Código: Guardianes
Capítulo 78
Antes de volver a casa, ya con Jhonny con la gema de la muerte en su poder, el grupo quiso despedirse de Jenny, quien no sabía muy bien si era aconsejable quedarse con el grupo o no, pues su trabajo era viajar de planeta en planeta, arreglando los posíbles problemas que hay en los mismos, conociendo el basto universo que le rodeaba. Precisamente por eso, Jenny decidió que era mejor así, que prefería ir por su cuenta, se alegraba de tener familia aparte de su padre, pero como este, ella era un espíritu libre, no le gustaba atarse a un planeta, claro que para no perder el contacto, ella les dio su teléfono, y solo por si acaso, Marin y Susan hicieron una lectura de su energía, para saber donde estaba en cualquier momento, tras lo cual, el grupo entró al portal que usaban para volver a la Ermita.
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Como era habitual tras una misión, los chicos le dieron a Atenea un informe sobre el mismo, aunque no llegaron a terminar el mismo pues la mujer les mandó de vuelta a la academia al ver especialmente cansados a los nuevos integrantes del grupo, por lo que fue Asmeya quien se quedó con su madre, hablando de sus cosas.
-Me alegra ver que el grupo sigue creciendo, pero que Gamma siga vivo no es buena señal- dijo Asmeya, mientras le agradecía con un asentimiento a su madre cuando esta le entregó una taza de té.
Atenea asintió- Más debería sorprenderte que lograra engañar a los chicos, sobretodo a tus hermanas, son expertos en leer energías y que confundieran a Gamma con otro demonio... Aquí ha pasado algo que se nos escapa- dijo Atenea, con la cabeza ligeramente gacha.
-Mira la situación por el lado bueno, al menos ahora no tenemos ningún enemigo metiéndonos prisa por detrás, llevamos meses de paz y nada indica que esa paz se vaya a romper- dijo Asmeya, tratando de animar a su madre.
La mayor sonrió de medio lado- Eso espero, hija...- murmuró, mientras daba un suave sorbo a la bebida.
-Por los guardianes, que su poder permita al universo vivir en paz- dijo Asmeya, alzando su taza, proponiendo así un brindis, brindis que fue correspondido por Atenea, deseando que su hija mayor llevara la razón.
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Aquel día sí que había sido emocionante, pensaban Jhonny, Milly y Tamiya. Descubrir que sus compañeros eran una especia de súper héroes que viajaban por el espacio y el tiempo era realmente impresionante. Y más lo era cuando descubres que formas parte de aquella impresionante aventura, aventura que había comenzado hace ya bastante tiempo, pero más vale tarde que nunca, como se suele decir. Tras volver a la academia, fueron a comer a la cafetería, separándose en varias mesas ya que no cabían todos en una ni de broma, aunque poco importaba ya que podían comunicarse entre ellos a pesar de estar algo lejos. Y si bien era un grupo bastante unido, siempre se forman grupos concretos dentro del mismo, sin menospreciar, claro está, al resto de lo que, ya para muchos de ellos, era su familia de acogida. Precisamente los nuevos del grupo se sentaron juntos, en esa ocasión fueron acompañados por Percy.
-Veo que os gustó la misión- se rio Percy, al ver que aún hablaban de la misma, mientras se sentaba en el sitio libre que quedaba.
-¡Mucho, fue genial!- dijo una Tamiya muy animada- ¿Todas las misiones son así?- le preguntó Milly a Percy, quien negó.
-Ni mucho menos, recuerdo que en una ocasión Patrick acabó a punto de ser ejecutado por un rey cristiano por intentar robarle su espada, la cual resultó ser la cimitarra de la tierra. O Electra, que acabó manoseada por un montón de vikingos y todo por recuperar su martillo. Y otra que sufrió fue Yumi, que se perdió en una pirámide azteca para buscar su gema- les explicó Percy, quien aguantó la risa al ver la cara de sus compañeros menores. (1)
-Este trabajo, el de los guardianes, es uno duro. No penséis que todo serán rosas, todos estamos en peligro cuando vamos a una misión, pero no vivimos con miedo por eso, siempre vamos con todo, además, estamos nosotros para cuidaros- les dijo, mientras les sonreía, logrando tranquilizar a los más jóvenes.
Siguieron hablando mientras comían, hasta que sonó la campana que indicaba que era hora de volver a las habitaciones, o bien a la biblioteca, donde dijo Yumi que estaría, junto con William, repasando para sus propios exámenes. Varios de los integrantes del grupo fueron también a la biblioteca para pasar apuntes, aunque la gran mayoría volvió a sus respectivos cuartos, queriendo descansar de la agotadora experiencia. Jhonny fue de los primeros en entrar a su cuarto, se sentía bien, sin demasiado cansancio, pero era demasiada información nueva en su cabeza, y prefería empezar a asimilarlo todo con una buena tarde de descanso. Entró a su cuarto, y lo primero que vio fue un marco con una foto de él junto a su madre. Ella era una mujer de pelo rojo como el fuego, ojos pardos y piel blanca con alguna que otra peca en las mejillas idénticas a las suyas. Su pelo, hondeado, le caía hasta la parte alta del pecho, con una hermosa sonrisa en el rostro. Aquella foto se la hicieron el verano pasado, tras ir de viaje al mediterráneo francés. Esa era una de las pocas veces al año que el chico podía ver a su madre de continuo, y si bien ella procuraba venir todas las semanas, el solo poder verse unas pocas horas los domingos le parecía demasiado poco al chico. Pero al menos podía verla, pensó, y era afortunado por ello. Muchos de los miembros de su grupo no podían decir lo mismo, por desgracia.
-Creo que es la primera vez que me pregunto realmente en serio quien es mi padre...- murmuró, tumbándose en la cama.
-No se si creer en Gamma cuando me dijo que debía de ser alguien poderoso- volvió a decir, colocando las manos detrás de su cabeza.
-¿Tu que crees, Sombra?- preguntó al aire. Segundos más tarde oyó un maullido, y Jhonny sonrió. Y es que Odd no era el único que había traído a la Academia a una mascota.
Bueno, para ser técnicos, aquel gato se lo había encontrado Jhonny un día en el parque. Aquella bola de pelos negros estaba sola y tiritando en el suelo, con la nieve rodeando su pequeño cuerpo, en grave riesgo de hipotermia. El pelirrojo no pudo evitar coger al pequeño gato y meterlo entre sus ropas para darle calor, minutos más tarde notó que el animal se comenzaba a mover, ya para ese momento dentro del cuarto de Jhonny. Fue entonces que el chico se permitió quitarse la ropa, a pesar de estar sudando, aunque era necesario para que el animal lograra pasar la noche. Cuando sacó al gato de sus ropas, el animal estaba ya recuperando su temperatura corporal, y tenía los ojos entre abiertos, así que debía de ser un gato bastante joven. Aquello fue hace dos años, ahora el gato era un animal ya más grande e independiente, claro que eso no evitaba que se pasara los días con Jhonny, tumbado en sus piernas, mientras el chico estudiaba o leía un cómic. Sus enormes ojos verdes solían darle escalofrios al principio, pero con el tiempo se acabó acostumbrando a eso.
Tras abrir la ventana, el gato entró a la habitación, Jhonny seguía sin saber muy bien como hacía para llegar al primero si no había ningún árbol cerca, ni ningún medio de encaramarse hasta su ventana. Pero eso le dejó de importar hacia tiempo al pelirrojo, más ahora que sabía más sobre si mismo, incluso tenía una misión importante que cumplir.
-Espero que esta vez no me hayas traído un ratón muerto- bromeó Jhonny, cerrando la ventana, y sentándose en la cama, acariciando al animal en el lomo cuando este se acercó.
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Tras irse el grupo de la Ermita, Jamily les imitó, no sin antes despedirse de las pelirosas mayores. Una vez que salió del edificio, sacó sus alas, y salió volando, pero no deprisa precisamente, al contrario, iba despacio, como si no tuviera prisa en llegar a su destino. Y es que la aelida no tenía un rumbo fijo en realidad, simplemente volaba por el cielo, a suficiente altura como para no ser vista por nadie, aunque decidió bajar al rato, prefería andar en esos casos, no por nada volar es bastante cansado cuando vas despacio.
-Algo me dice que la calma durará poco- murmuró, tras posarse en el suelo, con las manos en los bolsillos.
La excusa que puso de ir a entrenar con su maestro era real. Debía de ir a entrenar con él, pero para eso faltaban más de tres horas. La chica quería pensar en sus cosas, tanto tiempo viviendo te hacía pensar en muchas cosas. De lo primero que se acordaba en esos momentos era de la gran guerra que dividió a su pueblo. Lo podía recordar a la perfección.
Flashback de Jamily.
Jamily POV.
Como todas las mañanas, me desperté conforme salía el sol, siempre me había costado muy poco despertarme, y ese día no fue la excepción. Salté de la cama, y el sol, que penetraba por una ventana, bañó mi cuerpo desnudo. Estiré mi cuerpo, así como mis violetas alas de mariposa. Coloqué mi pelo en una coleta alta, y me fui a un lago que había al lado de su casa, donde vivía sola desde que había acabado la escuela, es decir, con quince años, poco después de que sus medio hermanos, Romulo y Remo, formaran su propia ciudad, Roma, sinceramente espero que les vaya muy bien. Mis padres, junto a mis dos hermanos menores, viven aún en Heavenland, yo por mi parte me fui de allí para poder estudiar magia junto a uno de los mejores magos de la ciudad, Alisander. Precisamente hoy, el de mi veinte cumpleaños, mi maestro y yo vamos a ir a la ciudad para la coronación del nuevo rey, pues su padre había muerto hace poco, y el hijo iba a sustituirle. Me metí en el agua, y dejé que su frescor me acabara de despertar, la verdad era que me gustaba el frescor, el calor me mataba, más de veinticinco grados y ella ya me pongo a sudar como una esponja. Nadé un poco en el agua del lago, y buceé, buscando conchas en el fondo, pues aquel lago daba al mar gracias a un rio que discurría dos kilómetros hacia la enorme masa de agua. Tras salir del agua, y aún desnuda, voy a la casita que me servía, tanto a mí como a mi maestro, como hogar. Entro a la casa, y le veo, ya sentado a la mesa ya vestido para la ceremonia, con una toga blanca y sandalias de piel, y tomando un poco de pan con aceite y un tomate partido
Fin POV.
-Buenos días, maestro Alisandre- dijo Jamily, sentándose a la mesa junto a él. Este le miró, mientras le pasaba una hogaza de pan, a lo que la chica se lo agradeció.
-Ponte algo encima, no te vayas a resfriar- comentó el hombre, mientras le daba otro mordisco a su desayuno. Ella carraspeó, y se colocó una manta encima.
Dio gracias a que su maestro era un hombre con más años que un bosque y que la veía como a una hija más que a otra cosa. Tras recuperar la compostura, la chica comenzó a desayunar, mientras oía a su maestro sobre lo que iban a hacer ese día. Le dijo que tenía que arreglarse y que se portara como una dama de la corte, cosa que él le había estado enseñado junto con a la magia, la magia no va reñida con la elegancia, le dijo Alisander a la chica, cuando esta le preguntó la razón de esas clases de comportamiento. La razón principal era que los angelidos, sobretodo los nobles, le dan una enorme importancia a las formas, guerras habían empezado por un desliz en el protocolo, sobretodo si de mujeres se trataba.
-Ponte el vestido que te traje ayer, usaremos un portal para llegar al palacio- le indicó, mientras salia de la casa. La chica asintió, y, tras entrar en su cuarto, abrió un cofre que ella usaba para sus pertenencias. Tras abrirlo, vio un vestido realmente hermoso. Era de color blanco típico griego, con un ligero corte a la altura de la rodilla y que permitía extender las piernas y andar sin problemas. En su pecho, y como elemento típico de las damas de Heavenland, llevaba unas decoraciones de perlas a la altura del pecho, sandalias de piel con decoraciones hechas con perlas a juego con las del escote y un par de aros en las orejas. Sus alas se retrajeron hasta desaparecer, cosa que su especia hacía a la hora de vestirse, aunque generalmente sus prendas permitían sacar sus alas en cualquier momento y sin peligro de romperla ya que tenían unas aperturas para las mismas. Ella salió, y su maestro le ofreció el brazo, y ella se lo cogió con una sonrisa.
-Vayamos a la fiesta- dijo, abriendo un portal, el cual atravesaron. Una vez que llegaron al palacio de los reyes de Heavenland, Jamily se quedó impresionada por el mismo.
Ella había nacido en una familia humilde, su padre era carnicero y su madre le solía ayudar a menudo, así como él ayudaba a la madre en las labores del hogar. En cuanto a ella y a sus hermanos, habían ido a la escuela del profesor Amirio, hasta que sus padres les pusieron a ayudar en la carnicería de la familia, los dos menores han seguido con el negocio, pero ella prefirió dedicarse a la magia. Como es evidente, ninguno de ellos ha llegado a siquiera acercarse al palacio, por lo qe todo era nuevo para ella. Se trataba de un enorme edificio, parecido a un templo, con las estatuas de dos angelidos armados con lanzas y con el uniforme típico de la infantería, las cuales medían en torno a los cuatro metros de alto. Tras subir unas escalinatas, se llegaba a las puertas del palacio, que eran de madera adornada con embellecedores dorados.
-Espero que te acuerdes bien de mis lecciones- le dijo al oído Alisandre, a lo que Jamily tragó saliva.
Juntos, subieron las escaleras, al final de las mismas había un par de guardias que colocaron sus lanzas en forma de X al verles, aunque segundos más tarde, apareció el que parecía el organizador de los invitados a la coronación, mientras revisaba un papiro con los nombres.
-Soy Alisandre, de la casa Aslar, y ella es mi alumna, Jamily Mörker- se presentó Alisandre, mientras sacaba de uno de los bolsillos de su túnica un pergamino con la invitación.
Tras hacer las debidas comprobaciones, el organizador tachó sus nombres con un carboncillo, y, con una reverencia, les permitió pasar.
El interior del castillo era igualmente espectacular. Era de mármol blanco, con estatuas de los diversos dioses de Heavenland, las paredes estaban ornamentadas con hojas de parra y rosas, aunque los techos no se quedaban atrás, pues tenían talladas en el angelidos volando, con lanzas, a los mandos de un carro... Recorrieron el corredor, de unos quince metros, sin fijarse mucho en los sirvientes que iban y venían de las diversas salas laterales del pasillo, hasta que llegaron a la puerta del fondo, la cual estaba custodiada por un soldado aelido. Este abrió la puerta al verles llegar, permitiendoles entrar a la sala contigua, donde seguramente se iba a celebrar la coronación.
-Increíble, ¿verdad?- comentó Alisander, mientras sonreía por la cara de asombro de la joven. Era una sala alargada, con bancos en los dos lados de la sala, dejando un camino para que los invitados pasaran.
En los laterales podían ver grupos de invitados hablando entre ellos, con copas de vino en las manos, y mientras esperaban, el sacerdote se ocupaba, junto a un grupo de jóvenes, de preparar las cosas para la coronación. Alisander se sentó en uno de los bancos, cerca de varias damas, y comenzó a hablar animadamente con ellas. Si Jamily no supiera que su maestro era un hombre que había perdido el interés en el sexo opuesto, pensaría que estaba coqueteando con ellas. Jamily también se disponía a sentarse, cuando se fijó en uno de los angelidos que allí estaban. Era más o menos de su misma edad, de pelo negro y piel clara, por sus ropas debía ser el futuro nuevo rey de Heavenland pues eran de color rojo con decoraciones doradas, y llevaba una corona en su cabeza, aunque esta era pequeña, apenas un aro, que era lo que llevaban los príncipes y princesas del reino. Ella iba a preguntarle a su maestro cuando oyeron el sonido de una trompeta, dando inicio a la ceremonia. Rápidamente, todos se colocaron en sus respectivos sitios, y ella pudo ver como el príncipe se acercaba al púlpito, y se colocaba de rodillas frente a las estatuas de los dioses. El sacerdote, junto a sus ayudantes, comenzó con la ceremonia, no sin antes ordenar, con un gesto, a una muchacha colocar en los hombros del aún príncipe una capa blanca con la parte interior de color azul. La ceremonia se desarrolló con tranquilidad, mientras el sacerdote daba su discurso, que era oído por todos con paciencia. El momento culmen llegó cuando, con una mano, el sacerdote le pidió al príncipe que se levantara. Rápidamente, la misma chica que le colocó la capa al príncipe llegó con un mullido cojín de terciopelo con una corona dorada en el mismo, y se lo tendió al sacerdote, quien tomó la corona y bajó los pocos escalones que le separaban del príncipe.
-Desde hoy, y hasta el día de su muerte, que los dioses guíen al nuevo rey, Varion I, y le llenen de sabiduría, clemencia, honor y nobleza, para que reine sobre nosotros con justicia y valor- dijo, mientras retiraba de su cabeza el aro que tenía, y colocaba la corona de oro.
-¡Viva el rey Varion!- gritó uno de los presentes, levantándose de golpe y aplaudiendo, y en seguida fue imitado por el resto de los presentes.
Tras levantarse, el nuevo rey avanzó por el pasillo, mientras saludaba a los presentes con la mano, con una ligera sonrisa en la cara. De pronto se oyó unos gritos, y la puerta se abrió. Aquello pasó, a ojos de Jamily, a un ritmo muy lento. Un aelido corría, cuchillo en mano, contra el rey, quien ni pudo reaccionar cuando el aelido le clavó en el estomago la daga. De pronto, y por unas puertas laterales que ella no había visto, soldados aelidos entraron en la sala y comenzaron a matar a los invitados. Antes de que ella pudiera hacer nada, Alisander la sacó de allí, en esa locura daba igual que fueras aelido o angelido, podías morir en cualquier momento. Llegaron a su casa en el lago, y él se cambió de ropa con un chasquido de dedos, y Jamily, aún blanca por tanta sangre, tardó algo en reaccionar a la voz de su maestro, pero también se cambió rápidamente de ropa.
-Mantente cerca mío, sabes defenderte pero ahí arriba seguramente reine el caos- le avisó Alisander a la joven, quien asintió. Llevaba tiempo preparándose para algo así, era el momento de actuar.
Por desgracia, el presagio de su maestro era correcto. En las calles reinaba el caos, cientos de soldados aelidos corrían por las calles, matando a cualquier angelido que pudieran ver. Si bien la joven no entendía muy bien aquello, Alisander sí, y demasiado bien. Veinte años antes, el padre de Varion, Eryn, entró en una guerra que enfrentó a varias de las casas contra la monarquía, a causa de unos aranceles abusivos y de la arrogancia del rey con todo el mundo, sobretodo con las casas aelidas, a las que consideraba inferiores. Las tensiones entre ambas razas se acentuaron cuando Eryn le dio plantón a una joven aelida, perteneciente a una de las principales casas aelidas, los Landeros, para casarse con una angelida de una casa menor, alejada de Heavenland, y que apenas daría poder a la corona. En palabras de Eryn, jamás me casaré con una aelida, por muy poderosa o influyente que sea su familia. Eso fue suficiente, visto lo sucedido, como para que las principales casas aelidas se unieran contra la monarquía para derrocarles.
Fin Flashback de Jamily
Mientras recordaba, la hechicera había recorrido parte del parque en el que había acabado. El aire fresco le acariciaba la piel, haciendo sonreír a la chica, y hasta notaba el agua del estanque cercano, con patos yendo de lado a lado del mismo junto a sus crías. Ella decidió sentarse en un banco, con la espalda apoyada en el respaldo del mismo, y a su mente volvieron a venir recuerdos de su juventud.
Inicio Flashback.
Habían pasado varios años desde el inicio de la guerra. Miles murieron de ambos lados, tanto de aelidos como de angelidos. Pero la guerra se decantaba a favor de estos últimos, las casas angelidas, si bien eran menos numerosas que las aelidas, estaban mejor organizadas y la corona las financiaba con abundancia, por lo que sus recursos, a pesar de agotarse, no lo hacían al mismo ritmo que los recursos de los aelidos, que comenzaban a agotarse. Famoso fue el asedio a la capital, Urania, por parte de las tropas angelidas, que lograron penetrar las gruesas murralas tras meses de asedio, pero solo lograron encontrar miseria y destrucción, los aelidos destruyeron parte de la ciudad y diezmaron la población angelida de la capital. También fueron grandes batallas las de Puerto Ángel, eje neuralgico del comercio del reino, o la batalla del estrecho de Ferrin, donde el combate se encrudeció a unos límites insospechados. Durante todo ese tiempo, tanto Alisander como Jamily se intentaron mantener al margen, pero unas tropas angelidas les encontraron y persiguieron por los bosques durante una semana, el odio contra los de la otra raza era enorme. Finalmente, Alisander sirvió de cebo para así permitir que Jamily huyera, cosa que a la chica no le hizo la menor gracia, pero el maestro se impuso a la alumna y le ordenó huir de allí. La chica no lloró su muerte, no tenía tiempo para estar triste, por eso tomo una determinación. Sabía que el combate final se acercaba, las tropas angelidas llevaban asediando Celestia, la ciudad de la principal casa aelida, meses, y estaban cerca de lograr la rendición de la plaza, lo cual supondría el final de la guerra.
-Espero que funcione...- comentó Jamily, mirándo desde un promontorio cercano a la ciudad.
Al igual que Urania, y que el resto de ciudades de Heavenland, Celestia estaba en lo alto del cielo, suspendida en el aire, y los caminos que unían las ciudades no eran tales, tan solo el cielo azul. Al menos eso pasaba con las principales ciudades, las villas y pueblos estaban en tierra firme, aunque dependían de las ciudades que había en el cielo, por lo que no tenían tanta importancia como las ciudades que hay en el cielo. La chica voló hasta la entrada de la ciudad, gracias a sus alas negras pudo entrar sin problemas a la ciudad, y comenzó a andar por la ciudad. En el interior la ciudad no parecía estar en pleno asedio, pues las calles estaban concurridas con muchos aelidos en ella, comprando y vendiendo, el hambre no parecía haber llegado a la ciudad, pero no tardaría en faltar el agua. Jamily dejó de pensar en eso y corrió por las calles de la ciudad, subiendo las fuertes cuestas de la ciudad con facilidad hasta llegar al castillo. Desde esa altura ya podía ver el campamento angelido que asediaba la ciudad, las plataformas de tierra que servían como sustento a las grandes ciudades podían crecer usando tierra de la superficie y, con suerte, ganar varios metros de suelo. Y si usaban maderos debajo de las plataformas, podían duplicar su tamaño, lo suficiente para hacer un campamento. Se fijo, gruñendo, en que los angelidos comenzaban el ataque. Rápidamente, sonaron los estridentes cuernos de aviso, y vio como el ejercito aelido comenzaba a formarse en torno a las murallas. Ella decidió apretar el ritmo, debía hacerlo cuanto antes. Suerte para ella que no había parado de moverse desde el inicio de la guerra, a sus veintitrés años de edad ella podía correr a buen ritmo durante bastante tiempo sin cansarse, así como volar. Corrió y corrió hasta llegar al palacete de la ciudad, donde pudo ver, sin llegar a pasar la esquina, a los lideres aelidos. Eran en total cinco hombres, que observaban la batalla con cara serena, y siempre con la mano en el cinto, dispuestos a sacar la espada.
-Bueno, a ver si esto funciona...- comentó, mientras se preparaba. El plan para acabar la guerra era relativamente fácil.
La idea era hacer desaparecer a los jefes de las principales casas aelidas, sin líderes los soldados se dispersarían. Estaba dispuesta a lanzar sus hechizos, cuando oyó gritos detrás de ella. Aepnas tuvo unos segundos para esconderse, y fue cuando vio a varios angelidos volar sobre los jefes de las casas aelidas. Los guardias intentaron defender a sus jefes, pero poco pudieron hacer contra las lanzas de los angelidos, que les atravesaron de lado a lado, y una suerte similar corrieron los jefes de las casas, solo uno quedó con vida, pero fue rápidamente apresado por los soldados angelidos. Jamily gruñó, su plan no pudo llevarse a cabo, pero al menos ahora la guerra había acabado, aunque no del modo ideal, desde luego. Ella se hizo invisible y siguió a los guardias hasta el campamento de los angelidos. No llegaron a entrar mucho en el campamento, pues los propios generales angelidos esperaban fuera del campamento, con sus armaduras. Los soldados tiraron al lider aelido al suelo, delante de sus captores, quienes le miraron, impertérritos. Precisamente uno de los angelidos era Varion, a todos sorprendió que lograra sobrevivir al ataque, el joven monarca había decidido más bien poco de la guerra al principio, pero conforme pasaba el tiempo, fue ganando poder y finalmente comenzó a tomar las decisiones él mismo. Y precisamente ese ataque fue obra suya, asesorado por sus generales, pero la idea fue de él.
-Te veo bien, Verdel de la casa Amaria- dijo Varion, agarrando a Verdel de la cabeza, este le miró con oojs fieros pero no dijo nada.
Varion, entonces, se acercó a los oidos de su enemigo, y le susurró al oído- Te destierro a tí y a los tuyos, no quiero volver a veros en Heavenland- le dijo, mientras dejaba caer pesadamente su cuerpo en el suelo.
Esa misma tarde se hizo oficial. Todos los aelidos debían abandonar, en menos de un día, Heavenland, y aquellos que quedaran serían decapitados por sublevación a la corona. Jamily quiso intervenir, quiso hacer algo, pero no pudo. Ella no tenía el suficiente poder para hacer frente a un ejercito en solitario, y aunque pudiera, solo lograría ahondar más la herida que dividió, de forma aparentemente insalvable, a las dos razas que vivían en Heavenland. Como todos los angelidos, ella se vio obligada al exilio, miles de familias huyeron del reino y se escondieron, temerosos de que el rey decidiera darles caza y matarlos a todos. Unos fueron a los raros parajes que se situaban más allá del mar, a un lugar donde en vez de dos soles el cielo solo era iluminado por una estrella. Otros, por su parte, prefirieron ir a vivir a los diversos países que formaban el mapa político de Asmara, muchos optaron por ir al reino humano, otros decidieron ir a las tierras de caza de los feelidos... Jamily decidió ir al reino de los hombres. Ella creía que allí lograría vivir en paz lo que le restara de vida, probablemente moriría a los sesenta años, en una choza de madera cerca de Eritrea, la capital humana. Aunque a la chica no le dio tiempo a envejecer, pues al volver a por sus cosas a la cabaña en la que vivía con su maestro, vio una carta y un bolso a su lado. Decidió tomar ambas cosas y usó un portal para irse a cualquier lugar lejano, donde los soldados de Varion no pudieran hacerle daño. Llegó a la capital del reino humano como si el destino así lo quisiera. Antes de entrar a la ciudad, vio una cabaña abandonada cerca de las murallas. Sonrió, le recordaba a la cabaña en la que creció. Comprobó, por el polvo acumulado, que llevaba mucho abandonada. Pero antes de entrar, se sentó en el pórtico, y leyó la carta de su maestro.
-Mi última enseñanza. Haz esta poción, y cumple con lo que los dioses te han encomendado- leyó en voz alta la joven. Destapó el tarro, y vio varios ingredientes, junto a una nota que debía ser las palabras que había que decir para que hiciera efecto.
Ella decidió hacer la poción por curiosidad. Mezcló los ingredientes como decía la nota, y la mezcló. Tras hacer la mixtura, comenzó a recitar las palabras que había. Tras decir las tres frases, que ella no sabía muy bien que significaban, le dio un sorbo a la misma. Sonrió, sabía bien, y se tomó un baso. La chica esperó a ver que efectos tenía, pero nada, no pasaba nada. Suspirando, salió de la cabaña, dispuesta a comenzar con la mudanza, cuando, en el horizonte, vio como algo se movía. Se sorprendió al ver que podía ver perfectamente que eran varios soldados angelidos, y volaban directos hacia ella. La chica estiró sus alas y comenzó a volar, se impulsó con las piernas y salió volando, aunque para sorpresa de ella, solo con el impuslo de sus piernas, se levantó varias decenas de metros, cuando normalmente solo llegaba a elevarse un metro como mucho.
-¡Matad a esa perra de alas negras!- gritó uno de los angelidos, el que parecía el líder. En seguida, sus subordinados le lanzaron unas lanzas. Ella se protegió con los brazos, pensando que ese sería su fin. Pero las lanzas no llegaron a tocarla, pues salieron despedidas antes de siquiera alcanzarla, cosa que sorprendió mucho a los soldados.
Al no notar ningún dolor, ella abrió los ojos, y vio como su cuerpo estaba rodeado de una energía de color violeta, que parecía protegerla. Los guardias, ni cortos ni perezosos, se lanzaron contra la chica, espada en mano. Ella se defendió como pudo, aunque los movimientos de los soldados los veía realmente lentos, cosa que le sorprendió. Ella le dio un golpe a uno en el pecho, y seguidamente le dio al otro un puñetazo en el estomago. Enseguida salieron volando por la fuerza del golpe para sorpresa de Jamily, quien comenzaba a entender los efectos de esa pócima. Vio, sonriendo, como los soldados huían de ella, y, tras ver que las cosas se calmaban, bajó a tierra, y volvió a la cabaña, donde comenzó sus labores de organizar la casa. Mientras barría, comprobó que quedaba un papel por leer de los que venían en el tarro de la pócima.
-Por cierto, solo alguien de corazón puro podrá tomar esta poción, de no serlo, morirá entre terribles sufrimientos.. Si estas viva, enhorabuena, y si no, libré al mundo de alguien malvado. Con esta poción has liberado tu energía interior, tendrás que aprender a usar la energía, pero estoy seguro que lo harás genial. Tu maestro, Alisander- leyó ella, mientras parpadeaba, tratando de no llorar por las emotivas palabras de su maestro.
Fin Flashback.
-Y pensar que fue así como logré despertar mi poder interior...- murmuró Jamily, mientras observaba a los niños jugar en el parque.
Desde ese día, trató de hacer que la paz se mantuviera, con esos poderes todo era más fácil, y su magia avanzó a pasos agigantados. Años más tarde, conoció a los que serían los guardianes de primera generación, y si bien trató de impedir que los aelidos que quedaban se juntaran con Zeros, por desgracia no lo logró, haciendo que su raza fuera aún peor vista por todo el mundo. Por suerte, los guardianes ganaron, y una época de paz empezó en Asmara. Si, hubo guerras de por medio, y muchas, más de las que a ella le gustaría reconocer, pero ella había decidido no tomar parte en los asuntos políticos y solo actuar en caso de grave peligro para el mundo. Jamily se estiró, de vez en cuando le gustaba recordar esas cosas, para así no cometer los mismos errores que en el pasado. Tras levantarse, revisó la hora, y sonrió.
-Mejor voy yendo, no vaya a ser que Merlín me vuelva a echar la bronca por llegar a deshora- murmuró, desapareciendo de allí.
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Un hombre andaba por las calles de Boulogne Billancourt a paso firme, constante, como si supiera perfectamente el camino que debía recorrer para llegar a su destino. Su pelo era de color moreno algo desaliñado, sus ojos eran oscuros, y llevaba un traje de chaqueta y corbata. Al llegar a un paso de cebra, se detuvo, y observó la Academia Kadik. Sonrió de medio lado, y fijó su vista en una joven que salía de la academia, era japonesa, de pelo negro, alta y con ropa negra. Ella se paró al otro lado de la acera, y observó, sin detenerse mucho en él, al hombre trajeado, aunque notó una curiosa energía venir de él, parecida a la de Jhonny. Sus vistas se cortaron cuando pasó un autobús, pero cuando este terminó de pasar, aquel hombre ya no estaba. Yumi parpadeó algo confusa, juraría que ahí había un hombre. La chica suspiró, demasiada cafeína en el cuerpo, pensó. Al ponerse verde el paso, ella cruzó, cambiando así el lado de la calle por el que caminaba. Anduvo a un paso algo lento hasta el parque que solía usar como atajo para llegar a casa, además le gustaba comprobar como crecían las plantas, y si no había nadie cerca, hasta hablaba con ellas, al igual que hablaba Odd con los animales. Ella se acuclilló junto a un árbol que comenzaba a crecer y lo acarició, cuando oyó un grito demás de familiar, pues esa era la voz, sin duda alguna, de su hermano.
-Hiroky...- murmuró, mientras corría velozmente entre los árboles. Vio que su hermano estaba huyendo de un perro. Este no parecía con la intención de morder al japonés, pero con el miedo que él le tenía a esos animales, cualquier ladrido le hacía saltar del susto.
Ella iba a actuar, cuando algo sorprendente pasó. Hiroky se vio envuelto, de pronto, en un aura de varios colores, rojo, azul, amarillo, verde, violeta... Ella entonces salió de su escondite y fue junto con su hermano, quien ni se dio cuenta de que corría a toda velocidad, hasta que ella le paró.
-¿Estas bien, hermanito?- le preguntó ella, abrazándole. Él tenía la respiración entre cortada, sobretodo por la carrera. Se fijo entonces en que estaban casi al otro lado del parque, cerca de casa.
-¿Q-qué pasó?- se preguntó, sin entender muy bien. Yumi le sonrió- Creo que tengo la respuesta. Venga, vamos a casa, no se tú, pero yo me muero de hambre- le dijo, mientras se separaban e iban juntos a casa.
Ante la mirada de su hermano, ella solo siguió andando- Esta tarde iremos con mis amigos, seguro que Einstein puede saber que pasó- le aseguró ella- Ya sabes que él, de estas cosas, sabe mucho- le indicó Yumi, mientras entraban a la casa, a lo que el menor de los hermanos asintió, para después suspirar. Ya se lo había dicho Jhonny, su mejor amigo, que algo grande se avecinaba...
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Espero que os guste esta segunda parte tanto como la primera!
(1) Para recordar, ir a los capitulos 22, 18 y 14
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.
