Código: Guardianes

Capítulo 63

Atenea miraba por la ventana, con gesto serio y los brazos cruzados, mientras pensaba en la misión que tenía entre manos, tanto ella como los chicos. Suspiró, aquella guerra se estaba alargando mucho, ahora debían luchar contra otra entidad tan antigua como el propio tiempo, y en esa ocasión no sabía donde se encontraba su enemigo, al menos Asmara se estaba recuperando: las naciones se iban reconfigurando nuevamente, se volvían a organizar los parlamentos, y un muy largo etcétera. Al menos ya eran libres, lo cual era genial, pero su futuro aún era incierto. Había avisado a los líderes de los revolucionarios que les ayudaron en la lucha contra Zeros de que aún no podía volver, ellos en parte se debían imaginar ya la razón, pero ninguno se atrevía a preguntar más allá de desearle buena suerte a la reina y darle el pesame por la muerte de Frank.

-Te noto pensativa, Atenea- le dijo una voz. La aludida no tuvo que girarse para saber que era Jamily- Son adolescentes- le dijo Atenea, girándose.

-Adolescentes que con solo desearlo pueden hundir un continente entero bajo cientos de metros de agua- le respondió la aelida, cruzada de brazos- Yo también perdí a mi gente en esto, pero debes cofiar en ellos. Ya destruyeron a Zeros, podrán con Gamma- le aseguró.

-Ya, y confío en ellos, es solo que...- Atenea se tuvo que morder el labio, cosa que Jamily notó- Dudar es normal, más en una situación como esta- comenzó a decir la chica de pelo negro- Pero el poder de los guardianes pocas cosas lo superan, créeme, si no lo fueran Phoebe les hubiera matado sin necesidad de transformarse- le dijo, adoptando una posición más relajada.

-Eso sigue inquietándome... ¿has podido traducir más del libro?- le preguntó. Jamily asintió, y le entregó el libro- Ya casi lo tengo todo. Voy por la parte donde lucha contra los guardianes originales- le dijo, colocandose al lado de Atenea.

-¿Algo que no supiéramos ya?- le preguntó. Jamily asintió- Tal parece que Zeros ya sabía donde estaba el arma de Asmae, no creo que pudieran con quienes la guardaban, pero decidí contactar con ellos cuanto antes- le dijo.

Atenea le miró curiosa- Yo misma le indique a la antigua reina Diana donde estaría a salvo- le dijo- ¿Y eso donde y cuando es?- le preguntó. Jamily le guiñó un ojo- La espada sagrada está en un lugar seguro, no te preocupes- le aseguró la aelida.

-¿Es esa el arma del guardian de la fe, una espada?- le preguntó Atenea. Jamily asintió- Es un arma muy peculiar, pero se la conoce como espada sagrada, así que se la podría llamar así- le respondió.

Atenea asintió y vio la hora. Era mediodía, esa era la hora en la que ella había quedado con los chicos para que llegaran allí, les había dado un día de descanso para recuperar fuerzas después de Troya y prepararse para la misión. Precisamente entonces se abrió la puerta de la casa, y vieron ambas mujeres como entraban los adolescentes, hablando animadamente entre ellos, y colocándose en semicírculo en torno a ellas.

-¿Cual es nuestro próximo objetivo?- les preguntó Patrick- El libro dice lo siguiente: "La segunda parte de la gema de la fe se encuentra en la ciudad del dragón"- leyó Atenea.

Los chicos se miraron, desde luego ninguno sabía muy bien a que se refería el libro, era bastante confuso. Ni siquiera Odd, que lo sabía todo sobre los animales, sabía muy bien a que se refería concretamente el libro, debían investigar si querían esclarecer aquel misterio. Con un suspiro generalizado, el grupo al completo comenzó a buscar información al respecto, con la esperanza de encontrar la respuesta lo antes posible. Pero pasaba el rato, y su investigación no parecía traer resultados satisfactorios, al contrario, no encontraban nada.

-¡Esto es absurdo, nunca he escuchado hablar de una ciudad del dragón, ni en China las hay!- se quejó Percy, mientras golpeaba el teclado sin mucha delicadeza. Tuvo que ser Aurora quien le colocara una mano en el brazo para tratr de tranquilizarle y al mismo tiempo reprenderle con la mirada por su acción, y, como consecuencia, Percy bajó la mirada y evitó mirar al resto de sus compañeros.

-Percy en parte tiene razón, no hay nada de una ciudad de dragones, ni en los libros de leyendas, ni nada- dijo Jeremy, colocando el libro de mitología nórdica del padre de Aelita de vuelta a su sitio.

-Yo creo tener algo, mirad- les pidió Asmae, que estaba junto a Sissi ante un monitor, que sus compañeros se acercaran.

-En el folclore cristiano se suele contar la leyenda de San Jorge, un santo que luchó contra un dragón, a las puertas de una ciudad, lo que pasa es que muchas ciudades celebran la lucha de este santo, y no se sabe muy bien cual de todas pudo iniciar la leyenda- dijo Asmae, mientras tamborileaba en la mesa con los dedos.

-¿Entonces como sabremos cual es la correcta?- preguntó Marin- No podemos ir una por una- dijo Susan, con los brazos cruzados.

Sería Herb quien daría la respuesta- Hasta ahora, nunca nos hemos equivocado con nuestras suposiciones, es probable que sea el propio libro quien nos da las respuestas correctas- dijo este, mientras le pedía con un gesto a Atenea que le dejara el libro, y esta se lo entrego, curiosa por lo que iba a hacer Herb.

-Igual Asmae nota algo si toca la pista que se nos da- comentó el chico, mientras le acercaba el libro a la pelirosa. Esta le miró dubitativa, pero no perdían nada con intentarlo, así que lo hizo. Y como si se tratara de magia, ella notó como a su mente llegaba una idea, una que, teniendo en cuenta todo lo que tanto ella como sus compañeros antes que ella habían vivido no sonaba tan descabellada.

-¡Nos vamos a la Edad Media de nuevo, chicos!- les dijo, mientras saltaba de pronto de la silla. En seguida, todos los chicos, sobre todo Patrick, notaron un fuerte escalofrío recorrer su espalda, aún se acordaban de lo último que les pasó en esa época (1)

-¿Segura que es en esa época, Asmae?- le preguntó Patrick, mientras se colocaba delante de ella. La chica asintió, con decisión, y le sonrió- Vamos, ¿el poderoso guardián de la tierra asustado de unos tios con armadura y espada? Te has enfrentado a cosas peores, cielo- le dijo ella, con una sonrisa de medio lado y guiñandole un ojo.

Patrick suspiró, ella llevaba razón, no debía tener miedo de... ¿le había llamado cielo? Pero para cuando quiso replicar a la muchacha esta ya había pasado por el portal, seguida por sus compañeros, solo quedaban él y Jeremy.

-Venga Patrick, es hora de irse- le apremió el rubio, mientras tiraba del brazo de un confuso chico, mirando con ojos de cordero a su primo y buen amigo, quien le informaba para su suerte que su novia no parecía estar molesta.

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Si había algo realmente malo de la Edad Media era el hedor generalizado que se respiraba en cualquier lugar donde varias casas se agolpaban. En cualquier caso debían acercarse a la ciudad que estaba al lado del portal del que salieron. O ese era el plan, ya que al lado de la ciudad, a cosa de quinientos metros de la entrada de la ciudad había un campamento con varios cientos de tiendas, todas ellas de color rojo con un león y una torre hilada en las tiendas, ambos símbolos de color oro y en el interior de un escudo. Los chicos se miraron sin entender, las únicas que parecían entender eran Susan, Marin y Asmae, las primeras se hacían una idea de cuando y donde estaban.

-Estamos en territorio castellano, año 1229, en plena reconquista de la Península- les dijo Susan, mientras cambiaban sus ropas. Apenas tenían diferencias entre chicos y chicas, ambos tenían roa larga de color tierra, solo que ellos tenían chaqueta negra encima con decoraciones de sus propios colores, y las chicas con una tela de forma triangular cuya cúspide caía por su espalda y que se sujetaba con un nudo en la zona del cuello, siendo esa tela de cada uno de sus colores.

-¿Reconquista contra quien?- preguntó Percy- Contra los moros, entraron a la Península en el año 711, y lo conquistaron todo excepto una franja al norte, y por poco no entrarn a Francia- comenzó a explicar Marin- No fue un proceso continuo, por eso duró tanto, hubo muchas épocas de paz entre cristianos y musulmanes, aunque no os creais que había paz interna en ambos bandos- siguió Asmae, mientras avanzaban despacio.

-¿Y en que ciudad estamos, entonces?- les preguntó Nicolás- Cáceres, en esta ciudad dentro de varios siglos se celebrará la fecha de la reconquista, y adivinad contra que bestia se supone que luchó San Jorge aquí- les dijo Susan.

-Un dragón, ¿verdad?- respondió Odd, con un escalofrío- ¿Creéis que aquí haya un dragón de verdad?- comentó Noelia, con más ilusión que miedo.

-No lo se, pero vamos al campamento, haremos lo mismo que Troya, ¿os parece bien?- preguntó Aelita, a lo que todos asintieron.

Dicho eso, decidieron acercarse al campamento, con la idea en la cabeza de encontrar cuanto antes al as que custodiaba el fragmento de la gema de la fe, esperaban que en aquella ocasión les fuera mejor que en Troya, sobretodo por Asmae, quien a pesar de estar bastante decida a darlo todo en la batalla, tener que quedarse a pasar la noche en una ciudad medieval no era plato de buen gusto para ninguno.

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Si los baños turcos en general son realmente hermosos, aquel que se encontraba en lo más profundo del palacio del Caid (2) superaba con creces cualquier otro. Pero solo la canción que era entonada podía superar la belleza de dichos baños, una canción que era entonada por una voz que cantaba delicadamente, y si bien no era una voz que sirviera para cantar, era una voz dulce que mostraba que su dueña era una mujer de corazón noble. Y mostraba también que estaba enamorada, pues en su mente no dejaba de recordar el rostro de aquel jovenzuelo pícaro como él solo, rufían, ladrón, con más mal pensamiento que bueno, y más guapo que ningún príncipe árabe que se le hubiera presentado.

-¿Necesitara algo más, princesa Mansaborá?- le preguntó la criada a su lado, sosteniendo unas toallas. La chica, de pelo negro azabache, piel morena y ojos castaños negó, y le dedicó una suave sonrisa- No necesitas tantas formalidades conmigo, Aya- le dijo la chica, mientras se es tiraba con los ojos cerrados y una sonrisa de satisfacción.

Aya suspiró, la mujer ya se le notaba la edad, ojos de gayo comenzaban a aparecer al rededor de sus cuencas y alguna que otra arruga en su rostro, aún así, seguía conservando un aspecto bello, maduro, pero bello. A sus más de cuarenta años ya no tenía la misma vitalidad que antes y le costaba todo un poco más, pero seguía siendo una buena ama de llaves, y la mejor consejera que una princesa pudiera desear, no solo para los asuntos de gobierno, también para los del amor. Aya sabía de la existencia de aquel chico cristiano, y no le gustaba un pelo, decía que ese infiel no traería más que problemas, y que ni se le ocurriera verle, que qué diría su madre... aquellas palabras le importaban poco a la más joven, quien quedó hechizada de él al verle trepar por los muros del palacio como si fuera uno de esos monitos que vivían tan lejos de allí, allá, en África. Un suspiro salió de sus carnosos labios, y Aya le reprendió su actitud con la mirada.

-¡Ni se te ocurra verte de nuevo con ese chico, o me encargaré de que no vuelva a pisar palacio!- le dijo la mayor, algo molesta ya. Mansaborá se rio y asintió, no tenía intención de hacerle caso a su madrina, aunque esta no lo supiera nunca, pero lo haría en secreto, no quería hacerle daño a la que ella consideraba como una madre.

-Lo juro por Alá, madrina- le dijo la chica, mientras se abrazaba a Aya. Esta suspiró y le acarició el pelo con una mano, mientras besaba la mejilla de la chica. Ella ya no era una niña, era normal que se interesara por los hombres, pero se podría interesar en los príncipes árabes que la visitaban en vez de por el enclenque cristiano en el que se había ido a enamorar, pero al menos le quedaba el que la chica se diera cuenta y rectificara a tiempo.

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Un chico corría por el campamento con una sonrisa en la cara, la respiración muy agitada, ropa larga color tierra con manchas por todas partes, como si hubiera estado hace poco en contacto con el barro, y un bulto bajo el brazo. Su pelo largo, pese a que el sudor le recubría el rostro, no le tapaba la visión, ya que su pelo se mantenía fuera del rango de visión de sus ojos color tierra. Tras girar una vez pasada varias tiendas, se pudo ver cual era su perseguidor: un hombre que le debía doblar en edad, con barba abundante, pelo ligeramente cano, y en sus ojos café una mirada que denotaba ganas de asesinar al que tenía delante, cosa que se demostraba si uno se fijaba en la espada que portaba el individuo en la mano, además de llevar puesta ropas militares, se notaba a la legua que era un soldado.

-¡Te voy a estrangular con mis propias manos, enano asqueroso!- le gritó. Entonces se oyó una risa juvenil, seguido de otro grito de cólera por parte del mayor, quien dio un sprint para perseguir al chico que le había robado sus pertenencias, entre otras objetos valiosos de oro y plata, y los quería de vuelta. Tras girar en la tienda por la que había pasado previamente el muchacho, sonrió triunfal al verle en el suelo sentado, y se notaba que acababa de caerse pues se estaba sobando la espalda. Con una sonrisa triunfal le levantó de la espalda, y le iba a hablar de nuevo cuando una voz le paró.

-¡Detente, Hernandez!- gritó la voz. Este alzó la vista sorprendido, y soltó al chico en cuanto vio al chico que perseguía agarrado por la mano de un compañero. Este bufó y le soltó, no sin antes darle un golpe en el pecho.

-Devuelvele lo robado- le exigió el otro soldado, mientras le arrastraba. El chico, bastante más avispado que los soldados, suspiró y se hizo el sorprendido, y señaló en una dirección- ¡Mirad, nos atacan!- gritó, haciendo que todos miraran en esa dirección con alarma, pero al ver que era falsa, fue a reprender al chico, pero bufo de frustración al ver que se había escapado.

-Idiotas...- murmuró, con una sonrisilla, mientras se internaba en el bosque. Debía reconocerlo, hacerles la vida imposible a los soldados era muy divertido, y si se podía sacar unas monedas para comer ya tenía el día hecho. Con lo que había robado, seguramente tendría para comer y dormir para un año, y eso si era despilfarrador con el dinero. Con una risa de satisfacción se dirigió hacia una de las murallas de la ciudad, él la conocía de sobra, y tenía localizado un lugar por el cual se podía entrar y salir de la ciudad sin problemas, pero solo él la conocía, pues era su secreto más valioso. Se disponía a pasar por su escondrijo cuando oyó voces, y, para no ser descubierto, se ocultó tras un seto, y miró a las personas que acababan de aparecer.

-Vaya vaya...- murmuró contento el chico, con una sonrisa de medio lado, esas serían sus próximas víctima, pensó.

Poco a poco se fue acercando, si lo hacía bien no notarían nada, pero fue entonces que vio como luces les rodeaban por unos instantes, pero nuestro personaje pensó que sería el sol dándole en los ojos, es imposible que alguien pudiera iluminarse de esa manera. Cuando volvió a mirar, efectivamente aquel grupo estaba como antes. Bajó la cabeza, debería dormir más horas, comenzaba a ver cosas, pero cuando se dispuso a acercarse a ellos, todos ellos comenzaron a correr en dirección al campamento, lo cual le sorprendió mucho. Aún así no les iba a dejar escapar, si iban al campamento eso quiere decir que se trataban de campesinos que iban a allí a servir a los soldados, pues ninguno de ellos parecía ser uno de esos estirados uniformados que servían a su no muy lucida majestad. Con esa idea en la cabeza, decidió seguirles, eran campesinos, pero algo valioso tendrían que llevar encima, aunque fuera las chicas.

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Al poco de echar a correr, el grupo al completo llegó al campamento. Este era en esencia bastante parecido al que se asentaba justo a la entrada de Troya, solo que este no parecía tener una empalizada rodeandole, ni siquiera un foso, estaba ahí colocado, a la entrada de la ciudad, entre la salida de la última tienda y las puertas de la ciudad apenas podían haber quinientos metros, demasiado lejos para que nadie normal te alcanzara con una flecha, ni con ningún tipo de arma arrojadiza de la época. En cualquier caso, ya internados en el campamento, este estaba bastante desorganizado también, había tiendas por todas partes sin formar calles como tales, aún así, se podía diferenciar una plaza central donde había varios círculos de brasas, y, formando el perímetro del circulo se disponían varias tiendas, probablemente de los altos mandos del campamento pues eran tiendas más grandes, con forma más de casa que de tienda, una de ellas contaba hasta con una tela por encima de la entrada a modo de dosel.

-Al menos el sitio parece más o menos salubre- comentó Asmae, al ver a los soldados con algunos cubos de agua bañándose entre ellos, aunque son jabón, aquel debía ser un lujo que pocos allí se podrían permitir. También podían ver mujeres de aquí para allá con telas en los brazos, vendas, etcétera, sí, definitivamente aquel sitio era muy parecido a Troya.

-Bien, lo que primero deberíamos hacer es...- pero las palabras de Jeremy fueron cortadas por la aparición de un muchacho correr por el campamento seguido de una mujer que no dejaba de gritar e insultar al chico, pero se tuvo que detener a la mitad de la plaza, jadeando, inclinada hacia delante y con las manos en las rodillas. Tras unos segundos de recuperación, tiró con rabia algo que llevaba en el suelo, para después recogerlo y cabrearse más aún, pues era un trozo de tela seguramente recién lavado.

-Maldito mocoso, como le pille...- murmuraba, yéndose de allí, echando humo y provocando que los chicos se fijaran en aquella escena tan peculiar.

-En fin, hay que comenzar a buscar por el campamento a ver quien es el guardián del fragmento de la gema de Asmae- dijo Susan- ¿Nos dividimos en parejas y comenzamos ya?- les preguntó Herb, a lo que todos asintieron conformes.

-Nos mantendremos en contacto vía gema, si alguien da con alguna pista que avise al resto- ordenó Aelita, mientras se colocaba junto a s hermana. Las parejas que se organizaron fueron: Aelita y Asmae, Susan y Marin, Electra y Aurora, Patrick y Jeremy, Herb y Nicolás, Ulrich y Odd, Percy y Sam, William y Yumi, y finalmente Noelia y Sissi.

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Pero lo que no sabían nuestros chicos era que ellos también eran observados, concretamente por tres personas: dos hombres y una mujer. Ella tenía el pelo rizado algo corto, tez blanca y ojos verdes, llevaba la ropa típica de los nobles, ropa blanca y algunas joyas adornando su cuello y antebrazos. En cuanto a los hombres, ambos eran morenos, de ojos oscuros y piel blanca, pero uno de ellos era más alto que el otro, con un bien cuidado bigote y ropa de color oscuro, con una espada en el cinto y un sombrero negro con una única ala. En cuanto al otro, era más chaparro, de pelo rizado en contraste con el liso de su compañero, con barba más o menos cuidada, ropa parecida a la de su compañero, y también una espada en la cintura.

-Igual son ellos, los que quieren cambiar la historia e impedir que se reconquiste Cáceres- comentó el hombre más bajo, mientras dirigía su mirada a la mujer. Esta les miró pensativa- Son muy jóvenes, apenas pasan de los diecisiete- comentó, cruzada de brazos.

-Pardiez, en mi época a su edad yo ya había participado en combate- intervino el otro hombre. Su compañero le miró con una sonrisa divertida- Alonso, estamos en una época anterior a la tuya- le recordó.

-Lo sé, solo digo que los jóvenes maduraban antes en estos tiempos- le dijo- ¿Atacamos? Dudo que sean diestros con la espada- dijo, deseando entrar en acción, pero la mujer le paró- Por ahora no, Julián tiene razón, no parecen peligrosos, pero habrá que vigilarles- dijo, mientras el tal Alonso suspiraba.

-Os haré caso, Amelia, pero mi instinto me dice que debemos tener cuidado con ellos- le dijo Alonso a la mujer, mientras guardaba la espada de nuevo en el cinto, pues hasta la había sacado por si se terciara el utilizarla.

-Bueno, vosotros seguid investigando a los oficiales, yo iré a dar el parte- les dijo, mientras sonreía y se internaba en la tienda de campaña, donde sacó un móvil, marcó un número, y se lo llevó a la oreja, guardando en todo momento precaución para no ser vista.

-No sabía que hubiera móviles ya en el siglo XIII- oyó decir a una voz. Amelia levantó la vista sorprendida, no había escuchado a nadie entrar, y desde luego ninguno de las dos personas que estaban en la entrada a la carpa dejaría pasar a nadie. Era imposible.

-¿Cómo has entrado?- le preguntó Amelia, ya pillada. Su interlocutora, una chica de pelo negro, ojos castaños y nariz aguileña sonrió- Supongo que teniendo en cuenta que podéis viajar en el tiempo os creeréis cualquier cosa, ¿no?- le preguntó, a lo que Amelia se encogió de hombros.

-Bien, pues mi nombre es Susan, se podría decir que soy la persona que cuida del tiempo, soy su guardiana- le dijo, mientras se sentaba en una silla, aquello seguramente iría para largo.

Amelia la miró, con sorpresa, aquello debía ser explicado- ¿Cómo que guardiana? ¿Que significa eso?- le preguntó. Susan simplemente le hizo un ademán de sentarse.

-Yo ya he avisado a mis compañeros de que estoy aquí, tu deberías hacer lo mismo con los tuyos- le dijo, mientras veía como Amelia se sentaba en una silla y dejaba el movil en un bolsillo interno de su ropa.

-¿Cómo puedo saber que dices la verdad, y que no has venido aquí con propósitos... poco ortodoxos?- le preguntó Amelia, reclinandose hacia delante, con los codos apoyados en los muslos.

-Te lo puedo demostrar cuando quieras, nuestra misión no es más que encontrar una cosa. Una vez que la tengamos, nos iremos. ¿Que hay de vosotros?- le preguntó Marin.

-Tenemos que impedir que modifiquen esta parte de la historia, no sabemos ni quien ni en que sentido, pero quieren impedir que Cáceres se reconquiste- le dijo Amelia- ¿Que es lo que tenéis que encontrar?- les preguntó.

-Una parte de una joya, una gema. Sabemos que está aquí, lo que no sabemos es quien- dijo Marin. Fue en ese momento que entraron no solo los compañeros de Marin, también los de Amelia, y cada uno de los grupos se posicionó detrás de su compañera.

-¿Estas bien, Amelia?- le preguntó Alonso, sin quitarle la vista de encima a los chicos del grupo. Esta asintió con una sonrisa, para después dirigir su mirada a Marin- ¿Nos explicarás con más detalle todo, por favor?- les pidió.

Marin asintió, y ella fue la que les contó todo su periplo hasta el momento: la búsqueda de las gemas, la paliza que les dió Zeros en su primer combate, la posterior búsqueda de las armas, el ascenso de los hermanos de Zeros, su convertir de Asmara en una férrea dictadura- con un pequeño receso para explicarle a Alonso todo lo que no entendía- el como conocieron a Jamily, la busqueda de los talismanes, la muerte de sus maestros, el descubrir la existencia de Asmae al ser secuestrados William y Sam, la segunda lucha contra Zeros, y el gran misterio de donde está su nuevo enemigo, el cual aún no había dado señales de vida de ningún tipo. Cuando terminaron, ninguno de sus tres interlocutores parecía capaz de reaccionar, aunque al final Amelia si que tuvo tal reacción.

-Vaya...- comentó, mientras se removía en su asiento- ¿Entonces vos sois como... guardas del mundo?- preguntó Alonso. Marin asintió.

Entonces, Alonso se inclinó acompañado del típico gesto de mano- Es un honor conocer a tan ilustres e importantes personajes, pardiez- dijo, mientras los chicos le devolvían el gesto con caras divertidas.

-El honor es nuestro, yo soy Aelita- dijo, presentándose a sí misma- Estos son mis compañeros, creo que ya nos presentamos durante nuestra explicación, pero lo haremos de nuevo- dijo, mientras señalaba a cada uno de sus compañeros y decía sus nombres.

-Yo me llamo Amelia, Amelia Folch. Estos son Alonsos de Entre Ríos, y Julián Muñoz- dijo, señalando a cada uno de sus compañeros- Cada uno viene de una época, yo del año 1880, Alonso del Siglo XVI, y Julián es de la actualidad- dijo Amelia, mientras se levantaba- Bueno, del Siglo XXI, digo- dijo Amelia, mientras se acercaba junto a sus compañeros a los guardianes. (3)

-Entiendo que tu eres su... jefa, ¿no?- le pregunto Asmae, a lo que Amelia asintió- Somos una patrulla, una patrulla cuya misión es proteger la historia de España para que no cambie, viajamos a través de puertas del tiempo, no tenemos maquinas del tiempo ni nada por el estilo- dijo, mientras les mostraba un cuaderno.

-Aquí tenemos un croquis de todas las puertas, a que época llevan, a que lugar, etcétera- dijo, dándoles el cuaderno- ¿Entonces viajáis a través de estas puertas?- preguntó Susan, con curiosidad.

Julián asintió- No tiene el mismo glamour que viajar usando portales pero es lo que hay- dijo, cruzándose de brazos.

-Sinceramente no entiendo muchas de las cosas de las que estas mercedes hablan, mundos paralelos, monstruos... lo único que sé es que son guerreros, como yo, y eso es suficiente para mi- dijo Alonso, al rato, mientras asentía, convencido de sus ideas.

-¿Tu confiás en ellos, Amelia?- le preguntó Julián, alejandose de ellos un poco. Esta dudó un poco, pero acabó asintiendo- Me creo su historia, esa chica, Susan, entró en la tienda sin que la vierais y sin sentirla siquiera, es cosa de magia- comentó ella, mientras tamborileaba con sus dedos el estomago.

-Su historia parece el argumento de una peli de ciencia ficción yankee- comentó Julián. Amelia le miró confundida- Es una forma de llamar a los americanos- le explicó él, a lo que la chica asintió.

-Entonces que, ¿investigamos con ellos?- le preguntó Julián, a lo que Amelia asintió- Será lo mejor, sí- respondió ella.

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El mismo chico que quiso robar a los guardianes se encontraba en lo alto de un árbol, comiendo tranquilamente de una manzana, mientras miraba la ciudad con mirada perdida. Su mente estaba ocupada en recordar a aquella muchacha musulmana, no sabía como se llamaba, pero era una chica realmente hermosa. El problema era ese, que él era cristiano y ella musulmana, el padre seguro se negaría. Pero igual aceptaba si le daba su mayor tesoro: una piedra con los colores arcoíris que encontró en una cueva. Él estaba plenamente seguro de que aquello fue cosa del destino, pues juraría que una voz le dijo que debía guardar aquel trozo de piedra. Y si bien sentíq que era importante... esa chica lo era más.

-Se lo daré, seguro que le gusta- comentó, mientras se guardaba el colgante en el bolsillo.

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(1) Ir al capítulo 21 y 22 para recordar.

(2) Los Caid eran los "reyes" que había en los reinos de Taifas – el alter ego de los reinos cristianos que tenían los árabes- de la Península, siendo el último en caer y el más famoso el de Granada, reconquistada en 1492, ocurriendo pocos meses después el descubrimiento de América (concretamente el 12 de Octubre de ese año)

(3) Son los personajes de una serie española que se llama El Ministerio del Tiempo, serie cuya trama es la explicada más arriba, a decir verdad está bastante bien ^^

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes del Ministerio del Tiempo que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright. Tampoco me pertenecen los de las otras series/ películas que aquí aparecen.