Código: Guardianes
Capitulo 38
El sol salía aquella mañana desde detrás de las altas montañas, haciendo que las estrellas que adornaban el cielo quedaran invisibles, no así los hermosos planetas que decoraban el cielo de Asgard. El arco iris que servía como puente para llegar a la entrada estaba bellamente iluminado por los pocos rayos solares que le llegaban, dándole un toque aún más místico del que ya de por sí tiene. Desde la sala principal del castillo desde el que se podía ver todo el majestuoso lugar, un hombre observaba calmo como amanecía. Su pelo canoso denotaba edad y sabiduría, y el parche en el ojo las grandes batallas que había librado. La armadura dorada que portaba le recubría el cuerpo enteramente, y tenía recubriéndole parte de las piernas su capa verde para que el aire frío de la mañana no le afectara tanto. En sus ojos se podía notar bastante nerviosismo, y, nada más oír unos pasos, alzó la vista para encararse con quien venía. Era Thor.
-Padre, ¿es verdad lo que me dijo el mensajero?-le preguntó, arrodillándose. El hombre asintió- Me temo que sí, hijo, mi lanza, la poderosa Gungnir, ha sido robada-le dijo, con voz grave.
Thor entonces bufó- Seguro que fue Loki, desde que se junto con Virio…- Thor fue cortado por el hombre- Loki no ha sido, hijo, fue la lanza la que, por voluntad propia, se lanzó hacia un lugar aún por determinar-le dijo. Thor, entonces, se pasó las manos por el pelo.
-Solo espero que de esto no se entere nadie…- comentó, algo nervioso. Su padre negó- Me temo que no, hijo, de esto ya se han enterado en otros mundos, además, he pedido ayuda- le dijo.
Thor frunció el ceño- ¿A quien?- le preguntó- A los guardianes, esos chicos que te ayudaron hace un tiempo con Loki- le respondió. Entonces Thor asintió, entendiendo- Les esperaré en el salón de entrada a Asgard- dijo Thor. El hombre asintió- Espero que ellas puedan ayudarme…- murmuró el hombre, inquieto.
-¿No vendrán todos, padre?- le preguntó Thor, dándose la vuelta. El mayor negó- No es necesario que todos vengan, con dos de ellos es suficiente, y ya sé perfectamente quienes son, hijo- le respondió
Thor solo se encogió de hombros, suponiendo que en breve descubriría de quienes se trataban.
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Mientras, los chicos ya estaban asistiendo a la primera clase del día, lengua Mientras el profesor iba de lado a lado explicando la lección, los chicos hablaban vía gema entre ellos.
-¿Alguno sabe como se hace este ejercicio?- preguntaba Odd, mientras escondía estratégicamente el libro de inglés en su regazo para que no le vieran. Sus compañeros aguantaron la risa- Venga Odd, que así nunca aprenderás- le recriminó Susan.
-Después te dejaré el cuaderno para que copies, Odd- le dijo Patrick, mientras se recostaba resoplando en su sitio. Odd sonrió-Gracias tío, eres -un amigo- le dijo, subiendo el pulgar en su dirección.
-Odd, ya que parece que te saben tan bien la lección que no atiendes, ¿podrías decirme algún escritor francés de esta época?- le dijo el profesor, cruzado de brazos. Odd solo abrió la boca un poco, levantando el brazo, intentando encontrar una respuesta que no sabía- Camus- le voz de Sam resonó en su cabeza- Gracias cari- le respondió el chico- Camus, señor- le respondió en alto al profesor. Este asintió, mientras se daba la vuelta y escribía- Efectivamente, chicos, Camus fue…- el profesor siguió con su explicación mientras Odd le agradecía mentalmente a su novia por el soplo, provocando la risa, una vez más, de sus compañeros.
Entonces, las gemas de los chicos se activaron, y enseguida recibieron la llamada de Atenea para confirmar-Sam, Electra, venid enseguida, se ha activado un arma y solo vosotras podéis venir- les dijo. Eso sacó de balanza a los chicos, ¿Qué era lo que pasaba? Se preguntaron muchos. Pero si así lo consideraba Atenea, debían obedecer.
Entonces Electra alzó la mano- Señor, no me encuentro muy bien, ¿puedo ir a la enfermería?- le pidió, mientras ponía cara de que le dolía algo y se pasaba la mano por la tripa. El profesor asintió- Claro señorita Bayërn- le respondió- ¿Puedo acompañarla?- preguntó Aurora. El profesor asintió, mientras apuntaba lo sucedido en el parte. Tras salir de clase y seguir fingiendo varios metros más, ambas chicas empezaron a correr hacia la Hermita.
Tras recorrer en pocos minutos la distancia entre la Academia y la Hermita. Tras entrar, vieron a Atenea, Cesar, Asmeya y Fran alrededor del libro. Tras acercarse, Atenea les explicó lo sucedido.
-Chicas, antes el libro marcó que la lanza de la esperanza había despertado, e inmediatamente, me llegó este mensaje- les dijo, mientras les entregaba un papel. Este era de color blanco y con las letras de oro, y atado con un cordel rojo. Tras abrirlo, lo leyeron. Era corto, apenas unas veinte palabras, pero lo suficiente para ver la gravedad del problema- ¿Y que hacemos, ir a por la lanza o ayudar a Odín?- preguntó Aurora.
-No lo sé, chicas, pero es posible que el lugar al que tengáis que ir sea el mismo para ambas misiones, mirad- les dijo, mostrándoles su libro- "La lanza de la esperanza se encuentra al final del puente arco iris"- leyó
Tras eso, las adolescentes confirmaron que muy probablemente, la lanza esté en el mismo sitio que el lugar al que tienen que ir: Asgard. Por ello, abrieron un portal para ir al mundo mítico donde vivían los dioses nórdicos.
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El portal se abrió en una gran sala con forma de cúpula, con las paredes de oro, y con la cúpula llena de runas y las paredes bellamente decoradas con estatuas. En el centro de la sala, y de pié mirando hacia un punto al sur y con las manos apoyadas en una enorme espada cuya punta tocaba el suelo, un hombre de raza negra con los ojos ámbar y una armadura de color oro con algunos toques en color oscuro guardaba la sala, impávido ante la escena, como si supiera perfectamente que iba a pasar.
-Bienvenidas a Asgard, jóvenes guardianas del rayo y la esperanza, mi nombre es Heimdal, el guardián del puente de Bifröst- se presentó nada más verlas salir, o al menos sentirlas, pues estaba dado la espalda.
Ambas chicas se acercaron- Hemos venido para acudir a la llamada de Odin- le respondió Sam. Heimdal iba a hablar, pero una voz se lo impidió- Es un gusto volveros ver, guardianas- dijo la voz. Las chicas miraron y vieron como Thor se acercaba, martillo en mano, y sonriente. Electra sonrió al ver a su ídolo.
-¡El gusto es nuestro, señor!- dijo, mientras le apretaba al mano. Sam solo le saludó con la mano y una sonrisa. El asgardiano les pidió con un ademán que las acompañara, y eso hicieron ellas. Tras salir de la sala, entraron al gran puente Bifröst que llevaba hasta la ciudad. Allí, Thor les explicó la situación.
-Supongo que mi padre os habrá explicado la situación con la carta, pero no se si habéis entendido muy bien la situación- les dijo. Las chicas se miraron- Sabemos que la lanza de Odín es muy poderosa, y que haya acabado en el territorio de los gigantes de hielo no es para nada bueno- respondió Sam.
Thor asintió- Si, eso es mal, pero peor es que esa lanza simboliza el poder de Odín sobre los 7 reinos, y sin ella, los reinos más revueltos pueden dejar d obedecer la ley de Asgard- les dijo. Las chicas le miraron, sorprendidas. Aquello era un problema también enorme- ¿Para cuando podrían estar enterados de la perdida?- preguntó Sam. Thor se paro.
-Ya lo saben. Los gigantes de hielo aparecerán en breve y también la nave alfa de uno de nuestros mayores enemigos- les dijo. Las chicas se estremecieron- en tal caso, deberíamos recorrer este puente cuanto antes- comentó Electra, haciendo aparecer su martillo. Tras un destello amarillo, ya estaba usando sus ropas de combate, y, tras recoger a Sam en uno de sus brazos, empezó a volar en dirección al final. Thor las observó asombrado, y, tras coger su propio martillo, él también empezó a volar en dirección a la ciudad. De esta manera, en apenas un minuto llegaron hasta las puertas de entrada a la ciudad, donde descendieron a tierra. Una vez en el suelo, los tres recorrieron las calles velozmente hasta llegar al palacio. Allí, les recibió el cortejo de Asgard, con Odín sentado en su trono de oro, y varios guerreros a los lados de las escaleras querubín hasta el trono.
-Supongo que ya estáis más que enteradas de lo que ha sucedido- habló Odín. Ambas asintieron. El rey de Asgard las miró- En ese caso, supongo que entenderéis por que solo habéis venido vosotras a esta crucial misión- les dijo. Entonces, Electra habló- Es obvio que me eligió a mi por tener la única arma que puede vencer a los gigantes de hielo, que es el martillo Mjolnir, pero no entiendo porque Sam- le dijo.
Odín entonces entrecerró los ojos- Ella es la heredera de la esperanza, y la guerrera que en un futuro empuñará mi legendaria lanza Gungir, por eso la he traído a ella. Además, se supone que ningún humano puede pisar Asgard, por eso estamos haciendo una excepción con vosotras- les dijo, serio. Las chicas entendieron entonces la importancia, no solo política, sino también social de aquella misión.
-En vuestra aventura os acompañaran Thor, Sif, Vostagg, Hogun y Fandral- dijo. Junto a ellas, se colocaron los nombrados, Junto a Thor se colocaron en ese mismo orden las personas según eran nombradas. La tal Sif era una mujer de pelo oscuro, así como los ojos. Tenía el pelo recogido en una coleta alta, y tenía el cuerpo protegido por una armadura de color plata que recubría el pecho y hombros completamente y así como las piernas de rodillas hacia abajo. Brazos y muslos no los tenía defendidos. En la derecha portaba una espada. El siguiente, Vosltagg, era un hombretón pelirrojo de gran tripa, la cual estaba defendida por una armadura completa en la parte de arriba del cuerpo de color marrón, las piernas, en cambio, no estaban protegidas. En la mano llevaba un hacha. El siguiente era Hogun, un hombre de pelo oscuro y ojos también oscuros, con una armadura de colores oscuros recubriéndole por completo. En su mano portaba una maza con pequeños salientes. El último era Fandral, un hombre rubio de ojos azules y una armadura de color acero protegiéndole el pecho. Las piernas estaban ligeramente protegidas en las espinillas y en los muslos. En su mano tenía una espada.
-Vosotros seréis los encargados de ir a por la lanza y quitársela a los gigantes de hielo. Cuento con vosotros para esa difícil misión-les dijo, solemne. Tras arrodillarse en señal de respeto, los siete se levantaron y fueron a llevar acabo la misión, para lo cual, salieron del palacio en dirección al puente que hacía unos minutos habían atravesado.
-¿No sería más rápido abrir un portal e ir directamente hacia allí?- preguntó Electra. Vostagg se giró- Si pudiéramos hacer eso ya lo habríamos hecho, ¿no crees chica?- le dijo el hombre, sonriente- Además, podemos llegar en muy poco tiempo hasta el inicio del puente Bifröst- les dijo Thor, mientras le daba vueltas a su martillo y, sonriente, salió a volar, con Sif en los brazos.
Electra le imitó cogiendo, en su caso, a Sam. Vostagg, Fandral y Hogun montaron en sendos caballos alados, y, en grupo, volaron hasta la salida. Una vez que llegaron a la sala en la que aparecieron las chicas por el portal, Heimndal abrió la compuerta de la sala para llevarles a su nuevo destino, el hogar de los gigantes de hielo.
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Una fuerte ventisca asolaba aquel mundo frío y casi abandonado por la luz de una estrella para alumbrarlo y calentarlo. Había depositado un par de metros de nieve, sobre la cual, cayeron los siete guerreros, los cuales enseguida sintieron el terrible frío que allí hacía. Enseguida, Sam activó su gema para tener protección en el cuerpo, y así librarse del frío. Además, Electra, usando su martillo, hizo que la tormenta amainara poco a poco. Una vez que la ventisca pasó, se pusieron a buscar a los gigantes de hielo. A causa de la ventisca, no había huellas en la nieve para poder buscar, además, la nieve era demasiado espesa en aquel mundo como para buscar cómodamente y suponía mucho esfuerzo caminar, más con las armas y las armaduras puestas.
-Que pena que no esté Jeremy, él podría hacer que esta nieve se derritiera…- comentó Sam, mientras caminaba con algo de dificultad por la nieve- Es verdad, debe haber un medio más fácil de caminar por aquí- murmuró Hogun.
En eso estaban cuando notaron un temblor. Y otro temblor. Y un tercero. Y así estuvieron durante un par de minutos, mientras miraban a todos lados para comprobar que nada les caía encima, y con el mismo pensamiento en la cabeza: los gigantes de hielo andaban cerca. Con un ademán, Thor pidió el silencio de todos, y colocó su mano en la oreja para oír mejor. Podían oír como el viento empezaba a aullar de nuevo, pero sin provocar una ventisca, haciendo que todo lo que podrían haber oído se perdiera con el viento.
-¿Has podido escuchar algo?- le preguntó Sif. Thor negó- No pude oí nada, así que habrá que hacerlo a la vieja usanza…- dijo, mientras alzaba su martillo. Entonces, varios rayos cayeron de golpe, mientras el martillo del asgardiano se iluminaba de azul eléctrico, tras lo cual, del martillo salieron varios rayos, los cuales no golpearon nada, pero que hicieron que los gigantes se estremecieran.
-¡THOR!- gritaron al unísono, mientras los temblores en el suelo se sentían cada vez más cercanos. A los pocos segundos, el grupo pudo ver a dos altas figuras a su izquierda. Tras acercarse un poco más, les pudieron ver mejor. Eran altos como edificios, con la piel hecha enteramente de hielo, y picos de hielo en los codos y en la cabeza formando algo parecido al pelo. Sus ojos eran de color azul hielo, tenían la nariz puntiaguda, y la mandíbula alargada llena de grandes dientes de hielo. Nada más verles, lanzaron desde la boca una enorme ráfaga de viento helado la cual les golpeó sin clemencia. Para defenderse, Sam levantó una barrera de luz color crema la cual logró parar el frío viento.
-¡Vamos chicos, a luchar!- gritó entonces Electra, preparando su martillo, el cual hizo que más rayos aún cayeran allí.
La batalla dio comienzo. Los gigantes dejaron de lanzar su aire helado al ver que la barrera de Sam les protegía, por eso empezaron a usar los puños, dando poderosos golpes al suelo, haciendo que este temblara. Aprovechando los golpes en el suelo, Thor, Sif y Fandral subieron por los brazos de los gigantes, saltando en la zona del hombro para atacar a la cara. Mientras, en tierra Electra les lanzaba rayos al pecho con su martillo, mientras Hogun usaba su maza para golpearles las piernas y Vostagg hacía lo mismo con su hacha.
-¡Comed rayos!- gritó Thor, mientras les golpeaba con su martillo en la cara, produciendo en consecuencia fuertes rayos y un fuerte daño a los gigantes. Sif y Frandal se limitaban más a usar sus espadas para cortarles trozos de hielo de la piel, aunque igualmente les hacían daño.
Tras recibir el poderoso golpe del martillo de Thor, el gigante de hielo se tambaleó, lo cual fu aprovechado por Electra, quien le propinó otro martillazo en la pierna derecha, la única con la que se apoyaba en aquel momento. Debido al golpe, el gigante cayó al suelo provocando un fuerte temblor, pero sin dejarse amedrentar, Vostagg le clavó el hacha en el entrecejo, provocando que la piel del gigante se astillara hasta romperse. Algo parecido sucedió con el otro gigante, el cual fue derribado por Sam tras ser desestabilizado, una vez más, por Thor.
-Vaya, son rivales duros los gigantes de hielo…- murmuró Sam, mientras veía como ela piel del segundo gigante también se rompía. Una vez que la capa de hielo que les recubría desapareció, ambos gigantes se quedaron tumbados en el suelo por unos segundos, tras lo cual se reincorporaron, y, tras una amenaza de Thor con su martillo, ambos salieron corriendo, provocando temblores, mientras con su liento helado creaban una vez más la capa de hielo que les recubría.
-¡Eso, huid, cobardes!- les gritó Vostagg, mientras levantaba su hacha y les amenazaba desde su posición, provocando la risa de sus compañeros.
Una vez que se centraron de nuevo, el grupo continuó su marcha hacia el lugar más probable en el que se encontraría la lanza, el castillo de los gigantes de hielo. El problema radicaba en que allí había muchos gigantes de hielo, además del rey, el más poderoso de todos ellos, el cual tenía un poder muy superior al de sus congéneres. No solo eso, con la lanza en su poder, pues muy posiblemente la había tomado, les sería muy difícil ganar. Pensando en eso, Sam apenas participaba de la conversación, lo cual preocupó ligeramente a Electra.
-¿Te encuentras bien, Sam?- le preguntó la chica, sacando de sus pensamientos a su compañera. Sam asintió, restándole importancia- Si, es solo que me pregunto como será la lanza- le dijo, sonriendo. Electra la miró-¿Segura?- le dijo. Sam asintió, por lo que Electra decidió no preguntar más.
Tras un par de horas más, el grupo llegó a lo que parecía el palacio. Este estaba semi derrumbado, con lo que antaño eran las altas columnas que sujetaban el techo de puerta de entrada, los muros a dos metros de altura máxima, los ventanales rotos, y la sala principal cubierta de una fina nieve y hielo, de apenas unos centímetros n comparación con el par de metros de antes, con el solitario trono como único recordatorio de que en aquel lugar antes hubo un monarca. Tras fijarse mejor, se dieron cuenta de que en el suelo aún se podían ver lo que parecían efigies de la antigua cultura que allí vivió, y que el paso del tiempo convirtió en los gigantes de hielo. Gracias a los muros allí no hacía tanto frío, además de no haber enemigos cerca, por lo que se pudieron desperdigar un poco.
-¿Desde cuando está este lugar así?- se preguntó Electra- Desde que los vikingos empezaron a recorrer los mares, más o menos, jovencita- le respondió Hogun. Electra le miró de soslayo- Me llamo Electra, no jovencita- le recriminó- Cuando tengas doscientos años más hablamos- le respondió inmediatamente el asgardiano. Electra iba a decirle algo, cuando Sam habló- ¿Esto son runas?- dijo, en voz alta, mientras miraba hacia arriba en una columna. Eso llamo la atención de sus compañeros, que se acercaron. Sif negó- No, son las letras de los gigantes, se parecen a las runas, pero no lo son- le respondió.
Tras eso, notaron como el viento fuera aullaba con violencia, para volver a empezar la ventisca que, un rato antes, habían parado. Eso alarmó a los asgardianos, que una ventisca se desatara con tanta rapidez y con tanta violencia no era bueno. Los cuatro, por ello, preparan sus armas, y, por inercia, Electra y Sam también se prepararon, recubriéndolas una luz amarilla y crema, respectivamente. Tras unos pocos segundos de silencio, oyeron unos segundos de silencio, y, una vez que pasaron, oyeron unos pasos acercándose. Estos provocaban fuertes temblores, lo que indicaba la llegada de otro gigante. Varios segundos después, vieron la enrome figura del gigante, aunque a este le iluminó una ligera aura de color hielo, tras lo cual, se convirtió en esferas de color hielo las cuales descendieron a tierra, recolocándose delante de los chicos, pero siendo considerablemente más pequeño el cuerpo que formaron. Tras formarse completamente, ante ellos se presentó una extraña criatura. Era como un gigante de hielo ordinario en el aspecto, pero de tamaño humano, incluso se le podría considerar hasta bajito. Su piel helada estaba protegida por una armadura de color negro en la zona del pecho y en la parte de las piernas, con una capa azul a la espalda. En su mano llevaba una larga lanza de color entre plata y platino, con runas a lo largo del mango. La punta de la lanza era de metal, con el filo de la hoja perfectamente formado. El gigante sonrió ligeramente.
-Bienvenidos seáis al reino de los gigantes de hielo- les dijo, mientras se acercaba- Mi nombre es Ymir, aunque eso ya lo sabréis- los asgardianos le miraban con rabia, mientras las chicas simplemente estaban atentas a sus movimientos- Devuelve la lanza Gungnir- le exigió Fandral. Ymir le miró divertido- ¿Te refieres a esta lanza?- dijo, levantando el arma- Me temo que eso es imposible- les dijo, mientras se preparaba para lo que venía.
Tal y como Ymir predijo, Thor se lanzó a por él martillo en mano, provocando fuertes chispas por el golpe entre la lanza y el martillo, además de que al golpear el martillo salieron numerosos rayos. Tras separarse, Thor siguió atacándole con el martillo, pero Ymir era capaz de parar los golpes que le daba Thor. Viendo que su compañero necesitaba ayuda, Vostagg empezó a atacar con su gran maza, provocando que Ymir tuviera que esforzarse n poco más para detener los golpes, aún así, podía hacerlo sin demasiadas complicaciones. En una de las veces, Ymir logró echar para atrás a ambos asgardianos, provocando que tropezaran ligeramente, lo que Ymir aprovecho para atacarles con su lanza. El golpe que ambos recibieron no fue muy fuerte pues lo dio con el revés de la lanza, pero fue más que suficiente para abrirles una herida a pesar de sus armaduras en el costado, la cual empezó a sangrar. Ambos hombres se llevaron la mano a la herida, lo cual aprovechó su enemigo para darles el golpe de gracia, peo, antes de poder ejecutar el golpe, una barrera de color crema les defendió, creada por Sam. Ymir sonrió de medio lado, lanzándose a por sus siguientes enemigos. Fandral hizo eso mismo hacia él con la espada en alto, pero, antes de que pudiera hacer nada, Ymir lanzó una ráfaga de viento helado hacia el hombre, mandándole a volar al otro lado de la sala, estrellándole contra una de las columnas del fondo, además de tener una pierna semi congelada. Sif fue más precavida y le atacó desde el flanco izquierdo, con Hogun yendo por el derecho, pero, usando la lanza, creó una ráfaga de energía oscura que les mandó también a volar. Las adolescentes le vieron algo asustadas.
-Vaya poder… comentó Electra, impresionada- Estoy segura que es a causa de la lanza que ha sido capaz de derrotarles con tanta facilidad. Dudo que los que un día fueron considerados dioses puedan ser tan fácilmente derrotados- supuso Sam, a lo que Electra asintió.
Sin decir más, el segundo combate empezó. Electra rápidamente e abalanzó contra él, quien se defendió de los golpes del martillo de Electra con la lanza, la cual apenas parecía sentir los poderosos golpes, los cuales, en numerosas ocasiones, venían acompañados de rayos que golpeaban no solo a la lanza, también a Ymir, pero este apenas parecía inmutarse de las poderosas descargas, lo que sorprendió a Electra.
-Se supone que los de vuestra raza son débiles ante los rayos- dijo ella, mientras se separaba y tomaba algo de aire- Y lo somos, lo único que puede detener a un gigante de hielo son los rayos que Mjolnir lanza, el cual pensaba que solo Thor tenía…- comentó, mientras daba vueltas alrededor de Electra- Pero con el poder de Gungnir de mi lado, esa debilidad es muy inferior ahora, por lo tanto, ya apenas se podría considerar una debilidad…- le dijo, mientras levantaba su lanza de nuevo- ¡Y ahora, serás tu la que pruebe mi poder!- le gritó, mientras le lanzaba una poderosa estocada, la cual Electra esquivó por poco, aún así, logró hacerle un ligero corte en el brazo, el cual aunque no era demasiado profundo, le escocía mucho, obligando a la chica a poner una mano sobre la herida. Ymir sonrió, contento.
Tras usar su lanza de nuevo para mandarla a volar al otro lado de la sala, se dirigió hacia Sam. La chica estaba algo asustada, pero decidida a parar al rey de los gigantes. Cuanod Ymir le lanzó la primera estocada, ella la esquivó con habilidad, sorprendida de porque sus compañeros no pudieron esquivar el ataque. Esto mismo ocurrió varias veces más, provocando que Ymir se enfadara cada vez más, y que Sam llegara a la conclusión de que, sin una armadura, se podía mover más rápido y podía esquivar con mayor facilidad las estocadas de la chica. Tras la última estocada del gigante, Sam decidió que era hora de actuar, por o que cargó en su mano una esfera de energía color crema, tras eso, colocó su palma en el vientre de Ymir, y desató la esfera de energía, provocando que el gigante saliera despedido hacia una columna, dándole a Sam el tiempo necesario para pensar en su siguiente movimiento. Un grito de Electra la alarmó, pero al ver que su amiga estaba bien, respiró aliviada, y, al ver la cara de la chica, Sam entendió que era lo que quería, por lo que asintió entendiendo. Una vez que Sam se dio la vuelta para encarar a su enemigo, a Electra la envolvió una, al principio, tenue aura de color amarillo, y, a los pocos segundos, se intensificó con gran fuerza, haciendo que fuertes rayos cayeran por todos lados, y que el aura alrededor de la joven creciera cada vez más. Mientras, Sam había empezado una batalla contra Ymir, en la cual la enorme fuerza del gigante era inútil ante la gran agilidad de Sam para esquivar los golpes, perola chica sabía que, de recibir uno, lo pasaría muy mal. En eso estaban, cuando una fuerte energía se sintió. Ymir, extrañado por el auge repentino de energía, miró hacia la fuente.
-¡TRUENO DEL ALBA!-gritó Electra, con una gran aura a su alrededor, y con su martillo agarrado con las dos manos y apuntando en dirección a Ymir. Enseguida, una violenta descarga de energía salió disparada desde el martillo a una velocidad inmensa, la cual golpeó a Ymir en el pecho, mandándole a volar. Tal fue el impacto que recibió que la lanza se le cayó de las manos, además de provocar que su armadura se rompiera prácticamente en pedazos, y que una pequeña brecha apareciera en si piel helada. Aprovechando la oportunidad, Sam cogió la lanza, y, enseguida, una fuerte luz de color crema la rodeó. Una vez que la luz se fue, Sam estaba recubierta por una armadura de cuerpo completo de color crema, con letras griegas y runas en la zona del pecho y en los antebrazos. De sus hombreras caía una capa de color blanco, además de tener en la zona del vientre y piernas decoraciones de color oro. En su mano portaba la lanza, solo que ahora había cambiado a tonalidades doradas aunque de un tono claro, en vez de color plata y platino, como cuando la tenía Ymir.
-¡Muy bien, Electra!-la felicitó la chica, levantando un pulgar a la joven, quien estaba sudando ligeramente y con la respiración acelerada, quien se limitó a devolverle el gesto. Entonces, se acordaron del gigante, quien yacía inconsciente sobre unos restos de la muralla. Tras ayudar a los asgardianos a levantarse, y que estos las felicitaran por la victoria y les agradecieran la ayuda, Thor abrió el portal para volver de vuelta a Asgard.
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Tras volver y ser recibidas por Odín, este las felicitó y le concedió a Sam el poder sobre Gungnir, ahora llamada lanza de la esperanza, deseándoles suerte en su empresta. Una vez que las adolescentes volvieron a casa, Odín se quedó solo sentado en su trono, pensando en sus asuntos, cuando unas voces fuera llamaron su atención. Su ceño se frunció al ver que traían a su hijastro Loki encadenado, aunque a este no le parecía importar, a juzgar por su sonrisa altanera.
-Marchaos a guardar la puerta, y decidle a Thor que venga inmediatamente. No quiero que nadie nos interrumpa mientras estemos aquí, ¿ha quedado claro?- les dijo, amenazante. Tras asentir, los guardias se fueron corriendo, y, a lo pocos segundos, apareció Thor por la puerta, quien también se sorprendió de ve allí a Loki.
-Parece que ya te capturaron- le dijo Thor, mientras se posicionaba al lado de su padre. Este solo le miraba analítico. Algo dentro de él le decía que ese no podía ser Loki, algo andaba mal ahí.
-Este de aquí no es Loki…- dijo, mientras se le acercaba- al meno no me confundes con ese idiota de Loki, Odín- le respondió, aún imitando a la perfección la voz del villano. Thor se sorprendió- ¿Quien eres y que le has hecho a Loki?- le preguntó Odín, mientras le agarraba del pescuezo. Su interlocutor, a pesar de las amenazas, aún conservaba esa sonrisilla en los labios, lo cual sacaba de quicio a Thor.
-Vaya, parece que papi Odín se preocupa de su hijito…- dijo su interlocutor, son una sonrisa siniestra y voz burlona- Veras, tu hijo, Loki, fue un niño muy malo y tuvimos que castigarle-dijo, mientras la sonrisa en sus labios- Y en cuanto a quien soy…- dijo, mientras rompía los grilletes con suma facilidad- Me temo que rompería la sorpresa si te lo dijera- le respondió, mientras cambiaba su forma, rodeándose de una ligera luz de color negro. Tras irse, apareció un hombre de estatura media, pelo negro y ojos de color café, con una gabardina de color negro, botas negras y pantalones negros. En su camisa, llevaba dibujado en blanco un símbolo, que consistía en un circulo, e, inscrito en el, había una elipse, dentro de la cual, tocando los bordes, había dibujado un signo del infinito en horizontal, y otro en vertical tocando los polos del círculo.
Odín reconoció enseguida ese símbolo, y, asustado, dio un par de pasos hacia atrás, provocando la risa de aquel hombre- Me alegro de que me reconozcas, Odín- rió, mientras se giraba- Ha sido un placer verte, por cierto…- dijo, mientras sus ojos se iluminaban de rojo. Entonces, el Loki real apareció con las manos atadas con grilletes, la boca con algo de sangre y la camisa rasgada, pero sin heridas aparentes. Thor rápidamente le agarró para impedir que se golpeara con el suelo.
-Ya no nos será útil, os la devolvemos, prestó u muy buen servicio, por cierto…- dijo, antes de desaparecer en un destello oscuro.
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Hola a todos chicos! Espero que este fic os esté gustando tanto como me está gustando a mi. Ahora empieza lo bueno, señores, y creo que he dado una buena señal de ello. Hoy es un día especial, además, por que hoy, 26 de Noviembre, cumplo añetes! Ya soy un año más viejo pero un año más sabio (espero XDD).
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright
