Boku no hero academia pertenece a Kōhei Horikoshi y yo escribo esto por simple pasatiempo. Nada más y nada menos.
Personajes: Izuku Midoriya/Katsuki Bakugo/Shouto Todoroki. OT3
Palabra: Regalo.
¿Y nosotros?
Por:
PukitChan
VIII
No sin ustedes
Izuku encontró a Katsuki tendido en la cama, vestido con ligera ropa deportiva y con una consola de videojuegos entre sus manos, cuando esa tarde abrió la puerta de su habitación. No quiso interrumpirlo. Kacchan solía ponerse de mal humor si a causa de una mínima razón externa, perdía en lo que sea que estuviera jugando. Además, no solían tener mucho tiempo libre. Así que, decidido a imitarlo, Izuku se desvistió, buscando en el armario algo más cómodo que ponerse. Tampoco hacía falta preguntar dónde estaba Shouto. El sonido del agua corriendo en la ducha era la respuesta; al parecer, Shouto también acababa de llegar a casa.
—¿No te bañarás? —preguntó Katsuki sin apartar la vista de su juego. Izuki se sentó en la orilla de la cama, quitándose la ropa mientras negaba con su cabeza.
—Me bañé en la agencia, tuve tiempo suficiente —contestó, cambiándose para luego girar y subirse a la cama—. Fue un buen día.
Izuku se arrastró por la cama hasta llegar al lado de Katsuki. Una vez más, decidió no interrumpir lo que sea que estuviera jugando. Simplemente se acomodó a su lado, colocando su cabeza sobre el pecho ajeno, mientras sus dedos movían la ropa de Kacchan, subiéndole un poco la playera para poder tocar su piel.
En el cuarto de al lado, el agua dejó de correr. Los únicos sonidos que ahora se escuchaban provenían del juego de Katsuki y del mismo Katsuki, que estaba dispuesto a mandar a la mierda a todo aquel que estorbara en su misión para pasar al siguiente nivel. Sin embargo, y a pesar de sus palabras, Izuku sabía que sus dedos tocándolo habían comenzado a distraerlo. Podía darse cuenta por sus gruñidos que, aunque malhumorados, tampoco hacían mucho por detenerlo.
—¿Sucedió algo? —Izuku sólo sonrió en respuesta al escucharlo. Esa era la manera en la que Katsuki le preguntaba si se encontraba bien, si necesitaba algo. Si podía hacer algo por él. Al final, acabó negando con la cabeza mientras su mano acariciaba el tibio abdomen de su novio y una puerta fue abierta: Shouto, vestido solamente con una toalla en la cintura y otra en su cabello, los miró.
—Ey, Kacchan… ¿tú crees en el destino? Porque yo no me puedo imaginar una vida sin ustedes dos.
Midoriya cerró los ojos. Desde su posición, podía sentir la respiración de Katsuki y escuchar los pasos de Shouto cruzando la habitación. En una vida como la suya, no eran comunes momentos así; llenos de tranquilidad y de ellos tres. Quizá por eso, no se sorprendió cuando escuchó que el juego era dejado a un lado y Todoroki encontró el camino hacia la cama también. Izuku, acurrucado en medio de ellos, suspiró ante su calor. Hacía muchos días que no estaban juntos de esa manera, disfrutando únicamente de su compañía y sus caricias, porque se habían perdido entre las montañas de papeleo, la eterna sensación de ser profesionales, y las victorias y las derrotas. Hacía unas cuantas noches que su presencia había quedado hundida entre el cansancio y la frustración, cuando las cosas no salían como las planearon.
Los había echado de menos.
Pronto, los labios de Shouto tocaron la nuca de Izuku, rodeándole la cintura hasta que sus dedos comenzaron a trazar círculos en el estómago. Katsuki, por su parte, buscó sus labios, encontrándose en un beso lento y perezoso. Descubriendo la intimidad que tanto habían extrañado y de la que nunca parecían estar satisfechos. Se acomodaron mejor, buscando más piel, más contacto, más cercanía, porque esa era la única forma en la que el mundo parecía detenerse un momento. Una pausa para que ellos se reencontraran y recordaran por qué cada día continuaban luchando.
Izuku podía sentir su necesidad hacia ellos. A sus caricias, a sus besos y a sus presencias. A veces, cuando pensaba que ya conocía todo de ellos, se sorprendía descubriendo una cicatriz nueva, un toque diferente y una sensación distinta. Todo cambiaba, porque los días normales, los buenos y los malos, a veces se entremezclaban y sus emociones se desbordaban. Cuando la tierra cubría sus rostros y las heridas lastimaban sus cuerpos, no podían dejar de abrazarse, aferrándose a su existencia. Habían otras veces en que las callosidades y las cicatrices se cruzaban y ellos encontraban una nueva forma de robarle el aliento. Había días en que Shouto buscaba desesperación en sus caricias y otros en los que Kacchan los tocaba con calma. Existían momentos para explorarse y otros para amarse.
En ese momento todo lo que Izuku anhelaba era tenerlos. Permitirse sentir a Katsuki y a Shouto tan cerca que todo a su alrededor desapareciera, a excepción de sus cuerpos. Y ellos, respondiéndole a su imperiosa necesidad, lo cubrieron de su afecto, no como el preámbulo que daría paso a algo más, sino como el reencuentro íntimo que deseaban porque a veces extrañarlos dolía demasiado.
Fue de esa manera, en una constante sesión de besos y caricias, que los tres se quedaron dormidos, disfrutando del cálido y conocido contacto.
Debieron pasar varias horas después de eso cuando Izuku despertó. La habitación estaba sumergida en la oscuridad y el silencio, y Shouto había conseguido exitosamente conservar una de las almohadas que Kacchan tanto se empeñaba en tirar. Ambos se removieron molestos cuando Izuku se levantó de la cama, mirando alrededor al encontrar lo que buscaba: su teléfono, que no dejaba de vibrar reclamando su atención.
Izuku trató de despertar correctamente cuando lo sostuvo en sus manos. Apenas estaba entrando la medianoche, pero el mensaje decía que solicitaban su presencia. Nada demasiado grave; sólo necesitaban unas cuantas manos extras y su agencia era la más cercana para pedir ayuda. Midoriya, por supuesto, no lo pensó demasiado. Si necesitaban ayuda, él estaba más que dispuesto a darla.
—¿Trabajo?
La voz de Shouto llamándolo lo hizo mirar hacia la cama en el momento exacto en el que Izuku se colocaba la cadena de donde pendían el botón y la barra de metal. Sonrió y asintió la cabeza, para luego dejar escapar un susurro.
—Disculpa por despertarte.
—Está bien. ¿Es algo grave o…?
Sabía por qué lo preguntaba. Las llamas a mitad de la noche casi nunca traían consigo buenas noticias.
—Otra agencia necesita apoyo.
—Si necesitas ayuda, llama.
—Pero siempre están conmigo —dijo Izuku con una voz suave mientras apretaba los objetos que ahora estaban sobre su pecho. Rio entre dientes al notar que Shouto desviaba su mirada hacia algún punto de la habitación que no era él porque estaba sonrojado—. Es mi regalo favorito.
—No se le puede llamar a eso un regalo —replicó Shouto, volviendo a acomodarse en la cama, encontrando un lugar entre el caos que Katsuki había hecho en ella—. Te buscaremos un regalo apropiado mañana.
—¿Me estoy perdiendo de algo?
—¡Deja de perder el tiempo, carajo! ¡Te esperan en algún lado! ¡Y más te vale no perder ante un estúpido villano!
Esa era la manera en que Kacchan decía «cuídate».
—Espero regresar pronto —dijo Izuku cuando terminó de vestirse—. No me esperen despiertos, por favor.
—No pretendíamos hacerlo.
Izuku rio y salió de la habitación, mirándolos por última vez. Un momento que horas más tarde, cuando los teléfonos de todas las agencias de la zona comenzaran a sonar con urgencia pidiendo desesperadamente ayuda, él recordaría con una absurda perfección: a Shouto empujando con un brazo a Katsuki, quien había decidido que era buena idea adueñarse de la cama. Los dos peleando infantilmente por encontrar una posición para estar cómodos, ahora que Izuku no estaba entre ellos.
Él despidiéndose, prometiendo regresar pronto.
Una promesa que ahora no sería tan fácil de cumplir.
—Desaparecerás, Deku.
«Un anulador. Una señal», alcanzó a pensar, cuando una mano apretó su cuello y una sonrisa escalofriante se dibujó frente a sus ojos. Una pista, una señal de que no se rendiría. Sólo una. Era todo lo que necesitaba. Levantó sus brazos, intentando liberarse del agarre del hombre que lo sostenía con fuerza. O al menos fingir que lo hacía, porque sólo se de esa manera logró arrancarse la cadena de su cuello sin levantar sospechas.
El heroísmo, le dijeron en algunas ocasiones, se trataba muchas veces de soledad, porque nadie quería exponer a sus seres amados. Pero Izuku no estaba solo, nunca lo había estado. Los tenía a ellos: a Kacchan y a Shouto. Y ellos jamás lo perdonarían si se volvían su debilidad.
Por eso, antes de caer en la inconsciencia, Izuku dejó caer la cadena con los regalos de Kacchan y Shouto.
Porque no podía imaginarse una vida sin los dos.
Autora al habla:
Awwwwww, no sé si esto es hermoso o espantoso. JAJAJAJAJJA. ¡Decidan ustedes! Yo seguiré en mi cueva oscura, ideando la manera de sacar a Deku de este embrollo mientras hago sufrir a Katsuki y a Shouto, porque los quiero mucho :3 ¡Así que cualquier maldición, a un review de distancia!
¡Muchísimas más gracias a Nea Poulain, Bianca Mallory Kane Malfoy, Itzelloveless, Kagome-Nekko y YumeNoDream por sus hermosos reviews! ;A;
¡Muchas gracias por leer y por todos los favoritos!
¡Cuídense mucho, laven sus manitas y tomen awa! ¡Os quiero!
