Disclaimer: Los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Rowling. La trama y gran parte de los sucesos, son propiedad de mi imaginación.

Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.

Categoría: Primera Guerra Mágica


Prompt: Cementerio

Palabras: 500


CEMENTERIO

Percibí el día nublado mientras continuaba parado frente al cementerio. No sabía durante cuánto tiempo me había mantenido de pie en el mismo lugar.

Nunca había sido valiente, y eso ella me lo había reprochado en vano una vez porque comprendía lo inútil que era intentar cambiarme.

¿Me arrepentía?

Obviamente. Tal vez si habría sido valiente, en este momento ella no estaría muerta y yo no estaría frente al cementerio en el que descansaba.

Decidí que podría ser valiente en ese instante. Di un paso hacia adelante y luego todo se convirtió en una carrera desesperada por llegar hasta Marlene.

La sensación de deja vú se hizo presente, haciéndome recordar a cuando ambos habíamos corrido hacia el otro, atravesando la nieve que caía en Hogsmeade. Habíamos tenido una pelea ocasionada por la Marca que, en ese entonces, yo ya llevaba en el brazo. Cuando nos encontramos, ella se aferró a mí y sollozando dijo que no importaba que fuera un mortífago; siempre y cuando, yo continuara siendo el mismo y no me convierta en un despiadado asesino y torturador.

Se lo prometí. Sin embargo, había roto esa promesa.

Cuando escuché que Marlene había muerto, me cegué, y no me tembló la mano al apuntar hacia aquellos que le quitaron la vida. Los hice gritar y suplicar mientras lloraba de furia y rabia, la vida huyó de sus ojos mientras pensaba en ella diciendo que me quería.

Pero ya nada importaba, ni todo lo que tuve que pasar para evitar ensuciar mis manos, tampoco lo que ambos sacrificamos por aquellos momentos robados en medio de una guerra.

Marlene no iba a regresar, nunca más oiría su voz, ni sentiría sus labios sobre los míos, ni su piel erizarse bajo mi toque.

La mujer a la que amaba, se había marchado, dejándome en este miserable mundo donde ya nada tenía sentido sin ella a mi lado.

Al llegar a su tumba, rogué porque ella volviera a mí, pedí disculpas por aquello que no dije, por las promesas rotas, las lágrimas que derramó por culpa mía, los sueños que nunca cumpliríamos.

El epitafio que acompañaba su nombre era muy impersonal y quise agregar algo que quedaría entre ambos, aunque no podría decírselo.

Así inscribí mi última disculpa.

"No hay cantidad alguna de palabras que puedan hacer que regreses, ya lo he intentado. Ni cantidad alguna de lágrimas, porque todas ya las he derramado. Solo recuerda que te amo."

Le puse un hechizo a la inscripción, ese sería otro de nuestros secretos.

Comencé a alejarme y juro que escuché su voz.

"Evan, te quiero"

Giré rápidamente pero no había nadie, fue mi mente jugando conmigo o tal vez el viento trayendo su voz a mí.

—Yo también te quiero, Marley. —Susurré de regreso.

Entonces, caminé sin mirar atrás.

La siguiente oportunidad en la que escuché su voz, fue en el mismo momento en el que vi un rayo verde dirigirse a mí desde la varita de Moody.

Solo sonreí, al fin volvería a verla.