Código: Guardianes
Capítulo 67
Justo como pasó tras volver de recuperar el segundo fragmento de la gema de la fe, Atenea les concedió la tarde libre para poder descansar. Y así, tras volver de la misión, el grupo volvió a Kadick, y si bien no estaban muy cansados, si que agradecían pasar allí la noche y poder dormir bien, para estar de esa manera descansados y totalmente listos para la misión del día siguiente. Asmae fue de las últimas en irse, acompañada de Noelia, que tenía tomada de la mano a la pelirosa como buena pareja que eran, hablando tranquilamente mientras andaban hacia la academia. No fue hasta llegar a las puertas de Kadick que se separaron, ya que Noelia tenía que ir antes a la biblioteca a por un libro, por lo que Asmae fue directa a su cuarto. Una vez dentro, abrió el armario que compartía con su hermana y se desnudó delante del espejo que esta tenía, contemplándose.
-He adelgazado...- comentó, mientras se giraba y observaba sus bien delineadas curvas. Ella, tal y como le contó su hermana, nunca fueron grandes atletas, y su físico dejaba mucho que desear. Al convertirse en guardianes, ahora tenían el físico de atletas olímpicos, aunque ni mucho menos con los músculos enormes. Simplemente tenían una complexión física mejor. Y como tenían ropa larga casi todo el tiempo no se notaba demasiado. Aunque no solo tenían ahora una mejor complexión.
-Me tendré que comprar un sujetador nuevo... joder- murmuró ella, al notar que los suyos ahora le quedaban pequeños. Ese era uno de los principales problemas si eres adolescente, y si a eso le sumamos ser guardián, tenemos una mezcla explosiva de hormonas y crecimiento.
Mientras se preparaba para ir al baño, oyó como la puerta se abría, era su hermana, que entraba riéndose aún un poco y con un poco de sonrojo. Asmae sonrió al verla en ese estado.
-Te veo feliz, hermana- comentó Asmae, con diversión. Aelita la miró aún riendo, y asintió- ¿Jeremy?- se aventuró a decir Asmae, a lo que su gemela asintió.
-¿Tanto se me nota?- preguntó Aelita, también cambiándose también para ir a ducharse. Asmae asintió- Tía, noto tus hormonas a tope, sobre todo en cierta zona- dijo la chica, dándole un pellizco a su hermana en las nalgas. Esta se rió.
-Yo no te digo nada cuando le miras el culo a Noelia cuando se agacha en gimnasia- le dijo Aelita, sonrojada. Asmae se rió- ¿Que hizo mi querido Jer?- preguntó entonces Asmae.
Aelita giró la mirada un poco- Digamos que si hoy notas el agua de la ducha más caliente de lo normal es por él- le respondió a Asmae, quien al principio no entendía muy bien, pero al hacerlo se rió a carcajadas.
-Me alegra que seas feliz con él- dijo Asmae al rato, tras reírse ella y su hermana un buen rato. Para ese momento estaban tumbadas boca arriba en la cama, una al lado de la otra.
-Oye Mae...- comentó Aelita girándose y colocándose frente a frente de Asmae. Esta la imitó y la miró con curiosidad, invitándola a hablar.
-¿Cuando supiste que te gustaban las tías?- le preguntó la guardiana de la luz. Asmae pensó unos segundos- Supongo que fue cuando al entrar en el instituto me fijaba más en las chicas que en los chicos- respondió Asmae.
-Ademas las tías saben donde y cuando tocar- dijo Asmae sonriendo- Supongo por tu respuesta que tuviste un novio- le preguntó indirectamente Aelia, a lo que la otra asintió.
-Era muy bueno, pero... no se, supongo que al final me di cuenta de mi realidad- respondió Asmae. Aelita asintió y acarició a su hermana en la mejilla.
-Cuidado, no se vaya a poner celoso tu novio- se rió Asmae. Aelita sonrió, y se acercó un poco a Asmae.
Esta también sonrió, y se quedaron, mirándose a los ojos, sin decir nada. Al rato, Asmae habló- Ahora entiendo algo más por que Jeremy se enamoró de ti- comentó. Aelita la miró con curiosidad, esperando una aclaración a lo que acababa de decir su hermana.
-Si no fueras mi hermana te besaría- respondió picaramente Asmae. Aelita la miró con sorpresa- ¿De verdad?- le preguntó Aelita, con evidente asombro.
Asmae de pronto la beso suavemente en los labios, acariciando a Aelita en la mejilla. Después, y riendose por la cara que dejó su hermana, salió del cuarto en dirección al baño. Segundos después era seguida por Aelita, quien estaba en una mezcla de enfado y de vergüenza por aquel furtivo pico. En cuanto vio a su gemela la persiguió hasta llegar a las duchas, haciendo que el resto de estudiantes se preguntaran que fue lo que pasó entre las hermanas. (1)
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Al día siguiente, y ya más descansado, el grupo fue a la Hermita para ver cual era su nueva misión, aunque para ser sinceros el sector masculino no sabía muy bien a que venía las constantes risas de sus compañeras, ya que ninguna les explicaba que era tan gracioso. Descubieron eso cuando se juntaron a desayunar varios de ellos, y es que ellas se reían de pronto sin venir a cuento tras comprobar el móvil, seguramente al ver el chat que ellas tenían solo de chicas. Además, lejos de decirles que pasaba, ellas simplemente cambiaban de tema para evitar responder a sus preguntas. La única excepción a esa regla era Noelia, que tampoco tenía mucha idea de que pasaba ahí. Claro que esas ideas fueron retiradas de sus mentes cuando Atenea les dijo la nueva pista para la misión.
-"La cuarta parte de la gema de la fe se encuentra en el reino con dos reyes"- leyó Atenea, en cuanto el grupo se juntó al rededor de ella. Tras alzar la vista de su libro, notó que las chicas se estaban riendo, todas excepto Noelia y Aelita, y en cuanto a los chicos, todos compartían el mismo rostro de no saber muy bien que pensar.
-Bueno, ¿tenéis idea de a que se puede referir?- les preguntó Atenea al rato, al notar que el grupo comenzaba a murmurar entre ellos.
Por su parte, Asmae se encontraba pensativa, observando las estanterías llenas de libros. Se fijo en uno, su portada era de color verde con unos caballeros bordados con una línea de color oro, estando doce caballeros en torno a un hombre, un rey a juzgar por su corona, todos ellos sentados al rededor de una mesa redonda.
-Arturo y los doce caballeros de la tabla redonda- murmuró Asmae, leyendo el título. Lo abrió y lo ojeó, con interés. Ya conocía la historia de aquel rey inglés, pero desde luego la más mítica de las historias era la de Robin Hood, el hombre que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Asmae entonces sonrió, puede que fuera eso.
-¡Lo tengo!- anunció, alzando el libro en el aire, con una sonrisa. Asmae les mostró la imagen de Robin Hood con ilusión- Creo que es aquí- les dijo la chica, mirando a sus compañeros.
-Pues allá vamos- dijo Percy al rato, mientras abrían el portal hacia su nuevo destino. Minutos más tarde, todos habían pasado el porta, el cual se cerró cuando el último de los guardianes hubo pasado.
Cuando este se cerró, Atenea cerró de nuevo su libro y fue a su despacho, donde en la mesa ya se acumulaban un montón de papeleo pendiente sobre su ahora en reconstrucción mundo, y no solo ell, todos los antiguos Jefes de Estado estaban con lo mismo. En ese momento entró su hija mayor, Asmeya. Ya hacía mucho que no iba a las misiones, pero no se quedaba de manos cruzadas, ella se pasaba mucho tiempo en Asmara ayudando, sobretodo con trabajos de reconstrucción de las ciudades, cosa que iba bastante rápido gracias a los poderes de Asmae, y de algunos asmarianos más. Precisamente en ese momento Asmae llevaba un documento a su madre.
-Hola mamá, aquí te traigo los informes de las reconstrucciones de Eritrea- le dijo la menor, entregándoselos. Atenea los cogió y se colocó las gafas que tenía en un estuche de plastico y los revisó.
-¿Ya se fueron a la misión, mamá?- le preguntó Asmeya, a lo que Atenea asintió. Aunque estaba leyendo el papel, Atenea se dio cuenta de la cara de su hija, quien parecía con ganas de ir de misión.
-Supongo que querrás ir con ellos- comentó Atenea, mirando a su hija. Esta asintió, por lo que Atenea sonrió- Ve si quieres, me las apañaré sola- le dijo, mientras le hacia un gesto con la mano para que ella se fuera.
Asmeya sonrió, y tras despedirse de su madre, abrió un portal para ir tras ellos, con la esperanza de encontrarles deprisa, aunque eso iba a depender más de las fluctuaciones de energía, ya que allí donde hubiera más concentración seguramente estuvieran allí. Por ello, entró con decisión en el portal, y, una vez que lo traspasó, este se cerró, dejando a Atenea de nuevo sola entre el interminable papeleo que tenía en la mesa.
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Tras atravesar el portal, el grupo apareció en un frondoso bosque típico del clima atlántico, con altos árboles de fuertes troncos y densas copas, creando un ambiente sombrío que por la noche hubiera sido de oscuridad total, aunque al ser de día se podía ver por donde se andaba. El suelo del bosque estaba cubierto en su totalidad por hojas caídas y por barro, lo cual indicaba que hacía poco había llovido, aunque eso no fue lo que más llamó la atención al grupo. Lo que más llamó la atención fue ver en los árboles clavadas varias decenas de flechas, allí acababa de haber una buena contienda, aunque era raro no ver a nadie tirado en el suelo con el cuerpo lleno de flechas, así que, y por deducción, lo que había pasado allí no debió ser más que un entrenamiento de algún arquero. Eso significaba dos cosas: la primera, que allí cerca vivía gente; y la segunda que entre los habitantes debía haber algún personaje importante si podía pagar a un arquero, o como mínimo alguien que sabía usar uno, algún soldado. Tras comprobar que nadie miraba, se iluminaron de sus diferentes colores para cambiar de ropa. Los chicos tenían una camisa de color blanca con un león de perfil bordado en el pecho de sus respectivos colores, con un pantalón que era de color blanco también. Recubriendo la parte del pecho y estomago tenían una cota de malla, y notaron en sus cinturas el peso de una espada. En cuanto a las chicas, tenían unas ropas similares, solo que en el caso de ellas el león estaba en el antebrazo en forma de tatuaje, pues sus mangas eran cortas.
-Este es el escudo del rey Ricardo Corazón de León, lo reconocería en cualquier lado- dijo William, al ver el escudo en su pecho. (2)
-En ese caso estamos en la época correcta, ya que muchos autores vinculan el reinado de Ricardo con las andanzas de Robin Hood- dijo Marin, sonriente.
-¿En que dirección vamos?- preguntó entonces Sam. Sería Percy quien propusiera una dirección, así que decidieron ir por allí.
Durante la caminata, Noelia les preguntó que quién era ese tal Ricardo, y como Aurora tampoco sabía quien era, se lo contaron. Susan les dijo que fue un rey inglés famoso por su participación en las Cruzadas en Tierra Santa, y sobretodo por la disputa por el trono con Juan I, que deseaba el trono y aprovechaba las ausencias de su hermano para gobernar. Claro que después de eso tuvieron que decirle a Noelia que estaban en lo que ella conocía como Britania, y después situarles Tierra Santa en la zona del norte de África, justo al sur de la actual Turquía. Tras la lección de geografía, siguieron caminando por el bosque, cuchicheando entre ellos con interés, preguntándose que se iban a encontrar. Al rato, oyeron tumulto por delante de ellos, pero debido al follaje del bosque no podían ver mucho más allá de donde estaban, así que tuvieron que acercarse mucho en la dirección del ruido. Tras pasar unos últimos arbustos, vieron un combate entre soldados del rey y unos tipos con ropas de civiles. Los soldados tenían ropas parecidas a los de los chicos pero tenían dos leones de perfil mirándose entre ellos, siendo su ropa de colores grisáceos. En cuanto a los civiles, estos tenían ropas de diversos colores, sobretodo el verde en diferentes tonos, aunque los pantalones si variaban más de color. Amos bandos llevaban espadas, aunque los civiles llevaban hachas y uno de ellos arco.
-¡Ríndase, duque de Normandia, o me veré obligado a ponerme serio!- gritó el hombre con arco. Los chicos se fijaron en él, tenía una capucha verde que cubría su cabeza, por no ver ni se le veía el cabello, pero por sus manos era blanco. Tenía pantalones negros algo holgados, con botas marrones, llevando a su espalda un carcaj lleno de flechas.
-¡No me voy a rendir ante un ladronzuelo!- gritó un hombre, lo supieron por la voz. Los chicos le buscaron con la mirada pues seguía gritando para la retirada, y se fijaron que venían de un carruaje tirado por caballos, con un carretero azuzando a los animales para que galoparan, claro que eso era difícil no solo por el follaje del bosque, también por que los asaltantes habían colocado estrategicamente un palo entre los radios de las ruedas.
Al ver que el noble no podía huir, y como sus guardias habían huido o directamente estaban en el suelo sin poder moverse, los asaltantes, que eran en total 10, se acercaron sin mucha prisa al carruaje.
-Danos el oro, y nos iremos por donde hemos venido- le dijo el líder de los asaltantes, el arquero, mientras se inclinaba sobre la ventana de la puerta del carruaje, apoyándose en el antebrazo. El tal conde, de pelo cano y ojos de una tonalidad oscura, gruño con molestia, no quería darles nada pero las circunstancias le obligaban.
-El dinero está en la parte trasera, en un cofre- les dijo, con un murmullo, girando la cabeza. El líder de los ladrones sonrió, y, tras separarse del carro, indicó a sus compañeros que recogieran el oro del cofre.
-¿Ve como no era tan difícil, conde?- le preguntó el jefe, mientras comprobaba que sus hombres guardaban el oro.
-¡Ojala te mueras, Robin Hood!- le chilló el otro, golpeando la madera del carruaje con violencia, mientras veía como los once ladrones se iban por los matorrales entre risas. Aprovecharon el grupo ese momento para aparecer de entre la maleza. En cuanto les vio, el conde les empezó a gritar.
-¡Guardias, guardias, id tras esa rata llamada Robin Hood, ha robado el dinero de los impuestos para el rey Juan!- les gritó, señalando la dirección por la que se había ido el grupo, aunque miró confundido a las chicas en cuanto las vio. Susan se acercó en seguida y colocó un par de dedos en su sien, dejando al hombre durmiendo. Tras eso, miró a sus compañeros.
-Creerá que nosotros solo fuimos un sueño, y que un golpe dado por uno de los ladrones le dejó así- les dijo, tras comprobar las miradas del resto. Estos asintieron, y, tras eso, fueron tras Robin y compañía.
No tuvieron que caminar mucho. Robin había seguido una dirección muy clara según Odd, quien se inclinaba de vez en cuando para comprobar las huellas de pisadas que según él había en el suelo, aunque para el resto en el suelo lo único que había era césped y tierra revuelta, con algún que otro bicho encima de las setas que crecían a los pies de los árboles. El camino que seguía Odd además tenía el rastro de energía que le notaron al grupo de Robin mientras asaltaban al conde, por lo que estaba claro que era por allí, aunque vigilaban por si les tendían una emboscada, cosa que Yumi se encargaría de avisarles si llegara a pasar. Tras diez minutos andando por el bosque, vieron un campamento en mitad del bosque.
-Aquí debe ser...- comentó al verlo Herb, agachándose junto a sus compañeros, pues no querían ser vistos- ¡Que emoción, estar en el campamento de Robin Hood!- exclamó con ilusión, aunque en voz baja, Electra.
-¿No creéis que es un poco raro que no haya nadie?- dijo de pronto Ulrich, a lo que sus compañeros se miraron y, efectivamente, el campamento estaba desierto.
Este estaba formado por unas cinco tiendas de acampar sujetas a los árboles, todas de diferentes colores, con un par de cuerdas con ropa tendida. En el centro del campamento había un fuego, y encima del mismo, una cacerola con algo humeando. Desde donde estaban se podía distinguir el interior de cada tienda, estas tenían un colchón de paja, un par de cubos, y ahí acababan las similitudes. Unas tenían unas armas tiradas en la cama, otras en cambio tenían un mapa de lo que suponían era el bosque, mientras que otras contaban con un par de figuritas de santos.
-Pues es verdad, a lo mejor...- Nicolás no pudo acabar la frase, pues notaron en sus nucas el filo de unas espadas, acompañadas de unas risas.
-Vaya, vaya, vaya, mira a quienes tenemos aquí chicos, unos niños que juegan a ser soldados- se rió uno, por la voz, debía ser Robin.
-Tu eres Robin Hood, ¿verdad?- se aventuró a preguntar Sissi, a lo que el aludido asntió- ¡El hombre que roba a los ricos para quedárselo para si mismo, señorita!- dijo este, con evidente orgullo.
Aquella frase descuadró al grupo- ¿Les desplumamos, jefe?- le preguntó uno de los hombres a Robin, mientras le miraba. Este les miró pensativo.
-Esas joyas que tienen en las muñecas no parecen precisamente baratas, registradles, sobre todo a ellas, no creo que sea lo único de valor que tengan- dijo Robin- Después dejadles ir, no son más que niños, no darán problemas- dijo, mientras guardaba la espada en el cinto.
Robin se iba a marchar, cuando oyó el relinchar de caballos, y también escuchó con claridad el atronador sonido de sus cascos al chocar con la tierra. Cuando se giró vio a un grupo de caballeros con ropa identica a la de los guardias del conde apresar a su grupo sin demasiados problemas ya que al estar de espaldas apenas tuvieron tiempo de poder girarse y plantar batalla a los soldados del rey. Estos también apresaron a los chicos, pues sus ropas les daban a entender que eran aliados del rey Ricardo, enemigo declarado del actual monarca.
-¡Al fin te tenemos, ladrón!- celebró el que parecía su líder, un hombre de tez blanca y pelo castaño claro, y de ojos verdes. Sus ropas eran parecidas a la de los soldados, solo que la suya tenía algunas líneas doradas en el pecho.
-Te sentirás orgulloso, sheriff de Nottingham- le dijo burlón Robin, mirándole desafiante- Estoy deseando dejarte pudrir en una celda- comentó el sheriff, con una sonrisilla, mientras se giraba.
-Vamonos, caballeros, encerremos a estos traidores de la ley y de la patria- les dijo a sus hombres, eso último iba claramente dirigido a los chicos.
-¡¿Por que siempre que vamos a esta época acabábamos en la cárcel!?- se quejó vía gema Patrick, quien sentía ganas de romper la cadena con la que le tenían sujeto.
-Tranquilo príncipe, ya verás como saldremos de esta- le dijo Susan, tranquilizadora. En cuanto acabó de hablar oyeron como los chicos del grupo aguantaban una carcajada, mientras Patrick giraba la cabeza algo avergonzado.
-¡Eso príncipe, no tengas miedo, yo te protegeré!- se burló Percy, sin casi aguantar las risas, aunque Susan acabó rápido con las bromas contra su novio amenazando con mandarles una explosión de galaxias. Además, debían aparentar estar nerviosos, ya que estaban yendo derechitos a la cárcel, se suponía que tenían que estar tristes.
Andaron por una media hora, pues el bosque era bastante denso, y a los reos les costaba andar por según que zonas ya que tenían las manos casi inmovilizadas por las cadenas, dificultando el que pudieran apoyarse con ellas de darse la necesidad. En más de una ocasión más de uno casi acaba de bruces contra el suelo, aunque eran sujetados por los guardias de la camisa, impidiendo así que se cayeran, y no por que se preocuparan por ellos, simplemente eso ralentizaría la marcha. Al rato de andar de vuelta por sus pasos llegaron a un camino de piedra que databa de época romana, eso lo sabían ya que el camino era perfectamente recto, con baldosas iguales, y con piedras con números romanos a siempre la misma distancia. Ese camino facilitó mucho la marcha, y si bien acababa antes de llegar a la ciudad de Nottingham, que era a donde iban, al menos el camino de tierra que le sustituía era lo suficientemente bueno como para no tener que ralentizarse demasiado. Una vez que salieron del bosque, llegaron a la ciudad anglosajona, y, todo había que decirlo, esta estaba en un estado bastante malo. El suelo era de tierra, así que en cuanto llovía aquello se convertía en un barrizal, ideal para los niños pero un quebradero de cabeza para sus madres. Los edificios eran de madera de diversos colores ligeramente carcomida en algunos puntos, de pocas plantas, con apenas ventanas y unos niveles de salubridad que harían llevarse las manos a la cabeza a cualquier inspector de sanidad moderno. El pueblo no parecía ser demasiado grande, pues apenas pasar un par de calles llegaron a la plaza, un lugar con bastantes árboles y bastante bonito en los días de sol como aquel, con una fuente donde varias mujeres charlaban y sacaban agua del mismo mediante cubos, aunque se callaron en cuanto vieron a los guardias andar por la calle. Varios minutos más tarde, y tras callejear por la ciudad, llegaron a un edificio de piedra, la cárcel seguramente. No era un edificio especialmente grande, pero contaba con el suficiente tamaño para una ciudad del tamaño de Nottingham. Tras entrar, les metieron por grupos de cuatro en las celdas que había en la cárcel, aunque mantuvieron a los ladrones por un lado y a los guardianes en otro. De todas formas todos tenían algo común: estaban atados de las manos por unas cadenas que les ataban a las paredes. Tras colocárles en sus sitios, los guardias cerraron con llave las puertas, y uno de ellos se quedó sentado, haciendo guardia, en la silla que tenían en la cárcel para los turnos de vigilancia.
-¿Y ahora que hacemos, chicos?- preguntó Electra, mirando a sus compañeros de celda, que eran Herb, Jeremy y Aurora. Estos se miraron.
-Podríamos usar los poderes de Marin para escapar pero con el guardia ahí vigilando...- comentó Herb. Electra suspiró molesta, esas cosas la irritaban.
-Tranquila Electra, ya se nos ocurrirá lago- le dijo Aurora, al ver la cara de su amiga.
Esta asintió al rato, pero aún estaba algo molesta por lo que había pasado, y todo por que Susan y Marin dicen que no deben usar sus poderes delante de la gente, cosa que ella entendía, pero a veces le gustaría poder hacerlo, como en esa ocasión. Claro que muchas veces incluso las gemelas querían hacerlo, pero por el bien del devenir de la historia lo ideal era alterarla lo mínimo posible.
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Por su parte, y mientras los guardianes estaban ya en la misión, Asmeya apareció por un portal en una localización cercana a la que habían aparecido el resto. Tras comprobar las energías del bosque, comprobó que efectivamente estaba en el sitio correcto, pues notaba las energías de los guardianes. Ella no tenía ninguna gema, pero sabía usar magia como ya había demostrado al inicio de la aventura, y hasta había mejorado gracias a los consejos de su madre. Por eso, tras concentrarse, se iluminó ligeramente de amarillo, y sus ropas cambiaron. Ahora tenía unas prendas parecidas a las de las chicas de grupo, solo que el león que ella llevaba en el hombro era amarillo.
-Por ahora seguiré las energías de los chicos, así podré reunirme con ellos- murmuró, encaminándose en esa dirección. Mientras andaba, pensó en lo que había pasado entre sus hermanas menores, vaya si le había sorprendido escucharlo, con razón estaban así en la mañana.
Le hacía gracia pensar en la reacción que tendrían los chicos, sobre todo Jeremy, seguramente sería realmente divertido ver sus rostros, o igual nunca se enteraban, nunca se sabe. Mientras pensaba en eso, notó que la energía de los chico se movía de nuevo, así que cambió de dirección para poder dar con ellos, y para hacer eso más rápido, decidió ir en diagonal hacia ellos. Cuando les vio, frunció el ceño al comprobar que iban encadenados, así que decidió pasar inadvertida y evitar ser vista, pues no quería acabar en la misma situación que ellos. Tras seguirles por un buen rato, comprobó que les llevaron a la cárcel, cosa que consideró normal dadas las circunstancias, además, durante el viaje había escuchado parte de la historia, lo de Robin Hood, etcétera, así que había tenído tiempo para pensar en un plan. Para no alarmar al grupo, durante todo el viaje se mantuvo con la energía casi imperceptible, así ellos no se darían cuenta de su presencia, por lo que podría actuar sola. Una vez que el sheriff y el resto de soldados que acompañaban a la comiida menos uno abandonaban la cárcel a realizar otras labores, decidió ir a la iglesia local. Por las leyendas, sabía que Robin Hood tenía como aliado a un eclesiástico, un cura, llamado Hermano Juan, que más adelante se le llamaría Little Jhon, y que hasta el momento de unirse a Robin era cura en Nottingham (3). Con esa idea en mente, se dirigió velozmente hacia la parroquia local. Esta era una iglesia típica románica, con una sobria decoración, muros de piedra anchos, sin apenas ventanas, y un pequeño campanario para anunciar la hora de la misa, y otras muchas cosas, con el son de la campana que en lo más alto se hallaba. Asmeya comprobó contenta que la puertae madera de la iglesia estaba abierta, así que la abrió un poco para poder pasar, y la cerró tras de si.
-Buenos días, ¿en que puede ayudarla este humilde siervo del señor?- oyó ella hablar a un hombre, joven por la voz. Ella buscó con la mirada y entonces vió a un hombre, vestido con una túnica marrón que llegaba hasta los tobillos, sandalias marrones, y un cordel de color tierra claro. Su pelo corto era pelirrojo, con el pelo de la coronilla totalmente cortado, formando así el corte de pelo típico de los hombres de fe de la época. Sus ojos oscuros la observaban con curiosidad, mientras sonreía ligeramente, expectante a que Asmeya hablara.
-Venía en busca del hermano Juan, ¿sabe si está aquí?- preguntó Asmeya. Su interlocutor se rió un poco- ¿Quien me busca?- le preguntó, como respuesta.
Asmeya le miró sorprendida por unos segundos pero le respondió en seguida- Supongo que sabrá quien es Robin Hood- le dijo. En seguida, el rostro del hermano se frunció.
-Si, es un ladrón, suele robar a los ricos, para después repartir el botín con sus compinches- le respondió. Asmeya asintió. Ella ya en parte sabía que el Robin que todos conocían difería un poco del real.
-Ha sido capturado por el sheriff de Nottingham- le informó. Juan la miró con sorpresa- Vaya... ¿cómo te has enterado?- le preguntó, mientras le pedía a Asmeya que se sentara en uno de los bancos de madera de la iglesia con un gesto. Aquello iba para largo.
-Vi al sheriff caputarle junto a unos amigos míos, soldados al servicio del rey Ricardo que luchamos en las cruzadas de Tierra Santa- le dijo Asmeya. Ella ya sabía que muchos estaba en contra del rey Juan, aquel tirano era aún peor que su hermano, por lo que la gente prefería en general a Ricardo, y precisamente Juan era uno de esos.
-¡Valiente injusticia ha vuelto a cometer el cruel Juan!- saltó de pronto el cura- Me imagino que querrás que te ayude con eso, ¿verdad?- le preguntó el cura, a lo que Asmae asintió, con una sonrisa.
-En ese caso dejame prepararme... por cierto, no sabía que hubiera mujeres luchando en las cruzadas- comentó Juan, mientras andaba por la iglesia, en dirección a la parte privada de la misma.
-Dios quiere que todo cristiano que pueda empuñar una espada y pueda ir a Tierra Santa luche en su nombre, eso dijo el rey Rodrigo- dijo Asmeya, esperando que colara. Juan sonrió.
-Nuestro rey si que escucha a Dios, no como ese individuo que se sienta en el trono- comentó con una sonrisa Juan. Asmeya no pudo evitar sonreír, en aquella época la gente era especialmente religiosa, y esta conversación se lo estaba demostrando.
-En fin, ¿habíais pensado en algún plan?- le preguntó Juan, mientras cogía algunas cosas que Asmeya no alcanzó a ver y las metía en un saquito que se colgó a la cintura.
-Me temo que no, no sabía si vos iba a acceder a ayudarme- reconoció Asmeya. Juna entonces se paró y se quedó algo pensativo, moviendo la barbilla con gesto dubitativo. Segundos más tarde se sentó a la mesa y Asmeya le imitó.
-En ese caso pensemos en un plan de actuación, más vale ir con un plan que ir improvisando- le dijo Juan, mientras apoyaba los antebrazos en la madera. Asmeya asintió, su idea tenía sentido, así que primero decidirían como actuar, y ya después lo llevarían a práctica.
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(1) Idea de Alejito480
(2) El escudo en realidad tenía dos leones mirándose de perfil, pero me parecía un poco feo, así que decidí cambiarlo.
(3) En realidad, la historia es ligeramente diferente, pero he decidido hacerla así para hacerla más entretenida.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
