Disclaimer: Los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Rowling. La trama y gran parte de los sucesos, son propiedad de mi imaginación.
Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.
Categoría: Primera Guerra Mágica
Prompt: Amor
Condición: Un drabble debe empezar con un diálogo.
Palabras: 482
AMOR
—James… me voy a caer. —Se quejó soltando una risa suave que me hizo sonreír.
—Te tengo, no te dejaría caer por nada. —Respondí, inclinándome a besar su mejilla.
Estaba muy ansioso por ver cómo reaccionaría cuando le mostrara la sorpresa, había estado trabajando tanto en esto junto a Sirius y Remus, para que fuera algo ideal, algo que ella merecía.
Continuamos caminando por las calles de Godric's Hollow y la divisé. Ese sería nuestro hogar, donde seríamos felices más allá de la razón y donde crecerían nuestros hijos.
No podía desear más.
Apreté mi agarre alrededor de su cintura cuando casi tropieza y la mantuve más cerca mío al continuar caminando.
Finalmente llegamos a nuestro objetivo y anhelé que ella sintiera lo mismo que yo sentía cuando veía la casa.
—Listo, amor. —Me coloqué tras ella para desatar la venda que cubría sus ojos. —Puedes abrirlos.
La vi parpadear un par de veces y luego distintas emociones pasaron por su rostro. Confusión, sorpresa, admiración, felicidad, amor. Apreció todo lo que veía en ese momento.
Era una casa grande de aspecto rústico, con patrones lineales, en la fachada había variadas ventanas que aseguraban lo iluminada que era la casa por dentro, en el lado derecho y la parte de atrás había un jardín que sabía que Lily iba a invertir mucho tiempo en su cuidado.
Mi parte favorita de la casa era la chimenea que estaba en la sala de estar. Me recordaba a mi infancia, cuando madre y padre se sentaban frente a la chimenea conmigo y me contaban historias. Pronto yo también me sentaría junto a mi propia familia frente a la chimenea y compartiríamos momentos felices.
La nieve comenzó a caer cuando Lily giró hacia mí.
—¿Es… es… —Balbuceó. — ¿La casa… es…
—Nuestra. —Confirmé, alcanzando a abrir mis brazos en el momento justo en el que ella me abrazaba.
—Te amo, James. Gracias por esto. —Tomó mi rostro y me besó.
Se alejó y corrió hacia la casa como una niña pequeña.
Sabía que Lily sería quien acondicionara las habitaciones, era tan organizada que no había nadie más que fuera a hacer ese trabajo mejor que ella.
Paseamos por la casa con ella tomada de mi mano, designando el fin de cada habitación. Una pequeña biblioteca en el segundo piso, un estudio para trabajar, nuestra habitación, la habitación de los niños, otra habitación para los invitados, la cocina y el comedor.
Mi sonrisa nunca se fue mientras ella hablaba y hablaba sobre como quería decorar la casa.
La amaba tanto y estaba más que feliz porque aquel sería nuestro hogar, uno que gracias a ella sería muy cálido y en donde nunca faltaría amor.
Porque el amor nos hacía fuertes, valientes y humanos; nosotros lo habíamos aprendido y nos aseguraríamos que nuestros hijos también lo aprendieran, a la vez que rogábamos para que el amor nunca les hiciera falta.
