Código: Guardianes

Capitulo 45

Nada más entrar a la Hermita, las chicas se dieron cuenta de la falta de William. Electra era sin duda la más afectada, su chico había desaparecido de la faz de la Tierra, y no había ninguna forma de saber si estaba vivo o muerto, lo cual crispaba sus nervios. Además, el resto de sus compañeros parecían noqueados, y, por lo que les dijo Atenea, iban a tardar aún un buen rato en despertar. Mientras, Atenea aún le daba vueltas a que solo se habían llevado a William, pudiéndose haber llevado al resto de muchachos, quienes, a pesar de ser más débiles que el guardián de la oscuridad, eran bastante poderosos. Eso era algo que la turbaba y mucho, de lo cual se percató Aelita.

-Mamá, ¿que te pasa?- le preguntó ella. Atenea la miró- Nada, tranquila- respondió la mayor en un murmullo.

Aelita no se lo creía. Desde luego, ya sabía de donde le venía esa dificultad para mentir bien- Dime la verdad, anda- le pidió ella.

Atenea la miró de reojo- Es esa, y ahora, no preguntes más y ayuda a Jeremy. Parece que se está despertando- Aelita se dio la vuelta. Efectivamente, el chico se estaba intentando incorporar, pero Aelita le sujetó y le devolvió a tumbar.

Aprovechando eso, Atenea se levantó, y, silenciosamente, salió de la sala y fue directa a su habitación, donde estaban Cesar, Asmeya y Frank. Ella entró con la mirada en el suelo, como si fuera más interesante que las personas que había en el cuarto. Cesar estaba especialmente triste, ya que se echaba la culpa de que Ulrich fuera solo desde el comienzo y que los refuerzos no llegaran hasta horas más tarde. En definitiva, se echaba la culpa de la desaparición de William.

-Es mi culpa...- soltó en un murmullo. Asmeya le miró- No lo es. No sabíamos que iba a pasar- le replicó ella. Cesar no dijo más. Simplemente permanecía cabizbajo, seguramente lamentándose de lo ocurrido, supuso Atenea- No nos debemos recrear en la culpa, Cesar- le dijo Frank, levantándose. Este le miró- Ahora lo que debemos hacer es buscar una manera de recuperar a William, pero eso ya se hará mañana. Les diré a los chicos que se tomen el día libre- dijo, mientras salían- Pero papá, no podemos...- Asmeya paró cuando su padre se giró y la miro a los ojos- Ha sido un día duro para todos ellos. Tienen que reponerse física y mentalmente. Mañana estarán mejor para luchar- dijo simplemente. Tras eso, abrió la puerta y les comunicó la decisión al grupo, el cual, ayudándose entre ellos para caminar mejor, volvieron a Kadik.

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Electra estaba tumbada en la cama de su cuarto, observando las runas que decoraban su martillo, mientras simplemente recordaba cada mito escandinavo que su madre sol僘 contarle cuando era peque para dormir. Con todo el jaleo de los talismanes, recuperar las armas, etcetera, casi se hab僘 olvidado de que su madre hab僘 partido,junto al resto de profesores, hacia Asmara para intentar detener el aura oscura de Zeros y sus hermanos. No habían tenido noticias suyas desde antes de Navidad, y de eso ya han pasado un par de semanas. Una preocupación más en la que pensar, se dijo a si misma la chica. En momentos como ese deseaba ser más como las gemelas, Susan y Marin. Parecía que siempre tenían todo bajo control, que nada se les escapaba, y que tenían en todo momento un as bajo la manga, el cual sacaban en el momento indicado para la situación indicada. Ella notaba un aire de tranquilidad perpetua en ellas, lo cual era normal teniendo en cuenta que cada una tenía más de 200 años de vida, pero también tenían la muy característica curiosidad y alegría de la juventud, lo cual era verdaderamente chocante. Después estaba su compañera de cuarto, Aurora. Era una chica inteligente, no había duda, pero era también algo ingenua y tenía una excesiva facilidad para meterse en líos en el instituto, además, su actitud ligeramente sumisa le daban constates problemas. No es como si Aurora no se pudiera defender, si lo deseara podría barrer la ciudad del mapa en pocos minutos, pero era demasiado buena como para siquiera intentar matar una mosca. Precisamente la angelida estaba dormida abrazada a un peluche y con una sonrisa tonta en la cara. Seguramente estaba soñando con su casa y los animales fantásticos que a ella tanto le gustaban. Electra sonrió.

-¿Que debo hacer?- se preguntaba en voz baja, mientras jugaba con su martillo- Tal vez debería ir a buscarle yo sola...- siguió con su monologo.

Pero enseguida se quitó esa idea de la cabeza, ya se habían metido en líos, tanto ella como sus compañeros, por hacerse los héroes e ir en solitario a misiones peligrosas. Era algo irónico. Cada uno de ellos eran fuerzas de la naturaleza, pero no podían ir solos en las misiones por lo peligrosa de las mismas y por el poder de sus enemigos. Electra suspiró, estaba cansada de esperar tanto, quería enfrentarse contra sus enemigos ya y derrotarles de una vez. Y ahí tenía su oportunidad, la excusa perfecta, ir a salvar a William, y, de paso, salvar al mundo del inminente desastre. A cada rato se convencía más de la buena idea que había tenido, pero no sabía si llevarla a cabo, precisamente por miedo a liarla aún más, lo cual no parecía demasiado fácil. Decidió que era mejor idea pensarlo en la cama, por lo que se acostó también, y se durmió profundamente.

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Atenea estaba sentada en su sofá, con el libro en el regazo, mientras miraba al infinito, con sus pensamientos a años luz de distancia. Estaba pensando en William, el chico era un pilar muy importante en la misión, no ya solo por su poder, que era equivalente al de su hija Aelita, también porque era el único capaz de hacer que Electra controlara sus impulsos, lo cual era todo un logro que solo había conseguido antes su madre Helena. Tan metida estaba en sus pensamientos, que ni había oído a Frank entrar. No supo que estaba con ella hasta que el hombre la había rodeado por detrás en un abrazo. Ella se dejó, con los ojos cerrados, apoyando la cabeza en su pecho.

-Estas muy tensa, deberías irte a dar un baño- le dijo él. Atenea suspiró- No puedo dejar de pensar en eso...- le dijo ella. Frank negó- Ya te dije que no pensaras más en el tema. Ahora lo único que debes hacer es descansar un poco, llevas en pié casi desde el amanecer- le dijo Frank mientras la ayudaba a levantarse.

-¿Mañana me acompañas al mercado? La nevera está casi vacía y tengo que comprarle ropa a las niñas- dijo ella algo adormilada. Frank asintió- Claro, así te podrás despejar- le dijo él, mientras ambos iban al cuarto para acostarse.

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Al día siguiente, el grupo estaba reunido al frente de la maquina expendedora, en una reunión de suma importancia. Justo a la hora de despertar, Electra comunicó por el chat grupal, donde estaban todos los guardianes, que quería comunicarles algo importante.

-¿Que pasa, Electra?- preguntó Jeremy- Tengo una idea para rescatar a William. No se a vosotros, pero yo voy a rescatarle. ¿Quien viene conmigo?- dijo, mientras daba un paso adelante y colocaba la mano en el centro de un círculo imaginario. Sus amigos se miraron entre ellos, tenían dudas, pero Aurora ni se lo pensó casi, y se colocó junto a ella. Ella empezaba a fruncir el ceño, esperaba menos dudas y una respuesta unánime de ir todos y cada uno de ellos. Finalmente, Sam alargó la mano y la colocó encima de la de Electra y de Aurora. Ella sonrió agradecida.

-¿Alguien más?- preguntó ella. Jeremy negó- Electra, es normal que estés preocupada por él, pero...- ella le cortó con un grito- ¡PERO NADA!- gritó ella, agarrando a Sam y a Aurora del antebrazo y llevándoselas a rastras.

Yumi suspiró- Deberíamos ir con ellas, no nos podemos permitir más fallos- les dijo- Pero ¿sabe Electra a donde ir para buscarle?- preguntó Sissi.

-Ella no dijo nada, solo que tenía la idea- comentó Odd.

En ese momento, se decidieron, y fueron tras sus compañeras, aunque como se fueron muy deprisa tenían que seguir el rastro que dejaban sus energías, pero las localizaron cerca de la fábrica abandonada. Susan abrió un portal y les trasladó hasta la entrada de la fábrica. Las vieron en medio de la explanada, cerca del ascensor que bajaba hacia la sala del ordenador de Lyoko, sentada una frente a la otra, y con lo que parecía un papel en medio de ellas, el cual era constantemente señalado por la rubia, quien parecía estar usando ese papel para explicarle algo a Sam. Se les acercaron, aunque por el eco de sus pasos enseguida se giraron para ver quien era. Electra les miró visiblemente molesta.

-¡Ya era hora!- les espetó- ¿Sabías que vendríamos?- le preguntó Percy.

Electra asintió- Tenemos que ir a Asmara. Supongo que Aelita nos podrá guiar- les dijo Sam.

-¿Crees que Will está en Asmara?- le preguntó Herb. Electra asintió- Desde luego, creo que está en el castillo de tus padres Aelita, así que abrimos un portal en las celdas, le liberamos, y nos vamos- les explicó- Fácil, rápido, y sencillo- les dijo, mientras doblaba el papel y se lo metía en un bolsillo.

-No creo que sea tan sencillo, Electra- le comentó Marin- En cualquier caso, primero deberíamos...- lo que quiera que fuera a decir Patrick se quedó en el tintero cuando a Ulrich le llegó un mensaje vía gema de Atenea. Tenían que ir a cuidar de la casa.

-Joder, ¿justo ahora?- se quejó Electra a punto de entrar en el portal.

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Atenea y Frank iban de la mano por el centro comercial, el cargado como una mula con varias bolsas de comida y una bolsa con algo de ropa para ellos dos, y también para Asmeya y Cesar. Ya que habían ido al centro comercial esa mañana, también iban a ir a comer, y para no dejar la Hermita sin nadie en ella, decidió llamar a los chicos para que la vigilaran. Así ella podría tener un tiempo de calidad con Frank, el cual no había podido tener en un tiempo.

-¿Quieres que vayamos a ese de ahí?- le preguntó ella. Frank asintió- Sí, venga- dijo él, mientras se acercaban. Tras entrar y sentarse en una mesa para dos, les atendieron y pidieron para comer. Mientras hablaban, entraron más personas. Como era habitual, ambos se giraron a ver quienes eran, y se sorprendieron muchísimo. Era una chica idéntica a Aelita, con su mismo pelo rosa, aunque eran un poco más oscuro y sus mismos ojos verdes, en lo único que cambiaba era la ropa. Tenía una falda corta de color rosa oscuro, un suéter morado claro con una camiseta blanca debajo y zapatos marrones con medias blancas.

-Im... imposible...- murmuró Atenea, mientras observaba a la chica, el parecido era absoluto, solo su pelo se diferenciaba, el suyo era más oscuro, pero se notaba a la legua que era teñido. Frank la miró.

-Si es ella, yo... yo...- Frank se pasó las manos por la cara. Ella le acarició suavemente mientras miraba a la chica. Si eso era de verdad tinte de pelo, lo descubriría fácilmente. Con un gesto de la mano, y con algo de esfuerzo, ella llevó un hilo de agua por parte del pelo de la chica. Poco a poco, se pudo ver que bajo el tinte, se escondía un alegre color rosa como el suyo. Atenea no podía creerlo.

-Volvamos a casa, allí hablaremos con los chicos.

Ella asintió, así que recogieron sus cosas y se marcharon sin siquiera comer, lo cual sorprendió al dueño. Antes de irse, Atenea le hechó un último vistazo a la adolescente. Tras eso, se marcharon.

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Nada más llegar a la Hermita, los chicos vieron que el libro estaba abierto. Como los reyes no estaban allí, tuvo que ser Asmeya la que les tradujera lo que ponía en el libro.

-El talismán de la sabiduría está en la Gran Biblioteca- leyó Asmeya. El grupo se miró entre ellos.

-¿Gran Biblioteca?- dijo Sissi- Pues no habrá grandes bibliotecas en el mundo...- se quejó Susan.

Entonce, todos se pusieron a rebuscar en los libros acerca de grandes bibliotecas. Jeremy encontró uno que parecía interesante, y lo revisó. En ese momento, se dio cuenta de lo que estaban buscando.

-¡Chicos, ya lo tengo!- les dijo alegre. Ellos le miraron- ¿Y bien?- preguntó Aelita.

-A la biblioteca de Alejandria- dijo este, mostrandoles una imagen.

Ellos asintieron, y, tras abrir un portal, entraron al mismo, no sin antes dejar una nota de aviso por si los padres de Aelita volvían antes de lo esperado.

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Los chicos aparecieron en las inmediaciones de la biblioteca, al lado de un muro. Nada má salir, sus ropas, como era la costumbre, cambiaron. Ellas tenían una falda que llegaba hasta el muslo, con una diadema con los colores que les correspondía, y una tela que les tapaba el pecho y la parte alta del estomago, aunque dejaban una parte del estomago, la zona del ombligo, al aire. En cuanto a los chicos, tenían esa misma falda pero en ellos había una linea de sus respectivos colores y por tanto no tenían diadema. No tenían nada en la zona del pecho, por lo que estaba al aire, y con una decoración de color blanco y con dibujos del color que les correspondía. La única que no tenía una ropa diferente era Noelia, que aun tenía su ropa de cuando llegó de Pompeya.

-Uff...- dijo ella, ligeramente mareada. Patrick se rió- Tranquila, es normal- le dijo él. Ella asintió contenta y decidió salir de las sombras en las que estaban.

-Siempre he querido ver como son otras ciudades del imperio, solo he vivído en Pompeya- dijo ella, mientras el resto salían.

Se fijaron en que debían estar en la zona rica de la ciudad, ya que las casas de las cercanías tenían partes de piedra, con pequeñas verjas de madera rodeandolas y plantas en los jardines. Era realmente hermoso.

-No os dejéis engañar, la zona obrera de la ciudad esta hecha una ruina- dijo Yumi- ¿Como lo sabes?- preguntó Percy- Me lo imagino, además, fuimos una vez de viaje a Egipto y nos lo explicaron- le respondió ella.

-En fin, ese edificio de allí debe ser la bilbioteca, es allí a donde debemos ir hoy- les dijo Aelita, mientras se acercaban a la puerta, tras lo cual, entraron.

Si le hubieran dado un céntimo cada vez que Jeremy, Herb, las gemelas y Aelita susurraban asombrados "!guau, mira esto!", Odd ya tendría para invitar a todos al cine comprando palomitas y refresco. Tenía que reconocer que la biblioteca era impresionante, el suelo era de mármol pulido con dibujos hechos a base de piedras de diferentes colores, conformando de esa manera hermosos dibujos que nada tenían que envidiar a los hermosos grabados de los romanos. Grandes columnas de mármol sostenían el techo de piedra, las cuales tenían enredaderas que crecían siguiendo la circunferencia de las columnas. Grandes estanterías de madera se erguían hasta los tres metros de altura rellenas de papiros de todas las lenguas vivas de la época, con números en lo alto de cada estanterías.

-Esta biblioteca es increíble, he estado en lugares majestuosos, pero esto no se queda atrás, se nota que era el centro del conocimiento humano en la era antigua- dijo Electra- Incluso los jardines y palacios de Asgard sentirían envidia- afirmó Sam.

-¿Tu crees?- le preguntó con curiosidad Aurora- Desde luego, esto lo hicieron simples humanos, no seres mitológicos- respondió Electra.

Susan y Marin estaban en ese momento apoyadas en la mesa de la recepcionista, haciéndole preguntas sobre el modo de catalogación de los libros. Según le habían explicado, en lo alto de las estanterías había un número romano, y cada número tenía asignado un tipo de pergamino, y, además, tenía un subindice donde podías encontrar el pergamino que querías. La chica era joven, de unos veinte años, de pelo oscuro y ojos de color marrón, y con la piel ligeramente oscura.

-¿Alguna pregunta más, chicas?- les dijo la chica. Ellas se miraron- No, no realmente, muchas gracias- le dijo Susan.

La chica asintió y se dirigió a una sala trasera del mostrador. Las gemelas, entonces, se acercaron al resto del grupo.

-¿Habéis descubierto algo?- les preguntó Patrick- Aparte de como se catalogan los libros no- le respondió Marin algo triste.

Decidieron que darían vueltas a la biblioteca a ver si lograban alguna cosa, así que se dividieron en dos grupos, cada uno de ocho, para poder abarcar más espacio. En un grupo fueron Jeremy, Aelita, Odd, Sam, Susan, Patrick, Nico y Aurora. En el otro fueron el resto.

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Al mismo tiempo, en la plaza donde estaba la biblioteca, una cohorte de legionarios romanos, toos ellos perfectamente armados con sus armaduras de acero, pilumy su gran escudo con dos rayos cruzados y de color rojo. A su lado, un par de centuriones iban a caballo, también con todo su uniforme en perfecto orden. Todos se pusieron firmes cuando apareció un personaje también a caballo, con una toga blanca de seda, con una corona de laurel en su pelo cano, con una mirada afilada color oscuro, nariz aguileña, y piel blanca. Alzo la mano, y, enseguida, el resto de romanos hizo lo mismo.

-¡Ave, Cesar!- dijeron estos, y el aludido bajo la mano y se acercó a un general.

-Centurión, quiero que la busques y me la traigas cuanto antes a mi galera en el puerto. Tráemela y te recompensaré, y quema la ciudad entera de ser necesario. Cleopatra no debe irse- le dijo, tras lo cual, espoleó al caballo y se marchó a toda velocidad.

El centurión, con una orden de la mano, mando a los soldados a buscar por todas partes. Una pequeña parte, de unos cinco soldados, entró a la biblioteca y se pusieron a buscar por todos los rincones, haciendo, obviamente, mucho ruido en el proceso, y, por tanto, llamando la atención de la chica del mostrador, que enseguida salió a ver que pasa. En cuanto vio a los soldados, se asustó, se agachó, y se fue alejando de ellos, usando las estanterías para cubrirse. Mientras iba a gatas, no vio que se chocaba con un chico. Ese chico, era Herb. Este le miró sorprendido pues ni la había visto. El chico iba a decir algo, pero ella le hizo un gesto con la mano para que se callara y se agachara. Una vez que Herb se puso a su altura, la miró.

-¿Que pasa?- le preguntó en un susurro. Ella parecía agitada- Es largo de explicar, pero me tengo que ir sin que los soldados me vean- le respondió.

-¿Que soldados?- preguntó Herb algo confundido. Ella suspiró y simplemente siguió adelante, seguida de Herb, quien sentía la obligación de ir tras ella. Avisó al resto del grupo para que todos fueran juntos, tras lo cual, la siguió.

-¡Por que te persiguen esos soldados?- le preguntó Herb, mientras se aseguraban que podían pasar por una intersección de la biblioteca. Ella no respondió hasta que estuvieron de nuevo a salvo.

-Soy algo así como una fugada- le explicó ella- ¿Y de donde te has fugado?- le preguntó de nuevo.

-De un sitio- le respondió ella. Herb entendió que prefería no hablar del tema.

Aún así, el notaba que ella no era mala persona, pero algo le descuadraba. Si se había fugado de un sitio, no era por ser esclava, ya que su piel ni manos estaba curtidas, al contrario, eran suaves, por lo que debía ser hija de alguien importante. Una niña rica que quería vivir su vida fuera de los muros de casa, supuso. En parte le alegró, pero había algo que tampoco era normal. Ella no parecía una niña mimada, era decidida, segura de si misma. Le recordaba en parte a Atenea en ese aspecto, además, su rostro le era familiar. Herb negó con fuerza, se tenía que quitar esas absurdas ideas de la cabeza. Tras cinco minutos de gatear por los pasillos de la biblioteca, se encontraron con el resto de miembros del grupo, lo cual parecía que molestaba algo a la misteriosa chica, ya que quería pasar desapercibida. Tras cruzar toda la biblioteca, llegaron a una puerta trasera por la que salieron, y llegaron a la calle.

-¡¿Quien eres y que pasa aquí?!- le espetó Electra. La chica les miró con ojos serios, mirándoles a cada uno hasta el alma- Ten algo más de respeto por una reina, niña- le dijo, mientras se alejaba por la calle.

-Déjame adivinar. Cleopatra- se aventuró a decir Herb. Esta se giró, con una ligera sonrisa- Muy bien, eres un chico listo. ¿Que más sabes?- ´le preguntó.

-Roma quiere tener bajo su dominio a Egipto, y que mejor que un matrimonio para lograrlo- siguió el chico. Ella asintió triste- Y Cesar es ahora mismo el hombre más poderoso de Roma- acabó Herb.

-Por eso huyes. Para que tanto tú como tu pueblo seáis libres- entendió Sissi.

-Exacto. Y tal parece que me queréis ayudar...- les dijo. Ellos asintieron sonrientes- Es nuestro pan de cada día- bromeó Odd.

Entonces, oyeron ruidos metálicos acercarse. Eran los soldados romano, dedujeron ellos, así que salieron escopeteados hacia ninguno sabía donde ya que era Cleopatra la que les guiaba por las calles. Corrieron hasta que dejaron de oír a los soldados, y en ese momento, siguieron andando. En ese momento se dieron cuenta de que, al contrario de lo que aparentaba por la seguridad por la que iba, la reina egipcia no tenía ni idea de por donde iba. Al rato se paró, se rasco la cabeza, suspiró, y se giró.

-¿Os habéis fijado por donde hemos ido?- les preguntó con una sonrisa nerviosa. Ellos suspiraron, estaban oficialmente perdidos. Podían usar sus portales, pero eso sería muy largo de explicar y dudaban que una mujer como Cleopatra pensara que ellos eran dioses, pensaría en todo caso que son magos. Tuvieron, por tanto, que usar el método tradicional, así que fueron a pié. Estuvieron cerca de una hora para volver, y, en varias ocasiones, estuvieron a punto de pillarles los soldados romanos varias veces. Tras esa, hora, volvieron a la plaza de la biblioteca.

-Bueno, Cleopatra, sabe por donde se va esta vez?- preguntó Noelia. Esta dudaba, no parecía muy segura, además, parecía estar cansada, tenía perlas de sudor en toda la frente. Se notaba que no estaba acostumbrada a hacer tanto ejercicio físico. En ese momento, y por sorpresa para todos, varias filas de soldados romanos estaban parados en cada una de las salidas de la puerta. Estaban atrapados.

-Al fin te encuentro, mi reina- dijo alguien, y en ese preciso instante Cleopatra frunció el ceño, parecía que reconocía esa voz- Julio...- dijo con un gruñido de enfado.

Los chicos vieron aparecer a un hombre a caballo, el mismo de pelo cano que estaba en esa plaza hace poco más de una hora.

-Es un placer verte de nuevo, querida- le dijo este, bajando del caballo, agarrando su mano, pero ella la echó para atrás con un hombre joven pero tenía el a, dándole incluso un bofetón en la cara. El grupo contuvo la respiración, y algunos soldados sacaron incluso la espada, pero sus centuriones les pararon con un gesto de la mano. Cesar se rió, no parecía enfadado.

-Vaya, sigues teniendo ese fuerte carácter, florecilla del Nilo- le dijo este, mientras bajaba la cara y se masajeaba la mejilla golpeada- Pegas fuerte, por cierto- le dijo, mientras se alzaba de nuevo.

-Me cae bien...- susurró Electra con una sonrisilla al oído de Aurora, esta asintió.

-Hmmm... ¿Que debería hacer?- se preguntó en voz alta Cesar. En ese momento, apareció un hombre de pelo color gris y ojos oscuros, pero tenía el aspecto de la veintena, por lo que ese era su color de nacimiento de pelo. Los chicos se estremecieron, ese hombre tenía un aura oscura inmensa rodeándole.

-¿Tu que crees, lito?- le preguntó. Este se inclinó respetuosamente- Creo, mi señor, que la joven Cleopatra debería ir a palacio contigo, mientras esos jóvenes- dijo, mirando al grupo- Deberían acabar pudriéndose en las celdas de palacio, por ayudar a un fugitivo a intentar huir del poder de Roma- el grupo notó que Lito infundía poder a sus palabras, como si quisiera manipular a Cesar, y este, claro está, calló bajo su influjo sin oponer resistencia. Pero algo pasó que sorprendió todos, incluso al propio Lito.

-¿Que le parece, o noble Cesar, que esos chicos se ganen la libertad en un juego?- le preguntó Cleopatra, mientras le miraba a los ojos y ponía su mejor sonrisa. Este miró a la joven- Continua, por favor- le pidió.

-Será un juego de astucia e inteligencia. Tendrán que derrotarme a mí, a la reina Cleopatra, al ajedrez. Si me ganan, serán libres. Si pierden, serán pasto de los cocodrilos. ¿Que me dices, noble Cesar?- le preguntó.

Este sonrió- Eres astuta, Cleopatra, pero yo lo soy más. Se de sobra que te dejarás ganar. Por eso he pensado en algo mejor. La prueba será en Creta. Allí se probará si ellos realmente merecen vivir, y si mueren, el mismo Plutón será el que les juzgue. Vamos, Lito, vayamos a mi galera- le dijo. Este sonrió, ya sabía a donde irían.

Cleopatra bajó la cabeza, y se puso al lado de Cesar, parecía triste. Mientras avanzaban hacia el puerto, y rodeados de soldados de Roma, los chicos cuchicheaban sobre cual podría ser la prueba.

-A lo mejor tenemos que ganar en los juegos cretenses, los predecesores de los famosos juegos Olímpicos- dijo Herb.

Ellos asintieron, tenía sentido, pero las risas de algunos soldados les hicieron ver que estaban equivocados- Un momento, ¿que había importante en Creta...?- pensaba Percy.

-El minotauro...- susurró asustado Jeremy, al entender- Oh, dios...- gimió asustado Patrick.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright