Boku no hero academia pertenece a Kōhei Horikoshi y yo escribo esto por simple pasatiempo. Nada más y nada menos.
Personajes: Izuku Midoriya/Katsuki Bakugo/Shouto Todoroki. OT3
Palabra: Verdad.
¿Y nosotros?
Por:
PukitChan
XI
Deja de escribir cartas de amor
Izuku tenía demasiadas cosas que anotar.
De hecho, su cabeza estaba colapsando por los cientos detalles que se acumulaban en su mente y debería estar escribiendo en uno de sus cuadernos. Los quirks de las personas que iba conociendo día tras día, la forma en la que los usaban, hacer una estrategia con ellos, las fortalezas y las debilidades, todo eso se acumulaba y acababan por saturarlo y frustrarlo. Los detalles, incluso los más mínimos y que parecerían estúpidos para otros pero no para él, se amontonaban y entremezclaban, aumentando así el caos y su desesperación. Una que, por cierto, se solucionaría si escribiera.
Porque escribir sobre los héroes había comenzado como su pasatiempo y se volvió una obsesión. También fue una forma de canalizar sus largos pensamientos que sin darse cuenta, se transformaban en murmurllos interminables y los demás parecían escuchar aunque nunca le entendieran. Izuku, sin embargo, no se daba cuenta de eso: demasiado enfocado en sus pensamientos y en escribirlos con la misma velocidad con la que aparecían, era capaz de ignorar todo a su alrededor cuando se sentaba y se dedicaba a ello.
Y eso estaba bien, ¿no? No es como si le estuviera haciendo daño a alguien. Él sólo veía, los admiraba, anotaba lo que analizaba y sonreía. La cantidad de cuadernos acumulados con sus notas competía peligrosamente con su mercancía de All Might, y esos cuadernos de repente aparecían en cualquier lado del dormitorio, pero no era más que eso, ¿cierto? Un pasatiempo transformado en hábito.
Hasta que lo notó.
Corrección: hasta que Iida lo notó.
—¿Otro análisis sobre Todoroki y Bakugo?
Había sido una pregunta inocente. Probablemente más por detener sus murmullos que por curiosidad. Quién sabe. Lo cierto fue que cuando Izuku levantó el rostro y parpadeó en dirección a Iida buscando centrar sus pensamientos, tuvo plena consciencia de lo que estaba haciendo. De lo que estaba escribiendo.
—¿Eh? —Izuku bajó la mirada hacia su cuaderno y se sonrojó. Había dos páginas llenas sobre Todoroki y Bakugo, de la dinámica de su relación, de detalles que había descubierto sobre ellos estando en sus prácticas con Endeavor y un diminuto dibujo de las manos de ambos. Ellos siempre habían sido cuidadosos con sus manos—. Yo… uhm, ¿acaso estaba murmurando otra vez? ¿Dije sus nombres?
La mirada de Iida viajó del cuaderno sobre una de las mesas del área común hasta el rostro sonrojado de Izuku. Entonces, como si hasta él mismo acabara de notar algo raro, continuó.
—¡No! En realidad, ahora que lo mencionas, no estabas murmurando. Pero te has dedicado tanto a eso últimamente que lo supuse. Desde que iniciaron las prácticas, ustedes tres han trabajado en equipo, ¿verdad? ¡Eso es fantástico, Midoriya! Con sus peculiaridades, debes crear buenas estrategias.
—¿Eso crees? —musitó, colocando una mano sobre su boca mientras cerraba el cuaderno—. Quizá sea más una molestia.
—¡Claro que no! ¡Deberías hablar con ellos acerca de lo que escribes!
Era un poco vergonzoso admitirlo, pero fue así, al escuchar esas palabras tan animadas, que Izuku dejó de escribir. Y no, no había sido porque Iida lo incomodara o porque algunas de sus palabras hubieran sido malintencionadas. Fue, más bien, de lo que logró que Izuku notara.
Que su último cuaderno, todo su cuaderno, estaba dedicado a ellos dos. Y no, no eran estrategias lo que llenaban páginas. Eran detalles. Eran momentos. Era darse cuenta de sus manías y hábitos. De cómo se comportaban a su alrededor y la manera en la que una relación tensa se transformó poco a poco en amistad. Había dibujos por aquí y allá de sus rasgos, de sus manos, de la forma de sus ojos y de sus cicatrices.
Era incómodo y vergonzoso darse cuenta de todo el tiempo que había dedicado a mirarlos, no como héroes, sino como chicos. Dos chicos muy atractivos que probablemente encontrarían molesto todo lo que había anotado si algún día llegasen a verlo.
«¡Deberías hablar con ellos acerca de lo que escribes!», fueron las palabras de Iida y de pronto Izuku se descubrió escondiendo El Cuaderno bajo su almohada. O entre las revistas de All Might. O en su clóset. Cada tanto cambiaba de ubicación, porque Izuku tenía pánico que alguien lo viera a pesar de que en realidad nadie entraba a su habitación.
Mucho menos ellos.
Entonces, cuando recordaba eso, Izuku volvía a sacar al cuaderno de su escondite en turno y lo miraba. Cada página, cada letra, cada dibujo, cada anotación amontonada en una esquina. Podía ver la emoción en cada oración por cada un nuevo dato que llegaba. Podía ver la ternura de sus trazos y la suavidad de sus palabras.
Izuku podía ver que se había enamorado sin notarlo.
Intentó retomar sus análisis. Tomó uno de sus cuadernos nuevos, notando que era la primera vez que dejaba uno sin concluir antes de empezar el otro. Pensó en sus compañeros, en los villanos que se habían topado en las prácticas y hasta en los usos cotidianos de un don. Y cuando todo consiguió tener una forma, entonces se dispuso a escribirlo.
¡Era fácil! ¡Era sencillo! ¡Lo había hecho toda su vida! Así que abrió el cuaderno.
Sólo consiguió escribir Kacchan y Shouto en él.
A pesar de que quería, no podía escribir porque sus pensamientos y murmullos estaban llenos de ellos.
Kacchan y Shouto
—¿No dormiste bien?
La mano que rozó sus cabellos había sido la de Todoroki. Izuku lo sabía porque el calor de su piel era ligeramente más elevada que la del resto. También sabía que no había sido Kacchan porque él no usaba sus manos y quien lo tocó no olía ligeramente dulce.
Sabía que ellos lo estaban mirando. Que ambos aguardaban por sus palabras, aunque quizás no las que había escrito. Sabía que podían odiarlo.
«¡Deberías hablar con ellos acerca de lo que escribes!»
Pero Iida tenía razón.
No podía esconder sus letras para siempre.
Mucho menos cuando eran tan evidentes.
—Me gustan. Kacchan, Todoroki… me gustan.
Ƹ̴Ӂ̴Ʒ
El departamento lucía exactamente igual que hacía veinticuatro horas, cuando Izuku se había ido, respondiendo a la llamada de apoyo. En el fregadero seguían los platos sucios, en la alacena continuaba la cena que Katsuki le había prometido a Shouto que prepararía y que aún no llegaba, en su habitación la misma ropa que habían aventado cuando todo se había descontrolado.
En la mesa, abierto y con un lápiz encima, estaba uno de los cuadernos de Izuku, que siempre aparecían donde menos debían.
Bakugo se acercó.
Eran notas sobre él y Shouto. Estrategias. Cómo podrían usar sus dones si trabajaban juntos.
Eran las cartas de amor que Izuku siempre les había dado.
Autora al habla:
Awww. Confieso que este capítulo surgió porque en una publicación donde se mostraban apuntes bien bonitos de BNHA, empezamos a decir que Deku era como la morra de los plumones. JAJAJAJAJAJAJA. Y quizá debería sonar gracioso, pero en serio creo que alguien como Izuku escribiría sobre las personas que ama. Es su forma de expresar su admiración y su amor. Y uno de sus cuadernos deberían ser sus cartas de amor. Tengo muchas pruebas y ninguna duda. Asies.
A las amables personas que no puedo responder por privado:
Laura; ¡Katsuki desesperado me da vida! Aunque no estoy segura de qué tan cruel pueda considerarse lo que viene, yo sólo espero que resulte bien, xDDDDDDDDDDDD. ¡Gracias, cielo!
¡Muchas gracias a Nea Poulain y Laura por sus amables reviews! ;A; ¡GRACIAS!
¡Gracias por las lecturas y los favoritos!
Coman bien, tomen awa y cuídense mucho. ¡Excelente inicio de semana, os quiero!
