Código: Guardianes

Capítulo 64

El mismo chico que quiso robar a los guardianes se encontraba en lo alto de un árbol, comiendo tranquilamente de una manzana, mientras miraba la ciudad con mirada perdida. Su mente estaba ocupada en recordar a aquella muchacha musulmana, no sabía como se llamaba, pero era una chica realmente hermosa. El problema era ese, que él era cristiano y ella musulmana, el padre seguro se negaría. Pero igual aceptaba si le daba su mayor tesoro: una piedra con los colores arcoíris que encontró en una cueva. Él estaba plenamente seguro de que aquello fue cosa del destino, pues juraría que una voz le dijo que debía guardar aquel trozo de piedra. Y si bien sentía que era importante... esa chica lo era más.

-Se lo daré, seguro que le gusta- comentó, mientras se guardaba el colgante en el bolsillo.

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un hombrecillo de baja altura y con algo de barriga andaba a paso veloz por los pasillos del palacio de la ciudad, cosa que resultaba realmente sorprendente teniendo en cuenta su condición física, pero se notaba por la velocidad de sus movimientos que eso no era impedimento para que fuera ágil y que pudiera hacer cosas que una persona con su condición física en principio no podría hacer. Por el turbante de su cabeza y las joyas que decoraban sus manos y pecho se notaba que era un hombre rico, pero lo que denotaba su cargo era la imagen de un dragón cincelada en una de las joyas que llevaba. Su piel era de color café oscuro, como el de Mansaborá, así como sus ojos, aunque en la barba, bien perfilada, ya se empezaban a notar alguna que otra cana, pero nada que no se pudiera solventar con algunos cuidados. Él era ni más ni menos que el Caid, el padre de la princesa Mansaborá, cuyo nombre era Ibn Hud (1)

-¿Donde está mi hija?- preguntó, entrando como un ciclón a la sala del Caid. Allí esperaba un hombre alto, calvo, vestido con ropas bastante hermosas de color blanco, con un turbante en la cabeza, pero se veía por su curtida cara que era un hombre bastante versado en combate. Se trataba del consejero del Caid, nada menos.

-Acaba de salir del baño y se encuentra en su cámara, preparándose para la cena, mi señor- le informó el consejero, con una reverencia. El Caid asintió, mientras jugueteaba con sus dedos y una maliciosa sonrisa sacaba a relucir sus dientes de color marfil.

-Dile que se de prisa, tengo muchos planes que atender- le pidió, mientras encaraba un pasillo en dirección al comedor.

Por su parte, el consejero se dirigía a cumplir su misión. Él mismo le había dado la idea a su señor, pero jamás pensó que este creyera en las habladurías de un par de brujas que apenas podían ver más allá de unas pocas monedas de oro por culpa de su codicia. El Caid se había gastado bastante más que unas pocas monedas de oro para sonsacarle la información a esas viejas, pero al final logró que le contaran todo. Le contaron que había una piedra tan poderosa que era capaz de otorgarle a un hombre unos poderes que van más allá de su comprensión, y que incluso sería capaz de darle la capacidad de convertirse en la bestia más poderosa que la mano de Alá haya creado: el dragón. Al Caid le fascinaban aquellas bestias míticas, y si se podía transformar en uno, lograría no solo cumplir su sueño, también lograría expulsar a los cristianos de su ciudad, e incluso conquistar todo

Al-Ándalus. Y ahora sabían donde encontrar aquella piedra mágica, y sería la hija del Caid la que le entregaría aquel objeto tan codiciado por él. Sonrió, el plan de su señor no tenía ningún tipo de falla o laguna, era perfecto (2). Minutos más tarde, Mansaborá entró junto al consejero en el comedor, donde su padre ya degustaba la tierna carne de un ave junto a un vino de la zona.

-Buenas noches, hija mía- le dijo el Caid con una sonrisa, alzando la copa. La chica asintió, y se sentó en frente de su padre, y comenzó a comer también.

-Estuve pensando en que ya es hora de conseguirte un buen marido, hija- comentó su padre, mientras se apoyaba ligeramente en la mesa y dejaba los cubiertos a un lado. Su hija le miró, y suspiró. Sabía que ese momento tendría que llegar tarde o temprano. Seguramente acabaría casada con algún rico y poderoso Caid de alguna ciudad al sur de Al-Andalus, probablemente con el del Reino de Granada.

-¿En quien habíais pensado, padre?- le preguntó ella, mientras procuraba mantener un semblante sereno- Según tengo entendido, te juntas con un joven cristiano en el exterior de la muralla, ¿verdad?- le preguntó el hombre, con semblante serio.

Mansaborá tragó saliva- ¡No mancilló mi honor padre, tenga piedad de él!- le pidió ella, con cara de horror en sus ojos, y acercándose a su padre en la pose más sumisa que pudo adoptar, inclinándose para ello ante su progenitor.

Este sonrió, se creía la pobre que eso le importaba, que ilusa- Tranquila mi niña, se que no te ha agraviado, y también se que es alguien pudiente- le dijo, mientras la sujetaba del mentón con un dedo, y hacia que alzara su rostro. Ella le miró con confusión.

-¿Quiere que me case con él, padre?- le preguntó, sin creérselo- N-no es alguien pudiente, su único bien es...- pero ella no pudo acabar su frase.

-Una gema, lo sé, pero esa gema es muy valiosa, con eso me basta- le dijo- Soy un hombre rico ya, ¿para que quiero más riquezas?- le preguntó el mayor, con una ligera sonrisa.

Su hija le miró con gran sorpresa, pero enseguida la sorpresa fue cambiada por una enorme sonrisa, y con una mirada de ilusión en sus esmeraldas, la chica se levantó y besó repetidamente a su padre, y hasta le abrazó, en una inconmensurable muestra de cariño por una acción que, desde el punto de vista de ella, era de un total amor hacia ella y de respeto hacia lo que ella deseaba.

-Ahora vete a tu cuarto, y preparate. La boda será en breve- le dijo él, mientras se levantaba, con las manos de su hija entre las suyas propias. Su hija asintió con alegría, y tras darle otro abrazo a su padre, se retiró a paso veloz hacia su cuarto.

Tras eso, el padre alzó la vista al cielo y sonrió, cualquier sacrificio era asumible con tal de obtener el poder que él tanto ansiaba, incluso darle la mano de su hija a un misero infiel, aunque fuera más pobre que las ratas. Tras eso, se retiró a su cuarto, ya deseando tener la gema en sus manos.

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-¡Levantad, pardiez!- eso fue lo primero que oyó Odd nada más despertar tras recibir un cubo de agua bastante fría encima. Tal fue la impresión que pegó un brinco y cayó de bruces al suelo, sin entender que era lo que pasaba. Segundos después oyo varias risas, las cuales identificó como las de sus compañeros.

-¡Esta helada, joder!- chilló Odd, mientras se quitaba el exceso de agua de la cara y se miraba toda su ropa mojada. Miró a Alonso, el cual ya dejaba el cubo en el suelo y cogía una capa- Anda, secate, te he llamado por diez minutos, que me aspen si tienes el sueño profundo- le dijo, tendiéndole la toalla.

-Con toda el agua que me has echado necesitare que me seque Jeremy- le espetó Odd, mientras buscaba con la mirada a su compañero. Precisamente en ese momento el mencionado entró en la tienda, junto a Aelita y a Amelia, quien parecía especialmente preocupada.

-¿Que sucede?- les preguntó Julian, preocupado al ver el semblante de sus compañeros- La hija del Caid se va a casar esta tarde, eso pasa- dijo Aelita, mientras miraba a sus compañeros.

-¿Y eso es malo por que...?- dijo Ulrich, sin entender. En ese momento Odd vio que todos estaban allí reunidos ya- Que se supone que ella nunca se casó, y eso no es lo único- dijo Amelia.

-Se supone que los musulmanes y los cristianos no se deberían poder casar, por eso este matrimonio no tiene sentido, ya que el novio es un cristiano, y en palabras de muchos no vale ni para cuidar caballos- dijo Aelita, al ver que Amelia estaba demasiado metida en sus pensamientos para poder contestar.

-Es el chico que robó a aquel soldado en el campamento- les informó Jeremy- ¿Y por que casarían a una princesa árabe con un literalmente muerto de hambre?- preguntó confuso William.

-Ni idea, pero creemos que es él el que tiene el fragmento de la gema de Asmae- respondió Aelita, apoyándose ligeramente en una mesita que había en la tienda- Según los aldeanos ese chico tiene una cosa que el Caid codicia bastante, por que según han escuchado, tiene poderes mágicos- siguió la pelirosa.

-Nos gusta cotillear- se rió ligeramente Aelita, mientras sus compañeros las miraban con caras de sorpresa por toda la información.

-¿Y que hacemos, sabotear la boda? Entre Percy y yo nos podemos comer la tarta- dijo Odd, divertido, mientras acababa de secarse.

-Estoy con la primera idea de Odd, ¿Vosotros?- dijo Susan, mientras miraba al chico con una mirada que denotaba una cierta diversión mezclada con un que típico de ti.

-¿Y como se supone que haremos eso? Por que esto se parece cada vez más a las telenovelas de después del telediario- comentó Julián, levantándose.

-Habíamos pensado en colarnos y hacer un poco de ruido durante la boda, y con ruido me refiero a montar un buen escándalo- dijo Aelita.

-Como cuando William y yo estuvimos peleándonos frente a aquel rey medieval, ¿no?- le preguntó Herb- Sí, algo así- le respondió ella. (3)

-Eso nos debería dar el suficiente tiempo para poder llevarnos la gema, desde luego- dijo Electra, con una sonrisilla- Y a vosotros os dará tiempo de meter a los soldados en la ciudad, con todo el lío de la boda ni se darán cuenta de que están entrando los cristianos- dijo en seguida Sissi, mientras veía a sus nuevos compañeros asentir, entendiendo la misión.

-Uno de nosotros se debería quedar con ellos para avisarles de que pueden abrir las puertas y para ayudarles si es necesario- comentó Noelia- Buena idea, ¿algún voluntario?- preguntó Yumi.

-Yo mismo- dijo Ulrich, colocándose al lado de los tres guardas de la historia. Estos se miraron y asintieron conformes- Gracias por vuestra ayuda- les dijo Amelia.

-De nada. Nosotros vamos yendo a la ciudad, nos colaremos y disfrazaremos de árabes, y os dejaremos en las puertas, donde esperareis a que os avisemos para abrir las puertas, ¿Os parece bien?- les preguntó Susan.

Tras un asentimiento general, entraron a la ciudad con un portal, transformando en el proceso la ropa del grupo a una más conforme a la situación.

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Nada más pasar por el segundo portal, el grupo de guardianes, exceptuando por Ulrich, entraron en el enorme palacio, el cual estaba bastante decorada con flores y telas realmente hermosas que iban de lado a lado con lazos en los extremos. Esas telas eran de diversos colores, con lentejuelas que le daban un aspecto de gran luces, que realzaban con los mosaicos que decoraban las paredes. En las ventanas del edificio había hermosas decoraciones con figuras talladas de piedra que se parecían a las gárgolas cristianas. En cuanto a las columnas, estas eran de forma de palmera, con las hojas de la misma en rosca al rededor de la circunferencia de la misma, teniendo el techo forma de bóveda también pintadas con decoraciones de índole natural, con animales y formas geométricas varias como cuadrados y triángulos que estaban superpuestos unos sobre otros. Aunque se sintieron tentados de quedarse mirando aquella decoración, tenían una misión que cumplir, y en seguida se pusieron a caminar en dirección a donde suponían que se estaría dando la boda, pues conforme avanzaban por el pasillo cada vez oían más ruido de música y gente hablando. Y así fue, tras cruzar varios pasillos guiándose por el fino oído de Odd, llegaron a un patio interno bastante grande con una decoración muy similar a la que tenía el interior del castillo. Solo había unas pocas diferencias, consistentes en que las columnas tenían forma de árboles europeos con las ramas formando la decoración de la misma, y con las telas que iban de columna en columna pero sin cruzar el medio del patio, simplemente quedaba en el lateral del mismo. Y es que en el centro de la plazoleta estaban muchos hombres y mujeres, todos ellos con copas doradas en las manos, y con lujosas prendas cubriendo sus pieles. Entre ellos, pululaban de lado a lado mujeres con bandejas de hermosa plata que iban sirviendo las bebidas.

-A esto yo llamo yo lujo...- comentó Noelia, observando la belleza del sitio, ampliamente decorado con plantas para la delicia de Yumi.

-Bueno chicos, comienza la misión "Sabotear boda"- dijo Asmae, mientras comenzaban a entrar, por parejas a la sala.

Por eso mismo, se formaron las parejas habituales, como por ejemplo, William y Electra, Patrick y Susan, y así sucesivamente. Las únicas que se mantuvieron solas fueron Yumi, Asmae y Noelia, la primera por que su pareja estaba en la otra punta de la ciudad esperando a poder abrir la puerta, y las otras dos por que a pesar de ser pareja no podían ir de la mano por ser lesbianas, cosas de la época. Antes de separarse, sin embargo, se pusieron de acuerdo para saber que era lo que tenían que hacer. Y ese algo era lo siguiente: encontrar a la feliz pareja donde quiera que estuviera, y llevarse el fragmento de gema. O eso querían hacer hasta que llamaron a todos los presentes para que entraran a la mezquita, el lugar en el que se celebraría la boda.

-Bueno, al menos ahora será más fácil...- murmuró Nicolás, reuniéndose con sus compañeros a la entrada de la misma.

En el interior había exactamente la misma decoración que en el interior del castillo, solo que las imágenes de animales desaparecieron para solo haber figuras geométricas decorando las paredes, no había ni un solo santo, ni ángeles, ni nada que te indicara que aquel era un edificio religioso, en contraste con la fuerte decoración religiosa de las iglesias cristianas, y más adelante la decoración de las imponentes catedrales. Observaron que entre la multitud de civiles había una veintena de soldados apostados en parejas en las puertas, así como en el patio donde antes estaban, y junto al equivalente del altar en los edificios religiosos del altar, donde estaban el Caid, la pareja, y el imán que oficiaría la ceremonia.

-Si, si quitas el hecho de que este sitio está más protegido que una prisión- le respondió Sam, examinando los al rededores con la vista- Centrémonos en que ya los tenemos situados, ahora solo hay que acercarse y recuperar la gema- les pidió Marin, mirándoles instándoles a que se callaran.

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Por su parte, Amelia, Julián, Alonso y Ulrich caminaban a paso decidido, guiados por el tercero por los pasillos interiores de la muralla con una antorcha encendida a toda prisa por Ulrich para poder guiarse en aquel sitio tan oscuro. Era un pasillo húmedo y frio, en contraste con el calor del exterior, pues el sol ya pegaba con insistencia. Era silencioso, hasta que pasó lo inevitable: cruzarse con guardias. El primer instinto de todos ellos fue llevarse las manos a la cintura, que era donde tenían las armas. Claro que después recordaron que tenían ropas de árabes, por lo que estos, en principio al menos, no tendrían motivos para atacarles.

-Saludos, compañeros- les saludó uno de los guardias, mientras se colocaba la mano en el pecho y se inclinaba ligeramente. El grupo al completo realizó ese mismo gesto.

-¿Que tal el turno de guardia? ¿Tedioso?- les preguntó el otro- No hay mucho movimiento, así que...- le respondió Ulrich, sonando lo más natural que pudo.

El guardia sonrío pícaramente- No lo dudo, con la compañía que lleváis- les dijo, mientras observaba a Amelia. Alonso frunció ligeramente el ceño pero Ulrich le sostuvo con firmeza del antebrazo, aunque con la oscuridad del pasillo aquella acción pasó disimuladamente.

-¿A que os referís?- le inquirió el hombre, mientras Julián ya comenzaba a maldecir en voz baja y Amelia se giraba ligeramente, ya sabiendo lo que iba a pasar.

-A que seguro que esa puta os...- aquello fue lo último que aquel hombre diría en horas. En seguida, Alonso se lanzó sobre él como una fiera salvaje y le atacó con un potente puñetazo que le tiró al suelo. Segundos más tarde, realizo la misma operación con el otro guardia, para comenzar a correr por los pasillos como alma que perseguía el diablo.

-¡Maldita sea Alonso, la que has liado!- le gritó Julián, justo detrás de él- ¡Nadie llama así a una amiga mía y se va sin reparar el agravio!- le contestó el más mayor, no sin hacerlo con una sonrisa divertida.

Ulrich negó, sin creerse esa conversación. A su lado, Amelia tenía una cara de enfado que solo se la había visto a Electra, y la rubia a esas alturas ya hubiera provocado una tormenta eléctrica- Me se defender yo solíta, muchas gracias- le inquirió la mujer, colocándose al lado de Alonso.

-Lo sé, pero pardiez, no me podía ir sin golpear a algún infiel- le respondió Alonso, mientras se detenían tras recorrer varias decenas de metros.

-Centrémonos en la misión, tenemos que encontrar las puertas y abrirlas, ¿de acuerdo?- les pidió Ulrich. Los otros tres asintieron, y ya más tranquilos, anduvieron hasta que vieron al fondo del pasillo una luz más potente, donde supusieron que estaría el final del mismo.

-Ahí debe estar la puerta de la ciudad- murmuró Ulrich, acercándose- ¡Pues vamos allá, y abramos esa puerta!- dijo Alonso, con ímpetu.

Con ese espíritu se movieron en dirección a la luz que manaba de la puerta, aunque antes de salir la abrieron un poco para no cegarse con el exceso de luz, aclimatando así el ojo a toda la luz que ahora había en el ambiente. Tras acostumbrar al ojo, entraron a la sala. Y sus especulaciones eran ciertas, ya que la sala estaba entre las puertas de la ciudad que daban al exterior y los muros de la misma. Las enormes puertas de madera tenían los goznes de metal, y con una enorme pieza de madera encajada en unos metales que estaban clavados en las puertas, a modo de impedimento para que las puertas se pudieran abrir desde fuera. Claro que semejante madero no podía ser levantado solo por una persona, por su tamaño y grosor serían necesarios como mínimo cinco hombres fuertes. En cuando al resto de la estructura, era de piedra, teniendo por dentro de los muros engranajes para facilitar la apertura de la puerta, los cuales pese a estar entre las enormes piedras de la muralla, se notaba que estaban ahí.

-Apartaos, levantare este madero y podremos abrir la puerta- dijo Ulrich, mientras se colocaba al lado de la enorme puerta.

-Ese madero es más grande que un tráiler, no lo vas a poder levantar tu...- Julián se tuvo que callar cuando vio al alemán alzar la enorme madera por encima de su cabeza sin mucho esfuerzo y depositar la misma en el suelo con delicadeza.

-Somos más fuertes de lo que aparentamos, Julián, te recuerdo que yo soy el guardián del fuego- le dijo el chico, mientras palpaba la puerta en búsqueda de un resquicio para poder abrirla.

-¿Podrás abrirla?- le preguntó Amelia- Si, avisaré al resto- dijo, alejándose de la puerta.

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El plan para recuperar la gema en la teoría era fácil. Odd se transformaría en gato, se acercaría sigilosamente a la novia a través de los invitados, cogería la gema, y huiría velozmente por el pasillo, para salir volando transformado en pájaro una vez fuera, en el patio. Claro que una cosa era, como ya se dijo, la teoría y otra muy diferente la práctica. Transformarse allí iba a ser difícil ya que cuando lo hacía brillaba con su característica luz morada, y una muy intensa desde que habían ganado poder, ahora brillaba como un foco gigante, lo cual era muy desventajoso si uno quería pasar desapercibido como era esa situación. Aurora tuvo la idea de buscar algún recoveco en el cual la luz que generaría la transformación se atenuara, pero no se podían apenas mover de allí ya que los guardias estaban ojo avizor de cualquier gesto que ellos pudieran hacer. Estaban, como se diría, atados de pies y manos para poder hacer nada. Y así fue hasta que a William se le iluminó la bombilla, dicho en otros terminos, tuvo una idea.

-Me transformaré yo, al fin y al cabo la luz que yo generaría sería de color negro, y no se notaría apenas, al contrario que la de Aelita u Odd, que destacarían mucho en un lugar tan oscuro como este- les explicó.

-Ahora que lo dice, el señor oscuro lleva razón- comentó Jeremy- Ya sabéis que no me gusta que me llamen así- se quejó William, con una ligera molestia.

-Ya claro, venga, tira y recupera mi gema- le ordenó Asmae, dándole un golpe en el hombro. Este suspiró, y se transformó en un gatito.

Tras echar un último vistazo a sus compañeros, corrió veloz por entre los bancos de la mezquita, esquivando los pies de los que allí estaban. Tras colocarse al final de la primera fila, se agazapó justo debajo del banco, a la espera de una oportunidad para llevarse la gema de Asmae. La buscó con la mirada, y sonrió al verla en el regazo de la chica, ya que estaban colocados de lado del primer banco, por lo que se podía ver a ambos cónyuges. Mientras el imán hablaba, William aprovechó su oportunidad, y saltó sobre el regazo de la misma. Tras acabar en el regazo de la chica, y con la sorpresa de todos los presentes aún en el aire, William agarró al gema con la boca y salió corriendo a toda velocidad hacia la puerta. Segundos más tarde, un fuerte alarido del Caid hizo que los guardias fueran tras William, aunque casi ninguno sería capaz de alcanzarle. Pero lo lograron, pero únicamente gracias a un pequeño detalle: las puertas que iban hacia el patio estaban cerradas a cal y canto, y si bien eso era responsabilidad del resto de chicos, estos no pudieron llevar a buen fin esa misión ya que los guardias les tenían muy vigilados y cualquier tipo de acción, aunque fuera un simple gesto de mano para mover la puerta con la mente , en ningún caso hubiera pasado desapercibida. Por todo esto, William acabó cazado por los guardias, y acabo siendo cogido de la cola, por lo que estaba boca abajo. Claro que el guardián de la oscuridad no se rindió, y como buen gato panza arriba comenzó a dar zarpazos y a chillar, pero solo logró sacarle risas a los guardias.

-Anda dame esa piedra- dijo un guardia, mientras le intentaba arrancar de las zarpas la gema, aunque estaba húmeda ya que estuvo previamente en la boca del ahora animal.

-¡Dame esa gema YA!- chilló el Caid acercándose a paso veloz, sin importarle las miradas del resto. Se acercó y cogió la gema con violencia de las manos de uno de los guardias.

-¿Pa-papá?- le preguntó Mansaborá, levantándose con algo de sorpresa- ¡Por fin es mía!- gritó el Ciad, con alegría, alzando la gema con la mano.

Segundos más tarde, una fuerte luz dorada iluminó toda la zona, llegando incluso a verse desde fuera, cegando a todos menos a Aelita. Y ella flipó con lo que vio.

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Ulrich habia visto de todo, desde que era un guardián se había vuelto inmune a los sustos. Más con Odd como compañero, quien muchas veces se transformaba en algún animalejo para darle un susto durante la noche, a lo cual se comenzó a acostumbrar con el tiempo. Pero eso si que no se lo esperaba. Mientras mandaba el mensaje para sus compañeros, vio una intensa luz dorada iluminar la zona, y segundos más tarde un enorme dragón blanco se elevó por el cielo, seguido de gritos muy fuertes y chillidos de toda clase. Segundos más tarde, vio aparecer mediante un portal a sus compañeros, aunque se preocupó de ver el aspecto de William, quien parecía bastante cabreado, pero prefirió ahorrarse las preguntas. En seguida se les acercó, seguido de los otros tres, al resto del equipo.

-¿Que ha pasado?- preguntó intrigado Ulrich.

-¡Pasa que ese Caid está loco, cogió la gema y con ella se transformó en un dragón!- gritó Sissi, mientras se alejaba un poco de la pared, en dirección al exterior de la ciudad.

Amelia les miró confusa- ¿Esa cosa blanca era... el Caid?- preguntó la mujer, a lo que Susan asintió.

Alonso en seguida se santiguó- Santa María y José...- comenzó a murmurar, con algo de congoja- ¡Lucharé contra un dragón pardiez, mayor gloria un guerrero no puede tener!- gritó al instante, sacando su espada.

-Lo que tenemos que hacer es localizar a donde ha ido, eso lo primero- ordenó Marin- Chicos, os agradecemos la ayuda, pero creo que esto lo debemos hacer nosotros, tenéis en bandeja la misión, la puerta está abierta, la ciudad se puede reconquistar- les dijo.

Julián solo negó- Ya habéis oído a Alonso, y creedme, cuando se le mete algo en la cabeza no desiste nunca- les dijo, con una sonrisa.

-¿Hay alguna cueva por aquí cerca?- preguntó Jeremy- Por allí, cerca de donde salimos nosotros, por allí hay una cueva bastante amplia- les indicó Amelia.

-Pues llevadnos allí, por favor- les pidió Patrick- ¿Sabreis luchar, por cierto?- les preguntó Noelia- Yo si, ellos... no lo tengo tan claro- dijo Alonso- ¿Vale ser cinturón verde de karate?- preguntó Julián con las cejas alzadas. (4)

-En fin, no importa, le atacaremos con todo y ya está- dijo Ulrich, mientras seguían a Amelia.

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La había liado. Y mucho. Pero decir liado era poco, ¡había provocado el apocalipsis! Al menos a su lado estaba su amada Mansaborá, con ella se sentía mejor, ella también estaba muy sorprendida por lo que hizo su padre, pero no solo ella, también todos los presentes. La propia Mansaborá hasta lloraba, su padre ahora era un monstruo horrible, y todo por culpa de aquella piedra, o eso creía ella.

-¿Qu-que haremos ahora?- preguntó ella, aun llorando un poco. Jorge la miró- No lo se, no soy un guerrero, ni siquiera sabía que aquella gema tuviera ese poder- murmuró él.

Mansaborá asintió, entendiendo a su ahora marido- Igual el ayudante de mi padre sabe algo- le dijo ella, a lo que Jorge asintió. En ese momento, pasaron cerca de una ventana, y jorge pudo ver a los chicos correr por el bosque, aunque se sorprendió mucho al ver como de pronto se producían fuertes destellos de luces de colores, desde el rojo al azul, pasando por el morado, verde y amarillo, entre otros. Tuvo que mirar una segunda vez para comprobar que la vista no le había jugado una mala pasada, pero no, había visto bien. El problema es que eso no era lo peor, es que los cristianos estaban entrando en la ciudad, y eso era un problema. Agarró a Mansabora del brazo, y comenzó a correr por los pasillos.

-¡¿A- a donde vamos?!- le preguntó ella, con sorpresa- ¡Tenemos que irnos, vienen los cristianos!- gritó Jorge, mientras se escabullían por las murallas. Como vio que ella no parecía tener mucha agilidad, decidió cogerla a caballo y, tras coger carrerilla, fue saltando con una agilidad que nadie se hubiera creído de tejado en tejado, hasta alcanzar la muralla, aunque a veces le costaba ya que la chica a veces pegaba un ligero grito de la impresión de la altura a la que estaban, además de los saltos que Jorge daba, pero al ver su agilidad se acabó sintiendo segura. Al alcanzar la muralla exterior, la dejó en el suelo y la miró.

-¿Estas bien?- le preguntó, a lo que ella asintió- Si, pero... ¿a donde vamos? No tenemos ni hogar, ni dinero ni nada- le dijo ella, desesperanzada.

Jorge suspiró- Por ahora, deberíamos irnos de esta ciudad- le dijo- Además, creo que debería intentar solucionar lo de tu padre- le dijo el chico, algo cabizbajo.

Mansaborá le miró- ¡Pero ahora es un dragón, y tu ni sabes usar una espada!- le dijo ella, conforme bajaban por el interior de la muralla al agujero por el que entraba Jorge a la ciudad.

-Creo conocer a unas personas que si saben- le respondió él, al tiempo que la ayudaba a pasar por el agujero- ¿Quienes?- le pregunto ella. Jorge sonrió, mientras la guiaba por el bosque hasta una chabola a unos doscientos metros. Mansaborá la observó, era una casita diminuta, de madera, tan pequeña que su cuarto de palacio era más grande.

-¿Vives aquí?- le preguntó ella- Hasta ayer si, pero supongo que tendremos que vivir aquí- le respondió él, algo triste. Ella notó entonces que buscaba algo.

-¿Que buscas?- le preguntó ella. Jorge simplemente desapareció por detrás de la choza, y apareció con un caballo. Ella sonrió, era un bello corcel blanco con una silla de montar, y unas riendas.

-Se llama Babieca, como el caballo del Cid- le dijo el chico- Se dice que este caballo es descendiente del propio Babieca- le dijo, con estrellitas en los ojos.

-¿Montaremos en él?- le preguntó la chica- Sí, iremos donde están esas personas, creo saber donde están- le dijo él, aunque antes de montar en el animal, entró en la cabañita, y salió al rato con una espada. Ella le miró, se sorprendió de que alguien como él tuviera un arma.

-La heredé de mi padre, nunca me hubiera podido permitir una- le explicó- El caballo también era de él, pero nunca lo vendí por respeto a su memoria- le explicó el chico.

Mansaborá sonrió- Eres muy noble, mi amado Jorge- le dijo ella, con una sonrisa. Jorge asintió, y la ayudó a montar en el caballo, pero no fue necesario, ya que ella se montó con una agilidad no muy propia de una princesa.

-¿Nos vamos?- le preguntó ella, a lo que el chico asintió. Tras montar en el animal, espoleó a Babieca y este comenzó a galopar en la dirección en la que le indicó su amo.

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Minutos más tarde de salir de la ciudad los chicos, guiados por Amelia, llegaron a las cercanías de la cueva. La zona cercana a la entrada de la misma estaba medio quemada, seguramente por culpa del dragón, pero no estaba todo chamuscado completamente, solo en parte, la ceniza no lo cubría ni mucho menos todo, pero si lo suficiente para que diera el aspecto de una zona que había sufrida un incendio. Se fijaron que de la cueva se podía ver un destello de luz dorada si mirabas en una determinada dirección y con una inclinación concreta de los rayos solares, y eso según Percy solo podía significar que en esa cueva había oro, y mucho.

-Aquí huele a bestia y mucho- dijo Sam al rato, mientras se tapaba ligeramente la nariz- Ahí debe estar el dragón- comentó Aelita.

-Bien, ¿y que haremos ahora?- preguntó Odd, mientras miraba al resto- Seguramente el guardián de ese fragmento de la gema de la fe sea Jorge, y me temo que no se podrá activar hasta que él no te de su aprobación- le dijo Patrick a Asmae.

Ella asintió pensativa, mientras miraba hacia la cueva, intentando decidir que hacer ahora. Mientras discutían sobre que hacer, escucharon un fuerte relinchar, y, tras girarse, vieron a un corcel blanco dirigirse al trote hacia ellos, y, sobre el mismo, se distinguían dos personas, un hombre y una mujer.

-¿No es ese...?- preguntó al aire Yumi, mientras se protegía los ojos del sol con la palma de la mano en su frente- Si, es Jorge- le confirmó Aelita, con una sonrisa.

-Entonces ella debe ser Mansaborá- dijo Sam, quien observaba como se acercaban hasta ellos. Cuando estuvieron a su altura, se bajaron ambos del caballo y se acercaron al grupo.

-Supongo que ya sabéis quien soy- dijo Jorge, a lo que el resto asintió- Planeáis luchar contra el dragón, ¿verdad?- les preguntó el chico.

-Exacto, ¿vienes a ayudar?- le preguntó Nicolás- Sí, pero no se luchar la verdad- reconoció Jorge.

-La leyenda dice que fue Jorge quien dio muerte al dragón, pero supongo que no pasará nada si la realidad es distinta a la leyenda- comentó Amelia, entrando así en la conversación.

-En ese caso, quedaos detrás, lucharemos nosotros contra el dragón, por cierto, tendrás que hacer una cosa cuando volvamos, pero te lo explicaremos después- le dijo Electra.

Jorge asintió a eso, y observó como el grupo entraba en la cueva, aunque antes cada miembro del grupo se iluminó de diversos colores, los mismos que vio desde lo alto de la ciudad, y varios más, lo cual le confirmó que no había visto mal.

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Al entrar, decidieron a suertes quien se enfrentaría al dragón, y acabaron decidiendo que sería Percy el que se enfrentara al dragón. Por ello mismo, el chico se internó en la cueva, la cual no era demasiado grande ya que desde la entrada ya se podía apreciar el fondo de la misma, donde se encontraba el dragón agazapado, probablemente durmiendo. Con esto, Percy se acercó al animal, y, con su brazo convertido en un brazo de acero extremadamente afilado, se acercó a la bestia, tomó aire, y dio un fuerte grito para despertarlo, para entonces alzar el brazo y atravesar la carne de la criatura con su brazo, hundiéndolo hasta la altura del hombro. Fue entonces que el animal chilló de dolor y se levantó, aturdido por despertar tan de pronto y por la fuerte hemorragia que le provocaba la herida. Dirigió su mirada de hielo por toda la cueva hasta ver a Percy, y nada más verle, lanzó una fuerte llamarada contra el chico, quien dio una voltereta para esquivar el fuego. Tras eso, el dragón se lanzó sobre Percy con las zarpas por delante, aquellas enormes cuchillas que tenían por garras serían capaces de cortar un tanque a la mitad como si fuera mantequilla a juzgar por el enorme tajo que le hizo a la roca de las paredes cuando su primer golpe no golpeó a Percy pero si a la roca que les rodeaba.

-¡Estoy aquí, bestia!- le gritó Percy, llamando su atención.

El dragón entonces hizo algo sorprendente. Se iluminó de un color oro, una luz tan fuerte que obligó a Percy a tener que taparse los ojos para no cegarse. Cuando pudo volver a ver, vio al Caid delante de él, pero tenía cambios evidentes. Su piel tenía aspecto reptiliano con escamas blancas, sus ojos antes oscuros ahora eran azules, y sus manos contaban ahora con grandes garras que eran retráctiles, ya que enseguida las contrajo hasta que desaparecieron dentro de la mano, aunque estas estaban lejos de parecer humanas ya que estaban cubiertas de escamas blancas.

-¿Sorprendido? El poder de esta gema es enorme, no es lo único que puedo hacer- le dijo el hombre, con una sonrisa de locura.

Fue entonces que el Caid lanzó una enorme llamarada de la boca, la cual golpeó a Percy con toda su fuerza, pero logró defenderse colocando los brazos en forma de X. Aquel fuego no era ni de lejos tan ardiente como el de Ulrich, por lo que no le costó demasiado encajar aquel golpe. Cuando la llamarada pasó, el Caid observó como Percy seguía tal cual, ya con los brazos a los lados de su cuerpo, y gruñó.

-Tu no eres un humano normal, ¿verdad?- le preguntó el Caid, a lo que Percy asintió- Así es, me llamo Percy Knigth, guardián de los metales y uno de los doce guardianes de la naturaleza de Asmara, capaz de hacer que cualquier parte de mi cuerpo tenga las misma propiedades que cualquier metal, de generar de la nada metales de todos los tipos, y de crear nuevos metales para así todos ganen- le dijo Percy, elevando su energía, la cual le rodeó y recubrió completamente.

Entonces, Percy elevó las manos, en las cuales se formó un remolino de energía muy intensa que creció por momentos- ¡Revolución de la luz estelar!- gritó Percy, mientras lanzaba su ataque.

El Caid vio entonces una enorme explosión de luz y energía que inundó completamente la cueva, y segundos más tarde todo el exceso de luz había desaparecido. Cuando Percy se fijó, del Caid no quedaba nada, solo vio el fragmento de la gema de Asmae en el suelo. Percy sonrió, y se inclinó para coger el fragmento. Cuando lo tuvo en la mano, la observó, y comprendió entonces porque el Caid estaba tan obsesionado por aquella gema, pues irradiaba una fuerte energía. Con eso en mente, salió de la cueva para encontrarse con sus amigos.

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Cuando salió, vio como sus amigos estaban hablando con los otros personajes, y por ello decidió acercarse a donde estaban.

-Recuperé el fragmento de la gema pero...- dijo, mientras les mostraba el mismo- El Caid ya no era humano, era un monstruo, el poder de la gema de la fe le consumió, hizo que su energía se hiciera oscura- le explicó Percy.

La chica solo bajó la mirada, pero segundos después alzó la vista, y asintió mirando a Percy- Ya me engañó una vez, yo no le importaba nada, solo me quería para casarme con Jorge y obtener la gema- dijo la chica, se notaba que se sentía mal consigo misma.

-Cualquiera hubiera caído, pero ahora tenéis la oportunidad de vivir vuestra vida, juntos- dijo Aelita con una sonrisa, cosa que hizo que Mansaborá la abazara.

-Muchas gracias por ayudarnos, de verdad- dijo Jorge, mientras montaba junto a su pareja en el caballo, y, tras despedirse, cabalgaron en dirección al sur, donde buscarían comencar sus vidas.

Tras mirar por unos momentos a la pareja irse, Susan miró a los miembros de la patrulla del tiempo- Ha sido un placer trabajar con vosotros, pero es hora de irse- dijo la dama del tiempo, mientras se daban las manos entre ellos.

-Nunca he conocido a unos guerreros como vosotros, pero os deseo buena fortuna en vuestra empresa- les dijo Alonso, con determinación- Nos vemos- les dijo Amelia, antes de irse también en dirección a la puerta que ellos usaban.

Una vez solos, y como la gema de Asmae brillaban, la colocaron en el brazalete que llevaba Asmae, e inmediatamente las dos partes que ya tenían se juntaron con una fuerte luz dorada, formando así una única pieza. Tras eso, abrieron un portal, y volvieron a su casa, donde ya les esperaba Atenea para conocer el informe de la misma, y tras contarselo todo, ella les informó de las pocas novedades que había con respecto a Gamma, quien ya parecía estar causando estragos pero no en la Tierra o en Asmara, sino en otros mundos. Eso hizo que todos tuvieran en mente darse prisa en sus misiones para derrotar contra antes a ese poderoso enemigo, que si bien no estaba a plena potencia, si que seguía siendo muy peligroso.

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(1) En realidad Ibn Hud era un rey musulmán que intentó parar los ejércitos cristianos del rey Alfonso IX, aunque por desgracia para él no lo logró, murió en 1238. Por ello mismo tomaré este nombre, pero no será el personaje histórico, sino uno inventado por mí.

(2) Al-Ándalus era el nombre que los árabes le dieron a la Península tras conquistarla.

(3) Ver capítulo 37

(4) En el karate, es el tercer nivel que un alumno puede alcanzar, siendo el primero el blanco y después el amarillo, aunque entre medias hay niveles intermedios con líneas horizontales recorriendo el cinturón.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Los personajes del Ministerio del Tiempo que aquí aparecen tampoco me pertenecen, sino a su legítimo propietario, de acuerdo con los derechos de copyright. Tampoco me pertenecen los de las otras series/ películas que aquí aparecen.