Código: Guardianes
Capítulo 48
Para cuando quisieron darse cuenta, Jeremy, Ulrich y Noelia estaban en el fuego cruzado de una batalla campal, con edificios en llamas por los lados, y balas de cañón surcando el cielo. Tuvieron que refugiarse tras una pared para poder localizarse y entender que pasaba allí, aunque era evidente sque se trataba de un combate. Desde ahí podían oír los desgarradores gritos de hombres mujeres y niños al ser, seguramente, atacados. Un lado de ellos les decían que debían intervenir y pararles, y otra parte de ellos les decía que no era buena idea interferir y que era mejor que las cosas siguieran su curso, a fin de evitar una reprimenda por parte de las gemelas. Claro que las gemelas no estaban ahí, así que rápidamente se prepararon para combatir, activaron sus gemas y se dispusieron a saltar al medio de la plaza, pero para su sorpresa las cosas se habían calmado de repente. Se miraron confusos y sacaron la cabeza por encima del muro. Vieron a un grupo numeroso de hombres a ambos lados de la plaza, con arma de fuego en las manos las cuales aún humeaban por las detonaciones, aunque uno de los grupos, el que estaba en el lado derecho y por lógica los de fuera, tenían un aspecto bastante más andrajoso que los del lado derecho, los cuales también estaban sudando y con las camisas desbocadas, pero definitivamente con mejor aspecto. El que parecía el líder de los del lado izquierdo se rió con fuerza.
-¡Os felicito, caballeros!- les dijo el hombre. Este tenía una chaqueta de manga larga de color negro con botones dorados, con una camisa blanca por debajo, un pantalón de color negro bastante holgado por los muslos con botas marrones. Tenía una espada en la cintura, con un gorro negro bastante grande de color azul oscuro con una pluma blanca en la parte trasera, con un mono capuchino en el hombro el cual mordisqueaba una fruta.
-No solo habéis logrado defenderos, también habéis hecho que nos tengamos que poner en serio, lo cual no habíamos hecho desde hacía mucho- siguió el hombre.
-¡Marchaos de Port Royal, malditos piratas!- gritó uno de los hombres de la derecha, con un palo en la mano.
-Me temo que no, amigo. No hasta que tengamos lo que hemos venido a buscar aquí...- dijo el jefe pirata- Mi nombre es Barbossa, aunque se me conoce mejor como Capitán Barbossa- dijo, mientras sacaba su espada. En ese preciso momento, las nubes dejaron pasar un fino rayo de luz lunar que iluminó la escena, dejando ver un dantesco espectáculo: los piratas eran esqueletos andantes, lo único que conservaban eran los ojos y sus ropas, aunque cuando la luz de la luna les dejaba de iluminar volvían a adquirir el aspecto de un ser humano normal, como pudieron comprobar cuando una nube tapo la luz de la luna durante unos segundos.
-Por culpa de una maldición estamos en esta situación... y para poder romperla necesitamos de una pieza de oro muy especial- les dijo mientras sus compañeros piratas empezaban a murmurar y a avanzar, para el miedo y terror de los lugareños- Así que dadnos esa pieza de oro y nos marcharemos- exigió Barbossa.
Ese era su momento pensaron los chicos, así que activaron sus gemas y se lanzaron al centro de la plaza con esferas de sus elementos en la manos, teniendo Noe en sus palmas bolas de fuego y hielo en las manos. Los piratas les miraron.
-¿Quienes sois vosotros?- preguntó Barbossa, algo sorprendido por el atuendo de los chicos- ¡Matemosles, capitán!- le gritó uno de ellos, uno que tenía un ojo de lo que parecía madera.
El aludido sonrió siniestro, enseñando sus dientes completamente sucios y de color tierra, lo que denotaba que en la vida se los había limpiado. Entonces, sacó su espada del cinto y se lanzó a por ellos a pecho descubierto, y, tras él, el resto de piratas. Sin inmutarse, y con un gesto de muñeca, Ulrih levantó entre ellos y los piratas una pared de fuego, en la cual entraron algunos piratas, inclusive Barbossa, quienes no pudieron detenerse a tiempo. Para sorpresa de todos, más de Jeremy, Ulrich y Noelia, los piratas salieron sin siquiera un rasguño del muro de fuego, y se lanzaron a su ataque.
-¡No se como has hecho eso, pero te aseguro que pagarás!- gritó el capitán de los piratas, atacando con su espada. Ulrich logró esquivar el sablazo, e invocó sus chakrams, con los cuales lograba defenderse de los golpes de Barbossa, quien estaba impresionado, más no asustado, de su poder. Así mismo, Jeremy usaba el agua para tener a raya al resto de piratas, aunque si el fuego contra ellos era inútil, también lo era el agua, la cual solo parecía hacerles cosquillas. Mientras, Noelia defendía el camino por el cual los lugareños habían huido al levantar Ulrich la muralla de fuego, y aunque la chica tenía una gran experiencia de lucha por haber luchado como gladiadora, los piratas eran invulnerables a lo que quiera que se les hiciera, lo cual les acabaría pasando factura si no encontraban una manera rápida de derrotarles.
-¡Si os rendís ahora, puede que muestre clemencia!- dijo Barbossa con una sonrisa confiada, mientras apretaba con fuerza la hoja de su espada contra el chakrman de Ulrich, teniendo el otro clavado en la espalda de su adversario, aunque este estaba como si estuvieran charlando tranquilamente.
-¡ALTO!- gritó alguien con fuerza. Todos se giraron para ver quien era. Barbossa se rió- Vaya, vaya...- dijo, mientras se giraba. Ulrich se quedó atónito al ver no uno, sino a dos capitanes Barbossa, solo que el otro, el que había parado la pelea, parecía ligeramente perturbado, aunque no lo mostró.
Cuando el otro Barbossa enarboló su espada, el que estaba luchando contra Ulrich se evaporó en humo negro, así como el resto de piratas, los cuales desaparecieron sin dejar huella-¡¿Que ha pasado?!- gritó Ulrich, quien volvió a sus ropas habituales, así como Jeremy y Noelia.
-Yo diría que eran dobles, dobles de cuando aún estábamos malditos- empezó a hablar Barbossa- ¿Como que aún?- preguntó Noelia. Su interlocutor se colocó bajo la luz de la luna, y, como este afirmaba, permaneció en un estado normal, así que ese Barbossa debía ser el real, comprendieron los chicos.
-Lo que no sé es que hacían aquí, en Port Royal. Se supone que...- dijo pensativo el hombre, mientras se les acercaba- Que el oro maldito Azteca está donde debe estar, y que todo debería haber vuelto a la normalidad- siguió Ulrich- Si, nos sabemos vuestra historia- siguió Jeremy. Barbossa frunció ligeramente el ceño, pero siguió hablando- Entonces supongo que sabréis donde está el sr. Turner- les preguntó.
-¿Will Turner?- preguntó Ulrich. Barbossa asintió- Lo último que oí de él fue que acabó de capitán en el Holandés- siguió Barbossa- Y que, por tanto, solo puede volver a tierra una vez cada 10 años, y precisamente es ahora cuando puede volver- les explicó.
-¿Y para que le necesitas?- preguntó curioso Jeremy- Le necesito para encontrar a Jack Sparrow, y seguramente solo Turner sepa donde está- les contestó. Ellos le miraron, se preguntaban que tramaba Barbossa buscándole, pero decidieron no preguntar más.
-¿Y donde desembarca Will habitualmente?- preguntó Noe. Barbossa se atusó la barba, y se encaminó en una dirección sin decir absolutamente nada, por lo que ellos tuvieron que seguir al pirata desde cerca para no perderse.
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Al mismo, y muy cerca de ellos, William y Sam inspeccionaban el puerto de la ciudad. Iban a intervenir justo cuando vieron que las cosas se habían calmado de repente, y se alegraron al notar las energías de Jeremy, Ulrich y Noelia cerca, pero al poco las energías de ellos se dejaron de notar con tanta fuerza, pero aún eran perceptibles. Sabían,por la ruta que llevaban, que se dirigían al puerto, la razón no la sabían, pero una cosa era clara: se encontrarían con ellos en breve. Serpentearon por las calles, sorteando a los que allí vivían con agilidad y corriendo por las angostas calles de aquella ciudad, y corrían sobre todo por dos motivos: para reencontrarse con sus amigos, y para dejar de oler ese hediondo aroma a podrido que se respiraba por todas partes. Al poco de llegar al puerto, se fijaron en un barco, supusieron que era el que habían visto antes, desde la cueva. Era completamente negro, inclusive las velas, las cuales eran cuadradas y estaban ligeramente rasgadas, pero aún así eran plenamente funcionales. Había en total tres mástiles, siendo los dos primeros altos y del mismo tamaño, y teniendo en cada mástil tres velas en total, siendo la más grande la centra y las dos de los extremos, tanto inferior como superior del mismo tamaño. El tercer mástil, el que estaba en la popa del mismo, contaba con dos velas, y, justo detrás del mismo, había una vela triangular. En la proa, el barco contaba con un palo bauprés, del cual salían varias cuerdas o jarcias, que iban a parar al trinquete, y del mismo, otras tantas jarcias salían hacia la mesana, y, por último, de la mesana iban más jarcias hacia el último palo, el cual estaba anclado a la cubierta del buque con más jarcias. Además, se podían ver a los laterales de la nave como unos remos salían y tocaban el agua, así como cañones, los cuales parcían listos y preparados para entrar en funcionamiento. Ambos jóvenes supieron entonces que ese barco era muy especial.
-¿De que me suena a mí este barco...?- se preguntó en voz alta Sam.
-A mí también me es familiar, pero no caigo- comentó William, quien miraba aún asombrado al enorme buque.
En ese momento, oyeron a alguien gritar, y enseguida se giraron a ver quien era, alarmados. Resultó ser un hombre joven, de pelo castaño largo con trenzas y rastras. Tenía un pañuelo de color rojo oscuro y con una cadenita amarrada al mismo como abalorio. Tenía una chaqueta color marrón sin mangas, teniendo debajo una camisa blanca. Tenía un pantalón de color marrón como la chaqueta, así como botas de un tono más claro. Su piel era blanca pero morena por el sol, tenía ojos color marrón y algo de barba ligeramente descuidada, pero tenía, al contrario que Barbossa, los dientes blancos. Tras de él, varios seres con aspecto amenazante le perseguían . Tenían aspecto de sombras oscuras, ambos guardianes supieron nada más verlos que se trataban de siervos de Zeros, seguramente creadas por el hermano del demonio correspondiente, pero no podían determinar cual de ellos era.
-¡AYUDAAAA!- gritó el hombre, corriendo de una manera un tanto femenina, mientras chillaba. Ellos le miraron con curiosidad, y, tras mirarse, Sam lanzó un ataque a las criaturas y las destruyó.
-Ya está- dijo Sam sonriente, mientras hacía como se limpiaba el polvillo de las manos. El hombre se paró de golpe, y se giró sorprendido. Vio con asombro como ya no quedaba ninguna de las criaturas que le perseguía, tras lo cual, depositó su mirada en Will y Sam.
-Vaya...- dijo, mientras se rascaba ligeramente la cabeza y se tambaleaba- Creo que bebí demasiado ron...- murmuró, pero enseguida negó- Nah, nunca se bebe demasiado ron- se corrigió, mientras cogía un cabo de un barco y lo cortaba, alzandose en el aire y llegando a la cubierta del barco que antes habían visto. William y Sam se miraron, algo les decía que era buena idea seguirle. Así dieron un salto y se posaron en cubierta, donde vieron al excéntrico hombre tambaleándose y cantando ligeramente, recorriendo la cubierta, hasta llegar a unas escaleras, las cuales subió, y se colocó al timón del navío. Will y Sam le miraron, ya sabían de sus intenciones- ¡Cortad amarras grumetillos, nos hacemos a la mar!- les gritó, sacando de los dioses saben donde una botella de ron, y dándole un buen trago.
-¡No somos tus "grumetillos", amigo!- le gritó William- Dinos al menos tu nombre- le pidió Sam. El hombre le miró, y se hundió de hombros- Yo soy el capitán Jack Sparrow señorita- se presentó, haciendo una reverencia- ¿Y este es mi navío, la poderosa Perla Negra!- siguió Jack. Antes de que ninguno pudiera seguir hablando, oyeron voces de gente subir al barco, y, en pocos segundos, vieron a un bune número de piratas en cubierta, todos armados hasta los dientes. Parecían confundidos por la presencia de Jack, pero no dejaron que eso les amilanara. A los pocos segundos, apareció el que parecí su líder, y, a su lado y para sorpresa de ambos, estaban Jeremy, Ulrich y Noelia.
-Jack Sparrow...- dijo Barossa, mientras le miraba. El aludido le devolvió la mirada- ¿¡Que haces en la cubierta de MÍ barco!?- preguntaron ambos a la vez, haciendo especial hincapié en mí. Al darse cuenta de ese detalle, gruñeron y sacaron las espadas.
-Capitán Barbossa, no quería encontrar a este hombre tan desesperadamente?- preguntó de repente Jeremy, evitando así una pelea. El aludido asintió- ¿Y que buscas de mi, Barbossa?- le preguntó Jack mientras dejaba su posición y bajaba andando dando ligeros tumbos, aunque milagrosamente bajo sin caerse. Llegó a la altura de Barbossa en breve, y le miro a los ojos.
-Dame lo que me pertenece, Sparrow- le exigió, tendiendo la mano- Especifica- le pidió- Lo sabes de sobra- le contestó Barbossa- En realidad no- siguió Jack.
Barbossa suspiró- El colgante, Jack- le dijo. El aludido se quedó pensativo- Creo... creo...- empezó- ¡¿Donde está?!- le gritó Barbossa.
-Se lo cambie a una señorita de compañía para... bueno ya sabes- dijo Jack, mientras daba un ligero paso atrás.
Barbossa montó en cólera, sacó su espada y se disponía a atravesar a Jack, pero la intervención de Noelia le salvó- Debería tirarte a los peces a ver si así te mueres de una vez...- le siseó Barbossa- ¿Y matar a unos pobres animales inocentes? No, gracias- oyeron hablar a William- ¿no sería mejor usar su brújula mágica?- preguntó ulrich. Barbossa se quedó pensativo. Asintió, y, metió la mano en los bolsillos del pirata, buscando su brújula. Una vez que la encontró, la sacó victorioso.
Los chicos se fijaron en ella. Era octogonal, con color negro de fondo y lineas blancas recorriéndola, teniendo en el centro la aguja que indica las cuatro direcciones, es decir, Norte, Sur, Este y Oeste. Tenía además la aguja señalando hacia el Norte.
-¡Caballeros, suelten amarras!- gritó Barbossa, cerrando la brújula y metiéndola en uno de sus bolsillos- En cuanto a ti, Sr. Sparrow...- dijo, mientras giraba ligeramente la cabeza- Supongo que puedes venir- dijo, prosiguiendo su camino- ¡Pero sin ron!- añadió antes de entrar a su camarote.
-¡¿Y que beberé?! ¿¡Pretendes matarme de sed, Barbossa?!- le gritó. Oyeron la potente risotada del aludido desde su camarote, mientras los otros piratas se reían. Jack suspiró, y se apoyó en la baranda del barco. Los chicos se miraron- Barbossa habló de un colgante. ¿Creeis que pueda ser uno de los talismanes?- preguntó Sam. Ellos se hundieron de hombros- El emblema del amor ya se activó, y no es aquí ya que el resto se fueron a buscarle. Aun así no sería la primera vez que tenemos que ir a buscar varias cosas al mismo tiempo- comentó Jeremy.
-Es verdad- siguió William. En ese mismo momento, el barco se empezó a mover, mientras todos los piratas se preparaban para la aventura que se avecinaba.
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Nada más salir del portal que les llevaba a su destino, los chicos se encontraron con grandes rocas a los lados, formando un pequeño camino que descendía. Si se subía a una de las rocas se podía ver un mar moviéndose hacia el sur y con algunas personas en la orilla esperando a algo, seguramente un barco para cruzar. Ellos se miraron-¿Bajamos a la playa a ver?- preguntó Electra- Sí, pero que raro que no haya viento...- comentó Aurora.
Sin decir nada mas, bajaron el amino en dirección al mar. Conforme se acercaban al mismo, notaban que el olor no era el habitua, no olía a mar, olía a algo muy distinto, no sabían muy bien a que exactamente pero era así. Además, conforme se acercaban, podían ver que la gente de la orilla eran diferentes, más que llevar ropa normal llevaban ropas oscuras, eran lo más parecidos a...
-Es lo más parecido a espectros que he visto en mi vida- comentó Susan, mientras entraban a la arena.
Entonces oyeron a aquellos espectros gritar con fuerza, y, una vez que alzaron la vista, vieron una barca acercarse con un remero encima. El barquero tenía una capota negra y tenía en la mano un gran remo con el cual movía pesadamente la barca. Ellos estaban bastante impresionados, cada vez tenían más conciencia de lo que pasaba. El barquero impidió que algunos de los espectros subieran a la barca dándoles fuertes golpes con el remo, mandandoles a volar, y gritando- ¡Marchaos, malditos espectros!- les gritó enfadado. En uno de los golpes, se quitó la capucha , dejando visible su cara. Era de tez blanquecina, calvo, con grandes ojos marrones y tétricos, de afilada mandíbula y nariz aguileña-¡Si queréis subir a mi barca, tendréis que pagar!- les gritó, mientras bajaba a la arena y colocó su palma de la mano para que alguien le pagara. Algunos espectros colocaron una moneda de oro en su palma, y el terrorífico ser les permitió subir, pero golpeó con violencia a los que se intentaban colar sin pagar la moneda.
Antes de que ninguno de ellos pudiera intervenir,un hombre se acercó a barquera. Tenía una túnica típica griega, con el pelo marrón algo alborotado y ojos de color azul, llevaba una hermosa toga griega de color blanco con sandalias marrones, y una lira en la mano derecha. Rápidamente empezó a tocar una suave melodía la cual resonó en toda la zona, calmando al airado barquero y a los espectros que pretendían subir a la barca. Los chicos decidieron acercarse para escuchar mejor la hermosa melodía, la cual, a pesar de su belleza, transmitía una gran tristeza. Cuando terminó, el barquero le miró.
-Orfeo...- susurró el barquero, mientras le miraba- Déjame pasar el Aqueronte, Caronte. El dios Hades desea escuchar mi música- le pidió. Ellos miraron al hombre, ahora todo encajaba. Él era Orfeo, un héroe mitológico que, por amor, bajo hasta el inframundo para intentar salvar a su pareja, Euridice, la cual había muerto envenenada por una serpiente mientras huía de un sátiro. Claro que el nombre de Hades les traía malos recuerdos, aunque n sentían el aura del malvado dios aquí, seguramente este fuera otro inframundo distinto, uno de otra dimensión.
-¿Esos niños vienen contigo, Orfeo?- le preguntó el barquero, señalandoles- No son almas difuntas, aún viven, aún respiran...- dijo, mientras les miraba.
-No, no vienen conmigo- dijo Orfeo mientras subía a la barca, no sin antes pagar al barquero.
El barquero se rió-Tiene gracia, este asunto...- dijo divertido, mientras miraba a los chicos, extendiendo la mano. Ellos se miraron, por lo visto nadie se libraba de pagar-¿Seguro que nos dejas pagar? Estamos vivos aún- le dijo Aelita. El barquero asintió- Mi trabajo es llevar las almas hasta el inframundo, estén vivas o muertas. Aún así, vosotros no sois humanos corrientes, lo noto- les avisó Caronte. Ellos le miraron-No tenemos los óbolos necesarios para pagarte- le dijo Asmae.
-Tenéis cosas valiosas. Ese será el precio de vuestra travesía-Les dijo, mientras señalaba las gemas-Quiero esas gemas. Serán una fantástica moneda de cambio- dijo, con una sonrisa.
Antes de que ninguno se quejara y empezaran a llover los gritos, Yumi dio un paso adelante- Aceptamos. Pero tenemos una condición, barquero- le dijo ella-¿Cual?- preguntó-Nos llevaras a todos a salvo a la orilla, y, entonces, te pagaremos- le dijo ella, mirándole directamente. El barquero se lo pensó-Sí... todos los que paguéis llegareis seguros a la orilla contraria- dijo, mientras una sonrisa se formaba en su cara. Esa sonrisa les heló la sangre a todos, pero mantuvieron la compostura.
Tras eso, todos subieron a la barca, y aunque Asmae no tenía gema con que pagar, el barquero la dejó subir. Ese aparente altruismo por parte de Caronte les sorprendió, más teniendo en cuenta que había atacado a los espectros de la orilla con su remo, impidiéndoles subir a toda costa. Durante la travesía, los chicos se entretenían mirando al horizonte infinito, todo formado por agua. Más que un río, aquella enorme masa de agua parecía un mar entero, pero lo confirmaron al ver las corrientes que lo recorrían, o al menos sentirlas. Durante la siguiente media hora, todos ellos permanecieron en sepulcral silencio, solo roto por las pobres almas que, según Caronte, intentaron cruzar el enorme río a nado en vez de usar la barca. En ese momento, dijo algo bastante irónico, proviniendo de él.
-Eso les pasa por agarrados...- comentó, mientras golpeaba con el remo en la cabeza a uno que intentaba encaramarse. Orfeo se rió ligeramente-¡No es gracioso, Orfeo!- le recriminó.
-Dime, ¿cuando tirarás a la pobre chica al agua por impago?- le preguntó serio. Caronte frunció el ceño, pero Orfeo siguió- Vamos, no te hagas el loco, pretendes tirarla al agua a unos metros de la orilla para que se ahogue y sufra más aún, con la desdicha de haber estado a punto de llegar al otro lado sin pagar- le recriminó el músico, mientras le señalaba. Caronte se rió a carcajadas en ese momento, y, de un movimiento totalmente inesperado, golpeó a Asmae en el pecho, tirándola a unos metros de distancia de la barca.
-¡ASMAE!- gritó su hermana, mientras se tiraba al agua a por ella, siendo defendida por el resto del grupo, quienes activaron sin dudar sus gemas y armas, amenzando con ellas al barquero mitológico.
-Vuestras amigas no podrán volver. Este rio es infranqueable a menos que uses mi barca, ¡ambas se ahogaran!- gritó, mientras se reía ligeramente. El grupo le miró, y, de un solo golpe entre todos, tiraron a Caronte al agua, no sin antes quitarle el remo, y acercándose a ambas hermanas, quienes hacían un fuerte esfuerzo por no ahogarse. Marin y Odd les ayudaron a meterse de nuevo en la barca, donde tosieron con fuerza, completamente mojadas y frías como el hielo. Aurora les colocó las manos en sus espaldas, y, con parte de su energía, las secó y más o menos las calentó. El agua de aquel río infernal estaba helada.
-Maldito hijo de su madre...- murmuró Electra, mientras los rayos se arremolinaban al rededor de su martillo. Orfeo puso su mano en el hombro de ella-No se quienes sois, pero no os conviene que Caronte se enfade con vosotros. En ese momento, vieron como su cabeza salía del agua y, jadeando, les gritó-¡A... ayudadme!- les pidió.
Al ver que no les convencía les miró- ¡Solo yo conozco el camino de ida, sin mí, no podréis llegar a la otra orilla!- les gritó.
-Te recuerdo que estoy yo, Caronte- le dijo Orfeo. El barquero le miró anonadado- Pe... pero...- dijo el otro, más blanco aún.
Ellos le miraron-No Caronte, te mereces esta suerte- dijo un amenazante Herb. El barquero, entonces, se hundió más aún en el agua, pero una mano le ayudo a subir al agua. Era la de Aurora. Ella tiró del frío baruero y le subió a la madera, mientras le ayudaba a escupir el agua que había tragado. Antes de que ninguno de sus compañeros dijera nada, ella habló.
-Por muy cobarde o traicionero que sea, no merece acabar así. Además, aunque Orfeo conozca el camino, seguramente sus compañeros le acabaran echando en falta y seguramente acabarían descubriendo que fuimos nosotros- dijo, mientras le ayudaba a incorporarse y le secaba. Caronte la miró a los ojos.
-Tus ojos... solo había visto unos parecidos a las almas que van destinadas a los Campos Elíseos...- comentó, mientras se apoyaba con el remo.
-En general, los ojos de los muertos están algo apagados, y suelen terminar en los Campos Asfodelos, el lugar al que van los que no son buenos, pero tampoco malos. Los ojos de los que van a Tartaro son negros como la noche por todos los crímenes cometidos en vida. Pero los ojos delos que van a Elíseos... son como las gemas que portáis- siguió, mientras proseguían la marcha.
Tras un rato, Caronte volvió a hablar- Por esta vez, seré bueno y os dejaré pasar a todos, sin trampas. Me has salvado la vida, niña- dijo, mirando a Aurora- Suelo ver personas de todos los tipos, más buenas que malas, pero ninguna que haya hecho tal gesto- siguió-Por eso os hago el favor. Sois libres de entrar y salir cuando queráis del inframundo- anunció, mientras al fondo aparecía la figura de las rocas del otro lado del río.
Tras acercarse, y cumpliendo con su palabra, Caronte les dejo pasar a la orilla sin mayores complicaciones, aunque los chicos desconfiaran un poco, Caronte cumplió u palabra. Una vez que esto pasó, Orfeo les miró.
-No sé como lo habéis logrado, pero habéis ablandando el duro corazón de Caronte, y eso es todo un logro- les dijo, sonriente. Pero entonces su ceño se frunció- Aunque me temo que ahora vais a pasar por una prubea más dura aún- comentó, mientras se acercaba a una enrome cueva cercana, seguramente la entrada. Nada más acercarse, un pestilente aroma a animal inundó sus narices. ¿Que les esperaba al otro lado? Algunos de ellos ya se imaginaban la respuesta, y por todo lo que habían vivido, estaban seguros de que iba a ser real.
Una vez dentro de la cueva, se quedaron prácticamente a oscuras. No se veía casi nada, apenas a tres metros de distancia, y a veces se chocaban contra rocas en el suelo, además la poca iluminación, proporcionada por musgo brillante, era en parte tapada por sus propias sombras. Pero el olor a animal se intensificaba cada vez más, y notaban un aire caliente moviéndose por la cueva.
-Aurora, ¿sabes de donde viene ese viento?- preguntó Nicolás. Ella neg´p- Es que hay varios focos, así que...- dijo ella.
Oyeron en ese momento, e sintió un temblor, luego otro, y así varias veces, y Patrick notaba que no eran de latierra, los provocaba otra cosa. Además Odd sentía a una bestia enorme cerca de ellos, pero no sabía muy bien que era, no conocía ese olor. Orfeo entonces sacó su lira y la tocó de nuevo.
-Os presento a Cerbero, chicos- dijo en un susurro, mientras tocaba su melodía. Apareció en ese momento un perro enrome con tres cabezas negras como la noche, con rubíes como ojos y grandes dientes afilados como cuchillas y largas garras. El enorme animal se tumbó en el suelo y observó al músico mitológico tocar la lira con sus lenguas fueras y moviendo su enorme rabo de lado a lado, como si fuera un cachorro normal.
-En el fondo no es más que un cachorro grande- comentó Odd al momento. El animal posó sus tres grandes cabezas en el suelo, mientras la de la derecha bostezaba, Orfeo le estaba durmiendo notaron ellos. Orfeo decidió parar al ver al enorme animal dormitando y moviendo de vez en cuando las orejas y la cola.
-¡Increíble, has domado al perro guardián del infierno solo con música!- comentó impresionado Herb. Orfeo asintió- La primera vez casi me devora, pero logré calmarle con mi música, y ahora soy, por así decirlo, su amigo. No sabía como iba a reaccionar al vros conmigo, así que decidí usar mi música para calmarle, aunque supongo que no hubiera hecho falta, ¿verdad?- preguntó.
Ellos asintieron, mientras sonreían. Decidieron contarle su historia a Orfeo mientras salían de la cueva y se dirigían a su siguiente destino. Este les escuchaba impresionado, nunca había escuchado una historia igual, ni siquiera los mitos que él se dedicaba a enseñar a veces a las almas de los niños eran tan increíbles. Para evitar perderse, y al salir de la cueva, se sentaron en unas rocas al salir de la cueva. Allí, y bajo el purpura y estrellado cielo del inframundo, los chicos le contaron su historia a Orfeo.
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright
