Código: Guardianes

Capitulo 46

El grupo entero, liderados por Cesar y Lito, avanzó en silencio a través de las calles de Alejandría, el silencio solo era roto por los sonidos de los cascos de los caballos y por el tintineo metálico de las espadas contra las perneras de los soldados romanos. Delante de ellos, Cleopatra se lamentaba de meter a los chicos en ese lío, ya que ahora, en breve, tendrían que enfrentarse al temible minotauro en el laberinto más complejo de la historia, obra de Dédalo.

-Cesar, por favor, reconsidélalo- le pedía ella. Cesar solo sonreía- Mi reina, esos chicos son fuertes, el minotauro no podrá con ellos- le dijo Lito, mientras la miraba. Ella frunció el ceño.

-Tu calla, no tienes poder aquí- le recriminó ella. Lito se rió en bajo- Claro, mi reina. Disculpe mi osadía- le pidió.

Mientras, por detrás, los chicos se miraban con preocupación. Se habían enfrentado a cosas peores que un minotauro, y estaba claro que, si les estaban mandando a luchar contra ese ser era por que había gato encerrado. A eso suma que el laberinto tenía fama de ser imposible de superar. Por eso, con todas esas preocupaciones en la cabeza, no se enteraron de que habían llegado al puerto hasta que Percy, el que iba más adelante, chocó contra la espalda de uno de los soldados. Entonces vieron la galera que les iba a llevar a la isla de Creta. Era larga, de unos 12 metros de largo, con una veintena de hileras de cuatro remos puestos uno encima de lado, dando, por tanto, ochenta remos por lados. La cubierta era alta, conformada por madera, en la cual había varios toneles con, seguramente, agua y comida para ese día, estando el resto, seguramente, en una bodega. En el centro de la nave se alzaba un mástil ancho como un árbol, con una enrome vela cuadrada con el escudo de roma en el centro, y, en la parte trasera del barco, se elevaba lo que parecía la cola de un dragón, estando la cabeza del mismo en la parte delantera, formando el cuerpo del dragón el propio barco.

-El viaje durará varios días, si el dios Neptuno es clemente, claro- dijo Cesar, subiendo al barco aun montado en el caballo, y, a su vera, Cleopatra.

Tras eso, subieron el resto de los soldados romanos, primero los centuriones, y después los legionarios, quedándose varios guardando a los chicos. Los últimos en subir fueron los chicos, quienes fueron encadenados y llevados a la parte baja del barco. Una vez estaban todos a bordo, partieron.

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Una vez que bajaron unas escaleras, los chicos fueron llevados a los remos del barco, y les encadenaron a los mismos. Enseguida entendieron que era lo que querían, querían que remaran hasta Creta, y, por lo que parecía, ellos solos, ya que no había ni un solo remero colocado en su sitio. Les colocaron uno por remo, pero sin formar parejas, de tal manera que la mitad de ellos estaban en un lado del barco, y la otra mitad en la otra, e intercalándose chico y chica. Delante de ellos había un hombre alto, rapado, piel curtida por el sol y ojos fieros, con un tambor delante, y un par de mazas en las manos.

-!A ver niñatos!- les gritó- !Cada vez que yo golpeé este tambor, vosotros moveréis los remos, Y, por Júpiter Invictus, hacedlo bien!- les dijo mientras se sentaba y empezaba a golpear el tambor a un ritmo constante.

Ellos enseguida empezaron a mover los remos, los cuales pesaban como tierra, no ya solo por ser de madera maciza, también por el agua del mar, la cual usó Jeremy para impulsar el barco y así poder ir mejor. Así que era el agua la que movía el barco y no ellos con los remos, lo cual, incluso para ellos, hubiera sido demasiado esfuerzo y hubieran caído agotados a la noche. Al llegar esta, Cesar bajó a ver como les iba, acompañado por Cleopatra.

-Sois fuertes, estáis llevando una nave de este tamaño a buena velocidad y sin apenas sudar, es como si una fuerza os ayudara- dijo, con curiosidad- ¿Quienes sois?- preguntó.

-Nadie importante- dijo Sam, siguiendo con el movimiento de remo por inercia. Con un movimiento, Cesar ordenó que el tío del tambor parara para escuchar mejor.

-Nadie importante ya se hubiera dejado caer sin aire en el suelo de tener que hacer lo que vosotros habéis hecho. Un remero medio ya estaría tosiendo sin aliento. Ahora decidme la verdad- les exigió.

Susan le miró a los ojos directamente, intentaría influir en él, pero antes de que pudiera hacer nada, oyeron gritos fuera. Un centurión bajó hasta donde estaban ellos algo exhaltado- ¿Que pasa centurión?- le preguntó Cesar alzando la mano.

-¡Tierra señor, divisamos tierra hacia el norte!- dijo. Cesar frunció el ceño- ¿Cuales tierras?- preguntó

-No se lo va a creer señor pero es... es Creta señor- dijo el centurión dejándola pasar- ¡Eso es imposible!- gritó Cesar subiendo a cubierta.

Cleopatra les miró de soslayo con una sonrisa- ¿Habéis sido vosotros?- les preguntó. Ellos negaron.

Ella suspiró- Yo no creo en los dioses de mi pueblo, ni en los dioses romanos, ni en ningún otro dios. Yo solo creo en mi misma, eso me dio fuerzas desde que era una cría para seguir adelante. Apenas confió en mi sombra, pero vosotros... vosotros tenéis algo especial. Hace años escuché la historia de unos guerreros que eran capaces de hacer cosas asombrosas, se llamaban guardianes- dijo ella, mientras se apoyaba en la pared.

-Lo más increíble de ellos no eran sus poderes, sino su humanidad, transmitían una confianza al resto comparable a la que te transmite un mejor amigo- siguió, mientras poco a poco los chicos se sentían cazados.

-Y yo siento esa confianza hacia vosotros, así que, guardianes de Asmara, no me falléis- les dijo, tras lo cual, salió de allí.

Ellos se miraron impresionados, pero antes de que nadie pudiera hablar, unos soldados aparecieron y les llevaron a cubierta, donde les esperaban toda la tripulación. Cesar señaló a la isla. En ella, se veía una alta muralla, y, a los pies de la misma, unos grandes acantilados con las olas del mar golpeando su base.

-Ese de ahí es el laberinto. Os llevaremos a la costa, donde os dejaremos a las puertas del laberinto. Tendréis que llegar al otro lado del laberinto, donde os esperaremos nosotros. Si, por algún milagro divino, lográis salir, os concederé la libertad- les dijo, tras lo cual, el barco llegó al puerto en pocos minutos.

Una vez que desembarcaron, en orden inverso al de embarque, los soldados romanos hicieron un pasillo el cual terminaba en la entrada al laberinto. Esta entrada era bastante grande, hecha de madera con remaches de hierro y dos toros bravos esculpidos en la madera uno enfrente del otro. Desde ahí se podía oler un aroma intenso a animal, mezclado con sangre, sudor, y a muerto, una mezcla explosiva que ya les mareaba un poco aún estando fuera del laberinto. Cesar se rió de la suerte de los chicos y se iba a marchar, pero Lito le paró.

-Mi señor, creo que también sería muy divertido saber si la hermosa Cleopatra es tan lista como se asegura, ¿no cree?- le preguntó. Cesar se atusó la barbilla- ¿Que me propones, Lito?- le preguntó con curiosidad. Este sonrió- ¿Y si ella también entrara al laberinto, mi señor?- le preguntó.

Cleopatra abrió mucho los ojos, eso era la muerte asegurada para ella, Cesar no podía aceptar, además, era seguro que no lo haría. Pero contra todo pronostico, Cesar aceptó- Bien, tienes razón lito, así será mas divertido- dijo, mientras Lito se reía por dentro y los soldados colocaban a la reina junto al grupo. Ella no paraba de insultarles de todas las formas posibles, aunque Cesar ni e inmutó. Tras eso, y como no podían ir a ningún otro lugar pues había soldados romanos custodiando la entrada, el grupo se vio obligado a entrar en el letal laberinto, donde no tenían ni idea de las trampas que les esperaban.

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Nada más entrar el último de ellos, Noelia para ser más exactos, las puertas se cerraron desde fuera, impidiendo la entrada. Además, cuando intentaron iluminar la sala con el fuego de Ulrich, este no apareció en la mano del chico, o cuando Aurora intentó levantar una ventolera para limpiar el aire del laberinto nada pasó. Era evidente que habían perdido los poderes por la magia del laberinto. Allí ya no eran los guardianes, eran solo unos adolescentes, un par de señoras del tiempo, una angelida, una chica con atributo ¡s de gato, y la reina Cleopatra. Por primera vez en meses, se sentían indefensos, pero tenían que mantenerse en alto para pasar aquella prueba.

-Bien, como el único camino va por allá, tendremos que seguirlo- sugirió Jeremy, y eso hicieron. A los pocos metros, el camino se empezaba a bifurcar, y en cada bifurcación, se hacían posibles otras tantas rutas, las cuales algunas, como pudieron acabar comprobando, les devolvían al centro, y otras tantas acababan en callejones sin salida.

Acabaron descubriendo también otra peculiaridad de aquel laberinto: paredes móviles. Justo cuando ya se iban a dar la vuelta por haber encontrado el noveno callejón sin salida, de la pared de la derecha surgió de repente un pasillo entero el cual les tapaba ese camino, pero les permitía pasar por el camino que antes estaba tapado. Eso desbarajustó todos sus posibles mapas mentales, los cuales demostraron sr inútiles frente al cambiante laberinto. Ni siquiera las gemelas, quienes por su naturaleza de señoras del tiempo tienen unas capacidades sensoriales superiores a las del resto, eran capaces de guiarse por ese laberinto, lo cual eran muy malas noticias. Además, conforme avanzaban, notaban como el hedor iba a mas, así como su nerviosismo.

-¿Cuanto llevamos aquí, chicos?- preguntó de repente Electra- Ni idea. ¿Horas, tal vez?- supuso Noelia.

-Deberíamos parar y descansar un rato. Así aprovechamos y también nos logramos situar finalmente- propuso Cleopatra.

Ellos aceptaron, estaban cansados de aquello, no tanto físico como mental, ya que aquel laberinto era realmente complicado. Una vez que se sentaron, se apoyaron en las paredes, colocándose la mitad en el lado de la derecha y la otra mitad en la izquierda. Suspiraron.

-¿Alguno se ha fijado por donde hemos ido?- preguntó Marin- A partir del segundo cambio de posición de los pasillos me he perdido...- comentó Jeremy.

-!Ojala pudiera alzar el vuelo y guiaros!- gritó Aurora enfadada- Entre que las paredes son demasiado estrechas y la parte alta de estas tienen zarzas, me es imposible- siguió ella.

En ese momento, oyeron un mugido lejano. Se miraron asustados, podían escuchar perfectamente como el minotauro se acercaba hacia ellos. Se levantaron- Mierda, aquí viene- gimió Herb.

Decidieron que su mejor opción era huir, así que eso hicieron. Corrían desesperadamente por los pasillos, maldiciendo cada vez que encontraban un pasillo sin salida. Pero cada vez que salían de ese callejón, podían escuchar acercarse más al minotauro, poniéndoles aún más nerviosos si cabe. Llego un momento en el que llegaron a una plazoleta con varias salidas, en cuyo centro había una estatua de un toro hecha de bronce, con marmol blanco como suelo. En las paredes había pinturas mitológicas.

-¿Por cual va...?- lo que iba a decir Nicolás fue cortado por un potente mugido, el cual sonaba a pocos metros. Se giraron y vieron al minotaruo. Era alto, de más de dos metros de alto, con pelo marrón en todo el cuerpo, con pezuñas negras en los pies, tenía piernas cortas pero robustas, con brazos largos y musculosos, grandes manos, y un largo rabo. Su cabeza era de gran tamaño, con ojos fulgurantes, largos cuernos que nacían de los lados de la frente y que miraban al frente, y boca muy parecida a la de una vaca, pero en vez de tener solo muelas, tenía un par de caninos. Tenía un colgante, este era de plata, tenía inscrito en el un tridente, y tintineaba cada vez que el minotauro se movía.

El grupo no sabía como reaccionar, de tener sus poderes se podrían defender sin problemas, pero ahora no contaban con eso, tendrían que usar la astucia. Antes de que pudieran reaccionar, el minotaruo cargó contra ellos, aunque lograron esquivarle por muy poco.

-!Tenemos que pensar en algo para derribarle!- gritó Odd, mientras corría al lado de la pared, alejándose del minotauro, quien intentaba empitonar a Jeremy, aunque por suerte para él, logro evadírle yendo justo por debajo de él.

Pocos segundos después, la que estaba en problemas era Aelita. Ella estaba encaramada a una de las paredes ya que esta tenía un saliente, pero se estaba resbalando y el minotauro estaba justo debajo de ella. Sus compañeros miraban impotentes, no podían hacer nada. Mientras miraba sin saber que hacer, Jeremy se dió cuenta de una cosa: el minotauro estaba hiperventilando. Eso era raro, era un monstruo muy musculoso, suponía que debía tener una buena forma física.

-Chicos, creo que nuestro amigo está cansado, fijaos- les dijo. Ellos hicieron lo que el dijo- Es verdad, está respirando con demasiada frecuencia- afirmó Ulrich.

Entonces, Jeremy empezó a pensar con mayor tranquilidad. Observó su entorno: se fijo en cosas que no había visto antes, como que las paredes ahí no tenían zarzañes, y que había un par de esqueletos con armadura tirados a un lado, teniendo uno de ellos una espada en la mano. El chico sonrió, tenía un plan.

-!Chicos, cubridme por favor!- les pidió. Ellos le miraron- ¿En que has pensado, tío?- le preguntó Patrick.

-Vosotros haced eso, por favor- les pidió. Sus compañeros asintieron, decidieron hacerle caso. Saltaron al suelo y llamaron al minotauro.

-!EHHH, BICHO FEO!- le gritó Odd. El minotauro se giró bufando- !VEN A POR MI~!- le grito sugerente.

Dicho y hecho, el ser mitológico se lanzó a por el. Jeremy se rió por lo bajo, Odd siempre era el primero en hacer esas cosas. Aprovechando que sus amigos estaban entreteniendo al minotauro, él se acercó a uno de los cadáveres, y cogió una de las armas. También vió que de reojo uno de ellos tenía un tridente, así que también lo cogió, mejor tener dos armas que una pensó.

-!Percy, toma la espada!- le pidió, lanzándosela. El la agarró del mango con algo de sorpresa, pero se preparó para un posible ataque.

Fue entonces que Percy sustituyó a Nicolás en estar cara a cara contra el ser mitológico. Tras pegar un grito, Percy e lanzó, espada en ristre, contra el minotauro, el cual también cargó contra él. Percy le hizo dos largos tajos en las piernas que lograron tirar a la criatura, pero, justo cuando iba a rematarle, el minotauro se levantó de golpe y le dio un potente golpe en el torso, tirandole.

-!PERCY!- gritaron a la vez Sam y Aurora con preocupación. Entonces, oyeron una fuerte risa.

-!A este ritmo no vais a vencer a mi minotauro!- oyeron a la voz hablar- Lito...- siseó furiosa Cleopatra, mirando a todos lados. Entonces, el personaje apareció en una de las esquinas de la plaza, apoyándose con las piernas cruzadas en la pared. Tena una ligera sonrisa en la cara, se divertía viéndoles sufrir.

-Osea que tu has sido el causante de que aquí no pudiéramos usar nuestros poderes- dijo seria Aelita, mientras Percy aún se debatía en un duelo contra el minotauro.

-Así es, toda esta parafernalia ha sido cosa mía. Aquí ninguno de vosotros tiene poderes, estáis indefensos, que fácil sería mataros...- dijo pensativo Lito. Ellos se estremecieron, sa era una verdad total, Lito tenía en su mano la vida de todos.

-Pero no lo haré. Aún sois necesarios...- dijo, mientras se les acercaba. Ellos querían retroceder, ya se habían olvidado del minotauro, el cual aún estaba en su lucha particular contra Percy.

-!Hagas lo que hagas hazlo ya, maldita sea!- gritó este ya empezando a sudar, el minotauro sería lento, pero si le golpeaba de nuevo le partiría alguna costilla y eso no le interesaba.

Lito se rió sonoramente, desapareció entre sombras, y apareció de nuevo justo delante de Sam, a la cual agarro del antebrazo, y se la llevó con él a las sombras.

-!NO!- gritó Percy viendo de reojo como se llevaban a su hermana, eso le hizo desconcentrarse, y ser golpeado por ende por su adversario, tirándole al suelo a varios metros de distancia, notando un severo dolor en las costillas, alguna se había roto supuso.

El minotauro se lanzó entonces contra Jeremy, el cual solo tuvo que poner el filo del tridente justo delante suya, y la fuerza de la gravedad hizo el resto: el tridente se enterró hasta el fondo en el pecho del minotauro, quien mugió de dolor, agarrando el mango del arma con las manos temblando, intentando quitárselo pero si éxito. Tras eso, estalló en volutas de humo negro, desapareciendo del todo, y cayendo unas pocas gotas de su sangre por el mango, que acabaron desapareciendo en el aire pocos segundos después.

Nadie celebró esa victoria, estaban demasiado tristes por la desaparición de Sam, así que solo se reunieron, y, en silencio, se dirigieron hacia uno de los caminos por los cuales, esperaban al menos, lograrían encontrar la salida.

Así pasaron varios minutos hasta que Electra estalló.

-!PRIMERO WILL Y AHORA SAM, ¿!QUIEN SERÁ EL SIGUIENTE!?- gritó furiosa, provocando que sus compañeros saltaran asustados.

-Electra, tía, tienes que...- la aludida miró furiosa a Aurora, quien, por primera vez, miraba con miedo a su mejor amiga.

-Les recuperaremos, no lo dudes, pero primero tenemos que salir de aquí, y me temo que hasta que no encontremos las puertas de salida, podremos hacerlo- le explicó Jeremy.

Era increíble como Jeremy era capaz de transmitir esa tranquilidad, era como el propio mar que él gobernaba. Era capaz incluso de tranquilizar a Electra cuando esta estaba furiosa como en ese momento, y, junto a él, solo William puede hacer ese milagro. Electra contuvo más gritos, Jeremy tenía razón, no era buena idea desesperarse, lo que había que hacer era encontrar una solución para su problema. La cuestión es, ¿cómo salir de un laberinto el cual cambiaba a cada rato? Esa era una pregunta a la que ninguno había logrado encontrar respuesta alguna. Dicho eso, siguieron andando para dar con la salida, pero, aun después de andar durante horas, no daban con la salida.

Algunos de ellos estaban ya con ganas de romper cosas, intentando romper las paredes a puñetazos, pero nada servía. Aquel laberinto era impenetrable. En ese momento estaban sentados, haciendo un circulo, justo en el centro de la plaza donde habían luchado contra el minotauro, estaban agotados y algunos dormían y los otros hacían grandes esfuerzos por no cerrar los parpados pero el esfuerzo que habían hecho era enorme y se dejaron llevar. La única que no dormía era Cleopatra, la cual estaba bastante intrigada con un hecho que al resto le había pasado inadvertido pero a ella no, ¿que era ese colgante que llevaba el minotauro? Suponía que algo importante si era protegido por ese ser, y noto que no había desaparecido junto al minotauro, así que, ya que estaba allí, se dedió a buscarlo. Lo encontró tirado junto a la estatua del toro, y lo cogió.

-Que bonito...- comentó, mirándolo. Tenia letras griegas en el borde del mismo, escritas estas en oro, con el tridente bellamente cincelado en el colgante y olas pintadas detrás del mismo. Cleopatra se fijo en que tenía lo que parecían botones en las partes de las letras, aunque apenas se notaba. Pasó los dedos por encima de uno, y, de repente, los pasillos se movieron hasta colocarse en su posición. Una idea iluminó la mente de Cleopatra.

-!Pues claro, así fue capaz de moverse tan deprisa por el laberinto!- gritó ella, alegre- Pero si tenía esto, ¿como no ha escapado?- se preguntó ella.

Decidió no pensar en eso y despertó a los chicos para explicarles su hallazgo. Enseguida, Susan y Marin agarraron el colgante y lo estuvieron analizando un buen rato para saber que ponía. A los pocos minutos terminaron- Este colgante da instrucciones muy precisas de como se puede cambiar el laberinto, es bastante complicado, supongo que ese minotauro lo aprendió a usar por casualidad. Y ahora, salgamos de aqui- dijo Marin, tras lo cual, usó el colgante, el cual se iluminó unos segundos.

Inmediatamente, las paredes empezaron a moverse y a crear un pasillo largo como un campo de fútbol, y, al final del mismo, ahí estaba la puerta que tanto tiempo habían buscado. También notaron como sus poderes habían vuelto, lo cual les alegró más aún, y, corriendo por el largo pasillo, fueron hasta la puerta. Lo único que les paró fue una fuerte luz detrás suya, la cual rodeaba a Cleopatra, esta luz era color azul y destelleaba en su pecho. Una vez que esa luz se fue, Cleopatra tenía un colgante rodeando su cuello. Este tenía un búho con las alas desplegadas esculpido en el mismo con la forma de la figura en oro, y con la boca abierta. Era hermoso, pensó.

-Al fin tenemos el talismán pero...- dijo Jeremy triste mientras Cleopatra se lo daba. Ella asintió- Estoy segura que sabréis como localizar a vuestros amigos- les dijo ella, mientras se dirigía a la puerta -¿Que le digo a Cesar?- les preguntó, mientras Susan abría un portal.

-Que huimos. Es lo más lógico- le propuso Aelita. Cleopatra asintió- Gracias por la ayuda- les dijo, mientras les abrazaba.

Tras eso, volvieron a su época, sin saber muy bien como explicar lo que le paso a Sam a la reina.

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Un par de horas más tarde de volver de la comida en el restaurante, Atenea y Frank vieron como los chicos volvían de su aventura. Antes de que ninguno de ellos pudiera empezar a explicarles lo que pasó, Atenea se adelantó.

-¿Y Sam?- les preguntó con miedo. Ellos se miraron y fue Aurora quien le explicó lo sucedido.

Mientras ella explicaba lo que pasó, Atenea se iba poniendo cada vez más blanca, y en pocos minutos pareció envejecer años. Cuando Aurora terminó, Aelita la miró preocupada- ¿Estas bien, mama?- le preguntó.

Ella negó- Hija, hay algo que debes saber- le dijo, mientras la myor cogía su libro- Frank, llama a Asmeya y a Cesar, ella también debe saberlo- le pidió. Frank, entendiendo, hizo eso, y, a la media hora, aparecieron ambos jovenes, y, por un gesto de Atenea, se sentaron en el salón. Atenea suspiró, y se colcó el libro en el regazo.

-Veréis, en este libro mio aparece toda la información de la guerra contra Zeros. Pero como sabéis, esta aventura nos ha dado muchas sorpresas a lo largo del viaje, unas más agradables que otras- dijo, mientras empezaba a dar vueltas por la sala.

-Pero hay ciertas cosas que mi predecesora Diana no sabía, y que los diferentes sabios de Asmara, y los de la Tierra también, se han ido encargando de aclarar con el paso de los siglos-siguió, mostrandoles imágenes mágicas de algunos de esos sabios.

-Como todo hecho real, de esta historia han nacido muchos mitos y leyendas. Mi madre me contaba uno por las noches. Básicamente decía que, dormido en lo más profundo del universo, vive un mal tan oscuro como una noche sin luna, y que en una ocasión atacó Asmara. Le invocaron a este mundo con la fuerza de la oscuridad, esperanza y fe- les dijo. Ellos la miraron sin entender.

-Ese enemigo fue liberado por un tiempo por Zeros y sus hermanos para intentar derrotarnos, pero la guardiana de la fe logró pararle a tiempo- siguió ella.

-Un momento- pidió Odd- ¿Quieres decir que esto que estas contando...?- preguntó. Ella asintió.

-De los que sabemos de la existencia de los guardianes ninguno creía en esta historia. Según la misma, este enemigo había perdido su cuerpo y, cada cierto tiempo, aparece un recipiente mortal que puede acogerlo, y es en ese momento cuando se le puede invocar. Para ello, la oscuridad, la esperanza y la fe deben dar parte de su poder para traerle de vuelta y así que esta fuerza primigenia pueda asolar el mundo. Al principio creía que esto es solo una leyenda, pero, visto lo visto...- comentó ella, apesadumbrada.

El grupo la miró, estaban igual de impactados que ella- Pero ese supuesto guardián de la fe no aparece en tu libro, ni en la historia, ni en ninguna parte- dijo Sissi- ¿Como es posible?- preguntó a continuación.

Atenea suspiró- Al igual que este ser perverso, el guardián de la fe solo aparece en momentos críticos, y precisamente este es un momento crítico- les dijo ella- Según mi madre, este guardián también apareció, por ejemplo, en la II G M, cuando ayudó a los aliados a entrar en Alemania en el Día D, entre otros acontecimientos importantes- les explicó ella.

-¿Y se sabe quien podría ser el actual guardián de la fe? Y lo que es más importante, ¿por que aún no ha entrado en contacto con nosotros?- pregunto Herb.

Atenea asintió- Para entenderlo, debemos remontarnos a cuando erais niñas, hijas mías- les dijo ella.

Sus hijas la miraron raras pero ellas les pidió silencio con un gesto- Veréis, hace unas horas nos encontramos con una chica que era idéntica a tí, Aelita- la sustituyó Frank. Aelita la miró cuiosidad.

-¿Esa chica podría ser como Lita pero con el pelo algo más oscuro y constante cara de enfado?- preguntó Yumi. Atenea asintió- La conocemos, se llama Taelia. En su día la confundimos con Aelita. Y Einstein incluso...- Odd fue parado por una esfera de agua que le dio de lleno en la cara, estando Jeremy algo sonrojado y mirando de lado. El resto reía por eso, menos Aelita que le miraba con la ceja en alto.

-El caso es que de Asmara salimos en total cinco personas: Atenea fue con Asmeya formando un grupo, mientras que yo...- Frank tuvo que parar unos segundos para limpiarse una lagrima- Yo fui con las hermanas de Asmeya- dijo.

-Querrás decir hermana, papa- le corrigió Aelita, pero algo dentro de ella le decía que su padre lo había dicho bien.

-No hija, erais dos, hermanas gemelas. Ella se llamaba Asmae, lla madre de Atenea, antes de morir, dijo que vuestro destino era ser mujeres de poder, pero, en la huida de Asmara, pasó la tragedia- dijo él, mirándoles.

-Era una noche de niebla y en una zona con grandes caídas. Yo me di la vuelta un momento y lo último que vi de ella fue como se caía por un barranco. Pensé que había muerto, pero con los últimos acontecimientos...- dijo él.

-Entonces Taelia... digo Asmae y Aelita son... ¿hermanas gemelas? ¿Y esa Asmae es la guardiana de la fe?- preguntó Aurora sorprendida- Así es- le respondió Frank.

-Pensábamos que no iba a suceder, pero a todas luces estábamos equivocados- le respondió Atenea.

-Entonces Sam y Will fueron secuestrados para poder traer de vuelta a ese ser maligno ¿verdad?- le preguntó Electra- Exacto, y la única forma de pararle es que Asmae, tu hermana Aelita, empuñe su arma y le ataque- les dijo.

-¿Ella sabe algo de esto?- les preguntó Asmeya- Lo dudo, ni siquiera sabemos como pudo sobrevivir- respondió Frank- En todo caso ella nos informara que fue lo que pasó- dijo Atenea.

Ellos asintieron. Por un lado estaba contentos ya que sus amigos estaban bien por el momento, por el otro, existía un ser con una oscuridad enorme acechando y con ganas de dar problemas, lo cual era realmente malo. Desde luego, pensó Aelita, aquel fue un día muy completito.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright