Código: Guardianes

Capítulo 65

Una vez solos, y como la gema de Asmae brillaban, la colocaron en el brazalete que llevaba Asmae, e inmediatamente las dos partes que ya tenían se juntaron con una fuerte luz dorada, formando así una única pieza. Tras eso, abrieron un portal, y volvieron a su casa, donde ya les esperaba Atenea para conocer el informe de la misma, y tras contarselo todo, ella les informó de las pocas novedades que había con respecto a Gamma, quien ya parecía estar causando estragos pero no en la Tierra o en Asmara, sino en otros mundos. Eso hizo que todos tuvieran en mente darse prisa en sus misiones para derrotar contra antes a ese poderoso enemigo, que si bien no estaba a plena potencia, si que seguía siendo muy peligroso.

Tras eso, Atenea se quedó sola en la casa, pues Cesar y Asmeya se habían ido a comprar mientras el resto estaban en la misión, y los chicos acababan de irse a la academia para descansar. Sonrió, la guerra estaba bien encaminada, pero aún había muchas cosas que hacer, entre otras cosas buscar las tres partes de la gema de Asmae que quedaban, aunque lo difícil iba a ser recuperar el arma de Asmae, Jamily decía saber donde estaba el arma, pero también que Diana no había incluido esa información en su libro, que cuando llegara el momento ella se lo diría, que les daría toda la información llegado el momento. Mientras estaba pensando en sus cosas, notó una ligera brisa, señal de que ella había llegado. Se giró y contempló a la aelida que creó las gemas de los guardianes, que resultaba ser una de las magas más poderosas de Asmara, con un poder que ribalizaba con el de los guardianes.

-Hola Jamily- le saludó Atenea. Esta le hizo una ligera reverencia y se acercó a la reina, sorprendiendo con lo primero a la reina.

-Hasta ahora no te he visto inclinarte ante nadie- comentó ella. Jamily se rió ligeramente- Has demostrado ser digna de mi respeto Atenea, y una de las pocas cosas que angelidos y aelidos compartimos es nuestra fidelidad a aquellos que consideramos dignos- le dijo, apoyandose en la pared.

Atenea la miró, con evidentes signos de estar aguantando una carcajada- Esa guerra que tenéis entre vosotros ya acabó cuando el nuevo rey de los angelidos llegó al trono, ese tal Michael decidió permitir a los aelidos volver a casa, aunque parece que seguís en vuestros trece- comentó Atenea.

-Son siglos de odio, Atenea, que nos permitan volver no impedirá que haya peleas en Heavenland- le explicó.

-Lo sé. ¿A que debo tu visita?- le preguntó. Jamily giró su cabeza y miró por la ventana de la pared contraria- Estuve viajando por Asmara, y no hay signos de que Gamma esté causando problemas, comenzaré a buscar por otros mundos- le dijo la mujer alada.

-Bien, infórmame de lo que descubras- le pidió Atena, a lo que Jamily asintió, y tras eso, se fue a través de un portal. Atenea en ese momento decidió coger su libro y lo abrió por donde estaba la información de donde estaban las partes de la gema de su hija menor. Comprobó que las pistas para las dos primeras partes seguían brillando en color oro, como las otras tres, pero ya menos. En ese momento se fijó en la tercera, que era su siguiente objetivo.

-¡Ya llegamos!- oyó gritar a una voz, la cual reconoció como la de su hija mayor. Se giró y les vio cargando con varias bolsas con comida y varias garrafas de agua.

-¿Hace falta que os ayude?- les preguntó ella- No hace falta mama, Cesar llevará las cosas a la cocina- le dijo Asmeya, mientras el chico hacia eso mismo.

-Ya llegaron los chicos, por cierto, Asmae recuperó la parte de la gema- le dijo Atenea a su hija, quien asintió- ¿Quieres que vuelva a ir con ellos?- le preguntó.

Atenea negó- Ya bastante haces en Asmara ayudando al antiguo gobierno a restaurar el orden en nuestro viejo reino mi niña- le dijo ella, maternalmente- ¿Esta el presidente y los ministros ya tomando medidas?- le preguntó, a lo que Asmeya asintió.

-Ya están los antiguos senadores en sus puestos, y la población ya está volviendo a sus hogares originales- le dijo Asmeya- Además, ahora estamos reconstruyendo las antiguas construcciones del país, y en todos los países está pasando esto mismo, solo que a diferentes velocidades- siguió Asmeya.

-Genial, mañana vendrán los chicos para la siguiente misión- dijo Atenea, mientras iba a la cocina con Asmeya a su lado para ayudar a Cesar.

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A la mañana siguiente, de las gemelas de pelo rosa, la primera en despertarse fue Asmae. Esta dio un ligero gemido al escuchar el estridente pitido del despertador taladrar sus oídos, pero de un rápido movimiento de mano detuvo el fuerte sonido. Tras eso, y después de remolonear ligeramente, se levantó con cara adormilada, y después de bostezar y estirarse, se levantó y cogió sus cosas para ir al baño a darse una ducha, como hacía cada mañana.

-Levanta Aelita- le dijo a su hermana, moviendo ligeramente a la otra con la mano para despertarla, aunque esta solo murmuró algo como "un rato más, mamá". Tras suspirar, ella salió del cuarto y enfiló el pasillo para ir a las duchas.

Una vez dentro, se desnudó y dejó su ropa en la bolsa que ella usaba como neceser, y se metió en una de las duchas.

-Buenos días- le saludó una de las chicas, que por la voz reconoció como Noelia- ¿Que tal Noe?- le preguntó Asmae, ya mojada de arriba a abajo por el agua.

-Hoy tengo un examen de latín, sinceramente no se por que tengo que hacerlo- dijo ella, algo molesta- Se supone que no deberías saber mucho de ese idioma, por eso te hacen un examen- le dijo Asmae.

-Yo hablo latín desde que puedo recordar, y con una mucha mejor pronunciación que el profesor, además, no se de donde se han sacado muchas de las normas que según ellos regían el idioma- Asmae se rió, Noelia se quejaba mucho de esas cosas, aunque hacia los ejercicios perfectos, se tenía que morder la lengua para no decirle al profesor que no estaba haciendo otra cosa más que decir disparates, aunque ella debía reconocer que acertaban en bastantes cosas. Es por causa de Noelia que ella y Aelita tuvieron que reescribir sus apuntes de latín, pero eso no era lo importante.

-Si, pero no me...- Noelia tuvo que guardarse un chillido al notar como Asmae la abrazaba y besaba en su cuello, y mientras Noelia disfrutaba de eso, Asmae aprovechó para bajar las manos a las partes intimas de la chica perro.

-No es momento, tía- le dijo Noelia, mientras apartaba sonrojada a Asmae. Esta se rio y le dio un pellizco en las nalgas para después salir de la ducha y quedarse fuera, secándose.

-Ya, era para picarte- se rió Asmae, mientras se sentaba en un banco y se colocaba las zapatillas- Tienes suerte de que a esta hora no haya nadie en las duchas por ser muy temprano- dijo Noelia, quien al rato también salía de la ducha.

-¿Vamos a desayunar?- le preguntó Asmae, a lo que Noelia asintió- Seguro que ya están en la cafetería muchos de los compañeros- dijo la pelinegro, mientras salían de la mano de la ducha.

Efectivamente, tras llegar a la cafetería, vieron a sus compañeros repartidos en varias mesas repartidos de cuatro en cuatro, aunque notaron que William y Jeremy estaban solos en una de las mesa, probablemente fueron los últimos en llegar. Decidieron sentarse a su lado para acompañarles.

-¿Que tal, chicos?- les preguntó Asmae, sentándose en frente de William, dejando a su novia el hueco en frente de Jeremy.

-Repasando con el compañero el parcial de biología- respondió William, dándole un buen mordisco a su bocadillo- Parcial que tenemos en cuarto de hora por cierto- comentó divertido Jeremy, comprobando su reloj.

-¿Tu como lo llevas, Asmae?- le preguntó William a la pelirosa- Creo que podré defenderme- comentó, bebiendo de su chocolate- Por cierto, me dijo mamá que esta tarde fuéramos a la Ermita, para ir a buscar la tercera parte de mi gema- les dijo, mientras sus compañeros se levantaban. Un minuto más tarde, las chicas ya habían desayunado y fueron a las clases.

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Horas más tarde, y casi sin parar a comer en la cafetería, el grupo fue en dirección a la Ermita, donde ya les esperaba Atenea, con la pista preparada para que los chicos fueron a la misión para recuperar el tercer fragmento. Tras entrar, se colocaron en semicírculo al rededor de Atenea, quien abrió el libro, y leyó la pista.

-El tercer fragmento de la gema de la fe se encuentra en el pueblo que desafió a un imperio- leyó Atenea. Los chicos se miraron con sorpresa, ¿un pueblo desafiando a un imperio? Eso era muy raro. Aunque si uno revisaba un libro de historia se dará cuenta de que eso no era tan raro. Eso mismo le pasó a España con Francia, o a Inglaterra con sus colonias de ultramar que acabarían creando a la primera potencia del mundo.

-¿Alguna idea de donde puede ser?- les preguntó Atenea. Ninguno dijo que sí, así que comenzaron a buscar información de a que se podía estar refiriendo. Mientras miraba en internet, Asmae se fijó en uno de sus cómics favoritos de cuando era niña, y miró las fotos. Recordó de que iba aquel cómic, y sonrió, la verdad es que encajaba bastante con lo que decía la pista del libro, y generalmente sus deducciones eran las correctas.

-Creo que se de lo que hablamos- dijo Asmae, mostrándoles una imagen. Era de un cómic en la cual la portada ponía Asterix La vuelta a la Galia. Sus compañeros la miraron.

-¿Crees que pueda estar aquí?- le preguntó Percy, a lo que Asmae asintió. Tras hablarlo un poco, abrieron un portal y entraron al mismo, pensando en la posible aventura que les esperaba.

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Estamos en el año 50 a.C. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y precisamente de la misma salían dos personajes, ambos varones, en busca de su más preciado alimento, el jabalí. Uno de ellos era bajo, de pelo rubio, con ojos oscuros. Su cabeza estaba cubierta por un casco con bellas alas blancas y un diminuto pico en el centro, siendo sus pantalones largos de color rojo y su camiseta de color negro sin mangas y un cinturón de color verde con círculos amarillos, con una cantimplora verde colgado en ella y una espada corta guardada en su cinto. En cuanto a su amigo, era bastante más alto, de pelo rojo con coletas las cuales estaban rematadas con una coletilla negra. Su pecho estaba descubierto y su gran barriga era lo más curioso de él. Por ende, su pantalón rayado con lineas verticales de color azul y blanco estaba sujeto por un cinturón igual al de su compañero, y también llevaba unas sandalias marrones, y al igual que su amigo, tenía un denso bigote adornando sus rostros.

-¿Listo para la caza, Obelix?- le preguntó el rubio a su gigante amigo, quien asintió- ¡Claro Asterix!- le respondió- ¡E Idéfix también está más que listo!- dijo, mientras un diminuto perro de pelo blanco se les acercaba corriendo a gran velocidad. Era de raza Schnauzer miniatura bastante activo que ya en ese momento corría por delante de su amo.

Aquel día no pintaba que fuera a ser muy diferente a como era el resto. Iban a caza jabalíes, y seguramente se encontrarán con una patrulla de romanos a la cual les darán un par de mamporros que les hará volar por los aires, y volverán a casa con un par de jabalíes cada uno para la comida, y después estarían por el pueblo, participarían en la reyerta locar entre el bardo Asuranceturix y el herrero Esautomatix, vendría el druida Panoramix a pararles, y tras el regaño oportuno del sabio druida harían una cena común en la aldea y se irían a la cama. Precisamente en ese momento Idéfix comenzó a husmear el aire, y tras ladrar con fuerza corrió por el bosque con velocidad.

-¡Idéfix, espera!- le gritó Obelix, corriendo detrás del perrito. Asterix les seguía un poco por detrás, era mejor dejar a su amigo divertirse primero y ya después podría hacerlo él, Obelix era un poco niño pequeño en ese sentido, pero poco le importaba ya que era su mejor amigo de toda la vida.

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Tras atravesar el portal, el grupo se encontró en un bosque bastante frondoso, lleno de altos árboles como robles y pinos, estando el suelo lleno de musgo y cruzado por las grandes raíces de los árboles. Tras iluminarse con sus respectivos colores, sus ropas cambiaron como era habitual. Las chicas llevaban una camisa de sus colores a cuadros con blanco y pantalones largos de color rojo con sandalias de color tierra. En cuanto a los chicos, sus ropas eran identicas a excepción de los cascos que ellos llevaban, que eran cascos con alas de todo tipo y con una ligera protuberancia en lo más alto.

-Así que esto es Francia en época romana...- comentó Aelita, observando sus alrededores- ¿Sabemos a donde debemos ir?- le preguntó Nicolás a Asmae, quien se hundió de hombros.

-Ni idea, supongo que tendremos que andar y ya encontraremos algo- comentó la pelirosa, poniéndose a andar.

Minutos más tarde, vieron a una patrulla romana andar por el bosque, seguramente patrullando la zona para que fuera más segura. O eso pensaría e grupo si no se pudiera oír desde allí el sonido de castañeo de los dientes de los soldados y del decurión romano, y no por el frío precisamente. Se notaba a la lengua de que tenían miedo, pero la pregunta era, ¿miedo a que? Lo sabrían segundos después.

-¡Anda mira, si son romanos!- oyeron gritar a una voz, seguida en seguida por gritos de los propios romanos. Inmediatamente se oyó el sonido de un golpe, y justo en frente de ellos cayó del cielo un soldado romano, quien se levantó y huyó asustado de lo que quiera que le golpeara.

Eso mismo se repitió varias veces, y poco después de que cayera al suelo el último, aparecieron un par de hombres y un perrito.

-Oh vaya, se han ido...- se quejó el más alto, con cara de decepción. El rubio, más bajo que él, le reconfortó dándole palmadas en el hombro- Tranquilo Obelix, ya les pillaremos más tarde- le dijo, sonriendole.

Los chicos observaron esa escena bastante interesados, así que aquellos personajes eran reales. Antes de irse Asterix reparó en la presencia de los chicos, así que se giró y les miró.

-Por vuestras ropas supongo que sois galos, ¿de que zona?- les preguntó- Somos de Lutecia, venimos a Armórica para conocer la zona- le dijo Asmae (1).

Asterix asintió, acercándose a ellos- Me llamo Asterix, soy de un pueblecito cercano a aquí, espero que los romanos no os asustaran- les dijo, dándose la mano con los miembros del grupo, quienes se iban presentando.

-¿A donde fue tu amigo, por cierto?- le preguntó Jeremy. Asterix se hundió de hombros- Habrá ido a cazar jabalíes, seguramente- les dijo, mientras comenzaban a caminar.

-Por cierto, ¿a que zona de Armórica vais?- les preguntó. Asmae iba a responder pero Asterix habló antes- Lo digo por que aquí solo hay bosques y playa con mar, no hay nada digno de verse, a no ser que tengáis familiares- dijo el galo, girándose y mirando al grupo.

-Tu fama te precede, Asterix- comentó Aelita, mirando a su hermana, quien simplemente suspiraba, les habían pillado- ¿A que habéis venido en realidad?- les preguntó, cruzándose de brazos.

-Tenemos una misión aquí, no podemos decirte mucho, pero tenemos que ver a una persona de por aquí, lo que ni squiera sabemos quien puede ser- le explicó Yumi.

Asterix se quedó pensativo, analizando al grupo con la mirada- Iremos a la aldea, igual Panorámix os puede ayudar, es el druida de la aldea, y el hombre más sabio que conozco- les dijo.

El grupo asintió, y siguieron a Asterix por los senderos del bosque para ir en dirección de la aldea. Durante el mismo paseo por el bosque, se encontraron con Obelix, quien cargaba ya con un par de jabalíes a la espalda y una sonrisa de felicidad en el rostro. A su lado, Idéfix trotaba de lado a lado ladrando con alegría, aunque se acabó acercando a Asterix y le lamió en la mano, para después hacer lo mismo con algunos de los guardianes. Minutos más tarde, fueron andando hacia la aldea, y entraron a la misma. Esta estaba rodeada del bosque, con una alta empalizada de madera, la cual rodeaba a todo el poblado, contaba con una puerta de madera que se abría como las de una casa normal, custodiada por un par de guerreros con lanzas y escudos que saludaron animadamente a Asterix y a Obelix, lo curioso es que no preguntaron por ninguno de los chicos, quienes supusieron que confiaban en ellos si iban con los otros dos. El interior del poblado era bastante hermoso, con casitas bajas de un solo piso hechas de piedra con ventanas acristaladas y techos de paja, y de muchas de las casas salía un humo, señal de que alguien estaba cocinando en su interior. Vieron que en el pueblo había una herrería y una pescadería enfrente una de la otra, y también notaron que en lo más alto de un enorme árbol había una casita muy similar a las que había abajo, y desde el suelo se podía ver a un hombre rubio tocando una lira de madera con varias cuerdas bien tensadas, y había que reconocerlo, lo hacía bastante bien. La única casa, aparte de la del árbol, que destacaba del resto era una que en su dintel tenía la cabeza disecada de un toro y a los lados del mismo dos escudos, según lo que les dijo Asterix era la casa del jefe de la aldea.

-¡Abaracurcix!- gritó Asterix entrando a la casa, pero indicando a los chicos que se quedaran fuera con un gesto de la mano- ¡Abraracurcix, soy Asterix! ¡Tengo que hablar contigo!- gritó, ya dentro.

Segundos más tarde, y pese a estar fuera de la casa, vieron que del interior de la misma, aparecía un hombre pelirrojo y con el pelo en dos coletas como las de Obelix. También tenía barriga, pero no tanta como Obelix, su ropa consistía en un pantalón a rayas negras y azules, sandalias de color tierra, una camisa verde con unos botones y un cinturón de color blanco cuya hebilla era dorada y circular, del propio cinturón colgaba una larga espada en su cinto. Su cabeza estaba protegida por un casco alado, y de sus hombros y hasta e suelo caía una capa de color rojo. Tras una corta conversación, ambos hombres salieron, y Abraracurcix observó al grupo.

-Asterix me ha dicho que habéis venido a Armórica por una razón, pero que no nos podéis contar mucho- les dijo, cruzandose de brazos- Así que decidme, ¿sois galos, o romanos?- les preguntó, con seriedad.

Justo cuando Percy iba a responder, por allí pasó un anciano de larga barba blanca y pelo de ese mismo color aunque estaba calvo en la coronilla, de ojos oscuros que denotaban gran sabiduría. Sus ropas eran largas de color blanco, con forma de túnica ya que no había diferencia entre la camisa y el pantalón. Aún así llevaba un cinturón verde del cual colgaba una cantimplora y una hoz dorada, y de sus hombros caía una capa de color rojo que llegaba hasta su cintura.

-¿Sucede algo, Abraracurcix?- le preguntó el hombre, acercándose. Los chicos supusieron que aquel hombre debía de ser Panoramix, el druida de la aldea- Asterix se los encontró en el bosque y ahora mismo les iba a preguntar el por que de su presencia aquí- le respondió.

Panoramix entonces reparó en las gemas de los chicos, pero al verlas más detenidamente su color de piel ya claro de por sí se aclaró más todavía, y miró al jefe con los ojos bastante abiertos- ¡Rápido, a mi cabaña!- dijo, mientras agarraba a Odd, el que estaba más cerca de él, del brazo y se lo llevaba a rastras a toda prisa.

-¿¡Que sucede, druida!?- gritó Asterix, corriendo detrás del ágil anciano, seguido del jefe de la aldea y con Obelix a la zaga, quien a pesar de su oronda tripa también corría bastante.

Pocos después entraron a la cabaña del druida, la cual estaba bastante ordenada pero llena de cosas. Con calderos, plantas de toda clase, tarros con cosas dentro, hoces en algunas partes, y estanterías con comida. En la chimenea había un caldero con algo humeando dentro, probablemente con alguna sopa. Pero Panoramix no le hizo caso a nada de eso, pues nada más entrar a la cabaña fueron a una estantería llena de libros, y tras buscar un poco, cogió uno de tapa roja con una estrella en el tomo del mismo, tras lo cual abrió el libro y se acercó a la mesa, y comenzó a pasar las hojas a toda velocidad, hasta llegar a una pagina, la cual comenzó a leer y murmurando en voz baja.

-¡Lo sabía!- saltó al terminar, mirando al grupo- ¿Nos explicaras que pasa, druida?- le preguntó Asterix, mirando al druida, quien andaba por la casa dando largas zancadas y examinaba a cada integrante del grupo, más concretamente a sus gemas.

-Que estos chicos son los guardianes de Asmara, Asterix- le respondió el anciano druida, con una sonrisa risueña.

Abraracurcix miró al nombrado hundiéndose de hombros, ninguno de los dos sabía a lo que se refería el druida- ¿¡No les conocéis!?- casi chilló Panoramix, con asombro.

-Nunca nos hablaste de ellos cuando íbamos a tus clases, Panoramix- le respondió divertido Asterix, mientras veía como el druida comenzaba a murmurar para sí y maldiciendo a ninguno de ellos sabía quien, todo eso mientras dejaba el libro en su sitio

-Pues va siendo hora de que os cuente su historia- dijo, sentándose en una sillita e invitando al resto a escucharle- Básicamente ellos, los guardianes, son poderosos magos que controlan elementos naturales- les explicó, tamborileando con sus dedos en la mesa.

-Lo que no sé es que hacen aquí ahora, no pasa nada grave en realidad...- comentó, pensativo- Porque no sucede nada malo, ¿verdad?- les preguntó, con un poco de alarma.

Los chicos negaron- Tenemos una misión importante aquí, aunque sinceramente nos sorprende que sepan de nosotros en sitios tan alejados de Grecia y Roma- comentó Patrick, sorprendido.

-Los druidas celtas, y por tanto los galos, conocemos muchos de los secretos de la naturaleza, creo que es lógico que sepamos de la existencia de alguien con la importancia de los guardianes- respondió Panoramix.

-¡En cualquier caso es un honor tener invitados en nuestra aldea!- intervino Abraracurcix con una sonrisa en la cara, mientras cogía de los hombros a William y a Herb y se los llevaba al exterior, siendo enseguida seguidos por el resto.

Un minuto después, y desde atrás, Asterix vio como el grupo ya iba en dirección al centro de la aldea, capitaneados por el jefe y el druida de la aldea, y conforme se acercaban a la plaza central, los vecinos de la aldea se les unían y se colocaban en semicirculo en torno a Abraracurcix, a Panoramix, y al grupo de guardianes, con la intención de presentar a la aldea a sus nuevos invitados. Asterix, lejos de incorporarse a aquella improvisada reunión junto a Obelix quien también estaba ya allí, fue a su casa a paso veloz, y entró a su choza. Como buen soltero, su casa estaba algo desordenada, con una mesa a un lado con cuatro sillas, una chimenea con un pequeño fuego en la misma, y un par de espadas y escudos en la pared. En el psio de abajo poco más había, un par de estanterías con vasijas con especias y unos libros que le regaló el druida Panoramix. En el piso de arriba estaba su cuarto, que es a donde fue nada más entrar. Su cuarto no era muy grande, solo contaba con un arcón donde guardaba la ropa y otro donde tenía los recuerdos de sus numerosas aventuras. Su cama estaba perfectamente hecha, y de debajo de la misma sacó una cajita bastante hermosa decorada con letras griegas doradas. Aquella caja la recibió de su padre cuando cumplió los catorce, era su más preciado tesoro, y por lo que le contó su padre, debía proteger el contenido de aquella caja con su vida de ser necesario. Nadie fuera de la familia de Asterix conocía de aquella caja, ni Obelix, su mejor amigo, sabía de su existencia, y todo por un juramento hecho años atrás por su padre.

-Creo que es hora de comprobar si las historias de mi padre son verdad...- murmuró, abriendo la cajita con una llave que siempre llevaba encima. Tras abrirla, vio el contenido de aquella cajita, una reluciente gema, aunque se notaba que había sido rota en varios trozos, como mínimo en dos.

Su padre le había dado aquel bello objeto como muestra no solo de su confianza en él, también como muestra de aprecio hacia la persona de su hijo. Por eso Asterix la guardaba con tanto celo, no solo por ser un regalo de su padre, también por otra razón quizas más importante. Cuando le preguntó de donde sacó la gema, su padre le contó que una mujer griega se la había dado, le dijo que se lo debía dar a su primogénito, quien solo se la debía dar al guardián de la fe, y solo cuando este fuera digno de tener la gema en su poder, pues aquel objeto, de aspecto mundano, encerraba un poder enorme.

-Por ahora no desvelaré tu existencia, esperaré a ver que debemos hacer contigo- murmuró, acariciando la hermosa piedra con sus dedos. Tras eso, la guardó de nuevo en su sitio, y bajó por las escaleras a paso lento, pensativo, debatiendo en su interior que debían hacer.

Con esas ideas en mente, fue hacia donde se celebraba la reunión, silbando para aparentar tranquilidad, acompañado de algunos compañeros que se habían quedado rezagados para la reunión.

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La vida en los campamentos romanos era dura ya de por sí: levantarse conforme salía el sol por el horizonte, una comida que dejaba bastante de desear, catres duros, ejercicios diarios matutinos y nocturnos, largas jornadas de vigilancia... pero esa vida se endurecía en los campamentos de Acuarium, Laodanum, Babaorum y Petibonum, es decir, los campamentos que rodeaban a la aldea gala. Normalmente los galos les dejaban en paz, pero en ocasiones les atacaban solo para divertirse, por ello mismo la moral general era baja, no habían tenido una victoria en todo el tiempo que llevaban allí, y eso era algo que a los centuriones de esos campamentos le traían de cabeza, más a unos que a otros. Aún así, la renta que recibían era mayor precisamente por estar vigilando a aquel irreductible grupo de locos, así que algo bueno tenía aquel puesto. Precisamente aquel día había llegado un enviado del César al campamento de Aquarium, un personaje llamado Pepitus Grillus que decía ser un gran comandante que había logrado poner contra las cuerdas a todos sus enemigos. Otro enviado más por César para intentar domar a los galos, pensó el centurión a cargo de Aquarium, Cayus Bonus.

-Mi comandante, con todo el respeto... ¡Atacar a los galos es una locura!- le decía, arrodillado y casi llorando, a los pies del comandante- ¡Nos harán pedazos, con su poción mágica!- dijo, asustado de solo recordar la última vez que pelearon.

-Tranquilo centurión, te aseguro que yo, el gran Pepitus Grillus, derrotaré a esos galos, son solo un conjunto de brutos que se rendirán a mi intelecto- dijo el comandante, con la mirada alta y el pecho henchido de orgullo.

Cayus Bonus suspiró, iba a ser un día duro... Tras salir de su tienda, llamó al corneta, habría que avisar no solo a los soldados de Aquarium, también a los de los otros campamentos. Suspiró, tendrían que avisar de nuevo a los galenos. El campamento era grande, con caminos de tierra que lo recorrían y tiendas rojas con el escudo de Roma decorándolos bordados en hilos de color oro, siendo la única tienda que destacaba de la que salió Cayus Bonus segundos antes. Estas tenían por dentro la misma decoración y objetos que las tiendas del campamento Troyano, lo unico que era diferente era que las tiendas romanas eran algo más grandes y estaban en perfecta cuadricula. Cayus suspiró, su campamento quedaría en ruinas tras aquello, al menos sería fácil de reconstruir, pensó. Con eso en mente, dio orden de llamada al campamento entero

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(1) Lutecia en la actualidad correspondería con la ciudad de París, siendo Armórica una región costera de Francia al norte de la misma, por la zona del Canal de La Mancha, se le llamaba así ya desde antes de la conquista romana incluso.

Los personajes de Asterix y Obelix que aquí aparecen pertenecen solo a Rençe Gosciny y Albert Uderzo. Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.