Código: Guardianes

Capítulo 49

Una vez que terminaron de hacer su descanso en la salida de la cueva, durante la cual aprovecharon para contar su historia los jóvenes héroes, estos partieron guiados por Orfeo. Durante su travesía, se fijaron en el mundo que les rodeaba. En total, vieron cuatro castillos, dos a los lados, uno al fondo, y otro en el centro perfecto del inframundo. El castillo del fondo era sin duda el más tenebroso. Estaba cerca de un gran foso llameante al cual se bajaba mediante una larga cuesta con lava por los lados. Además, surcando ese oscuro foso, iba un largo río en llamas, el cual se ramificaba en largos surcos de fuego, y, para más inri, estaba plagado de monstruos persiguiendo a espectros, todos ellos gritando de dolor y miedo, lo más aterrador es que se oían desde muy lejos. Orfeo les explicó que aquel siniestro foso era el Tartaro, el lugar al que iban las almas de aquellos que habían cometido los peores crímenes, los peores criminales en definitiva. El castillo cercano al Tartaro era tan siniestro como el mismo foso. Era negro como la obsidiana, con altas torres a los lados, contando con apenas ventanas, todas ellas tapadas por largas cortinas lilas. Cerca de la puerta había dos estatuas de bronce de un par de grifos, los cuales tenían un aspecto realmente amenazante, según pudieron observar. En cuanto al castillo de la derecha, este estaba cerca de un gran bosque con altos pinos y una densa niebla cubriéndole. Aquel lugar eran los Campos Asfódelos, lugar al que iban las almas de aquellos que no eran del todo buenos, pero tampoco del todo malos. El castillo cercano a aquellos campos tenía la misma distribución que el castillo cerca de Tartaro, solo que en este caso no era negro, sino de color plata, y en vez de tener un par de grifos de bronce, contaba con un par de estatuas de wyverns de color marfil, teniendo ojos de zafiro. El tercer castillo, el de la derecha, era lo opuesto al del fondo. Era de color blanco mármol, con bellas columnas en los doseles, y decorado con pinturas en las paredes exteriores. Tenía al lado un idílico paisaje verde con árboles de toda clase, y, en medio de ellos, corría un riachuelo de agua pura y cristalina. Eran los Campos Elíseos, según lo explicado por Orfeo, el lugar al que iban las almas más puras, y los elegidos por los dioses. En cuanto al castillo central, era el castillo del mismísimo dios Hades, era, por tanto, el más importante de los cuatro. El castillo del dios era significativamente más grande que los otros tres, era de color oro, con detalles en color plata y obsidiana. Contaba con estatuas de diferentes dioses, entre los que se encontraban los dioses Hades y Persefone, y los hermanos Hypnos a la derecha y Tanatos a la izquierda.

-Como habréis podido observar, el inframundo es un mundo de grandes contrastes, entre cada parte del inframundo hay caminos de tierra como este que estamos usando, son lugares de transición, por así llamarlo- les explicó Orfeo.

Durante ese trayecto, ellos sintieron que alguien les observaba, se sentían observados a cada rato, aunque Orfeo estaba bastante tranquilo, lo cual les era raro. Sentían en sus nucas miradas penetrantes, como si los espectros que habitaban aquel lugar quisieran verles cometer algún error y tirarles a los abismos más profundos de Tartaro. Por suerte, antes de que aquellas tenebrosas ideas se hicieran realidad, vieron un paisaje que no les concordaban con el mundo lúgubre y oscuro que les rodeaba. Se trataba de un campo de flores de todos los colores y hierba fresca, con una pequeña casita de madera cercana y una ligera corriente de agua corriendo cerca de allí. Lo más curioso no era eso, sino la figura que se encontraba en el campo de rosas. Notaron que era la de una mujer cuando se acercaron y la vieron de cerca. Se trataba de un espectro, un alma que moraba allí, pero aún se podía observar que, con vida, debía de ser una mujer hermosa. Tenía el pelo castaño largo hasta la parte del pecho, con pequeños ojos pero que denotaban algo de tristeza pese a la sonrisa que su rostro formaba, la cual era evidente que era forzada. De ese detalle no se dieron cuenta los chicos más las chicas así, que rápidamente ataron cabos.

-Os presento a mi esposa, Eurídice- dijo Orfeo, mientras se giraba, de tal manera que se podían ver todos sin demasiados problemas. Ella trató de mostrarse con una sonrisa, aunque no le salió muy natural- Hola, veo que ya conocéis a mi esposo, Orfeo- dijo ella.

Él asintió- Contadle vuestra historia, seguro que le encantará. Eurídice, tengo que ir ahora al castillo del dios Hades para tocar para él, espero que le guste- dijo Orfeo, mientras le daba un beso en su incorpórea mejilla y se marchaba de allí lira en mano. Eurídice suspiró.

-¿Tanto se nota?- preguntó Eurídice. Ellas asintieron, pero era evidente que los chicos no se estaban enterando- Espera, me estoy perdiendo, ¿que pasa?- preguntó Odd.

-Hombres...- exclamaron todas las chicas al mismo tiempo- ¿No es evidente, Odd?- le dijo Aurora- Pues no- respondió este.

-Orfeo está muy triste, él desea vivir en el mundo de los mortales, pero no deja el inframundo por estar conmigo, solo va a la superficie en contadas ocasiones, le veo sufrir por ello cada día...- dijo una abatida Eurídice.

-Te debe amar mucho para dejar a un lado sus sueños y acompañarte- comentó Yumi. Eurídice bajó la mirada triste- Sí, me ama demasiado...- dijo ella.

Entonces levantó la cabeza- ¿Podríais hacerme un favor?- pidió ella- ¿El que?- preguntó Percy- Por favor, decidle que me abandone, no quiero que sufra más- pidió. El grupo entero no sabía que decir- Dentro de poco desapareceré, Hades me dijo que esta situación era temporal, que pronto tendría que rendir cuentas ante los jueces para saber mi destino, y fuera la decisión que fuera la que tomaran los jueces, me temo que Orfeo no me podrá seguir- siguió ella apenada.

-¡El destino de Orfeo no puede ser vagar sin rumbo fijo por el inframundo para encontrarme cuando eso pase, me niego!- gritó- ¡Por eso, os pido ayuda! ¡Ayudadme a que Orfeo abandone este mundo y viva su vida!- En ese punto Euridice no pudo más y rompió a llorar, lagrimas que caían a la tierra y la cubrían de hierba y flores. Así que ese verdel era...

-Provocado por las lagrimas de Eurídice...- murmuró Asmae, mientras contemplaba la extensión total de la verde pradera. Desde luego la ahora fantasma había derramado muchas lagrimas en ese lugar. Ella les miró algo avergonzada- Siento daros el espectáculo, pero...- Yumi le pasó uno de los dedos por la parte de abajo de los ojos, secando así las lagrimas.

-No tienes que disculparte, es normal que llores por el sufrimiento de un ser amado- le dijo Yumi. Euridice asintió, mientras la abrazaba de golpe. Yumi, aunque algo sorprendida, le devolvió el abrazo. Estuvieron así cerca de un minuto, tras el cual, ambas se separaron- Haré lo que me pediste, tranquila- dijo Yumi.

Eurídice sonrió agradecida- Gracias, creo que es lo único que puede funcionar- afirmó la joven fantasma- ¿Que es eso que te pidió, Yumi?- preguntó con curiosidad Sissi- Nada en especial. Venga, marchemos, tenemos cosas que hacer aquí abajo- les dijo, mientras les guiaba.

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Una bella música sonaba por toda la estancia, en la cual había cinco personas únicamente. Orfeo e encontraba arrodillado en el suelo mientras tocaba su hermosa música, a su lado, tres hombres, dos de raza blanca, y el otro de piel negra como la noche. Orfeo sabía muy bien quienes eran, nada más ni nada menos que los tres jueces del infrmundo: Radamanthys, Minos y Eacos. Delante de ellos, sentados en sendos tronos de obsidiana con lineas doradas recorriendo los lados del trono. Orfeo se fijó en la ropa que ambos dioses llevaban. Hades tenía una túnica de color tan negro como su pelo. Sus ojos azules, de los que se decían que eran como un lago profundo del ártico, estaban cerrados lo cual le tranquilizaba, ya que la penetrante mirada del dios se acentuaba por el color de sus ojos. Tenía también un anillo de plata en su mano derecha, concretamente en el dedo indice, señal de su matrimonio con Persefone, que se sentaba a su lado. Ella era muy distinta a su marido. Al contrario que su marido, que tenía la tez blanca como la leche, ella tenía un tono de piel bastante moreno, de pelo marrón y de ojos pardos. Orfeo estaba bastante sorprendido de que ambos dioses estuvieran juntos, ya que, con el tiempo, Hades se enamoró de Persefone de Hades, lo cual fue muy comentado en el Olimpo, además, los cotilleos no se hicieron esperar. Algunos decían que Hades la había pagado para que viviera con él, que la había drogado, o incluso que la había pillado con otro dios y la había extorsionado para que se casara con él. Nada más lejos de la realidad, se conocieron hace siglos, se enamoraron, y se casaron en contra de lo que decía la madre de Persefone, Demeter, que estaba en contra de que la niña de sus ojos acabara en, lo que Demeter solía calificar como "foso infecto lleno de muertos".

-Tu música es tan hermosa como siempre, Orfeo- comentó la diosa, con una ligera sonrisa- Gracias mi señora...- dijo Orfeo, mientras daba los últimos acordes a su instrumento. Los pocos asistentes a su concierto privado rompieron en aplausos, incluidos los tres jueces, quienes ya veían con buenos ojos al músico, aunque no tenían intención de decírselo. Cuando Orfeo se iba a ir de la sala, el mismo Hades le posó la mano en el hombro, mirándole a los ojos.

-Orfeo, tengo algo que contarte- le dijo el dios con cara seria- Ya sabes que en el inframundo no se conoce la misericordia, pero tampoco crueldad, aquí aplicamos siempre la justicia a rajatabla- siguió el dios. Orfeo no sabía a que venía ese discurso- Y me temo que pronto tendré que aplicar esa justicia con Euridice- terminó Hades, dando la espalda a Orfeo y con los ojos cerrados. Orfeo palidecido entonces- ¿A... a que te refieres?- le preguntó confuso.

-¿Recuerdas nuestro trato, Orfeo?- preguntó el dios- Desde luego que lo recuerdo, pero...- Orfeo no era capaz de pensar más allá de lo que iba a pasar. El tiempo parecía no fluir ahora para el músico legendario, el tiempo se había detenido para él. Cuando fracasó en su misión de recuperar el alma de Euridice, Orfeo se comprometió a tocar la lira para ellos a cambio de poder ver a su esposa, pero sin intentar sacarla del inframundo de nuevo. De esta manera, el alma de Euridice permanecía en su lugar, en el inframundo, él podía verla cada vez que quisiera, y los señores del inframundo podían escuchar el armónico sonido de su lira cuando así lo desearan. Claro que ese trato tenía un tiempo limitado. El alma de Euridice aún no había sido juzgada, por lo que aún no tenía un lugar en el cual pasar la eternidad a pesar de estar en el inframundo, lo cual causaba un grave problema. Y ese problema era que el alma de Euridice podría desaparecer para siempre al no estar ligada a la tierra de los vivos, pero tampoco a la de los muertos. Un grave problema que ahora debía ser solucionado. Lo peor de eso es que, una vez que Euridice fuera enviada a uno de los tres lugares del inframundo, Tartaro, Asfódelos o Elíseo, Orfeo no podría volver a verla hasta su muerte.

-Tra... traeré a Euridice al palacio de justicia esta tarde, señor- prometió Orfeo, haciendo una reverencia. Hades asintió- Lo siento viejo amigo, pero así son las cosas- le constestó Hades, mientras le daba una palmada en el hombro. Orfeo decidió irse de allí, quería que acabara cuanto antes mejor.

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Al poco de salir los chicos del campo de flores donde Euridice estaba, y nada más encaminarse por el sendero que llevaba al castillo de Hades, el grupo se encontró con una sombra en medio del camino. Ellos sabían de sobra que no se trataba de uno de los guardias del inframundo, ni tampoco un muerto descarriado que no sabía a donde ir. El espectro aplaudió despacio, mientras ellos se preparaban para el inminente combate, ya que notaban perfectamente el aura oscura de su enemigo, pero aún no sabían de que hermano se trataba, puesto que no le veían la cara.

-Sois muy valientes por haber llegado hasta aquí, muchachos- dijo la figura. Ellos se tensaron- Déjanos pasar y nadie saldrá herido- le espetó Aurora. El encapuchado se rió ligeramente, tras lo cual, se retiró la capucha. Se trataba de un hombre rubio y piel clara, bastante parecido a Zeros pensaron ellos. Curiosamente, tenía los ojos cerrados, aún así parecía ver perfectamente por donde iba. El colgante que llevaba era idéntico al de sus hermanos y con el mismo símbolo, en su caso el nombre que había inscrito era Dinto. Dinto hizo una reverencia que nada tenía de respetuosa.

-El inframundo es un lugar peligroso para los mortales. Es curioso que el dios Hades de este universo aún no se os haya aparecido...- comento, alzando su rostro al cielo, como si mirara a las estrellas. Ellos se miraron, normalmente la pelea ya habría empezado.

-¿Que pasa, guardianes?- preguntó entonces, girando su rostro y encarandoles. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, Dinto se colocó a su lado, poniendo la palma de su mano en el estomago de Electra, quien apenas pudo esquivar el golpe de energía que le propinó el demonio, solo pudo salvarse por moverse a velocidad de la luz. Entonces, Dinto se movió con rapidez, y les lanzó un par de esferas de energía las cuales dieron en el pecho a las gemelas señoras del tiempo, tras lo cual, esquivó el golpe del resto de los chicos al desvanecerse en una voluta de humo. Ellos se colocaron espalda con espalda formando un circulo para poder ver de donde venían los golpes, con sus armas preparadas y las gemas activadas.

-¡Sois listos, guardianes!- gritó Dinto desde las sombras. Ellos se tensaron- Decidme, ¿como recuperaréis el talismán del amor?- les preguntó- ¡Vete Dinto, nunca te daremos el talismán!- gritó Asmae, armándose de todo el valor del que disponía. En aquel momento, ella era la única que no tenía nada con lo que defenderse, ni gema ni talismán... ni siquiera tenía un cuchillo, lo cual la convertía en el eslabón débil del grupo. Las cosas habían pasado tan deprisa, que ni habían pasado 24 horas desde que había descubierto su verdadera historia. Y ahí estaba, en el inframundo, sin poderes ni armas, en medio de un combate junto a su hermana y sus nuevos amigos, contra un enemigo infinitamente más poderoso que ellos. Se sentía impotente al ver como sus amigos trataban de parar las esferas de energía que Dinto les lanzaba, cerrando la brecha defensiva que ella misma formaba al no poder detener los ataques. Al principio podían hacerlo más o menos sin problemas, pero a medida que pasaba el tiempo, ella notaba que sus amigos empezaban a flojear, cada vez les costaba más detener los golpes.

-¡Tenemos que hacer algo rápido!- gritó Nicolás, mientras, junto a Susan y Percy, colocados a ambos lados de él, le ayudaban a parar una de las esferas de energía, aunque el resto estaban en la misma situación, por lo que la única que no tenía las manos ocupadas parando la energía de Dinto era Asmae. Dinto se materializó al frente de ella con una sonrisa ladina. Ya tenía preparada una esfera de energía en la mano cuando apareció.

-Asmae, Asmae, Asmae...- dijo, mientras dirigía su cara hacia la joven, con los ojos aun cerrados, Asmae notó que en ningún momento los había abierto. Ella intentó mantenerse sin hacer notar su miedo, pero sus rodillas temblando la delataban- ¿Tienes miedo?- preguntó Dinto- ¡Nunca tengo miedo! Me he enfrentado a cosas peores que a ti- dijo ella, mientras buscaba un plan para salir bien parada. Por desgracia estaba acorralada.

Dinto se rió con fuerza- ¿¡Que es tan gracioso!?- le espetó Aelita, quien justo había detenido la última esfera de energía junto a Herb y Patrick.

-Nada guardiana de la luz, simplemente que tu hermana es ahora tan débil...- comentó él, con diversión en la voz- ¡No soy débil!- gritó Asmae, mientras un aura color dorado la envolvía. De repente, esa aura explotó y mando una honda de energía que hizo volar a Dinto por los aires, quien cayó cerca de unas rocas.

Tras caer, Dinto se levanto con algo de dificultad ya que había caído entre las piedras. Aún habiendo caído entre rocas no tenía ningún rasguño. Se quitó el polvo de la ropa con un par de golpes y se puso en posición de combate, listo para atacar. Pero de pronto giró la cabeza hacia la derecha, en la dirección en la que se encontraba el castillo central, y enseguida se envolvió en una voluta de color negro y desapareció de allí en un instante.

-¡Eso, huye, cobarde!- le gritó un sudado Percy, quien estaba, a juzgar por su aspecto, realmente cansado del combate.

-¿Son estos los mortales de los que me hablabas, Orfeo?- oyeron preguntar a un hombre. Ellos se giraron y vieron al músico acompañado de un hombre con un poder, pudieron comprobar ello, enorme- Si, dios Hades- oyeron a Orfeo.

Se fijaron mejor en aquella versión de su enemigo, al que, según les dijeron, había caído junto a los otros dioses olímpicos cuando la hermana de Zeros, Phoebe,les tendió una trampa en Tartaro tras la liberación de los titanes y la intentona de Hades de tomar el Olimpo. Esta versión del dios era bastante más sobrecogedora que la versión de la película de Disney que habían visitado para recuperar el escudo de la luz de Aelita (ver capítulos 27 y 28)

-Tenía curiosidad de conocer finalmente a los guardianes de Asmara- dijo Hades acercandose, mientras les miraba- Es un honor conocerle, señor- le dijo Aurora, mientras le agarrba de la mano con una sonrisa de oreja a oreja. Orfeo tosió ligeramente para indicarle a la joven que eso no era buena idea, pero Hades le restó importancia con un gesto de la mano.

-¿Ya terminaste tu concierto, entonces?- preguntó una curiosa Sissi. Orfeo asintió triste, lo cual enseguida notaron todos- Si, ahora nos dirigíamos a ver a Euridice- respondió Hades.

Susan y Marin se dieron cuenta entonces de lo que pasaba- Chicos, Orfeo ya sabe lo que le va a pasar a Euridice- les dijeron vía gema- Entonces está triste por eso... pobre- comentó Sissi.

-Lo peor no es eso, sino lo que planea hacer- dijo de repente Marin-¿A que te refieres?- preguntó confuso Herb- A que planea escapar de aquí con Euridice en vez de llevarla al palacio de justicia- les respondió Susan.

-¿Como lo...?- lo que iba a decir Asmae fue cortado por Marin- ¿Recuerdas que te dijimos que somos damas del tiempo, y que somos extraterrestres y esas cosas?- preguntó ella. Asmae asintió- Bien, pues una de nuestras de habilidades es esa- le explicaron ellas.

En ese momento, y ya que ambos hombresse dirigían de nuevo hacia donde estaba Euridice, ellos decidieron que era hora de poner las cartas sobre la mesa. Tenían que recuperar el talismán del amor, y por lo que parecía, ese talismán estaba relacionado con todos estos personajes, aunque, de poner Orfeo en práctica el plan que tenía en mente, se podía liar bastante parda. El plan del músico era sencillo en principio: Hades había ido con él meramente para poder ver a Euridice y explicarle lo que se iba a hacer. Tras esa explicación, el dios se iría al palacio de justicia a esperarles allí, por lo que Euridice y Orfeo tendrían que ir andando hasta el lugar donde se haría el juicio. Aprovecharía ese momento para agarrar a Euridice y llevarla por un sendero hasta una de las muchas salidas secundarias del inframundo, salidas que por cierto no contaban con seguridad de ningún tipo, por lo tanto, Hades no se enteraría de su huida hasta que estuvieran bien lejos de cualquier entrada del inframundo y les fuera bastante más difícil a los espectros encontrarles. El plan sin ninguna duda era bastante solido, aunque tenía el grave problema de que, si hacía eso, se podía meter en un grave lío de ser pillado ya que estaba incumpliendo la promesa que hizo, a lo que había sumar ir en contra de la propia naturaleza.

-Vale, ¿como detenemos a Orfeo antes de que haga una locura?- preguntó al aire Percy.

-En primer lugar hay que esperar a que él y Euridice se queden solos- les dijo Marin- ¿Y después intentar convencer a Orfeo de que desista? No creo que funcione- comentó Yumi. Marin la miró- ¿Tienes tu alguna idea mejor?- preguntó la dama del tiempo.

Yumi asintió- Lo que tenemos que hacer es precisamente lo que vosotras soléis decirnos a diario: no intervenir- comentó ella. El resto del grupo la miró- ¿¡Te has vuelto loca o qué pasa!?- le espetó Electra.

A pesar de que el grupo en general no estaba muy de acuerdo con la idea, decidieron al final dar un voto de confianza al plan de la japonesa. Por ello, simplemente se escondieron tras las rocas y e limitaron a observaron. Lograron pillar a Hades y a Orfeo justo cuando llegaban al campo de flores donde estaba Euridice. Vieron como el dios se acercaba a la chica, le decían unas pocas cosas, y se giraba a Orfeo. A quien dió un ligero golpe en el hombro. Tras eso, Hades desapareció de allí, dejando solos a la pareja.

-Esperemos que tu idea sea acertada, Yumi...- susurró Aurora- Y yo...- pensó la aludida, mientras les observaban.

Un minuto después de irse Hades, Orfeo parecía seguir hablando con Euridice, y por los gestos de ambos, se notaba que no era una conversación normal. Orfeo movía mucho las manos y los brazos, mientras Euridice negaba constantemente y ponía mala cara, según podía ver Odd. Estaban, a todas luces, discutiendo con fuerza.

-¡No y punto, y es mi última palabra, Orfeo!- oyeron gritar a Euridice, quien se dio la vuelta y fue directa al castillo del dios. Orfeo parecía con la intención de seguirla, pero ella se giró de pronto, y le dio un fuerte bofetón que hizo que Orfeo se cayera de bruces al suelo- ¡Orfeo, te odio, no quiero volver a verte!- gritó ella, y se fue corriendo, aguantando como mejor podía las lagrimas. Orfeo se quedó ahí, sentado en el suelo, tocándose la mejilla por varios minutos, mientras veía como la figura de ella se perdía por el horizonte.

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Orfeo no dijo ni una palabra desde que se había encaminado a la salida del inframundo para volver al mundo humano. Por respeto, ninguno de los chicos dijo nada en prácticamente todo el trayecto, ya que el músico legendario no parecía estar para bromas. Bueno, en realidad nadie en su situación estaría de buen humor. Notaban perfectamente que la energía de Orfeo había bajado considerablemente, y era de un tono oscuro por la tristeza. Pero mientras que nadie decía nada usando el método convencional, es decir hablando, vía gema se estaba produciendo una fuerte discusión sobre que hacer y no hacer. Básicamente, había dos facciones: por un lado, los chicos pensaban que había que intentar animar a Orfeo y que él y Euridice se reconciliaran. Por el otro, las chicas opinaban que era mejor que las cosas siguieran su camino, si Euridice había hecho lo que había hecho, alguna razón debe haber. Y como era costumbre en el grupo, al final se decidió que las cosas siguieran su cauce.

-Ya casi llegamos al final...- murmuró Orfeo. Efectivamente, ahí enfrente, se encontraba la cueva que llevaba a la cueva de Cerbero.

Justo cuando iban a entrar, de la cueva salió una figura encapuchada. Orfeo no sabía quien era, ya que siguió andando como si se tratara de un muerto que acababa de llegar, pero el grupo le identificó rápidamente. La confirmación llegó cuando Dinto se quitó la capucha.

-Encantado de veros de nuevo, guardianes- les dijo, mientras se inclinaba ligeramente con una sonrisa burlona. Orfeo se paró de repente, girándose. Miró a Dinto con curiosidad- Aún vives y estas aquí abajo... ¡espera un momento! ¡Tu eres...!- en la mente de Orfeo rápidamente se ataron cabos- Tu eras el dueño de esa energía que noté cuando me dirigía junto a Hades hacia el campo de...- Orfeo no llegó a pronunciar su nombre.

-Vaya, veo que me recuerdas- comentó contento Dinto- En fin, veo que aún no tenéis el talismán... que pena, tendré que mataros- dijo Dinto, mientras adoptaba una posición de combate con los puños a la altura del pecho, y una de las piernas más atrasada que la otra.

En seguida empezó el combate. Tal y como la vez anterior, en ningún momento Dinto abrió los ojos, y de la misma forma, el grupo en general tuvo grandes problemas para mantener a raya a su enemigo, ya que lanzaba esferas de energía desde todas partes, y como estaba recubierto por las sombras, no eran capaz de ver de donde venían los golpes. Durante la batalla intentaban seguir la pista de su energía, pero la misma se confundía a la perfección con las sombras. En definitiva, estaban en apuros.

-¡Come rayos!- gritó Electra lanzando su martillo al enemigo. Mjonir golpeó a Dinto en el estomago, quien fue rodeado por rayos provenientes del martillo, aunque logró que el martillo le dejara de golpear al disolverse en las sombras,y reapareciendo enfrente de ellos- Ni siquiera vuestros ataques más poderosos podrán destruirme, muchachos. No tenéis suficiente poder- dijo, riendose-¡TRUENO DEL ALBA!- gritó Electra, lanzando de su martillo una enorme descarga de energía, que Dinto esquivó a duras penas, aunque una parte de esa enorme energía acabó golpeándole en el brazo derecho, que le empezó a humear.

-Ya casi me había olvidado de esos ataques...- murmuró Patrick, mientras alzaba una pared de piedra para proteger a la chica, quien tras lanzar su golpe estaba algo cansada. Hacía un tiempo (ver capítulo 29) descubrieron que se podían realizar ataques de gran poder, pero el inconveniente es que se gastaba mucha energía y el usuario acababa exhausto, por eso no se llegó a profundizar en eso, ya que les dejaba indefensos contra sus rivales. Aunque el grupo en general le dijo a Atenea que correrían con el riesgo, ella les prometió que aprenderían golpes igual de fuertes o más, y sin acabar casi sin energías, peo que eso llegaría algo más adelante.

-Vaya, eso si que es fuerza, pero...- dijo Dinto, alzando de nuevo su mano y creando un disco de energía-¡Aún no es suficiente para derrotarme!- gritó, mientras lanzaba el disco de energía.

Antes de que ninguno de ellos pudiera intervenir, una fuerte luz resplandeció desde la derecha. Orfeo miró a la luz directamente, venía desde Elíseos pudo notar. Esa luz se transformó en un haz, y llegó allí en apenas unos instantes, llegando justo a las manos de Orfeo. Él se sorprendió al ver que se trataba de una carta.

-Es la letra de...- Orfeo se quedó callado, leyendo la carta. A las pocas líneas, Orfeo empezó a llorar ligeramente, aplastando la carta con su puño, pero cuando se dio cuenta de eso, la dobló con cuidado y la guardó en un bolsillo. Entonces se quitó las lagrimas de los ojos, y miró a Dinto- ¡Eh, tú, espantajo!. Le gritó, mientras le señalaba.

El aludido se giró, no se esperaba eso- ¡Deja a mis amigos en paz si no quieres vértelas conmigo!- le espetó Orfeo, señalando a Dinto. Dinto no pudo más que reír, era absurdo que un humano sin poder alguno le retara a él, que estaba despachando a casi todos los guardianes sin demasiados problemas.

Entonces, Orfeo, con paso firme, se les acercó, y miró a los chicos- ¿Tenéis un arma de sobra?- preguntó. Ellos se miraron- Pues...- dijo Patrick, mientras hacía aparecer su arma, la cimitarra de la tierra. Para ese momento, ya prácticamente todos habían hecho aparecer sus armas. Orfeo cogió la cimitarra, aunque le costó algo aunque le costaba algo mantenerla.

-¡Lucha conmigo, Dinto!- gritó Orfeo, mientras un aura empezaba a rodearle, esa era de color rosáceo. Dinto estaba realmente impresionado, pero no lo dejo ver. Orfeo entonces atacó, espada en mano, y dio varias acometidas contra el demonio.

Este esquivaba fácilmente los golpes, pero notaba a la perfección que Orfeo había cambiado. Yumi le miró con entusiasmo, su plan se estaba llevando a la perfección.

-¡Orfeo!- le gritó, acercándose corriendo mientras activaba su báculo y vestía su armadura. El aludido se giró- ¡Demuéstrame lo que sientes por Euridice!- siguió ella, mientras levantaba su báculo y este brillaba con fuerza. Todos tuvieron que cerrar los ojos, evitando quedarse medio ciegos por la potente luz. Cuando el brillo disminuyó, vieron que Orfeo tenía un colgante que resplandecía en color rosa. Tenía la forma de un corazón, aunque estaba conformado por una única línea de ese color, teniendo la parte interna hueca. Yumi lo cogió y se lo puso al cuello- ¿Que ha...¿- Orfeo estaba bastante confundido noto Yumi. Dinto gruñó.

-Mierda, ya no puedo recuperarlo...- dijo entre dientes. Frunció el ceño y se esfumó, dejando al grupo a solas. Rápidamente todos se junaron en torno a Yumi y Orfeo.

-La carta que llegó era de Euridice, ¿verdad?- preguntó Yumi. Orfeo asintió- Era su última voluntad. ¿Ya sabíais que ella en realidad no...?- preguntó él. Yumi asintió- Es evidente que ella no sería capaz de odiarte, no después de pasar siglos en el inframundo. Ella quería que fueses libre Orfeo, y la única manera de lograrlo era que te desvincularas del inframundo, y por desgracia la única solución posíble era esta- explicó en alto la chica.

Orfeo asintió- Supongo que lo último que ella quería era que vagara sin rumbo fijo por el inframundo intentando buscarla...- murmuró. Orfeo entonces alzó la vista al cielo, para después mirar a los chicos- Supongo que os debo una disculpa. Y muchas gracias. Ahora sé lo que debo hacer- les dijo, mientras les daba un fuerte abrazo grupal, tras lo cual el músico legendario se fue hacia la salida del inframundo.

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Al volver el grupo a la Hermita, Atenea les recibió, para comprobar satisfecha que el talismán del amor había sido recuperado con éxito.

-¿Han vuelto ya Jeremy, Ultich y Noelia con Sam y William?- preguntó esperanzada Aurora, pero Atenea negó- No, me temo que no. Aún así no debemos perder más tiempo, tenéis que partir de inmediato, un nuevo talismán ha despertado. Aún así creo que vuestros compañeros ya están en el lugar indicado, así que marchad deprisa- les dijo Atenea, abriendo un nuevo portal.

-El talismán de la entrega está en un mundo de piratas, este portal os llevarça al lugar indicado- continuó la reina, mientras lo abría. Inmediatamente, el grupo al completo saltó al interior del portal, deseando ver pronto a sus amigos.

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Lamento muchísimo haceros esperar tanto, pero finalmente aquí está el nuevo capítulo de guardianes! Casi 20 días os he hecho esperar madre mía ^^U de verdad me disculpo, espero que el próximo este para menos tiempo ^^

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Marvel que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright