Código: Guardianes

Capítulo 66

La vida en los campamentos romanos era dura ya de por sí: levantarse conforme salía el sol por el horizonte, una comida que dejaba bastante de desear, catres duros, ejercicios diarios matutinos y nocturnos, largas jornadas de vigilancia... pero esa vida se endurecía en los campamentos de Acuarium, Laodanum, Babaorum y Petibonum, es decir, los campamentos que rodeaban a la aldea gala. Normalmente los galos les dejaban en paz, pero en ocasiones les atacaban solo para divertirse, por ello mismo la moral general era baja, no habían tenido una victoria en todo el tiempo que llevaban allí, y eso era algo que a los centuriones de esos campamentos le traían de cabeza, más a unos que a otros. Aún así, la renta que recibían era mayor precisamente por estar vigilando a aquel irreductible grupo de locos, así que algo bueno tenía aquel puesto. Precisamente aquel día había llegado un enviado del César al campamento de Aquarium, un personaje llamado Pepitus Grillus que decía ser un gran comandante que había logrado poner contra las cuerdas a todos sus enemigos. Otro enviado más por César para intentar domar a los galos, pensó el centurión a cargo de Aquarium, Cayus Bonus.

-Mi comandante, con todo el respeto... ¡Atacar a los galos es una locura!- le decía, arrodillado y casi llorando, a los pies del comandante- ¡Nos harán pedazos, con su poción mágica!- dijo, asustado de solo recordar la última vez que pelearon.

-Tranquilo centurión, te aseguro que yo, el gran Pepitus Grillus, derrotaré a esos galos, son solo un conjunto de brutos que se rendirán a mi intelecto- dijo el comandante, con la mirada alta y el pecho henchido de orgullo.

Cayus Bonus suspiró, iba a ser un día duro... Tras salir de su tienda, llamó al corneta, habría que avisar no solo a los soldados de Aquarium, también a los de los otros campamentos. Suspiró, tendrían que avisar de nuevo a los galenos. El campamento era grande, con caminos de tierra que lo recorrían y tiendas rojas con el escudo de Roma decorándolos bordados en hilos de color oro, siendo la única tienda que destacaba de la que salió Cayus Bonus segundos antes. Estas tenían por dentro la misma decoración y objetos que las tiendas del campamento Troyano, lo unico que era diferente era que las tiendas romanas eran algo más grandes y estaban en perfecta cuadricula. Cayus suspiró, su campamento quedaría en ruinas tras aquello, al menos sería fácil de reconstruir, pensó. Con eso en mente, dio orden de llamada al campamento entero.

-¡Legionarios, es hora de vencer de una vez a esos galos que se han convertido en la pesadilla del César! ¡Bajo mi mando, esos salvajes conocerán el poder del Imperio!- gritó Pepitus.

Su pelo negro corto bien peinado contrastaba con su piel algo morena, siendo sus ojos también oscuros, típico de un latino de la zona del norte de la bota. Sus ropas eran la de un alto mando romano, con una armadura de color oro con escarpes de metal, sandalias marrones y una capa de color rojo. Cayos bonus llevaba una ropa similar, aunque al ser un centurión sus galones eran menores, su armadura por ejemplo también era dorada pero estaba menos ornamentada, siendo su capa de color blanco. En el caso del centurión, su piel estaba bastante más curtida, su pelo negro ya presentaba canas a pesar de apenas pasar de los treinta, y sus ojos oscuros estaban en constante movimiento, como si se tratara de una ave de caza buscando su presa.

-¡Llamaremos a los otros centuriones de los campamentos cercanos, y planearemos el ataque a la aldea gala! ¡Seréis grandes héroes en Roma, se os conocerá como los que derrotaron a los irreductibles galos que osaron desafiar a Roma por décadas!- gritó, en un evidente intento de motivar a sus soldados.

Y en parte lo logró, ya que algunos de ellos respondieron a la llamada y alzaron los brazos orgullosos, aplaudiendo por el motivante discurso. Otros, sin embargo, mantenían la pesimista idea de que los galos les iban a dar una paliza bastante memorable, y que lo único que podrían reconocer en Roma serían sus maltrechas armaduras tras la batalla.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Por su parte, en la irreductible aldea, los ánimos eran bien diferentes. Tras la reunión del jefe para presentarle a la aldea el grupo de guardianes, se decidió hacer un banquete en el honor de sus nuevos invitados, quienes dijeron que como ni sabían a quien debían buscar y que este no le daría la gema a Asmae hasta que le considerara digno de su poder, bien podrían tirarse allí solo esa tarde o toda una semana. Por eso mismo, y como no tenían prisa, no solo harían el banquete, también convivirían con los aldeanos, les enseñarían sus costumbres, etcétera. Y las costumbre galas por excelencia eran la caza del jabalí y la talla del menhir de piedra. Por ello,decidieron ir primero a cazar aquellas bestias, y posteriormente irían a la cantera local a aprender el noble arte del picado de la roca.

-Vayamos al bosque, allí hay muchos jabalíes, seguro que os gustará cazarlos- dijo un alegre Obelix, yendo directo al bosque acompañado de su fiel amigo Idéfix. Fue rápidamente seguido por los chicos quienes hablaban interesados de como aquella gente cazaba sin siquiera armas, aunque Odd se sentía especialmente interesado, como guardián de las bestias, sabía todos los secretos de las mismas, por lo que le resultaba interesante el como ellos cazarían. Podría resultar raro que Odd se sintiera cómodo en una situación como esta, pero aquella no era una caza lúdica, no era matar por matar, era matar para comer. Si esa era la razón, él era el primero en participar de la misma, y de la misma forma pensaba Yumi con los bosques y los cultivos.

-Lo primero es encontrar las huellas de un jabalí, ¿sabéis como son?- les preguntó Obelix, que se había autoproclamado el profesor de los chicos. Estos se encogieron de hombros, nunca se habían interesado por esas cosas, pero como es natural, Odd si que sabía como eran, así que se acercó al suelo y la dibujó con el dedo.

Al ver el dibujo Obelix sonrió, la verdad es que lo había hecho realmente bien, pensó para sí, mientras se levantaba y asentía- ¡Exacto! Y ahora lo que hay que hacer es seguirlas, eso es lo más complicado, pero con la ayuda de mi Idéfix será más fácil- dijo el galo, mientras su diminuta mascota correteaba por el bosque unos metros delante de ellos.

-¿Hay muchos jabalíes en este bosque?- le preguntó Sam, a lo que Obelix asintió, e iba a contestar, cuando oyeron los ladridos de Idéfix. Obelox, creyendo que se trataría del hallazgo de un jabalí, por eso iba corriendo en dirección a donde había oído los ladridos.

Fue entonces que vieron a Obelix recogiendo del suelo a Idéfix, mientras este gruñía hacia la maleza. Cuando oyó llegar a los chicos, el enorme galo se giró y señaló en esa dirección, mostrándoles a un legionario romano junto a un caballo al lado de un árbol, esperando a algo. Se podía ver desde su posición que el soldado tenía en su mano un rollo de papel, probablemente un mensaje. Pocos segundos después, llegó otro legionario a caballo, y le entregó un papiro, y una vez entregado, cada legionario fue por su lado, el que acababa de llegar se fue por donde vino, y el otro cabalgó en dirección contrario.

-Que extraño...- comentó Aelita, aún sin salir de detrás de los matorrales- Sí, normalmente no se mandan mensajes entre los romanos...- dijo Obelix, sin saber muy bien que hacer.

-Deberíamos ir a la aldea, a avisar al resto- propuso Jeremy, tamborileando sus dedos, a lo que Obelix movió un poco el bigote, pensativo.

-Vale- dijo, simplemente, encaminándose a la aldea. Los guardianes le siguieron, lo que decía Obelix en parte era verdad, los romanos no se solían cruzar mensajes, y cuando lo hacían, era para organizarse ya que comenzaba un ataque importante, más si estamos hablando de campamentos estables de una zona. Por lo tanto, aquella era mala señal, así que corrieron por el bosque hasta llegar a la aldea para prevenir a todo el mundo, había que ponerse en marcha cuanto antes para defender a la aldea.

Una vez que cruzaron el bsoque, entraron a la irreductible aldea, y fueron directos a la cabaña del jefe para contarle lo que vieron. Precisamente justo cuando ellos estaban de camino, entrar a Panoramix a la cabaña del jefe. Para no llenar la casa entera, decidieron que sería Obelix y Aelita quienes entraran, mientras el resto esperaba fuera.

-¡Tenemos que hablar, Abraracurcix!- dijo Obelix, entrando a la casa con bastante fuerza. Este le miró y le indicó con un gesto que esperara, ya que Panoramix estaba hablando antes.

-¿Cuando partirás, entonces?- le preguntó el jefe- Puedo irme esta misma tarde, volvería en un par de días- le respondió el anciano druida.

-¿Có-cómo que se va?- murmuró Obelix- Si, me faltan ingredientes para la poción mágica, pero os he dejado una remesa- le dijo el druida, restándole importancia.

-Pues ahora los romanos parecen bastante activos, hay legionarios de los diferentes campamentos y parecen bastante agitados, están tramando algo- dijo Aelita, acercándose.

Abraracurcix se acarició el mentón, mirando a Panoramix- Eso es malo, ¿no, druida?- le preguntó a este. El aludido frunció un poco el ceño- Sí que lo es, me temo que los romanos están planeando algo...- murmuró el druida.

-La pregunta es el qué, ya que no pudimos enterarnos de mucho- comentó Aelita- Yo les atacaría, seguro que se les quita las ganas de hacer tonterías- dijo Obelix,sonriente.

-Primero vamos a saber que pretenden los romanos, y después obraremos en consecuencia- dijo Panoramix, saliendo de la casa del jefe.

-Avisaré al resto del pueblo, hay que permanecer alerta- dijo Abraracurcix, saltando de su asiento y también saliendo de su casa. Por ello, tanto la pelirosa como Obelix les siguieron al exterior.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Por su parte, en el campamento romano, ya estaban los centuriones romanos de todos los campamentos. En ese preciso momento, el comandante Pepitus estaba explicándoles el plan de actuación, reunidos los cincos en la tienda del centurión anfitrión, es decir, Cayus Bonus. En el centro de la tienda había colocada una mesa con un mapa de la zona y con figuritas que representaban tanto a las filas romanas como a las galas. Contaban además con varias anotaciones en el mapa que daban a conocer las diferentes modificaciones del mapa, ya que este estaba algo viejo. En cualquier caso, Pepitus estaba explicándoles a viva voz a los centuriones.

-¡El plan es sencillo, caballeros!- dijo, sonriente- Rodearemos a la aldea por seis frentes diferentes, cuatro por tierra y dos más por mar- les dijo.

-Los cuatro por tierra irán por el frente avanzando en varias cohortes, concretamente seis, acompañados por la caballería que yo tengo a ,mis ordenes, y esas cohortes estarán formadas por los soldados de cada campamento- dijo, colocando las figuras de madera que representaban a esas unidades.

-Mientras las fuerzas galas se pelean contra estos cuatro frentes, por mar dos barcos con soldados atacarán desde atrás, y destruirán la aldea- esas dos últimas palabras las dijo gritando, golpeando la mesa con el puño, provocando que la mesa se tambaleara.

-¿Alguna duda, centuriones?- les preguntó, mirándoles. Ninguno dijo nada, simplemente estaban nerviosos pues estaban recolocandose constantemente la parte del cuello de la armadura.

-En ese caso... ¡LEGIONARIOS! ¡AL ATAQUE!- gritó, saliendo de la tienda, con los brazos en alto. En cuanto salió, los centuriones se miraron asustados, con la piel blanca de la impresión.

-Que Jupiter sea piadoso...- murmuró uno de ellos- Encomendémonos a Plutón, ya que estamos- dijo otro de ellos- Y que Juno nos acompañe- terció el tercero.

Un suspiro de los cuatro como final de oración, y salieron de la tienda, dispuestos a correr en cuanto vieran que la situación se ponía especialmente fea, o incluso antes de siquiera comenzar el combate. En cuanto tuvieran la oportunidad, vaya. Si, eran centuriones, debían ser valientes por sus soldados, pero siendo sinceros, preferían acabar en galeras antes de volver a luchar contra aquellos galos locos.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Una vez que los galos se enteraron de que los romanos parecían organizar algo, comenzaron a especular con los posibles motivos: un mandatario importante de visita, que haya un relevo de legionarios o de los centuriones, que haya algún problema en los mismos... en cualquier caso ninguno dio como posibilidad que les quisieran atacar. Esa posibilidad era absurda, sobre todo teniendo en cuenta la evidente ventaja gala, a pesar de que en número estuvieran muy por debajo de los romanos. Por ello mismo, ninguno de los guardianes pensó también en esa posibilidad, solo Susan la dejó caer un poco, pero en seguida la echaron para atrás por las mismas razones antes expuestas.

-Entonces, ¿que rayos están haciendo? ¿Organizar un picnic?- especuló uno de los galos, provocando un poco de risas.

-Yo podría sobrevolar la zona y así podremos ver que están haciendo realmente- dijo Aurora, mostrando sus alas, las cuales salieron tras un ligero resplandor verde de su espalda- Buena idea, date una vuelta e informanos- le dijo Abraracurcix.

Tras asentir, Aurora dio un par de fuertes aleteos y salió volando a gran velocidad por el cielo. Un par de minutos después, la chica se posó en el suelo con elegancia, y tal y como aparecieron con un destello, estas desaparecieron de nuevo en su espalda, volviendo la chica a tener un aspecto humano.

-Han salido todos los legionarios de sus campamentos, hasta la caballería, y se dirigen hacia aquí- dijo la chica, acercándose.

-Definitivamente están locos estos romanos- sentenció Obelix, negando y golpeándose ligeramente la sien- ¿Por donde vienen?- le preguntó Asterix.

-Dos grupos por el norte, y otros dos por los lados, y cada grupo con caballería en los flancos- les dijo Aurora- Al paso que van, estarán aquí en diez minutos- siguió la angelida.

-¿Tienes poción mágica, Panoramix?- le preguntó algo preocupado uno de los galos. Este asintió- Tengo algo, espero que sea lo suficiente- les dijo.

-Nosotros también participaremos- dijo Noelia dando un paso al frente- No necesitamos la poción mágica, así que os ahorrareis varias raciones- añadió Ulrich, acercándose a su compañera.

Abraracurcix asintió- Gracias muchachos- les dijo. Entonces, sacó la espada y la enarboló en el aire- ¡Galos, demostremosles a los romanos por que seguimos irreductibles!- gritó, mientras se colocaba encima de su escudo y este era levantado por dos hombres, sus porteadores.

Un animado grito por parte de los galos les demostró a los guardianes que la unidad entre ellos era inquebrantable, y que su moral estaba por las nubes. Y con ese mismo ímpetu, los galos se reunieron en torno a la cabaña de Panoramix, sin dejar entrar a nadie, ya que el secreto de su poción debía mantenerse así, como un secreto, y ese secreto solo podía pasar de boca de druida a oído de druida. Y como no había ninguno, ese secreto se mantendría como tal. Pero si bien no podían entrar en la cabaña, todos los miembros del grupo podían notar a la perfección como la energía del mago estaba alta, y como esta se intensificaba por momentos. Segundos más tarde, una fuerte luz blanca salió de la cabaña, y el druida salió con una sonrisa a donde estaba el resto.

-La poción está hecha. Haced fila, os daré un poco a cada uno- dijo el druida, entrando de nuevo a la cabaña, aunque esa vez acompañado de uno de los galos, quien sacó la marmita repleta de poción.

-Creí que no te quedaban ingredientes, Panoramix- le dijo entonces Asterix- Siempre tengo unas reservas por si hay alguna emergencia, y esto es una emergencia, me temo- le respondió, mientras removía la poción con una cuchara de madera.

Entonces, se colocó en fila de a uno toda la aldea, toda excepto Obleix ya que este no necesitaba más poción mágica, y aunque el pelirojo se quejó bastante por eso, el druida no le hizo caso alguno y no le dio de la poción mágica. Los chicos observaron curiosos que, cuando tomaban de aquel mejunje, su energía aumentaba mucho, así como su fuerza. Pero lo que más sorprendió al grupo fue las demostraciones de fuerza de los galos tras tomar la poción, por ejemplo, que un anciano que ya rozaba el siglo de vida pudiera levantar un a roca de varias toneladas y que era quintuplicaba en tamaño al propio anciano.

-Vaya si esa poción les hace fuerte...- comentó Patrick. Susan, a su lado, asintió- No me extraña que resistieran a las fuerzas romanas, la verdad- dijo la dama del tiempo.

Minutos más tarde, y tras varias rencillas entre Obelix y el druida, todos los galos habían tomado su ración de poción mágica, y se encontraban ya reunidos al rededor de la puerta principal del pueblo.

-¡Es hora de defender nuestra casa, amigos míos!- gritó Abraracurcix, en lo alto de su escudo, con la espada en alto- ¡Por Tutatis!- gritó, moviendo su espada al frente, haciendo que los galos corrieran como locos en dirección a los romanos. (1)

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Nada más salir de la aldea, los galos observaron precisamente lo que les contó Aurora: cuatro cohortes de legionarios formadas por 300 soldados cada uno, flanqueadas cada cohorte por un grupo de 100 hombres a caballo, 50 por cada lado. Este numeroso grupo salió del bosque que rodeaba al pueblo, y tan solo unos pocos centenares de metros separaban la puerta gala de los legionarios. Delante de cada grupo se encontraba un oficial romano, y a los lados pudieron ver cuatro catapultas en total.

-Son muchos más que nosotros, pero van a salir escaldados- comentó divertido el pescadero del pueblo, quien se resistía a dejar su mercancía en la tienda y había acudido al combate con un maloliente pescado en la mano, agarrado de las branquias.

Fue entonces que vieron como la caballería se acercó al galope, con las espadas fuera de los cintos. Antes de que ninguno de los galos pudiera actuar, las catapultas soltaron los enormes pedruscos en dirección a los galos, cayendo a tan solo unos metros de los galos. Estos sacaron sus espadas y, con un feroz grito de guerra, fueron en dirección a la caballería, sin temer por los enormes proyectiles que les lanzaban los romanos.

-¿Vamos con ellos?- propuso Electra, sacando su martillo. Con un asentimiento general, el grupo entero fue tras los galos, todos salvo Jeremy, quien de pronto se giró.

-¿Sucede algo?- le preguntó Sissi, la única que se dio cuenta de esa situación- Noto dos barcos en el mar, justo en frente de la parte trasera de la aldea- dijo, con el ceño ligeramente fruncido.

- Iré a ver que están haciendo, no me gusta mucho que los romanos estén merodeando por allí- comentó al instante Jeremy, encaminándose hacia aquel sitio. Enseguida fue seguido por Sissi, y detrás de ella William, dejando al resto siguiendo a los galos.

En cuanto al frente, ya muchos de los soldados de la caballería habían acabado en el suelo y eran golpeados y mandados a volar por los fuertes guerreros galos, quienes se reían con ganas por el espectaculo. Ante la pasmosa facilidad con la que aquellos bárbaros habían acabado con la caballería, Pepitus decidió mandar las tropas de a pie, un total de 1200 soldados cayeron sobre los galos. En vista de esa situación, y como ya todos los guardianes sabían que Jremy, Sissi y William se habían quedado atrás para proteger la parte trasera, Aurora alzó el vuelo y se colocó a veinte metros de altura, desde donde podía ver a la perfección todo el campo de batalla, además los proyectiles no podían llegar tan alto, así que así seguro que no la alcanzaban. Desde ahí pudo ver como Yumi, Odd, Ulrich y Aelita ayudaban a la retaguardia de los galos a luchar contra los romanos, aunque no usaban sus poderes, no al menos de forma muy evidente, tan solo pequeños trucos para no asustar a los romanos. Para defenderse, usaban espadas que habían tomado prestadas de soldados romanos huidos, y usando escudos que pillaban de donde fueran, aunque en realidad no necesitaban de los escudos, pero eso no era lo importante. En la siguiente línea de combate, Sam, Asmae, Herb y Noelia hacían eso mismo precisamente, luchaban con espadas pero al final los soldados salían volando por el puño de algún agerrido galo que les daba el mamporro de sus vidas. Durante la trifulca, Noelia vió una de las catapultas, y se acercó velozmente corriendo a cuatro patas como si fuera un lobo con su rabo colocado en línea recta conforme la espalda. Tras acercarse, se agazapó tras unos matorrales, y, con un hilo de fuego, cortó la cuerda de la catapulta, haciendola inútil. Tras eso, se acercó a los soldados que la custodiaban, dejandoles inconscientes de un golpe.

-Chicos, veo las otras catapultas, voy a neutralizarlas- dijo, dando ese mensaje a través de la línea telepática que unía a todos los guardianes.

Mientras, en la aldea gala, los proyectiles que lanzaban las catapultas que quedaban hubieran provocado graves destrozos de no ser por que Percy, Patrick y Electra se habían quedado protegiendo la aldea por orden de Susan al ver que muchas de las rocas pasaban de lejos a las filas galas y se dedicaban solo a atacar los edificios de la aldea. A Patrick le resultaba fácil parar los enormes pedruscos, pues solo con una mano podía detener en el aire los proyectiles romanos, y, una vez parados, los depositava suavemente en el suelo o hacía que se golpearan entre ellos, matando así dos pajaros de un tiro. En cuanto a Percy, este había sacado su hacha, con la cual cortaba las piedras, o incluso las destrozaba con su extinción de la luz estelar. Electra hacía lo mismo, o golpeaba con su Mjolnir las piedras, rompiéndolas en el acto, o las cortaba en diminutos trozos usando la técnica que el caballero de Capricornio le enseñó, Excalibur.

-¿Cómo os va a vosotros, Jeremy?- le preguntó vía gema Aurora al rubio, mientras sobrevolaba el campo de batalla a baja velocidad.

Fue entonces que tuvo que esquivar una piedra que le hubiera dado de lleno, ni mucho menos la habría derribado, pero hubiera hecho que la chica tuviera que esforzarse para no perder el rumbo, más que nada por la velocidad a la que ella iba y que estaba algo desconcentrada. Se fijo de donde vino el proyectil, y vio que el mar estaba bastante revuelto, y también vio a los dos barcos romanos que Jeremy aseguraba que estaban atancando desde atrás la aldea gala. Sonrió, Jeremy había impedido con una marejada que los barcos romanos se pudieran acercar a la costa y que los soldados pudieran bajar a tierra. Por ello, los barcos habían comenzado a lanzar piedras contra la playa intentado también provocar daños, pero era evitado tanto por Jeremy usando el agua como muralla, así como William y Sissi.

-¡Pues ya ves, nos defendemos como podemos!- le respondió Jeremy via gema, al mismo tiempo que atacaba con su Ejecución Aurora uno de los pedruscos que los romanos muy cariñosamente les mandaban.

Aurora sonrió, y se dio la vuelta, dispuesta a volver al frente de la batalla. Con facilidad recorrió el kilometro que separaba la retaguardia de la vanguardia, donde pudo ver contenta como el grupo rodeaba a los pocos soldados romanos que quedaban protegiendo a los centuriones y a Pepitus, aunque estos ya estaban de rodillas suplicando piedad, por lo que Aurora se posó en el suelo y se acercó a donde ya estaban sus compañeros, incluyendo los de la aldea y la segunda línea de batalla, arremolinados y mezclados junto a los galos. Por tanto, allí solo faltaban los que custodiaban la playa.

-¡Por favor, no nos pegueis demasiado fuerte!- pidió uno de los centuriones, de rodillas y con las manos en señal de súplica. Estaba siendo imitado por los otros tres, ante la atónita mirada de Pepitus, quien no daba credito a sus ojos.

-A pesar de haber visto la enorme fuerza de estos galos, ¡no pienso rendirme, ni mucho menos arrodillarme suplicando piedad al enemigo!- gritó, alzando su espada, y colocándose en posición defensiva.

Por dentro se le notaba aterrado, pero su determinación y orgullo le impedían mostrar sus verdaderas emociones. Era verdad, prefería caer a mostrarse como un cobarde ante los galos.

-Tu valor es encomiable, romano- dijo Asterix, acercándose, sin tomar ningún tipo de medida para protegerse. Asmae entonces notó como la energía del romano estaba en auge y que su mano se movía por detrás de su espalda. Eso solo podía significar una cosa, así que se avalanzo sobre Asmae, tirándole al suelo, y recibiendo ella la estocada que lanzó Pepitus justo en su pecho.

No pasó ni un segundo que Pepitus fue mandado a volar por un golpe de energía proveniente de los guardianes, siendo Asmae rodeada en cuestión de instantes por sus compañeros. Asterix no vio nada de eso, pero había oído todo aquel revuelo, y cuando se giró, vio impresionado como Asmae se sacaba la espada de su pecho, pero sin haber provocado herida alguna. La hoja había chocado contra su piel, y se había aplastado como si fuera de plastilina, sin hacerle daño alguno a la adolescente, claro que esta estaba tan impresionada como el resto.

-Sabía que era difícil matarnos, pero no que pudiera pasar esto...- comentó Odd, impresionado- ¿Tu sabías que esto podía pasar, Asmae?- le preguntó Patrick.

Asmae negó- En realidad no, aunque algo dentro de mi me dijo que no pasaría nada- reconoció ella. Marin se quedó pensativa, y al rato asintió- Igual es por tus poderes que están despertando a pesar de no tener toda la gema, Asmae- le dijo la dama del tiempo.

-Hagamos una prueba y salgamos de duda- dijo Herb, cogiendo una espada. Yumi se le acercó en seguida, ya sabiendo que era lo que iba que hacer. Con los ojos cerrados, se arremangó la camisa, y se acercó el filo de la espada al brazo. Lejos de cortarse, la que salió mal parada fue la espada. Como prueba final, se la intentó clavar, pero la hoja se dobló y partió a la mitad.

-Esta claro, es algo común a todos- dijo Sam, mientras suspiraba- ¡Ahora lo que hay que hacer es celebrarlo, hemos vencido de nuevo a los romanos!- oyeron gritar a Abraracurcix, siendo elevado por sus porteadores en su escudo.

Un grito de asentimiento general le confirmó que su pueblo estaba de acuerdo, así que volvieron a la aldea. Como no tenían nada mejor que hacer, los guardianes decidieron volver con ellos a la aldea y celebrar aquella victoria, ya que en parte también era suya. Durante la vuelta, Asterix se le acercó a Asmae.

-Muchas gracias por salvarme antes, Asmae- le dijo el galo, andando a su lado con las manos en los bolsillos. Ella sonrió- No hay de qué, Asterix- dijo ella.

-¿Ya sabéis quien tiene la parte de la gema de la fe?- le preguntó el galo. Asmae negó- Ojalá, pero me temo que aún no- le respondió ella.

Asterix sonrió- Me gustaría entregarte una cosa, en señal de agradecimiento- dijo Asterix, al rato. Asmae le miró con sorpresa- No hace falta, de verdad, yo...- pero Asterix hizo oídos sordos a las palabras de la pelirosa, la cogió de la mano, y le pidió que esperara a las puertas de su cabaña, mientras el resto de la aldea y de los guardianes se dirigían a la plaza central, donde como es costumbre se celebraría el banquete de la victoria.

Al rato, Asterix salió de su cabaña con una caja en las manos, y la abrió ante la pelirosa. En seguida, una luz iluminó a la chica, y el trozo de gema que guardaba Asterix se unió a las dos que ya tenía la chica, teniendo ya tres de las cinco partes de la gema de la fe. Cuando se fue la luz excesiva, la chica miró a Asterix, quien la miraba con picardía.

-¡¿Erás tu todo el rato?!- dijo ella, con sorpresa. Asterix asintió- Antes tenía que ver si eras digna, y he comprobado con alegría que así es- le respondió él.

Asmae asintió, ese era el proceso habitual, así que en el fondo no era tan raro- ¿Vamos a ayudar al resto para la cena?- le preguntó el galo, a lo que Asmae asintió.

Y así, juntos, fueron a ayudar al resto a preparar las cosas para la cena, no sin recibir las felicitaciones del grupo por recuperar la tercera parte de la gema de la fe, y no solo de los guardianes, también de los galos, que se sorprendieron por saber que el que la protegía era Asterix. Aún así, en la cena hubo risas, bromas, y en general un muy bien ambiente, logrando así una fuerte unión entre ambos grupos. Tras la cena en la aldea, los guardianes volvieron a casa, contentos por tener ya tres de las cinco partes de la gema de Asmae.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

(1) Tutatis era un dios celta que se creía era el protector de los hombres, dios de la guerra y de la riqueza, se le consideraba un espiritu protector y uno de los dioses más famosos de la cultura celta junto a Taranis.

Los personajes de Asterix y Obelix que aquí aparecen pertenecen solo a René Goscinny y Albert Uderzo. Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.