Código: Guardianes
Capítulo 71
Una vez que el grupo se fue de la Ermita y fue en dirección a la academia, ambas mujeres, Atenea y Jamily, se quedaron solas en la Ermita, pues Cesar y Asmeya habían salido también hacia un par de horas. La batalla contra Gamma se estaba aproximando cada vez más, ya solo faltaba el arma de Asmae, y estarían listos para luchar contra aquella entidad. Ya en su día Atenea le preguntó a la hechicera porqué no luchaban contra Gamma directamente, pero Jamily insistió en que era mejor idea recuperar la gema y el arma de Asmae para combatirle. A pesar de que los poderes de los hermanos de Zeros, o el mismo Zeros, estaban a un nivel muy cercano al de Gamma, era mejor asegurarse tener a alguien con gema más en el equipo para luchar contra su nuevo enemigo, además, no sabían realmente donde estaba, pues desde que había salido de su prisión, no había dado señal alguna de su presencia en ningún lado, lo cual era bastante raro según Jamily. Estaba claro, aún así, que la batalla no iba a ser fácil. Y las dificultades, que ya comenzaron al recuperar las diversas gemas e iban empeorando conforme la aventura avanzaba, no paraban de crecer.
-Esperemos que al menos el arma de Asmae sea fácil de recuperar- comentó Atenea, mientras se sentaba en su sillón. Jamily simplemente salió por la puerta- Lo dudo mucho, reina Atenea- le respondió, mientras desaparecía de allí.
Esta suspiró, la hechicera tenía toda la razón, se dijo. Lo que no le había dicho era quien iba a ser aquel personaje que les daría el arma. O si siquiera era verdad, teniendo en cuenta como era la aelida nada era seguro. En todo caso, decidió sentarse en su sillón, y se estiró en el mismo, estaba algo cansada y quería irse a acostar pronto, pero aún tenía unos papeles que arreglar antes de poder hacerlo, así que primero los terminaría y ya se iría a la cama.
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Por su parte, Jamily apareció en una choza de madera, con el techo hecho de paja y el suelo terroso salpicado por losas de piedra que lo cubrían lo suficiente como para que se pudiera andar. En la choza un hombre mayor, de pelo canoso y piel blanca, le daba vueltas a un líquido que había en un caldero al fuego, sin hacer caso a la recién llegada. Llevaba una camisa larga de color tierra y unos pantalones negros, con un colgante en el cuello pero no se podía ver su forma, solo la cuerda que servía para llevarla al cuello. La choza tenía en un cuarto contiguo una cama de una persona perfectamente arreglada, con una mesita con una vela al lado apagada. En cuanto a la sala principal, contaba con un par de estanterías de madera con libros algo desgastados y con frascos, algunos vacíos y otros con hierbas en su interior de todo tipo, y otros con partes de animales que se veían bastante frescas.
-Llegas tarde, para variar- comentó el hombre, sin girarse. Jamily se tensó- Disculpe, maestro- le pidió, mientras bajaba la cabeza ligeramente.
-Sabes bien que es parte de la educación que te estoy impartiendo la puntualidad, señorita- siguió hablando el hombre, sin girarse. A continuación, se llevó a la boca una cucharada del mejunje que tenía en la olla hirviendo.
-¿Que pócima es, maestro?- le preguntó curiosa la chica de pelo negro- Carne de ciervo con patatas- respondió el mayor, mientras se giraba con una mirada divertida, mostrando sus ojos de color azulado, nariz algo puntiaguda y algo de barba canosa, pero bien arreglada.
-¿Has estado practicando desde la última clase?- le preguntó el hombre, sentándose en una mesita cercana e invitando con un gesto a la morena que hiciera lo mismo.
-He estado liada, ya sabe, por el tema de ayudar a los guardianes de Asmara- le dijo la chica, mientras miraba que al hombre comer de su plato. Este alzó la vista, mientras masticaba, al oír las palabras de ella.
-¿Han derrotado ya a Zeros?- le preguntó, a lo que Jamily asintió. El hombre sonrió ligeramente- Tienen a una buena profesora, aunque de alumna... en fin, no siempre se puede ser buena en todo- le respondió el mayor.
La chica le miró, ceñuda- Era broma, Jamily- le dijo divertido, al ver su mirada- En realidad ya hace mucho que no tengo nada que enseñarte, no sé porque insistes en que te siga enseñando- respondió el hombre.
-Usted es el mejor mago que conozco, por eso- le respondió la aelida- Aunque llevemos mucho sin que me enseñe un hechizo, no me importa- siguió ella.
El mayor no respondió, y se limitó a tomar del plato. Cuando acabó, dirigió una mirada a la chica, quien se mantenía con las manos en el regazo- ¿Sabes porqué te acepté como mi alumna?- le preguntó el hombre.
Jamily asintió- Por ser la única capaz de cocinar el pollo como a usted le gusta- respondió ella, mientras una sonrisa se formaba en sus labios.
El mayor se rio- Esa es la versión que tu misma te hiciste, señorita- le dijo, señalándola con la cuchara que usaba para comer- Te escogí de entre todos los que vinieron por que fuiste la única con el suficiente sentido común para decirme que querías mejorar- le respondió.
Jamily le miró curiosa- El resto de potenciales alumnos eran magos, o pseudomagos que creían saber más que nadie- le respondió, sin siquiera esperar a que ella hablara- Realmente magos de verdad hay pocos, muy pocos, el resto hacían juegos de manos y usaban efectos visuales para hacer sus trucos, y los pocos que hacían magia de verdad usaban una bastante limitada, entre los que me encuentro yo- le dijo el hombre.
-Pero maestro...- las palabras de Jamily fueron cortadas pues el hombre no paró de hablar- Por mucho que yo me llame Merlin y por mucho que todos me consideren el mejor mago del mundo, mi magia es muy limitada, hasta la magia de la antigua Heavenland tenía sus límites, la era de la magia terminó hace mucho mi querida alumna, incluso en su época de mayor gloria la magia era un poder muy limitado, pero...- dijo Merlin, mirando con una sonrisilla a la chica.
-¿Pero?- dijo ella, pues Merlin no había terminado su frase- Pero tú, Jamily Mörker, eres la excepción a la regla, tu magia es poderosa, solo unos pocos pueden decir eso, y tu eres una de ellos- le dijo- Te puedo enseñar todos los hechizos del mundo, pero al ser mi magia tan limitada no puedo hacer lo que sí tu puedes hacer- le dijo, mientras colocaba las manos en la mesa.
La chica se sonrojó ligeramente- Tu magia, tu energía como la llaman los guardianes, es superior a la mía, por eso tu eres más poderosa que yo, si te ganaba era porque yo sabía más- le dijo el mayor. La chica suspiró.
-Gracias, supongo- le dijo ella, mientras veía como Merlin colocaba las cosas en su sitio- Mañana iremos a buscar el arma de la nueva guardiana de la fe- le dijo. El mayor la miró, cruzándose de brazos y apoyándose en la pared.
-¿La pusiste a prueba ya?- le preguntó Merlin, a lo que Jamily asintió- Para mi ella es más que valida, maestro- le dijo. Este asintió.
-Me fio de tu criterio- le dijo, mientras elevaba ligeramente su energía y en sus manos aparecía un papel- Esta es la clave donde se encuentra la espada que debe usar la nueva guardiana de la fe- le dijo. Ella le miró.
-¿Y no me podrías decir donde está directamente?- le preguntó ella, intentando que colara. Merlin negó- ¿Que gracia tendría, si no?- le dijo, mientras se sentaba de nuevo- Nos veremos, Jamily, te recuerdo que me debes una comida, a mi y a la dama del lago, que te recuerdo que también tienes clase con ella- le dijo, mientras observaba como ella se iba, no sin antes prometer a su mentor comer juntos algún día.
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Al día siguiente, el grupo se encontraba reunido en la Ermita, ya intentando descifrar cual era el significado de la frase que les indicaba donde estaba la espada de la fe. La frase era la siguiente: "La espada de la fe se encuentra en la colina de las cruzes". Jamily les había dicho que antes de poder entrenar era mejor tener el arma de Asmae consigo, y el grupo coincidió con el consejo de la aelida. También les dijo que Asmae debía ir sola, y que parte de la dificultad de esa prueba era eso mismo. Por eso, el grupo no había puesto demasiadas pegas al enterarse, pero lo que si es verdad es que algo les molestaba. Tras un buen rato pensando, Asmae tuvo la solución al problema sobre donde estaba su arma.
-Para evitar tentaciones solo me dirás a mi donde estarás, para que ellos no vayan a auxiliarte salvo que se de vital necesidad- dijo Atenea. Tras eso, Asmae le susurró en el oído, y, tras despedirse de sus amigos, la pelirosa abrió un portal, en dirección a su nuevo destino.
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Tras pasar por el portal, Asmae apareció en una calle algo polvorienta, pues era de tierra rojiza. A los lados, pudo ver unas paredes de color blanco hechas de piedra, con ventanas en la parte más alta de la pared, las cuales parecían ser las fachadas de casas por las decoraciones de color azul, y contaban con techos de adobe, lo típico de una ciudad hebrea. Y es que Asmae se encontraba en Jerusalén, pues ella creía que su arma se encontraba allí. Como debía pasar la misión sola, estaba algo nerviosa por tener que ir en solitario, pero se armó de valor, y elevó su energía para cambiar a un atuendo más apropiado. Tras cubrirse por una tenue luz de color dorado, sus ropas cambiaron a una camisa de color azul con mangas largas, con un pantalón ancho de color morado y con una decoración de color oro en el lateral. En su cabeza solo llevaba una pequeña diadema que quedaba bastante tapada por el pelo de ella. Tras cambiar de ropa, decidió bajar a la plaza principal, donde suponía que tendría más oportunidades de poder saber por donde empezar a buscr, o como mínimo vería alguna pista sobre el camino a seguir. Tras recorrer la calle en la que había aparecido en línea recta durante un centenar de metros, esta se comenzó a ensanchar, y conforme esto pasaba, las paredes de las casas se encontraban más decoradas e incluso comenzaban a tener en los balcones pequeñas macetas con hermosas plantas que hubieran hecho que Yumi se emocionara. También notaba que cada vez había más gente en la calle, las cuales observaban en los puestos, los cuales eran de todo tipo, desde comida, a verduras, ropas, joyería, souvenires, y un largo etcétera. Poco después acabó entrando en una plaza, por su tamaño y la concurrencia de la misma, debía ser la plaza principal. Mientras andaba, comprobó que los artículos, así como el nivel social de los que por allí andaban, iba aumentando conforme uno se introducía en la plaza. Pero, de pronto, el tumulto de gente se había disuelto en plena plaza, y con ellos los puestos. Asmae se sorprendió por eso, pues media plaza estaba atestada de gente y la otra media estaba casi vacía. Tuvo que fijar su vista al frente para percatarse de la causa de semejante cambio. Y es que había una reunión de gente, la cual estaba congregada en forma de media luna y sentadas en el suelo, observando hablar a un hombre. Asmae se acercó de lado curiosa. Aquel hombre era ligeramente alto, de pelo castaño, piel clara, y ojos morenos. Sus ropas eran bastante sencillas, una camisa larga de color crema, sandalias marrones, y pantalón algo largo.
-Imposible...- dijo la pelirosa, mientras se quedaba blanca como la pared. Aquel hombre no podía ser... había visto muchas cosas impresionantes pero eso...
-Te estaba esperando, Asmae Schaeffer- dijo el hombre, girándose despacio y viendo a la chica a los ojos. La mirada de aquel hombre era serena, amable, pero con la fuerza y determinación que solo había visto en sus compañeros guardianes.
-Sa-sabes mi nombre...- murmuró ella, mientras se acercaba. El hombre sonrió- Y seguro que tú conoces ya el mío- le dijo el hombre, mientras comenzaba a andar.
Asmae solo se limitó a seguirle hasta salir de la ciudad, lo cual no costó mucho ya que la ciudad no era muy grande, precisamente. Tras salir de los protectores muros de la ciudad, avanzaron por un camino pedregoso, rodeado de vegetación gracias a un hermoso río que discurría por las cercanías de la ciudad y que llenaba de vida aquella zona del desierto. Avanzaron en silencio hasta dejar a la gente que iba y venia bastante lejos, pues habáin seguido un camino bastante menos discurrido. Fue entonces que el hombre comenzó a hablar.
-Por si te lo preguntas, no, no soy Jesús, pero sí, se todo lo relacionado con Asmara, las gemas, vuestra pelea contra Zeros, y todas esas cosas- le dijo, mientras frenaban algo el ritmo. Asmae le miró con sorpresa.
-Por un momento pensé que lo serías- reconoció Asmae. El hombre sonrió- Yo no le conocí, pero sé que fue un buen hombre- le dijo, mientras el desconocido se sentaba en una roca, y Asmae a su lado tras una indicación de que así lo hiciera el otro.
-En ese caso, ¿quien eres?- le preguntó Asmae- Me llamo Samuel, soy el encargado de proteger lo que has venido a buscar- le respondió el hombre- ¿La espada de la fe?- le preguntó Asmae, a lo que Samuel asintió.
-Exacto, fue a mi quien se me confió esa misión, solo yo sé donde está guardada- le respondió Samuel. Asmae asintió- Me imagino que antes tendré que pasar alguna prueba- dijo la pelirosa.
-Pues claro, ahora te llevaré al lugar donde se desarrollará la prueba- le dijo Samuel, a lo que Asmae asintió.
Entonces, Samuel solo señaló a una cueva, cuya entrada se encontraba varios metros más adelante. Asmae fue a preguntarle si debía hacer algo especial en la cueva, pero el hombre ya había desaparecido de allí. Aunque lo buscó con la mirada en las cercanías no encontró al extraño personaje, por ello, decidió seguir la única señal que tenía y entró a la cueva, deseando que fuera allí donde debía estar. La cueva era una al uso, no había nada raro en ella. Estaba a medio tapar por una enorme piedra que a ella no le costó demasiado mover, y en su interior, no muy grande por cierto, se encontraba una manta blanca tirada en el suelo con algo de incienso al lado que ya hacía mucho que había dejado de emitir el agradable olor que poseía. Aparte de eso, en la cueva no había nada más fuera de lo normal. O al menos eso notaría alguien que no podía sentir energía. Y es que Asmae notaba una energía que, si bien estaba diluida, se notaba a la perfección que debía de ser de alguna cosa realmente poderosa. También notaba que aquella sala estaba exageradamente limpia de cualquier impureza energética, como si algo la hubiera limpiado. Y olía a helio. O al menos lo que las gemelas de Gallifrey aseguran que es a lo que huele el helio, que resulta ser el mismo olor que el de la pintura.
-Esto es raro...- comentó ella, recogiendo la manta del suelo con delicadeza. Estaba totalmente limpia pese a estar en el suelo de tierra, como si la hubieran preservado. Salvo ese detalle, era una manta más, como la que cualquiera hubiera podido comprar en una tienda de muebles del hogar.
De pronto, oyó como la pared cercana se partía, como si algo la hubiera roto, más la estructura de la cueva no parecía ceder por esa situación. Ella ya sabía por experiencia propia que ese tipo de cosas no pasaban por casualidad en sus misiones, menos si conducían a un pasadizo subterráneo como era el caso. Asmae entonces decidió bajar por los escalones para ver a donde conducían, probablemente a una gruta. La gruta no estaba demasiado iluminada, apenas contaban con unas pocas antorchas, pero era lo suficiente como al menos poder ver si contaban con unos sentidos desarrollados como era el caso de ella. Una vez que bajó los escalones completamente, llegó a un corredor bastante estrecho por el que apenas podía pasar un adulto, pero siendo ella una adolescente más o menos podía entrar. Anduvo por el corredor en línea recta durante unos doscientos metros fácilmente, hasta que vio al fondo una luz que le indicaba la salida. Para intentar evitar caer en una posible trampa ella no corrió demasiado, pero era poco probable que eso pasara ya que no había habido en los doscientos metros anteriores. Cuando se aproximó a la entrada, y para evitar cegarse con el exceso de luz, esperó unos segundos, y salió al exterior. Una vez fuera, y una vez que parpadeó varias veces para que sus pupilas se adaptaran, logró ver su entorno mejor, y sonrió. Era un entorno bastante bonito, un lago de agua cristalina, con césped rodeando el mismo y varias palmeras salpicando el fondo de aquel paraje. Asmae se acercó al agua y la tocó con delicadeza, era muy bonito, pensó.
-Es hermoso, ¿verdad?- oyó detrás de ella. Asmae se levantó curiosa, no había notado ningún tipo de energía aparecer. Observó a la persona que tenía delante. Era una mujer de pelo verde algo largo y ojos pardos, su piel bronceada y su nariz cincelada demostraba su ascendencia griega, muy lejos de los típicos rostros hebreos. Sus ropas también eran diferentes, pues llevaba las mismas prendas que ellos solían ponerse para entrenar, es decir, camisa corta con sandalias marrones con una franja de su respectivo color en una de las mangas, y pantalón corto.
-Si que lo es... ¿Quien eres?- le preguntó Asmae- Me llamo Alena, soy la antigua guardiana de la fe, y por tanto tu predecesora- dijo, mientras se acercaba despacio hacia el agua y se sentaba cerca de la orilla.
-Me imagino que estarás proyectando parte de tu esencia contenida en la gema que estoy portando, como otros predecesores hicieron antes- comentó Asmae, a lo que Alena asintió.
-Exacto, y vengo a ver si ya estas preparada- le dijo, mientras invitaba a Asmae a sentarse. Ella le miró con curiosidad, pero siguió la indicación de Alena.
Alena se colocó en posición de loto, y delante de ella Asmae, quien observó a la mayor con curiosidad. La mayor comenzó entonces a subir su energía cada vez más, pero iba poco a poco. Asmae, por su parte, intentaba seguir el ritmo, aunque era algo complicado debido a la mayor experiencia de Alena. Llegado un punto, la mayor mantuvo la energía estable en un determinado punto, y extendió la palma de su mano, dejando la misma mirando al cielo. Asmae entonces la imitó, a la espera de lo que fuera a hacer la mayor. Entonces, en la palma de Alena se comenzó a concentrar de pronto bastante energía, y comenzó la misma a formar una figura, que resultó ser un arma, una lanza. Asmae la logró imitar segundos después, tras lo cual ambas se levantaron.
-¿Quien te enseñó a controlar la energía así?- le preguntó simplemente Alena-Sobretodo un caballero dorado de la diosa Atenea- le respondió. Alena le miró con curiosidad- ¿Unos que viven en otro paralelo?- preguntó Alena.
Asmae asintió- Sí, esos mismos. Jamily les pidió entrenar con ellos- le respondió la pelirosa. Alena asintió.
-Lanza contra mi esa lanza de energía, por favor- le pidió entonces la mayor. Asmae asintió, y envió el proyectil energético contra la peliverde.
Antes de impactar, la lanza que ella misma había creado se iluminó de pronto y se formó en su antebrazo un escudo que detuvo sin demasiados problemas la lanza de energía de Asmae. Entonces, el escudo se iluminó de nuevo cuando paró el movimiento, y se transformó en una espada. Entonces, Alena atacó con la misma a Asmae, quien se sorprendió bastante de la capacidad de aquella arma de cambiar, pero logró detener el filo de la espada con las dos manos antes de que impactara en ella. Tras eso, pateó a Alena, quien encajó el golpe en el estomago con facilidad, y una vez que se despegó de Asmae, le lanzó una esfera de energía, la cual fue detenida por Asmae con la mano.
-No esta nada mal...- comentó Alena, haciendo desaparecer la espada en un destello de luz- Ahora veamos si me puedes seguir el ritmo- comentó, mientras en sus alas se formaban unas sandalias de color oro y comenzaba a correr a toda velocidad.
Asmae tuvo que esforzarse para poder alcanzarla. Sí, la peliverde corría en línea recta y por una planicie por lo que no había obstáculos que esquivar, pero la velocidad que llevaba era impresionante, lejos de la velocidad de la luz, pero altísima igualmente. Alena sonrió cuando la vio acercarse de reojo por el lado derecho, la menor era buena, se dijo. Si la estaba alcanzando era por que se había mantenido a una velocidad constante, por eso la otra pudo cogerla. Le llevó unos minutos, pero ahí estaba. Para ver su reacción, decidió lanzar a Asmae una esfera de energía, la cual fue esquivada por la pelirosa, quien se defendió lanzando ella misma su propia energía contra la mayor. Esta se colocó de frente a Asmae, deteniendo el ataque al colocar sus brazos en forma de X, pero sin llegar a frenarse del todo en el aire. Asmae le fue a dar un puñetazo, pero la mayor lo paró con una mano, y fue ella misma a darle otro puñetazo, pero este acabó con el mismo resultado, quedando así empatadas. El desempate llegó cuando Asmae le dio un cabezazo a Alena, quien se retiró ligeramente por del dolor, dándole así la oportunidad a la pelirosa de atacar con todo lo que tenía, dando así inicio a una bella danza de patadas y puñetazos entre ambas mujeres, no estando ninguna claramente por encima de la otra.
-¡Trueno atómico!- gritó Asmae, mientras lanzaba cientos de haces de luz a velocidad de la luz. Alena no vio venir el ataque, y apenas pudo esquivar unos pocos, el resto impactaron sin misericordia en su cuerpo, lanzando a la mayor contra el suelo.
Asmae entonces se detuvo bastante cerca de Alena, quien se levantó del suelo, mientras se quitaba el polvo del cuerpo. Asmae comprobó que el cuerpo de la peliverde estaba ligeramente magullado, pero nada que una noche no fuera a reparar. Sonrió, su predecesora era realmente fuerte. Antes de que pudiera hacer nada, Alena dio un salto en el aire, elevándose un par de metros en el aire. Asmae comprobó impresionada que en su espalda se habían formado un par de alas hechas de energía. Ella había visto volar a algunos de sus compañeros, e incluso a su hermana usando esa misma técnica, pero ella jamás lo había intentado.
-¿Que pasa, no sabes volar?- le preguntó, divertida, Alena.
Asmae gruñó, recordaba más o menos la explicación que su hermana le dio un par de semanas antes. Para lograrlo, tenía que concentrarse la energía en la espalda, e imaginar que se formaban alas en la misma. Pero una cosa era decirlo y otra muy distinta hacerlo, pues se necesitaba bastante concentración, y para que las alas fueran utilizables debían tener un mínimo de consistencia, para lo cual había que mantener bastante la concentración. Y pocas cosas le costaba más a Asmae que mantener la concentración en una misma cosa durante mucho rato. Pero antes de poder proceder a crear sus propias alas, Alena ya había bajado hasta el suelo.
-Lo de las alas es en realidad innecesario, teniendo en cuenta que puedes lanzar la energía como tu lo haces, y sabiendo hacer uso de esa misma energía de forma inteligente y para ayudar, es más que suficiente- le dijo Alena, antes de que Asmae pudiera formular cualquier pregunta.
-Gracias, Alena- le dijo la pelirosa, contenta, mientras sonreía. Alena entonces comenzó a andar en dirección de nuevo al lago- Volvamos al lago de donde salimos- le dijo, mientras generaba un portal delante de ellas. Con rapidez, cruzaron el mismo.
Segundos más tarde, aparecieron de nuevo en el lugar del que partieron. Asmae observó como Alena entraba en la cueva de nuevo, así que decidió seguirla, sin saber muy bien que iba a pasar a continuación. Anduvieron en silencio por el corredor, pero al llegar a un punto determinado, Alena se detuvo, se giró, y miró a Asmae. Esta se detuvo en seco, pero estuvo a punto de chocar con la mayor.
-¿Que haremos ahora?- le preguntó. Antes de responder, Alena desapareció en un haz brillante, aunque le dedicó una sonrisa a Asmae y un guiño con el ojo.
Segundos más tarde, la mayor había desaparecido, su energía también había desaparecido, así que Asmae supuso que la mayor había vuelto al plano del que vino. Asmae decidió, que, ya que iban en esa dirección, la seguiría hasta salir de la cueva. No camino ni veinte metros cuando en medio del corredor vio una figura cruzada de brazos. Resultaba ser un hombre enorme, de piel castaña, pero por la escasa luz apenas se podía ver su rostro o pelo. Asmae frunció el ceño, no sentía venir ningún tipo de energía de aquella persona. Todos contaban con una energía que emana de su interior, algunas más fuertes que otras, pero siempre emanaba algo, todos los seres vivos compartían esa peculiaridad. En cambio aquel hombre... Asmae decidió seguir caminando de frente, obviando la presencia del individuo. Justo cuando llegó a donde estaba el hombre, este desapareció sin más. Asmae sonrió, era solo una visión, por lo que decidió seguir andando.
-Al fin la salida- comentó Asmae, saliendo de allí. Contempló la cueva una vez más, esta estaba tal cual ella entró, por lo que decidió salir, sin saber muy bien que había que hacer ahora.
Al salir de la cueva, comprobó que el camino, previamente vacío, se encontraba en ese momento bastante transitado, aunque la gente iba y venía en ambas direcciones. Suspiró, no había nada que le pudiera indicar por donde debía ir. O eso pensaba ella hasta que notó un pico de energía en la ciudad, concretamente en el palacio del gobernador. La chica decidió investigar aquello, por sus amigos sabía que ese tipo de situaciones eran las que les había llevado a obtener sus armas. Probablemente lo que hizo con Alena había hecho que se despertara. Bajó por el pequeño camino que llevó a la cueva, y se dirigió por el camino procurando ir lo más deprisa posible. Poco después entró por la puerta de la ciudad, y se dirigió hacia el palacio del gobernador romano. Durante el trayecto se fijó en que había varios grupos de soldados romanos ataviados con sus armaduras y armas completas, pero por el calor se veía que tenían la indumentaria de verano. Asmae también notó que a medida que se internaba en la ciudad, el nivel de vida iba aumentando, pues las casas a la entrada eran de menor nivel económico, eran casas bajas de ladrillos y con techos de madera, aunque conforme iba hacia el interior de la ciudad las casas aumentaban de tamaño y de nivel social, así como los propios viandantes de las calles. Al principio eran campesinos, granjeros, agricultores y algún que otro pescadero que traía los peces recién sacados del río cercano. Pero a medida que iba andando, las gentes pasaban de ser eso a ser hombres y mujeres mejor vestidos, con royos de papel bajo el brazo en vez de gallinas o cestas de comida, y joyas en vez de colgantes de madera o cobre. También cruzo durante el trayecto la plaza en la que había aparecido al principio, aunque no había tanta gente como al principio, aunque el mercado seguí a rebosar de gente, como siempre. Asmae no se paró a ver los puestos, aunque ganas no le faltaron, ya que había visto varios posibles regalos para sus amigos. Pero decidió concentrarse, y poco después ya estaba ante el palacio del gobernador. Era un palacio no demasiado grande de mármol blanco, contaba con unas escaleras de entrada, y a los lados la puerta estaba custodiada por dos soldados romanos y las estatuas de divinidades romanas. Los laterales tenían varios ventanales en cada lado, y el techo era bastante parecido al de un templo, solo que en el centro, en la parte más elevada del palacio era una bóveda, no un tejado al uso. El resto del techo estaba formado por tejas rojas.
-¿Por donde podré entrar...?- se preguntó, mientras comenzaba a darle vueltas al palacio.
Este estaba situado en lo alto de la colina, en un extremo de la ciudad, concretamente el extremo sur, por eso fue tan fácil encontrarlo. Además, pudo pasar desapercibida por la frondosidad de la vegetación colindante. Durante la vuelta que dio, se fijo en que la entrada de servicio se encontraba en un lado bastante alejado de la zona principal, y sin vigilancia aparente, al contrario que la entrada principal, que estaba bastante defendida.
-Me colaré por aquí- dijo ella, mientras abría sin demasiados problemas la puerta que había encontrado.
Se encontró en una cocina algo grande, con un par de fuegos encendidos y encima de los mismos sendos calderos hirviendo, y en la mesa central varios alimentos ya partidos, como verduras y carnes. Asmae pasó rápidamente por allí, aunque tuvo que acallar a sus tripas, que rugieron al olor de la deliciosa comida. Una vez que salió de la cocina, entró a un pasillo algo largo sin casi puertas que dieran a otras estancias. Recorrió el pasillo, hasta que se encontró con ella una señora algo bajita, con el pelo recogido en un moño y ropa algo grasienta y vieja. Su piel tostada y su pelo oscuro estaba recubierta por pequeñas gotas de sudor.
-¡Tu debes de ser la nueva!- dijo, sonriendo, y mirando a Asmae- ¡Venga, vamos a la cocina que el señor gobernador tiene muchos invitados hoy y estoy que no doy a basto!- le dijo, mientras la agarraba del antebrazo y se la llevaba de nuevo por donde había venido.
Asmae no pudo hacer mucho para evitarlo, y entraron a la cocina de nuevo. La cocinera la colocó en la mesa a cortar verdura, mientras la mujer, cuyo nombre aún no conocía, se dedicaba a partir la carne.
-Dime niña, ¿como te llamas?- le dijo la mayor, mientras cortaba la carne y la colocaba en la olla humeante- Asmae, ¿y tu?- le preguntó, intentando cortar lo más rápido que podía.
-Me llamo Esther, encantada- le dijo la mujer, sonriendo a la más joven. Asmae le devolvió el gesto- ¡Anda, deja que lo haga yo que te acabarás cortando, ve y llevale al señor gobernador la comida!- le dijo, mientras le arrebataba el cuchillo de la mano y le indicaba que comida llevar.
Asmae vio un carrito de madera con varios platos de comida colocados encima, y lo empezó a empujar, cuando se dio cuenta de que no sabía donde ir, cosa que Esther notó- ¡Quinta puerta a la izquierda, cuando dejes la comida a los otros criados vuelves corriendo que te de más!- le dijo Esther, al ver que la más joven no sabía muy bien que hacer.
Asmae entonces salio con la comida en dirección a donde se debía de estar desarrollando la cena. La chica se fijo en las puertas por si encontraba la espada de la fe, a ver si lograba encontrarla antes. Pero no hubo suerte, no parecía estar allí, o al menos no la veía. Al final llegó a donde le habían indicado, y entró a la sala. Vio a los camareros ir de aquí a allá a toda prisa, con platos por todas partes vacíos y otros sucios por la comida recién tomada. También vio al fondo varios hombres y mujeres acostados en sendas tumbonas con mesas a sus lados con copas de vino y comida en abundancia. Un camarero la vio y se le acercó.
-¿Esta es la comida para el señor gobernador?- le preguntó, a lo que Asmae asintió. Antes de poder decir nada, entre tres camareros cogieron los platos y los colocaron en una mesa algunos y otros se los llevaron.
Asmae iba a salir cuando se fijó en un pequeño detalle: en una de las paredes vio una espada que emitía una energía idéntica a la que un par de horas antes había notado el pico de energía. Sonrió, la había encontrado. Ahora lo que debía hacer era recuperar la espada, lo que no sabía muy bien era el como. Se preparó para dar el golpe, debía ser rápida para evitar que la pillaran, por lo que cogió un plato y se dirigió al salón para recuperar el arma...
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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Tengo una consulta que haceros, ¿queréis que la continuación de guardianes siga en este fic, o preferís que cree una nueva historia para esa continuación? Podeis responder por review o contestando esta misma pregunta en una encuesta que haré en mi perfil. Muchos abrazos, y que paséis un buen verano!
