Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Había un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada, pero FF tiene algo en contra de los enlaces y ahora no sabría deciros exactamente quién es su autor.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 2 ○◉


AKANE VI

«En el que Akane sirve su venganza en un plato recalentado»


Pero tan, tan sobrevalorado…

—¿Señorita Ukyo? —repitió Konatsu.

La incertidumbre era tan evidente en su voz que Akane solo pudo pellizcarse el puente de la nariz. De verdad que al destino le gustaba ponérselo difícil… ¿No le había dicho Ranma la otra noche que tendía a actuar de forma precipitada? ¿No la habían advertido en otras ocasiones de que tuviera cuidado de no convertirse en una chica que primero golpeaba y preguntaba después por qué?

Aunque, quizás, aquella era una señal del Universo que no sabía que había estado esperando. Una suerte de disculpa. Sin duda, a estas alturas ya debía de haber acumulado el suficiente buen karma como para poder recibir su recompensa por haber soportado durante tanto tiempo un engaño como aquel, ¿no?

—¿Qué quiere que haga con él? —insistió Konatsu, sacándola de sus pensamientos. El cerdo mentiroso todavía se retorcía entre sus manos.

Suponía que estrangularlo no era una opción. Armándose de valor, Akane esbozó su mejor sonrisa, aunque a juzgar por lo tenso que se puso Konatsu antes que inmediatamente, lo único que consiguió fue una mueca voraz.

—¿Qué más vamos a hacer? —dijo con esa voz azucarada que Ukyo utilizaba a menudo con Ranma y que solo conseguía inquietarlo—. Pues prepararle un baño a nuestro invitado, por supuesto. Y una habitación para esta noche. Luego podemos discutir qué preparo esta noche para cenar…

Ni siquiera se sintió ofendida cuando Konatsu se estremeció y la miró con recelo. Akane sabía (aunque le había tomado años ser capaz de reconocérselo a sí misma, y nunca en voz alta) que su comida solo sabía bien si se tomaba su tiempo para leer detenidamente todas las etiquetas y seguía al dedillo las recetas. También ayudaba que probara la sazón durante el proceso, aunque, tal y como Ranma le había señalado en alguna ocasión, aquella era una práctica que se le olvidaba más a menudo que no.

Si se esforzaba mucho, mucho y de verdad puede que quizás, tal vez, y con un poco de suerte si alguien la supervisaba, consiguiera algún resultado comestible.

El problema radicaba en que Akane no tenía el tiempo, ni las ganas, ni las intenciones, de esforzarse. No, si a quien tenía que atender era a Ryoga.

De hecho, mientras su ayudante dirigía al cerdo mentiroso a sus nuevos aposentos, Akane fantaseó con la idea de enfrentarse a Ryoga con la verdad ahí mismo y evitarse tener que soportarlo durante horas. ¿Trataría de defenderse o reconocería su perfidia? ¿Intentaría escudarse en otra mentira? Akane sintió un extraño placer solo de imaginárselo retorciéndose bajo su mirada, pálido y tembloroso…

En otra vida, aquella habría sido su venganza: unos minutos de sufrimiento por años de traición. Akane le pediría a Ryoga que la dejara en paz y Ryoga, que podría ser un mentiroso, pero eso no quitaba que también fuera humilde y tímido hasta límites insospechados, la dejaría en paz. Así de sencillo.

Pero en esta, Akane estaba cansada. Y herida. Tanto Ryoga como P-chan habían sido sus amigos, si bien el nivel de confianza que existía con cada uno había sido muy distinto. Akane no podía olvidar, por mucho que lo intentase, que Ryoga, en algún momento, había decidido mentir. No estaba muy convencida de que se mereciese que ella lo tratase con sinceridad.

«Ojo por ojo», recordó, aunque no fue hasta que lo vio de nuevo como ser humano, limpio y con los cabellos todavía húmedos de su baño, que se dio cuenta de que ya había tomado una decisión. Akane no recordaba haberse sentido nunca tan… desilusionada. Ryoga siempre le había parecido gallardo y educado. Sobre todo, si tenía en cuenta cuáles eran sus otras referencias: Ranma, que tampoco había sido sincero al conocerla, y todos los chicos de su escuela, que solo la veían como un trofeo. Ryoga nunca la había insultado, como hacía Ranma, y la trataba con mucho más cuidado que el estúpido de su prometido. Es más, si se paraba a pensarlo unos segundos…

Bueno. En retrospectiva, su actitud nerviosa explicaba muchas cosas.

Los músculos de su cara protestaron cuando compuso una sonrisa tan amplia que era solo dientes.

—¿El baño ha sido de tu agrado? —Ryoga apartó la mirada de una de sus muñequeras para devolverle una sonrisa afable—. Espero que todo haya ido bien, el casero nos avisó de que a veces las cañerías funcionan… mal.

—Oh, no te preocupes —replicó él—. Al principio, el agua salía un poco sucia, pero no tardó mucho en aclararse —hizo una mueca—. Aunque debo advertirte que la caldera no funciona del todo bien. Konatsu intentó prepararme un baño, como le pediste, pero al final he tenido que conformarme con una ducha rápida.

Akane asintió. Aquello había sido lo primero que les había recordado el casero, al fin y al cabo. Y la única razón por la que el alquiler les había salido tan barato.

—Al menos el agua alcanzó la temperatura adecuada —comentó, señalándolo con la barbilla.

—Hoy en día lo único que me hace falta es un poco de agua tibia —su sonrisa cansada le dijo que un baño de agua caliente no era un lujo que pudiera permitirse a menudo.

Akane asintió. Ranma era de la misma opinión y ya estaba acostumbrado a tener que recurrir a teteras o termos para regresar a la normalidad. A veces, ni eso, aunque tenía que reconocer que él al menos tenía la ventaja de que su forma maldita fuera un ser humano y no una pieza de ganado.

Con el corazón encogido, Akane invitó a Ryoga a sentarse mientras ella ponía la mesa.

—Espero que no te importe que la cena sean sobras —le explicó—. Durante la temporada alta no podemos permitirnos mucho más…

—Oh, ¡si está todo tan bueno como el yakisoba del otro día no tengo ningún problema!

Akane, determinada a que su plan funcionase, tuvo que esconderse en la cocina para que el chico no pudiera ver la mueca que en que se encogía su rostro.

—¿Qué tiene pensado hacer, señorita…? —se interesó Konatsu con inseguridad.

Sostenía entre sus manos un viejo trapo que, a juzgar por sus arrugas, había sido víctima de su estrés. Por unos segundos, Akane se sintió culpable. No podía pedirle a Konatsu que la ayudara. No podía pedirle que fuera su cómplice…

—Solo tiene que decirme qué quiere que haga y lo haré —la tranquilizó con una sonrisa misteriosa.

Akane tomó una profunda respiración y se dirigió a la nevera.

—No comas nada que haya pasado por mis manos —lo avisó entre dientes mientras abría la parte del refrigerador—. Y prepara un cubo. Y cruza los dedos para que no tengamos que utilizarlo.

En el interior del frigorífico Akane encontró lo que había estado buscando: una caja de plástico que albergaba sus mayores fracasos…

No habían tardado en descubrir que la mayoría de sus experimentos más creativos no eran del todo aptos para el consumo humano, pero sí resultaban curiosamente efectivos como control de plagas. A Konatsu se le había ocurrido hacía un par de días que, a falta de un buen insecticida, buena era su comida. Sin duda, y teniendo en cuenta que la mayoría de los locales que Ukyo había reservado no cumplían los requisitos mínimos de calidad e higiene, aquello les ahorraría una pequeña fortuna en fumigaciones. Incluso había accedido a comprar un recipiente hermético lo suficientemente grande como para poder almacenarlos sin poner en peligro el resto de alimentos.

—¿Qué piensa hacer con eso?

Akane asió con tanta fuerza el bol que sostenía entre sus manos que los nudillos se le pusieron blancos.

—Bueno —tragó saliva con dificultad—, tenemos que agasajar a nuestro invitado, ¿no es así? Y ya sabes lo que dicen. Las mejores conversaciones son las de sobremesa.

Se encogió de hombros con delicadeza, como si no estuviese planeando cometer un crimen.

Me niego a sentirme culpable, se recordó.

Konatsu arqueó una ceja perfectamente esculpida y asintió con comprensión.

—¿Conversaciones? —ni siquiera trató de disimular su escepticismo—. Más bien interrogatorios, ¿no cree?

Como también se negaba a sentirse avergonzada, Akane se limitó a hacer un gesto con la cabeza que podría o no haber sido un asentimiento.

—Mientras tú pones la mesa —indicó con una mirada cargada de significado—, yo voy a ir calentando los platos. Te llamaré cuando empiece a servir, ¿vale?

Minutos más tarde, justo cuando acababa de poner sobre la mesa el último plato, Akane se dio cuenta de que había preparado un verdadero banquete. En un ataque de frustración hacía dos días, Akane había intentado cocinar desde ramen completamente casero (incluidos los fideos) hasta katsudon (1), aunque esto último, por algún motivo, se le antojaba demasiado cruel como para servirlo en esta ocasión y se lo había dejado a las hormigas sobre la encimera.

Ryoga sonrió con la fuerza de mil soles cuando Akane anunció que ya podían comer.

—Oh, todo tiene una pinta estupenda—la alabó.

Konatsu, a su lado, disimuló una risa tomando un sorbito de té. Lo peor es que decía la verdad. Incluso las korokke (2) que había preparado hacía dos restaurantes tenían buen aspecto, razón por la cual Akane no había dudado en probarlas. Aunque las había preparado con ternera, por alguna razón que nadie podía imaginar, sabían a pescado.

Se aclaró la garganta.

—No seas tímido—lo animó—. Puedes comer tanto como quieras.

Naturalmente, Ryoga le dio las gracias y cogió los palillos con una rapidez que Akane solo había visto en Ranma por las mañanas, cuando su padre era más propenso a tratar de robarle el desayuno como «otra forma de entrenamiento».

—Estoy famélico —confesó Ryoga en cuanto notó que Konatsu lo miraba con asombro mal disimulado—. Llevo vagando en mi otra forma... —frunció el ceño como si le costara hacer memoria—. ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos?

Akane se atragantó con su propia saliva. Luego, mientras se deshacía en toses para limpiar sus vías respiratorias, sintió que un peso frío se le asentaba en la boca del estómago.

—¿¡Me estás diciendo que llevas casi dos días sin comer?! —logró decir al cabo de unos instantes.

Ryoga se llevó una mano a la nuca, avergonzado.

—La mayoría de las personas con las que me encuentro solo quieren comerme a mí —explicó—. He aprendido que lo mejor que puedo hacer es mantenerme alejado de los desconocidos.

Aquello tenía sentido, aunque Akane era de la opinión de que, quizás, Ryoga tampoco tenía mucho poder de decisión al respecto. Con un sentido de la orientación tan atroz como el suyo, lo más seguro es que acabara lejos de cualquier civilización por accidente.

—Entonces es por eso que te esfuerzas tanto por mantener en secreto tu maldición —señaló con cierto estupor.

Ryoga frunció el ceño. Akane lo vio estudiar detenidamente todos los platillos que tenía a su disposición hasta que al fin se decidió por un trocito de teriyaki tofu (3) que parecía especialmente crujiente. Akane incluso se había atrevido a esparcir algunos copos de bonito ahumado por encima para potenciar su atractivo.

—Bueno —suspiró el chico de la bandana. Akane escuchó en esa exhalación su cansancio, su desolación y hasta su resignación—, por eso, y porque quien no intenta convertirme en su cena, me adopta como mascota —añadió completamente inexpresivo.

Akane sintió que todos y cada uno de sus músculos se tensaban.

—Oh —se sentía extraña mientras se obligaba a poner una sonrisa burlona—, no sabía que te resultaba tan desagradable eso, P-chan.

Ryoga apartó la mirada y fingió que no la había escuchado. Akane observó con placer culpable el momento exacto en el que, tras darle un generoso bocado a su pieza de tofu, percibía el toque de vinagre balsámico que le había dado por equivocación. Ni todo el bonito ahumado del mundo podía cubrir ese sabor.

—¿Está bueno? —sonrió con expectación. Oh, la sed de venganza la estaba convirtiendo en una sádica.

Ryoga se limitó a responderle con un seco asentimiento.

Le resultaba fascinante el control que Ryoga tenía sobre los músculos de su cara. Ni siquiera arrugó la nariz, pese a que Akane estaba segura de que la cantidad de vinagre que se le había escapado podría haberse utilizado para encurtir verduras. Su reacción también la remontó a todas aquellas veces en las que había probado su comida y le había dicho que estaba deliciosa. ¿De verdad que nunca había tenido éxito en la cocina? ¿Que todas aquellas ocasiones en las que Ryoga le había asegurado que nunca había probado nada igual, se refería a su terrible sazón y no a su delicioso sabor?

Apesadumbrada por aquel descubrimiento, Akane se forzó a concentrarse en su misión. Decidió que tal vez el tema de P-chan era demasiado directo. Quizás necesitaba un enfoque más sutil…

Para no levantar sospechas, Akane cogió sus propios palillos y movió con desgana las verduras rebozadas que se había servido.

—¿Quién más lo sabe? —cuando Ryoga al fin hubo tragado y la miró sin entender, Akane se encogió de hombros y aclaró—: Me gustaría saber con quién tengo que tener cuidado y con quién no.

Tras beberse un vaso entero de agua fresca, Ryoga se obligó a coger otro trozo de tofu. Akane, muy a su pesar, no pudo evitar llenarse de respeto por su dedicación cuando se lo zampó sin ni siquiera parpadear. Aunque sí se llevó una mano al estómago, advirtió con deleite.

—Tampoco es que sea un secreto tan… secreto —reconoció—. Lo sabe Ranma, evidentemente. Y su padre. Shampoo y su abuela también lo saben. Y Mousse. Y el viejo verde ese que siempre está robando ropa interior. Por supuesto, Akari-chan está al tanto de todo.

Ryoga hizo una pausa para sonrojarse y emitir una risita tan tonta que a Akane le pareció hasta adorable. De no haber sido porque su corazón se constreñía de dolor con cada nombre que mencionaba, Akane habría sonreído triunfante ante la evidencia de que Ryoga y Akari por fin habían empezado una relación. Hacía un tiempo que se había apostado con Ranma que sucedería más temprano que tarde, aunque le daba en las narices que su prometido solo quería llevarle la contraria por tradición.

—¡Oh! —exclamó Ryoga, sacándola de su turbación. Akane notó con cierto horror que se había acabado todo el tofu y ahora centraba sus atenciones sobre el nasu dengaku (4)—. Ese chico raro de las medias también lo descubrió un día.

—¿Y ya está? ¿O falta alguien más? —Akane no se podía creer que la lista fuese tan larga.

—Es posible que esté pasando a alguien por alto —admitió Ryoga antes de llevarse un trocito de berenjena a la boca.

Akane lo escuchó tomar una violenta inhalación y sabía exáctamente por qué: dos días atrás, había sido demasiado generosa con la pasta de miso y la salsa había resultado demasiado salada. Recordaba haber oído una vez que añadirle un poquito de azúcar podía corregir un poco el sabor… Tal y como Konatsu le había explicado después, aquel rumor no era del todo correcto.

Se aclaró la garganta.

—Bueno, pues si lo recuerdas, no dudes en decírmelo. No me gustaría meterte en ningún lío…

—En realidad no me importa demasiado —dijo Ryoga con la voz ronca—. Akari-chan me ha hecho entender que tampoco es lo peor del mundo. La única persona que me interesa que no se entere es… bueno —hizo una mueca—. Akane.

Oh, aquí está mi oportunidad, pensó Akane con malicia.

Le hizo una señal a Konatsu para que rellenara el vaso de su invitado y apoyó los codos sobre la mesa para inclinarse hacia Ryoga. Con cuidado, descansó la barbilla sobre las palmas de las manos y sonrió.

No me digas.

Ryoga tuvo la decencia de ponerse rojo como un tomate.

—No quiero mentirle —se apresuró a decir—. De verdad que no. Pero… —cogió otro trozo de berenjena para ganar tiempo—. Es tan difícil no hacerlo.

Parecía derrotado.

—Hay algo que no entiendo —apuntó Konatsu, que hasta ahora se había limitado a observarlos—. ¿Por qué no le dijiste la verdad desde un principio?

—Tienes que entender que al principio consideraba mi forma maldita una completa deshonra —se explicó—. Además, nunca he tenido muchos amigos de mi edad. A decir verdad, Ranma es el único amigo de verdad que he tenido hasta ahora—Akane tuvo la sensación de que Ryoga acababa de darse cuenta en esos instantes de aquel detalle, y que estaba sorprendido—, y nuestra amistad siempre se ha basado en nuestra rivalidad. Soy un artista marcial y eso significa que paso más tiempo entrenando que haciendo cualquier otra cosa. Me resulta extraño relacionarme con gente que no entiende todo el tiempo y esfuerzo que le debo dedicar para mejorar.

Akane asintió. Había tenido discusiones de lo más tontas con sus amigas cuando había rechazado alguna que otra invitación porque interfería con sus entrenamientos, y eso que Akane no estaba tan comprometida con el arte como el chico que tenía frente a ella.

—Pero ¿qué tiene que ver Akane con todo esto? —no pudo evitar preguntar.

Su discurso le parecía conmovedor, porque comprendía esa sensación de aislamiento perfectamente, pero no entendía por qué le estaba contando aquello.

—Akane… —suspiró Ryoga—. Akane siempre ha sido amable conmigo. Como ya he dicho, nunca he tenido muchos amigos de mi edad. Habrás notado que soy un poco torpe, ¿no? En especial con las chicas.

Akane no sabía qué decir a eso.

—Akane es la única que siempre ha sido amable conmigo. En todas mis versiones—dijo Ryoga, aunque tuvo que detenerse a media frase porque su estómago profirió un ruido muy extraño. Ruborizado por los sonidos que producía su cuerpo, se encogió sobre sí mismo y continuó—: Si le dijera la verdad ahora mismo, la perdería. Y eso… —frunció el ceño cuando se volvió a escuchar un rugido lastimero—. Eso me mataría.

Su tristeza era casi tangible. Akane sintió que se le inundaban los ojos de lágrimas y se sintió la escoria de la humanidad. ¡Ryoga solo quería ser su amigo! Evidentemente, tendría que haber escogido un camino más fácil, más honesto, pero Akane no podía culparlo por querer conservar su amistad.

—Oh, Ryoga —sacudió la cabeza con afecto—. Estoy segura de que Akane te perdonará.

—Yo no lo tengo tan claro...

—¡Por supuesto que sí! —exclamó—. ¡Akane jamás despreciaría todos tus esfuerzos!

Por el rabillo del ojo, percibió que Konatsu la observaba con curiosidad. Ryoga, que se había doblado sobre sí mismo ante los quejidos de su vientre, también la miraba con desconcierto.

—Akane tiene mucha suerte de tener un amigo tan devoto —explicó con una sonrisa afable—. Sería una tonta si lo dejara escapar.

El sonido de un impacto le hizo dar un respingo. Akane vio, perpleja, que Konatsu había enterrado el rostro entre sus manos y negaba con la cabeza una y otra vez.

—¿Qué pasa? —le dijo, preocupada por su salud mental.

—Ignóralo —respondió Ryoga. Él también sacudió la cabeza con una expresión distante—. Tienes razón, supongo. La próxima vez que la vea, me sinceraré con ella. Tal vez le pida a Akari el favor de que me acompañe a verla…

Probablemente para que lo lleve a la dirección correcta, le señaló una vocecilla en su interior.

Suspiró, desalentada.

—No has comido mucho —murmuró Akane. Esto tiene que acabar ya, le pidió una voz en su cabeza que se parecía sospechosamente a su hermana más mayor, pero una parte de ella, la que más se parecía a su otra hermana, se resistía a no llevar hasta el final aquella pantomima—. ¿Por qué no pruebas este okonomiyaki de aquí? —no esperó a que Ryoga contestara y puso uno frente a sus narices—. Todavía debes de tener mucha hambre.

Por favor, por favor, por favor, suplicó para sus adentros.

Ryoga le ofreció una sonrisa afligida.

—No hace falta…

—Venga, cómetelo —lo animó. ¿Su voz sonaba tan desesperada como se sentía, o eran imaginaciones suyas? A su lado, Konatsu juntó las palmas de las manos bajo su barbilla y envió una plegaria al cielo. Akane también rezó con todas sus fuerzas para que fuera oída—. Es el especial de la casa, por así decirlo.

—No creo que pueda… —un monstruo gruñó desde las entrañas de Ryoga. Akane observó con horror que su tez adquiría un preocupante tono morado y decidió que, en realidad, le estaba haciendo un favor—. Bueno, puede que todavía tenga un poquito de hambre...

Solo hizo falta un bocado para que Ryoga tuviera que doblarse sobre sí mismo cuando una punzada de dolor le atravesó el abdomen. Akane tuvo la decencia de apartar los platos de la mesa antes de que su frente colisionara contra la vieja madera. Hasta le pareció oír un crujido.

—No sé qué está pasan… —intentó decir Ryoga, pero entonces un retortijón lo hizo olvidarse hasta de su propio nombre.

Akane contempló con impotencia, pero también con la satisfacción que solo otorgaba un trabajo bien hecho, que una nubecilla blanca se escapaba de entre sus labios, y Ryoga sucumbía, al fin, a la inconsciencia.

Konatsu, por su parte, solo pudo sentir alivio.


(1) Chuleta de cerdo rebozada con arroz blanco.

(2) Croquetas de patata que se pueden rellenar prácticamente de cualquier cosa que te guste.

(3) Tofu con salsa teriyaki. Primero fríes un poco el tofu para que quede crujiente por fuera y luego añades la salsa y dejas que se consuma hasta que quede espesa y se haya adherido al tofu. Se sirve con copos de bonito, cebollino y jengibre rojo encurtido.

(4) Berenjenas en salsa de miso.

A/N: Escribir este capítulo me dio hambre.

Muchas gracias a todos los que respondisteis a mi grito de auxilio! En especial a Tear Hidden, que me ha ayudado a salir de este bloqueo y ha hecho hasta de beta ^^. A todos los que habéis dejado comentarios, añadido a favoritos y habéis empezado a seguir esta historia en todos estos meses que he estado sin actualizar, que sepáis que me habéis animado mucho a seguir escribiendo. ¡Un abrazo!

... ¿y bien? ¿qué pensáis de mi triunfal regreso?

Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.