Código: Guardianes

Capitulo 39

El frío viento soplaba en la ciudad, aullando con violencia, haciendo que las ramas de los árboles se agitaran salvajemente y que la nieve de las ramas cayera al suelo. Con un solo gesto, Aurora paró aquella fría ventolera y la sustituyó por un viento más suave y menos gélido, haciendo que la gente no se estremeciera a cada paso. La guardiana del viento entonces deseó alzar el vuelo y danza entre las nubes, como siempre hacía cuando estaba contenta, pero, estando rodeada de gente, se tuvo que contener, y contentarse con como los pájaros iban de aquí para allá con gusanos en los picos para alimentar a sus polluelos.

-Ahora entiendo eso que me dijo Aelita sobe el sueño de volar de la humanidad…- murmuró, mientras seguía con su caminata. Tenía que ir a comprar varias cosas, aunque por el camino se detuvo varias veces a ver los escaparates. Le fascinaba como, de una roca, se podían sacar esas hermosas piedras talladas, y, aunque Patrick y Percy le querían explicar, ella prefería mirar las hermosas cosas que con esos materiales se podían formar.

-Que bonito…- comentó ella, mientras veía una figura de mármol de una mujer alada, con las alas extendidas, unas tongas en la mano, y letras griegas en el pedestal. Por desgracia, comprar cualquiera de las cosas de la tienda se pasaba bastante de su presupuesto. Tras mirar por última vez aquella figura, que por alguna razón se le hizo muy familiar, volvió de camino a Kadic. A los pocos segundo de que Aurora se diera la vuelta, la estatua se iluminó de repente de color verde.

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Lo ultimo que vio fue un fuerte destello, y después, silencio. Silencio que rápidamente se esfumo pues el ruido de la calle inundó sus oídos. Extrañada, la chica alzó la mirada. Sus ropas consistían en una armadura de color verde de cuerpo completo, con el pecho decorado con detalles en color oro en forma de largas líneas, además de tener las alas que llevaba a la espalda perfectamente protegidas por una malla, la cual no impedía para nada su movimiento. En los brazos también tenía algunas decoraciones, pero resaltaba la gema de color verde de su brazo derecho, la cual tenía dibujada una persona con líneas en movimiento. Tenía el pelo de color marrón bastante largo y los ojos de color lila, la tez blanca, y en sus manos portaba dos tonfas bastante estilizadas, con el mango fino pero de apariencia consistente, de color verde, con un remolino dibujado en ellos. Tenía la apariencia de tener unos 20 años.

-Por los dioses, ¿Qué ha pasado?- se quejó ella, colocando una mano en la cabeza. Tras mirar por el cristal, sus ojos se abrieron de par en par al ver los vehículos pasar de lado a lado, a la gente con móviles en la mano, y con múltiples bolsas en las manos.

-¿Pero que…?- dijo, mirando por el cristal unos segundos, para, mientras giraba con fuerza la cabeza, procuraba mantenerla mente fría. Tras ser iluminada por un fuerte resplandor verde y un vendaval, la armadura desapareció, así como sus alas y las tongas las cuales aparecían dibujadas en la gema que portaba en forma de x. Sus ropas consistían en unos pantalones oscuros y una camisa larga de color marrón con un cordel a la altura del cuello.

-Creo que con eso estaré bien…- comento ella, mientras salía a la calle y el viento le daba en la cara de lleno. A pesar de lo frío que era, ella ni se inmutaba por el mismo, pues con sus poderes sobre el viento, la joven estaba perfectamente, provocando por sus ropas la mirada curiosa de la gente.

-Tengo que intentar pasar más desapercibida…- murmuró para sí, mientras entraba a la primera tienda de ropa que encontró. Tras comprobar que tenía algunas monedas en el bolsillo, se encontró con un montón de ropa, mucha más de la que nunca antes había visto en su vida. Iba a empezar a mirar, cuando la gema de su brazo se iluminó, señalando en una dirección.

-Esto es muy extraño, primero un fogonazo de luz tras el cual aparezco en este lugar tan extraño, y ahora mi gema me indica algo…- murmuró, saliendo de la tienda, mientras la recubría una aura de color verde, sacó así su armadura, pero sin sacar aún las tonfas. De un fuerte impulso, alzó el vuelo, dejando una estela blanca a su paso por el cielo.

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Tras la llamada de Atenea, todos los guardianes de aquella generación estaban congregados en la Hermita, todos rodeando a la reina. Esta estaba atónita.

-Esto es muy raro, no hay ninguna pista de la última arma….- dijo, mientras revisaba el libro una y otra vez.

Aurora estaba extrañada, aparte de por que el libro no dijera nada de su arma, porque sentía una gran energía desde hace un tiempo, pero no era capaz de identificar su fuente. Lo que sí sabía era que se acercaba, y aunque sus compañeros notaban lo mismo, le restaron importancia. Pero a cada rato Aurora se sentía más rara, esa energía le era muy familiar, muy cercana a la que ella emanaba, cosa de la que ninguno de sus compañeros se percató. Entonces, un fuerte vendaval arrancó de cuajo la puerta, haciendo que el viento frío penetrara a la casa, y, junto al viento, una chica, la joven de armadura verde. Esta frunció el ceño extendiendo sus alas al máximo, con un aura de color verde muy intensa recubriéndola, sus tonfas en forma de cruz, y, tras pegar un fuerte grito, se lanzó contra ellos. En unos pocos segundos, tras sentir un fuerte viento, la gran mayoría de ellos estaban al otro lado de la sala, colgados en la pared y capeando el temporal como mejor sabía. La única que resistió en el suelo era Aurora, aunque incluso ella tenía ciertas dificultades.

-No está mal, niña…-le dijo la mayor, parando el viento, por lo que el resto cayeron al suelo, pero gracias a sus poderes, lograron parar mal que bien la caída.

-¡¿Por qué nos atacaste?!- le recriminó Electra, enfadada. La extraña la miró con rabia- ¡¿Cómo te atreves!?- le gritó. Los chicos la miaron extrañados.

Entonces, una pared de luz se levantó justo a tiempo antes de que el potente tornado que la extraña levantó no les golpeara. Tras eso, un portal se abrió, por el cual pasó el tornado, haciendo que el daño fuera mínimo.

-En primer lugar, preséntate- le dijo autoritaria Atenea. La extraña la miró orgullosa- Yo solo obedezco ordenes de los reyes humanos de Asmara, mujer- le dijo, mientras se golpeaba el pecho orgullosa- ¡Solo respondo ante Diana y Plubio, los reyes humanos de Asmara, y a los que, como guardiana, juré eterna fidelidad!- dijo, con el pecho henchido de orgullo.

Eso trastocó a todos, pero Atenea y Franz se miraron, y, una vez que Atenea asintió, Waldo la miró- Dices que has jurado fidelidad a los reyes humanos a pesar de ser una angelida- le dijo Franz. La mujer asintió, pero sin bajar la guardia- En ese caso, jovencita, nos debes fidelidad, pues nosotros somos los reyes humanos de Asmara- le dijo. La chica la miró incrédula.

-¡Mientes!- le respondió, enfadada- ¡Reconozco que os parecéis, pero no podéis ser ellos!-les respondió. Franz negó- No somos ellos, sino sus descendientes, al menos Atenea- dijo, mientras hacia un ademán con la mano señalando a la aludida.

La joven les examinó escrupulosamente con la mirada. Les miró entonces a los ojos- Si sois los reyes de verdad, entonces sabréis responderme a esta pregunta- les dijo, mientras bajaba poco a poco las tonfas- De entre los guardianes, ¿Quién era el favorito de la reina Diana?- les preguntó la joven. Atenea sonrió, segura de sí misma-Diana no tenía ningún favorito por ser la reina y tenía que querer a todos por igual. Esto era en lo oficial, en lo privado, Plubio, el guardián del agua, aunque ella le llamaba Kyoger (1)- le respondió. Entonces, tras un destello verde y una fuerte ráfaga de viento, la joven apareció arrodillada y con la mano derecha en forma de puño puesta en el suelo.

-Disculpe mi arrogancia, reina…- le pidió ella- Mi nombre es Atenea, y el es mi marido, Franz- le dijo, solemne- Un honor poder servirles, majestades- les dijo sumisa.

-El honor es nuestro, al poder conocer a la guardiana original del viento, la poderosa Laura de la casa Griffindor, de la que se decía podía volar de punta a punta del mundo sin apenas cansarse y generar tornados grandes como cordilleras- le respondió Franz. La aludida se sonrojó ligeramente, tras lo cual hizo una sutil reverencia.

-Por tanto, mis suposiciones de que me encuentro en otra época son reales…- murmuró Laura, pensativa. Tanto Franz como Atenea asintieron- ¿Cómo es posible?- intervino entonces Sam.

Marin le respondió- Puede que atravesara una grieta en el tejido de la realidad, se suelen producir cuando en un punto se concentra una enrome cantidad de energía- les explicó.

Laura asintió- Posiblemente sea eso, estábamos enfrentándonos contra una de las criaturas que ese malvado Zeros nos mandó, y, tras un fogonazo de luz, aparecí en esta dimensión- les explicó Laura. Los chicos la miraron sorprendidos.

-¿Y que era esa criatura?- le preguntó curiosa Aelita- Se trataba de un ejercito de trolls de las cuevas del continente de Lemuria (2), eran muchísimos- les explicó.

Entonces, Aurora se le acercó- Mi nombre es Aurora, Aurora Zastre, la guardiana del viento de esta generación- se presentó, mientras le alargaba la mano para estrechársela. Laura se giró, analizándola con la mirada, y, tras unos segundos con una tenue sonrisa, se la estrechó finalmente- Parece que las gemas que un día creamos han elegido a unos buenos chicos, noto una gran energía provenir de vosotros, aunque aún os falte mucho- les dijo, mientras ponía sus manos en las caderas. Algunos la miraron con las cejas en alto.

-Necesitamos que nos entregues las tonfas del viento para así ir a luchar contra Zeros y sus malvados compañeros- le pidió Electra. Laura sonrió de medio lado- Si quiere conseguir mis tonfas, vuestra compañera tendrá que luchar por ellas- les dijo, mientras cerraba los ojos y se giraba- Busquemos un lugar más apropiado para nuestro combate- dijo, saliendo por la puerta. El grupo se miró entre ellos, esa chica era lo contrario a Aurora, autoritaria y con un carácter muy fuerte.

-¿Qué hacemos? No creo poder derrotarla es muy poderosa- dijo triste Aurora. Sam posó sus manos en los hombros de la chica- Tu tienes el poder sobre los vientos, y muy poderosa, así que no te preocupes, ¿vale? ¡Ve a por todas!- le dijo la chica. Aurora asintió, y, agradecida, la abrazó. Por orden de Atenea, el resto del grupo se quedó atrás para que, si Aurora estaba en problemas, ni intervinieran. No era por ponérselo más difícil, sino para que la joven angelida pudiera superarse. Además, en caso de obtener ayuda de sus compañeros, el pacto sería nulo, según las reglas de combates entre los guardianes, firmadas siglos a por la reina Diana, y las cuales en aquella época se cumplían a rajatabla.

Tas eso, ambas chicas salieron por la puerta, y una vez que tenían sus alas blancas abiertas, ambas emprendieron el vuelo a gran velocidad, con dirección sur. Tras pensarlo, Aurora decidió que el mejor lugar para realizar el combate era en la estratosfera, encima del océano Atlántico, de esa manera, podría luchar sin riesgo a que hicieran mucho daño. Mientras volaban, Aurora se dio cuenta de que su antecesora volaba a una velocidad muy alta, la seguía sin demasiados problemas, aunque Aurora volaba a una velocidad que superaba a la del sonido (3), lo cual era asombroso, pues a ella le costaba un poco mantener esa velocidad. Tras varios minutos de vuelo supersónico, llegaron al lugar idóneo para el combate. Tras detenerse, se colocaron una en frente de otra.

-¿Preparada?- le preguntó Laura. Aurora solo se recubrió de su aura verde, tras lo cual, el viento empezó a aullar. Tomándolo como un sí, Laura se lanzó a por ella, igualmente recubierta por su aura y con una esfera de aire en la mano la cual giraba a gran velocidad. Esa esfera fue lanzada por Laura, la cual generó un fuerte tornado que se abalanzó contra Aurora.

Esta esquivó el tornado, y, tras cogerlo por la cola, lo mandó dirección al océano. Entonces, la más joven creó ella también esa esfera, lanzándola también contra Laura. Antes siquiera que pudiera crearse el tornado, la mayor uso su mano para cortar en dos la esfera e impedir el ataque.

-¿Creías realmente que una técnica como esa funciona contra mí?- le recriminó, mientras extendía sus alas al máximo. Entonces, sus brazos se recubrieron de su aura verde, y, tras eso, se formó detrás de Laura una figura de buda con su aura- ¡Tesoro del cielo!- gritó, lanzado la energía en dirección a la más joven.

Esta recibió el golpe con toda su fuerza, lo que la mandó directa al agua que había más abajo. Antes de caer, Aurora reaccionó, pudiendo frenar a tiempo justo antes de entrar a las frías y oscuras aguas del mar. Tras flexionar las piernas, tomó un fuerte impulso que la elevó de nuevo hasta la altura de su rival, que solo la miraba analítica.

-Esta técnica que acabas de presenciar es uno de los principales ataques de nuestra constelación guardiana, Virgo. Me la enseñó un viejo amigo, el caballero dorado original de esa constelación- le dijo. Aurora la miró sorprendida- ¿Vosotros también conocisteis a los caballeros dorados de la diosa Atenea?- afirmó más que preguntó. Laura asintió- Su dominio de la energía a la que ellos llaman cosmo era enorme, era el más poderoso de su generación, para mi fue un honor aprender de él- le explicó.

-Y ahora…- dijo, mientras le volvía a recubrir su aura verde- Te mostraré sus enseñanzas- dijo, mientras de su mano salió una esfera dorada, la cual se convirtió en un rayo energético que por poco atravesó el pecho de la chica, la cual decidió contraatacar con golpes físicos.

Actuó así ya que se dio cuenta de que todos sus ataques eran a larga distancia, por lo que dedujo que sus técnicas de combate físicas no debían ser muy buenas. Tras acercarse en unos pocos segundos, empezó el aluvión de golpes y patadas entre ellas. Conforme una daba un puñetazo la otra lo esquivaba y preparaba el brazo para hacer lo mismo, justo como hacían con sus piernas, las cuales golpeaban con gran fuerza. A medida que luchaban el viento a su alrededor se iba volviendo cada vez más fuerte, girando en torno a ellas. Además, el cielo también se estaba poblando de nubes. Tras un par de minutos con esa danza de golpes, ambas se separaron, algo cansadas por el esfuerzo. Entonces, ambas pensaron en lo mismo: crearon en sus manos dos espadas de energía verde, con las cuales se lanzaron a por la otra, usando sus filos para intentar cortar la carne de su adversaria y así ganar ventaja.

-¡Eres buena, niña!- le felicitó Laura, mientras golpeaba a la otra con sus espadas y esta los paraba para redirigir el golpe- Me enseñó uno de lo mejores- le respondió Aurora, mientras paraba el golpe colocando sus espadas en forma de x, y daba dos largos sablazo.

Tras separarse, Laura hizo desaparecer sus espadas, así como Aurora. Poco a poco, el viento se fue calmando, así como el corazón de las chicas, los cuales fueron latiendo cada vez más despacio. Aurora la miró curiosa.

-¿Hemos terminado?- le preguntó. Laura se encogió de hombros- No lo has hecho nada mal, lo reconozco, pero aún queda una cosa que debes hacer- le dijo, acercándose. Aurora se puso tensa- Seguramente los esbirros de Zeros, sus generales, ya me hallan sentido en vuestro mundo, por eso estarán buscando por doquier para intentar arrebatarme mis tonfas. Tu misión será devolverles al agujero de donde salieron- le explicó.

Aurora frunció el ceño por la dificultad de la prueba, pero asintió. Tras mandar el mensaje a sus compañeros, y que estos expresaran su enfado por la prueba con gestos y reprimendas a la mayor, ambas partieron hacia su siguiente destino.

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Los amigos de Aurora notaban con muchísima intensidad la energía que liberaban ambas guardianas del viento en su lucha, a pesar de la enorme distancia que separaban la zona del combate con la Hermita. Al notar que ya no se despedía esa enrome cantidad de energía, se pusieron algo tensos pues no sabían quien había ganado. Entonces, recibieron el mensaje de Aurora.

-Chicos, el combate me fue bien, me costó seguirle el ritmo pero más o menos me supe defender. Ahora iremos a luchar contra los generales de Zeros- les dijo. Los chicos se quejaron- Lo siento, pero no podéis ayudarme, tengo que hacerlo yo sola- les explicó.

-No es justo, deberíamos poder ayudarla- dijo Percy, algo enfadado- Si lo ha dicho Laura, me temo que no podemos hacer nada, es el honor lo que se juegan aquí, y para ella el honor era muy importante- les explicó Asmeya.

Los chicos pensaron- Podemos hacer como que, por casualidad, pasamos por allí y si vemos que necesita ayuda, pues la ayudamos, ¿no?- propuso Jeremy. El grupo asintió- Buena idea, Einstein- le felicitó William , dándole una palmada en el hombro. Dicho esto, se pusieron en camino.

Tras localizar la energía de ambas, delimitaron el lugar en el que se desarrolla la batalla entre Aurora y los generales de Zeros. Concretamente, era Heavenland, el hogar de Aurora, lo cual en parte no les sorprendió, ya que no habían visto a los generales en un tiempo, y suponían que estaban en Asmara. Tras abrir el portal se internaron en el mismo, y, una vez que lo atravesaron, llegaron a la tierra de los cielos. Los soles gemelos brillaban en lo alto con esplendor, bañando la zona con su luz, sin impedimentos de nubes ni de nada por el estilo. Lo que si que notaron fue que el ambiente estaba un tanto enrarecido, y que el viento estaba bastante "nervioso", señal de que algo extraño estaba pasando con Aurora. Mientras andaban, notaron que, en contraste con el bullicio que había en las calles el día que estuvieron allí para encontrar a Aurora, la nueva guardiana del viento, ese día las calles estaban desiertas. ¿La causa? Ni siquiera Aelita lo sabía, ya que, según la joven de pelo rosa, aquel no era ningún día especial para esa gente. Por ello les extrañó y mucho.

-No hay ni un alma…- dijo nerviosa Yumi, mirando a todos lados- Podemos explorar la zona, dividirnos, a ver si podemos ver alguna cosa por separado- propuso Odd- Es una buena idea, si encontramos a Aurora, avisamos, ¿vale?- dijo Ulrich. Tras asentir a las palabras del alemán, cada uno se fue por su lado, esperando tener suerte y encontrar a su alada compañera. Ulrich se envolvió en llamas y empezó a volar por encima de las casas, así como Jeremy, que hacía eso mismo pero con agua, las gemelas, Aelita, William y Sam usaban plataformas de energía para moverse por el cielo, siendo las plataformas de color perla para Marin, índigo para Susan, de color negro para Will, de blanco para Aelita y crema para Sam. En cuanto Odd iba transformado en un águila, y Yumi usaba lianas que iba creando para impulsarse. Percy usaba unas cuchillas de metal para deslizarse cual patinador sobre el hielo, solo que el suelo era de piedra más que de hielo.

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Una vez que llegaron a Heavenland, tanto Aurora como Laura observaron su tierra natal con cierta añoranza, pues hacía mucho que no la veían. Estuvieron así varios minutos, cada una metida en sus pensamientos, y sin decir nada, ni un gesto, pero diciendo mucho con la mirada. Una vez hecho es, y tras un gesto de la mayor, se empezaron a mover. Ambas podían notar las energías de varios de los generales, concretamente, las de Océano, Inferno y Darko. Las del resto no las sentían, lo cual significaba que estaban en otro lugar, o de Asmara o de la Tierra. Una vez que les localizaron, se dirigieron hacia el lugar en cuestión, posicionándose en lo alto de un tejado para verles mejor.

-¿Qué hacen?- se preguntó Aurora, mirándoles. Estaban sentados en el borde de la fuente, parecían hablar entre ellos, como si fueran compañeros de siempre, lo cual en parte eran. Con un ademán, Laura le indicó que empezara. Dicho y hecho, la joven alada descendió hasta estar a unos cinco metros del suelo, y allí, se impulsó con un vendaval y se lanzó contra sus enemigos. Estos la vieron venir justo antes de que impactara contra ellos, aunque Darko logró esquivar su ataque justo a tiempo.

-¡Cuánto tiempo sin vernos, guardiana!- le gritó Darko, mientras se posaba en el suelo tras el salto que dió.

Tras eso, el combate empezó. Océano le lanzaba esferas de agua, e Inferno hacía lo mismo con fuego. Darko también le lanzaba discos de energía oscura, aunque todos los ataques eran evadidos por Aurora, quien volaba grácil por el aire. Tras esquivar varios de los ataques, la chica lanzó una esfera de aire a cada uno de los tres, quienes también esquivaron los golpes. Como vieron que los ataques a distancia no eran útiles, se acercaron hasta que empezaron a usar piernas y brazos para atacarse, dando así inicio a otra danza de puñetazos y petadas. Rápidamente se notó la superioridad numérica de los esbirros de Zeros, además Aurora ya venía cansada del combate contra Laura de antes, por lo que le costaba seguirles el ritmo.

-¿Ya cansada, niña?- le preguntó sarcástico Inferno, mientras la atacaba con los puños envueltos en fuego. Eso hizo que la joven se descentrara por un segundo, cosa que aprovecharon sus rivales para golpearla con fuerza. Aurora, sabiendo que esa situación no era favorable, levantó un fuerte tornado el cual hizo que los tres hombres salieran volando, dejándola en paz. En ese momento, empezó a sentir los efectos del cansancio, pues estaba jadeando, sudando y algo magullada.

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Tras diez minuto de haber empezado a moverse, Electra localizó a Aurora, y, tras avisa a sus compañeros, estos fueron llegando a cuenta gota pero regularmente, volando bajo aquellos que lo hacían, para no ser descubierto. La última en llegar fue Marin, quien llegó junto a su hermana. Rápidamente se colocó junto al resto, acostándose en uno de los tejados de las casas colindantes entre medias de Patrick y Jeremy. Tras ponerlas al día, siguieron observando el combate. En ese preciso momento, Aurora levantó su vendaval para hacer que sus enemigos volaran por los aires, tras lo cual, vieron el estado en el que se encontraba su amiga. Los chicos se miraron entre ellos

-Tenemos que ayudarla chicos- les dijo Electra, haciendo el ademán de levantarse, pero Sam se lo impidió- No podemos, aunque queramos hacerlo, tiene que hacerlo por si sola- le recordó la joven. Electra cerró los puños, frustrada, pero supo contenerse.

En ese momento, vieron como los generales e lanzaban a por su amiga, pero esta se acercó corriendo hacia ellos, recubierta por un fuerte viento, el cual les volvió a mandar por los aires, y que hizo que ella cruzara la plaza en apenas unos segundos. Tras eso, y sin detenerse por el muro, Aurora corrió por la pared con agilidad, recorriendo los largos muros, hasta colocarse justo detrás de sus rivales, y, después de ser rodeada por una fuerte luz de color verde, les lanzó su ataque, una fuerte ráfaga de aire, la cual les tiró al suelo. Una vez que sus enemigos estaban en el suelo, Aurora colocó un pié en sus espaldas, victoriosa. Antes de que sus compañeros pudieran bajar a felicitarla, eso mismo hizo Laura.

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-Debo reconocer que la chica no lo hace nada mal- pensó Laura, mientras descendía a tierra y observaba a los generales derrotados. Entonces, los cuerpos de los generales se disolvieron en arena, haciendo que Aurora cayera al suelo, anonadada, así como los chicos, que ya estaban a punto de bajar al suelo, no así Laura, que simplemente se agachó a coger algo de arena.

-Estaba notando tu energía, pero no acababa de creerme que estuvieras aquí…- habló Laura, al aire. Entonces, de una serpiente de energía oscura que emergió de repente del aire se formó una figura. Tenia el pelo largo de color azul, lo único que se veía de su anatomía, y, en el pecho de la tunica, el mismo símbolo que lucía el encapuchado que fue a Asgard. Esta figura rió.

-Siempre tan poco crédula, Laura. Parece mentira que tu pueblo fuera el que tuviera las creencias más arraigadas de entre los pueblos de Asmara- habló la figura.

-¿Cuándo volvisteis?- le preguntó- Hace una semana- le respondió- Nuestro hermanito nos sacó de las profundidades del infierno, donde por cierto, vosotros nos metisteis- dijo la figura, señalando con el brazo a Laura. Ella lazó el rostro al cielo.

-¿Por qué?- preguntó, simplemente. La figura sonrió, pudiéndose ver sus blancos dientes- Por loa misma causa por la que empiezan las guerras, una traición, tu mejor que nadie conoces la historia- le respondió.

-¿Qué ganas estando aquí?- le preguntó de nuevo Laura. La figura negó- Tsk tsk, tsk, muchas preguntas y un servidor es demasiado vago para trabajar tanto- esa respuesta provocó que Laura riera sarcásticamente- Me voy, ha sido un placer verte- dijo, dando una graciosa reverencia que nada tenía de respetuosa, para volverse tan rápido como vino.

En ese momento, los chicos se acercaron, nerviosos- ¿Quien era ese tipo?- le preguntaron todos casi a la vez- Temgo que hablar con vuestra reina, el mundo corre un gravísimo peligro- les respondió- Pero antes…- dijo, sacando las tonfas, y acercándoselas a Aurora- Tómalas, lo has hecho muy bien, te las has ganado- le dijo, sonriente, y con un deje de orgullo. Aurora las tomó, ilusionada, y, nada más tocarlas, le recubrió una luz de color verde. Una vez que esta se difuminó, tenía la misma armadura que Laura, pero con una capa color blanco a la espalda.

Una vez hecha la transmisión de las tonfas, el grupo volvió a casa. No sin antes atosigar a Laura con cientos de interrogantes.

-Atenea os dirá todo lo que tengáis que saber cuando le preguntéis a ella, yo no puedo deciros más, solo que esta guerra ha tomado un cáliz muy itinto al que tenía hasta ahora- les dijo, seria, mientras se introducía en el portal de vuelta a casa, siendo rápidamente seguida por los chicos.

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Había fracasado. Hades había fracasado en u tentativa de derrotar al Olimpo, tal y como Zeros le había avisado, pero él, aún las advertencias, decidió intentarlo igualmente. Y ahí estaba, encadenado y camino del Tártaro. A pesar de que fue irado al Estigia por Hércules, logró salir, y rápidamente fue llevado por Hermes al Olimpo, donde fue juzgado y condenado a pasar varios milenios en la prisión del submundo. En lo personal no veía demasiadas diferencias.

-Espero que estar aquí encerradote enseñe una valiosa lección, Hades- le dijo Zeus, mientras le metía en la celda, mientras era observado con recelo por el resto de dioses.

-Dudo que tu hermano vaya a aprender nada- habló alguien, una mujer. Todos se dieron la vuelta, para encontrarse a una mujer de pelo largo color verde y ojos color avellana, con una ligera sonrisa, pero mirada envenenada. Aparentaba unos veinte años, y, en el pecho, llevaba el mismo símbolo que el que visitó hace un momento a Laura y a los guardianes. Ante su visión, los dioses retrocedieron un poco.

-Creemos que vuestra presencia podría interferir en nuestros planes, por eso- dijo, mientras una fuerte aura oscura la rodeaba, tras lo cual extendió sus brazos, y unas negras cadenas se enroscaron en el cuerpo de los dioses- Os encerraré aquí abajo- dijo, sonriente, mientras, de una patada, les encerraba. Tras una fuerte carcajada, la mujer se fue de allí, dejando a los dioses atados de pies y manos, y sin posibilidad de liberarse por muy fuerte que tiraran.

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SEXO Cada vez más misterios, pero tranquilos, que se resolverán pronto, chicos *guiño*. Concretamente, y si todo sale bien, en el siguiente capítulo, que será otro especial, si, otro, en este caso para conmemorar el año de vida de este fic, recordemos que empezó el 31/12/13, y estamos ya a 8. Si, aún queda casi el mes completo, pero hay mucho que preparar, y este capítulo es muy importante para la trama pues se abrirán muchas puertas, así que os recomiendo leerlo con atención, pues es un capítulo clave para entender muchas de las cosas que irán pasando.

1) Kyoger es el Pokemon legendario de la región de Hoenn que gobierna en los mares, el cual es la mascota oficial d los juegos Pokemon Zafiro y Pokemon Zafiro Alfa, juego que me alegro de poseer ^^.

2) Revisar capítulo 29 para recordar, segunda parte del capítulo, en donde los chicos están en la habitación de los primos.

3) El sonido viaja a través del aire a una velocidad de 343 m/s en forma de hondas, aunque esta velocidad varía según el medio, la temperatura, etc...

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright