IV. Ancestral
La primera noche que se ausentó pensó que se trataría de un arrebato de celos, pero conforme pasaron los días sin noticias suyas, comenzó a preocuparse de verdad.
Lo comentó con el Amo, pero a pesar de que Kenma fuera su consejero, no le dio mayor importancia, alegando que eran cosas de jóvenes.
Salió cada noche en su busca, pero no encontró ninguna pista suya. Conocía las maneras de actuar de Kenma, sabía qué le gustaba y qué no y tenía la certeza de que, con el tiempo que ya había transcurrido, habría tenido que cazar por sí mismo para sobrevivir. Rastrear las desapariciones para dar con él era casi imposible, sobre todo porque Kenma era extremadamente astuto y cauteloso y sería capaz de hacerlo sin dejar ningún rastro. Y aun así se seguía preguntado cómo se las habría arreglado para lograrlo, con lo poco que le gustaba hacerlo él solo. Deseaba encontrarlo con todas sus fuerzas y hacerlo regresar a su hogar junto a él.
Por otro lado, el esclavo seguía en cuarentena. Diría que se comportaba de manera caprichosa y desagradable, pero estaba en todo su derecho de hacerlo. Los criados se encargaban de mantenerlo limpio y proporcionarle todo lo que pudiera necesitar, pero se negaba a probar bocado y unas extrañas fiebres habían empezado a aquejarle.
Tras la marcha de Kenma, Wakatoshi cada vez se refugiaba más en los aposentos del joven extranjero, siendo el único con quien el esclavo podía mantener un contacto regular y prolongado pues, junto al Amo, nadie más estaba libre de ser contagiado si tuviese alguna enfermedad.
El chico le gustaba. Después de todo era su alma gemela y algo debía haber en él que lo diferenciara de los demás, pero, dadas las circunstancias, casi lo sentía forzado. Que Kenma se hubiese marchado por su culpa le hacía estar proyectando sentimientos negativos hacia él.
Tal vez fuera eso lo que su hermano pretendió al irse y renegar de su regalo: crearle ese sentimiento de culpabilidad que ahora le impedía disfrutar del todo de lo que era suyo.
Se sentía en la necesidad de conectar con él, pero el joven era huraño y no colaboraba. Los médicos decían que las fiebres remitirían si se alimentaba correctamente y que estas solo eran producto de la debilidad que había adquirido al ser confinado en un lugar oscuro y frío.
El lugar era oscuro porque así Wakatoshi podía pasar día y noche allí sin que la luz le afectara, tan solo abandonando los aposentos para salir a alimentarse y tratar de recabar información sobre Kenma.
Comenzó a contarle cosas, como si una incipiente locura se estuviese abriendo paso alimentada por la culpa. Así pasaba el tiempo mientras el otro muchacho se mantenía lo más alejado posible de él, no solo porque se agazapase en la esquina más recóndita de la estancia, sino por la barrera que suponía el lenguaje. El prisionero se convirtió en el confidente que escuchaba sin decir nada, sin juzgarle, ese que ni siquiera comprendía lo que decía y a quien acabó llamando Tooru, como una de las pocas palabras que había conseguido escucharle.
Le confesó que era su alma gemela y que se veía en la obligación de amarlo más que a nada en el mundo, pero que él no le permitía hacerlo.
Quizás, de entre todo lo que le había ido confiando, lograra comprender algo que traspasó hasta su corazón, conmoviéndolo, pues a partir de entonces comenzó a mostrarse menos esquivo.
Las primeras defensas habían empezado a caer y solo había que insistir hasta lograr derribarlas por completo.
La irreverencia y el orgullo que mostraba, lejos de desalentarlo, lo atraían más. Desde el día en que lo encontró en el mercado de esclavos había sentido la necesidad de domesticar a ese bello animal salvaje. Nunca fue su intención hacerlo por la fuerza, como aquel primer impulso que tuvo de querer llevárselo y castigarlo por su insolencia, pero ahora que mostraba algo de predisposición sí que se sentía tentado a provocar su lado desafiante.
Deseaba hacerlo suyo, en todos los sentidos de la palabra.
Aún no había le confesado su condición de inmortal ni el motivo por el cual lo había comprado. Tras el rechazo de Kenma, ahora Tooru podía ser su nuevo aperitivo. Era una condición completamente distinta a la de Satori, en la que el joven había sido entregado por su familia siendo consciente de su cometido. En cambio, Tooru, no sabía para qué había sido llevado hasta allí. Suponía que por su cabeza deberían pasar todo tipo de funciones desempeñadas por los esclavos y, por muy depravadas que estas fueran, estaba seguro de que jamás alcanzaría a imaginar la verdad.
No sabía cómo reaccionaría a algo así ya que, si lo miraba desde la perspectiva de un humano, no podía dejar de pensar que era una abominación.
Día a día se prendaba más de él. A veces tan solo se sentaba a observar su perfil airado que poco a poco iba cediendo. Un día era una mirada de reojo. Otro, un esbozo de sonrisa con el que retraía un poco las garras que se empeñaba en sacar para defenderse.
Hasta que se cansó de tener las defensas permanentemente preparadas y Wakatoshi aprovechó el momento en que su guardia estaba baja. Esa había sido su estrategia, si no le daba tregua, acabaría por cansarse y cometer un error y él, como inmortal, tenía las de ganar si se trataba de una carrera de fondo.
La fugaz idea de que había sido menos difícil de lo que esperó, pasó por su mente cuando lo besó.
La marcha de Kenma no podía haber sido en vano, debía haber algo que lo compensara, por eso, sentía urgencia por ganarse su confianza. Necesitaba que dejara de negarse a tomar alimentos, ya que las fiebres habían ido agravándose y, prácticamente, se lanzó al vacío cuando decidió probar suerte.
Se esperó una bofetada o que le escupiera de nuevo, pero se encontró con que correspondió su beso con pasión.
Y aquello lo descolocó hasta tal punto que perdió el control y acabaron enredados bajo las sábanas.
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El hecho de que estuvieran en una habitación sin ventanas contribuyó a la pérdida de noción del tiempo cuando abrió los ojos desconcertado, sin saber si era de día o de noche o siquiera cuánto tiempo había pasado.
La sensación era como la de haber tomado un largo descanso después de un periodo de gran estrés. Enseguida notó su desnudez y recordó pinceladas de lo sucedido. Quería poder afirmar que de todas las relaciones que había tenido en su vida, aquella había sido la mejor experiencia que había vivido. Debía ser así ¿no? La gente se pasaba la eternidad buscando su alma gemela por alguna razón. Pero si era objetivo, nada se podía comparar a lo vivido con Kenma, pues la sangre de un inmortal jamás sería igual que la de un humano, por mucho que esta fuera dulce y exquisita como la de Satori.
Inconscientemente se relamió los labios, como si quisiera recordar el sabor de la sangre de Kenma, y el hallar un sabor metálico que no debía estar ahí le sobresaltó.
Alertado, se incorporó. Se llevó los dedos a la boca notando que la sangre que había allí estaba seca, y si había llegado a saborear algo, había sido por haberla humedecido sin darse cuenta con su saliva. Aquella sangre no debía estar ahí, así que se giró hacia su lado, donde yacía Tooru de espaldas a él.
Apartó la sábana de un tirón. Por un momento le tranquilizó notar su cuerpo tibio al roce de sus dedos, pero aquello no era suficiente. Las imágenes que le venían a la memoria eran confusas y no era capaz de entender cómo se había dejado llevar de aquel modo.
Cuando lo giró, comprobó con horror que todo estaba cubierto de sangre, que parecía provenir de una herida en el cuello. No obstante, aquello no era importante, lo que hubiera ocurrido ya no tenía marcha atrás, pero sí podía tenerlo el estado de Tooru. Tras comprobar sus constantes vitales pudo confirmar que seguía con vida, solo que, al igual que solía sucederle a Satori cuando perdía demasiada sangre, había caído inconsciente. Sin embargo, había un matiz que hacía la situación completamente distinta. Con Tendou, tanto Kenma como él eran conscientes de lo que hacían, y de cuándo parar antes de sobrepasar el límite, y también sabían cuánto tiempo le llevaba recuperarse.
Pero ahora no estaba seguro de nada, pues ni siquiera había sido premeditado. No sabía cuánta sangre había perdido ni cuánto tiempo llevaba en ese estado.
La culpabilidad le azotaba con fuerza y salió corriendo en busca de ayuda. Desesperado, preguntaba a los criados que encontraba por el camino, pero ninguno era capaz de constatar desde cuando no lo veían fuera de aquella habitación, puesto que él mismo había ordenado que cuando él estuviera presente no se les molestara. El servicio estaba acostumbrado a las peculiaridades de sus Amos y no se inmiscuían en sus asuntos. Si Wakatoshi llevaba varios días desaparecido, nadie hacía preguntas, del mismo modo en que nadie preguntaba por qué Kenma se había marchado.
Cuando recibió la noticia se le vino el mundo abajo.
Después de examinarlo, uno de los médicos que había venido atendiendo a Tooru desde su llegada, salió de la habitación con el semblante lívido. Wakatoshi esperaba el veredicto con el remordimiento comiéndole por dentro al no haber podido ser del todo sincero con él. Había tenido que omitir los detalles que comprometían su condición y, por eso, cuando el médico anunció que lo de Tooru no tenía solución, Ushijima no pudo evitar culparse por ello.
Al parecer, la mayoría de esclavos que llegaron en el mismo barco que Tooru habían contraído las fiebres, incluso llegando a morir algunos de ellos. El caso de Tooru no habría sido tan determinante de no haberse visto interferido por su debilidad. Tal vez se hubiese podido salvar, pero el casi desangramiento había sido el golpe de gracia.
Desesperado, Wakatoshi acudió junto a la única persona de confianza que le quedaba. Aquellos días de margen habían servido para que Satori mejorara un poco su salud. Aún no podía levantarse de la cama, pero al menos podía pasar ratos incorporado. Sin avisar nada, se dejó caer a su lado. Él, el gran Aquila que había sobrevivido a tantas contiendas y aniquilado a tantos adversarios era incapaz de gestionar su vida.
—Desde la partida de Kenma todo ha ido cuesta abajo —se quejó y Satori lo estrechó entre sus brazos.
Sus dedos largos y huesudos acariciaron su cabello. Eran caricias reales, no imaginaciones como cuando quería creer que Kenma aún seguía a su lado. Satori seguía allí. Vivo.
—Ah, Wakatoshi… ¿estás seguro de que ese es el motivo? —comentó burlón. Satori era alegre pero también perspicaz y sarcástico. Tenía un agudo ingenio y percepción de las cosas.
—¿Qué quieres decir? —Ushijima no tenía la mente para pensar demasiado. Había ido allí en busca de consuelo, no a que le complicaran las cosas—. No estoy para adivinanzas.
—No ha sido Kenma el detonante, sino ese esclavo que te empeñaste en traer y que ha sembrado la discordia.
Alzó la cabeza para contestar cuando a mitad de camino se dio cuenta de que, como la mayoría de las veces, Satori tenía razón. Todo había ido bien hasta la llegada de Tooru. El descubrimiento de su alma gemela lejos de traerle felicidad, solo le había traído desdicha. Hasta entonces Kenma, Satori y él habían vivido felices como una familia y ahora, con uno desaparecido y otro moribundo, no quedaba nada de aquello. No merecía nada de aquello, cuando incluso su alma gemela no tenía salvación por su culpa.
—¿Crees que si se lo pido al Amo accederá? —lloriqueó contra el costado del pelirrojo, cuyas caricias pronto transformaron aquella petición casi caprichosa en un ronroneo con ojos cerrados.
—No lo creo. Tenéis que ser consecuentes con vuestros actos. No se os da la inmortalidad para que tengáis más oportunidades de arreglar vuestros errores —comentó Satori, sin dejar de mesar los cabellos de su amigo, aquel que nunca había sido derrotado, y que incluso logró escapar a la muerte. Tendou llevaba mucho tiempo a su lado y jamás lo había visto tan afectado y perdido.
—¿Ah, no? ¿Para qué la queremos entonces?
—Para que tengáis más oportunidades de ser felices. Al final es lo único que cuenta.
—Se suponía que encontrar mi alma gemela debería haberme hecho más feliz, y no es así.
—Nadie ha dicho que encontrar su alma gemela dé la felicidad. Tal vez sea el hecho de buscarla y tener una ilusión en lograr un objetivo. Realmente pensaba que todo eso no eran más que cuentos.
—¿Crees que es posible que sea mentira? Pero… la marca apareció ahí justo ese día.
—No lo sé. Sois los únicos inmortales que conozco.
Wakatoshi se quedó pensativo, considerando las posibilidades y decidió que no perdía nada con pedírselo al Amo. Satori debió notarlo porque, sin preguntar, le tendió su brazo rozando con él sus labios para llamar su atención, ofreciéndole la cara interna de su muñeca. Ushijima reaccionó con sorpresa, claramente sin haber tenido esa intención en mente. Después de lo ocurrido con Tooru no se atrevería a insinuar nada, más teniendo en cuenta el estado tan delicado en el que aún se encontraba Tendou.
–No te preocupes, ya estoy mejor y ahora no está… —rectificó el pelirrojo antes de mencionar a Kenma. Wakatoshi era más comedido y estaba seguro de poder soportarlo, así que lo alentó con tono tranquilizador—. Ahora solo quedas tú.
Observó su rostro demacrado, con profundas ojeras y pómulos huesudos, pero cuya sonrisa era cálida y sincera. La relación que los unía podía haber sido totalmente distinta, generando dinámicas muy tóxicas cuando uno tenía un secreto que ocultar y el otro ponía en sus manos su vida. Y, sin embargo, lo único que se desprendía de su vínculo era una incondicional y profunda confianza.
Así pues, Wakatoshi tomó la muñeca de Satori y hundió los colmillos en ella.
El primer chorro le llegó dulce como un manjar, casi haciéndole jadear. Tendou también se estremeció, ambos habiendo extrañado aquel contacto. Y a pesar de todo, no podía dejar de compararla con la sangre inmortal. Nada de lo que volviera a probar jamás se podría asemejar a la sangre de Kenma. Ni siquiera después de prácticamente desangrar a su alma gemela podía decir que se parecía en lo más mínimo.
Fue así, pensando en la herida abierta que había dejado Kenma con su partida, que se dejó llevar por el deleite hasta que acabó dormido.
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Soñó que Kenma se le presentaba en sueños, y al despertar, casi podía sentir aún vívido su beso de despedida en la frente al susurrarle "Me voy".
Se sintió desconcertado, pues comenzaba a dudar de su capacidad de percepción, ya que había sido demasiado real, cuando se dio cuenta que aún tenía los colmillos clavados en la carne de Satori.
El pánico y los fantasmas de las últimas horas acudieron a su mente de nuevo. No era posible que se hubiera repetido lo sucedido con Tooru, pero a la vez se sentía todo distinto. Sacó los colmillos y observó con atención cómo no salía sangre de la herida. Ni siquiera pudo pensar en qué podía estar sucediendo. Se apresuró a intentar despertar a Tendou, con los nervios atenazando su cuerpo, presa de la agonía de haber cometido otro error en tan poco tiempo. Pensamientos catastrofistas martilleaban su cerebro haciéndole creer que era un peligro para cualquiera que estuviera a su lado.
Apenas le dio tiempo a pensar nada de eso con claridad cuando vio con horror, no solo que de la herida no salió ni una gota de sangre, sino que la herida se cerró sola ante sus ojos.
Aquello era imposible.
Sin cuestionar nada más procedió a zarandear a Satori para despertarlo. Le daba igual estar siendo brusco o desagradable, lo único que necesitaba era verle consciente.
Con pereza, el chico comenzó a moverse y a abrir los ojos, también un poco desconcertado. Y no fue hasta que acabó de abrirlos del todo que Wakatoshi captó el tacto frío de su cuerpo bajo sus manos.
Tenía todas las evidencias delante, pero seguía sin comprenderlo: de algún modo que desconocía, Satori se acababa de convertir en inmortal.
El griterío de los criados no tardó en alertarle, apenas dejándole tiempo para preguntarse cómo podía haber sucedido, y de ellos dedujo lo que nunca esperó oír.
El Amo había muerto.
Dejó atrás a Satori, que aún apenas podía moverse, y siguió a los sirvientes que lo conducían a los aposentos del Amo mientras intentaban explicarle lo que había ocurrido. Las versiones de unos y otros no hacían más que distraerle y ser incapaz de prestar atención a lo que decían. En su cabeza solo tenía en mente llegar y esclarecer si Satori había completado la transformación o estaría en un punto en la que esta era aún reversible. Él, como inmortal, podía confirmar que los de su condición sangraban por sus heridas y sus cuerpos tenían un tacto y temperatura parecidos a los de los humanos, no como el rigor mortis del que claramente Tendou estaba comenzando a despertar.
Cuando llegó comprendió por qué todos los criados con los que se había encontrado habían intentado hablar con él. No había más motivo que el mostrarle que tenían una coartada; convenientemente todos llegaron a la habitación cuando el Amo estaba ya muerto, no se cruzaron con nadie o habían estado haciendo cualquier tarea lejos del lugar de los hechos.
Teniendo en cuenta que la escena podía haber sido manipulada, a Wakatoshi le sorprendió la falta de sangre o signos de violencia.
No tenía muy claro cómo matar a un inmortal. Salvo por rumores de cultura popular —que seguramente fueran falsos, como la estaca en el corazón u otras supersticiones— el Amo nunca había hablado con él de esos temas abiertamente, tal vez temiendo que utilizara esa información para su beneficio y arrebatarle el puesto.
Y aunque le constaba que tampoco lo había hecho con Kenma, en aquel momento cayó en algo que el chico le había contado en varias ocasiones.
Ahora que lo pensaba, todo encajaba; la falta de violencia, la facilidad para entrar… Si alguien lo vio merodear por la Villa no tenía por qué sospechar de él.
Wakatoshi no sabía cómo matar a un inmortal, pero Kenma sí. Formaba parte de la cultura de su pueblo para defenderse de las criaturas que acudían a aquellas latitudes a resguardarse de la luz del sol. Multitud de veces le había contado cómo durante los meses de más luz, los ancianos de su pueblo congregaban a los más pequeños cada noche alrededor de una hoguera para instruirlos y prepararlos para la temporada de oscuridad.
Aunque Kenma tampoco le dio nunca detalle alguno. Quizás él también temiera que utilizara dicha información en su contra.
Así que, tal vez, aquel Kenma que se le había aparecido en sueños y se había despedido de él con un beso había sido más real que delirio.
Quería preguntarse por qué su hermano de sangre haría algo así, pero en el fondo sabía que no necesitaba ninguna explicación cuando desde siempre había demostrado ser ambicioso e implacable.
Sin esperarlo, de nuevo había adquirido un estatus para el que no estaba preparado. Ya no solo se trataba de prepararse psicológicamente —al fin y al cabo, cuando fue salvado de la muerte por el Amo también fue una situación imprevista—, sino de falta de información. Kenma y él se habían convertido en Ancestrales y él no tenía ni idea de qué debía hacer.
Ahora tenía el poder de convertir a más inmortales y tampoco sabía cómo. Solo sabía que aquella noche había vuelto a perder el norte y había acabado matando a Satori, con la fortuna de que el asesinato del Amo le ayudó a evitarlo.
Seguramente no pudiera detener el proceso de transformación de su amigo, pero aún podía hacer algo por Tooru.
Desconocía el procedimiento —solo sabía que probablemente sería necesario desangrarlo y que hubiera algún tipo de intercambio de fluidos—, pero tal vez así pudiera burlar a la enfermedad que, según había determinado el médico, terminaría por llevárselo.
Ebrio por la adrenalina generada por los últimos convulsos acontecimientos, se dirigió hacia la habitación de Tooru, donde el joven estaba tan débil que no necesitó ni que le aseguraran la puerta para que no escapase.
Wakatoshi entró con urgencia. Tooru estaba acostado y dormía en un sueño inquieto debido a la fiebre. Unas vendas ensangrentadas le cubrían el cuello, y al levantarlas para comprobar la herida pudo ver su magnitud. Una especie de emplasto medicinal pretendía evitar una posible infección, y debajo de este se abría un corte que le atravesaba en diagonal desde la oreja hasta la clavícula. Reciente como aún estaba, se veía la sangre roja y brillante. El tajo era profundo, seguramente afectando algún músculo o tendón, y no pudo recordar cómo fue capaz de dejarse llevar hasta causar tal destrozo sin recordar nada.
Aunque podía imaginarlo, a juzgar por el calor que despedía no solo su cuerpo ardiendo por la fiebre, sino la sangre en sí, caliente y con un olor penetrante que lo embriagaba y amenazaba con hacerle perder la cabeza.
Quizás se tratase de eso, de emborracharse de la sangre de Tooru y dejar que el instinto hiciera lo suyo, como había sucedido con Satori.
Se sentó a su lado y pasó la mano por su frente, limpiándole el sudor que se le había acumulado y notando lo ardiendo que estaba. El chico entreabrió los ojos a pesar de la debilidad y Wakatoshi pudo ver el miedo reflejado en el brillo febril de sus pupilas.
Ambos reaccionaron al otro. Toda la fuerza que parecía haber abandonado a Tooru acudió de golpe a su cuerpo para hacerlo incorporarse e intentar poner distancia entre ellos. Por su parte, Wakatoshi percibió su miedo y lo comprendió. Probablemente el esclavo recordase más que él acerca de lo que sucedió y estaba justificado que reaccionara así ante alguien que casi le quita la vida.
Wakatoshi quiso decir que lo sentía o algo que le hiciera darse cuenta de que podía confiar en él, pero no era capaz de hacerlo cuando sus intenciones eran tan claras. No iba a tratar de engañarlo para después caer sobre él como aquellas presas atraídas por un cebo. No podía mentirle. Tampoco podía decirle qué era lo que pasaría, en qué se convertiría si todo salía bien… y qué ocurriría si todo salía mal.
Alargó despacio la mano para tocarlo, como quien quiere atraer a un animal salvaje y domesticarlo, pero Tooru había vuelto a su actitud hostil, sin poder retirarse más al tener la pared justo detrás.
En un rápido movimiento extrajo una daga de debajo de uno de los cojines que hacían de almohada, sin duda escondida allí a propósito para tenerla al alcance incluso cuando dormía. Blandió la hoja entre ambos, jadeando y sudando por el esfuerzo que provocó que la herida comenzara a sangrar de nuevo.
Los sentidos de Wakatoshi se volvían a nublar, la sangre le llamaba. Corrigió la trayectoria de su mano, pasando de dirigirse hacia la frente de Tooru, a protegerse del cuchillo tratando de sujetarlo por la muñeca.
Sin embargo, la hoja no se dirigió hacia él, como pensó en un primer momento. Lo lógico habría sido que Tooru intentara defenderse y lo atacara por haberle agredido. Por eso, Ushijima no pudo hacer nada ante una reacción tan inesperada como la que realizó Tooru ante sus ojos.
Wakatoshi apenas le había oído hablar, ni siquiera maldecir o quejarse en su propio idioma. Aquello le llamaba la atención, pues parecía estar poniendo un especial empeño en que no se supiera cuál era su lengua materna para que así no pudiera exigirle algún tipo de comunicación. Al final, siempre había esclavos y criados venidos de todas partes, y de saber de dónde provenía, no le debía ser complicado hallar alguien que le hiciera de intérprete. El nombre que le dio, Tooru, fue de lo poco inteligible que le oyó en todo aquel tiempo.
—Monstruo—le escupió el joven con rencor.
El gladiador se quedó perplejo, puesto que el uso de la palabra en el contexto correcto denotaba cierto entendimiento.
Y porque Tooru no dirigió la daga hacia él para atacarle, sino hacia sí mismo, clavándose en la herida existente y cortando el cuello de lado a lado.
La sangre de la aorta salpicó repetidas veces a un Wakatoshi bloqueado e incapaz de hacer nada ante el cuerpo de su alma gemela desplomándose inerte.
Había visto cómo la escasa vida que le quedaba se le iba delante de sus ojos sin poder remediarlo. Él recordaba haber clavado los colmillos en la muñeca de Tendou y no haberlos movido de allí hasta que despertó. Sabía que debía haber algún elemento común que se le escapaba, y por eso, a pesar de que ya era tarde, se pasó el resto del día llorando abrazado al cadáver de su esclavo.
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Le despertó el olor a quemado, y aunque no le afectara, también pudo percibir la falta de oxígeno. Los gritos de fondo le terminaron por confirmar que se debía haber desatado un incendio. En esos casos se decía que la gente solía morir más a menudo por asfixia que por el fuego. Y como él no iba a hacerlo por ninguna de las dos causas, volvió a cerrar los ojos como si nada de aquello estuviera ocurriéndole a él. Ni siquiera sabía dónde se habría producido el incidente, pues podía ser tanto cerca como lejos. La habitación donde se encontraba era subterránea, y su único acceso podía ser fácilmente bloqueado por las llamas. Y ni siquiera por eso hizo algo por escapar.
Satori lo encontró junto al cuerpo de Tooru. El humo inundó la habitación en cuanto abrió la puerta buscándolo y gritando su nombre.
—¡Estás aquí! —exclamó Tendou, como si estuviera sorprendido de que estuviera en los aposentos del esclavo. No tuvo que fijarse mucho para intuir lo que había ocurrido, sobre todo porque Ushijima no parecía reaccionar, aferrado al fallecido. Satori seguía estando débil y no fue capaz de arrancarlo del cuerpo —. ¡No seas bruto! ¡Está muerto! ¡Tenemos que huir!
—No puedo dejarlo atrás —dijo Ushijima, sin que Satori hubiese conseguido que se moviera lo más mínimo.
—¡No me hagas tener que ponerme serio! No es más que un cadáver, si termina incinerado sería un gran favor. Debemos huir antes de que las llamas lo consuman todo.
Wakatoshi se quedó pensando en si el fuego sería otra manera de matar a un inmortal. El resplandor de las llamas se colaba en la estancia llamándolo como un canto de sirena. De pronto la idea de arrojarse a ellas y que todo terminara se le hacía muy tentadora. Lo único malo que podía suceder era sobrevivir, que el fuego no fuera suficiente para matar a uno de los suyos. O quizás sí funcionara para simples inmortales, solo que él ya no era uno de ellos.
Era un ancestral.
Tal vez los ancestrales se matasen de otra forma.
O no.
Dudar de algo tan básico como eso dejaba en evidencia su ignorancia. Al final había acabado siendo abandonado por todos: Kenma, el Amo, Tooru… Estaba solo en un mundo del que desconocía las más mínimas reglas, y el fuego estaba obligándole a salir sin estar preparado, como los cazadores que utilizan alimañas adiestradas para ahuyentar a los conejos de sus madrigueras.
Fue la mano de Satori quien detuvo sus pensamientos y lo devolvió a la realidad. No oía lo que decía, solo lo veía gesticular y mover la boca, seguramente apremiándolo a seguirle, pero aún en su estado de confusión, Wakatoshi pudo recapacitar y obtener de él las fuerzas para levantarse.
No estaba solo.
No todo el mundo lo había abandonado.
Todavía le quedaba Tendou, a quien la inmortalidad había favorecido atenuando las marcas de su padecimiento humano. Su rostro seguía pálido y enjuto, pero en sus ojos había desaparecido la amenaza de la muerte a la vuelta de la esquina. El desgaste de quien continuamente ve su vida pender de un hilo o un paso en falso. Lo quisiera o no, Tendou era su creación, y también su amigo, y él como su ancestral no iba a abandonarlo a su suerte.
El pelirrojo sonrió cuando vio a Wakatoshi reaccionar y tomar su mano para levantarse, y ambos escaparon aprovechando el caos.
No se detuvieron hasta que alcanzaron las afueras. Desde aquella colina se divisaba la ciudad, donde el incendio brillaba en la oscuridad de la noche, atrayendo sus miradas y sus recuerdos. Observando cómo parte de sus vidas desaparecía, se sentaron un momento a tomar el aire y discutir qué sucedería a partir de entonces. No estaban solos, pero no tenían nada.
—Lo siento —dijo Satori mirando al frente, testigo del desastre causado por su culpa—. Lamento que mi familia haya provocado todo esto. Querría poder decir que me responsabilizo de lo ocurrido y tener una alternativa, pero sabes que no es así.
—Eres listo, al menos eso nos ayudará —dijo Wakatoshi. Aquello le trajo a la memoria a Kenma. Él también era listo e hicieron un buen equipo. Le gustaría pensar que Satori podría ser un buen sustituto si no fuera porque tenía heridas recientes que aún dolían demasiado—. Lo demás no es culpa tuya, tú no lo pediste y tu familia cuando te ofreció como aperitivo debió tener en cuenta que podían suceder este tipo de accidentes.
Recordar a Kenma trajo otra memoria más concreta que lo hizo dudar.
«Tenemos que compartirlo y es difícil parar. Una vez que empiezas quieres acabártelo y no podemos pasarnos de la raya porque si lo matamos, su familia vendrá a prendernos fuego.»
Aquellas palabras fueron pronunciadas por Kenma en una de tantas sesiones en las que compartían la sangre de Satori. La posibilidad de que los humanos tomaran venganza de ese modo estaba incluso casi aceptada, como si existiese algún código que regulaba las escasas interacciones consentidas con ellos, y Wakatoshi no podía evitar preguntarse si se debía a que era una manera efectiva de acabar con los inmortales.
Al parecer, las fiebres que contrajo Tooru durante su viaje habían afectado a la mayoría de esclavos que compartieron barco con él, y pronto la enfermedad se extendió provocando una epidemia. Wakatoshi había pasado todos esos días encerrado en los aposentos de Tooru, por lo que apenas era consciente de lo que ocurría ni en la ciudad ni en la misma Villa.
La noticia de que el esclavo de Aquila era uno de los afectados y que lo mantenían en cuarentena había alertado a la familia de Tendou quienes, cuando quisieron asegurarse de que se encontraba bien, lo encontraron despertando de la muerte. Y no solo lo habían matado, sino que lo habían convertido en uno de ellos.
—He estado dándole vueltas y me gustaría preguntarte si recuerdas algo de lo que pasó la noche en que murió el Amo —comenzó Wakatoshi, sin saber exactamente si había sido la noche anterior o hacía más días, pues de un tiempo a esta parte la mayoría de sus recuerdos eran confusos y su mera existencia una nebulosa—. Yo… juraría que Kenma vino a despedirse de mí. Estoy seguro de que fue él quien lo hizo, en un acto de buena voluntad, pero tengo miedo de lo que pueda significar esa despedida. Aunque es listo, está solo y su ambición le ciega. Y luego está el incendio. Dices que fue tu familia, pero… mi corazón se niega a aceptar que Kenma pudiera tener algo que ver, el por qué eligió este momento para acabar con el Amo y por qué todo se ha desencadenado de esta manera.
—No puedo aclararte nada, estaba muerto, ¿recuerdas? —Satori rio y el contraste con la frase que acababa de pronunciar aligeró el ambiente y el semblante preocupado de Wakatoshi—, pero tus suposiciones tienen sentido. Precisamente porque Kenma es astuto y observador es difícil adelantarse a él. Aunque como bien dices, su ambición podría ser tanto uno de sus puntos fuertes como su gran defecto.
—¿Crees que deberíamos buscarlo? —propuso el gladiador.
Tendou apoyó la mano en su hombro para reconfortarlo, comprendiendo las dudas y el deseo de su amigo. Estaba dolido, se sentía culpable y responsable de todo lo malo que había ocurrido a su alrededor y deseaba con todas sus fuerzas que todo volviera a ser como antes, cuando solo estaban ellos tres.
Pero eso ya no volvería a pasar.
—¿Crees que sigue siendo un aliado o…? —la voz se le quebró. No podía poner aquella palabra junto al nombre de Kenma. La mano de Satori le estrechó con más fuerza.
—Averigüémoslo. Vayamos a buscarlo. No perdemos nada por intentarlo.
La mirada que Ushijima le devolvió había recobrado una pizca de la felicidad que le había sido robada cuando todo comenzó a caer en picado.
Su alma gemela, aquella que se suponía debería haberle hecho feliz, se consumiría calcinada con el resto de sus recuerdos, borrando su existencia y dejándole más dudas y fantasmas que momentos felices.
Por eso, cuando dieron la espalda a sus vidas pasadas para enfrentar la nueva etapa que les esperaba, Ushijima Wakatoshi se prometió no dejar que nadie más cometiera los mismos errores que él, así tuviera que eliminarlos de la faz de la tierra.
N/A: Aunque este fic lo sigue poquita gente espero que os haya gustado. Al final quedó más largo de lo que esperaba y espero que no haya sido demasiado denso.
Aquí acabamos el pasado de Wakatoshi, aunque volveremos a ver más cosas, también algunos temas que quizás en este capítulo han quedado un poco confusos. Con esto se supone que debemos tener una visión que nos haga comprender cual es su actitud ante el hecho de que Sakusa haya encontrado a su alma gemela dos veces ;-P
También creo que Kenma y Wakatoshi van a tener más relevancia de la que pensaba en un principio, así que ahora mismo no tengo muy claro si el SakuAtsu va a ser la pareja principal o la secundaria.
Gracias por leer, espero vuestras opiniones.
Y feliz año nuevo.
Besitos
Ak
