II

Una mirada a ambos lados

Edward era un buen chico. Desde muy pequeño estuvo inmerso en el mundo deportivo lo que le hizo crecer dentro de un entorno donde la competencia era el día a día. Estaba acostumbrado a luchar por las cosas, a ser el mejor, a buscar siempre el primer lugar en todo y vaya que lo había logrado.

Era como si hubiese nacido para practicar todos los deportes del mundo, no había nada donde él no fuese bueno y sobresaliente. Era algo innato. Su padre fue un gran apoyo, eso nadie lo podría negar, pero, más allá de eso, también fue quien más le exigió.

El viejo Carlisle estaba viviendo la vida que siempre había querido para él a través de su hijo, pero, una pierna rota, cuando estaba a punto de entrar en el equipo universitario de fútbol, le arruinó su carrera deportiva, algo de lo que no se pudo recuperar por completo. A pesar de todo, no bajó la cabeza y siguió con sus estudios convirtiéndose en uno de los empresarios más respetados de todo el país. Fue así como también pudo darle a Edward todas las comodidades para que nunca pensara en nada más que el deporte. La ventaja es que el chico salió con la misma pasión que su padre y aprovechó todas las virtudes que tenía.

Así se dieron las cosas poco a poco y ahora todo comenzaba a generar frutos y Edward estaba bastante emocionado por las oportunidades que veía a la vuelta de la esquina. Muchos cazatalentos habían ido a sus prácticas y la verdad es que estaban bastante complacidos e interesados en el chico después de todo lo que vieron.

Poco a poco las oportunidades se estaban dando y tenía invitaciones de algunos equipos de futbol para ese mismo verano.

Esa era la principal razón que tenía el chico para estar dando la mejor de las fiestas esa noche, él solo quería que las cosas salieran de lo mejor y que pudiera tener, la que quizá sería, su última oportunidad con Bella.

Ella había sido la única que no había podido tener, la única que lo había rechazado de todas las maneras, pero había algo que lo mantenía ahí, más allá de la notable belleza de la chica y el deseo que tenía de tenerla.

Verla cada día con su retraída forma de ser, sus gafas oscuras y su caminar era algo que lo volvió loco, algo que lo hacía quererla más y de hecho esa noche era la noche para intentar cualquier cosa que pudiera darse.

Había logrado lo más difícil que era llevarla hasta su casa. Estaba en su territorio con sus personas de confianza, no podría estar en mejor situación. Eran como una manada de lobos dispuestos a salir a cazar en una noche completamente llena de presas que no podrían escapar.

Quizá la manera que logró llevar a la chica, fue poco ortodoxa y quizá un poco baja, pero la verdad es que a él no le importaba mientras el resultado fuese el que esperaba. No era digno de su fama como Don Juan, pero era un secreto que solo compartía con Alice, nadie más lo sabría y de hecho esa fue otra de las condiciones de él para que la chica fuera hasta su fiesta.

Así, pues, tenía la oportunidad de su vida y no la dejaría pasar. Junto a él siempre estaban los mismos chicos. Emmett, Jasper y Jacob. Eran sus amigos inseparables, con quienes había compartido gran parte de su vida deportiva y personal, para él eran como sus hermanos.

La noche sería especial para todos puesto que ellos también habían sido invitados a entrenamientos con algunos equipos, así que sabían que eso significaba puro trabajo y olvidarse de las fiestas como esas durante un largo periodo, pero realmente no era algo que les pesara mucho dado a que estarían haciendo lo que más les gustaba.

La invitada principal de la noche estaba entrando a la casa y Edward la vio mientras hablaba y compartía con algunos de los invitados. Tenía un vaso de Vodka en la mano y entonces no pensó en nada más. La belleza de Bella esa noche era más que abrumadora, ella parecía un ángel con su cabello más rojo que de costumbre y su sensualidad oculta.

Junto a la chica que robaba las miradas y los suspiros de todos, estaba Alice que la verdad era una chica bastante linda solo que se veía opacada ante su amiga. Lo cual era algo con lo que ya se sentía cómoda. Al principio si le causaba un poco de envidia y quizá celos, pero, igual eran cosas que no podía evitar, Bella era su mejor amiga y ahí estaría con ella siempre.

Pero, había alguien que solo tenía ojos para ella y ese era Jasper quien quizá era el mejor amigo de Edward.

La miró con detalle y sin importarle quién tenía al lado, la verdad es que no sabía realmente lo que le atraía de ella, pero, la chica le llamaba muchísimo la atención. La idea era que las cosas se dieran de la mejor manera esa noche y él estaba dispuesto a hacerla llegar hasta el final, además había escuchado de alguien que él también le atraía, y era un rumor que tenía mucho tiempo rodando por los pasillos de la universidad así que era hora de averiguarlo.

Edward vio a su amigo Jasper y entonces, sabiendo que él estaba detrás de Alice, decidió que bajarían juntos. Si instinto animal estaba a la orden del día.

Desde el otro lado estaban las dos chicas un poco perdidas y tratando de integrarse en la fiesta. Ya muchos estaban bastante bebidos y otros disfrutaban al máximo de las instalaciones de la casa, la verdad es que esa fiesta se veía mucho mejor que lo que, al menos Alice, se había imaginado.

Bella se sentía un poco incómoda, y, además, algo retraída por todo lo que estaba viendo. No era el ambiente al que estaba acostumbrada. Para nada. Pero la verdad es que estaba dispuesta a darle una oportunidad a todo eso, era una chica joven que necesitaba vivir esas situaciones, que necesitaba salirse un poco de los libros y de los estudios. Sí, su amiga tenía razón en eso, pero no había hecho algo así antes por inseguridad.

A pesar de toda la belleza que podía tener, se sentía insegura de ella misma, pero, era por cuestiones de autoestima. Había crecido en un hogar donde su padre era la persona más sobreprotectora del mundo y le había enseñado a desconfiar de todos pensando que le hacía un bien, pero la verdad es que estaba haciendo todo lo contrario.

Bella se mantenía entre las sombras, no quería salir de ahí. Muy dentro de ella sentía que había algo que la empujaba, pero el miedo era su más grande enemigo, era la barrera más grande que debía vencer, pero en el momento justo.

Por su parte había tenido un par de relaciones en las que las cosas no habían salido para nada bien y en ambas los chicos terminaron engañándola. Sin dudas se convirtieron en golpes muy fuertes, sobre todo, la segunda cuando ya estaba mayor y había sentido algo real por el chico.

No fueron momentos fáciles para ella, pero, ya todo eso había quedado en el pasado. Bella ahora trataba de alejarse de ese tipo de situaciones al menos mientras concluía la universidad que era su prioridad ahora. Lo más importante para ella era sacar una carrera y ser tan exitosa como siempre lo había soñado.

Había una atracción hacia Edward, no lo podía negar, pero era algo muy común incluso para ella. El chico era demasiado atractivo y no mirarlo o negar lo atractivo que era sería la mentira más grande del mundo, pero ella sabía exactamente la clase de persona que era Edward y realmente no era algo que le interesara mucho ya había tenido suficiente con los dos anteriores.

Pero esa noche las cosas fueron diferentes cuando lo vio.

Fue imposible no detallarlo mientras venía caminando directamente hacia ella. Había estado en el área de la piscina y estaba sin camisa. Su atlético cuerpo era un deseo que ni la mujer más retraída del mundo podría dejar de observar. Pero algo más le llamó la atención fuertemente.

Por primera vez el miedo que sentía cuando lo tenía cerca se transformó en algo más fuerte y notorio. Sus piernas comenzaron a temblar levemente y sus manos sudaban sin parar, ella no sabía lo que pasaba realmente. Su mirada no podía despegarse de los mejores abdominales que había visto en toda su vida y la forma en cómo caminaba también le encantaba.

La combinación con unos grandes y bien formados pectorales era fatal. El corazón le latía fuertemente y las cosas comenzaban a ponerse algo caliente por dentro.

A su lado, Alice tenía el mismo sentimiento por Jasper que venía caminando al lado de Edward al mismo tiempo, solo que Alice sí sabía exactamente lo que quería y lo que haría esa noche. Para ella lo más importante de esa fiesta venía justo hacía ella y no se iría de ahí hasta tenerlo.

—Buenas noches, señoritas encantado de tenerlas en mi hogar. Siéntanse como en casa.

Alice fue la que tomó la batuta en la situación debido a que Bella parecía distraída y algo nerviosa, solo se acomodaba su cabello detrás de las orejas y mira la suelo.

—Gracias por la invitación, Edward. Hola, Jasper.

Mientras Alice y Jasper se saludaban y hablaban un poco la chispa comenzó a encenderse entre Edward y Bella.

—¿Te puedo invitar una cerveza o algo?

Ella lo seguía mirando al suelo y su alrededor, pero, nunca al chico. No podía verle al rostro porque su mirada se iría directo a su torso. Quería evitar eso.

—Creo que estoy bien así. Gracias.

Tartamudeaba un poco y se aclaró la garganta justo al terminar de hablar. Ya no sabía a dónde mirar y el momento le parecía eterno.

—¡Vamos, Bella! Es una fiesta, no vas a estar aquí sin divertirte. Quizá si vamos a un lugar más tranquilo, podrías estar más cómoda.

Ella no sabía qué hacer y la verdad quería evitar estar a solas con él, el miedo esta vez era enorme. Pero, justo en ese momento Alice salió abrazada con Jasper hacía la piscina de la casa, al parecer ella si iba preparada para eso.

Bella no tenía alternativa, era eso o irse y la verdad sería lo peor que pudiera hacer, además, Edward se estaba comportando muy bien con ella y sería de mala educación dejarlo así nada más.

—¿Tienes vino?

—Por supuesto que tenemos vino. Del mejor del mundo.

Ella sonrió un poco y por fin pudo mirarlo, él tenía una mirada dulce y parecía sincera en ese momento. Si no fuera por la reputación que lo precedía, quizá las cosas fuesen diferentes.

Dejó el vaso con Vodka en una mesa y aceptó la invitación. Caminaron hacía el lugar que él le dijo, ella solo estaba viendo que no se tratase de un plan del chico. Terminaron sentados en una pequeña terraza al aire libre lejos de la mayoría de los invitados, pero no a solas completamente. A ella le pareció bien y para Edward era más que perfecto. Toda estaba resultando bastante bien.

La noche entraba en calor y las cosas se ponían cada vez más interesantes, pero la más sorprendida de todas era Bella. Ella había estado con Edward todo el tiempo y además la conversación se había puesto bastante interesante.

Resulta que el chico era muy inteligente y a pesar de no parecerlo tenía muchos buenos temas de conversación y ella estaba feliz de poder compartir tiempo con él.

—Creo que el vino se nos acabó. No pensé que tendría una invitada con este tipo de gustos.

—Pues, no te preocupes, quizá podamos encontrar algo más.

—Espera un segundo, déjame ver que hay por el otro lado.

Ella sonrió y le hizo una seña haciéndole saber que todo estaba bien y que lo esperaría.

Bella entonces comenzó a ver a su alrededor. Todos compartían el mismo lugar, pero, tenían mundos individuales, cada quién estaba en lo suyo. Se dio cuenta que las cosas habían estado pasando muy rápido aquella noche y que a pesar de seguir muy nerviosa había podido controlar su mirada y ver a Edward a los ojos.

Seguía sintiendo ese miedo extraño que la envolvía, peor, estaba tratando de no hacerle caso, la estaba pasando muy bien y no quería arruinar el momento, creyó que había perdido el tiempo por todas las veces que el chico la invitó a salir y ella se negó, tenía una opinión equivocada acerca de él. Ahora solo esperaba que regresara pronto.

El lugar era más que agradable y no sabía si era por alguna razón en particular, pero todo eso la llenaba de un sentimiento nuevo. Había una especie de acoplamiento que jamás había experimentado. Bella sentía que ese lugar y la persona con quien lo compartía eran especiales.

Justo en ese momento pensó en Alice. Desde el momento en que llegaron no la había visto a ella ni a su enamorado. ¿Dónde estaría?

Edward volvió con una botella en la mano.

—Me di cuenta que tenías un vaso de vodka cuando te vi. Imaginé que sería perfecto.

No, no era perfecto para ella, no estaba acostumbrada a beber tanto y mucho menos licores, eso sería una bomba que explotaría en cualquier momento, pero en ese momento ella estaba un poco atontada y solo veía ese abdomen pasearse de un lado a otro así que se dejó llevar y levantó la copa donde estaba tomando el vino para que Edward le sirviera un poco.

Justo en ese momento cuando él sentó al lado de ella y brindaron, sus miradas se cruzaron, Bella sintió que en ese momento él era más guapo de lo normal y por alguna razón pensó en la ropa interior sexy que traía puesta. Era como si eso la llenara de un calor indomable y la ayudara a sentirse más mujer.

Ella miraba sus labios moverse con cada mirada y su cuerpo le gritaba la necesidad de probarlos, era como si todo estuviese en silencio y solo pudiera escuchar las palabras de él, las cosas estaban poniéndose muy extrañas para ella y bastante interesantes para él.

Las risas estaban a la orden de la noche y sus manos comenzaron a soltarse más. De pronto sin saberlo estaban más cerca que cuando empezaron, y ella no aguantaba las ganas de besarlo. Si, era eso, realmente no era miedo, era pasión y ganas, solo que lo había querido ocultar siempre. No estaba preparada para algo así, al menos no con él que ahora se convirtió en un ser totalmente apetecible y sexy.

Las cosas iban bastante bien en general y el alcohol comenzó a hacer efecto en ellos muy pronto.