Código: Guardianes
Capítulo 72
Asmae iba a salir cuando se fijó en un pequeño detalle: en una de las paredes vio una espada que emitía una energía idéntica a la que un par de horas antes había notado el pico de energía. Sonrió, la había encontrado. Ahora lo que debía hacer era recuperar la espada, lo que no sabía muy bien era el como. Se preparó para dar el golpe, debía ser rápida para evitar que la pillaran, por lo que cogió un plato y se dirigió al salón para recuperar el arma. Cogió una bandeja con la comida, y se dedicó a observar que camino seguían el resto de camareros. Se dio cuenta de que dejaban la comida en las mesas laterales y rodeaban los bancos por fuera, sin interponerse en ningún momento en la vista de los comensales, por lo que ella, si era rápida, podría recuperar la espada con facilidad, pero usar la velocidad de la luz podría ser bastante peligroso en una distancia tan pequeña, pues ella aún no la controlaba del todo. Aún así estaba dispuesta a intentarlo, por lo que, cuando los camareros hubieron salido del salón, ella ingresó al mismo, procurando ser lo más natural posible. Estaba a punto de dejar la bandeja en una de las mesas cuando la mujer que estaba tumbada en la tumbona se levantó de pronto, chocando contra la bandeja y haciendo que el contenido de la misma se derramara por todos lados, inclusive en las ropas de la mujer.
-¡L-Lo siento!- dijo Asmae, intentando arreglar aquel estropicio. La mujer estaba sorprendentemente tranquila para lo que acababa de pasar, más siendo la época, y teniendo en cuenta que ella solo era una criada, o al menos estaba interpretando ese papel.
-Espero que tengas el dinero para pagarme un vestido nuevo- dijo la mujer, suavemente, mirando a la pelirosa con una sonrisa maliciosa. Asmae tuvo que pararse a contemplar el vestido. Y se le bajó la sangre a los pies. Ese vestido en época moderna podía ser fácilmente una prenda cara de una tienda ya de por sí cara, y de una línea de ropa bastante exclusiva.
-No creo, señora- respondió Asmae. La mujer la miró con una sonrisa sórdida- En ese caso pagarás el vestido con tu sueldo.. ¡Ay no, que no cobras nada, eres solo una esclava!- dijo, riéndose por el chiste. Algunos de sus amistades se rieron también, y, con un chasquido de dedos, se llevaron a Asmae un par de hombres fornidos que la pelirosa no sabía muy bien de donde habían salido, y se la llevaron al hombro como si fuera una muñeca de trapo.
-¡¿A donde me lleváis?!- chilló la chica, sin entender a que venía todo eso. En realidad en el fondo lo entendía, pero esperaba que no fuera lo que estaba pensando.
-A castigarte, por supuesto- dijo uno de los hombres- La señora decidirá cual será tu castigo, pero dudo que sea benevolente. Le has destrozado su mejor traje de gala- dijo el otro, el que la portaba.
-¿Cuantos latigazos me darán?- preguntó algo hastiada Asmae. Los dos hombres se miraron- No serán latigazos tu condena, seguramente- dijo el que la llevaba al hombro. La dejó en una celda en la parte baja de la casa tras caminar durante varios minutos en total silencio tras decir aquella última frase. Y Asmae estaba bastante nerviosa por su posible castigo. Si no eran latigazos, ¿que sería? Se preguntó.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Mientras esto pasaba en las celdas de la villa en Jerusalén, de vuelta a la época presente, el grupo había decidido ir al centro comercial, ya que tenían prohibido ir a ayudar a su amiga. Habían decidido ir allí a pasar el día para entretenerse con algo, ya que ir al bosque acabaría por hacer que Yumi se pusiera en modo guardabosques y comenzara a contarles cientos de datos, para ella interesantes pero para el resto algo aburridos, sobre las plantas y flores que fueran a ver. Lo mismo pasaría con Odd si iban al zoo. O con Jeremy si iban a unas termas que había cerca de allí. Por eso fueron allí. Se habían dividido en varios grupos para estar en el centro comercial, cada uno con sus propias aficiones. En ese cas, la propia Yumi había ido, acompañada de Aelita y de Electra, hasta una floristería bastante mona en el centro del centro comercial.
-¡Mirad que orquídea tan bonita!- decía Yumi, cogiendo la delicada planta aún en su maceta. Las chicas observaba a la japonesa con su energía ligeramente elevada, la cual reaccionaba casi instantáneamente con la chica.
-Si que lo es, Yumi- le dijo Aelita sonriendo. Mientras tanto, Electra estaba mirando las rosas, acariciando los pétalos de la misma, mientras murmuraba en voz bastante baja. Fue entonces que oyó unos gritos fuera. Y frunció el ceño.
-¿Hiroki?- murmuró, viendo al joven correr, acompañado de su mejor amigo, un chico castaño con pecas llamado Jhonny. Y detrás de ellos iban un grupo de chavales de más o menos la edad de Electra, con cara de malas intenciones.
Electra iba a avisar a Yumi para que esta interviniera, cuando notó que la energía de esta ya estaba actuando. Sabía que al lado del centro comercial había un parque, y seguramente sería allí donde actuaría. O eso pensaba Electra, ya que al rato vio que ambos chicos habían dejado atrás a aquellos matones. Electra sonrió, al menos se habían defendido ellos solos, ya que los otros estaban en las banquetas, con la boca todo lo abierta que podía e intentando coger cuanto más aire podían.
-Tranquila Yumi, tu hermano se sabe defender bastante bien- le dijo la rubia a su amiga, acercándose. Yumi se giró y la miró- ¿A que te refieres?- le preguntó, mientras seguía acariciando delicadamente un geranio que tenía cogido como si de un niño se tratara.
Electra alzó una ceja- Pensé que...- murmuró Electra, algo confundida- Es que Yumi no es capaz de ver más allá de las plantas cuando entra a un sitio como este, Electra- le dijo Aelita, riendose por la cara de sus dos buenas amigas.
-Bueno, ya da igual, tu hermano y Jhonny están bien. Es que les estaban persiguiendo unos matones- le dijo Electra. La japonesa buscó a su hermano con la mirada, y sonrió al verles entrar a la sala de videojuegos. Esa era buena señal, se dijo.
-¿Nos vamos a buscar a los chicos?- preguntó Aelita, mientras se iba a la puerta- Si, venga, lo que no se donde estarán- les dijo Yumi.
Y con eso, buscaron a sus compañeros por el centro comercial, así como a sus amigas, para así estar un poco más juntos en un grupo, se quedarían con el primero que encontraran.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Minutos después de ser dejada en los calabozos, Asmae observó que había movimiento en los mismos, pues podía ver como hombres y mujeres iban de aquí para allá con diversas cosas en sus manos, desde cubos con agua, a alfalfa, pasando por mantas y baúles cerrados de madera que eran transportados por un par de hombres altos como torres. Entonces, uno de los hombres que la llevó hasta allí abrió la celda en la que ella estaba metida, y le pidió que saliera. Ella obedeció, se levantó, y siguió al enorme tipo hasta el exterior, donde aguardaba un carromato con una celda de hierro tirado por un par de caballos. A Asmae aquello le daba mala espina, aquella era una cárcel portátil, y seguramente ella iba a ser la presa que iban a trasladar. La cuestión era a donde la llevaban, ya que, si tenían unos calabozos en la parte baja de la casa, no tenía sentído llevarla a otro sotio. A no ser que...
-Espero que tu carne le guste a las fieras del circo, niña- le dijo el hombre, ayudándola a subir. La chica le miró, mientras la sangre se le bajaba a los pies.
-¿Me tendré que enfrentar a...?- dijo, algo asustada. El otro no respondió, simplemente se limitó a asentir- La señora es bastante estricta con sus normas, y me temo que bastante cruel con los castigos- dijo, al rato.
-Ya lo veo, si...- comentó la chica, mientras el carromato empezaba a moverse, en dirección al circo de la ciudad. Asmae tuvo que colocarse de espaldas contra la parte que daba al madero que cubría parte de la celda en la que ella estaba metida, pues de esta manera estaba más cómoda ya que la paja que cubría el suelo de la celda estaba amontonado en ese punto.
El trayecto fue algo largo ya que la casa se encontraba en la otra punta de la ciudad. Durante el mismo, Asmae pudo comprobar que la gente de vez en cuando se giraba a mirarla, algunos con curiosidad y otros con algo de asco. Lógico, pensó ella, ya que los esclavos en Roma eran considerados como objetos, sin derecho a nada. Alguno incluso se atrevió a lanzar alguna piedra pequeña contra ella, o tomates, o lo primero que pillaran. Todos aquellos proyectiles eran esquivados con facilidad por Asmae, aunque si lo mirabas desde fuera parecía que eran los lanzadores los que erraban en la puntería más que fuera ella la que esquivara los golpes. Minutos más tarde, llegaron al coliseo de Jerusalén, donde abrieron las puertas y entraron al enorme edificio de piedra. Entraron directamente a los calabozos del Coliseo, donde Asmae vio cientos de esclavos en sus respectivos lugares, y ya desde allí podía oler el intenso olor de las fieras que allí vivían. Los calabozos, por supuesto, carecían de cualquier comodidad salvo una cama de paja y un cubo de agua cuya salubridad era de dudosa calidad, y una pequeña, por no decir diminuta, ventana por la cual se podía colar un rayo de luz hasta el frío y oscuro interior. Tras salir del carromato, ella fue conducida a uno de los calabozos por uno de los guardias ya que el conductor del carro ya se había ido tras entrar al Coliseo, y, sin demasiado cuidado por parte de este, fue lanzada al interior. Cayó de bruces contra el suelo, pero se levantó rápidamente y miró al guardia desafiante. Este se rio escandalosamente y golpeó las rejas del calabozo con un hierro produciendo un potente ruido que no amedrentó a Asmae. Una vez que el guardia se hubo ido, ella se fijo en el interior del calabozo en el que se encontraba. Este no era muy distinto al resto, y hasta tenía en las paredes de piedras trazas blancas hechas con tizas, probablemente algún recluso. Entonces se fijo en que no estaba sola.
-Hola- saludó Asmae, acercándose a la figura. Se fijo en que la figura, al estar a la sombra, no se podía ver demasiado bien. Ella se sentó al otro lado del calabozo, pues la figura estaba en el lado derecho.
-¿Tu por qué estas aquí?- insistió Asmae, sentada ya, y mirando a la persona con la que compartía celda- ¿Que más da que te lo cuente, si igualmente morirás?- le preguntó la otra persona, por la voz un hombre, sin mucha emoción.
Asmae tragó saliva- Eso nunca se sabe- respondió Asmae. Oyó una risa por parte del otro.
-Esto es el circo niña, no el patio de recreos de tu casa. Aquí o matas o te matan, y tu no tienes pinta de haber cogido un arma en tu vida- le espetó el otro. Asmae frunció el ceño.
-Puede que te sorprenda lo que soy capaz de hacer- le dijo Asmae. El otro volvió a reír- Mi nombre es Valerio, esclavo desde que puedo recordar y gladiador desde que puedo sostener una espada- dijo, alzándose.
Asmae comprobó que apenas debía de tener quince años. Su piel estaba realmente tostada por el sol, su cabello castaño largo le llegaba a los hombros, y sus ojos oscuros como los de William parecían los de una fiera más que los de un ser humano.
-Yo me llamo Asmae- respondió la chica, sin dejarse impresionar por el chico. Se fijo en que, lejos de lo que las películas solían mostrar, aquel chico tenía los músculos fibrosos pero apenas voluminosos, en su época parecería más un atleta cualquiera que alguien que se dedicaba a pelear.
-Estoy aquí por mancharle el vestido a mi ama- dijo, molesta. Varelio la miró- Entonces debes de venir de la casa de la señora gobernadora- dijo el chico, a lo que Asmae asintió.
-Esa mujer va a quedar a esta ciudad sin esclavos...- comentó Varelio, con diversión. Asmae le miró con sorpresa- Pero eso no importa, probablemente esta noche cenaré solo, como siempre- dijo, sin mirar a la pelirosa.
-¿Crees que moriré hoy en la arena?- le preguntó ella, a lo que Varelio asintió- Ya sea peleando contra fieras, o contra otro gladiador, dudo que puedas sobrevivir- le respondió, con algo de dureza.
-¿Apostamos algo?- le incitó Asmae, mientras se colocaba a su lado, mirándole desafiante. Varelio se rio- Lo que tu quieras, Asmae, pero seguro que ganaré yo- le dijo- ¿Te parece bien la cena de hoy?- le dijo Asmae, a lo que Varelio aceptó, y se tomaron de las manos para sellar el pacto.
Momentos después, el carcelero llegó hasta donde estaban ellos- ¡Eh, tu, la pelirroja!- le gritó a Asmae- ¡En cinco minutos saldrás a la arena, te quiero lista para entonces!- la chica asintió ante el llamado, y se acercó a la puerta, la cual abrió el carcelero, y en cuanto ella salió, la peurta volvió a ser bloqueada por parte del carcelero para evitar la fuga del otro.
Asme fue conducida por un corredor flanqueado por varias decenas de pequeños calabozos donde se podían ver a los esclavos que allí vivían en unas condiciones cercanas a las que ella tenía cuando fue encerrada poco antes en el calabozo. También se fijo que cerca de la arena se encontraban las jaulas de las fieras, pues pudo ver a varios leones separados en jaulas individuales, así como panteras y un par de osos bastante imponentes para el común de los mortales. La hicieron parar a tan solo un metro de la salida, iluminada por el sol de fuera, aunque la puerta estaba totalmente abierta por lo que podía ver a la perfección el otro lado de la arena, y en la parte destinada al público pudo ver que las gradas estaba atestadas de gente. Desde luego el del circo era todo un espectaculo en la antigua Roma. Suspiró, debía de estar preparada para lo que fuera a venir.
-Saldrás cuando yo te lo indique- le ordenó el carcelero, a su lado. Asmae asintió, y fue entonces que vio entrar al corredor a un par de hombres cargando con un par de camillas donde estaban tumbados dos hombres muertos, con unas enormes heridas en su pecho, producidas sin duda alguna por una bestia realmente grande. Asmae tragó saliva, seguramente tendría que enfrentarse contra lo que quiera que había matado a esos hombres. Intentó buscar con la mirada al animal, y vio un león, una hembra. Luego otra, y pocos segundos después, vio aparecer por el lateral a un enorme león macho.
-Tienes suertes, los leones son rápidos matando- dijo simplemente el carcelero, mientras se ajustaba el cinturón. Asmae tuvo un fuerte escalofrió recorriendo su columna.
-¿Seré libre si sobrevivo a ellos?- le preguntó ella. El carcelero se rio- Si logras tal hazaña, niña, seguramente si- le respondió- ¡Ahora ve y muerete lo más tarde que puedas, tengo que preparar al campeón para que luche contra esos bichos lo más tarde posible!- le dijo el hombre, mientras la empujaba por la espalda con una mano contra la arena, no sin antes darle una ridícula espada y un escudo que seguramente había pasado por más manos de las que nadie podría reconocer.
Asmae salio entonces a la arena, acompañado del griterío de todos los presentes, aunque aún así pudo oír perfectamente como la puerta detrás de ella se cerraba para evitar percances. La gente parecía corear a Asmae para que se enfrentara a las imponentes bestias. Dos leonas y un león, si Odd estuviera presente serían lindos gatitos, pero ahora... no sabía hasta que punto la influencia de cualquiera de ellos podía llegar a abarcar, pero no estaba dispuesta a comprobarlo. Además, debía de lograrlo sin ayuda de nadie, ella sola debía de alcanzar el triunfo. Se armó de valor, y corrió hacia el primero de los leones que vio, que resultó ser el único macho. Este rugió con fuerza y se abalanzó sobre Asmae, quien dio una voltereta para esquivar el envite del animal, y le atacó con la espada. El león, de un zarpazo, se la arrancó de las manos, y de otro zarpazo, destrozo el endeble escudo que tenía entre las manos. Asmae gruño, eso se estaba complicando. De un salto, el enorme felino se abalanzó sobre ella, intentando morderla con sus enormes colmillos, pero ella había logrado pararle usando las piernas, colocando los pies en la panza del animal. Con un grito, lanzó al león, de mas de trescientos kilos de peso, por los aires hasta tirarlo a varios metros lejos de ella. En aquel momento la multitud se calló y el silencio reinó en el coliseo. Solo fue roto por el rugido de los leones, quienes se abalanzaron los tres a la vez contra la chica con las garras totalmente sacadas y con la intención de clavárselas a Asmae. Pero esta, con rapidez, les esquivó, y le propino un potente golpe a una de las leonas en el hocico, donde más les dolía. Despues, agarró a la otra de una de las patas y le aplicó un movimiento de karate, haciendo que cayera de espaldas contra el suelo. Los animales, pese al aturdimiento, siguieron atacando a Asmae, pero esta les acabó asustando cuando elevó por unos instantes su energía. Odd le había dicho que los animales podían sentir mejor la energía proveniente de otros seres vivos que los seres humanos, y que estos eran capaces de reconocer a los guardianes si estos demostraban que lo eran. Evidentemente a Odd cualquier animal le reconocía como su protector, pero cualquier otro guardián tendría que elevar su energía para que los animales les reconocieran como tal. Y en momentos como ese era esencial hacer eso. Cuando vieron que los leones trataban a Asmae como si fuera otro de ellos y hasta lamían su mano y se quedaban a un lado, tumbados como si fueran simples gatitos de compañía más que poderosos leones, la multitud enloqueció ante lo que se consideraría un milagro.
-¡Libre! ¡Libre! ¡Libre!- gritaban casi todos los asistentes, en pie, y aplaudiendo ante la proeza. Asmae estaba ligeramente sudada por el radiante sol y el calor que ya comenzaba a hacerse notar, pero eso no impidió que saludara a las gradas y con una ligera sonrisa. Todos se callaron cuando el gobernador de la ciudad se levantó de su tribuna. Asmae le reconoció ya que era uno de los hombres a los que había servido en la mesa tan solo unas horas antes.
-¡Esta joven ha demostrado una gran valía, y su recompensa será una lucha a muerte contra el campeón!- dijo, con una ligera admiración en la voz. Asmae suspiró, seguramente el programa era ese, el que ganara en el combate contra los leones lucharía contra el campeón, y si nadie ganaba a los leones, serían los propios leones quienes lucharían contra ese campeón.
Segundos más tarde, la multitud comenzó a gritar el nombre de ese campeón. Y Asmae tuvo que bajar la cabeza a oirlo para no montar un espectáculo. El campeón era Varelio. Probablemente ese sería el último combate de cualquiera de ellos, lo más seguro que el de Varelio. Ella notó a la perfección que las puertas de entrada a la arena se abrían una vez más, en ese caso para darle entrada al joven. Asmae contempló a su contendiente. Llevaba un ligero peto de lo que parecía piel curtida, una espada de acero y un escudo de piel que seguramente provenía del mismo animal del que se sacó la piel que se usó para hacer el peto.
-Te dije que no vivirías para ver el anochecer- le dijo Varelio, acercándose lentamente. A la chica le fue entregado entonces un juego de espada y escudo similar al de su oponente, pero no le fue entregado ningún tipo de protector para su cuerpo.
-¿Lista?- le pregunto Varelio, colocándose en posición de ataque. Asmae le imitó, pero se sorprendió de que lograra sobrevivir tanto tiempo. Tenía aberturas por todos lados, se dijo. Ella había recibido un cursillo exprés para poder usar diversas armas de la gran mayoría de sus compañeros, y eso incluía el uso de la espada por parte de William y de Patrick. Por eso ella era bastante buena con el uso de la espada, aunque aquel chico... o tenía una muy buena técnica, o no se podía entender que ganara tanto si dejaba todo el flanco derecho casi sin protección.
Para no alargar aquello más de lo necesario, ella comenzó el ataque. Se lanzó contra Varelio con la espada en alto, dando un rápido corte. El chico no vio venir el ataque, pero no se amedrentó por el ataque de la chica y también comenzó a atacar, empezando así con un frenético baile de espadazos. Asmae podía ver con bastante facilidad las acometidas de Varelio. Lógico, ella era capaz de lanzar energía a la velocidad de la luz, y también moverse a esa velocidad aunque eso no lo solían hacer ya que era más rápido abrir un portal. Por su parte, el chico comenzaba a notar que la chica no estaba yendo con todo. Por eso, en un cruce de espadas, se le acercó ligeramente en plena pelea al bajar del todo las espadas.
-¿Por que no estas a tu cien por cien?- le preguntó, serio. Asmae no retiró la mirada de los ojos del muchacho que tenía delante- Si diera todo lo que tengo morirías- le aseguró Asmae. Varelio gruño.
-Me da igual eso- le dijo el chico- ¡Es una falta de respeto hacia tu contrincante no darlo todo en la lucha!- le espetó este.
Asmae entonces elevó su energía, y su cuerpo se vio envuelto por sus ropas de combate: una túnica de color dorado, con sandalias de color tierra en los pies y perneras doradas. Varelio ni se inmutó y siguió atacando, pero la velocidad de Asmae había aumentado muchísimo. Demasiado para él. Con facilidad le quitó la espada de la mano, y le golpeó con el escudo, tirandole al suelo. Varelio iba a levantarse, cuando sintió el filo de la espada de Asmae en su cuello.
El publico en ese momento prorrumpió en vitores hacia Asmae. El gobernador no se hizo esperar, así que se levantó, e indicó, con su dedo hacia abajo, que se debía ejecutar a Varelio. Pero Asmae no estaba dispuesta a matarle. Tiró su arma al suelo, y encaró al gobernador.
-¡Su muerte no es justa, gobernador!- le gritó Asmae. El gobernador frunció el ceño- ¡¿A quien te crees que le estas hablando, niña?!- le gritó- ¡Soy el gobernador de Jerusalén, Cornelio Augusto, y si yo digo que se le mate, tu obedeces!- gritó, furioso.
Asmae siguió en sus trece, y se cruzó de brazos- ¡Tendrás que matarme a mi también si quieres eso!- le respondió. El gobernador bajó la cabeza, pero la elevó de nuevo segundos después.
-Sea...- murmuró, más para si mismo que para otra persona- ¡Legionarios, matad a esos dos legionarios!- ordenó, y segundos más tarde, un grupo de legionarios, unos veinte, entró a la arena.
-¡¿Estas loca?! ¡No podremos los dos solos contra veinte legionarios, debiste matarme cuando el gobernador te lo ordenó!- le espetó Varelio, molesto. Asmae solo le tendió la mano.
Varelio se la tomó, ayudándose así para levantarse. Tras quitare ligeramente el polvo de la ropa, ambos adolescentes se prepararon para la contienda que les esperaba. Los legionarios avanzaron rápidamente hacia ellos, rodeando a ambos enseguida. Asmae y Varelio se coordinaron para estar espalda contra espalda y así que ninguno de los soldados romanos pudieran darles un traicionero golpe por la espalda. Así mismo, usaban las espadas para luchar contra varios legionarios, aunque en más de una ocasión se vieron obligados a golpearles con el escudo para así tirarles al suelo y poder centrar su atención en cuantos menos soldados mejor. Pero estaba bastante complicado, pues eran diez veces más que ellos, esa pelea estaba despareja, notó Asmae. A pesar de que lograba hacerles cortes en las piernas que impedían a los soldados seguir atacando, para ella no era demasiado problema ya que gracias a sus poderes no iba a recibir demasiados daños, pero otra cosa era Varelio. Se le notaba cansado, llevaba respirando sobretodo con la boca abierta desde hacía bastante tiempo, y el sudor recubría todo su cuerpo. Además, observó alarmada que una herida hacía que de su brazo botara una herida que, si no era atendida pronto aquella herida podía infectarse y ser bastante grave.
-¡No decaigas, Varelio!- le pidió ella, mientras atacaba a otro soldado romano. Más Varelio no respondió, solo se desplomó contra el suelo. En ese punto Asmae decidió que debía de hacer algo. No podía permitir que el muriera allí, así que elevó su energía. Un plasma relampago debía de valer para derrotar a todos los soldados sin demasiados problemas.
Pero cuando iba a lanzar el ataque, el cual ya lo tenía preparado, vio como, de pronto, todo se había congelado. Eso era muy raro, ella aún se podía mover a la perfección, más no el resto. Se dio cuenta de que en el cielo se elevaba una columna de luz que se alzaba más allá de las nubes.
-Esa debe ser mi señal- comentó la chica, mientras elevaba su energía y, de un salto, se encaramaba por encima de las gradas. Una vez que bajó a la calle de nuevo, comenzó a correr a toda velocidad, dejando detrás de ella una estela dorada, esquivando a los peatones y zigzag-zageando entre los mismos con agilidad. En apenas un minuto había recorrido toda la ciudad, y se encontraba de nuevo a las afueras. Estaba claro que aquello debía de significar algo, porque la luz salía del mismo punto de donde había tenido su encontronazo contra su predecesora.
-¡Me alegra verte de nuevo!- oyó a una voz, la cual reconoció como la de...- ¡Samuel!- le dijo ella, acercándose hacia él.
-¿Donde estabas?- le preguntó ella. El hombre asintió- Me alegro ver que estas bien y que has superado las pruebas- le dijo el hombre, mientras se giraba y comenzaba a andar.
-¿E-estabas mirando?- le preguntó la chica, a lo que Samuel asintió- Algo así, si- le dijo Samuel.
Ella le siguió obediente. Fueron de nuevo a la cueva en la que ella había estado unas horas antes. Estaba bastante interesada por ese sitio y por todo lo acontecido en Jerusalén, pero aquello de que el tiempo de pronto se detuviera para todos excepto para ella y para ese misterioso Samuel. Ella se iba a girar para preguntarle que era lo que pasaba cuando este había vuelto a desaparecer. No le veía por ningún lado, y eso hizo que ella gruñera.
-La próxima vez que le vea le pondré un cascabel en la muñeca...- murmuró, sin saber en ese momento que era lo que debía hacer.
Se fijo entonces que una tenue luz salía del corredor que había recorrido antes. Pero eso era imposible, ya que la salida al exterior que tenía aquel corredor estaba demasiado lejos como para que la luz del sol llegara hasta allí. Pero eso no era todo, pues la luz que emanaba de aquella salida era dorada en vez de la luz blanca típica del sol. Y Asmae estaba bastante segura de que las paredes de aquel corredor eran de piedra y no tenían ningún tipo de recubrimiento de oro.
-Esto se está haciendo cada vez más extraño...- se dijo ella. Entonces, se internó por el corredor por el que había entrado antes. Más en aquella ocasión el corredor era bien distinto. Las paredes, antes de piedra desnuda, ahora estaban bellamente decoradas por baldosines de mármol blanco en los cuales había talladas hermosas figuras. Así mismo, en el suelo en vez de tierra lo que había eran baldosas de mármol color tierra que hacía parecer que el suelo era de tierra, pero solo era un efecto óptico. El corredor estaba bastante iluminado a pesar de no tener ni una sola antorcha en todo el corredor, por lo que Asmae no sabia muy bien de donde venía aquella luz. Avanzó a paso lento por el pasillo, no quería sorpresas, como había pasado antes. Pese a eso, sí que hubo una sorpresa, y es ver al fondo del pasillo, tras recorrer varias decenas de metros. En vez de dar al exterior de la cueva, daba a otra sala.
-Impresionante...- murmuró ella, impactada, al entrar a la sala después de trotar los pocos metros que la separaban de la entrada. Se trataba de una sala circular, con el techo abovedado formando una cúpula perfectamente redonda. Del techo bajaban, desde el centro de la cúpula, cuatro arbotantes que terminaban en sendas columnas, decoradas con hojas de parra en el dintel de las mismas. Las paredes y todo el interior de la sala estaba, por tanto, libres de columnas. Y la verdad es que lo merecía. El suelo pasaba de ser mármol a ser una superficie en la cual se reflejaba a la perfección, pero no era cristal, su color dorado hacía recordar al oro, pero tampoco era oro. Las paredes de la sala estaban decoradas con las imágenes de en total trece personas, tanto hombres como mujeres, con lo que debían de ser sus nombres en la parte de abajo tallado en oro. Y reconoció varios. Ignis, Laura, Diana, Publio... y otros muchos que no conocía. Pero su vista rápidamente se fijo en el centro de la sala. En un bello pedestal de piedra se encontraba clavada en la misma piedra una espada realmente hermosa. Su empuñadura era de lo que parecía acero con oro, con decoraciones de líneas ondulantes en el mismo mango, Asmae podía jurar que estas se movían a lo largo del mismo mango. La hoja, por lo que se podía ver desde ahí, era de doble filo de, creía ella, acero, aunque eso se lo podía confirmar Percy cuando volviera. Se acercó a paso lento, podía sentir perfectamente la energía de aquella espada. Sus energías eran casi idénticas, así que, lentamente pero con firmeza, agarró el mango de la espada, y, conforme la hoja salía de la piedra, una potente luz iluminaba la sala y Asmae sentía una cálida energía envolverla. En cuando la hoja salió del todo, el destello de luz se incrementó, y Asmae pudo notar a la perfección como su cuerpo era envuelto en una armadura completa, como les pasaba a sus amigos. En cuanto pudo verla, la chica sonrió. La armadura era de color dorada, de cuerpo completo, con líneas decorativas de plata, con una capa blanca a la espalda. En sus tobillos, igualmente protegidos por unos escarpes, se podían ver pintadas unas pequeñas alas que decoraban los tobillos, y en las rodillas y codos contaba con unos protectores también dorados. La chica entonces se concentró, y la espada se hizo un halo de luz que fue directo a la gema, e inmediatamente en su gema, junto a las decoraciones en color blanco, se encontraba una espada tallada con tres líneas a cada lado de la espada, haciendo parecer que tenía un foco detrás.
-Hora de volver a casa- se dijo ella, mientras abría un portal en frente de ella y lo atravesaba, dejando la estancia vacía. Pero segundos más tarde, por el mismo sitio por el que entró Asmae, apareció Samuel. Al llegar a la piedra en la que estaba la espada, sonrió ligeramente, y desapareció de la sala sin dejar rastro alguno.
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
Asmae apareció en la Ermita, haciendo que los que estaban allí, que eran Atenea y Asmeya. En seguida llamaron al resto para poder felicitar a Asmae como se merece y que les contara que era lo que había pasado durante su aventura. En pocos minutos el grupo fue llegando, la primera Jamily ya que les había pedido expresamente que la avisaran en cuanto ella volviera para poder llamar a aquella persona. O al menos el grupo creía que llamaría a una persona. Jamily, entonces, sacó de una bolsita que llevaba en la cadera una flauta de color azul con la parte para soplar el aire de color rojo y varios agujeros para hacer sonar el instrumento. Entonces, comenzó a tocar una dulce melodía que resonó por todo el sitio, cosa curiosa ya que una flauta no debería de poder escucharse desde tan lejos. Segundos más tarde, en el cielo se formó un enorme portal de color durado, y se pudo oír el rugido de una bestia. Jamily entonces dejó de tocar y solo tendió su vista en el portal. Los chicos, expectantes, miraron al portal, preguntándose que saldría de allí...
( ) ( ) ( ) ( ) ( )
300 gracias por todos los reviews que tiene esta historia, sin vosotros no sería lo mismo ^^
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
Tengo una consulta que haceros, ¿queréis que la continuación de guardianes siga en este fic, o preferís que cree una nueva historia para esa continuación? Podeis responder por review o contestando esta misma pregunta en una encuesta que haré en mi perfil.
Muchos abrazos, y que paséis un buen verano! muchos ánimos a nuestros amigos venezolanos que tan mal lo están pasando, que a pesar de todo son los segundos que más leen este fic!
