Disclaimer: Los personajes de Rurounin kenshin no son míos, son propiedad de Nobushiro Watsuki.

Angeluz Yumi: Han pasado muchos años desde la última vez que leí un fanfic y ha pasado aún más desde que escribí uno, incluso tengo algunos sin terminar, situación que debo resolver. Sin embargo, un día vino nuevamente a mí esas ganas de escribir sobre mi pareja favorita, no puedo explicar cómo fue, pero sentí la necesidad de no dejar 2020 sin una historia sobre ellos. Porqué nadie me puede negar que este año ha sido el año de los acontecimientos inesperados.

Tinto

Capítulo 1. - Violeta

La luz natural de la mañana comenzaba a colarse dentro de la amplia habitación, rebotando sobre las paredes de color durazno iluminando una figura femenina que descansaba sobre la cama. Una larga y hermosa cabellera reposaba en la seductora espalda, una sábana delgada cubría la espalda baja, dejando al descubierto un redondo trasero y largas piernas.

Del otro lado de la habitación, unos ojos rojos contemplaban cada centímetro de la silueta pacíficamente dormida. No importaba cuantas veces presenciará la desnudez de su mujer, era prácticamente imposible que su cuerpo no reaccionará ante dicha vista, todavía no encontraba la forma de contenerse; pero ese era su secreto personal.

El Hitokiri había salido muy temprano de la habitación para alistar unos asuntos pendientes con Hoji. Inicialmente le dejaría saber a Yumi, pero había optado por dejarla descansar un poco más en el dormitorio, sabía muy bien que ella hubiera estado deseosa de acompañarlo. Después de contemplarla por varios minutos caminó hacia la cama, sentándose muy cerca de su mujer notando como se aferraba a una almohada, una costumbre que la joven había adoptado al no tener al espadachín a su lado, situación que le parecía algo peculiar al Samurái.

Como si la piel sedosa de Yumi fuera un imán, comenzó a acariciar con su mano una de las piernas para luego subir lentamente hasta el trasero donde manoseo un poco más. El cuerpo adormilado de Yumi reaccionó de manera instantánea, una sonrisa se dibujó en su rostro al sentir dichas caricias; era el toque de su amado buscando despertarla.

—Es muy temprano aún —expresó Yumi estirándose sobre la cama.

—Para tí siempre es temprano —dijo sonriendo el espadachín al ver que no abría los ojos y apretaba más la almohada junto a ella —Saldré de nuevo por unas horas, sé que deseas ir a la aldea, Soujiro te acompañará en caso de qué decidas ir —confirmaba Shishio moviendo su mano a la cintura de la mujer.

—Si, ¡me gustaría ir a la aldea! —dijo abriendo los ojos e incorporándose, estaba contenta, había pasado bastante tiempo dentro de la casa de seguridad. Shishio era muy estricto respecto a su protección, sólo permitía que el chico Seta la acompañará y considerando que el muchacho se encontraba ocupado la mayor parte del tiempo, debía aprovechar cualquier oportunidad.

—Pensé que aún era muy temprano —sonrió al ver la reacción de Yumi. Las circunstancias lo hacían tomar decisiones extremas en cuanto a la protección de su mujer, era lógico pensar que su excesiva belleza llamaría la atención de otros hombres; por lo tanto, Soujiro era el único en el que podía confiar para mantenerlos a raya.

—Lo es, pero quiero conocer la aldea –afirmó la mujer ya totalmente despierta. —Me gustaría dar un paseo para estirar mis piernas y distraerme un poco— mencionó Yumi acercándose sensualmente al Hitokiri sentándose sobre sus piernas y rodeando su cuello con sus brazos.

—Puedes ir y hacer lo que quieres, siempre y cuando Soujiro esté contigo, no creas que he olvidado cuando desapareciste de su vista. —recalcaba el espadachín tocando las torneadas piernas de Yumi, la realidad era que no podía mantener sus manos fuera del cuerpo de su mujer.

—Solo fue una vez…Yo quería probar un Korokke y el chico Seta solo quería comer dulces. —dijo en diferente tono tratando de sonar arrepentida. —Esta vez no lo perderé de vista –insistió Yumi con una sonrisa inclinándose para besarlo, sabía que sí podía desviar la atención del Hitokiri, era con uno de sus besos. Y así fue, Shishio correspondió el beso tomando la cintura de la mujer pegándola más a su cuerpo mientras sus manos subían por la espalda desnuda de Yumi, arrancando así pequeños suspiros de la boca femenina, como resultado colocó sus piernas alrededor de la cintura del guerrero vendado, esperando que los besos se intensificarán mientras que las manos del Hitokiri viajaban al trasero de Yumi para poder masajearlo a su gusto. Los besos no cesaban y el deseo era inminente en el dormitorio, detener la necesidad de ambos era una tarea casi imposible para él. Sin embargo, estaba consciente de sus tareas matutinas y la importancia de estas, por lo que tomó de la cintura a Yumi y de un solo movimiento, se puso de pie y dando la vuelta la acostó en la cama para así despegarse de ella.

—Ya conozco esa técnica, no funcionará conmigo dos veces. —bromeo Shishio al verla con cara de incredulidad, tenía asuntos que atender y si pegaba más su cuerpo al de Yumi, no saldría de ese cuarto. —Cuando estés lista, hazle saber a Soujiro. – manifestó antes de retirarse de la habitación.

—¡Arggghhh! —se quejó la exoiran al escuchar como Shishio se marchaba de la habitación y aunque le generaba algo de gracia también sentía frustración, los besos de su amado le hacían perder el control y en ese momento no le hubiera importado salir tarde para conocer la aldea. Eventualmente, le tomó una hora salir de la habitación. Finalmente, se dirigió a la cocina en donde encontraría al chico Seta, a veces le impresionaba la cantidad de comida que podía devorar.

El viento fresco soplaba agitando la cabellera con tonos púrpura, meneándolo de un lado a otro, Yumi había tomado la decisión de no recoger su melena esa mañana. Aunque las calles no eran muy transitadas dedujo que las mañanas siempre eran tranquilas en la pequeña aldea Magome. Ante sus ojos, la aldea era preciosa, con rasgos muy tradicionales de colores opacos, calles empinadas y empedradas rodeadas del frondoso bosque que aportaba un delicioso olor a madera mojada; ciertamente, uno de sus olores favoritos. De acuerdo con los comentarios de Hoji a pesar de ser un punto estratégico dentro de la ruta de Nakasendo; Magome fue una de las muchas aldeas abandonadas por el gobierno durante la restauración Meiji, era alucinante pensar como un lugar con tanta belleza natural pudiera ser desechado por el gobierno, aunque dadas las circunstancias, era algo no muy alejado de la realidad.

Yumi caminaba observando los pequeños detalles de los comercios abiertos, la mayoría eran procurados por gente mayor, era posible apreciar todas las herramientas y productos realizados de forma tradicional, cuidando cada detalle que caracterizaba a la aldea. A su vez, pudo notar que la cantidad de comercios y restaurantes eran muy pocos, casi nulos. Asimismo, la falta de niños y jóvenes recorriendo las calles, de seguro la mayoría de sus habitantes había huido a otras aldeas como resultado del abandono por parte del gobierno.

A pesar de crear conjeturas en su mente sobre la situación de Magome, cada paso que daba era seguido del joven Seta, quién no se despegaba de su lado, era prácticamente su sombra, sobre todo cuando algún hombre se acercaba o veía de forma lasciva. A decir verdad, no le disgustaba pasar el tiempo con el chico, era muy amable y atento, habían desarrollado una especie de hermandad o al menos eso era lo que pensaba, especialmente porque era quién lo llenaba de regaños de vez en cuando. Mientras reflexionaba, sin darse cuenta había llegado al extremo de la aldea en la cual se encontraba la tienda más grande en Magome, su tamaño era equivalente a tres establecimientos, inmediatamente una sensación la invito a entrar.

—Señorita Yumi, ¿también va a entrar a esa tienda? —preguntó Soujiro harto de dar vueltas, no entendía que era lo que buscaba Yumi, ya había entrado a tres tiendas y siempre salía con las manos vacías. Aunque estaba cansado de esperar, Yumi era alguien que le agradaba mucho, si bien no entendía sus regaños ocasionales, reconocía que ella era la única que podía quitarle el mal humor al Señor Shishio, incluso era capaz de tranquilizarlo. Aunque no tenía mucho de haberse unido al jefe en su hazaña por tomar el Japón, llevaba a cabo muchas actividades en beneficio de Shishio y Hoji, lo que ante sus ojos la convertía en alguien elemental para los próximos planes.

—Si chico, mejor espera aquí —contestaba animada Yumi entrando a la tienda.

La cantidad de artículos disponibles en el establecimiento la sorprendió. Era increíble, desde simples cuchillos, muñecas, colgantes, artesanías, vasijas y hasta los más finos kimonos, nunca había visto tanta variedad en un solo lugar, considerando que al lado de su amado había sido capaz de conocer varias ciudades de Japón y visitar múltiples negocios.

—Pero que hermosa jovencita. ¿En qué te puedo ayudar corazón? —Preguntó una anciana de estatura media, vestía un kimono sencillo de color gris con un obi color turquesa, en su mano derecha portaba un bastón de madera para ayudar en su andar.

—Disculpe mi Señora, estoy impresionada por la gran variedad de artículos que vende. —dijo Yumi haciendo una reverencia.

—Es natural, soy la primera y más grande tienda de la aldea. Todos los visitantes han pasado por mi tienda. Bueno...al menos hace algunos años. Últimamente las ventas no han sido buenas—dijo la anciana acercándose lentamente hacia Yumi, no sin antes analizar su rostro y cuerpo. —Sé que no eres de aquí, no pasaría por alto un rostro tan bello como el tuyo —dijo colocando su mano izquierda bajo su mentón.

—Estamos de paso —dijo Yumi algo incómoda al notar la mirada punzante de la mujer mayor.

—Puedo ofrecerles posada si aún no cuentan con una—dijo la anciana volteando hacia el exterior de la tienda, notando al chico Seta sentado sobre unos troncos que simulaban la forma de una banca afuera del negocio. —Podría conseguirles una habitación bastante amplia con todas las comodidades para una… ¿pareja? —ofreció con una sonrisa la señora mayor.

—¡No, no, no! No somos pareja, él es mí…hermano pequeño —soltó Yumi un tanto nerviosa, mantener la calma era una de sus especialidades, pero la idea de qué alguien mencionará una posible relación con el muchacho la sacaba de su centro.

—¡Oh ya veo!, pero caray! ¡No me digas que una mujer con tu porte no cuenta con un marido! —expresó la anciana un tanto sorprendida.

—Si…bueno…no sé…nunca hemos platicado sobre…nuestro título…oficial —dudaba la exoiran con el rostro ruborizado, en verdad no tenía claro que nombre darle a su relación con el espadachín, hasta cierto punto nunca se lo había cuestionado.

—Déjame decirte algo belleza, si él es lo último que ves antes de dormir y lo primero que ves al despertar, es tu marido. Si es con él único hombre con el que tienes relaciones, es tu marido. —recalcaba la anciana obviando la situación de Yumi. —Así lo marca la sociedad japonesa, algo tan simple como eso. —el rostro de Yumi comenzaba a cambiar de color, su intención era comprar prendas, no poner en tela de juicio su relación.

—A mis dulces 15 años fui unida en matrimonio para saldar una deuda entre familias y aunque esa unión me obsequio 4 varones y 3 mujeres, me gusta imaginar que existen personas que pueden estar juntas por decisión propia. —suspiraba la de mayor edad tocando uno de los kimonos colgados en la tienda. —Cuando veo jovencitas con una belleza como la tuya espero que al menos cuenten con alguien que las proteja.

El tono de la anciana estaba lleno de nostalgia y melancolía. Si bien no estaba segura del nombre de su relación con el Hitokiri, estaba convencida de la confianza y protección que el espadachín le proporcionaba día a día. Ella estaba con él por decisión propia…decisión…una palabra tan simple y compleja a la vez. Si bien, el espadachín le había reforzado que ella sería la verdadera dueña de sus elecciones, era complicado despojarse de emociones como la incertidumbre, el recelo y la ira, específicamente cuando formaban parte de su rutina, emociones que fue abandonando desde que el violeta se cruzó con el rojo.

—¿Estás enamorada? —preguntó la anciana al notar a la joven envuelta en sus pensamientos.

—De sobremanera—contesto Yumi fijando su mirada en una yukata de color azul, llevando por inercia dos de sus dedos a sus labios, recordando el primer beso que compartió con su amado.

—¡Vaya, con que convicción lo dices! Mi marido falleció en combate y desde entonces he estado sola, mis hijos crecieron e hicieron sus vidas, mi tienda y el dinero es lo único que me quedan, así que yo también vivo enamorada —rió tratando de liberar el ambiente. —Dime linda ¿Qué has venido a buscar? Deja que la anciana Etsu Watanabe te ayude en tu búsqueda—sonrió la viejita colocándose al lado de la joven.

—Tengo en mente algunas cosas qué quisiera obsequiar, esa Yukata azul por ejemplo —señaló Yumi.

—Bien, de hecho, creo que tengo algo que podría servirte como regalo también—sonrió Etsu antes de desaparecer por una puerta que se encontraba al lado de una fila de kimonos nuevos y bien colocados. —Tengo esto desde hace un año aproximadamente, nunca la he ofrecido porque no es del estilo de la gente de la aldea, pero creo que a ti te vendría muy bien, porqué si yo tuviera esas piernas ¡ufff! —mencionó sacando una pequeña caja blanca para revelar el contenido en el interior.

Los ojos de Yumi se abrieron más al observar la prenda en la caja, la anciana Etsu no mentía cuando dijo que sería un buen regalo, sería uno perfecto al cual le sacaría mucho provecho.

—Definitivo, ¡Me lo llevo! —dijo entusiasmada la poseedora de los ojos violetas. —Quisiera ver que prendas tiene en color azul y verde, por favor, mi señora.

—¡Perfecto! Aunque esto podría tomar algo de un poco de tiempo—recalcaba la viejita ayudando a Yumi a recorrer la tienda para mostrarle todo lo que podía comprar.

—Listo chico, ya podemos irnos de aquí —dijo Yumi después de casi dos horas de estar dentro de la tienda.

—Ya era hora Señorita Yumi —dijo desganado Soujiro notando un par cajas detrás de la mujer. —¿Qué es eso? – pregunto esperando que fuera comida.

—Ah bueno, lo que pasa es que se me hizo una buena idea llevar un par de regalos. —sonrió al recordar el contenido.

—¿Regalos?, ¿Para quién?, ¿Se come? –preguntaba sinceramente Soujiro, su estómago estaba vacío desde hace más de 3 horas.

—¡No puedo creer que solo pienses en comer Soujiro! Pero no, no es comida. —exclamó Yumi.

—Entonces no quiero ayudar a llevarlos. —sonrió el muchacho y comenzó a caminar.

—¿Qué? ¡Soujiro!, ¡Yo no puedo con todo esto yo sola! —gritó Yumi

—Eso lo hubiera pensado antes Señorita Yumi—soltó con naturalidad.

—Entonces te perderás de los dulces que tenía pensando comprar…— Yumi observó como Soujiro paro en seco y retrocedió hacia ella al nombrar los dulces.

—¿Qué tipo de dulces? —pregunto animado a la respuesta mientras tomaba las cajas de Yumi.

—Tú eres el experto, tú elige. —sonrió causándole gracia como podía extorsionar a un espadachín de su nivel con un simple dulce.

Finalmente, después de comprar 3 cajas de dulces para Soujiro, regresaron al escondite que se encontraba a un par de kilómetros dentro del bosque, no era un lugar muy grande, como todo en la aldea era una construcción japonesa clásica. Sin embargo, por dentro deslumbraba por la mezcla japonesa y occidental, algo muy común en los escondites estratégicos que Shishio tenía por todo el Japón. Sin duda, el espadachín explotaba el conocimiento que tenía sobre la antigua administración al no poder ser ubicado por el nuevo gobierno.

Como parte del favor, le pidió a Soujiro que dejará todas las cajas en su habitación, no sin antes darle una al muchacho quién con sorpresa agradeció el detalle. Por lo que Yumi tomó una de las cajas más grande y la llevo al mini despecho de Hoji, esperaba que su detalle fuera grato para el administrador.

Dando por terminada su tarea, se dirigió a la habitación que compartía con Shishio; la más grande del lugar la cual contaba con baño privado y un pequeño jardín. A pesar de la gran ayuda de Soujiro se encontraba cansada, apreciaba el ejercicio para mantener su figura, pero las calles empinadas habían surtido efecto en ella, sin considerar todas las prendas que había tenido que mover en el negocio de la anciana Etsu, no había sido una tarea fácil llenar el ojo de la exoiran pero había podido obtener lo que tenía en mente, así que decidió tomar un baño antes de la llegada del Hitokiri.

Al entrar a la habitación observó las cajas que el joven Seta había colocado sobre la cama, con una sonrisa resalto lo desestresante que había sido el día. En verdad necesitaba algo de aire fresco y hasta cierto punto, interactuar con una nueva persona; la anciana Etsu había resultado ser una persona muy parlanchina, había logrado arrebatarle varias carcajadas durante su estadía y búsqueda en el negocio.

Yumi Komagata caminó hacia la cama para tomar la primera caja; ligera y elegante. Era su nueva adquisición y estaba segura de qué sería la nueva pieza favorita de su espadachín y sin poder evitarlo, una sonrisa se formó en su rostro al recordar lo ocurrido horas antes, si bien era cierto, no era la primera vez que Shishio se veía forzado a interrumpir las sesiones de besos y el deseo carnal para continuar con sus planes del día y aunque la situación resultará cómica para Yumi, comprendía la planeación, aunque eso significará no poder compartir todo el día con su amado, quizás un deseo egoísta pero el guerrero se le había metido hasta debajo de la piel.

Sin pensarlo mucho, se dirigió al baño privado. Sin importar el lugar al que llegarán, siempre había algo distintivo. En este caso, el piso era de piedra, comparable al de las calles principales de la aldea, lo que más destacaba era la gran tina rectangular de madera junto a una ventana que dejaba entrar la luz natural del día, mostrando el hermoso jardín privado del cual disponían. Cerca de la tina se encontraban pequeños muebles con velas aromáticas y toallas de aseo, frente a esta se hallaba un espejo circular de gran tamaño, en el suelo del baño se hallaba un taburete y un cubo de agua para poder sentarse a enjuagar el cuerpo antes proceder a la tina.

Colocando su nueva prenda en el mueble del baño, prosiguió a desvestirse admirando su figura en el espejo, en seguida su rostro se iluminó al visualizar la imagen del espadachín detrás de ella, la conversación con Etsu había logrado revivir imágenes de su primera noche juntos.

Su primera noche había sido inolvidable. Nadie se había preocupado por ocasionarle placer alguno, mucho menos por regalarle besos y caricias significativas, su placer personal siempre estaba fuera de la mesa, ella no era la prioridad en su antigua profesión, no esperaba atenciones de nadie, ni las requería.

Durante su época como la mejor Oiran de la zona, siempre fue superior en todo, indiscutiblemente destacaba en varios sectores, uno de ellos era su gran belleza natural. Sin embargo, su inteligencia, elocuencia, elegancia, perspicacia, valentía y fortaleza la habían llevado a posicionarse como la mujer más deseada de todas. Sus clientes tenían que probarse dignos del tiempo de en aquel entonces; Hana Homura. No existía hombre poderoso que visitará Yoshiwara que no contemplará gastar parte de su fortuna en una noche con la mujer de ojos violetas.

Su jerarquía de Tayū la situaba en panoramas más favorables en relación con sus clientes. Sin duda había luchado por destacarse entre todas y así asegurar que solo los hombres de mayor estatus pudieran acceder a su cuerpo. Aunque eso no evitaba que fuera tratada como un pedazo de carne al final de la noche, el cual único propósito era ser penetrado para el placer masculino que mayormente ignoraba lo incómodo y doloroso podía llegar a ser. Fueron varias las ocasiones en las que tuvo que ahogar sus gritos de dolor e incluso atender sus propias heridas ocasionadas por el desenfreno de los clientes y descuido de los mismos.

Agradecía cuando sus clientes eran mayores y pagaban sus servicios para aparentar un estatus económico, sabiendo que ni siquiera llegarían a la parte sexual de la jornada. Esos días eran un respiro para ella; Sin embargo, los días en los que sus clientes se comportaban como animales siempre estaban a la vuelta de la esquina. A pesar de ser usada como objeto sexual, nunca sintió la necesidad de pedir por más, su verdadero placer era algo que solo había experimentado en la soledad de su habitación, hasta que…lo encontró.

***Inicio Flashback***

Su respiración era lenta y pesada, el desconcierto no era un sentimiento común en ella, durante el acto sexual usualmente los hombres tomaban de inmediato lo que necesitaban de su cuerpo, no era un proceso que desconociera ni al cual no estuviera acostumbrada, pero frente al hombre de los ojos rojos nada podía ser catalogado como normal o usual. Era el primer hombre con el que estaría voluntariamente, sí. Yumi lo había decidido así, ella lo deseaba así y sin embargo no sabía que esperar, solo podía quedarse quieta mientras sentía la mirada penetrante del espadachín vendado detrás de ella.

Por el contrario, el dueño de los ojos rojos recorría la silueta de la mujer frente a él, aún se encontraba envuelta en ropa y su excitación iba constate aumento. Sin duda era una mujer atractiva, pero ¿Qué la hacía tan llamativa ante sus ojos? Sin esperar más, se acercó a la quieta mujer que inundaba la habitación con su exquisito aroma. El guerrero retiró la elegante prenda de la mujer para poder satisfacer su vista, mientras liberaba la piel, no pudo dejar de admirar lo sedoso de la misma. Al dejar caer la vestimenta, movió sus manos vendadas hacia los hombros desnudos rozándolos un poco, provocando un suspiro en Yumi quién cerro los ojos al contacto al sentir como las manos masculinas bajaban por sus brazos tocando con el dorsal todo el largo de ellos, un toque tenue, pero efectivo.

Siguiendo con el dorsal procedió a recorrer la espalda de la joven, como si tratará de memorizar cada rincón de la tersa piel, sin dejar escapar ningún espacio hasta llegar a la cintura donde posicionó sus dos manos atrayéndola hacia él; sus cuerpos juntos aceleraron la respiración de Yumi, sus ojos cerrados intensificaban cada toque que le regalaba el espadachín.

Aunque Shishio solo había ofrecido un par de caricias, Yumi sentía la excitación entre sus piernas. Al sentir sus cuerpos juntos, no pudo evitar sonreír al sentir el miembro endurecido del espadachín en su trasero. Estaba lista, pero él tenía otras intenciones.

Recorriendo su cintura y acariciando su abdomen, se dirigió directo a los senos, tomó ambos en sus manos, los masajeo y exploró uno a uno para así acariciar los erectos pezones, provocando que Yumi dejará expuesto su cuello, lo que el espadachín aprovecho para besar lentamente dejando un camino que ahora solo él podría recorrer. Los ojos de Yumi permanecían cerrados, sus labios se presionaban entre sí al sentir una corriente recorrer su espalda, desconocía la forma en la que su cuerpo reaccionaba, esas suaves caricias eran nuevas para ella, no era habitual que fuera atendida, ni procurada, no era algo que esperaba y mucho menos de un asesino.

Shishio abandonó uno de los senos descendiendo hacia el abdomen de la mujer, su mano bajaba lentamente hacia un solo objetivo, acariciando suavemente la piel tersa.

—Me estás volviendo loca – Dijo Yumi al sentir la suavidad de sus caricias.

—No he comenzado – Dijo engreídamente Shishio continuando con los besos a lo largo del cuello femenino. Sin esperar más deslizo un dedo dentro de la hermosa mujer, arrancando un gemido de Yumi. —Vaya, ya estás muy mojada. – Manifestó Shishio al sentir toda la humedad. —Enséñame que tanto te puedes mojar. – Dijo mientras metía otro de sus dedos a la cavidad de la exoiran, mientras tomaba los labios de la mujer.

Como un acto de inercia ante el toque del espadachín, Yumi alzó su mano y la colocó detrás del cuello del hombre vendado para profundizar el beso, abriendo un poco las piernas permitiendo que los dedos ajenos jugarán con toda su intimidad, meneando y saliendo al ritmo que se pautará. El beso se intensificaba con cada cambio de ritmo, los gemidos ahogados de Yumi y la constante presión sobre sus dedos aumentaban con creces su excitación y ganas de entrar en ella. Sin embargo, deseaba hacerla sentir más, deseaba que pidiera por más, deseaba hacerla disfrutar y que nunca olvidará su nombre.

El cuerpo de la dueña de los ojos violetas se tensó y se contrajo, una fuerte onda de placer la invadió envolviendo los dedos que Shishio mantenía dentro de ella quién al sentir la tensión movió su otra mano al cuello de Yumi para profundizar más el beso y ahogar el fuerte gemido que quería ser liberado de los labios de la impetuosa mujer.

—Me encanta como tu cuerpo reacciona ante mí – Afirmó el espadachín rompiendo el beso para así ponerse frente a ella y poder admirar la desnudez de su silueta. —Eres hermosa. – Dijo acariciando una de las mejillas de Yumi quien aún se encontraba en trance y con una visible agitación. Sin esperar mucho más, la atrajo hacía él para retomar el beso, abandonando su mejilla llevo nuevamente sus manos a la cintura femenina e inevitablemente sus manos descendieron hasta el redondo trasero femenino, aferrándose a él, provocando en Yumi un leve gemido.

Sin romper el beso, Shishio levantó a Yumi lo que impulsó que ella rodeará la cintura del espadachín con sus piernas, para así llevarla a la cama donde la acostó suavemente continuando con un beso cada vez más pasional y necesitado. Las manos de Yumi se aferraron a la espalda musculosa del guerrero quién acariciaba sus largas piernas.

—Tómame ya. – Le rogó Yumi entre besos al sentir el miembro endurecido de Shishio rozando su entrada, estaba más que lista, era lo que deseaba.

—Quiero probarte antes. – Salió de los labios del espadachín quién descendió dejando besos entre sus senos, abdomen y vientre hasta que, sin dudarlo, inserto su lengua en la entrada de Yumi. El cuerpo de la excortesana se arqueo al sentir como la lengua de Shishio lamía todo a su alrededor, sentía como el jugo de su ser era bebido por el hombre vendado, su mente estaba nublada, todo giraba a su alrededor, sintió como las manos del espadachín acariciaban sus muslos y como subían para apretar su trasero, ¿Qué demonios le estaba haciendo el famoso asesino? Si bien en su pasado pocos habían intentado probarla, no poseía un recuerdo agradable sobre dichas experiencias, supuso que era una actividad exclusiva para el placer masculino, en cambio, entre sus piernas se encontraba un hombre que besaba y lamía sus pliegues a diferentes ritmos y velocidades produciéndole nuevas ondas de placer por todo el cuerpo; alguien deseoso de proporcionarle placer.

El sabor de Yumi era exquisito, un elixir con un sabor delicioso, igual de placentero era contemplarla con respiración agitada mientras mordía sus labios y apretaba sus senos al gemir de placer. La combinación lo estaba llevando al límite, necesitaba tenerla completamente, así que soltó uno de los muslos para poder sacar su miembro que estaba más que duro y listo.

Yumi sintió nuevamente una calidez proveniente de su entrepierna e instintivamente cerro un poco las piernas dejando que el espadachín probará todo el orgasmo. Shishio sonrió acercándose a Yumi tomando sus labios para que ella probará de su propio sabor, el espadachín la necesitaba ya. Rompiendo el beso y la mezcla de sabores en la boca de Yumi, entró en ella de un solo movimiento.

A pesar de gozar de su segundo orgasmo y de su propio sabor en la boca de Shishio, no pudo evitar romper el beso y soltar un gemido al sentir la hombría del Hitokiri finalmente dentro de ella. Aunque estaba extremadamente mojada sintió una presión al sentir el gran miembro dentro de sus paredes.

—Es enorme. – Dijo Yumi mordiéndose los labios y viéndolo directamente con una sonrisa seductora.

—No es la primera vez que me lo dicen. – Sonrió Shishio procediendo a embestir a Yumi. —Eres deliciosa. – Dijo el Hitokiri regresando a los labios de Yumi. Definitivamente había encontrado un nuevo elixir.

Yumi Komagata no daba crédito a lo que estaba pasando, sentía que iba a explotar, su piel nunca había estado tan sensible, nunca le habían hecho sentir tanto, su feminidad estaba empapada y su sabor se encontraba en la boca de alguien más, estaba totalmente perdida en el toque de Shishio Makoto. Cada caricia le provocaba una sensación diferente, cada vez que profundizaba en ella era un placer como ningún otro, placer que nunca experimentó, placer que nadie le hizo sentir y que solo quería experimentar con él. Placer que solo fue incrementado como la velocidad de las embestidas y los gemidos que inundaban la habitación. Después de varios minutos y por tercera vez en la noche, las paredes de Yumi se contrajeron, haciendo que su cuerpo se arqueará de placer, arrojando su cabeza hacia atrás liberando un fuerte gemido al sentir como Shishio se venía dentro de ella, ambos alcanzando el clímax.

—Todo de ti es delicioso. – Dijo el espadachín aún dentro de Yumi, mientras besaba el cuello de la mujer y acariciaba su cabello. —Hasta tus gestos son sensuales. —comentó acariciando el coqueto lunar de su rostro.

—¿Qué me hiciste Shishio Makoto? — Trataba de enunciar Yumi, los orgasmos de esa noche la habían agotado. — Nunca me habían…

— ¿Tocado? – Preguntó muy natural. —No diré que no lo imagine. – Dijo, sacando su miembro lentamente de Yumi y acostándose al lado de ella. —Solo un verdadero hombre sabría complacer a una mujer como tú. – Dijo seguro de sí mismo.

***Fin Flashback***

Poco a poco abrió sus ojos al recordar su primer encuentro sexual con el espadachín, nuevamente una gran sonrisa adornó su rostro no sin antes notar las reacciones naturales de su cuerpo al evocar aquel momento tan transcendental.

—Regresa pronto mi amor –soltó entre suspiros Yumi dispuesta a entrar a la tina para calmar sus ansias.

Continuará…

Angeluz Yumi: Espero les haya gustado. Honestamente un día de Diciembre me levante y en mi mente se armo esta mini historia, aún falta un capitulo más donde Shishio tendrá más participación. Espero puedan proporcionarme sus cítricas constructivas.