Código: Guardianes

Capítulo 62

-Esos malditos Troyanos... ¡atacaron en plena tregua!- gritó Menelao, cuando le sacaron la flecha de un tirón, aunque la herida fue rápidamente atendida por Macaón, rey de Tesalia junto a su hermano Asclepio, que también estaba presente.

-¡Mañana al amanecer atacaremos Troya!- gritó Agamenon, saliendo de la tienda junto a varios de sus compañeros. La guerra estaba servida.

Enseguida, y tras ser atendido en primer lugar por Macaón, llevaron al rey espartano hacia la enfermería, donde enseguida llegaron Noelia y Aurora a ayudar a los porteadores con la camilla, la cual fue depositada al lado de un catre, donde fue colocado Menelao entre gruñidos de dolor. Segundos después, llegó Yumi y le retiró la ropa que llevaba, descubriendo así la herida que la flecha le había causado. Retiró el vendaje improvisado con un trozo de mantel, y, con una tina de agua, fue lavando la herida.

-Esto va a necesitar coserse...- comentó Yumi, mientras veía como la herida era no muy profunda, pero lo suficiente para provocarle dolor al espartano, quien mordía una tela, pero sin gritar aún.

Entonces, la japonesa cogió hilo, unas tijeras, y un pequeño punzón, comenzando así a realizar el zurcido- No lo haces mal, para ser tan joven...- comentó Menelao, viendo como ella le hacía la operación- ¿Has estado en más guerras antes?- le preguntó.

Yumi asintió. Como guardiana de la naturaleza, ella tenía grandes poderes curativos, gracias a los cuales podía curar heridas mucho más graves que esa encendiendo tan solo su energía, pero para pasar desapercibida había aprendido a hacer cosas como esa. Aún así la medicina no le llamaba mucho la atención, prefería usar su energía sanadora, pero aquello era una excepción. Minutos más tarde, la herida ya estaba cerrada, y, tras untar en la misma un poco de hierbas para desinfectar, se levantó y se lavó las manos para limpiarse.

-Mantente quieto varios días, y sobretodo nada de movimientos bruscos- le dijo ella, mientras Menelao suspiraba con fuerza.

-Maldito sea ese troyano...- murmuró, mientras se pasaba la mano por la cara. Yumi sonrió y negó ligeramente, Menealo era un espartano de pura cepa, y se iba a perder no solo la reunión que se estaba llevando a cabo para preparar el plan de ataque como respuesta, sino también la batalla del día siguiente.

-Supongo que te gustaría participar del combate- le dijo, mientras se sentaba a su lado. Menelao no dijo nada, pero en sus ojos se podía ver el ansia por combatir. Yumi le entendía, ella también muchas veces tenía esa mirada cuando deseaba luchar en Lyoko pero no podía. Verle ahí, postrado sin poder hacer nada, con los ojos llenos de rabia y los puños blancos de todo lo que apretaba, no de dolor sino de impotencia, hicieron que Yumi tuviera una idea.

-He oído que la diosa Atenea frecuenta bastante este campamento...- dijo ella, mientras Menelao bebía un poco de agua de un vaso.

Este asintió- Así es, la diosa nos ha ayudado en varias ocasiones- le respondió, mientras observaba a la japonesa- Nunca había visto a nadie con unas facciones como las tuyas... ni tampoco a nadie con ese color tan raro de pelo- dijo el espartano, clavando su mirada en Aurora, que estaba junto a Electra- ¿De donde sois?- le preguntó.

Yumi sonrió, era obvio que su grupo era uno demasiado singular como para pasar desapercibido- Venimos de Grecia, mi señor- le respondió. Melenao negó.

-Dime la verdad, mujer- le dijo, mirándola a los ojos, y agarrándola con fuerza del brazo- Venís de ese lugar, de Asmara, ¿verdad?- le preguntó este, mientras se erguía, pese a la herida. Yumi asintió, en el fondo no se sorprendía tanto, en aquella época el vinculo entre los mundos estaba abierto.

-Un día Aquiles me dijo que estaba esperando a unos jóvenes de ese lugar... no supo decirme como serían, ni para que venían... solo me dijo que iban a venir en plena guerra- le dijo, aguantando el dolor. Yumi, al ver su expresión de dolor, y maldiciendo la estupidez espartana, colocó su mano derecha en la herida, de la cual emanó una suave luz. Ni un segundo después Melenao no sentía ningún tipo de dolor, y vio con sorpresa como la herida había desaparecido, sin siquiera dejar cicatriz.

-Yo no le contaré a nadie del campamento lo que me has contado, y tu harás lo mismo sobre lo que has visto, ¿vale?- le dijo ella, con una sonrisa, mientras retiraba los puntos. Menelao asintió y se levantó, dando solo un gracias a Yumi, quien suspiró, al menos ya sabía a quien debía buscar.

Tras eso, salió de donde estaba Menelao, seguida enseguida por este, y llegaron a donde se producía la discusión sobre que hacer. Por lo que parecía, todos estaban bastante desacuerdo sobre lo que hacer, desde pequeñas discrepancias en asuntos menores, como sobre si atacar enseguida o esperar al amanecer, a dudas sobre cosas de suma importancia. Menealo, antes de entrar, tomo aire, y entró, pegando un poderoso grito.

-¡CALLAOS DE UNA VEZ!- gritó, entrando, y golpeando con los puños la mesa. Todos se giraron a verle, sorprendidos de verle ya recuperado, y con tantas energías. Nadie diría que minutos antes se retorcía de dolor en una camilla mientras una enfermera le retiraba una flecha del costado.

-¿Ya te recuperaste, Menelao? Por los dioses, tal parece que no soy el único que es invulnerable aquí- se rió Aquiles, mientras se acercaba a Menelao.

-Precisamente contigo tengo que hablar más tarde, Aquiles- le dijo, mientras miraba de reojo a Yumi, justo detrás de él- ¿Se puede saber cual es el problema para que haya tanto alboroto entre los príncipes de Grecia?- les preguntó.

-No sabemos aún como atacaremos. Lo que sí sabes es que queremos ataca al amanecer- le contestó Ulises. Menelao se acercó al mapa. Este tenía figuritas de madera que simbolizaban las diversas facciones, colocadas a lo largo y ancho del mapa.

-Sabemos que los troyanos saldrán de su muralla, como hicieron otras veces, lo que no sabemos es en que cantidad lo harán- le dijo Agamenon.

-Sean cuantos sean, les haremos frente con valor- dijo Menelao, mientras se giraba- ¡No es tan sencillo, espartano!- le gritó Agamenon.

Mientras ellos discutían, Aelita notó que alguien se les acercaba. Era una adolescente de pelo blanco y ojos rojos, pero parecía que solo ella y sus compañeras podían verla, pues ninguno de los griegos no sabían que estaban ahí.

-¿Es ella, verdad?- le preguntó a Susan, mientras actuaban como que tampoco la veían- Sí, es Xana, creo que ella cree que nadie la ve, así que bien hecho en actuar así- le dijo ella.

Vieron como Xana colocó un par de dedos en la frente de Agamenon, para después colocarlos en la misma posición en la frente de Ulises, para después desaparecer en un suave destello. Menelao les seguía gritando, pero Agamenon le miró con fiereza, y clavó con fuerza la espada en la mesa.

-¡Silencio! ¡He tenido una idea que hará que los troyanos nos supliquen misericordia!- gritó, mientras volvía a colocar las figuritas de madera.

Mientras los principes se acercaban de nuevo a la mesa para discutir la idea que Agamenon tenía, las chicas decidieron salir a escondidas de la tienda, para así avisar a sus compañeros, era una noticia importante la que debían comunicarse.

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Por su parte, los chicos se encontraban en una tienda que compartían todos, con un catre por cabeza, unas velas de aceite, una fogata en el centro, cuerdas para colgar la ropa, unos cuantos sostenes de armaduras, un baúl con armas y escudos, y poco más. Mientras estaban en eso, notaban que las energías de los que estaban en el campamento eran de tensión, no demasiado alta, pero tensión al fin y al cabo. Notaban además que las energías de sus compañeras estaban bastante tranquilas, aunque la de Yumi se elevó por unos instantes para bajar de nuevo tan rápido como subió, lo cual les sorprendió. También notaron como se dejaba notar una energía eléctrica bastante poderosa, pero que no era la de Electra, y el mensaje que les llegó de sus compañeras confirmó sus sospechas: Xana.

-Ella está interviniendo mucho en esta época- comentó William, levantándose. Jeremy asintió- Tal vez demasiado, pero, ¿que deberíamos hacer? Se supone que en esta guerra intervienen dioses- comentó, para nadie en particular.

-Está claro que si Xana está aquí, es porque los verdaderos dioses no desean intervenir en este combate, tal vez tengan que ser otros los que hagan acto de presencia- comentó Patrick, jugando con su espada.

-¿Te refieres a que intervengamos nosotros, Patrick?- le dijo Herb, quien estaba al otro lado de la tienda, junto a Odd y a Ulrich. Patrick asintió.

-Deberíamos hablarlo con las chicas, no sabemos que han podido descubrir ellas- dijo Herb, que estaba al lado del fuego, calentándose las manos.

Tras cerrar los ojos momentáneamente, se abrió al lado de ellos un portal, del cual salieron parte de las chicas, la única que no estaban allí eran Aelita y Susan, el resto estaban allí.

-Hemos dejado a Lita y a Susan en la tienda donde están los jefes del campamento para que estos no puedan notar la ausencia del resto- les informó Aurora, al notar que Jeremy y Patrick buscaban con la mirada a sus compañeras.

-¿Habéis descubierto algo nuevo?- les preguntó Nicolás. Sería Sissi quien respondería- Sí, sabemos la táctica que seguirán los griegos contra los troyanos- les aseguró Electra.

Y de esta manera se la explicaron. Tenían intención de llevar un grupo de cerca de quinientos soldados al frente, mientras que por ambos lados atacarían dos grupos de ciento cincuenta cada uno, más la caballería de doscientos soldados, en total, más mil cien personas solo en el bando de los griegos. Había que reconocerlo, la idea era buena, pues metía a los troyanos en un embudo debido a la orografía del terreno. Aún así, la victoria no estaba asegurada, pues es muy probable que los troyanos tengan algún as bajo la manga.

-¿Sabemos al menos a quien hay que buscar para encontrar el fragmento de la gema de Asmae?- le preguntó a la pelirosa Odd. Esta asintió.

-Es Aquiles. Según Menealo, este le contó que nos esperaba, pero que no sabe como somos, ni nuestros nombres- les dijo Yumi.

-¿Entonces como sabrá que somos nosotros?- le preguntó un muy curioso Herb. Sissi le sonrió- Usaremos nuestros poderes ante ellos- le dijo, con ilusión.

Los chicos se miraron, no se esperaban esa conclusión, ni mucho menos que Marin pareciera tan de acuerdo con la misma- Precisamente nosotros os queríamos proponer eso mismo, ya que parece que Xana no deja de hacer intervenciones en esta guerra- comentó Jeremy.

-¿Que haremos si los dioses de verdad dicen algo?- preguntó entonces Sam. Marin sonrió- Está claro, les echaremos de aquí, por lo que pude leer en la mente de Xana, ella es más poderosa que esos dioses, y nosotros somos más poderosos que Xana, ergo somos más fuertes que esos dioses- dijo ella, con una sonrisa.

Ante semejante reflexión ninguno de sus compañeros pudo decir nada en contra, aunque no tuvieron mucho tiempo para pensar, pues un hombre, un oficial a jugar por sus ropas, entró a la tienda a toda velocidad, aunque las chicas fueron más rápidas y desaparecieron de allí a velocidad luz.

-¡Soldados, preparaos para entrar en combate!- les gritó, mientras sacaba la espada- ¡Mañana, en cuanto los primeros rayos de sol iluminen la tierra, atacaremos Troya!- les dijo, para después salir de la tienda y dejar a los chicos prepararse.

-En ese caso, preparémonos, mañana será un día largo- dijo William, mientras se colocaba la espada bien el cinto.

Fue entonces que William se quedó pensativo por unos instantes, para después mirar a sus compañeros- Ya están las chicas avisadas, mañana se nos unirán en la pelea- les dijo.

Sería Nicolás quien intervendría entonces- ¿A quien debemos apoyar?- le preguntó al pelinegro.

-Según Susan los dioses apoyaban a uno u otro bando según sus intereses, pero está claro que la verdad es otra- les dijo William.

-En ese caso apoyemos todos a los griegos, está claro que siendo Aquiles la persona que guarda la parte de la gema de Asmae que estamos buscando deberíamos darles nuestra ayuda- les dijo Patrick.

-¿A favor?- preguntó entonces Jeremy, mirando a sus compañeros, y levantándose. Ante esa cuestión, todos levantaron el brazo, dando así por concluida la votación.

Una vez comunicada la decisión a las chicas, estas también decidieron apoyar a los griegos, por lo que así no habría problemas de facciones entre ellos. Con esa idea en mente, todos los chicos se fueron a la cama a descansar un poco, todos excepto Susan y Marin, que se quedaron de vigilia, pues no necesitaban dormir tanto al ser damas del tiempo. Precisamente como se aburrían bastante, decidieron ir a dar una vuelta por los alrededores, lo cual significaba entrar en Troya. Como iban con un simple traje blanco, no llevaban nada que les indicara a los troyanos que eran griegas, pero decidieron colocarse una tela en el antebrazo con el escudo de Troya. Anduvieron por las calles en completo silencio, solo iluminadas por antorchas en algunas esquinas y en los dinteles de las puertas de las casas, las cuales eran sobretodo unifamiliares. Cuando doblaron una esquina las chicas tuvieron que salir corriendo y esconderse tras un barril en la calle, pues vieron llegar a tres figuras desde la calle hablando entre ellas, por las ropas dos de ellas eran soldados rasos, siendo la otra seguramente un oficial. Cuando pasaron a su lado, estando ellas escondidas tras un barril, Marin se fijó en el oficial, y dio un codazo a su hermana con insistencia, quien la miró con sorpresa y algo molesta, pero no hablaron hasta que los tres hombres estaban ya lejos.

-¡¿Se puede saber que pasa?!- susurró Susan, algo molesta- ¡Ese hombre, el oficial, debe sobrevivir a la guerra!- le respondió su hermana.

Susan alzó una ceja con algo de escepticismo, pero al concentrarse se dio cuenta de lo que su hermana tenía en mente- Era Eneas, ¿verdad?- le preguntó Susan, a lo que Marin asintió.

-El padre de Rómulo y Remo, y el abuelo del imperio antiguo más poderoso de todos- murmuró Susan. Entonces, decidieron volver al campamento griego e informar a sus compañeros, lo ideal desde luego era que uno de ellos personalmente defendiera a Eneas, pero debían hablarlo con el resto.

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Nada más salir el sol por el horizonte, los ejércitos de Grecia y Troya se prepararon para el combate, con todos los soldados en guardia, listos para detener el aytaque rival y comenzar la ya ineitable lucha. Los oficiales de ambos bandos se encontraban en sus caballos, con las espadas fuera y con una unica mano sujetando las riendas de sus corceles, aunque había algunos arqueros a caballo con los carcaj a la espalda llenos, aunque eso no les eximía de llevar sus propias espadas. En el lado griego, los chicos se encontraban bastante atrás de la primera línea, es más, estaban casi en la retaguardia, lo cual les permitía pasar más desapercibidos, aunque estaba claro que no lo iban a ser en cuanto usaran sus poderes. En cuanto a las chicas, ellas esperaban en una colina cercana, detrás de unas encinas, y listas también para entrar en acción en cuanto el combate empezara.

-¡SOLDADOS!- gritó uno de los principes griegos, alzando su espada- ¡QUE LOS DIOSES NOS ACOMPAÑEN EN ESTA BATALLA! ¡POR GRECIA!- gritó, precisamente, Aquiles.

Un grito generalizado le confirmó que sus soldados le apoyaban. Y, con un potente sonido de cuernos tocando, la batalla comenzó. Segundos después, las luces de las gemas de los chicos llenaron todo el campo de batalla, aunque ninguno llegó a usar sus poderes, se limitaban a usar la espada que les dieron en el campamento. Muchos soldados griegos les miraban con sorpresa, algunos les vitoreaban mientras otros miraban al cielo sin poder creérselo aún.

-¡Atenea no es la única diosa que os apoya!- gritó Odd, lanzando un par de flechas hacia los troyanos, impactando en el pecho de varios soldados, tirándolos al suelo.

A partir de ahí, la batalla se desarrolló con violencia, los chicos luchaban contra todo soldado troyano que se les ponía delante, provocando en los troyanos heridas en las piernas para que no pelearan más, dejando el golpe de gracia a los soldados griegos, pues aunque habían matado a toda clase de monstruos, no era lo mismo matar a una persona que no tenía poderes, no lo veían justo. Casi nadie se dio cuenta de eso, solo Aquiles, quien iba con el pecho descubierto sin ni una herida pese a que las flechas caían constantemente sobre él. Con la mirada seguía los movimientos de la gran mayoría de ellos, estaba claro que eran guerreros de gran nivel pues con facilidad despachaban a sus rivales, dejando al enemigo herido en el suelo y sin posibilidad de atacar de nuevo, con una elegancia que él solo había visto en los guerreros espartanos, y de ellos solo unos pocos alcanzaban ese nivel. Además, si bien parecían tener poderes mayores no los usaban, parecía que querían tener un combate justo contra los troyanos, lo cual era bastante extraño, si podían aplastarles, ¿porqué no hacerlo? Estaba claro que a sus dioses no les hubiera importado hacer uso de todo su poder para aplastar al enemigo, además, si bien no conocía personalmente a los dioses, se notaba que ellos no lo eran, entre otras cosas por su aspecto. Lo único que le sorprendió es que uno de ellos se encontraba muy cerca de Eneas, protegiendole de cualquier cosa que le pudiera llegar, desde flechas a soldados griegos, que parecían rehusar a luchar contra el general troyano en cuanto su protector les miraba.

-¿Por que vuestro compañero protege a Eneas, y exclusivamente a Eneas?- preguntó Aquiles a Sam, sujetando a la chia de pronto del brazo, parando su movimiento.

-En esta guerra cada dios tiene sus prioridades, Aquiles, preguntale a él mismo- dijo Sam, procurando sonar altiva.

-Vosotros no sois dioses, Menealo me lo contó antes de venir, dijo que habían llegado los emisarios de Asmara, pero no me supo decir quienes eran, es evidente que mentía- le dijo el semidios, haciendo que Sam bajara la cabeza, tras lo cual alzó la cabeza, y buscó con la mirada a Asmae.

-Asmae, parece que Aquiles ya lo sabe- dijo, mandando a la pelirosa el mensaje de energía. Esta se giró tras tirar a un troyano al suelo y les miró, y, sin decir nada, se les acercó corriendo entre los combatientes.

-Aquiles- le llamó Asmae, colocandose en frente de él. Este asintió- Tu debes de ser la nueva... guardiana de la fe, ¿verdad?- le dijo. La chica asintió, mientras relajaba su postura ligeramente.

-Me temo que aún no te puedo entregar la parte de la gema que custodio, no es por no dartela, pero esta aún no reacciona a ti- le dijo el guerrero. Asmae frunció ligeramente el ceño pero asintió, sabía que sus compañeros también habían tenido problemas para que sus gemas fueran encontradas, pero decidió esperar, seguramente tendría que pasar alguna prueba.

Buscó con la mirada al resto de sus compañeros, era hora de retirarse, la batalla ya llevaba un buen rato iniciada, y ninguno de los dos bandos parecía cerca de la derrota, pues ninguno de ellos estaba realmente metido en ese combate, solo se defendían del troyano que decidiera atacarles, cosa que comenzó a ocurrir cuando un grupo grande de troyanos estaba tendido en el suelo a su alrededor. Con un movimiento de mano, Asmae le indicó al resto que se retiraban, y, con un destello de luz se retiraron del combate. Aquiles presenció esa escena con mirada serena, en su rostro no se percibía nada más allá de una seriedad inmutable.

-Nos vamos- dijo, en alto, mientras se iba. Los soldados griegos en frente de él le miraron con sorpresa, de los miles que iniciaron antes el combate, de ambos bandos tan solo quedaban unos quinientos. Pero ninguno osó contradecir a su superior, y se retiraron, así como los troyanos, por orden de Héctor, su líder y principal enemigo de los griegos.

En cuanto entró al campamento griego, Aquiles estalló de cólera y tiró el casco al suelo, para luego dirigirse a la carpa donde estaba el resto de príncipes griegos.

-¡No podemos ganar ni aun con los guardianes de nuestro lado, maldita sea!- gritó, golpeando la mesa y rompiendo la misma en el proceso.

-Relajate Aquiles, no podemos...- le aconsejó Ulises, pero Aquiles estaba lejos de calmarse- ¡¿Cómo quieres que me calme después de perder a tantos hombres, Ulises!?- le gritó.

-Está claro que para ganar debemos atravesar esas murallas, las fuerzas griegas y troyanas están demasiado equiparadas para que se decida en el campo de batalla- dijo Agamenon, agarrandole del brazo. Aquiles le sostuvo la mirada, para soltarse del agarre con violencia e irse de allí echando humo.

-Iré a...- pero Menealo fue parado del brazo por Jeremy. Los chicos acababan de aparecer y presenciaron la escena, y decidieron que era mejor que Aquiles estuviera solo. Más cuando se fuera a enterar de lo que le pasó a su mejor amigo, Patroclo. Este era un soldado en las filas griegas, y había muerto según las enfermeras. Cuando Aquiles se entere de su muerte, será como un torbellino de cólera contra los Troyanos, y, según las gemelas, poco después morirán Hector y Aquiles, si este primero no lo había hecho ya, pues tenía unas flechas clavadas en el cuerpo cuando se retiraron ambos ejércitos.

Minutos después entró un ya más calmado Aquiles, con un pergamino en las manos. Sus ojos estaban llorosos, pero no derramó ni una lagrima frente a sus compañeros ni frente a los guardianes- Dejó caer el pergamino encima de la mesa nueva, sustituida de la que rompió poco antes.

-¿Lo sabíais, verdad?- murmuró, con la mirada baja- Murió de un corte en el pecho- le respondió simplemente Macaón, el príncipe médico.

Aquiles asintió, y miró a sus compañeros- Atacaremos de nuevo, mañana- les dijo, serio, mientras lanzaba el cuchillo de su cinto al lugar que ocupaba Troya en el mapa que tenían en la mesa.

-De hecho habíamos pensado en un combate entre los dos mejores guerreros de cada bando. La victoria será de aquel que gane el combate- le informó Ulises. Aquiles le miró, molesto.

-¡¿Cuando se decidió eso?!- gritó Aquiles, agarrando a Ulises de la toga que llevaba bajo la armadura- ¡Mientras tu llorabas a tus muertos nosotros decidíamos que esa era le mejor solución junto a los troyanos!- le gritó Agamenon, parando a Aquiles.

-Está claro que estamos todos muy tensos, pero mañana se podría decidir la guerra- intervino Aelita, mientras dejaban notar su presencia, hasta entonces inadvertida.

-La chica tiene razón Aquiles, aún no hemos decidido que guerrero nos representará, y...- pero las palabras de Asclepio, hermano de Macaón, fueron cortadas por el propio Aquiles.

-¿Quien es el héroe Troyano?- preguntó de pronto- Eneas- le respondió Ulises- Pues entonces lucharé yo mismo contra ese infeliz... ¡Pienso vengar a Patroclo aunque la vida misma tenga que dar para lograrlo!- gritó, con decisión.

Los otros príncipes se miraron, estaba claro que no iba a ceder, por muchas cosas que ellos le pudieran decir, no iba a dar su brazo a torcer, por lo que el campeón griego estaba decidido, sería Aquiles. Con esa decisión en sus mentes, cada uno de los presentes se fue a su catre, no así los guardianes, quienes si bien si se acostaron, no durmieron, ya que a la batalla, mal que les pesara, debía ganarla Eneas.

-Está claro que ninguno soltará la espada hasta ver al otro herido o muerto, debemos hacer algo, Eneas no debe morir en Troya- dijo Sam, cruzada de brazos.

-¿Y que propones, matar a Aquiles para que no muera Eneas? Ese tío es el ser humano más fuerte de aquí, Eneas jamás podrá pararle- dijo Jeremy, con nerviosismo.

-El único punto débil de Aquiles es el tobillo. Una flecha envenenada debería ser suficiente- comentó Odd, con la cabeza gacha.

-¿¡Sugieres matar a Aquiles, Odd!?- le dijo Asmae, sin creérselo- No, pero un troyano podría hacerlo durante el combate. En la Iliada dice que fue así- le respondió.

Asmae se llevó las manos a la cara, estaba claro que aún no estaba acostumbrada a las misiones habituales. Sí, había estado presente en misiones como la que les llevó de vuelta al mundo donde ellos eran superpoderes (capitulo 53 y 54), a entrenar con los caballeros dorados, etcétera, pero nunca a una misión que fuera a durar tanto tiempo. Su hermana sonrió, y la abrazó por la espalda.

-Tranquila, por suerte estas misiones no suelen ser habituales, pero está claro que estas misiones serán largas- le dijo su gemela.

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Gritos. Eso era lo único que oía Aquiles en ese momento. En su mente, una única idea: matar a ese estúpido troyano en frente suya. Y todo iba bien para el griego, su fuerza de semidios no podía ser igualada por un humano normal, y este ya estaba casi tirado en el suelo, con la espada lejos de su mano, y el escudo más lejos aún, y las protecciones del cuerpo ahora inútiles por estar indenfenso. De un par de estocadas fuertes y rápidas le había desarmado, y aunque Eneas se defendiera como si fuera un gato panza arriba, estaba claro que sin espada ni escudo lo tenía crudo, más con un Aquiles realmente cabreado y dolido por la muerte de su amigo. No tenía ni idea de lo que los guardianes habían planeado, y si bien al final decidieron dejar a la historia actuar, cada vez tenían más ganas de intervenir, si ese hombre moría Roma no existiría, y no se podía privar al mundo de un imperio como el de Roma, uno demasiado influyente en sus territorios conquistados, tanto que les cambió de arriba a abajo. Pero en unos segundos todo cambió, pues una flecha, que no se sabía muy bien de donde venia, impactó de lleno en el tobillo derecho de Aquiles, quien cayó casi fulminado al suelo, brindando a Eneas con la oportunidad de levantarse, agarró su arma, y se la colocó en el cuello a Aquiles, quien agonizaba del dolor que sentía. Por primera vez en su vida experimentaba lo que era el dolor, por primera vez experimentaba el miedo, por primera vez experimentaba un fluko de sangre salir de él. De ahí en adelante los recuerdos son difusos hasta despertarse, horas después, en un catre en la enfermería.

-¿Que... que me pasó?- preguntó, aturdido. Notaba la boca seca, dolor de cabeza y un intenso mareo, aquello no podía ser normal.

-Te dio una flecha en el tobillo durante el combate- oyó a una voz. Intentó enfocar su vista, y vió una mata de pelo rosa cerca de él- ¿Cual de las dos eres?- murmuró.

Oyó una ligera risa de fondo y un par de murmullos- Soy Asmae, ¿te acuerdas de mi?- le preguntó.

Aquiles asintió, se sentía fatal- La flecha estaba envenenada, y te dio en tu punto débil. Yumi pudo salvarte, pero has perdido demasiada sangre- le informó- ¿Moriré, verdad?- le dijo Aquiles.

Asmae asintió, apenada. Entonces, Aquiles suspiró, y levantó la mano. Asmae la tomó entre las de ella, y, por puro instinto, elevó su energía. Esta cubrió a ambos, y brilló con más fuerza segundos después, saliendo del pecho de Aquiles una piedra luminosa de cientos de colores distintos, que se colocó en la muñeca de Asmae, teniendo esta la forma de una gota de agua.

-Te lego mi parte de la gema, guardiana de la fe... espero que puedas encontrar las otras partes- murmuró Aquiles, cansado, dejando libre la mano de Asmae. Segundos después, cerró los ojos y se quedó dormido, fruto del cansancio, pues se notaba que aun respiraba.

-Es hora de irse, entonces- dijo Noelia, al rato, pues Asmae solo contemplaba, de pie, a Aquiles dormir. Ella se giró y asintió, mientras abandonaban la sala a través de un portal. La última en pasar fue Asmae, quien echaría un último vistazo al legendario héroe griego. Antes de marcharse, sin embargo, le mandaron una señal energética a Xana para que supiera que se habían ido y entrar de nuevo en acción, para así continuar con la guerra más legendaria de la historia.

Tras cerrarse el porta, en la sala solo quedaba Aquiles, que dormía, aunque pronto entraría Ulises junto a los otros príncipes, preocupados por la salud de su compañero. Durante la charla, Ulises parecía pensativo, mientras observaba el dibujo de un caballo en una hoja encima de la mesa donde estaba el mapa, debía reconocer que el dibujo era hermoso. Entonces se le ocurrió.

-Ya sé como ganar la guerra, chicos- les dijo, mientras cogía el dibujo del caballo. En el dibujo nadie notó que había dibujado una especia de zorro en la esquina, dibujo que cierta persona se había olvidado.

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Noelia buscaba por todas partes de su cuarto una cosa, revolucionando toda su ropa, mientras era observada por Asmae, quien dormía en la cama de al lado, con bastante sorpresa y un poco de molestia por las horas tan tardías.

-¿Se puede saber que te pasa?- le preguntó la pelirosa, quien ahora llevaba una muñequera con el fragmento de la gema ya colocado en el mismo.

-Hice un dibujo mientras estabamos esperando a Aquiles y no lo encuentro- se quejó la menor, molesta. Asmae suspiró y agarró un libro sin fijarse muy bien de que era del escritorio- Igual lo has metido en uno de estos libros y no te acuerdas- le dijo.

Noelia no le respondió, así que Asmae solo abrió por una pagina al azar en el libro, y sonrió- Fijate que casualidad- le dijo, mostrando las hojas por las que había abierto.

Noelia entonces se fijó, y se quedó blanca como la pared- ¡Ese es mi dibujo!- gritó, señalando una de las fotografías que aparecían en el libro de texto de historia, en la cual se explicaba la guerra de Troya.

-No solo eso, mira- le dijo, mostrando una parte del texto. Noelia se fijo, y lo que le leyó le dejó sorprendida- Somos nosotros... no ponen nuestros nombres pero nos mencionan- dijo.

Asmae asintió, además, al lado había un boceto de algunos de ellos- ¿Suele pasar estas cosas?- le preguntó la pelirosa.

Noelia se rascó la nuca- A veces, esto nos suele hacer gracia, lo de aparecer en los libros de historia, pero a Susan y Marn no tanto, ya sabes...- le dijo Noelia.

-Bueno, al menos ya sabes donde acabó tu dibujo, ahora vete a la cama- le ordenó Asmae, y esta tuvo que obedecer, pues la propia pelirosa le dio una nalgada para que lo hiciera, sacandole una risa a la más joven, quien además estaba algo sonrojada. Asmae sonrió, aún le quedaba mucho por enseñarle a la pequeña chica lobo.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes de Piratas del Caribe que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright. Tampoco me pertenecen los de las otras series/ películas que aquí aparecen.