Código: Guardianes

Capitulo 35

De vuelta a la Hermita, atenea empezaba a preocuparse por la tardanza de los jóvenes, así como Franz, quien se paseaba con nerviosismo por la sala. En ese momento, su libro se abrió de golpe, señal de que un arma había despertado, pero era raro…

-Normalmente tarda un tiempo en despertarse un arma una vez que se ha recuperado otra…- dijo Atenea, mirando el libro.

-Bueno, en una ocasión despertaron dos a la vez, ¿recuerdas?- le dijo Franz

-Es verdad…mira, ahí viene los chicos-comentó, mientras miraba como aparecían por el portal desde Skaro, o mejor, dicho, desde aquella nave.

-¡Estamos en problemas!- gritó nada más llegar Percy, preocupando a los presentes.

-¿Qué ocurre?- preguntó Atenea.

-Las gemelas, el Doctor y Clara… no sabemos donde están…-murmuró Sam, algo asustada.

-¿Cómo?- dijo Atenea, extrañada- Lo último que sabemos de ellos está en este papel, aún no lo hemos abierto, pero sabemos que es de ellos porque salió de un portal en la sala donde estaba la guadaña de Susan- dijo William, entregándole el papelito.

-Veamos que dice…- murmuró Atenea, desdoblándolo. Una vez que hizo eso, leyó- "Tranquilos, estamos bien al otro lado del portal, pero no intentéis buscarnos, os sería imposible"- leyó Atenea.

-¿Qué arma se despertó, a todo esto?-preguntó Nicolás.

-Aún no lo hemos visto- comentó Franz. Entonces, el grupo se arremolinó al rededor del mágico libro- "Las dagas del espacio están un mundo de luz y sombras"- leyó Sam.

Los chicos se miraron entre ellos, sin entender- Me temo que, aunque supiéramos a donde ir, sin Marin aquí es imposible poder recuperar esa arma- murmuró Jeremy, algo enfadado.

-Esperemos que el portal les lleve, por un azar del destino, al lugar apropiado…- dijo Aelita, mirando al cielo.

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Tras recibir el impacto en su pecho, Susan atravesó el portal, cayendo de culo contra el suelo al otro lado del mismo. Antes de que se pudiera dar cuenta de donde estaba, vio aparecer a su hermana por el mismo portal, cayendo esta encima de Susan, como si fueran un sándwich.

-¡¿Estás bien!?- preguntó Marin, alarmada, mientras la miraba y la agarraba con desesperación.

-¡Susan, Marin!- gritó una voz, sin duda la de su abuelo, quien también aparecía por el portal, y, tras de él, Clara.

-¿Pero qué…?- eso fue lo último que escucharon ambas chicas. Extrañadas por su silencio, ambas se incorporaron del suelo. Tras alzarse, tuvieron que taparse los ojos con las manos para evitar ser cegadas completamente.

-¿Dónde estamos, abuelo?- preguntó Marin.

-Imposible…- murmuró su abuelo, más para él mismo que para ellas, pero lo suficientemente claro para poder escucharle.

-¿Qué es lo que…?- ambas gemelas abrieron la boca a la vez, con los ojos completamente abiertos, sin creer lo que veían.

Dos soles amarillos iluminaban el cielo de aquel mundo, mostrando al fondo lo que parecía una ciudad n ruinas. Desde allí, se podía ver que antes, estaba recubierta por una cúpula, aunque ahora esa cúpula esté rota. También podían ver altos edificios desde allí que llegaban hasta casi el techo de la bóveda de cristal, y el campo cercano a la ciudad lleno de tiendas de campaña con multitud de personas yendo de un lado hacia otro. También se podía ver que la hierba del campo donde estaba el campamento improvisado era de un curioso color rojizo, y, al fondo, en las montañas que haba tras la ciudad, se podía ver un bosque en llamas, pero no había humo saliendo de allí, ni nadie tampoco parecía preocuparse.

-Esto es…- empezó el Doctor- Gallifrey… acabaron sus nietas, con los ojos empezando a llenarse de lagrimas.

-¿Pero…. Cómo…?- miles de preguntas llenaban la cabeza del Doctor, sin saber que era lo que debían hacer.

-¿Y que importa el como?- dijo de repente Susan, mientras andaba al frente- ¡Lo importante es que está aquí, abuelo, lo hemos encontrado, podemos hacer que vuelva al universo!- siguió Marin, entusiasmada, mientras se abrazaba a su hermana y bailaban como niñas pequeñas al recibir un regalo.

-Creo que…- el Doctor entonces se fijó en que las gemas de ambas jóvenes estaban brillando en una dirección, concretamente hacia la ciudad.

-¿Creéis que una de las armas haya despertado?- preguntó Clara- Es posible…- murmuró Susan.

-Antes de nada…- dijo entonces el Doctor escribiendo en un papel, mientras sostenía la capucha del mismo con la boca. Una vez terminó, lanzó el papel a través del portal, justo antes de que se cerrara.

-He mandado un mensaje a vuestros compañeros, de esta manera, sabrán que estamos a salvo y no se preocuparan- dijo, mientras se recolocaba la pajarita, la cual se había descolocado por tantas emociones.

-¿Y que hacemos? ¿Les esperamos o que?- le preguntó la chica. El Doctor miró a sus nietas, esperando una respuesta.

Las chicas se miraron por unos segundos- Normalmente, es el que debe obtener el arma el que determina, según la pista que nos da el libro de Atenea, su ubicación- le explicó.

-Ya veo…- dijo, mientras se lo pensaba- Si el arma que estamos buscando se encuentra aquí, en Gallifrey les será imposible llegar, somos los únicos que podemos recuperarla- comentó Susan- Entonces deberíamos aprovechar esta oportunidad- dijo Clara.

Y así hicieron. Tras observar el entorno, se fijaron en un camino de tierra que bajaba hasta el campamento de la entrada de la ciudad. Ates de encaminarse hacia allí, una tenue aura de color índigo recubrió a Susan. Una ve que se retiró, su guadaña estaba pulida en la gema, volviendo así a sus ropas normales. De esta manera, y en silencio, empezaron a caminar, cada uno pensando en una cosa diferente, pero en una a la vez: ¿Cuál era la posibilidad de que aquello hubiera pasado?, ¿tendría que ver con la activación de las dagas del espacio?, estas y muchas otras preguntas relacionadas con el tema les rondaba por la cabeza a los cuatro quienes, casi sin darse cuenta, llegaron a la entrada del campamento.

-Vaya…- susurró Susan, al verlo de cerca. Las tiendas eran de acampar color blancas, se podían ver a hombres y mujeres ir de un lado a otro con equipos médicos en las manos, a otros con papeles, y a otros yendo de lado a lado con comida para los que estaban dentro de las tiendas.

-¿Necesitas asistencia medica alguno de vosotros?-les preguntó alguien. Era un hombre, de aspecto anciano, con algo de barba cana y calvo, y con gafas sobre sus ojos avellana.

-No, gracias, estamos bien…- le dijo Clara, mientras le quitaba peso al asunto con la mano.

-Me alegro, porque nos faltan camas y manos para ayudar a los heridos…- dijo el hombre, resoplando ligeramente, cansado.

-Me imagino…¿Cuántos sois en este campamento?- le preguntó el Doctor- En este campamento estamos 2.000.000 más o menos, y este es de los más pequeños- respondió- En los otros veinte campamentos están fácilmente el doble en cada uno- comentó, mientras entraban al campamento.

Tras entrar, se imaginaban un montón de gente tumbada en el suelo agonizando, pero no, los que estaban tumbados en la cama estaban la gran mayoría durmiendo sin ninguna clase de problema, como si solo estuvieran echando una cabezada, ajenos al ajetreo de fuera. Los que estaban despiertos, en cambio, iban de lado a lado con todo tipo de cosas en las manos, trabajando en lo que fuera que estuvieran haciendo.

-Os estáis recuperando rápidamente…- comentó Clara.

-Desde luego, desde que la guerra acabó hace unos años, ya estamos empezando a levantar cabeza…- dijo el hombre.

-Por cierto, ¿Cuál es tu nombre?-le preguntó Clara- Me llamo Steven, ¿y vosotros?- les respondió- Soy Clara- se presentó-Susan- siguió la chica- Mi nombre es Marin- continuó su gemela- El Doctor- una vez presentados, entraron a una de las tiendas.

A pesar de parecer pequeñas por fuera, por dentro eran bastante más grandes gracias a la tecnología de los señores del tiempo. De esta manera, en un espacio externo de una tienda podían meter en total las mismas personas que si fueran veinte tiendas ahorrando así mucho espacio. Y esas eran de las más pequeña. Por dentro, se podían ver varias camas a los lados de la tienda, y, en el centro, una mesa con papeles encima, además de varios generadores de energía, los cuales proveían de luz eléctrica a la tienda, pues en el fondo, se podían ver varias maquinas trabajando a plena potencia, muy probablemente ordenadores.

-Habéis llegado en el momento justo, pues necesitamos de trabajadores con urgencia- comento Steven, entrando a la tienda, y dirigiéndose a la mesa del centro. Allí cogió varias carpetas, mientras dejaba otras en los cajones y las revisaba echándoles un vistazo- ¿Podréis ayuda?- les preguntó, mientras les tendía unos papeles.

Tras mirarse entre ellos, el grupo llegó a la misma conclusión: a pesar de que llevaban prisas para encontrar el arma correspondiente, tenían el deber moral de ayudarles. Además, parecía que debían ir a la ciudad para intentar encontrar suministros, lo cual les venía de perlas, pues así, además de ayudar a los damnificados, podían buscar el arma que se había activado.

-Será un placer ayudarles- comentó Clara. Tras agradecerles con un gesto su colaboración, Steven les indicó el lugar al que debían ir.

Estaba al otro lado del campamento, en una tienda de más o menos el mismo tamaño que esa, donde se dedicaban a la búsqueda de toda clase de víveres, así como de restos personales como fotografías, entre otras cosas. Estos últimos objetos de índole personal se ponían en una tienda separada, a donde todo el campamento iba si encontraban algo en la ciudad, para saber a quien pertenecía aquel objeto. Como se llegaban a acumular millones de personas, se decidió dar antes información del objeto, para que solo los que tuvieran algo semejante fueran allí, y que el resto prosiguiera con sus tareas de forma habitual. Una vez que llegaron a la tienda tras recorrer el camino que circulaba por el campamento, se internaron en ella.

-¿Vosotros sois los nuevos, verdad?- preguntó una mujer. Era de edad madura, con el pelo rubio platino, pero ya se le empezaba a notar algunas canas, con los ojos de color café, y de ropas militares de color verde, aunque se notaba que no era militar.

-Así es- dijo Susan- Bienvenidos, me llamo Senia, soy la encargada del área de búsqueda- se presentó, mientras le daba la mano- Tenéis que ir a la ciudad Central para buscar víveres, además…- dijo, mientras encendía un ordenador de mesa, el cual, al activarse, generó un holograma con un mapa. En este, había una parte marcada con una X de color rojo.

-Hemos descubierto un pico de energía en este punto, fue tan breve explosión que pegó, que no sabemos su naturaleza pues a las maquinas no les dio tipo de analizarla, lo que si que sabemos es que fue causado por algo natural, pues si hubiera sido provocado por algún ser inteligente, hubiera durado más tiempo- es explicó.

-¿Dónde podemos encontrar los víveres?- preguntó el Doctor- Curiosamente, están bastante cerca del punto donde se produjo la explosión de energía- les explicó Senia.

Tras darles los equipos que usarían para buscar los víveres, que consistían en unos maletines con destornilladores sónicos, herramientas y cuerdas junto a lámparas de pilas, les dieron también instrumentos de medición de energía para intentar descubrir cual era la naturaleza de la explosión de energía de antes. Aun así, los cuatro ya sabían de donde provenía la explosión, sin ninguna duda era del arma que estaban buscando, demás, las gemelas estaban haciendo un esfuerzo para evitar que las gemas empezaran a brillar delante de Senia y de, en general, del resto del campamento.

-Una única regla, volved cuando el segundo sol se ponga, no queremos que os pase nada durante la noche, ¿entendido?- les pidió la mujer.

-¿Animales?-supuso Marin. Senia negó- No, la gran mayoría están a varios kilómetros, internados en el bosque, lo que nos preocupa son las grietas que pueda haber en el suelo, y por las cuales podríais caer si se hace de noche- les explicó.

Tras asentir comprendiendo las explicaciones de Senia, el grupo salió de la tienda en dirección a la ciudad, para así, buscar el arma que se había activado. Una vez fuera del campamento, empezaron ha hablar de que arma podría ser.

-Quedan solo cuatro armas, las tonfas del viento, la lanza de la esperanza, el hacha de los metales y las dagas del tiempo- comentó Susan.

-De todas formas, la reina Atenea dijo que, aunque ya tengamos todas las armas, aún no podemos ir a luchar contra Virio porque su castillo está defendido por una enorme pared de de energía oscura- dijo Marin.

-¿Y como destruiréis esa pared de energía?- les preguntó Clara- Dice que antes debemos buscar unos talismanes, con los cuales podremos quitar la barrera, Clara- le explicó Susan.

-No creo que sea buena idea poner tanta responsabilidad sobre vuestros hombros…- comentó el Doctor- Pero vuestros hechos os preceden, nunca había conocido a unos jóvenes como vuestros compañeros- dijo el Doctor.

Esas palabras hicieron sonreír a las gemelas, parece qe cada vez estaba más decidido- ¡Mirad, las gemas indican una dirección!- dijo de repente Clara. Así es, las gemas señalaban hacia la ciudad con fuerza.

Decididos, se dirigieron hacia allí, corriendo los pocos metros que les separaban de la entrada a la ciudad. Una vez dentro, buscaron con la mirada una posible señal, pero no vieron nada.

-¿Los instrumentos de medición que nos dieron antes señalan alguna cosa?- preguntó Clara. Sus tres compañeros negaron- Nada, yo creo que la energía que el arma desprende es una de carácter diferente a lo común…- murmuró el Doctor.

-En todo caso, tenemos las gemas para guiarnos- comentó contenta Susan, mientras caminaba hacia el interior.

Tras fijarse mejor en el entorno, el grupo se fijo que había entrado en una enorme avenida, con las calles extremadamente anchas, habiendo una distancia de fácilmente cincuenta metros entre acerca y acera, con varios carriles en ambas direcciones. Los edificios de los lados estaba parcial o completamente derruidos, solo unos pocos estaban intactos, aunque en las grietas que los recubrían se podía colar fácilmente un niño pequeño. También estaba en semi ruinas las antaño seguramente hermosas fuentes que había en el centro de la avenida, además, no se veía ni un solo árbol de decoración, seguramente la mayoría murieron durante el conflicto, y los pocos que aún se mantenían en pie tras la guerra fueron cortados como medida de seguridad en definitiva, la ciudad estaba en completa ruina, aunque aún se poda atisbar parte de su anterior gloria, señal de que las reparaciones ya se estaban llevando a cabo. Precisamente se podía escuchar en la lejanía a maquinas funcionar, además de muchas voces gritando entre ellos, dándose instrucciones de cómo actuar.

-Vaya, parece que no estamos solos…- murmuró el Doctor, mientras veía como algunos trabajadores iban de lado a lado con cosas en la mano, aunque ninguno se paró a verles, probablemente porque estaban demasiado ocupados con las reparaciones para fijarse en ellos.

-Bien, hemos llegado- dijo de repente Susan. Entonces, los cuatro se pararon para echar un vistazo a la zona. Seguían en la avenida, pero estaban bastante cerca de lo que antes debía ser una tienda, en apariencia pequeña, pues la parte de fachada que ocupaba la tienda no debía ser más larga de cuatro metros. Claro que, a esas alturas, los cuatro sabían que pequeña no iba a ser la tienda precisamente. Ahora quedaba la siguiente duda: ir a buscar su prioridad, es decir, el arma que se había despertado, o ir a buscar la prioridad de aquella gente, es decir, buscar comida.

-¿Cuánto nos queda para la puesta del sol, abuelo?- preguntó Marin. El Doctor miró al cielo, para después pensar unos instantes- Más o menos unas diez horas…- dijo, mientras las miraba.

-Entonces creo que podemos hacer ambas cosas- dijo contenta Clara- Si, vamos a por la comida, después buscaremos las armas, creo que podremos dejar los víveres en el campamento y después volver, ¿no?- dijo Susan.

-Además, creo recordar que dijo que el área donde podíamos encontrar comida se encuentra bastante cerca de donde se dio el pico de energía que muy probablemente expulsó el arma- comentó Marin.

-Si queréis, podemos hacer esto: Clara y yo buscamos la comida, y vosotras vais a por el arma. Después nos juntaremos en el campamento- dijo el Doctor.

-Me parece buena idea, pero, ¿no temes que nos podamos encontrar algún enemigo, abuelo?- le preguntó Susan. El Doctor sonrió afectuosamente- Confío en que sabréis defenderos, además, dudo que hayan podido llegar hasta aquí, por que les hubiéramos visto llegar a través del portal- les explicó.

Tras asentir antes sus palabras, se dividieron, por un lado el Doctor y Clara, quienes entraron a la tienda, y por el otro, las gemelas, quienes fueron a buscar el arma activada.

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Ya dentro de la tienda, tanto el Doctor como Clara comprobaron que sus suposiciones eran correctas, pues la tienda era inmensamente más grande por dentro que por fuera, ya que, desde la entrada, apenas podían distinguir la pared del fondo de la tienda. Además, cientos y cientos de estanterías se colocaban formando largos pasillos que se entrecruzaban con las estanterías que estaban colocadas en sentido horizontal, formando en los cruces pequeñas plazas. En los estantes, una vez que se fijaron más, había toda clase de productos, aunque la gran mayoría estaban caducados, a juzgar por las etiquetas que tenían puestos.

-Mierda, no hay nada comestible para llevar…- se quejó Clara- ¡Esa boca, señorita Oswald!- le gritó el doctor desde lejos, mientras iba descartando producto tras producto, pero, en vez de recolocarlos en los estantes, los tiraba a sus espaldas, por lo que, en pocos minutos, tras él había una pila de no pequeñas proporciones de toda clase de productos alimenticios.

-Este tampoco vale…- dijo, por vigésimo novena vez, tras lo cual tiró la lata al suelo.

-¿Has encontrado algo útil?- le preguntó Clara, mientras se acercaba.

-Nada en absoluto, todo está malo, lo que si que he encontrado es material sanitario- dijo el Doctor, señalando un par de bolsas.

En ella había desde agua oxigenada, hasta vendas, pasando por apósitos, jeringuillas, botes de cremas y medicamentos varios. Clara los miró con algo de alegría, al menos habían encontrado algo útil entre tanta porquería. Entonces se fijó en una zona de congelados donde parecía que tenían carne. Al acercarse, vió que parecía en buenas condiciones, pues el congelador seguía funcionando.

-¿Cómo es posible que, estando todo tan abandonado, esto aún este funcionando?- se preguntó Clara- Seguramente esta ciudad fue de las últimas en caer, por eso aún hay cosas funcionando en sitios como este. Además, los Daleks se preocupaban más de exterminar cuantos más señores del tiempo pudieran más que en quitarnos nuestros suministros- le explicó- Hace tanto tiempo que no necesitan de comida o bebida, que ya apenas se acuerdan que el resto de seres vivos del universo si que las necesitan, de todas formas cuando somos adultos podemos pasar mucho tiempo sin comer ni beber- continuó el Doctor.

-Ya veo…- murmuró Clara, mientras cogía un trozo de carne- ¿Les llevamos de esto, Doctor?- le preguntó.

Este asintió, mientras se acercaba a uno de los cajeros para coger bolsas y poder transportar mejor la carne- Creo que solo podremos traer carne, seguramente la fruta y la verdura ya esté mala y no se podrá comer- dijo el Doctor, mientras cogía varias bolsas- Mejor esto que nada, a mi entender- le respondió Clara, mientras cogía varias piezas y las metía en las bolsas.

Tras llenar unas diez bolsas con carne, y meterlas en un carrito para transportarlas más cómodamente, ambos salieron de la tienda, en dirección al campamento, cuando alguien les paró.

-¡Parad un momento, vosotros dos!- les gritó alguien. Al darse la vuelta, era un trabajador de las construcciones cercanas, pues tenía la ropa bastante manchada, así como las manos y la cara, seguramente de pasarse las manos para quitarse el sudor.

-¿Podríais darnos una de las bolsas, por favor? Es que necesitamos la carne ya para poder comer, y no podemos dejar el agua al fuego mientras hierve para poder ir al campamento a pedirla- le explicó. Tras darle una de las bolsas, amos siguieron su camino, ya sin interrupciones notables más que un par de baches, hasta el campamento.

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Con las gemelas, estas estaban siguiendo las indicaciones de sus gemas para poder encontrar el arma que se había activado. Ninguna de ellas sabía cual podía ser, pues no habían leído lo que decía el libro de Atenea al respecto, pero se hacían una idea de cual podría ser, pero no se querían arriesgar a decir una burrada. En secreto, y sin saberlo, ambas habían llegado a la misma conclusión: eran las dagas de Marin. La explicación era, a su juicio, sencilla: cuando el portal se abrió, pudieron notar una enorme explosión de energía salir del portal, además, la enrome energía que estaba liberando Susan para poder ralentizar el tiempo también estaba haciendo su efecto para que, en combinación con el estallido de energía que se produjo cuando las dagas se activaron, provocó que le portal se abriera. Esto mismo pudo haber sucedido si cualquiera de las otras tres opciones se hubiera activado, pero ellas pudieran notar que la energía liberada no podía emanar de las otras tres, sencillamente porque ellas pudieron notar que la sacudida de energía era precisamente de carácter espacial, claro que todo esto eran meras especulaciones.

-O vaya…- comentó entonces Susan, mientras miraba a lo alto. Delante de ambas chicas se alzaba un enorme edificio, tan alto que casi llegaba a la altura de la cúpula que antaño recubría la ciudad, de color negro con algunas ventanas de cristal a lo largo de la fachada, aunque en su mejor época, era de color blanco. Lo sabían porque aquel edificio era de los más conocidos de Gallifrey.

-No hay duda, este es el Gobierno de Gallifrey, además del Edificio de Armamentística… (1)- dijo Susan- Supongo que en parte es lógico que un arma de inmenso poder esté aquí, pero es raro que Senia no nos dijera nada al respecto…-le dijo su hermana, Marin, mientras también observaba el inmenso edificio.

-¿Entramos?- preguntó Susa. Su hermana asintió, mientras corría la puerta de madera que protegía el interior del edificio más importante de la ciudad.

Les sorprendió que aquel edificio se mantuviera en pie, pues pensaban que de las primeras edificaciones que caerían sería precisamente ese, pero no, estaba en pie, y en muy buenas condiciones, a su parecer. El suelo estaba recubierto de polvo y apenas había iluminación, por lo que Susan tuvo que crear una esfera de energía, la cual lanzó al aire, y, una vez allí, se expandió, haciendo que la sala estuviera mejor iluminada. Ahora que veían mejor, se fijaron en que, además del suelo, las paredes estaba llenas de polvo, así como de pintadas en contra de la guerra, probablemente de jóvenes que, durante el conflicto, se refugiaban allí, y, al no tener otro medio de queja, usaban las paredes como mural para mostrar su descontento por el conflicto. La verdad es que no le culpaban. Dejando a un lado las pintadas en toda clase de colore, la pared en sí era de color blanco con toques dorados, así como el suelo, que, por la espesa capa de polvo encima suyo, ahora era de un color cercano al oro mezclado con gris, pero, si Aurora estuviera allí y levantara una buena corriente de aire que eliminara todo el polvo, probablemente sería una sala de una enorme belleza. Al otro lado, una gran mesa de madera cruzaba la sala prácticamente de lado a lado, dejando solo unos pocos metros a los lados para que la gente pudiera pasar a la otra sala, la cual no se podía ver desde allí. Tras acercarse ala mesa, que resultó ser el mostrador de entrada, las chicas se fijaron en que un lado de la pared había una puerta mecánica, claramente la de un ascensor, y, tras comprobar que el cable era seguro tras abrir las puertas usando uno de los destornilladores sónicos que había en los maletines que llevaban, se encaramaron a la cuerda. Para ello, usaron las cuerdas que tenían en los maletines y se las ataron a la cintura con una hebilla, tras lo cual, hicieron eso mismo a la cuerda del ascensor, consiguiendo así que, si se soltaban del cable, estuvieran bien sujetas y sin peligro a caerse. Para ascender, usaban sus manos para impulsarse poco a poco, y con las piernas alrededor del cable, con la parte interna del muslo de una de las piernas en contacto con el mismo, estando la otra en suspensión, aunque de vez encunado intercambiaban las piernas para que una descansaran.

-¿Estas segura que esto es mejor que ir en el ascensor, hermana?- le preguntó por décima vez Marin.

-Te repito que en el edificio no hay luz, si no, hubiera llamado al ascensor, hermana- le respondió de nuevo Susan, algo hastiada de que su hermana le preguntara siempre lo mismo.

-¿Cómo estás tan segura, si ni siquiera le diste a los interruptores del cuadro de luces de la entrada, eh?- le recriminó.

-¡Tu solo…!- el grito de enfado de Susan por el comportamiento de su hermana se cortó por un fuerte temblor que hizo que el edificio se tambaleara, acompañado de una fuerte ráfaga de luz.

-¿Un terremoto?- preguntó buscando confirmar Susan- No creo, se hubiera escuchado diferente, además, vino acompañado de un resplandor de luz muy fuerte, creo que es el arma- comentó Marin, mientras miraba de reojo su gema.

-Además, las gemas están señalando al piso de arriba, fíjate en la tuya- le pidió. Susan hizo eso, y, efectivamente, la gema estaba brillando con bastante intensidad, iluminando bastante bien el hueco por el que estaban subiendo desde hacía un tiempo.

-Bien, venga hermana, un último esfuerzo, ya solo quedan un par de metros- le pidió Susan. En aquel momento, oyeron como de repente empezaban a caer cascotes enormes desde arriba, producto sin duda del temblor que notaron antes. Usando sus poderes, Marin se teletransporto a ella misma y a su hermana hasta lugar seguro, s decir, en el saliente que daba al piso de arriba al que estaba ellas, aunque su posición tampoco era demasiado buena, pues la puerta estaba por abrir, y solo podían dar un par de pasos cortos antes de darse de bruces contra la pared. Una vez pasado el peligro, su hermana le miró un poco enfadada.

-¡¿Si podías teletransportarte a ti y ami porque no lo hiciste desde el principio?!- le espetó, mientras sacaba el destornillador sónico que llevaba guardado en los pantalones y lo usaba para abrir la puerta. Su hermana rió nerviosa.

-No se me ocurrió perdona…- respondió, mientras se pasaba una mano por la nuca, nervosa. Susan solo suspiró, mientras reía.

Su hermana la miró extrañada- Tranquila hermana, podremos ser damas del tiempo e infinitamente más inteligentes que nuestros compañeros… no, mejor dicho, que nuestros amigos humanos, pero podemos ser igual o más torpes que ellos- le respondió, mientras reía. Su hermana hizo lo mismo- Tranquila, no les diré nada, si es lo que te importa… sobretodo a Nico- le dijo Susa.

Marin se puso roja- ¡No te atrevas, es un secreto y lo sabes!-le espetó Marin, algo enfada y avergonzada- Además, yo podría decirle a Percy lo que dices en sueños de él- le respondió, con una sonrisilla. Ese fue el momento de Susan para ponerse roja de vergüenza, tras lo cual, enfuruñada, entró a la sala, haciendo que a su hermana el sabor de la venganza le supiera más dulce aún.

-Dejémonos de tonterías y a buscar el arma se ha dicho- dijo Susan, entrando.

Su hermana entonces recuperó su seriedad habitual y empezó rebuscar, pues las gemas no les indicaban la posición exacta del arma, solo que estaba allí. La sala era de tamaño reducido, con unas pocas vitrinas recubiertas en unos casos de polvo y en otras por una tela de color morado

-Es extraño, esta sala me es familiar, ¿no es aquí donde el Alto Consejo de Gallifrey guardaba las armas más poderosas de nuestra civilización?- preguntó Marin.

-Si, pero supongo que ahora que esto está en semi derruido nadie se arriesgará a entrar- le respondió Susan. Marin asintió por esas palabras.

Tras mirar en todas las vitrinas y solo ver un par de armas que en aquel momento no supieron nombrar pero cuya historia y poder si que conocían por los libros de texto, las gemelas siguieron buscando por la sala, pero sin demasiado éxito. Incluso palparon las paredes intentando encontrar una supuesta "sala oculta" en donde se guardarían las armas más poderosas entre las más poderosas, pero nada, fue un intento inútil que solo sirvió para llenarse las manos de polvo y estornudar en varias ocasiones. Claro que eso no fue suficiente para que las chicas se rindieran, por lo que decidieron dar otra vuelta a la sala. Mientras andaba por su propio lado, Marin tropezó con algo. Tras fijarse en que era, reconoció esas letras,, pues no eran letras en gallifreyan, como las que decoraban las paredes de las salas que habían visto hasta entonces, sino que eran letras griegas, indudablemente del alfabeto antiguo.

-¡Mira Susan, creo que tengo algo!- el grito de su hermana le llamó poderosamente la atención a la chica, quien se acercó rápidamente- ¡Mira!- dijo, mostrándole el cofre.

Era pequeño, con inscripciones griegas en el, hecho de fina madera de apariencia noble, con bellas figuras en el representadas.

-Venga, ábrelo, a ver que contiene…- las palabras de Susan se perdieron para Marin, quien solo respondía al instinto de abrir ese cofre para ver que era lo que había dentro, como si una fuerza la empujara a hacerlo. Tras abrir una pequeña rendija, una fuerte luz de color marfil llenó toda la sala.

Una vez que esta fuerte luz se fue, Marin portaba ambas dagas, una en cada mano. Eran con el mango de color plata y las hojas de metal color marfil, con decoraciones en oro a lo largo de la hoja, la cual estaba bastante afilada. Además, sus ropas también eran distintas. Ahora llevaba armadura de cuerpo completo, de color marfil, aunque de un par de tonos más claro, además, en sus hombreras se dibujaban la forma de diversas galaxias, así como por toda la armadura, la cual era recorrida por estrellas, era sin duda la más hermosa de todas. Desde las hombreras, caía una capa de color blanco.

-¡Estas guapísima, hermana!- le felicitó Susan, abrazándola, mientras le revolvía el pelo.

-Gracias hermana- le dijo, mientras se separaban- Creo que es hora de volver, ¿no crees?- preguntó Susan. Tras asentir, un aura de color marfil recubrió a Marin, tras lo cual, había vuelto a sus ropas normales, solo que ahora, llevaba en las orejas unos pendientes en forma de dagas. Tras agarrarse de las manos, Marin se teletransportó hacia la salida, y, desde allí, volvieron hacia el campamento.

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De vuelta al campamento, las chicas entraron a la tienda donde ya les esperaban Clara, el Doctor y Senia. Esta última sonrió- ¿Tuvisteis suerte con el tema de la explosión de energía?- preguntó.

Ambas chicas negaron- No, lo sentimos, no pudimos recoger nada de energía, disculpe…- dijoern ambas, mientras se agachaban. Senia negó- No pasa nada, chicas, de todas formas antes volvimos a tener otro pico, pero se fue tan rápido como vino, ya habrá tiempo de que volváis para investigarlo- dijo.

-Sobre eso…- comentó Marin. Senia las miró- Tenemos que marcharnos, tenemos unos familiares en otro campamento y nos gustaría ir a verles, ¿comprende?- le dijo Susan.

Senia sonrió- Tranquilas, no pasa nada, estos campamentos son libres, puedes ir y volver cuanto desees, mucha gente solo viene aquí por si hay algún familiar, y, durante el tiempo que están aquí, trabajan en lo que pueden para seguir con su búsqueda, yo misma hice eso con mi hermano- les explicó.

-Nosotros somos sus tutores legales, por eso las acompañamos, además de ser nuestras hermanas menores-dijo Clara, mientras las miraba. Abas chicas sonrieron , contentas por su trato.

-En fin , ya nos vamos, que estéis bien, venga chicas- dijo el Doctor.

Una vez fuera del campamento, las gemelas le pararon- Nosotras debemos irnos, pero tu puedes quedarte aquí a ayudar, abuelo, no hace falta que…- ellas fueron acalladas por l Doctor- Veréis, aunque me gustaría quedarme, si quiero sacar a Gallifrey de su bloqueo temporal debo hacerlo desde fuera, por so me iré de aquí, para trabajar en ese desbloqueo- les explicó.

Tras asentir comprendiendo, ambas chicas le abrazaron, estando así durante un rato, hasta que, con un ademán, Marin abrió un portal para salir de allí.

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En la Hermita, los ánimos estaban exaltados, pues el grupo estaba bastante nervioso por la ausencia tan prolongada de los cuatro personajes, hasta que vieron, con alivio, como aparecían por el portal las gemelas, Clara, y el Doctor.

-¡Al fin volvéis, chicos!- les dijo Asmeya, abrazándoles a todos incluso a Clara y al Doctor.

-Tenemos un lío entre manos, las dagas…- las palabras de Atenea se cortaron cuando Marin les mostró sus nuevas armas en toda su gloria.

-Creo que ya no es necesario…- comentó William, mientras el resto reía.

-¿Dónde estaban?- preguntó curioso Herb. Los cuatro se miraron- En nuestro hogar- dijo Susan, feliz. Entendiendo, todos los adolescentes, así como sus mayores, hicieron un abrazo grupal para darles ánimos a ambas adolescentes.

Cuando se separaron, fue el Doctor quien las abrazó- Estoy orgulloso de vosotras, chicas…- les dijo, mientras les pasaba una mano por la espalda- Tomad- dijo, mientras les daba algo en la mano. Cuando vieron lo que era, comprobaron que eran dos destornilladores sónicos, uno de color índigo y otro de color marfil, con sus nombres inscritos en ellos.

-¿Cuándo…?- le preguntó Marin- Los llevé encima todo el rato, se los pedí a la TARDIS que los hiciera mientras venía hacia aqui- les dijo.

-¡Anda, es verdad, la TARDIS, aún está en Skaro!- dijo Odd, mientras se pasaba la mano por el pelo. En ese momento, la preocupación les embargó, pues no sabían que hacer. El Doctor le restó importancia- Tranquilos, fijaos- tras eso, sacó algo de su bolsillo, lo que parecía un botón. Tras presionarlo, la TARDIS se materializó allí, con su característico silbido.

(Que suene la música de Murray Gold I´m the Doctor a partir de ahora)

-¿A que mola?- dijo el Doctor, mientras entreabría la puerta. Los chicos le miraron impresionados- Bueno, chicas, fue un placer veros de nuevo, guardianes, mis más sinceros respetos, pero es hora de que siga con mis viaje, ¿verdad, Clara Oswald?- le preguntó.

-Si- le dijo, mientras entraba. Tras eso, la increíble cabina de policía de los sesenta, que en realidad no era una cabina de policía de los sesenta sino una nave espacial, se fue de allí con el habitual silbido que le precede….

-Que tipo más espectacular…- comentó Jeremy. Todos asintieron

(Deja de sonar la música)

Tras eso, y con el cansancio metido hasta los huesos en sus jóvenes cuerpos, los chicos volvieron a Kadick

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Disculpad el retraso, pero la universidad es una chupa tiempos increíble, además de las novatadas (aquí las hacemos, no se en otras partes) y las fiestas de los jueves, así que disculpadme. Precisamente por la uni no seré capaz de actualizar todo lo que quisiera, pero seguiré trabajando para poder hacerlo.

Los nombres me los inventé por completo, no aparecen en ningún momento en la serie exceptuando en momentos muy puntuales.

SEXO Bien ahora que tengo vuestra atención, solo decir que, en conmemoración con los más de 100 reviews (muchísimas gracias por todos ellos, de verdad) que tiene esta historia, el siguiente capítulo será especial sin ningún peso argumental, en el cual expondré las diversas parejas de la serie desde un punto de vista navideño (aún faltan mas de dos meses, pero yo lo haré igualmente) De todas formas, no se si será el siguiente o no, de todas formas lo avisaré antes

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, el Doctor y Clara, que pertenece a Doctor Who