Código: Guardianes

Capítulo 81

Pese a que apenas amanecía, la actividad ya era alta en Kadic, pues las luces de los cuartos se iban encendiendo una a una, desde fuera parecía que el edificio iba despertando poco a poco. Lo que no era tan común era que una veintena de luces de diversos colores salieran de la academia y fueran a toda velocidad al interior del bosque de Kadic, aunque al ser una hora muy temprana casi nadie lo vio, y muchos llegaron a la conclusión de que aún estaban medio adormilados. Y es que los guardianes tenían reunión diurna, pero los integrantes con menos experiencia del grupo, no acostumbrados a ese tipo de cosas, remolonearon bastante, y tuvieron que esperar un poco a poder iniciar la reunión, aunque no se lo tuvieron mucho en cuenta dadas las circunstancias.

-¿Y dices que en ese sueño aparecía un tipo idéntico al hombre que te ayudó en tu búsqueda de tu arma, el tal Samuel, y que soñaste lo mismo que Jhonny?- dijo una sorprendida Atenea, tras oír a su hija y a Jhonny, quienes asintieron.

-Sí, y lo más curioso es esto- dijo Asmae, mientras le tendía un dibujo. Atenea la miró sin entender.

-Asmae me dio la descripción del hombre que la ayudó, y resulta que es idéntico a un tipo que vi hace unos días, ese es el dibujo que hizo Odd- dijo Yumi.

-Es realmente bueno...- comentó la reina, a lo que el rubio hinchó el pecho orgulloso de sí mismo- ¿Que probabilidad puede haber para que esto pase...?- se preguntó en voz alta Percy.

Sería Susan la que contestaría- Casi nula, esto debe significar algo- dijo ella, argumento que su hermana no dudó en seguir al asentir con la cabeza.

-¿Y que hacemos? Por que a no ser que os acordéis de su energía, me da que será muy difícil dar con la respuesta- dijo Aurora- Precisamente haremos eso, pero no podremos ir todos, ya que tenemos que ir a la reunión de los jefes de Estado de Asmara- dijo Atenea, mientras se levantaba.

Todos la imitaron, dando así por concluida la reunión. Antes de irse, Atenea les informó de los planes de la hechicera, y les recordó a sus hijas que debían de estar listas para la cuatro y llegar de esta manera a tiempo a la reunión. Una vez hecho eso, salieron rumbo de nuevo a la academia, aunque lo hicieron andando, pues aún quedaba mucho para que empezaran las clases.

-Debéis de estar muy emocionadas, eso de conocer a los presidentes del Gobierno debe ser todo un honor- comentó William, mientras caminaba al lado de Electra- Más si son de otro planeta, pero seguro que al final será un coñazo- se rió la rubia.

Jeremy negó divertido- Bueno, al menos podréis estar hablando con nosotros aunque sea por el chat del móvil- dijo, intentando animar a su pareja y cuñada, quienes se quedaron ligeramente blancas al pensar en eso.

-Eso es verdad- dijo Noelia- Y no os preocupéis, nosotros vigilamos el fuerte- dijo Sissi, mientras abrazaba por detrás a Nicolás y Herb, quienes levantaron el pulgar en señal afirmativa.

-¿Ya tenéis los vestidos?- le preguntó Tamiya, a lo que Aelita asintió- Las cuatro, por suerte mamá tenia varios guardados y los podemos usar- dijo la guardiana de la luz.

Tras entrar a Kadic, minutos más tarde, el grupo se fue dispersando, entrando cada uno a sus respectivas clases para dar así inicio a la mañana de clases, la cual se desarrolló con normalidad, al menos para la gran mayoría, pues Jhonny no dejada de sentir un hormigueo en la nuca, y por instinto de vez en cuando miraba al patio desde su sitio, que daba justo a la ventana, pero no veía a nada ni nadie fuera de lo habitual. A la tercera vez que le pasó gruñó un poco, algo molesto, pero sin llamar la atención de nadie, le pasaba últimamente, como si desapareciera de la vista de todos. Era muy raro.

-¿No notas tú algo raro, Hiroky?- le preguntó Jhonny al japonés, quien le miró con curiosidad y negó.

-Pues... no- reconoció el chico, a lo que Jhonny bufó molesto- Después lo investigaré- dijo, mientras miraba a la pizarra para impedir que la profesora de matemáticas le llamara la atención.

Hiroky esperó a desaparecer del campo visual de la profesora para seguir hablando- ¿Te saltarás gimnasia?- le preguntó, a lo que su amigo asintió.

-Dile a Jim que me dolía la tripa o algo- le pidió Jhonny, poniendo cara de cachorrito, a lo que Hiroky, como solía pasar, acabó cediendo.

Y es que el muchacho tenía una facilidad sobrehumana de convencer al japonés, y a la gente en general, como si pudiera convencer a la gente de cualquier cosa. Por su buena naturaleza nunca lo había usado para hacer alguna trastada, y tras descubrir su mitad divina entendió que esa habilidad era algo heredado de su padre, a quien no tenía mucha intención de conocer, al menos ahora. Minutos más tarde acabó la clase de matemáticas, y el chico salió corriendo en dirección al bosque, y sin que nadie se diera cuenta de ello, se internó en el mismo, con la seguridad de que Hiroky le cubría.

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Mientras, y como las dos últimas clases las tenían libres por ser con el mismo profesor y que este se había puesto malo, buena parte del grupo estaba ya libre y con ganas de fin de semana. Tan solo estaban en clase Yumi, William, Hiroky, Jhonny, Tamiya y Milly, por estar en otros grupos, el resto estaba libre.

-Nos iremos a las cuatro, así que aprovecharemos para comer ahora y después nos empezaremos a arreglar- dijo Aelita, mientras andaban en dirección a la Ermita.

-Si pasa algo os avisaremos chicas- les aseguró Odd, mientras se separaban en la cruz que bifurcaba el camino del bosque en varias direcciones, una de las cuales llevaba a la Ermita.

Tras despedirse, las tres hermanas fueron en dirección a la vieja mansión, mientras el resto volvía a Kadic, con ganas de comer. Minutos más tarde, Aelita, Asmae y Asmeya entraron a la casa, donde ya les esperaba Atenea con un paño en la cabeza, estaba cocinando.

-Hola chicas- les gritó, desde la cocina, mientras las miraba de reojo a través de la ventana que conectaba el salón con la cocina.

-¡Que bien huele, mamá!- exclamó Asmeya, mientras empezaban ella y sus hermanas a sacar las cosas de la mesa.

La primera vez que comieron las cuatro juntas, como una familia normal, fue toda una celebración. Estaban contentas por ser, una vez más, una familia unida. Se estaban acostumbrando a estar unidas de nuevo, y los lazos de familia que se habían roto por culpa de la guerra se estaban formando de nuevo, como si jamás se hubieran roto. Y si bien la paz parecía cerca de romperse por la amenaza de una nueva guerra, estaban dispuesta a luchar por mantenerla. Pero como no querían ser pájaros de mal agüero, no hablaban del tema en esas reuniones de familia.

-Espero que os guste la comida, niñas- les dijo, mientras traía la comida y les servía la misma en los platos.

Tras eso, comenzaron a comer mientras la mayor les daba clases rápidas de protocolo. En ese momento se dio cuenta de que lo ideal hubiera sido enseñarles antes eso, pero la falta de tiempo es lo que suele tener. Por esa razón, aquella clase improvisada de buenos modales en una reunión oficial fue bastante breve y de las cosas más básicas, al menos para evitar un conflicto internacional con según qué líder de Asmara. Tras eso, subieron a arreglarse para la gala, cada una en un cuarto. En aquel momento Aelita agradeció las clases de maquillaje que le dio Yumi cuando volvió de Lyoko, recordaba bien lo mal que se le daba al inicio, pero a la japonesa se le daba de maravilla y le dio más de un buen truco para evitar que se corriera el rímel. Después de maquillarse, se dispuso a ponerse el vestido. Este era color rojo sin mangas y con la falda cortada a la altura de la mitad del muslo, con un recubrimiento en la parte del hombro que tenía decoraciones dorados. Llevaba sandalias de color plata y unos aros de color oro en las orejas regalo de Jeremy. Tras ponerse el pintalabios rojo que más le gustaba y ajustarse un poco más el vestido, se miró al espejo.

-Bueno, espero que todo vaya bien...- murmuró, para después suspirar. Salió del cuarto, y llamó al de su gemela. Tras eso, entró al cuarto al oír la respuesta afirmativa de ella.

-¿Lista, Mae?- le preguntó, sentándose en la cama. Ella se dio la vuelta, y le tendió un collar de perlas- ¿Me ayudas a ponérmelo? No puedo yo sola- le pidió, a lo que Aelita asintió.

-Te queda bien- comentó Aelita- Gracias, igualmente- le dijo Asmae, dándose la vuelta, ya lista. Su vestido era color turquesa con líneas doradas recubriendo la parte del busto. Llevaba tan solo el collar que le puso Aelita como decoración.

Aelita le colocó un poco el vestido- Que Jeremy no te vea o te quitará el pintalabios por la fuerza- se rió Asmae, mientras su hermana ponía los ojos en blanco y se reía también.

-¿Bajamos al comedor, me muero de ganas de irme ya, me estoy agobiando- dijo Asmae, a lo que su hermana asintió. Allí vieron a Atenea, la cual ya estaba totalmente preparada. La mujer llevaba una camisa blanca con una chaqueta negra por encima y pantalones de tono oscuro, aunque no desentonaban en lo más mínimo, con manoletinas negras. En su regazo tenía un bolso negro bastante pequeño, pero con lo indispensable.

-Estáis muy guapas, chicas- les dijo la mayor, sonriendo, y levantándose. Ellas asintieron- Desde luego, ya solo queda Asmeya para venir- dijo Aelita.

Y precisamente poco después apareció la mayor de las tres hermanas. Llevaba un vestido negro realmente elegante, con zapatos de tacón también negros y un par de aros en las muñecas de color plata.

-¿Me queda bien? Es que es la primera vez que me lo pongo y...- Asmae como única respuesta le silbó con fuerza, provocando la risa de las otras tres.

-En ese caso vamos al Palacio de Las Naciones, en la capital de Heavenland, en Celestia. Es allí donde usualmente se celebran estas reuniones- dijo la reina, mientras abría el portal en dirección al lugar de la reunión.

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Por su parte, el resto del grupo ya se encontraba reunido en un parque cercano a Kadic, hablando entre ellos, aunque el banco se les quedaba pequeño, por eso muchos de ellos estaban de pié al lado del banco.

-Espero que les vaya bien en esa reunión- dijo Electra, mientras rascaba en la nuca con delicadeza la nuca de William, con Noelia en su regazo, quien movía de lado a lado su cola con diversión al ver a Susan echarle la bronca a Percy y Odd por querer gastarle una broma a Aurora, quien no se enteraba por estar apoyada en el hombro de Patrick quien conversaba tranquilamente con Jeremy y Ulrich.

-Y yo, aunque me gustaría estar allí con ellas- dijo Marin, mientras le quitaba una cosa del pelo a Sam, aunque la guardiana de la esperanza estaba demasiado interesada en la bronca que se le estaba echando a su novio.

-Ya, pero debemos permanecer aquí, por si acaso- dijo Jhonny, que había vuelto justo a tiempo de empezar la clase de gimnasia, y cuando Hitoky le preguntó que qué fué lo que encontró, este dijo que nada relevante, a lo que Hiroky asintió, aunque estaba más centrado en Milly, quien se reía junto a Tamiya y Noelia, cerrando así el círculo.

-Si pasa algo nosotros nos encargaremos, no molestaremos a Aelita y al resto, ¿os parece bien?- dijo Marin, a lo que el resto asintió sin dudar.

Sam iba a hablar cuando vieron como la gente se agolpaba a la entrada de una tienda cercana, fuera del parque.

-Me pregunto que pasará...- murmuró Tamiya, mientras el grupo corría a ver que pasaba.

Tras cruzar la calle, se acercaron a la tienda, donde la gente ya estaba agolpada en el escaparate. Se trataba de una tienda de informática, aunque lo que interesaba a la gente parecía ser los televisores de la tienda. Era una imagen de la cercana París, esta parecía ser atacada por...

-¿Eso es un tío disfrazado?- preguntó al aire Jeremy, curioso. Efectivamente, la ciudad de París era atacada por un tipo vestido con una armadura futurista de cuerpo completo de color totalmente negro que, cada vez que era disparada contra alguien, esta era tirada al suelo, sin moverse más. Susan rápidamente frunció el ceño ante eso.

-De hecho, más parece un caza recompensas Duranto, y no me gusta nada lo que está haciendo- dijo Susan, mientras el resto la miraba con preocupación, todos menos Marin, quien ya más o menos tenía una idea de lo que su hermana pensaba.

-Será mejor que vaya yo, aquí puede haber problemas- siguió Susan, mientras elevaba su energía- Marin, explicales que pasa aquí- le pidió, para después irse a toda velocidad hacia Paris.

Esta suspiró, mientras miraba al resto del grupo, que parecía bastante confuso por lo que acababa de hacer la, generalmente, tranquila Susan.

-Los Durantos son una especie que suelen trabajar de caza recompensas para grandes empresas, y me temo que sus métodos no suelen ser los más respetuosos, con tal de conseguir lo que quieren son capaces de cualquier cosa- les explicó Marin- Seguramente haya algún preso suelto por Paris...- murmuró, volviendo a mirar a la pantalla.

-¿Y por que no podemos simplemente...?- pero las palabras de Noelia fueron cortadas al recibir Percy un mensaje. Era de Asmeya.

-Tenemos que ir a la Ermita, parece que una de las nuevas gemas despertó- dijo Percy, mientras les mostraba el mensaje- Dice que nos ocupemos nosotros, ellas no pueden venir por el tema de la reunión, nos desean suerte- siguió hablando el guardián de los metales.

Marin pensó unos segundos- Bien, avisaré a Susan para que no se preocupe- dijo, mientras le mandaba el mensaje a su hermana. Tras eso, el grupo corrió hacia la Ermita. Desde luego el día se presentaba movido.

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En pocos minutos, Susan se presentó en la plaza de los Eliseos de Paris. Allí, el caza recompensas seguía disparando a todo lo que se movía, tras lo cual, se ponía a registrar los cuerpos tirados en el suelo, y a continuación seguía con su macabro espectáculo. Por el arma que usaba, una pistola pequeña con un brillo rojo en los laterales que emitía un ligero zumbido cada vez que era recargada, Susan sabía que no debía estar matando, al menos en principio, pero desde luego había llamado la atención de todos, pues hasta vio a los del ejercito allí. Ella gruñó por lo bajo, pero debía actuar. Corrió hasta acercarse al Duranto, y se plantó ante él.

-¡Vamos, sé que tienes un escáner, analiza mi cuerpo!- dijo ella, extendiendo los brazos en cruz. Este la pareció mirar con sorpresa, y, tras unos segundos, ella vio que bajaba el arma por primera vez desde que está aquí.

-Tu ADN es diferente al de la especia de este planeta- dijo, sin dejar de mirar a Susan- Retirate, estoy en una misión urgente- pidió, mientras cargaba de nuevo su arma.

Claro que Susan no cedió- ¿Por que disparas contra humanos? Entiendo que estas buscando a un extraterrestre fugitivo- dijo ella. El Duranto la miró durante unos segundos, y tocó unos filamentos de su casco que hizo que este se retirara, mostrando su rostro. Su piel era color verde, y sus ojos eran de una tonalidad dorada.

-Mi misión no te concierne, Dama del Tiempo- dijo el Duranto, mientras se acercaba a ella peligrosamente- Te recomiendo irte, esta zona ha sido puesta en cuarentena- dijo, mientras cerraba el casco de nuevo.

-¿Cuarentena? ¿Es que hay una enfermedad por ahí suelta?- preguntó Susan, sin inmutarse por la amenaza- En ese caso si que es buena idea ir matando humanos, no se vaya a transmitir la enfermedad- siguió la chica, haciendo que el Duranto se parara de pronto.

-Me reitero, no te concierne- dijo el Duranto, recargando el arma. De pronto, se oyó un ligero zumbido, y el Duranto desapareció de la escena.

Susan frunció ligeramente el ceño, al ver la enorme nave. Esta era de color blanca con luces parpadeantes en la parte de abajo y los laterales, y si bien desde abajo no se podían apreciar ventanas, Susan sabía que tenía varias en la parte delantera por el reflejo del Sol. Podía ver un par de motores en la parte de abajo que emitían un ligero zumbido, pero apenas sonaba. Lo que sí sonó, y bien claro, fue el mensaje que mandó la nave al aire.

-Entregad al prisionero o usaremos la fuerza- dijo una voz a través de la nave. Ella frunció el ceño, y miró a los laterales y suspiró. Aquello se debió de oír perfectamente a juzgar por las caras pálidas de los agentes que habían llegado a la escena.

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Poco después de separarse, el grupo había llegado a la Ermita, donde no vieron a ninguna de las pelirosas. El libro estaba guardado, pero había una nota en la mesa del comedor. Ulrich cogió la nota, y la leyó en voz alta.

-La gema de la vida se encuentra en el hogar de los muertos más recordados- leyó el alemán, tras lo cual frunció ligeramente el ceño, sin entender muy bien de que iba aquella frase.

-Igual se refiere a un cementerio- murmuró Milly, algo acongojada por la idea- ¿Pero a que se referirá con "más recordados"?- se preguntó en voz alta Yumi.

-Tengo una idea de donde puede ser- comentó Tamiya, mientras buscaba en la biblioteca de la casa. Buscó hasta encontrar un libro, pero como estaba demasiado alto para ella, le pidió a Patrick que la alzara.

Este así lo hizo entre las risas de algunos de los presentes, tras lo cual, ella les mostró el libro. Era un libro dedicado a los campos de concentración de la Alemania Nazi. Todos tuvieron un ligero latigazo en la espalda, sobre todo a Sam y Percy.

-Aquí pone algo más, debajo de la pista para saber donde está la gema- dijo entonces Jeremy, mostrando la hoja a sus compañeros- Y la verdad es que no sé si hacerlo...- comentó el rubio.

Por pura curiosidad, todos se acercaron a ver que era lo que ponía. Y las reacciones fueron variadas: Electra se negaba, mientras que Aurora y Marin intentaban hacer que ella entrara en razón. Por su parte, William y Yumi no sabía muy bien que pensar, por eso, decidieron seguir lo que ponía en la nota.

-Recuerdo que Asmae tuvo que ir sola, así como William y Aelita para sus gemas, así que no seréis los primeros en ir solos a la misión. Aún así, os escoltaremos por si acaso- les decía Odd, mientras abrían el portal en dirección a su misión.

Milly y Tamiya se miraron, mientras se agarraban de la mano. La idea de quedarse solas en un ambiente tan hostil no les hacía mucha gracia, pero al menos estaráin respaldadas si algo saliera mal. Aún así, les daba miedo, pero debían ser valientes, pensaron, como lo fueron Aelita o William antes que ellas.

-¿Y por que tenemos que ir solas? No entiendo por qué el libro dice eso- dijo Milly, por lo que el resto se miró.

-El portador de la nueva gema suele quedarse a solas antes, pero en ocasiones debe hacerlo todo solo, supongo que porque la gema desea probar la valía de su nuevo portador- dijo Herb, a lo que ellas asintieron, algo más tranquilas, pero aún así nerviosas.

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Tras cruzar el portal, Atenea y sus hijas llegaron, rápidamente, a Celestia. Delante de ellas había un palacio del estilo del siglo XIX de Europa. Estaba formado por mármol blanco, con escaleras que subían unos diez metros hasta la entrada al palacio, donde ya esperaba la prensa de Asmara, los miembros de la seguridad del evento, y varios organizadores que se dedicaban a llevar a los invitados al lugar que les corresponde. Era bastante alto, de unos quince metros de alto, con tres pisos en total, aunque las plantas superiores no cubrían toda la planta baja, pues unos veinte metros de la misma no estaban cubiertos, pero en su lugar tenía un dintel el cual estaba adornado con las diversas banderas de los países de Asmara, pero detrás de las mismas se podía ver que en el dintel había talladas varias imagenes. Las paredes eran blanquecinas, y en ellas se podían ver hileras de ventanas, aunque muchas de ellas estaban cubiertas por persianas o cortinas. Ellas se acercaron por un lateral al palacio, y, tras el recibimiento de la prensa, los organizadores del evento, en este caso la corona de Heavenland, les llevaron al interior del palacete. Y si el exterior ya de por sí era imponente, el interior lo era más todavía, pues el suelo estaba adornado por alfombras rojas con decoraciones en color oro, y en las paredes, lamparas que iluminaban bastante bien el interior, con algunos cuadros de la historia del país.

-Yo pensaba que los de la prensa serían más... pesados- reconoció Asmae- Ya os iréis acostumbrando, niñas- les dijo Atenea, sonriendo, mientras se colocaban en la fila que esperaba a entrar en el salón donde se daría la fiesta.

-¿Tenéis las invitaciones?- les preguntó a las más jóvenes la reina, a lo que ellas rebuscaron en sus bolsos, y, tras cogerlos, cerraron de nuevo los bolsos y se dispusieron a esperar.

Sorprendentemente, la cola avanzó deprisa pues al poco de llegar ellas se abrió la puerta que daba a la sala donde harían la reunión, por eso entraron rápido.

Asmeya estaba bastante habituada ya a esos eventos, pero las dos más jóvenes no, y el sitio les pareció bastante impresionante. Se trataba de una sala semicircular con cientos de escaños, los cuales rodeaban un pedestal con un estrado en el cual, en cada turno de palabra, cada participante podrá hablar. Detrás del mismo había unos escaños más, los cuales ya estaban ocupados por varias personas solo que no eran todos humanos, pues uno de ellos era un feelido parecido a un tigre en cuanto al pelaje, por su aspecto parecía una mujer. Otro era un hombre angélido, y otra mujer era reptiliana.

-Esos señores de ahí serán los que den los turnos, son magistrados del Tribunal de Defensa de los Derechos Fundamentales, son extremadamente rigurosos pero bastante majos cuando se bajan del estrado- les confesó Atenea, divertida.

Tras eso, buscaron su puesto, y, tras localizarlo, se sentaron en sus puestos, en la parte media del hemiciclo, uno bastante parecido a los de su mundo, así que en ese sentido les era bastante familiar, cosa que agradecieron las más jóvenes.

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Por su parte, y de vuelta en Paris, Susan observaba la enorme nave que sobrevolaba Paris desde la residencia Ishiyama. Justo después de que el caza recompensas Duranto fuera de vuelta a la nave y que de esta emitiera un mensaje amenazante a la ciudad, los guardias se mantuvieron unos segundos sin decir o hacer nada, segundos que Susan aprovechó para huir, pues sabía de sobra que irían a por ella. Logró perderles por las calles más estrechas, tras lo cual corrió en dirección a la casa de Yumi, donde sabían que la acogerían sin hacer demasiadas preguntas. Desde allí podía ver como de la nave salían haces de luz que recorrían amplísimas zonas, zonas que Susan sabía que no se limitarían a Paris. Por eso mismo, volvió al salón con Akiko, la madre de Yumi

-Que miedo, esa nave tan amenazante...- comentóesta, a lo que Susan asintió- Pues me tengo que colar dentro, no pueden ir amenazando así como así- dijo ella, seria.

-Pero seguro que será muy peligroso...- comentó Akiko, mientras encendía la televisión- ¿Esa radio funciona?- preguntó Susan, haciéndose la tonta, mientras cogía la radio que la familia tenía en la cocina, a lo que la mujer asintió.

-¿Puedo usarla?- le preguntó, sonriendo- Claro, no hay problema- le respondió Akiko.

Tras asentir, Susan se metió en la cocina, donde abrió la radio, para después buscar la caja de herramientas.

Tras localizarla, la abrió, y trasteo en la misma, buscando lo que necesitaba- Humanos, tenéis de todo y no tenéis ni idea de como usarlo, con esta caja se podría hacer de todo- comentó ella, contenta, mientras comenzaba a cambiar la radio que le habían dado.

Tras unos veinte minutos enredando con la radio, la chica encendió la radio y la conectó al micrófono del karaoke que tenían los Ishiyama en su casa y que estaba en la repisa del mueble del salón. Tras eso, subió a la parte alta de la casa sin que Akiko la viera, y, ya en el piso de arriba, abrió una ventana y con agilidad subió al techo, con la radio y el micrófono en las manos. Una vez que cerró la ventana, elevó su energía, y voló a toda velocidad a un rascacielos cercano, donde conectó las cosas a una antena parabólica, la cual apuntó a la nave.

-Con la tecnología que tienen, no deberían tener demasiados problemas para encontrar al preso al que buscan...- comentó ella. Como tenía prisa para poder ir con sus amigos cuanto antes, decidió ella misma buscar al prisionero.

Elevó su energía, y busco algo no terrestre en el planeta. Tardó varios minutos, pero le localizó rápidamente, tras lo cual abrió los ojos. Estaba bastante cerca, de hecho, por eso corrió en esa dirección, dispuesta a acabar con eso. Bajó corriendo la vertical del rascacielos donde estaba, lo cual le tomó tan solo unos segundos, tras lo cual, y ya a una velocidad normal, corrió por las calles de Paris. Durante su carrera, pudo sentir un estallido de energía, al cual siguió otro estallido, ambos con una potencia bastante alta si, como pensaba Susan, venían de humanos. Al llegar a una plaza, vio a dos personajes bastante peculiares, un chico y una chica con traje de mallas bastante ajustados. Ella se recubrió con su energía e hizo aparecer su armadura y arma.

-Vosotros debéis ser...- pero Susan tuvo que callarse cuando ambos la atacaron, ella con lo que parecía un yo-yo y él con un palo extensible.

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En cuanto a Tamiya y Milly, estos ya habían atravesado el portal que les llevaba a la Segunda Guerra Mundial. Habían aparecido en un bosque en pleno invierno, pues la espesa nieve hacía que poco a poco se hundieran en el suelo. Nada más traspasar el portal, el grupo se había dividido en grupos de dos para vigilar los pasos de ambos, los cuales en pocos segundos se habían quedado solos, por lo que decidieron ponerse a andar, esperando ver que era lo que el destino les deparaba.

-Nos pudieron haber dado más ropa de abrigo, hace un frío del demonio- dijo Tamiya, cobijándose como podía con la ropa que les habían prestado Nicolás y Sissi, y si bien les quedaba grande la ropa, al menos las abrigaba con eficiencia.

Milly le iba a responder, cuando olieron un fuerte olor a quemado, junto a un ligero aroma a carne. Ambas corrieron en esa dirección, pero lo que vieron provocó que Tamiya vomitara al lado de un árbol, y que Tamiya ahogara unas cuantas harcadas, aunque acabó como su amiga. Y es que delante de ellas vieron, en vivo y en directo, la incineración de cientos de cuerpos con lanzallamas por parte de varios presos, los cuales llevaban trajes a rayas, con líneas verticales de color azul claro y blanco, y con el pelo totalmente rapado.

-Mierda, hemos acabado en un campo de concentración nazi...- murmuró, aterrada, Tamiya, a lo que Milly asintió.

-No me digas que es aquí donde debemos buscar- dijo Milly, revisando con la mirada los al rededores- Por que igual a mí me dejan ir, pero a ti...- dijo la peliroja mirando a su amiga, a lo que Tamiya tuvo un fuerte temblor.

Tamiya iba a hablar cuando los ladridos de varios perros las alarmaron. Por instinto, corrieron hacia el bosque en cuanto vieron que los perros venían del campo de concentración, y que estos eran seguidos por soldados armados hasta los dientes al menos en apariencia, aunque ninguna estaba dispuesta a comprobarlo de cerca. Corrieron con dificultad debido a la nieve, pero los perros les acortaban la distancia, cada vez más. Ambas notaban el helado aire rasgar el interior de sus pulmones, le costaba respirar debido a lo pesado del aire, llegando a un punto en el que hasta les costaba que entrara el aire en sus organismos. El miedo que sentían les dio fuerza extra, pero no fue suficiente para evitar que los enormes perros no saltaran sobre ellas. Uno de ellos les era extrañamente familiar, el cual ayudó a Tamiya a levantarse y huir, ante la extrañada mirada de Tamiya, que tardó varios segundos en entender que aquel pastor alemán que parecía ser el líder de la manada era Odd. Algo más aliviada por saber que ellos estaban cumpliendo su promesa, pero aún así asustada, Tamiya vio como varios soldados nazis se acercaban y felicitaban a los perros en un fuerte acento alemán. Estos tenían un traje casi en su totalidad de color negro, con una cinta de color rojo con una esvástica plasmada en el mismo en el brazo derecho. Tenían un casco color negro, y en las solapas de su cuello se podían ver dos eses en el lado derecho y nada en el izquierdo, con una ligera decoración negra en los hombros. Además, contaba con un cinturón con el águila del nazismo en color plata. Por debajo llevaban una camisa color marrón claro con corbata, y botas negras altas. (1)

-¡Llevemos a esta niña al campamento, muchachos!- se rió uno. Ella se sorprendió de entenderles, pero supuso que debía ser cosa de sus amigos, que la vigilaban.

-En cuanto podamos te sacaremos de allí, pero algo nos da que tu eres la indicada para buscar la gema. Aún así, si corres peligro, te sacaremos de allí- oyó ella en su cabeza, y reconoció la voz como la de Odd, que correteaba a su lado. Ella tragó saliva, confiaba en sus amigos, pero aún así tenía miedo. Mucho miedo.

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(1) Fueron las SS las que organizaron los campos de concentración nazis, y como cualquier organismo militar, tenían un sistema de rangos que era representado a través de la ropa y los complementos de la misma. En este caso, eran soldados rasos, conocidos como SS-Schütze. El introducir esto se lo debía a cierta persona que espero que le guste.

Espero que os guste esta segunda parte tanto como la primera! Disculpad la tardanza, pero no pude acabar antes, espero que no me mateis ^^U

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.