Código: Guardianes

Capítulo 69

Era medianoche en la academia Kadick. La tranquilidad era patenten en todos los rincones de la academia, pues todos los estudiantes ya dormían, todos a excepción de tres: las gemelas de Gallifrey, y William. Las gemelas porque ellas no necesitaban dormir apenas, y William porque estaba en la parte más interesante del libro que estaba leyendo, uno que Electra le regaló hace unas semanas, por San Valentín. Estaban a inicios de Marzo ya, y las noches, pese a seguir siendo frías, ya comenzaban a ser un poco más cálidas con el paso del tiempo, y la naturaleza comenzaba a despertar del sueño del invierno, pues los animales comenzaban a ser cada vez más activos, y las plantas comenzaban a recuperar sus hojas, en el caso de aquellas que las habían perdido. Yumi y Odd eran los que más notaban esos efectos y prácticamente nada les podía quitar ya la sonrisa del rostro, aunque nadie le extrañaba ya esas cosas, no después de todo lo vivido. Precisamente estaban las gemelas echando una partida de ajedrez, cuando sus gemas se iluminaron de color rojo parpadeante. Eso no pasó desapercibido para ninguna de las dos, quienes en seguida se levantaron.

-Al final la tal Xana se ha descontrolado- comentó Marin, con un suspiro.

Su hermana asintió- Hicimos bien en colocar en su brazo aquel detector energético cuando nos la encontramos en Troya- le respondió Susan, colocándose el pelo un poco mientras se miraba al espejo.

-¿Llamamos a Electra? Querrá venir- le preguntó Marin, a lo que Susan negó, mirando el reloj- Ya estará dormida, y ambas sabemos como se pone si se la despierta- le respondió su hermana, con una ligera sonrisilla.

Marin se rió ligeramente, asintiendo- Le dejaré un mensaje en el móvil, y otro en la puerta para que lo lea en cuanto se despierte- dijo, sacando el móvil y mandandole un mensaje. Susan, por su parte, escribía en un papelito la información pertinente, y salieron del cuarto con sigilo para no ser descubiertas. Con cuidado, introdujeron el mensaje en papel por debajo de la puerta, abrieron un portal en dirección a la Hermita para avisar a Atenea de su misión. Se la encontraron despierta, revisando papeles en su escritorio, con unas gafas de ver puestas, una bata, y pantuflas de color rosa claro con más años que, seguramente, Aelita.

Nada más llegar, se inclinaron ligeramente en señal de respeto, aunque esta no levantó la mirada de los papeles hasta que el portal no se cerró. Se retiró las gafas, bostezando ligeramente, y rascandose con dos dedos en puente de la nariz, con los ojos cerrados. Al rato, habló.

-¿Sucede algo malo, chicas?- les preguntó, dejando las gafas a un lado, y mirándolas con atención, aunque por su cara se podía ver a la perfección que la mujer estaba bastante cansada- ¿Recuerda que nos encontramos a Xana, la creación del rey Frank, y que le colocamos un sello de energía para saber si se descontrolaba?- le preguntó Susan, a lo que Atenea aseintió.

-Me imagino que acabará de pasar, si estáis aquí a la una de la mañana- comentó ella, mirando de reojo el reloj, a lo que ambas asintieron- Veníamos para que nos diera permiso para poder acudir hasta allí, majestad- le dijo Marin, mirándola.

Atenea bostezó de nuevo, normalmente intentaba mantener las formas mucho más, pero el cansancio le estaba ganando la batalla- Lo será que esperéis a mañana para avisar al resto apropiadamente, chicas- les recomendó Atenea- Además, no será para tanto, ¿no?- aquello último más que una pregunta fue una afirmación, cosa que ambas entendieron a la perfección.

-Esperaremos a mañana, reina- le respondió tras eso Susan, abriendo un portal detrás de ella, tras lo cual hizo una ligera reverencia como forma de despedirse de Atenea, quien ya se estaba dirigiendo a su cuarto para dormir- ¡Mañana os quiero a todos aquí a las 9 de la mañana!- les gritó Atenea, antes de entrar a su cuarto, aunque el portal ya se había cerrado para entonces, por lo que las gemelas ya no estaban allí.

Estas aparecieron en su cuarto de nuevo, cerrándose el portal justo después de que pasara Marin por el mismo- ¿Seguimos con nuestra partida?- le preguntó Susan, sentándose en frente de las piezas blancas, cosa que también hizo Marin.

Marin hizo su movimiento- Si, una cosa, iremos por la mañana antes de la misión de la última parte de la gema de Asmae, ¿no?- le preguntó a Susan, quien asintió.

-Seguramente Electra también querrá ir- comentó, y, tras pensar por unos momentos, también hizo su movimiento. Marin gruñó un poco, por lo que Susan se rio.

-Aelita me comentó que los chicos ya se enteraron de lo que le pasó con Asmae el otro día- dijo al rato Marin, tras mover ficha. Susan frunció un poco el ceño.

-¿Y que dijeron?- le preguntó, mientras dudaba un poco que pieza mover, pero al rato se decidió. Marin sonrió- Jeremy amenazó con meter en un iceberg a Odd y Percy si se reían, aunque al final no hizo demasiada falta ya que ahí estaba Sam para darles una colleja a ese par- se rió, haciendo su movimiento- Jaque Mate, por cierto- Susan entonces se fijó, y, gruñendo, golpeó ligeramente el tablero, provocando la risa de su gemela.

-¡No es justo, me distrajiste!- le espetó Susan, a lo que Marin se hundió de hombros- No es mi culpa que seas tan mala- le dijo, guiñando un ojo- Además, tienes suerte de que no te desplume jugando al poker, aunque hace un tiempo que no juego- dijo Marin, mientras recolocaban las piezas.

Susan la miró con curiosidad- Osea que por eso podías permitirte vivir en Nueva Dheli- le dijo Susan, a lo que Marin asintió- Nueva Dheli no es una ciudad barata precisamente, aunque vivía en una cabaña al lado del rio que yo misma construí y camuflé, la vida es cara, hasta el transporte público lo es- le dijo, mientras Susan hacía su primer movimiento.

-¿Y por que Nueva Dheli?- le preguntó Susan- Antes de mudarme allí vivía en Japón, me trasladé a Nueva Dheli por que noté algo por la ciudad, aunque no llegué a saber el que realmente- comentó ella.

-¿Algo malo?- preguntó Susan mirándola, aunque Marin negó- No, tras hacerme guardiana hize una escapada por allí, y tras registrarla no encontré nada fuera de lo común así que...- dijo Marin, retándole importancia, y haciendo su propio movimiento.

Así estuvieron toda la noche prácticamente, solo se acostaron tras las cuatro de la mañana que decidieron irse a la cama para estar descansadas para el día siguiente. Esa era una de las ventajas de un señor del tiempo, con pocas horas de sueño se reponían a la perfección.

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Tal y como ordenó Atenea ordenó la noche anterior, todos los guardianes estaban congregados aquella mañana de sábado a las 9, ya listos para la misión, con cara de algo de sueño pero con los ánimos en alto, pues aquella sería la última misión para encontrar finalmente todos los fragmentos de la gema de la fe. Antes de salir, las gemelas informaron al resto del grupo sobre lo que había pasado con Xana en la Tierra paralela donde ella vivía, y, tras hablarlo un poco, decidieron ir ellas dos solas para comprobar la situación, y volverían de inmediato. Claro que no podían perder tiempo, así que mientras las gemelas iban a hacer la comprobación, el resto del grupo se acercó a Atenea para que esta leyera la pista que conducía al último fragmento.

-"El último fragmento de la gema de la fe se encuentra entre la caída de una nación y el nacimiento de un imperio"- leyó Atenea, y mientras leía, su ceño se frunció ligeramente.

-¿Que querrá decir?- se preguntó Percy- Ni idea- murmuró en seguida Patrick. Entonces, como las otras veces, el grupo se dividió en diversos grupos para saber a que se podía referir.

En esa ocasión, Herb y Sissi ayudaban a Asmae con un par de libros de historia, teniendo uno de esos libros Herb en las manos. Conforme leía, notó como la pelirosa observaba uno de los dibujos que venían en el libro con curiosidad.

-¿Que es ese dibujo?- le preguntó ella. Herb entonces se lo acercó un poco- El mapa de Italia en la época de los reyes etruscos, cuando se estaba formando Roma- le explicó. Asmae asintió, y entonces se acercó más aún al libro, tomándolo en las manos, y mirándola atentamente.

Asmae no respondió, por lo que el grupo se congregó al rededor de ella. Como Asmae se mantuvo sin decir nada varios minutos, limitándose a leer, alguno de ellos se dedicaron a curiosear el libro, como Aurora, que miraba por encima del hombro de ella con interés.

-Creo que ya conozco nuestro destino- dijo Asmae, al rato, sonriendo- ¿Y bien?- le preguntó Yumi.

Como única respuesta, ella les mostró la imagen que venía en el libro de una loba amamantando a un par de niños pequeños, los cuales estaban de pie para poder beber la leche de la loba.

-¡Vamos a la época de Romulo y Remo!- exclamó ella, abriendo un portal en dirección a su nuevo destino. Como no tenían ninguna pista más y Asmae estaba bastante entusiasmada por la idea y teniendo en cuenta que la decisión de a donde ir solía ser por pura intuición, la siguieron confiando en que en esa ocasión también acertaran.

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Un bosque se extendía más allá de lo que alcanzaba a ver la vista, un bosque típico mediterráneo con robles y arbustos llenos de frutas del bosque, animales como ciervos y jabalíes mordisqueaban del césped que formaba el suelo, evitando las setas que crecían al pie de los árboles, aunque en cierto punto los robles desaparecían y el bosque de robles se transformaba en uno de encinas en cuanto se bajaba de la colina. Los chicos aparecieron al pie de uno de los robles, y como el verano se estaba acercando, hacia una temperatura era muy agradable, y la brisa corría con delicadeza. Tras aparecer, cambiaron sus prendas para adaptarse. Todos llevaban una camiseta corta de color blanco con una línea de su respectivo color al final de la manga. Ellos llevaban un pantalón corto que llegaba hasta la mitad del muslo de sus respectivos colores, mientras que ellas tenían una falda de las mismas características.

-¿Por donde empezamos?- preguntó para nadie en particular Noelia- No se, no veo casas desde aquí- respondió Electra.

-Comencemos a andar, ya veremos algo con el tiempo- les sugirió Jeremy, y como no tenían un plan mejor decidieron seguir lo que había dicho el rubio.

Anduvieron por aquel idílico bosque durante una media hora aproximadamente, hasta llegar a un río bastante caudaloso, rodeado por plantas silvestres en ambas orillas y con árboles como sauces al lado de la orilla, siendo el único medio de cruzar de orilla a orilla un puente de piedra. Se disponían a cruzar el rio cuando vieron a un par de chicos tomando agua del río con un cubo mientras parecían hablar entre ellos, y por los gestos parecían estar entre bromas. Desde esa distancia solo Odd se podía fijar que ambos tenían un parecido bastante grande, mismo cabello moreno ligeramente largo con rizos, de piel blanca y con un rostro adolescente, siendo sus ojos de color avellana.

-Esos dos son como dos gotas de agua- comentó Odd, mirándoles llenar cuatro cubos con el agua del río. Sam iba a hablar cuando de pronto un animal apareció de entre los matorrales y se acercó al trote hacia ambos jóvenes: un lobo. Odd iba a correr hacia allí para salvarles cruzando el puente, pero lejos de atacar a los adolescentes, el lobo se les tiró encima y les lamió la cara con cariño, provocando las risas en ambos. Odd entonces se giró a sus compañeros sin entender, él en ningún momento le había dicho al lobo que hiciera eso. Poco después otros dos lobos se les acercaron, uno de la misma edad del primero y el otro era ya bastante mayor, se le notaba por el color grisáceo de su pelaje. El lobo de mayor edad era una hembra, notó Odd, siendo los dos más jóvenes sus crías, aunque estos ya debían tener el equivalente humano a los 20 años.

Fue en ese entonces que los lobos debieron notar la presencia de los chicos pues giraron la cabeza, con curiosidad al notar el olor de los guardianes. Odd les indicó con un gesto que se fueran acercando usando el puente, el cual terminaba a unos veinte metros de donde estaban los dos adolescentes y los tres lobos. Se fijaron entonces que cerca de la orilla había un par de cabañas, seguramente el lugar donde vivían los chicos. Se sabía que había gente en ambas pues de sus chimeneas salía un poco de humo negro.

-¿Quienes sois?- les preguntó uno de los chicos, cargando con un par de cubos de agua, acercándose.

Electra iba a contestar cuando notaron una energía en extremo familiar. Oyeron correr hacia ellos a alguien, y vieron a una chica morena de piel, de pelo negro, y ojos chocolate corriendo con una sonrisa. Llevaba una camiseta corta y pantalones largos marrones ambos. Se acercó a los gemelos, pero se giró a mirar a los chicos.

-¡Hola!- les saludó. La chica aparentaba unos 15 años, y tenía un parecido demasiado grande para ser considera con Jamily, la hechicera- Me llamo Jamily, ¿y vosotros?- se presentó- Supongo que ya conoceréis a mis amigos, Romulo y Remo- les dijo, sonriendo.

Los chicos se miraron, aquella Jamily no podía ser la que ellos conocían, la suya era una mucho más poderosa, y con bastante más años a la espalda. Aquella versión de su amiga tenía un aura de inocencia y dulzura muy lejos de la que desplegaba la Jamily que les había ayudado tantas veces. Dedujeron, por tanto, que aquella debía ser su versión más joven, pero decidieron hacerse los locos, y hacer como que no la conocían de nada.

-En realidad aún no se presentaron. Me llamo Noelia, por cierto- se presentó la chica, acercándose a la joven, quien asintió sonriendo. Uno a uno, se fueron presentando todos y cada uno de ellos, y mientras lo hacían, Jamily se quedó mirando un rato a Aurora con curiosidad, algo que notó la angelida, así que decidió preguntárselo, aunque en el fondo se hacía a la idea.

-¿Sucede algo, Jamily?- le preguntó- Eres una angelida, ¿verdad?- le preguntó, directamente. Aurora asintió- Así es, y tu una aelida- respondió Aurora.

Jamily sonrió- ¿Todos sois de Asmara?- les preguntó- No, solo algunos- respondió enseguida Asmae, y Jamily iba a seguir preguntando de no ser por Romulo.

-Disculpad a mi hermanita, es muy metomentodo- dijo, con retintín en la última palabra y lanzandole una mirada reprobatoria a la más joven.

-Con hermanita se refiere a que la queremos como a una hermana, no que lo sea, claro- dijo Remo rápidamente, al ver que los chicos se miraban sin entender muy bien aquella situación.

-¿Vivís aquí?- le preguntó Sissi, a lo que Jamily asintió- Si, vivimos nosotros tres y estos tres lobos- dijo ella, sonriente.

Que bien les vendrían en esos momentos Susan y Marin, pensaron- En fin, ya en breve será la hora de comer, ¿queréis acompañarnos?- les preguntó la aelida. Sin esperar respuesta, agarró a Ulrich (quien tuvo un fuerte deja vú con esa situación) y a Percy, y se los llevó casi a rastras. Romulo y Remo la siguieron negando con una sonrisa divertida, y detrás de ellos, el grupo al entero se dirigió hacia las cabañas.

Durante la conversación del resto del grupo, Odd tuvo la suya propia con los lobos, quienes se mostraban especialmente cariñosos con él, aunque nadie lo notó hasta comenzar a moverse por estar demasiados concentrados en la conversación que sostenían con los guardianes. Al preguntar Remo la razón de ese comportamiento, Odd le dijo que le gustaban los animales y que se llevaba bien con ellos, cosa que tampoco se alejaba demasiado de la realidad. Logró descubrir varias cosas: que Romulo y Remo eran sus hijos adoptivos, a quienes crió desde que eran unos niños pequeños, y a quienes querían como si fueran sus propias crías allí presentes. También que Jamily era una amiga de ellos que les solía visitar, pero que no vivían todo el año con ellos. Pasaba unos días y se iba por cosa de una semana, para después volver y repetir ese mismo proceso. Estaba claro para Aurora, una vez que ya sabía esa información, que aún no se había producido la guerra contra Zeros, por lo que angelidos y aelidos aún convivían en paz y por eso Jamily no se había puesto a la defensiva en cuanto la hubiera visto.

-¡Este es nuestro hogar!- dijo Jamily, entrando a una de las cabañas- Ya tengo lista la comida, por suerte hice bastante- dijo, mientras removía un poco el caldero.

-¿De que conoces a los gemelos, Jamily?- le preguntó Nicolás. Ella le miró y se sentó en una banqueta que había cerca de la mesa donde había colocados unos platos y varias cucharas de madera.

-Les conocí hace unos años mientras practicaba mi magia para pasar de Asmara a aquí, pero aún sigo siendo un pelín mala- reconoció ella, algo apenada, y con las mejillas ligeramente sonrojadas.

-Seguro que dentro de poco mejorarás- le aseguró Herb, a lo que la aelida sonrió- Ojalá, mi maestra, Hecate, es muy paciente pero siento que pronto se hartará- dijo ella, riéndose.

-¿La diosa?- le preguntó Jeremy, pero Jamily se rio- ¡Ojalá! No, se llama así por casualidad, pero para ser sincera me gustaría mucho- reconoció la chica.

Hablaron por un rato más hasta que estuvo la comida lista finalmente, y, una vez sentados a la mesa, se dedicaron a hablar, hasta que la pregunta salió de nuevo a la palestra. Esa vez la formuló Remo, quien seguía sintiendo curiosidad por saber la procedencia del grupo.

-Estamos de viaje en busca de un tesoro- le dijo Asmae. Los tres la miraron con interés- ¿Y creéis que sea por aquí cerca?- le preguntó Jamily, con interés, a lo que la pelirosa asintió.

-Eso esperamos- dijo la pelirosa, sonriendo- Ese tesoro es un fragmento de una piedra, puede que para vosotros no tenga valor, pero para nosotros sí- les explicó la pelirosa.

Los tres se pusieron a pensar en una respuesta, y mientras, el grupo de los guardianes mataba con la mirada a Asmae, quien se hacía la loca ante las miradas de sus compañeros, pero había que reconocer que no decía mucho de la misión que les traía hacia allí, ni tampoco interfería demasiado en el transcurrir de la historia, así que...

-Yo no sé muy bien si por aquí hay algo así- reconoció al rato Romulo, así como Remo. Jamily, por su parte, tamborileaba encima de la mesa con los dedos, pensativa. William iba a decir algo, cuando la puerta de la cabaña se abrió y por ella entraron tres hombres, dos soldados con lanzas y un hombre algo más mayor y que parecía un oficial. Romulo, Remo, y Jamily se levantaron como si fueran un resorte, y el resto les imitaron sin saber muy bien que decir.

-Vengo a por el cobro de los tributos para el rey Amulio, vuestro abuelo me dijo que vosotros me lo daríais- les dijo el oficial. (1)

Los chicos supieron entonces que ellos debían vivir con su abuelo, aunque notaron en seguida que si bien los gemelos les dieron las bolsas de los tributos sin rechistar, se veía a la legua que no estaban conformes. Tras hacerles varias preguntas a los chicos sobre si ellos eran de por allí o si estaban de paso, y tras comprobar que no estaban en las listas, les dejaron ir sin tener que pagar nada, aunque se les veía con la intención, eso estaba claro. Una vez que se fueron, Romulo les explicó que el rey era un hombre que cobraba unos impuestos exagerados y cruel, más de una vez había atacado a alguna de las casas que formaban la ciudad que gobernaba. Efectivamente, con ellos vivían los abuelos de los chicos, una pareja que en aquellos momentos estaba trabajando en el campo, según lo que les dijo el oficial al grupo durante la espera del resto para que los gemelos fueran a por el dinero pedido.

-Si no tuviera a un ejercito tan grande le habríamos echado hace mucho...- gruñó un molesto Romulo, golpeando la mesa con el puño- ¿cuantos soldados tiene?- preguntó interesado Herb.

-Unos cien. Entre los campesinos de la ciudad seremos unos treinta, y ninguno sabe usar armas- explicó Remo, mirando a Herb.

-Os gustaría echarle, imagino- le dijo Asmae, a lo que Remo asintió- Si, pero es imposible- murmuró él, triste.

-¿En que piensas, Jamy?- le preguntó de pronto Romulo. Esta se sobresalto y le miró- En nada, ¿por?- le preguntó ella.

Su compañero sonrió- Estabas en las nubes- se rió- Anda, dínoslo- le pidió de nuevo.

-Estaba pensando en que en breve tendré que volver a Asmara- dijo la joven aelida. Romulo asintió- ¿Me dirás ahora la verdad?- le preguntó.

Jamily le miró- Me gustaría patearle el trasero a ese viejo que tenemos por rey- reconoció- Pero estando yo sola de maga será imposible- dijo, algo desanimada- Nosotros os podríamos ayudar- comentó de pronto Aurora, con una sonrisa divertida.

-¿Vosotros? ¿Sabéis usar una espada?- preguntó interesado Remo- Os lo mostraremos fuera- le respondió Yumi, levantándose. Ahora que las gemelas no estaban decidieron que les mostrarían a los tres aunque solo fuera una parte de su poder, aunque solo fuera una parte. Además, sería la propia Jamily la que creara la gemas, por lo que a lo mejor así le daban la clave para lo que fuera a pasar en el futuro.

Con es en la cabeza, salieron de la cabaña, y Sam se disponía a mostrarles parte de sus poderes cuando oyeron tumulto cerca, en la cabaña que había al lado, y que coincidía con que era la cabaña de los padres de Romulo y Remo. Asustados, estos se acercaron a todo correr hacia allí, y fueron en seguida seguidos por el resto del grupo. Lo que vieron fue a un grupo de soldados con los padres de los dos jóvenes apresados y al oficial de turno delante, guiando el paso. Romulo se le acercó airado.

-¿¡Que pasa aquí!?- le preguntó, colocándose delante- Dejame pasar, muchacho- le ordenó el oficial, pero Romulo no se dejó intimidar y se mantuvo en su posición.

-Responde antes a mi pregunta, ¿por que os los lleváis?- le preguntó, cruzándose de brazos. El oficial gruñó con molestia y le miró, estaba tentado a apartarle pero algo dentro de él le decía que no era buena idea, así que se limitó a responder.

-Se resistieron a que entráramos a la casa a registrarla- le dijo, serio- ¡Pero ya te pagamos!- gritó molesto Romulo, aunque el oficial solo siguió su camino, dejando a unos airádos hermanos con la palabra en la boca.

No fue hasta que el último de los soldados se había ido de su rango de visión que los hermanos demostraron su indignación al respecto golpeando el aire con el puño. Jamily les miró con tristeza, sabía que poco o nada podían hacer cuando del rey Amulio se trataba. Aunque los chicos tenían una idea bien distinta, y así se lo hizo saber Nicolás.

-Iremos a la cárcel y les sacaremos de allí, no os preocupéis- dijo el chico, con una sonrisa amistosa. Los gemelos les miraron pensativos- ¿De verdad sois lo suficientemente poderosos como para eso?- les preguntó Remo.

Como toda respuesta los chicos solo asintieron- Os lo demostraremos por el camino- dijo Electra, saliendo y echando a andar en la dirección que los soldados habían seguido. A aquella misión hasta se sumaron los lobos que habían jugado con los gemelos en la rivera, o al menos los dos más jóvenes, pues la hembra, ya mayor, no era de moverse mucho y el propio Romulo le había pedido que se quedara atrás por si acaso, aunque este no esperaba que la entendiera. Aún así, la vieja loba se quedó tumbada en el suelo de la cabaña, descansado en aquella cálida tarde. Pocos minutos después de irse los adolescentes, otra persona entró. Era una mujer de pelo castaño, piel morena, ojos oscuros, con un parecido extrañamente familiar a la joven que solía pasar el día con los gemelos, solo que ella aparentaba 25 años.

-Los dioses te salven, Luperca- le saludó Jamily, esta vez la versión que los guardianes había conocido, acuclillándose frente a la vieja loba. Esta le lamió con delicadeza la mano. (2)

-Osea que ya están aquí... ¿que están haciendo ahora?- le preguntó. Luperca ladró entonces un par de veces, y la maga asintió- Bien, en ese caso iré a verles- dijo, levatandose, y acariciando al animal en la cabeza amistosamente.

La loba le ladró un par de veces antes de volver a tumbarse totalmente, bostezando antes de estirarse cuan larga era en el suelo. Mientras, ya fuera, Jamily observaba el campo. Aunque su otra versión aún no lo sabía, en un par de años se vería obligada a luchar en la mayor guerra que jamás hubiera visto, y eso que ha estado en grandes batallas a lo largo de los siglos. Se metió la mano en el bolsillo, y del mismo sacó una pequeña piedra traslucida, aunque emitía gran poder. Aquella piedra era el último fragmento de la gema de Asmae, pero debía ganárselo como se ganó las otras cuatro partes. Sonrió, aquello iba a ser divertido se dijo, mientras sacaba sus alas y, con un salto, salía volando en dirección a donde sus compañeros estaban.

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Un portal se abrió en el medio de la ciudad de París. Solo que aquel París estaba en ruinas, en una clara diferencia a como era el París que cualquiera de los guardianes hubiera conocido. Edificios en ruinas, pequeños incendios y coches y tiendas destrozados se veían por todas partes, sin duda un caos. Del portal salieron Susan y Marin, quienes se miraron algo impactadas por el estado de las calles de la ciudad que ellas tanto habían recorrido junto a sus compañeros en los últimos meses. Pero tenían una misión importante, y esa era comprobar que la Xana de aquella realidad que estaban visitando, no se hubiera descontrolado. Nada más aparecer por el portal notaron las energías de todos los miembros del grupo de aquella Tierra paralela y las de otras personas, y curiosamente notaron a una ninfa entre esas personas, y una energía muy parecida a la de Xana pero que no era la de la niña con la que estaba en Troya, aunque esta también estaba ahí. También notaron la energía de unas criaturas algo raras, nunca habían notado algo así, aunque no parecían ser demasiado peligrosas para ellas, por lo que le restaron importancia.

-No noto a esta Xana especialmente descontrolada- comentó Susan, empezando a subir su energía para llamar la atención de esta- No, pero se ha visto algo modificada, ha crecido aunque no demasiado- le respondió su hermana.

Mientras andaban notaron unos ligeros temblores, pero no provocados por las placas tectónicas precisamente, sino por alguna criatura bastante grande que se encontraba en las cercanías. Efectivamente, tras concentrarse un poco, Marin pudo notar a la perfección a una criatura enorme con apariencia de armadillo, aunque ese era el animal más cercano con quien uno podía asimilar a aquella criatura. Su cuello era largo, con ojos de color rojo y una armadura en el cuerpo de color tierra, aunque su piel era azulada, estando su boca llena de dientes afilados.

-A eso llamo yo un monstruo...- comentó Marin. Decidieron quedarse paradas en una calle pues notaban como Xana y el resto del grupo de esta se acercaban a ellas. Vieron a varias mujeres acercarse, una de ellas era Xana, otra de estas era Iris, la niña que estaba con ella, pero las otras no sabían quienes eran. Entre el grupo solo había un chico, el que tenía una energía parecida a la de Xana.

-¿Susan, Marin?- oyeron estas, y aunque sabían de sobra quien era la que les llamaban, se hicieron las sorprendidas- ¿Xana? No esperaba encontrarte aquí- dijo Susan, mientras se acercaban.

-Lo mismo digo- respondió la aludida- ¿Que hacéis aquí?- les preguntó- Hemos venido por un descontrol energético en esta dimensión- le respondió Marin.

Xana las miró- ¿Un pico de energía, decís?- les preguntó, a lo que las gemelas asintieron- Exácto- lerespondió Susan.

Sin que Xana se diera cuenta, y durante esa conversación, Marin la escaneó y encontró una entidad en su interior, un tal "Shadow Marshall", y que estaba ahí para cuidar del cuerpo de Xana. Interesante, no le habían notado la última vez, así que debía ser algo muy grave para que hubiera aparecido. También parecía tener algo de rabia dentro de ella pero nada que pudiera comprometer la seguridad mundial, pero debían estar atentas, más si la causa de su enfado era la Aelita de ese mundo. Notaron además ganas de estrangular a alguien, de usar su poder para destrozar algo, y según notaron, eso mismo iba a hacer. De pronto oyeron un rugido atronador, las gemelas supieron que debía tratarse del ser que habían notado minutos antes. Xana se giró en dirección a donde vino el rugido.

-¿Que ha sido eso?- preguntó Susan, aparentando sorpresa- Un bicho que se supone nos cargamos ayer- respondió esta, en un susurro.

-¿Necesitarás ayuda?- le preguntó la chica, a lo que Xana asontió- Si podéis interferir, si- le respondió Xana, mientras se dirigían corriendo hacia aquella criatura.

Comenzó entonces el combate. Las gemelas debían reconocer que aquel grupo sabía pelear bastante bien, pues una chica llamada Tylis-la ninfa que habían notado antes- había inmovilizado con relativa facilidad a la criatura, la cual fue rematada por un ataque combinado de las gemelas, Xana, y Zack, el único chico del grupo, y que para gran sorpresa de Marin al entrar en la mente del chico era hermano de Xana. También notó temor por la chica, pues se estaba dando cuenta de que su hermana se estaba descontrolando, y parecía agradecer su presencia. Aprovecharon eso para notar las fuerzas de cada uno, y Xana seguía bastante por detrás en poder con respecto a ellas, así como Zack, y sabían que usaban todo su poder ya que la energía que venían de estos estaba al máximo. Ellas, por su parte, solo usaron parte, pues las energías combinadas podían ser demasiado peligrosas. Tras una fuerte explosión, el grupo notó que habían hecho un buen agujero en el suelo, y de no ser por Marin, la ola de destrucción lo hubiera destrozado todo en un radio bastante amplio, solo que nadie pareció darse cuenta de ese detalle.

Mientras Zack y Xana se miraban, las gemelas se miraban algo más tranquilas al saber que todo parecía más o menos bien, aunque mantendrían la vigilancia. Tras eso, el grupo de aquel mundo se marchó, y las gemelas decidieron volver a casa.

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Tras atravesar el portal para volver a su mundo, vieron a la reina en la mesa con el libro en la mano, pues sus compañeros acababan de ir hacia su nueva misión. Se le acercaron sonrientes.

-¿Como os fue, chicas?- les preguntó la reina. Fue Susan la que habló- Todo parece bajo control, aunque seguiremos vigilandola- le respondió.

Atenea sonrió- Bien, vuestros compañeros ya salieron- les dijo- Han ido a la época de Romulo y Remo, daos prisa y tal vez logréis alcanzarles- les dijo, a lo que las gemelas asintieron, y, tras abrir otro portal, fueron rumbo a encontrarse con sus compañeros.

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(1) Antes de convertirse en la Roma que todos conocemos, estuvo gobernada por los reyes Etruscos, aunque una serie de guerras hicieron que los Etruscos se retiraran, dejando el gobierno de Italia a otros pueblos, es decir, Roma.

(2) Luperca es el nombre que el mito le da a la loba que cuidó a Romulo y Remo cuando estos no eran más que unos niños. Se supone que ellos eran hijos de Ares con una humana, y precisamente uno de los símbolos del dios era el lobo. Se la conoce más como la Loba Capitolina.

Capitulo dedicado a cierta personita especial y que, por circunstancias que para ambos se escapan, no he podido contactar con ella, pero que siempre está en mi mente. Te quiero, JM

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.