Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Había un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada, pero FF tiene algo en contra de los enlaces y ahora no sabría deciros exactamente quién es su autor.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 2 ○◉


AKANE VIII

«En el que Ryoga se entera de la verdad»


Alguien le estaba dando golpecitos en la cara. Akane arrugó la nariz y se preguntó si ese «alguien» no sería en realidad un bicho. O un pervertido. Aunque dudaba que Konatsu hubiese bajado la guardia y se les hubiese colado un malhechor en el local, no descartaba que algo así pudiese suceder. Ukyo no había conseguido establecimientos baratos en los mejores barrios, al fin y al cabo.

No sabía cuál de las dos opciones le daba más asco. Al pervertido se lo podía quitar de encima sin mucho esfuerzo, pero los bichos, por lo general, no viajaban solos y si por algún casual un inspector de sanidad los descubría...

Tenías que cogerla a ella —protestó con una nota de dolor.

Akane abrió los ojos y se incorporó tan rápido como fue capaz: había sido su voz la que había dicho aquellas palabras, pero sabía perfectamente que no había sido ella quien las había pronunciado. Escucharse a sí misma cuando no tenía autoridad sobre su cuerpo, decidió mientras recuperaba el ritmo de su respiración, acababa de ocupar el primer puesto en su lista de experiencias perturbadoras.

(Al menos la muñeca que la había poseído aquella vez había tenido la delicadeza de conservar su peculiar personalidad y, por ende, su forma de hablar. Había sido su comportamiento lo que le había puesto los pelos de punta a Ranma. Ukyo, en cambio, no había hecho ningún esfuerzo en diferenciarse de ella. De hecho, hasta había abandonado por completo su marcado acento de Kansai, que aún hoy se le escapaba más a menudo que no. Akane lo encontraba adorable, aunque suponía que Ukyo no).

—¿Dónde está el bicho? —preguntó, aunque inmediatamente se dio cuenta de que sí había sido una persona quien le había tocado el rostro—. ¿Ranma?

—Hey —sus manos, ásperas, pero cálidas, le rozaron las mejillas con indecisión—, ¿de verdad eres tú, Akane?

Akane sintió un vacío en el estómago y unas inexplicables ganas de reírse. Mientras una carcajada se escapaba de sus labios, levantó una mano para tocarlo. Tenía la sensación de que hacía mucho, mucho tiempo que no lo veía.

—Tonto —murmuró, deslizando un dedo sobre su barbilla. Lo miró a los ojos y vio que él también sonreía.

«Tonto», había dicho.

«Ya estoy en casa», querían decir sus palabras.

—Idiota —contestó Ranma con fingido desdén. «Te echaba de menos».

Alguien se aclaró la garganta no muy lejos de ellos. Akane se dio cuenta en ese instante de que Ranma todavía la sostenía entre sus brazos y no tardó en comprender que era la única razón por la que no le dolía nada: parte de su cuerpo había amortiguado su caída y había evitado que tocara el suelo.

—¿Están hablando en clave? —preguntó Ukyo con su voz. A Akane le dio la impresión de que se estaba burlando de ellos—. Por supuesto que están hablando en clave. Tienen que estar hablando en clave, ¿verdad, Konatsu?

—Hmmmm…

—Son adorables —comentó Ukyo con el mismo tono.

—Hmmmm…

—Y repugnantes —apuntó con insidia.

—¿Ukyo? —dijo Akane con suavidad. Cuando Ukyo le hizo saber que la había oído con un animado «dime» que a Akane le provocó dentera, la miró y siseó—: Cállate.

Ukyo, por supuesto, no se mostró intimidada en lo más mínimo. Es más, su única respuesta fue enseñarle la lengua.

Akane contuvo las ganas de lanzarle una piedra a la cabeza.

Está en tu cuerpo, le recordó con paciencia una vocecilla en su cabeza, la que tendrá que lidiar con el chichón luego serás tú.

—Hey —dijo Ranma, recuperando su atención. El chico de la trenza se movió hasta que Akane quedó incorporada por completo—, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué te has desmayado? ¿Cómo has vuelto tan rápido?

—Sí, no lo sé, no lo sé y Nabiki —dijo Akane. Miró a su alrededor; seguían en el jardín donde Akane los había visto discutir. Por el rabillo del ojo, le pareció ver los deberes que habían causado la discusión—. ¿Cómo están las cosas por aquí? ¿Habéis averiguado algo?

Se levantó sin ayuda de Ranma, quien sí tendió una mano en su dirección para empujarse, pese a que no la necesitaba. Akane sonrió cuando sus dedos se cerraron alrededor de los suyos y no se resistió a ese familiar tirón que dio hacia su cuerpo.

Pero en seguida se dio cuenta de que había algo diferente: Ranma era alto, pero no tan alto. Podía mirarlo a los ojos sin levantar la cabeza y, si quería, no tenía que estirarse demasiado para…

—¡Eh! ¡Que hay niños delante! —exclamó su voz detrás de ella.

Akane abrió los ojos y volvió a la realidad casi tan rápido como se extendió el sonrojo por sus mejillas. Ranma también parecía avergonzado, aunque a juzgar por la ausencia de cierto brillo en su mirada, sus pensamientos habían estado bastante alejados de los suyos.

Carraspeó, deseando deshacerse de la repentina estupidez que la había invadido. ¡Pues claro que Ranma no iba a besarla! Al menos, no delante de tanta gente. Ranma no era un chico especialmente afectuoso, y en realidad era más tímido de lo que uno pudiese llegar a creer. Durante los últimos meses, a Akane le había costado Dios y ayuda convencerlo de que podía tocarla

Una mano se asentó sobre su coronilla. Ranma la observaba con una mezcla de cariño y aflicción, como si quisiera decirle algo muy importante, pero algo se lo impidiese en esos momentos.

—Primero solucionemos esto —le dijo en un susurro que solo ellos dos oyeron.

«Esto». Akane casi se había olvidado de qué era «esto» y por qué tenían que solucionarlo.

Y se sintió la chica más tonta del planeta.

Ranma, como adivinando sus pensamientos, dejó escapar una risa profunda y contenida y retrocedió un paso, recuperando cierta distancia entre sus cuerpos. Akane se estremeció, echando de menos su calor pese a que el sol, en verano y a esa hora, era implacable.

—Ugh —pronunció Ukyo con disgusto—, pero qué escena tan encantadora. Qué mal momento para no tener una cámara a mano, ¿no te parece, Konatsu? Ahora sería la orgullosa poseedora de un material de lo más interesante que Nabiki me compraría a buen precio…

Konatsu ahogó una tosecilla y respondió con saña:

—No estoy muy seguro de que haya muchos interesados en esas intrigas con usted de protagonista, señorita Ukyo.

Akane se atragantó con su propia risa. Ranma ni siquiera intentó disimular la suya: echó la cabeza para atrás antes de soltar una rica carcajada que Akane sintió en todo el cuerpo.

—Pero bueno, Konatsu —dijo Ukyo cuando se recuperó de la impresión—, no sabía yo que tenías un sentido del humor tan cruel.

—Y yo no sabía que podía tomarse todo esto con tanta filosofía, señorita Ukyo —respondió Konatsu con un delicado encogimiento de hombros que no traicionaba su displicencia—, y aquí estamos.

Ukyo hizo una mueca de asombro. Akane recuperó la compostura y se giró hacia ellos: Konatsu, con una sonrisa ufana, todavía sostenía a P-chan entre sus manos, mientras que Ukyo ahora ostentaba un chichón que parecía hacerse más grande por momentos.

«Tenías que cogerla a ella», había dicho. Así que Ranma se había decidido por salvarla a ella…

—¿Por qué no entramos en casa? —dijo, en lugar de cuestionarse qué tan acertada había sido esa decisión. Al fin y al cabo, había sido su cuerpo el que se había llevado el coscorrón—. Me gustaría ver a mi padre y explicarle todo esto.

—Vamos —estuvo de acuerdo Ranma.

Resultaba que su padre, desde hacía unos días, prefería pasarse las horas de la mañana en su habitación. A Akane le había parecido extraño no verlo en el porche, pero también era verdad que, sin su amigo de toda la vida, el tío Genma, su padre rara vez tenía ganas de hacer algo más aparte de dormir.

—Ha estado un poco raro los últimos días —le dijo Ranma cuando se desplazaron a la sala de estar.

Mientras se quitaban los zapatos, le explicó:

—Creo que echa de menos a tu hermana. Y como tú… Ukyo… —hizo una mueca de frustración y chasqueó la lengua—. Bueno. Creo que está convencido de que a ti te pasa algo y no para de llorar en todo el día.

—Oh, no… —murmuró.

Akane se disponía a preguntar más al respecto cuando notó que se abría la puerta que conectaba con la cocina.

—Ranma, Akane, ¿podríais ayudarme a poner la mesa? La comida ya casi está —dijo su hermana, secándose las manos en el delantal que llevaba puesto.

No tardó en darse cuenta de que Ranma y Akane no estaban solos en la habitación.

Los observó durante unos segundos. Primero a Konatsu, que seguía sujetando la jaula de P-chan, y luego a ella. Algo en sus ropas debió de parecerle sumamente interesante, porque arqueó una ceja mientras la inspeccionaba.

Al cabo de unos segundos, asintió.

—Cuánto tiempo —dijo Kasumi, llevándose una mano a la cara con deleite—, bienvenida a casa, Akane.

Ranma, a su lado, se atragantó.

—¿¡Pero cómo has…!?

—Conozco perfectamente a mi hermanita menor —dijo Kasumi como toda explicación. Si no conociera a su hermana, Akane habría dicho que la mirada que le lanzó a Ranma rozaba la petulancia—. Imaginé que habría sucedido algo así y que pronto todo volvería a la normalidad. Esperad unos momentos, voy a avisar a papá de que has vuelto...

No esperó a que nadie dijera nada. Akane sonrió para sus adentros. Sabía que Kasumi no la defraudaría…

—Tenemos que solucionar esto lo antes posible —comentó, dejándose caer sobre el suelo—. ¿Habéis averiguado algo estos últimos días?

Ukyo procedió a explicarle que tampoco habían podido hacer mucho.

—Retrocedimos un par de días antes de que sucediese esto por si algo nos llamaba la atención —le dijo. Se encogió de hombros cuando Akane entrecerró los ojos con suspicacia—. Y sí, usamos tu diario. Aunque Ranma no me dejó acercarme a él ni por un instante, así que no te preocupes demasiado.

—No estoy…

—El caso es —interrumpió Ranma— que no os pasó nada remotamente similar. Y, aparte de la visita de Shampoo, no encontramos nada sospechoso.

Akane frunció el ceño. No recordaba exactamente lo que había escrito en ese diario los últimos días. Sabía que había mencionado brevemente a Shampoo en la última entrada, y que había apuntado sus planes de verano con Yuka y Sayuri en alguna parte, pero los detalles se le escapaban en ese vez necesitaba refrescar un poco la memoria y quizás tendría que decirle a Ranma que…

—¡Akane! ¡Hija mía!

Akane se levantó justo a tiempo para recibir un abrazo de su padre. Soun Tendo vestía sus usuales ropas de entrenamiento, aunque pudo notar que parecían arrugadas y poco cuidadas. Mientras le devolvía el abrazo, notó que tenía el pelo largo enredado.

—Oh, sabía que algo estaba pasando —lloriqueó el hombre justo en su oído. Akane tuvo que esforzarse por no hacer una mueca de dolor—. ¡Sabía que en alguna parte alguna de mis hijas estaba sufriendo!

—No estaba sufriendo, papá —trató de tranquilizarlo.

Cuando su padre se separó de ella al cabo de unos segundos lo suficiente como para estudiarla de arriba abajo, sonrió.

—Y Nabiki también está perfectamente, por cierto —le dijo. Y le explicó que su hermana era la verdadera razón por la que había podido regresar con tanta rapidez.

Al final del relato, Soun volvía a llorar. Pero esta vez sus lágrimas eran de alegría y orgullo por las hermanas, que se ayudaban incluso en los peores momentos. ¿Acaso no era aquello el resultado directo de su impecable crianza?

Kasumi, que había dispuesto sobre la mesa té para todos, también sonreía con cierta satisfacción.

Akane decidió no mencionar que Nabiki, por lo general, no brindaba su ayuda si no recibía algo a cambio… su hermana parecía haber cambiado en los últimos días. Y, bueno, era imposible que su padre no supiera a estas alturas cómo era su hermana en realidad…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una débil queja porcina que provino de la caja de P-chan.

—¡Estás despierto! —exclamó con alivio. De verdad, de verdad que había temido haberle provocado algún daño permanente—. ¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo?

P-chan protestó con la elocuencia de un cerdo bebé que acababa de despertarse de un profundo letargo:

—¿Wi?

Las quejas que siguieron a aquel primer indicio de su incomodidad fueron incluso más efusivas. Cuando Konatsu, con suavidad, lo extrajo de su jaula y lo depositó cuidadosamente a su lado, P-chan gimoteó con indignación:

—¡Wiii! ¡Wiii! ¡Wiiiiiiii!

Y P-chan, después de recibir un inesperado baño de té, probablemente habría exclamado:

—¡Wiiiii!

Pero en lugar de P-chan, fue Ryoga quien se materializó en su sala de estar. Konatsu, con la misma tranquilidad impasible con la que había vertido su bebida caliente sobre él, lo cubrió rápidamente con su kosode antes de que la transformación tuviese lugar.

—¡¿Pero qué demonios haces?! —dijo el joven artista marcial que segundos atrás había sido un animal.

Por alguna razón que a Akane le causó entre gracia y exasperación, se había girado automáticamente hacia Ranma, quien había levantado las manos en el aire y puso cara de circunstancias.

—No he sido yo —lo oyó murmurar.

Fue entonces cuando la vio. Ryoga ya no le prestaba atención a su eterno rival: Akane supo exactamente el momento en el que sus ojos registraron su figura, sentada al otro lado de la mesa, y su cerebro comprendió lo que acababa de pasar.

—¿Akane? —murmuró justo antes de que una nubecilla blanca (¿su alma?) se escapara de entre sus labios y cayera de rodillas, derrotado.

«Akane» abrió los ojos con sorpresa y compartió una mirada nerviosa con Ranma que a Akane, la de verdad, no le gustó nada.

—No, no —masculló mientras se inclinaba sobre la forma inerte de Ryoga—. Vamos, Ryoga. No puedes desmayarte otra vez.

Le dio unos golpecitos en la mejilla que no causaron ninguna reacción. Akane frunció el ceño.

—Esa no es Akane —lo intentó otra vez. ¿Se le habían movido las orejas, o eran imaginaciones suyas?—. Akane soy yo. Es decir, ¿yo soy Akane? ¿Ukyo y yo intercambiamos cuerpos hace más o menos una semana? ¿O sea que ya sabía lo de tu maldición?

Ryoga dejó de temblar y la miró de reojo.

—Una… ¿semana? —jadeó con cierto horror.

Akane apretó los labios y asintió.

—La de anoche era yo —confesó con un susurro.

Ryoga abrió la boca para decir algo… cuando, de repente, puso los ojos en blanco y cayó al suelo, completamente inconsciente.

—Oh, ¡venga ya! —dijo Ranma, poniéndose de pie para esquivarlo.

Akane se pellizcó el puente de la nariz y contuvo las ganas de gritar de frustración.

—¿Podríamos dejarlo en la habitación de Happosai? —sugirió Kasumi.

—¿Perdona? ¿Ahora lo vamos a tratar como un invitado? —saltó Ranma inmediatamente. Akane se encogió de hombros—. ¿Acaso no estás enfadada con él? ¿Por haberte engañado?

Konatsu ahogó una tosecilla imprudente. Ukyo, por su parte, no tuvo ningún reparo en reírse por la nariz.

—«Engañado»... —dijo Akane con suavidad. Miró a Ranma a los ojos y le ofreció la sonrisa más deslumbrante que fue capaz—. ¿Me recuerdas quién tampoco tuvo el valor de contarme la verdad?

Ranma apretó los labios como si acabara de chupar un limón.

—Eso no es… ¡Se trataba de una promesa entre hombres!

—Oh, por el amor de… ¡Se trataba de una cuestión de honestidad y confianza! —estalló Akane. Se levantó para encararse a Ranma—. ¡Ese cerdo dormía conmigo! ¡Se quedaba en mi habitación mientras me cambiaba!

Ukyo silbó, completamente impresionada. Y Akane se intentó convencer de que el chichón o… o… o la contusión, sí, eso, ni el chichón ni la contusión posterior valdrían la pena en absoluto.

Miró la mesa con añoranza. Tal vez, si no usaba toda su fuerza...

—Papá —dijo Kasumi, llamando la atención de todos—, ¿por qué pones esa cara?

Akane se detuvo y miró a su padre. En efecto, Soun Tendo había arrugado el ceño con angustia y se había puesto de un curioso tono morado.

Algo frío y pesado se asentó en la boca de su estómago.

—¿Papá? —musitó, incapaz de formular una pregunta para la que ya tenía respuesta.

—¡Tú también lo sabías! —estalló su hermana por ella. Algo insólito, porque hasta Ranma dio un respingo y se alejó de ella varios pasos—. ¡Lo sabías y no dijiste nada!

—Hija, yo… —intentó decir su padre.

—Ryoga es un buen chico, si bien no siempre toma las decisiones más acertadas —continuó diciendo, como si no lo hubiese escuchado—. Pero ¿y si no hubiese sido así? ¿Y si se tratara de un depravado? —lo acusó.

Ryoga, aun inconsciente, se tensó al escuchar la palabra «depravado». Por el rabillo del ojo, Akane notó que había empezado a llorar y que el aura de tristeza que lo había rodeado se oscurecía todavía más.

—Pusiste a tu hija en peligro deliberadamente —continuó Kasumi, lanzándole una mirada envenenada.

—Bueno, hija, tampoco exageremos… —dijo su padre. Akane resopló y Ukyo, sorprendentemente, se aclaró la garganta con insolencia. Soun Tendo pareció encogerse bajo el peso de las miradas femeninas que estaba recibiendo—. Cuando descubrí que este joven se transformaba en cerdo (o, bueno, sucedió más bien lo contrario), lo comenté con mi buen amigo Saotome… en cuanto notamos lo mucho que se alteraba Ranma en su presencia, decidimos dejar las cosas como estaban…

No obstante, no tardó en darse cuenta de que con cada palabra que pronunciaba cavaba su tumba un poquito más hondo. Al final, fue incapaz de emitir más que un hilillo de voz y se detuvo con un exabrupto cuando Kasumi colocó las palmas de las manos sobre la mesa con más fuerza de la que cualquiera la creería capaz.

—Creo que deberías regresar a tu habitación, papá —dijo Kasumi con la paciencia de quien está hablando con un niño caprichoso. Cuando Soun abrió la boca para recordarle que él era el padre y ella, la hija, Kasumi se le adelantó—: Cuando mamá murió —murmuró con esa voz dulce que tantas veces había consolado a Akane tras de un mal día en la escuela. Sonaba triste, y cansada—, una parte de ti murió con ella. Y lo entiendo. ¡Pero eso no es excusa para que-!

Calló cuando se dio cuenta de que había levantado la voz. Miró a su padre una última vez, con los ojos brillantes de decepción, y suspiró.

—Voy a dar un paseo —anunció, y se levantó con una gracia sutil que Akane había envidiado en más de una ocasión—. La comida está en la cocina. No… no me esperéis para cenar.

Todos la observaron sin decir nada hasta que desapareció por el pasillo. A lo lejos, oyeron que la puerta principal se abría y se cerraba con suavidad. Soun se derrumbó contra la mesa envuelto en una niebla de tristeza y arrepentimiento.

Ninguno supo qué hacer al respecto. Por una parte, Akane deseaba consolar a su padre, decirle que todo estaría bien… pero, por otra, se sentía sumamente decepcionada. De todas las personas a las que conocía, jamás se le habría ocurrido que su propio padre sería el que la traicionaría de una forma así.

Al final, fue Ukyo la primera que se atrevió a romper el silencio. Tras carraspear con poca delicadeza, dijo:

—Sigo diciendo que lo más lógico es que todo sea culpa de Shampoo.

Akane, entusiasmada por el cambio de tema, le ofreció una sonrisa agradecida.

—En eso no estamos de acuerdo —comentó, esforzándose por no mirar a ninguno de los hombres que habían sucumbido a un extraño trance melancólico.

Ranma chasqueó la lengua y cruzó los brazos sobre el pecho. Seguía alterado, pero tampoco parecía muy entusiasmado por retomar el último tema de conversación.

—Y yo insisto en que seguro que ha sido ella —se empecinó como un niño mimado.

—¿Quieres apostar? —le dijo Akane con una sonrisa voraz.

—¿Por qué no discutimos los detalles de esa puesta de camino al Neko Hanten? —propuso Konatsu—. Quizás la señora Cologne nos pueda aclarar algo.

Todos estuvieron de acuerdo de inmediato.

—Aunque —dijo Konatsu justo cuando se dirigían a ponerse los zapatos—, primero deberíamos comer, ¿no? Sería una pena que todo el esfuerzo de Kasumi se desperdiciara…

A eso también asintieron.

Después de todo, tenía razón. Y uno tendía a pensar mejor con el estómago lleno.


A/N: Gracias por los follows y favoritos de estas últimas semanas! Y aunque no lo he dicho antes, espero que todos estéis bien. Con las cosas como están, no puedo evitar preocuparme por todo el mundo.

En respuesta a los reviews de invitados:

Guest: Akane clearly said she didn't want any help from him and despite this being fiction, I can't simply avoind thinking about how a 17 year old can travel around the country without enough money. Moreover, in a previous chapter he was worried about what harm Ukyo could do to Akane's body if he were to upset her.

Manu: Me has explicado por qué RanmaXUkyo podría tener sentido. Pero solo me has dado ideas de lo que quieres leer sobre Shampoo... algunas son ideas buenas, no lo niego, pero sinceramente es una pareja que no me gusta en absoluto y para llevarlas a cabo tendría que cambiar completamente la personalidad de Shampoo. Además, no soy partidaria de que una mujer guerrera deba tener un lado débil que resulte atractivo para un interés amoroso. ¿Un lado más tierno? O no tierno, pero diferente a su lado "rudo" de amazona. Por supuesto. Las personas rara vez son solo una cosa y ser una mujer fuerte no está reñido con tener sentimientos. Si Ranma se enamorara alguna vez de ella, sería porque le gustan todas sus facetas. De momento no estoy abierta a escribir nada de esto, principalmente porque estoy centrada en otro proyecto además del Intercambio. Pero eso no quiere decir que algún día, quizás, me atreva con un reto como este. Siento no poder cumplir con tus expectativas, pero te doy las gracias por tu atención y el tiempo que te has tomado en responder mis dudas.

Teuton:Como tu dices, lo hecho hecho está y quizás me guarde estas ideas para la próxima. El tema de Akane y P-chan se puede tratar de tantas formas... Espero que este capítulo te haya gustado!

Dlrn: Sí, he robado descaradamente la idea de Freaky Friday. ¡Y muchas gracias por tomarte la molestia de dejar un review! ¡Y tan largo! Espero que este capítulo haya respondido alguna de tus dudas y que podamos seguir leyéndonos en un futuro.

Caro: Gracias por tu aportación!

Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.