IV
Decidida a todo
No podía parar de reír con todas las ocurrencias de Edward. Bella se sentía contenta y quizá un poco arrepentida de no haberle brindado una oportunidad al chico mucho tiempo antes, pero estaba convencida de que las cosas llegan en el momento justo.
El vodka estaba haciendo sus efectos y ella ya estaba algo mareada, así que comenzó a beber más despacio. Pero, parecía ya estar condicionada para estar bebiendo y bebiendo, dejó de hacerlo durante un rato cuando se le vació la copa.
Ella se veía más hermosa con el pasar de la noche y la encantadora sonrisa que tenía ponía de cabeza a Edward que estaba casi desesperado por darle un beso, pero, no quería arruinar el momento con algo así, la meta para él era otra.
Desde la primera vez que lo intentó con ella iba con un solo pensamiento y era llevarla a la cama. Bella era una marea de deseo, su cuerpo lo atraía demasiado y, más allá de eso, la manera en cómo ella era y cada vez que lo rechazó, la deseó más.
Entonces Bella siguió mirándolo sin parar y entonces admitió algo.
La verdad es que ese miedo que sentía cuando lo veía, no era más que deseo. No podía mentirse más. Los músculos de Edward parecían ser más deseables con el paso de la noche, la voz del chico la tenía hipnotizada y de no ser por su fuerte personalidad, ella ya estuviera entre sus brazos. Ahora que sabía que lo deseaba como a nadie, tenía algo más con que luchar internamente. Ella necesitaba probarlo de alguna manera, pero no sería capaz de dar ese primer paso.
Era eso lo que la había mantenido alejada de todo, tenía temor a que la volvieran a lastimar y además pensaba que nunca más iba a querer a alguien como quiso a su exnovio, estaba saboteándose ella misma y la verdad es que ni siquiera se había dado cuenta.
Pero ahora estaba en una situación donde todo eso podría cambiar si solo se dejaba llevar por el momento, quizá terminaría siendo como todas las demás que caen en las redes del atleta, pero no le importaba. Al menos hizo que lo intentara de todas las formas y lo lograría en el último día del año, así que no fue tan fácil para él.
Bella sabía que ya había pasado su límite para la cantidad de alcohol que podía consumir durante una noche y estaba tratando de mantenerse con todos sus sentidos activos, pero, no era fácil para ella.
Edward ahora estaba muy cerca de ella y las manos le pedían en todos los idiomas que lo tocara, ella sentía esa necesidad y todo su cuerpo ahora se estaba estremeciendo solo ante la posibilidad de poder hacerlo, ella sabía que, de lograrlo, él no se opondría a eso.
No se atrevía a hacerlo.
Entonces fue su mirada la que la delató completamente. Durante un instante se quedó observando con detalle el abdomen y los pectorales de Edward, ella lo veía con deseo y con ganas de comérselo todo. En su mente estaba imaginando todas las situaciones posibles.
Él notó lo que estaba pasando y con delicadeza le levantó la mirada tomándola por la quijada.
—¿Podemos dejar de disimular y dejarnos llevar por lo que sentimos?
Bella sabía que ella había sido descubierta y su mente comenzó a buscar una respuesta coherente a lo que él le proponía, pero, no encontraba ninguna y no solo por el hecho de que estaba completamente deseosa de tenerlo, sino porque el nivel de alcohol no la dejaba pensar con claridad.
—Creo que… No entiendo a qué te refieres, Edward.
Estaba sonrojada por haber sido capturada en pleno acto, pero, se sentía bien de que ya no estuviese esa barrera entre ellos, por fin alguien había dado el paso inicial.
Bella entonces se acercó más y no podía evitar la atracción que tenía por él, así que su mano se posó sobre el pecho del chico y se mordió su labio inferior, lo miró con pasión y entonces lo besó. No sabía exactamente lo que estaba haciendo, pero, estaba dejándose llevar por lo que su cuerpo le pedía.
Fue así como comenzó a imaginar tantas cosas que jamás había dejado salir, tantas cosas que deseaba tener y eran todas con él, inconscientemente ella lo había deseado también desde el primer momento y no fue hasta ahora que dejó que todo saliera a flote.
El contacto de sus manos con los brazos de Edward era como tocar carbón encendido, sus músculos eran grandes y fuertes, ella se sentía en la gloria.
Comenzaba a experimentar muchas cosas dentro de ella que jamás había tenido presente, era como una montaña rusa de emociones.
El beso de Edward iba más allá de lo que ella podría haber imaginado. Con cada roce de sus labios su entrepierna se estremecía de manera contundente, sus manos trataban de encontrar algo que ella no estaba segura que era, pero seguía recorriendo el musculoso cuerpo del chico con rapidez. Él la tomaba con fuerza para que supiera quien era el que mandaba en esa situación.
Bella estaba completamente mojada y su nivel de excitación sobrepasaba los límites antes experimentados, ella no podía contenerse, necesitaba tenerlo en ese mismo momento.
Entonces fue cuando aprovechó el momento para subirse sobre él, no sabía realmente lo que estaba haciendo, pero, no podía parar.
¿Acaso estoy lo suficientemente borracha para hacer esto? ¿Qué pasa conmigo? No puedo dejar pasar esta oportunidad.
El vestido se hizo a los lados y entonces se sentó justo sobre la gran erección que tenía Edward que quedó rozando su vagina. Era la mejor sensación que había sentido.
La chica entonces lo besó con más pasión y más ganas, ella estaba como dejando salir todo lo que llevaba por dentro, estaba convirtiéndose en algo que jamás había conocido. Él la tomaba por la cintura y entonces sentía como ella se movía con desespero y con ganas de más.
Las cosas iban poniéndose cada vez mejor, entonces de la misma manera en que estaban en ese momento, Edward se levantó y la cargó sin mucho esfuerzo, ella se asió fuertemente, pero, nunca paró de besarlo.
En ese instante Jasper pasaba cerca de donde estaban y miró cómo iban las cosas entre su amigo y Bella. Edward lo miró de reojo y parecía que las cosas para él no estaban bien, pero en ese momento no podía darse el lujo de pensar en nada más. Jasper era su hermano, pero tenía que terminar lo que había empezado con Bella, era ahora o nunca.
Se sacó de la mente eso.
Él, casi a ciegas, abrió las puertas de su casa y caminó a oscuras por los pasillos hasta que llegaron al despacho principal. Ahí había un par de sofás y eso sería suficiente. Era el lugar de trabajo de su padre, pero la verdad a él no le importaba mucho eso en ese momento.
Dejó caer a Bella sobre uno de los sofás y se lanzó sobre ella para no dejar de besarla ni un instante, estaba tan excitado como podía y quería acabar con todo eso ya.
Pero, las cosas no serían tan fáciles como él esperaba.
Bella se escabulló dentro de entre los brazos de Edward y comenzó a caminar por el lugar. Estaba jugando un poco antes de comenzar con la verdadera acción.
La chica estaba un poco mareada, pero, aún tenía la coordinación suficiente.
Se movía de un lado a otro con sensualidad, miraba a Edward y este cada vez la deseaba más, ella recordó que se había puesto su lencería sexy y entonces tomó eso a su favor.
Levantó poco a poco su vestido hasta quitárselo por completo y se lo lanzó a Edward quien lo atajó sin problemas, él lo olió y entonces lo puso a un lado. Bella mostraba un cuerpo espectacular con grandes senos que se ataviaban con un pequeño y muy erótico sujetador que solo tapaba lo más necesario. Eso se combinaba con un panty bastante pequeño también y parecía que todo era hecho a la medida, le quedaba perfecto.
Ella no se reconocía para nada, no era la Bella de todos los días, estaba siendo manejada por un alter ego muy especial y que tenía además una sensualidad desbordante con pensamientos sexuales que jamás se habría imaginado.
Estaba luchando internamente por saber qué era lo que estaba sucediendo, pero su cuerpo ahora necesitaba de esa nueva personalidad que había estado encarcelada durante tanto tiempo. Quizá era todo ese deseo que sentía o probablemente habría sido la cantidad de alcohol necesaria para dejarla salir, era la primera vez que se sentía así.
Volteó la mirada hacia un minibar que estaba justo detrás del escritorio y entonces caminó hasta allá, se agachó insinuantemente mostrando completamente el trasero a su chico y tomó una de las botellas que estaban ahí. El panty parecía que desaparecía entre las nalgas de la mujer, era como si su trasero se lo comiera.
Al volver a levantarse, se tambaleó un poco, pero, mantuvo su postura. La chica era más que una sorpresa para Edward que se sentía muy emocionado por todo lo que estaba pasando, Bella se había convertido en una caja de Pandora.
Era un Whisky de 18 años de una muy buena marca y con una presentación espectacular que fue precisamente lo que hizo que Bella lo escogiera. Comenzó a acercarse nuevamente hasta Edward y entonces se subió al sofá justamente al lado de él. Ella estaba parada a su lado.
Lo empujó con uno de sus pies (lo cual fue casi una acrobacia tomando en cuenta el estado y el sitio en el que estaba) y entonces abrió la botella. La chica entonces levantó su pierna izquierda y comenzó a derramar el licor desde su rodilla, recorría su piel hasta que caía por la punta de su pie que estaba justo frente a la boca de Edward que en ese momento tomaba el whisky placenteramente.
Ella disfrutaba de verlo así, a sus pies. Disfrutaba de tenerlo justo en el lugar en el que estaba, eso la excitaba más, era como tener el control total de todo. Sobre todo, tener el control sobre ese chico arrogante que lo tenía todo y que creía que podía tener a todas las mujeres de mundo sin necesidad de buscarlas, pero esa noche las cosas eran distintas.
Él lamió el pie de la chica con delicadeza hasta que ella lo bajó poco a poco y lo puso sobre su pene. Sentía como estaba completamente erecto y entonces lo frotó con fuerza mientras también se empinaba la botella y tomaba de ella.
Dejó caer un chorro del licor sobre sus senos y eso hizo que la chica se calentara más.
Bajó del mueble para pararse frente al chico y lo miraba fijamente, tomó más del whisky y entonces se agachó de nuevo para poner la botella en el suelo. Desde el ángulo de Edward los senos de la chica parecían aún más grandes y a punto de salirse del sujetador.
Ella comenzó a quitarse la poca ropa que tenía, dejando al descubierto primero que nada sus senos, eran redondos y grandes, a la distancia parecía jugosos y sin duda eran los mejores que él había visto en toda su vida.
Ella entonces se acercó y se arrodilló frente a él para quitarle el short que traía puesto y comenzar con el trabajo fuerte. Ella seguía mareada, pero sabía lo que estaba haciendo.
Cuando pudo sacar la prenda de Edward vio como aparecía su tesoro escondido, era como si se tratase de un lingote de oro, de los más grandes que existían. Ella estaba más que complacida con lo que estaba viendo y hasta se le hizo agua la boca.
—¿Estás así de duro por mí?
¿Pero, qué carajos estás diciendo? No estoy entendiendo qué pasa.
Bella seguía en la lucha con su alter ego, seguía sin entender exactamente lo que pasaba, pero en ese momento no tenía fuerzas para vencerlo.
—Por supuesto que sí.
Escuchar a Bella hablando así de sucio era algo que él jamás había imaginado, lo pensaría de cualquiera de las chicas de la universidad, incluso de Alice, su amiga. Pero, nunca de ella. No con ese rostro de niña buena. Además, lo excitaba mucho más.
Antes de preparar el camino ella tomó otro trago y le ofreció a Edward quien tomó la botella sin pensarlo. Entonces desde ese momento vio como esa chiquilla que tenía entre sus piernas y ahora parecía irreconocible estaba haciéndole el mejor sexo oral que jamás haya tenido. Él solo echó su cabeza hacia atrás y dejó que ella hiciera todo el trabajo.
Bella sentía todas las texturas en su boca y además se dejaba llevar por el momento sin pensarlo mucho, solo alimentando los deseos de su mente, de su cuerpo y de esa personalidad que estaba conociendo esa noche. Era alguien que la manejaba, parecía poseída por un espíritu o quizá por su misma lujuria.
Estaba arrodillada y solo paraba lo que hacía para beber más alcohol y una voz muy interior le decía que debía parar eso, era suficiente con lo que ya corría por sus venas y con la mezcla de bebida que venía haciendo desde temprano.
Pero, no le hizo caso y la calló por completo.
Siguió con lo que hacía y estaba sedienta por más. Bella comenzó a ver las cosas por partes, ahora comenzaban a haber lagunas mentales, pero en ese momento no importaba.
La botella de whisky estaba completamente vacía y tirada en una esquina de la habitación. Edward estaba ahora follándola con fuerza, la tenía apoyada en el sofá y la tomaba por la cintura, ella gemía sin parar y sentía como el gran tesoro escondido la penetraba sin parar. Edward estaba disfrutando del momento más crucial de la noche y las cosas iban muy bien para él. Tenía a Bella justo donde la quería y a pesar de todo había podido dominarla después de un largo rato donde solo se hizo lo que ella quiso y nada más.
Las manos de cada uno recorrían el cuerpo del otro y lograban encontrar los puntos exactos solo por instinto, la verdad es que estaban muy ebrios para tener consciencia de lo que estaban haciendo, pero, para ellos solo bastaba lo que sentían en ese momento.
Pero, las cosas iban confundiéndose cada momento más, las imágenes eran borrosas y solo podía ver con claridad momentos puntuales de todo lo que le acontecía.
Bella seguía las instrucciones de todas las voces que escuchaba, veía los brazos y los pectorales que tanto deseaba, aunque por momentos parecían distintos.
Las sábanas en la piel, la textura de madera del escritorio, la suave alfombra, el césped de la casa… Todas esas cosas estaban en la mente de Bella cuando despertó a día siguiente.
