Código: Guardianes
Capitulo 41
Un par de semanas habían pasado desde que los chicos habían obtenido la última arma, las tonfas de Aurora, y desde entonces, no había pasado nada de especial relevancia, ya que Atenea enseguida se encerró en su despacho y comenzó a estudiar el libro con el fin de obtener información acerca de los 8 emblemas que tenían que en contar si querían entrar al castillo donde Zeros y sus hermanos estaban reunidos. Durante ese tiempo, el grupo estuvo entrenando para mejorar sus técnicas de combate físico, ya que sabían que ese era su principal punto débil. Además, también usaban sus poderes para aumentar la fuerza de sus golpes y así hacerlos más fuertes, pero, para evitar problemas y que la gente les viera usando sus poderes. Como novedad, Yumi y Odd descubrieron un poder asombroso, y es que son capaces de, en el caso de Odd, que un pequeño ratón sea grande y fiero como un león, y en el caso de Yumi, que una florecilla se transforme en una enorme secuoya, que se sumaban a que podían comunicarse con plantas y animales respectivamente, además de que Odd (1) se podía transformar en ellos. Con esos entrenamientos, el grupo estaba muy ocupado y apenas podían estar a otras cosas, aunque, a partir de la primera semana, cada vez eran más insistentes en lo que se refiere a los emblemas, ya que estaban empezando a impacientarse. Por desgracia, Atenea no podía darles esa información tan deseada, ya que no había descubierto nada, por mucho que rebuscaba, leía y volvía a leer, no encontraba ni una sola pista de los emblemas. No encontró nada, hasta aquella mañana. Ese día, el de reyes, se había levantado especialmente temprano para poder admirar el amanecer. Salio al portal con tan sólo una bata de baño y una taza de humeante café en la mano derecha, y unas pantuflas en los pies. Una vez que salió del patio y y entró al bosque, el viento frio del invierno le acarició la cara, aunque ella, lejos de sentirse incomoda, respiro hondo, llenándose los pulmones de aire puro. Suspiro.
-Sigo sin encontrar nada...- murmuró al aire, observando el cielo que, poco a poco, se iba tiñendo de colores cálidos. En ese momento, sintió una fuerte energía liberarse de golpe y, también de golpe, su querido libro se abrió y empezó a pasar montones de hojas hacia adelante y atrás, iluminado en numerosos colores y temblando con fuerza. Rápidamente, Atenea se acercó y llamo a todo el grupo, emocionada. Una vez que les llamó, y con impaciencia, se acercó al libro, cogiéndolo con ambas mano. Empezó a leer, y no fue hasta que sintió un corriente fría que se dio cuenta de que todo el grupo ya estaba presente, listos y preparados par lo que viniera. Una vez que Electra, la última en llegar, cerró la puerta tras de si, todos se acercaron al libro. Atenea empezó a leer.
-"Durante mucho tiempo tuve el presentimiento de que el poder de Zeros era muy superior al nuestro, y, por desgracia, no me equivocaba. En nuestro primer enfrentamiento, nos encontramos con un poder inmenso, algo que ninguno de nosotros podía controlar, una autentica fuerza de la naturaleza, lo cual es algo irónico. Sus hermanos tampoco se quedaban atrás, su poder también era inmenso, y, como ocurrió con Zeros, nos dieron una gran paliza. Por suerte, logramos conocer su punto débil. Sabíamos que ellos representaban las malas emociones que pueden tener las personas, por eso, creamos los 8 colgantes, representantes cada uno de ellos de una emoción: valor, amistad, amor, sabiduría, sinceridad, confianza, esperanza y entrega. Con ellos, estábamos protegidos contra parte de su poder, además, notamos que sus auras oscuras eran más débiles, así como la que rodeaba el castillo. Gracias a que logramos debilitarles un poco, y a la ayuda de los caballeros dorados, logramos derrotarles. Aún así no fue fácil vencerles, y casi se podrá considerar como un empate, pues no les derrotamos realmente, solo les frenamos lo suficiente para poder encerrarles"- leyó la reina.
El grupo se miró entre ellos, bastante asustados por las perspectivas. Electra bufó- No nos desanimemos, vamos a luchar con todo!- dijo, emocionada, y con el puño en alto. Los chicos se fueron animando por las palabras de la chica, mientras hablaban entre ellos, llegando a un punto en el que el murmullo creció hasta convertirse en un griterío descontrolado. Franz, entonces, pegó un fuerte silbido, haciéndoles callar de golpe. Este empezó a hablar en cuanto notó que los chicos se habían calmado.
-Atenea no solo ha descubierto esto, también que el primero de los colgantes, el de la esperanza, se ha despertado- les dijo, mirando a su mujer. Esta asintió- Así s, sabemos que se ha despertado, pero el libro no da pistas de donde se localizar y...- Atenea se callo al notar una fuerte energía proveniente del libro. Al mirar, se encontrar´con que venía un trozo escrito, justo debajo de lo que acababa de leer. Leyó ese nuevo fragmento.
-El colgante de la esperanza se encuentra en las últimas horas de la humanidad- leyó. Vaya, no era para nada halagüeño. Junto a la inscripción aparecían unas coordenadas, las cuales, supusieron,era el lugar donde se encontraba el colgante.
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Tras abrir el portal que les llevaría a su nuevo destino, el grupo al completo se despidió de sus mayores, y, entonces, emprendieron el camino hacia su siguiente aventura. Los chicos aparecieron en un pequeño bosquejo, con árboles frutales y una temperatura algo fría, pero fácilmente soportable. Un pequeño arroyo recorría el bosque, con matorrales a los lados, y varios ciervos pastando la hierba verde al lado de ellos, o comiendo de las hojas de los matorrales, bebiendo, o simplemente tumbados y descansando. Era, en definitiva, un paisaje idílico, nada que ver con lo que se esperaban: fuego y destrucción, una guerra, en definitiva. Pero no, allí lo que reinaba era una paz absoluta.
-¿Seguras que es aquí, chicas?- dijo William, mirando a las gemelas. Estas fruncieron el ceño- Por supuesto- respondió Marin- Nosotras no nos equivocamos- siguió Susan. El grupo tosió en general, mientras miraban hacia otro lado, haciendo que las gemelas bufaran y comenzaran a caminar por su cuenta, siendo rápidamente seguidas por el resto. Una vez que salieron del bosque, vieron un sendero que discurría por las colinas, serpenteando hasta perderse a la vista. Una vez que se dispusieron a andar, el grupo se mantuvo en silencio, intentando conocer su entorno, y saber más o menos donde y en qué época estaban, claro que era un poco difícil ya que no veían a nadie, ni de cerca ni de lejos. Lo máximo que veían eran construcciones, casas y grandes graneros a su lado, todos ellos con claras señales de abandono durante años, y que les daban muy malas impresiones de aquel lugar. Supusieron que debió ocurrir algo bastante grave par que la gente abandonara así, de repente, aquellas casas y los graneros, ya que no estaban en mal estado pese al abandono, sus paredes eran de madera blanca, el techo era de tejas de color rojo suave, tenían pequeñas ventanas en el frente y contaban con una pequeña chimenea en lo alto. A los chicos les extrañó, algo muy repentino debió haber pasado allí para que la gente lo hubiera abandonado. Mientras exploraban la zona, decidieron entrar en una de las casas para descansar un rato y decidir su siguiente paso. Al entrar, notaron que la casa estaba recubierta por una ligera capa de polvo, nada que un poco de viento, cortesía de Aurora, no arreglara. Dejaron las ventanas abiertas para que el sol bañara el cuarto y que el viento aireara la sala, tras lo cual, se sentaron cada uno donde pudo. La única que no entró a la casa fue Sam, la chica decidió que estaba más cómoda sentada en el césped, mientras sus compañeros hablaban de la misión, evadiéndose rápidamente del mundo. Durante la siguiente media hora, el grupo estuvo discutiendo sobre la situación, alzando la voz de vez en cuando alguno de ellos, sobre todo Electa y William por efecto de su novia, aunque Sam estaba demasiado enfrascada en su mundo como para darse cuenta. Lo que si sintió, y con mucha fuerza, como unas energías se agitaban al fondo, llenas de miedo y desesperación. Extrañada, alzó a vista para ver que era lo que pasaba, mientras intentaba llamar a sus compañeros.
-¿Lo habéis sentido, chicos?- dijo, levantándose, mirando hacia aquella dirección. Sus compañeros estaban demasiado ocupados discutiendo como para hacerles caso, incluso Odd, quien apoyaba a su hermano a ultranza, tampoco le hacía aso. Tras bufar un poco y maldecir en su lengua natal, Sam activó su gema y también su lanza, Gungnir, por lo que pudiera pasar. Tras eso, recorrió el campo como un exhalación, confundiéndose a la vista como un destello de color crema, aunque para sus ojos, avanzaba a una velocidad normal. A medida que se acercaba al lugar donde había sentido esas energías emanar, también sentía como, una a una, se iban esfumando, desapareciendo cada cierto tiempo, y haciendo que Sam se pusiera en lo peor, preguntándose que estaba pasando. Ya sentía que estaba cerca, pudiendo ver edifícios cerca y esperando ver agente peleándose enseguida, cuando una enorme sombra la cubrió del sol, cosa que le extrañó, ya que no había visto ni una sola nube en too el cielo.
-¡SAL DE AHIIIIIIIIIÍ!- aquel grito desesperado hizo que subiera la vista, y viera lo más terrible que jamás había visto en su vida. Un ser gigantesco, de fácilmente diez metros de altura, con aspecto de un ser humano completamente desnudo y sin pelo en todo el cuerpo exceptuando en la cabeza, con piernas y brazos delgados, delgado y con una sonrisa siniestra el cara, y unos ojos grandes que la miraban insistentemente. Sam se quedó paralizada por un segundo hasta que vio la mano de aquel ser, tan grande como ella misma, acercarse a ella. De un movimiento rápido, saltó a su mano, subió por su brazo hasta el hombro, y se colocó, con la lanza en alto, dispuesta a acertarle en el ojo. La criatura giró su enorme cabeza mientras abría la boca, dispuesta a tragársela allí mismo, pero, antes de que ninguno de lo dos pudiera hacer nada, la gigantesca criatura cayó desplomad al suelo, por suerte, Sm logró saltar a tiempo del hombro y caer en un tejado, desde donde pudo bajar al suelo con facilidad. Una vez se posó, desactivo su arma, la cual se deshizo en polvo color crema en su mano y retomó su forma habitual, tras lo cual, desactivó su gema, volviendo así a sus ropas habituales para no levantar sospechas. Entonces, un chico apareció dando la vuelta por la cabeza del ser, con las ropas manchadas de sangre, Sam divinó que del gigante. Sus ropas eran sencillas, tenía una capa color verde oscura que le rodeaba parte del cuello y después bajaba hasta la mitad de la espalda. Debajo tenía una chaqueta color marrón con una camisa color blanca debajo. En la zona del pecho, en el lado derecho, tenía un escudo de forma cuadrada con un triangulo formando la parte de abajo,como na casa invertida, siendo esta parte de color gris, y, por encima, un par de alas, una superpuesta la otra. La de abajo era color azul la de arriba de color blanco. Sus pantalones eran de color blanco, llevando botas de color marrón, teniendo en el medio muslo un par de cintas color marrón, las cuales subían hasta el dorso, probablemente llevaba algo bajo la camisa. Colgando, llevaba un par de cajas de las cuales se podía ver recambios de lo que parecían hojas de espada, teniendo dos afilados sables en las manos, de los cuales salían unos cables que iban hasta las cajas, Sam supuso que al lado de esas habría bidones de algún líquido.. Era de piel blanca, pelo rubio a la garçon y ojos azules, en los cuales se podía ver un grave gesto de preocupación. Se le acercó a Sam.
-¿Estas bien?- le preguntó. La chica asintió, mientras le escrutaba. Le sorprendía que un chico tan endeble pudiera derribar a un gigante de ese tamaño, claro que Jeremy, con una apariencia igual de endeble, ahora era capaz de arrasar ciudades enteras con un solo golpe de tridente (1).
-¿Como te llamas?- le preguntó Sam. El chico la miró- Me llamo Armin, Armin Arlert- le contestó. Entonces, Sam notó que el chico la miraba extrañado,como si hubiera visto un alien- Eres.. eres...- dijo, impresionado. Sam frunció el ceño- ¿Negra?- adivinó Ella. Armin asintió, mientras la seguía observando. Entonces se dio cuenta y negó con fuerza- No es que sea algo malo, al contrario, es muy bueno, es solo que.. bueno...- dijo él, avergonzado. Sam suavizó sus facciones.
-Es que se os creía extintos...- murmuró Armin. Sam le miró extrañada- ¿Como?- le dijo ella. Armin miró a otro lado, evitando su mirada- Creíamos que las personas de raza negra se habían extinguido hace ya tiempo, pero veo que estábamos equivocados- le explicó Armin.
Los ojos de Sam se abrieron de golpe, atando cabos rápidamente. ¿Acaso ese chico quería decir que...? No, imposible, la humanidad no podía... ¿o sí...?- En fin, debemos volver- dijo de repente Armin, mientras buscaba algo con la mirada.
Sam miró hacia todos lados, mirando a lo que quiera que ese chico, pero no vio nada. Armin se puso nervioso- Mierda...- gruñó, dándole una patada a una piedra.
-¿Que pasa?- le preguntó. Armin se puso tenso- No veo mi caballo... y eso no me gusta- dijo, antes de ponerse un par de dedos en la boca. Acto seguido, dio un poderoso silbido, tras lo cual, espero a alguna señal. A lo pocos segundos, un galopeo u¡y un fuerte relincho les avisó de que el animal estaba cerca. Armin sonrió, acercándose rápidamente, y montando en el animal con facilidad. Sam sonrió, y, ayudado por el joven, se montó en el caballo. Rápidamente, cabalgaron por las colinas de vuelta a Sam no sabía donde. En ese momento precisamente, Sam se acordó de sus amigos, quienes, por lo que podía sentir por las energías de sus compañeros, se habían movido de su posición, probablemente para buscarla. Sam sonrió, y les mandó un mensaje sus amigos, avisándoles de que estaba bien, y diciéndoles su plan. Claro que estos se enfadaron con ella por no avisarles, pero decidieron hacer caso a la chica. Si ella decía que era mejor que había que dejarla hacer así lo harán, pero no estaban muy seguros de que fuera buena idea, pero la dejaron hacer.
Tras eso, Sam se pegó un poco Amin, quien se puso algo nervioso, pero l dejo- Y... ¿como te llamas?- le preguntó. Sam se disculpó- Ay, perdona, no me acordé- se disculpó ella- Me llamo Samantha Knigth, aunque me llaman Sam- le respondió. Armin sonrió- Bonito nombre- le dijo. Sam sonrió.
-Por cierto...- comentó ella. Armin la miró con el rabillo del ojo- ¿Que era esa cosa que derribaste antes?- le preguntó.
Armin la miró como si estuviera loca- ¿Cómo puedes no saberlo?- le preguntó, anonadado. Ella sonrió, con una mano en la nuca, y riendo por lo bajo. Armin suspiró- Supongo que por tus ropas no debes ser de la zona- comentó. Sam se miró, y se encontró que ni siquiera se había cambiado para adaptarse al sitio, por lo cual aún vestía como si estuviera en Kadic.
-Eso era un titan. Aparecieron hace unos 100 años, no se sabe de donde ni como llegaron hasta aquí. Solo sabemos que comen humanos exclusivamente, al resto de seres vivos los dejan en paz, pero en realidad no necesitarían comer ya que se alimentan de la energía solar. Podríamos decir que nos cazan y masacran por pura diversión- le explicó Armin, con voz ronca. Sam tenía la boca seca, parecía que la naturaleza les estaba devolviendo la jugada.
-¿Los ejércitos no pudieron hacer nada?- le preguntó ella. Armin negó- No, los titanes no se pueden derribar así, solo se puede revanándoles la nuca en un punto determinado, en el resto del cuerpo son invulnerables- le explicó.
Sam entonces entendió. En aquel lugar la humanidad estaba al borde de la extinción, y por lo que podía sentir del aura de Armin, este tenía una mezcla de odio, ira, y desesperanza. Ella tenía que hacer algo, no ya como guardiana,sino como persona. Antes de que pudiera empezar a pensar en algún plan, vio lo que, desde lejos, parecían las murallas de un castillo. Sam se impresionó al ver lo enromes que eran, de fácilmente cuarenta metros de alto, y gruesas como un camión, desde luego, para un ejercito normal sería imposible cruzar semejantes murallas. La chica supuso que era una muralla pensada para los titanes de los que le habló antes Armin. Algunos debían de ser enormes para que las murallas fuesen tan altas. Una vez que se acercaron más, vio que, por encima de la gran puerta de madera y hierro, había un escudo colgando de la pared. El escudo era de forma como un rombo pero sin el pico de arriba. En relieve había esculpida una mujer, una reina, con corona, puesta de perfil, mirando hacia la izquierda. Por detrás de la cara de la mujer, y por su nuca, había una franja, la cual seguía pasando por la nariz de la mujer. Otra franja, esta perpendicular, bajaba desde la corona hasta después del cuello.
-Esta es la segunda muralla, Rose. La primera, María, cayó hace cinco años. Esta muralla es la segunda que queda, si rose cae, solo nos quedaría Sina- le explicó Armin. Los guardias le saludaron, aunque no dijeron nada más al ver su cara. Sam supuso que no le preguntaron nada sobre sus compañeros muertos por respeto y para no hace que la gente preguntara. Claro que se sorprendieron de ver a Sam, pero tampoco dijeron nada al ver la cara de seriedad de Armin.
-Sus uniformes son distintos, ¿porque?- le preguntó Sam a Armin. Este le respondió- Ellos forman parte de las tropas estacionarias, son otra división del ejercito. Son los encargados de proteger la muralla de cualquier ataque, y son los primeros en enfrentarse a los titanes en caso de ataque. Su valor es admirable en los ataques fortuitos- le explicó. Sus uniformes apenas se diferenciaban, lo único que cambiaba era el escudo. En vez de tener dos alas, eran dos rosas de color rojo intenso, cruzadas en forma de X.
Una vez que pasaron los controles, ambos jovenes entraron a la estaba bulliciosa, con mucha gente yendo de lado a lado, con bolsas con comida, sobretodo productos básicos. Si hubiera llegado allí desde un principio, no hubiea creído que vivieran con la constante amenaza de ls titanes. Pudo sentir toda clase de energías venir desde ellos, energías neutras, aunque tenían tintes de felicidad. Sam sonrió, la humanidad siempre veía el lado bueno a la situación. Por desgracia, no sentía lo mismo en los soldados. Estos estaba tristes, depresivos, sin esperanza. Al concetrrse mejor, también notó que había mucha gente así, vivían con miedo a los titanes, a ser deborados. Solo los niños vivían alejados de todo eso. Sam les entendía, pero estaba en sus manos ayudarles, y eso haría. Antes de que pudiera hacer nada, Armin jaló al caballo y este galopó a través de las calles, esquivando a la gente. Parecía que llevaba prisas.
-¿A donde vamos?- le preguntó. Armin no se giró, pero respondió- Hacia la Corte, tenemos que lllegar cuanto antes, tu presencia auí es importante- le respondió.
Cinco minutos mas tarde, habían recorrido toda la ciudad y habían llegado al campo, donde el caballo mantuvo un ritmo constante. Armin se dio la vuelta para mirarla- Para la siguiente muralla está a más de 100 kilómetros, sera un viaje largo, ¿vas cómoda?- le dijo.
Sam asintió, tendría que comerse el viaje a caballo y sin nada interesante que hacer, pero era lo que había. Podría usar sus poderes y llegr en un muy poco tiempo, pero Armin no podía verla haciendo eso. Armin se ouso cómodo, sabía que tardarían. Sam hizo lo mismo.
-Antes me pareció ver que tenías puesta una armadura, creo que fue la luz, que me engañó- le dijo- ¿Que tontería, verdad?- siguió.
Sam rió nerviosa, no sabía muy bien que responderle- Veras Armin...- le dijo ella.
El chico se giró- Veras, la armadura... era real, ¿sabes?- le dijo. Armin paró al caballo de golpe- ¿Cómo?- dijo- Veras...- Sam le explicó su historia rápidamente, pero aún así estuvo sus buenos veinte minutos para explicarle todo. Al final, Armin silbó.
-Vaya...- comentó. Sam bajo la visa- Se supone que no debería contartelo, pero...- comentó ella. Armin sonrió- Gracias por confiar en mi, es un honor- le comentó.
Sam le sonrió. Armin decidió hacer un alto, pues el caballo se notaba cansado. Le dejo comer algo del pasto, minrtas ambos se sentaban en una roca cercana, viendo el horizonte. Armin se recostó, con una rosa en la mano. La miro con un aire de nostalgia.
-¿Y tus compañeros donde están?- le preguntó. Sam suspiró- Les dije que me dejaran actuar, obviamente se quejaron, pero me dejaron hacer. Son muy buenos amigos- dijo, sonriente. Armin asintió.
-Os llevais muy bien, por lo que veo- dijo. Sam sonrió- Si,hay tengo a mis mejores amigos, a mi hermano...- dijo, mientras jugeteaba con una roca- Por tu ara deduzco que también tu amor- comentó Armin.
Sam asintió- Se llama Odd. Me declaré por navidades, hace un mes más o menos- dijo, algo sonrojada- El es el guardan de las bestias, ¿no?- le preguntó él. Ella asintió.
-Espero que seais felíces- comentó él. Ella asintó- Todos lo somos, por sierte...- Sam se cayó- Lo siento...- murmuró ella. Armin le restó importancia.
-Tranquila, viene bien hablar de temas como estos de vez en cuando, no siempre puedes estar con lo mismo- le dijo. Ella asintió. Tras eso, Armin se estiró.
-¿Vamos?- dijo él. Ella asintió- Vamos- le respondió.
Armin se acercó al caballo y se montó. Sam lo acarició, mientras le rodeaba una pequeña aura color crema. El caballo relinchó y brilló ligeramente. Sam montó después- ¿Que le has e¡hecho?- le preuntó.
-Ahora lo verás- comentó ella. El caballo empezó a galopar, cada vez mñas deprisa, a una velocidad increíble para un caballo, iba rapidísimo. Armin se agarró fuertemente a las riendas.
-¡WOAAAAA!- Armin gritó al ver pasar el paisaje a esa velocidad. Sam rió a su espalda.
En solo un par de minutos llegaron a las puertas de la muralla más interna, Sina. El escudo de la murala era igual a Rose, pero era una princesa la figura lo que había. Tras pasar por las puertas, Armin llevó a Sam a la Corte. Era un edifício antigo, con una cúpula, y columnas al estilo griego. Había unos guardias en la puerta, quienes, nada más ver que Armin se acercaba, se pusieron firmes. Le saludaron cuando le tuvieron a la vista.
-Vengo a ver al Consejo- lesdijo. Los guardias se miraron- Ahora mismo están en plena reunión, no podemos...- Armin negó- Lo que tengo que decirles es más importante que cualquier reunión que puedan tener- les dijo.
-Oye chaval, solo porque seas del cuerpo de exploradores no tienes derecho a decir que es importante y que no. _Ahora vete antes de que te de diez latigazos en la espalda- le amenazó alguien. De la puerta salió alguien que parecía un oficial. En su escudo había un unicornio de color verde, con el cuerno de color verde.
-Mira, es muy importante, mirad- giró el caballo para que vieran a Sam. Ella les saludó.
El oficial se lo pensó- En diez minutos harán el descanso, podreis entrar entonces- les dijo. Armin asintió, mientras bajaba del caballo, ayudando a Sam. La chica miró al hombre, este simplemente andó hasta perderse entre los pasillos del interior del edifício. Entonces se giró a Armin.
-¿Quien era ese?- le preguntó. Armin se encogió de hombros- No lo sé, solo se que forma parte del cuerpo de policía, solo los 10 mejores de cada año pueden entrar a este cuerpo, así que son de lo mejor. Claro que a veces son muy desagradables con el resto- le explicó.
Sam asintió, era un cuerpo de élite, claro que eso no les daba derecho a hacer lo que quisieran, pero supuso que solo eran unos pocos y que se debía encontrar en un mal día.
Ambos jovenes esperaron en la sala de entrada a la Corte durante veinte minutos, durante los cuales ninguno habló, solo veían ir y venir a la gente, en su mayoría guardias, aunque también vieron a gente con togas, magistrados, supuso Sam. Tras esos veinte minutos, pudieron entrar a la Corte. Era una sala cuadrada, con varias hileras de asientos a los lados. En la parte de arriba de la sala estaba el estrado con sillones más grandes, y, en el centro de la sala, había un pilar de marmol rodeado de una pequeña verja no demasiado alta, y con cadenas y cuerdas. Los asientos eran de madera con terciopelo rojo,y las paredes ern de marmol blanco, dando a entender qe era un luga importante. Sam silbo, le recordaba al Congreso de los silurianos, solo que este era más modesto. Al rato entraron de nuevo los asistentes a la sesión del día. Entre los asistentes había miembrso de los ejercitos, supuso que los altos cargos, además de gente con traje, los cuales deberían ser los congresistas. Sam se sentía observada al rato. Uno de los congresistas, situado en la grada del frente, donde estaban los más importantes, se levantó.
-Parece que tenemos un punto sorpresa en la sesión de hoy- dijo, mirando a Sam- Una mujer fuera de las mrallas de la ciudad y a cientos de kilómetros de la más cercana- dijo.
Con un martillazo, dió inicio a la sesión.
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Las hora pasaron y el grupo no tenía noticias de Sam. Varios del gupo querín ir a buscarla y ayudarla en caso de estar en problema, pero la otra parte intentaba buscar una explicación razonable a la falta de noticias de Sam. Pero a esas alturas ni Odd ni Percy atendñian a razones. Querían ir a por Samy nada se lo iba a impedir.
-¡Podría esar en problemas!- gritó Percy, a punto de irse- Debemos tener fe en ella, Percy- le dijo Aurora, abrazandole desde atrás, impidiendole irse.
-No da señales de vida, incluso su gema da una posición, yo me largo- dijo Odd, transformandose en un halcón. Rápidamente, le siguieron, ellos también querían saber si estaba bien.
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Media hora más tarde, aún estaban allí, y aún discutiendo si era un asunto lo suficientemente importante como para estudiarlo en la Corte. Sam estaba luchando contra el sueño comomejor podía, con la cabeza apoyada en una mano y bostezando a cada rato, mientras el resto discutían. Deseaba que pasara algo para que aquello terminara y que empezara la acción. Como si hubiera hecho una plegária, paso algo. Se escuchaban gritos fuera y pequeños temblores fuera, además de escuchase como caían rayos. Además, podía sentir la energía de sus amigos con fuerza, y por lo que parecía, estban comabtiendo.
-¿¡Que está pasando, guardia!?- gritó uno de los que discutían. Este parecía muy asustado- No... no lo se, eñoría- dijo, mientras se acercaba.
Entonces todos miraorn por las ventanas, incluída Sam. Vieron a un titan en pie, pero, a los pocos segundos, cayó desplomado, además de una luz color amarillo bajar en ese preciso instante. Sam enseguida supo de quien se trataba.
-Electra...- murmuró para si. Entonces, bajó corriendo entre el tumulto y se dirigió a la calle, y, detrás de ella, lo miembros de la Corte. Estos también querían saber que había pasado.
Al salir, vieron a un gran grupo de gente rodeando al titan, el cual yacía en el suelo, y, junto a este, varias prsonas, entre ellos, el grupo, por lo que Sam sonrió. Ella iba a saludarles pero no lo hizo al ver que parecían discutir con uno de los lugareños, ¿que estaría pasando?
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(1) En este punto, este fic alcanza las 200.000 palabras de extensión, convirtiéndole en le primer fic de Código Lyoko en alzanzar esta cota escrito en español
(2)El mundo que visitan es el de Shingeky no kyojin o attack on titan, un gore muy bueno que os recomiendo ver. Obviamente ninguno de sus personajes me pertenece
Disculpad el retraso, me estuve examinando y no tenía casi tiempo ^^U
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright
