadas al caminar. Cada uno miraba hacia un lado distinto, evitando cruzarse las miradas, y atentos a cualquier señal de peligro que se les acercara. Mientras andaban, el Doctor pudo comprobar que estaba en lo cierto al pensar que si estaban todos juntos era por el peligro que supondría ir los grupos por separados, pues de esta forma era más posible salir de allí con buen pie. Claro que la tensión que habían en el aire era enorme y eso dificultaba las cosas.

-¿Habéis escuchado eso, chicos?- soltó Odd de repente. Todos se pararon inmediatamente, mientras agudizaban el oído.

-¿Qué se supone que debemos escuchar, Odd?- preguntó Marin.

-Creo que esas cosas se están acercando- comentó, mientras miraba en una dirección.

-Lo dudo, no les siento venir- respondió Loren.

-Lo que es seguro es que oigo sonido de maquinas- siguió Odd, lanzándole una mirada envenenada a Loren, la cual solo gruñó.

-¿Por donde?- preguntó el Doctor de repente, impidiendo que empezaran a discutir- Por allí- indicó el rubio. Era uno de los pasillos que se habían cruzado antes y que iba hacia, desde su perspectiva, a la derecha en vez de al frente.

-Pues vayamos por allí- dijo entonces, girando el pasillo y yendo hacia allí. A pesar de las quejas de los chicos por el comportamiento del señor del tiempo, este no se paró un ápice en su andar, obligándoles a seguirle a la carrera.

Tras seguir las indicaciones de Odd, el grupo notó que las gemas de los chicos empezaban a brillar un poco mas intenso a cada paso, señal inequívoca de que se estaban acercando a su objetivo, la guadaña del tiempo.

-¿Pero como se puede guiar a esta velocidad?- se preguntó Aurora, mientras corrían- Ni idea, hasta yo voy perdido- dijo Jeremy, detrás de ella.

-Creo que se guía por la luz de nuestras gemas y por las indicaciones de Odd- sugirió Aelita, mientras el aludido seguía indicándole al Doctor el camino a seguir a toda prisa.

Tras seguir corriendo por otros cinco minutos, llegaron a un callejón en el que la única salida era una puerta al final del mismo. El grupo se acercó a la puerta con cuidado, pues las gemas de los chicos brillaban con bastante fuerza, por lo que, para no llamar la atención, el Doctor, clara y los generales se colocaron entre ellos y la puerta, pegándose a la misma para escuchar cualquier ruido de dentro. Desde esa posición, podían escuchar cosas de dentro. Parecía que los Daleks de dentro estaba n hablando, pero no sabían muy bien de que exactamente, además, un fuerte ruido de maquinaria trabajando se escuchaba de fondo, por lo que era muy difícil entender que era lo que decían.

-La guadaña que estamos buscando se encuentra aquí- comentó el doctor, separándose de la puerta.

-¿Les has entendido algo?- le preguntó Clara, sorprendida- No mucho, algo de un arma emitiendo mucha energía, solo eso- explicó el Doctor, mientras sacaba su destornillador, escaneando la puerta, tras lo cual, se acercó el aparato a la cara, viendo que era lo que ponía.

-Bien, solo entraremos Susan, Marin, Clara y yo, el resto esperará fuera- ordenó, mientras volvía a dirigir su destornillador hacia la puerta, sin atender a los inmediatos gritos enfurecidos de los chicos.

-¡No eres nadie para ordenarnos nada, amigo!- le gritó Electra, enfadada- ¡No podéis ir solos, es demasiado peligroso, ¿y si la sala está llena de enemigos? – les dijo Aelita.

-¡Nos podemos defender solitos, gracias!- aquello lo gritaron varios de los chicos a la vez.

En ese momento, el Doctor se giró de golpe, mientras les miraba- Ahí dentro hay una enorme cantidad de energía temporal acumulada a causa de la guadaña- empezó- Ninguno de vosotros está acostumbrado a tanta energía de golpe, vuestros cuerpos explotarían nada más entrar a la sala- les dijo.

Eso no hizo que se callaran- ¿Pero no viniste precisamente por la enorme cantidad de energía temporal que había en la academia?- preguntó Sissi.

-Si, pero aquí es distinto, hacedme caso y manteneos al margen- les pidió, mientras les indicaba con la mano que se alejaran.

-Por favor, confiad en nosotros- les pidió entonces Susan, mientras les miraba de cerca- Esto solo lo podemos hacer nosotros, si entráis a esa sala, no podemos asegurar vuestra vuelta- les dijo Marin, haciendo lo mismo.

-Todos nosotros sabemos que es posible que de alguna misión no volvamos, pero hemos corrido ese riesgo hasta ahora y lo seguiremos corriendo hasta el final- respondió William.

-Por favor…- se quejó Océano, rodando los ojos y cruzándose de brazos- Dejaos de sentimentalismos entupidos y decidíos, no tenemos todo el día- les dijo.

Tras mirar mla al general, los chicos simplemente suspiraron, pues veían que de nada serviría tratar de convencerles para que les dejaran acompañarles. Una vez que se posicionaron algo mas lejos, el Doctor, Clara y las gemelas entraron a la sala, dispuestos a recuperar el arma legendaria.

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Tras entrar, y para no ser descubiertos, el grupo de cuatro se pegó a la pared de tal forma que lograban pasar desapercibidos en el enorme amasijo de cables que discurría por el suelo como si de las enormes raíces de un árbol gigante fueran, los cuales conectaban con un ordenador enrome que llegaba hasta el suelo. En un a parte de el ordenador había un pequeño monitor, el cual era vigilado por uno de los Daleks. Este estaba observando la pantalla, y, de vez en cuando, colocaba uno de sus brazos robóticos, el que era como un desatascador, como si estuviera poniendo algunos comandos en el mismo.

-Parece que está tomando medidas de algo…- comentó Clara- Si, de eso, mirad- dijo el Doctor, señalando en una dirección. Al poner la vista en aquel lugar, vieron que de repente la sala se iluminó de un potente resplandor de color índigo recubrir la sala. Tras el fuerte fogonazo y sentir una inmensa energía salir despedida, la sala volvió a la iluminación habitual, mientras la energía iba disminuyendo poco a poco.

-¿Qué fue eso?- se preguntó Marin- Era la guadaña, que se despertó por unos pocos segundos- dijo su hermana.

Una vez dicho eso, y tras recuperar la visión por el fuente fogonazo, vieron que, efectivamente, ahí estaba la guadaña, atada con cables a un ordenador, y suspendida por estos cables en el aire. Era larga, con el mango de color índigo y con líneas de color oro recorriéndolo, siguiendo la curvatura del mango durante su recorrido. La hoja era curva y algo alargada, más o menos del tamaño del brazo de Susan, y tenía lo que parecía una tela atada al mango.

-Es hermosa…- comentó Clara- Ningún arma es hermosa, recuérdalo, Clara Oswald- le rectificó el Doctor, mientras miraba fijamente al objeto.

-Me temo que es necesario recuperarla, abuelo, por poco que nos guste pelear- le dijo Marin.

-¿Cuál fue la verdadera razón por la que no dejaste pasar al resto del grupo, Doctor?- le preguntó de repente Clara. El aludido solo sonrió- Sabrías que me lo preguntarías, Clara- le dijo.

-A pesar de que los guardianes seáis muy poderosos, los Daleks tiene una gran tecnología armamentística, además, tienen armas que podrían mandarles a la otra punta del universo a través de agujero negros. Y si se diera ese caso, solo vosotras podríais ir a por ellos buscarles, y a pesar de vuestros poderes, tardaríais mucho en encontrarles- dijo.

-Te comportas como un abuelo, Doctor- rió Clara- Es que soy un abuelo, tengo más de 2000 años de vida, ¿recuerdas?- le dijo, mientras al abrazaba afectuosamente por detrás.

Tras eso, y ya más serio, el Doctor se encaminó hacia la guadaña, escoltado por las tres mujeres. Nada más salir de las sombras, el Dalek que estaba en el monitor se giró, mientras les apuntaba.

-¡Exterminar!- gritó, mientras giraba. En ese momento, Marin abrió un portal justo detrás de él, y, tras darle una patada, hizo que fuera hacia atrás, entrando al portal. Una vez dentro, Marin cerró el portal, pero el Dalek logró dar un disparo antes de desaparecer. Este impactó en la pared y por suerte no le dio a nadie, pero fue suficiente para encender las alarmas inmediatamente.

-Mierda…- maldijo Marin, mientras la sala se iluminaba por la intermitente luz roja que indicaba el peligro.

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Fuera, los chicos escucharon con temor la alarma, además, los peores presagios empezaron a rondar sus cabezas, pues podían escuchar por megafonía que los Daleks pretendían atacar esa zona en cualquier momento. Al saberse descubiertos, los chicos se levantaron de sus sitios, y, tras activar sus gemas, todos se prepararon para el combate.

-Deben ser muchos, oigo muchas voces de fondo- dijo Odd, mientras se ponía a cuatro patas, con el lomo en alto y el pelaje erizado, como si fuera un gato.

-Estad listos, en cualquier momento vendrán- les dijo Yumi, a lo que todos asintieron.

-¡EXTERMINAR!- en ese momento, aparecieron los primeros Daleks, ya empezando a disparar. Ante el aluvión de rayos láser, Jeremy alzó una pared de agua reforzada con un juro de luz creado por Aelita.

Aprovechando que en ese omento tenían una defensa, el grupo les atacó. Como estaban en lugar cerrado, la gran mayoría de ellos no podían hacer uso de sus poderes al máximo, ya que la gran mayoría controlaba elementos naturales, y, al usarlos, las nubes se agolpan en el cielo. Por ello, decidieron que era mejor que no usaran esa habilidad, la cual reforzaba sus poderes. Así que se prepararon tal que así. Jeremy y Aelita mantendrían la pared de agua y luz para estar salvo del fuego enemigo. Percy se les unió para reforzarla con su acero

Mientras, Electra lanzaba sus rayos con fuerza hacia el "ojo" de los Daleks, para así evitarles poder ver, y, aunque los escudos de energía que tenían les evitaban cualquier daño, el fogonazo era más que suficiente para impedirles la visión. Aprovechando que no sabían a donde disparaban, el resto les atacaba con lo que tenían, desde rayos de energía por parte de Herb, Sissi, Nicolás y Sam, fuego en el caso de Ulrich y William, hasta grandes piedras creadas por Patrick las cuales eran impulsadas por el viento que levantaba Aurora. Odd, al no poderse acercar sin riesgo de que le diera el fuego cruzado, invocó su arco, con el cual empezó a atacar desde casi el fondo. Yumi, en cambio, estaba sentada en posición de loto en el suelo, mientras la rodeaba una ligera luz verde. Esto se debía a que sabía muy bien que esa situación se iba a prolongar mucho tiempo, por eso, decidió que, ya que no podía luchar al no haber plantas en los alrededores ni suelo para que ella misma las pudiera crear, ayudaría a sus compañeros cediéndoles energía para combatir. Aelita se dio cuenta de sus intenciones nada mas verla, pero, con una mirada de la japonesa, la chica de pelo rosa decidió que era mejor dejarla actuar.

Los generales de Virio tampoco se quedaban atrás en la defensa del fuerte. Sabían de sobra que de allí no podían salir por los métodos tradicionales de abrir un portal y salir por patas, pues ya lo intentaron varias veces desde que llegaron y, por alguna razón, no eran capaces. Tampoco podían ponerse en contacto con Virio, por lo que estaban , muy a su pesar, a merced de los guardianes. Por ello usaron la misma técnica que los adolescentes usaron. Como ya tenían una defensa gracias a Jeremy y Aelita, todos ellos se dedicaban a atacar. Océano usaba esferas de agua, Inferno usaba sus llamas para intentar derretir sus escudos, y Darko lanzaba bolas de energía oscura. Loren era la última línea de defensa de los generales, y, con un escudo de energía levantada frente a ella, protegía la puerta con uñas y dientes de los poco golpes que escapaban de la defensa que habían levantado Jeremy y Aelita.

Por tanto, la situación era casi de guerra total pues el fuego era constante por parte de ambos bandos, y ninguno parecía ceder al poder del otro, por tanto, aquella situación era de empate. Fue en ese momento en el que los chicos se dieron cuenta del poder militar de los Daleks, pues eran en total quince Daleks contra ellos, que eran más de veinte, y estaban empatados. Eso significaba que cualquier cambio en uno de los grupos supondría la victoria para uno y la derrota, y posiblemente la muerte, para el otro.

En eso estaba pensando Odd, que estaba sumamente preocupado. Al estar atacando desde atrás, sin tener que preocuparse de recibir golpes ni de dar a sus compañeros pues sus flechas iban directas al objetivo, podía pensar con más claridad que sus compañeros, quienes simplemente miraban al frente, sin siquiera girarse, tal era la concentración que necesitaban para mantener el ataque y que diera en el blanco. Había pensado pedirle a Yumi que usara su gran ataque, Planta feroz, pero no podía, pues necesitaba de suelo para poder hacerlo, y el piso estaba conformado por metal, a lo que había que sumar que estaban en el espacio, y eso le impedía hacer que las plantas crecieran en la parte donde había tierra y crecer desde allí. En ese momento se fijó en un detalle muy importante.

-¡Chicos!- gritó, llamando la atención de algunos de sus compañeros- ¡Tengo una idea!- volvió a gritar, mientras les miraba de soslayo.

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En el interior de la sala, se daba una curiosa escena. Un grupo conformado por tres Daleks sumamente enfadados, para variar, y disparando con saña al Doctor, sus nietas, y Clara. Pero ninguno de los cuatro estaba preocupado realmente, pues Marin había levantado un portal que hacía que los rayos láser de los Daleks no les alcanzaran. Marin, a pesar de eso, no sabía cuanto mas podría aguantar, pues el fuego era constante y el portal estaba empezando a inestabilizarse por la enorme energía que los rayes llevaban.

-¡EXTERMINAR!- aquella era la vigésima vez que el mismo Dalek gritaba esa frase, así como los otros dos, que también lo gritaban constantemente, mientras seguían disparando.

-¿No os dais cuenta de que vuestros rayos láser no pueden tirar esta pared?- les dijo Marin, cansada de eso.

-¡La pared se está debilitando, dentro de poco el portal se cerrará y seréis exterminados!- gritó uno de ellos, mientras les miraba con su ojos metálico.

-No te esfuerces Marin, estas latas con patas no entenderán, simplemente continuarán disparando- dijo el Doctor.

-Nuestra prioridad es obtener la guadaña del tiempo, ¿verdad?- dijo Clara- A eso hemos venido, precisamente- respondió Susan, mientras la miraba de lado ante la enorme obviedad.

-¿Y tu controlas el tiempo?- le preguntó. Susan asintió- ¿Y por que no lo detienes, coges la guadaña, y ya está?- le preguntó

En ese momento, Susan iba a decir algo, mientras alzaba un dedo de una mano, como si fuera a dar una lección importante. En ese momento, se calló, mientras exhalaba el aire que había cogido para hablar y poco a poco bajaba de nuevo el brazo, mirando algo enfadada la sonrisilla que adornaba la cara de Clara.

-Ni lo pensé siquiera…- comentó, mientras bajaba la cabeza. Aunque Susan no lo vio, tanto su hermana como el Doctor miraron hacia otro lado, pues, aunque eran miembros de la raza más sabia y contaban con más edad y experiencia que el resto de sus compañeros juntos, a ninguno se le había ocurrido esa solución, al contrario, las suyas eran bastante más enrevesadas que la idea de simplemente detener el tiempo lo suficiente como para que Susan pudiera coger su guadaña.

-Clara, tu idea es buena, pero no has contado con que los Daleks tienen tecnología de viaje temporal- dijo de repente el Doctor, mientras volvía a pensar en una solución.

-En realidad abuelo, es una muy buena idea- comentó Marin, mientras una pequeña gota de sudor bajaba por su sien, señal de que se estaba empezando a cansar- A pesar de que tengas la tecnología, no puedes vencer al mismo tiempo, y Susan ahora es el tiempo en carne y hueso- continuó.

Entonces, el Doctor miró a sus nietas. Por un lado, se sentía orgulloso de ellas, pero por el otro, le daba miedo una cosa, un error que él mismo cometió no hace mucho tiempo, aprendiendo en el proceso una gran lección: las leyes del tiempo son inmutables. Y precisamente por esa inmutabilidad, las cosas eran como eran, la historia había transcurrido tal y como había transcurrido, y por eso el tiempo era como era. Ahora que Susan gobernaba en el tiempo, significaba que ella era ahora la que decidía sobre esa gran fuerza del universo, y tener el poder absoluto sobre algo tan poderoso… demasiada responsabilidad para cualquiera, desde luego. Su línea de pensamientos se cortó al ver a Susan ser envuelta en un aura de color índigo a su alrededor, y con los ojos cerrados.

Tras unos segundos en esa posición, y tras abrir los ojos aún envuelta en su urea característica, Susan observó su entorno. Sonrió al ver que, tal y como ella quería, el tiempo se movía más despacio, mucho más despacio de lo normal, casi parecía estar parado, pero no era así. Susan sabía bien que, por muy guardiana del tiempo que fuera, no podía hacer que este se detuviera, pues tendría que hacer un enorme esfuerzo para parar completamente una fuerza semejante, por eso lo ha ralentizado mucho, no solo en esa sala, también en toda la realidad gracias precisamente al control del tiempo, de tal forma que todo se mantenía en su sitio.

-Se puede controlar el tiempo y aún así, respetar sus reglas sin problemas- comentó, mientras se acercaba rápidamente a la guadaña pues la energía que usaba para frenar el tiempo era enorme, y no sabia cuanto iba a aguantar en esa situación. A pesar de que anteriormente hizo que el tiempo fluyera mas deprisa, acelerarlo era infinitamente más sencillo que frenarlo.

Nada más tocar la guadaña, la sala, así como la propia Susan, se iluminó en color índigo, esa reacción además provocó que el tiempo volviera a fluir a su ritmo natural. Una vez que la luz se fue, Susan portaba en su mano derecha la guadaña, y, como era la costumbre, sus ropas eran diferentes. Su armadura seguía siendo de color indio, pero ahora era de cuerpo completo, con relieves en oro, y con el símbolo de su medallón, aquel que mostró al principio a Asmeya y a Destro, y que la identificaba como una dama del tiempo. Colgando de las hombreras caía hasta las corvas una capa blanca.

-¡Hermana!- el grito de Marin al ver a su gemela con la guadaña en la mano fue de sorpresa y de gran alegría, pues finalmente habían logrado su objetivo al ir allí.

-¡Cuidado, Susan!- le gritó su abuelo de repente, con cara de miedo. En ese momento, la chica se dio la vuelta, y se dio cuenta de la situación.

La enrome cantidad de energía que hasta entonces había estado generando Susan para frenar el avance del tiempo, sumado a la también poderosa energía que liberó Marin para crear el portal y que este aguantara, junto a la que desprendía la propia guadaña, provocó que el tiempo y el espacio de la zona se distorsionaran gravemente, generando una brecha enorme, la cual empezó a aspirar a Susan.

-¡No puedo cerrarla!- gritó asustada Marin, viendo con absoluta impotencia como aquel portal se tragaba a su hermana, empezando a salirle lagrimas en los ojos.

-¡EXTERMINAR!- ese grito hizo que el grupo recordara que no estaban solos, y que los Daleks no habían cejado en su empeño de destruirles. Uno de los rayos impactó directo en el pecho de Susan, provocando que perdiera el equilibrio y acabara cayendo al portal.

En ese momento, un fuerte grito de rabia salió de lo más profundo de la garganta de su gemela, quien, sin siquiera pensar en las consecuencias, se tiró de lleno ella también al portal, esprintando los diez metros que la separaban de su objetivo, pasando veloz entre los Daleks. El Doctor y Clara tampoco se quedaron atrás, e hicieron lo mimo que Marin, solo que ellos si pensaron en las consecuencias. La peor, morir instantáneamente, claro que esa en ese momento no era la mayor de sus preocupaciones, pues si no era tras pasar el portal, probablemente morirían bajo el fuego de los Daleks.

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Fuera, el ataque proseguía su curso sin cambios, pero Odd, tras dar a sus amigos el aviso de que tenía una idea, dejó de atacar a los Daleks con sus flechas, pero seguía con una flecha en tensión, preparada para dispararla en cualquier momento, con una aura de color violeta rodeándole muy poderosa, y en un estado de máxima concentración, concentrando toda la energía del ataque en la punta de la flecha. Mientras, sus compañeros esperaban a que su idea funcionara.

-¡FURIA ANIMAL!- gritó Odd, nada más soltar la flecha. Esta voló a una increíble velocidad hacia los Daleks, y, a medio camino, se pudo ver de fondo como diversos animales, tanto actuales como del, pasado, corrían junto a la flecha, la cual aceleró aún más, impactando en uno de los Daleks, atravesándolo de lado a lado, y destruyéndolo.

En ese momento, la balanza se desestabilizó, haciendo que los ataques se centraran más en los Daleks, destruyendo a varios gracias a los siguientes golpes de Odd, además de los propios ataques de los chicos, que, al ver que era posible derrotar a los Daleks, se emocionaron mucho. Pero cuando cayó el cuarto Dalek, la nave empezó a tambalearse, además, la alarma empezó a sonar con muchísima fuerza, y el grupo pudo notar una enroem liberación de energía procedente de la sala donde estaban las gemelas, el Doctor y Clara. Pocos segundos después, el grito deMarin alertó a todos ellos, y, tras lanzar una última oleada contra los Daleks, quienes retrocedieron un par de metros, los adolescentes entraron corriendo a la sala, mientras los generales, aprovechando la confusión, salieron de allí corriendo a toda prisa, abandonando la batalla.

Tras entrar y bloquear la puerta para que nadie pasara, vieron que había allí varios Daleks también, y, tras destruirlos antes de que pudieran crear una defensa, se acercaron, pero no haía rastro de naie allí.

-¿Pero que ha pasado aquí…?- se preguntó Percy, mirando en todas direcciones.

-¡Mirad!- gritó Sam, señalando al portal, l cual estaba casi a punto de cerrarse. Antes de que pudieran hacer nada, de este cayó un papelito, tras lo cual, el portal se cerró completamente.

-Cojamos el papel y retirémonos, algo me dice que las gemelas, el Doctor y Clara están a salvo al otro lado del portal que hemos visto antes- comentó Ulrich.

-Este papel es la prueba de ello, yo creo que William lleva razón- comentó Herb.

-Ojala estéis en lo cierto, de todas formas ya no recibimos señal de ningún arma, así que han debido recuperar la guadaña- siguió Aurora.

-Si, puede que ese portal llevara a la Hermita…- supuso Jeremy.

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De vuelta a la Hermita, atenea empezaba a preocuparse por la tardanza de los jóvenes, así como Franz, quien se paseaba con nerviosismo por la sala. En ese momento, su libro se abrió de golpe, señal de que un arma había despertado, pero era raro…

-Normalmente tarda un tiempo en despertarse un arma una vez que se ha recuperado otra…- dijo Atenea, mirando el libro.

-Bueno, en una ocasión despertaron dos a la vez, ¿recuerdas?- le dijo Franz

-Es verdad…- mira, ahí viene los chicos-comentó, mientras miraba como aparecían por el portal desde Skaro, o mejor, dicho, desde aquella nave.

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Disculpad el retraso, pero la universidad es una chupa tiempos increíble, además de las novatadas (aquí las hacemos, no se en otras partes) y las fiestas de los jueves, así que disculpadme. Precisamente por la uni no seré capaz de actualizar todo lo que quisiera, pero seguiré trabajando para poder hacerlo.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, el Doctor y Clara, que pertenece a Doctor Who