Disclaimer: Los personajes y el mundo mágico son propiedad de J.K. Rowling. La trama y gran parte de los sucesos, son propiedad de mi imaginación.

Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.

Categoría: Primera Guerra Mágica


Prompt: Recuerdo

Palabras: 479


RECUERDO

Se apoyó en una pared, absolutamente agotada mientras los demás comenzaban a intercambiar las distintas anécdotas que involucraban sus recientes capturas de mortífagos.

Las primeras horas del mes de Noviembre habían sido eternas, frenéticas y angustiosas.

Tras la caída del Señor Tenebroso, aurores y quienes quedaban de la Orden del Fénix, habían salido a capturar a todos los mortífagos que pudieran, muchos habían sido enviados inmediatamente a Azkaban y otros estaban en los calabozos del Ministerio a la espera de un juicio.

—Emmeline, ven, tenemos que celebrar. —La llamó Sturgis.

¿Celebrar? ¿Cómo era posible que quisieran celebrar?

Menos de la mitad de los que alguna vez habían estado reunidos allí, habían muerto. Un niño acababa de quedar huérfano, uno de los suyos era un traidor, los Longbottom estaban condenados a pasar sus días en San Mungo, Fabian y Gideon no volverían a llenar con su alegría los silencios tensos, tampoco Sirius o James, Marlene había muerto junto a su familia, al igual que los Bones, y todas aquellas otras familias de muggles y mestizos.

No había nada que celebrar.

—Estoy agotada. —Comenzó a caminar buscando su abrigo. —Iré a descansar, nos vemos más tarde en el Ministerio.

Para cuando estuvo en casa, sus ojos ya estaban nublados por las lágrimas, llegó a su dormitorio dando tumbos y con las lágrimas cayendo por su rostro, se asió a una bufanda que hacía tiempo había perdido el aroma de su dueño.

La mente de Emmeline estaba infestada de cientos y miles de pensamientos, pero en ese momento de completa aflicción, se enfocó en un solo pensamiento, específicamente en un recuerdo.

Él, aquel día de invierno, ofreciéndole su bufanda y dándole un abrazo como consuelo luego de su primer corazón roto.

¿En serio, Vance? —La había mirado con indignación, al mismo tiempo que pasaba una mano por su indomable cabello azabache. — ¿Vas a dejar que ese idiota se salga con la suya? No merece tus lágrimas. —Apretó su hombro, antes de dar dos pasos y envolverla en un abrazo.

Ojalá hubiera sabido que el mismo chico que la había consolado de su primera desilusión, sería quien se convertiría en su segundo corazón roto.

Había suspirado por él y lo había anhelado tanto, sin embargo, se confinó a ser solo una espectadora, porque desde un inicio tenía el conocimiento de que su amor y sus atenciones nunca serían para ella.

Pasó años, viéndolo hacer su vida con otra mujer, convertirse en novio, prometido, esposo y padre.

Y nuevamente, ella estaba siendo una mera observadora mientras se corría la voz de cómo él había muerto tratando de defender a su familia.

Emmeline se sumergió en el recuerdo del momento en que su corazón comenzó a latir únicamente por él.

Y optó por aferrarse a aquel recuerdo durante unas horas o tal vez, hasta que se sintiera más fuerte y pudiera enfrentar su permanente ausencia.