Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 9

Había estado tan ansioso que no recordaba cuándo finalmente se quedó dormido; pese a eso, ahora que sus ojos se abrieron al escuchar el incesante zumbido del despertador, Shapner miraba el techo de su habitación dibujando una larga y profunda sonrisa que adornó su rostro. Y sintiendo como la ansiedad por volver a verla se apoderaba de él, el rubio saltó de su cama en un santiamén.

Con su hombro aún sanando, Shapner ya iba acostumbrándose a vivir su vida valiéndose de utilizar sólo un brazo. Y si bien las cosas se le dificultaban, su estado de ánimo no se vio mermado y en cuestión de unos minutos se duchó, se vistió y se peinó dispuesto a continuar con su rutina normal justo donde la dejó semanas atrás, antes de recibir el disparo que lo cambió para siempre.

Dándose un último vistazo en el espejo, Shapner abrió la puerta y dio el primero de muchos pasos que lo llevarían, consecuentemente, hasta estar cara a cara con Videl al reencontrarse. Mientras descendía por la escalera, Shapner fantaseaba con la idea de cuando llegue al salón de clases se dirigiría directo hacia ella y la besaría sin importarle lo que nadie pensara o dijera al verlos.

Sin embargo, aquello lo hubiese hecho el Shapner de antaño, un Shapner que ya no existía.

– ¿Hijo, ya te vas a la escuela? –su padre, idéntico a él físicamente, se le acercó al verlo listo para marcharse.

– Sí papá, ya me voy.

– Si quieres puedes quedarte en casa unos días más para que descanses, apenas ayer saliste del hospital no es necesario que vuelvas tan pronto a clases–su papá, preocupándose por su bienestar, le dio una sugerencia que cualquier otro chico hubiera aceptado en menos de un parpadeo.

– Me parece que es lo más apropiado–su madre, apareciendo proveniente de la cocina, también se preocupaba por el inesperado entusiasmo de su hijo por regresar a la preparatoria con tanta rapidez–además, la herida en tu hombro está sanando muy bien, mejor quédate en casa por una semana más antes de volver a la escuela.

Aquello no sonaba mal, nada mal. Podría quedarse en su cuarto viendo televisión todo el día, olvidándose de estudiar y de hacer tareas escolares. Comería cuánta comida chatarra quisiese mientras se reclinaba cómodamente en su tibia cama, entre otras posibilidades. No obstante, tales placeres, no eran capaces de llenar una necesidad que con ansias apetecía satisfacer.

Una necesidad adornada con ojos azules y cabellos negros.

– Suena genial pero de verdad quiero volver hoy a la escuela, ya pasé muchos días en cama y si me quedo un segundo más acostado me volveré loco–ocultando el verdadero motivo que lo empujaba a retornar a la preparatoria, Shapner caminó hasta la puerta de su casa abriéndola y preparándose para emprender la marcha–además, falta muy poco para que termine el año escolar y llegue la graduación, no quisiera pasar en casa mis últimos meses de escuela.

Sus padres, asombrados por el fervor y positivismo que su hijo transmitía, meramente guardaron silencio observando como Shapner se despedía de ellos con un ademán para posteriormente retirarse. Ambos, por igual, sabían que el Shapner que salió del hospital no era el mismo que solía ser, y por más que lo pensaban, no se imaginaban que el motivo de aquello era una chica.

Y precisamente, pensando en ella, Shapner aumentaba la velocidad de su caminata imaginando cómo reaccionaría Videl al verle; asimismo, meditaba qué hacer cuando por fin tuvieran un poco de privacidad lejos de los curiosos. Habiendo tanto que decirle a Videl, Shapner no sabía por dónde empezar, por ende, confiaba que su corazón lo guiara llegado el momento.

Deteniéndose, abruptamente, fue el corazón de Shapner quien le ordenó frenar su avance al percatarse de un hecho que hacía mucho no recordaba: fue en esa esquina, en la que estaba atravesando en ese instante, donde se dio cuenta que estaba enamorado de Videl. Sentimiento que, pese a los miles de rechazos, no decayó viéndose recompensada su perseverancia.

– Ya perdí demasiado tiempo, no quiero perder más…

Reanudando su viaje, Shapner se evocó a sí mismo en su niñez corriendo a toda prisa deseoso de alcanzar a Videl. Ella, en su afán por irse rápidamente, no se percató que dejó olvidada una de sus libretas. Y al lograr alcanzarla, el fugaz roce de manos que se produjo al entregarle su cuaderno, lo marcó con fuego tanto en su piel como en su alma.

Dejando los recuerdos a un lado, Shapner entró por la entrada de la preparatoria suspirando con nostalgia al verse nuevamente en aquel sitio. Tal cosa le parecía divertida, nunca le dio mucha importancia a los detalles que conformaban su entorno colegial, pero al sentirse envuelto por el ambiente que le daba la bienvenida, Shapner sonrió jovial apresurándose en llegar a su aula.

– ¿Es Shapner?

– ¡Sí, es él!

Aunque deseaba apurarse sin ser interrumpido, su cara fue reconocida instantáneamente generando una avalancha humana que lo rodeó sin que pudiera evitarlo. Tal efecto era natural, después de todo, él era una celebridad deportiva y juvenil gracias a sus logros en el boxeo. Y aunado a eso, su reputación subió otro escalón al difundirse lo ocurrido en aquel bar.

Lo que era un pasillo tranquilo y con algunos cuantos estudiantes, se transformó, repentinamente, en un corredor repleto de adolescentes que le pedían que les contara con detalles cómo fue que lo lastimaron. Pero Shapner, totalmente decidido, no se detuvo por nada del mundo ni siquiera por el millar de chicas que se le acercaban con una evidente coquetería.

– ¡Shapner!

Y de entre las incontables voces que pronunciaban su nombre, una voz en particular resonó en sus oídos con una fuerza tan abrumadora que opacó las demás. Ireza, con una enorme incredulidad, se le aproximó experimentando una impetuosa mezcla de emociones que se veía reflejaba en su sonriente y sollozante semblante.

Shapner, enmudecido, no necesitó ni una palabra para responderle, solamente con rodearla en un abrazo los dos se transmitieron el uno al otro sus sentires. Conociéndose desde la infancia, ambos no sólo compartían el mismo color de cabello, sino también, una profunda y sincera amistad que superó la dura prueba que el destino les lanzó.

– No creí que vendrías hoy, pensaba que volverías en unos días más–Ireza, con sus ojos llorosos, le comentó al ver su brazo aún vendado y sostenido por un cabestrillo.

– Mis papás me dijeron lo mismo, pero quería volver cuanto antes; además, deseaba ver a…

– A Videl, lo sé, lo sé–si bien la rubia sabía los pormenores del incidente entre él y Videl en el hospital, prefirió no tocar el tema directamente, por ahora–ven, vamos al salón, nadie se imagina que estás aquí.

Siguiendo a Ireza, Shapner avanzó unos cuantos metros llegando finalmente hasta su vieja aula. La gran mayoría reaccionó con asombro al verlo allí parado, y regalándoles una gigantesca sonrisa, el rubio no se demoró ni un pestañeo en encontrarla. Y pese a no decirse nada todavía, para Videl y Shapner fue más que suficiente para comprender que el principio del fin acababa de comenzar.

– Hola a todo el mundo…

Saludando a sus compañeros, Shapner les agradeció los buenos deseos que muchos le brindaban al acercarse a su asiento. Entre tanto, una callada Videl luchaba por mantener su vista en la madera de su pupitre al no querer intercambiar miradas con él aún. Gohan, por su parte, se conservaba ecuánime y sorpresivamente más serio de lo habitual.

– Qué bueno verte por aquí–Ángela, saludándolo con un beso en la mejilla, no perdió su peculiar estilo coqueto–aunque no me esperaba que regresaras tan pronto.

– Hola Ángela–sonriéndole a la pelirroja, Shapner se carcajeó espontáneamente–si me dieran una moneda por cada vez que me dicen eso, ya sería millonario. A mí también me alegra tanto poder volver a retomar las cosas donde las dejé–Shapner, ocultando muy bien su desesperación por acercarse a la pelinegra, les daba las gracias a todos mientras reanudaba su marcha.

Girando sobre sus talones, Shapner se encaminó a la fila de sillas donde normalmente se sentaban Gohan, Videl, Ireza y él. Y hallándose a muy poco de llegar, Gohan se levantó como un resorte viendo directamente al rubio, el cual, se fijó en ello y le regresó el gesto. Gohan, parándose ante él, extendió su mano ofreciéndosela en señal de saludo.

– ¡Pero miren quién está aquí, Gohan el genio sabelotodo! –Bromeando con él como acostumbraba hacerlo, el rubio aceptó el apretón de manos–espero que en mi ausencia tus calificaciones no hayan bajado.

– Me alegro mucho por verte de nuevo, Shapner–con un tono de voz moderadamente impregnado de seriedad, Gohan hizo caso omiso a sus bromas enfocándose únicamente en él–espero que te recuperes totalmente muy pronto.

– No te angusties, dentro de poco volveré a ser como era antes, ya lo verás–separando sus manos, el rubio miró de soslayo a Videl corrigiendo en el acto lo anteriormente dicho–bueno, no exactamente igual que antes, algunas cosas serán diferentes.

A pesar de que su comentario fue escuchado por gran parte de los allí presentes, sólo tres personas llegaron a entender con precisión sobre qué se refería. No obstante, cada uno de ellos lo interpretó de manera diferente; aún así, ni Gohan, ni Ireza ni la mismísima Videl opinaron al respecto, quedándose en silencio sumergidos en sus propias cavilaciones.

Ireza, agachando un poco la cabeza, meramente se esforzó por actuar con normalidad. Gohan, mucho más pensativo, miraba con recelo al rubio vigilándolo con ojos penetrantes al ser poseído por la idea que de Shapner, en su afán por verse las caras con el Gran Saiyaman, utilizaría a Videl como una especie de señuelo o carnada para provocar al superhéroe y así enfrentarlo.

Y sintiendo como la ira empezaba a florecer más y más en él, Gohan debió contenerse fingiendo que el día proseguiría como cualquier otro. Pero para Videl, ese día no iba a ser como cualquier otro que hubiera vivido antes. No, por supuesto que no. Y armándose de valor, Videl mandó al demonio sus dudas dispuesta a anestesiarse con otra dosis de aquel sedante llamado Shapner.

– Videl…

Dando un sonoro suspiro, Videl se reclinó hacia atrás en su silla cruzándose de brazos al ver a Shapner parado justo delante de ella. Aún sin decir nada, ella arqueó una ceja con un sutil enfado que, irónicamente, generó que Shapner se riera con suavidad al ver su típico ceño fruncido. Él admitía que tal imagen le encanta, ver a Videl con su habitual cara de malhumorada le fascinaba.

Sin embargo, Shapner sabía que aquello no era más que una fachada, la misma fachada que Videl habituaba usar cuando no quería que nadie supusiera realmente lo que estaba sintiendo y pensando. Y tal como lo esperaba, su corazón latió de tal modo que supo que aún no debía ser más directo con ella respecto al beso que los dos compartieron en el hospital días atrás.

Iría lento pero seguro, ya su oportunidad llegaría. No cometería los mismos errores que lo hicieron tropezar en el pretérito, no la presionaría ni la bombardearía con invitaciones y guiños seductores. No, esta vez el Shapner casanova no arruinaría las cosas. Y con esa convicción apoderándose de él por completo, el rubio se puso cómodo en su butaca con una calma muy distante a su viejo yo.

– Buenos días, jóvenes–entrando en el salón, el maestro de historia se preparaba para iniciar con su clase cuando notó la presencia de cierto jovenzuelo– ¡por Dios santo, era verdad que estaba de regreso, joven Shapner!

– ¿Cuánto tiempo sin verlo, profesor? –Jovial, Shapner le saludó con gentileza y simpatía.

– Había escuchado en los corredores que había vuelto pero no lo creía, me alegra muchísimo verlo una vez más entre nosotros–el veterano educador, al igual que todos los demás, le expresó su alegría por verle.

– Gracias profesor–Shapner, con mucha cortesía y sin borrar su expresión sonriente, le replicó–yo les agradezco a todos el buen recibimiento que me dieron, sé que les sorprende que haya regresado aún con el hombro sanando pero pasé acostado en una cama por dos semanas, ya necesitaba estirar las piernas.

– Pues créame, joven Shapner, que me complace verlo con tantas ganas de vivir y siéntase bienvenido en mi clase–encontrándose a muy poco de comenzar con su rutina, el maestro no pudo evitar hacerle una acotación final al adolescente–y ya que lo veo tan motivado y feliz supongo que volverá a deleitarnos con sus acostumbradas bromas en medio de la clase.

– No se preocupe profesor, ahora tengo otras cosas en mente y ya no quiero andar de bufón como antes.

– Muy bien, en ese caso, comencemos de una vez…

Pero cuatro cabezas en especial no estaban para nada interesadas en lo que él tenía que decir, al contrario, divagaban peleando contra la incertidumbre, el enojo y el nerviosismo que entre ellos iban acumulando. Eran una bomba de tiempo que ganaba más y más presión amenazando con, inevitablemente, explotar cuando menos se esperara.

Y esparciéndose una tensa paz en el aire, el reloj y sus manecillas fueron los únicos testigos que miraban desde un sitio privilegiado como aquella atmósfera enrarecida cobraba intensidad. Tal cosa prosiguió igual hasta que, estridentemente, la campana sonó retumbando en sus oídos haciéndolos temblar en sus lugares como si los hubiese golpeado una descarga eléctrica.

Tal descarga, provocó que el rubio se armara de valor y pronunciara un nombre en específico:

– Videl…

– ¡Ireza!

Shapner, rompiendo el hielo, se disponía a pedirle hablar a solas cuando Videl, reaccionando veloz, alzó la voz hablándole a su amiga rubia quien de inmediato se volteó a verla imaginando muy bien lo que debía estar sintiendo.

– ¿Sí, Videl?

– ¿Me compañas al tocador?

– Claro, pensaba decirte lo mismo, quiero retocarme el maquillaje.

Maldición, pensó Shapner, al ver como Videl se apresuraba para salir del salón siendo escoltada por Ireza. No pudiendo evitar que se marchara, el rubio optó por ser paciente aunque su paciencia iba debilitándose con el trascurrir de los segundos. Y sentado allí, no tuvo más remedio que aceptar que las cosas no resultaron ni remotamente como las esperaba.

Hacía unas horas antes estaba en su cama entusiasmado por hablarle, y ahora que se hallaban tan cerca uno del otro, Videl huía de él sin tan siquiera tener las agallas de girarse a mirarlo. Ese temor en ella ya lo había visto cuando Videl lo visitó en el hospital, y ese miedo que ella emanaba no le gustaba para nada. Pero, a su vez, alimentaba su deseo por cuidar de ella.

Reclinándose en su asiento, Shapner aguardó con tranquilidad sabiendo que, tarde o temprano, él y Videl podrían estar solos como tanto quería. No obstante, Shapner notó que un par de ojos oscuros se mantenían clavados en él. Sereno, con una enorme lentitud, Shapner no dudó en regresarle la mirada a un serio Gohan, el cual, no se inmutó al cuestionarle el porqué de ello.

– ¿Ocurre algo, Gohan?

– Sí, me gustaría hacerte algunas preguntas…


Petrificada, como si se hubiera convertido en una estatua de piedra, Videl fue incapaz de tan siquiera volearse a verlo sintiendo como si todo su coraje se hubiese evaporado. Entre tanto, la lección se desarrolló con normalidad para el maestro y los restantes estudiantes, los cuales, para fortuna de Videl, no se dieron cuenta del creciente estrés que la iba abrumando.

Súbita y muy sonoramente, la campana del primer receso sonó liberándola de aquel paroxismo. Sin embargo, con tal ruido, Shapner se reclinó con sutiliza hacia su costado llamándola con delicadeza. Y su voz susurrando su nombre fue, metafóricamente, como una chispa que encendió la mecha que acabó por estallar la dinamita en su interior, obligándola a ponerse de pie en el acto.

– ¡Ireza!

Y Videl, aterrada al no saber cómo actuar, hizo lo único que su instinto le sugirió hacer: refugiarse en Ireza. Viendo a la rubia dispuesta a seguirle la corriente, la primogénita del campeón mundial aceleró a fondo saliendo disparada del salón sin tomarse la molestia de mirar a sus espaldas. Huyendo como si el diablo quisiera atraparla, buscó con la vista un sitio donde ocultarse de él.

A lo lejos, detrás de un océano de personas, Videl divisó uno de los tantos sanitarios de la preparatoria apurándose por llegar allí sin importarle el costo. Olvidándose de la cortesía y los buenos modales, avanzó indomable chocando con quien fuese dejando las disculpas para después. Y dándole las gracias al cielo, Videl no disminuyó sus precipitadas acciones, sino, que las aumentó.

Pateando, literalmente, la puerta del baño de chicas, Videl entró allí como una fiera salvaje que ansiaba embestir a cualquier desafortunado que se pusiera ante ella. Ireza, apurada por su repentino cambio de actitud, llegó segundos más tarde encontrándola apoyada contra el largo lavabo mirándose a sí misma en el espejo.

– ¿Estás bien? –preocupada, Ireza le preguntó, pero al no recibir respuesta fue muy obvio para ella que no era así; por ello, se le acercó pensando qué decirle cuando Videl giró sobre sus talones encarándola.

– ¿Por qué soy tan estúpidamente cobarde? –apretando los dientes, Videl le cuestionó haciendo muchos ademanes que denotaban su conflictivo estado de ánimo–no sé qué demonios me pasa, quisiera explotar.

– Imagino que no te esperabas verlo de vuelta tan pronto.

– En realidad ya tenía la sospecha, como una especie de corazonada–la hija de Mr. Satán, conversándole con un leve tartamudeo, le afirmó locuaz–y eso es lo que me provoca tanta rabia. Yo presentía que nos veríamos muy pronto, creí que estaba lista para confrontar lo que pasó en el hospital y poder actuar con normalidad, pero no pude, no pude.

– Te sientes incómoda, eso es completamente normal.

– Él apenas si me habló, y cuando lo hizo fue como si un camión me hubiera atropellado–enojada con ella misma, Videl se haló de su largo cabello negro dándole una mirada suplicante al techo–me siento tan estúpida.

La confusión que se adueñaba de Videl se transfirió a Ireza, quien, muda y sin ideas, no sabía qué consejo darle a la ojiazul. Si la propia Videl desconocía cómo comportarse con Shapner teniéndolo a milímetros de distancia, pues la rubia muchísimo menos. Aún así, Ireza se negaba a dejarla sola. Videl ya había tenido que sufrir muchos reproches y culpas, por ello, siendo su deber, la apoyaría.

– Cuando me contaste lo que pasó entre él y tú, me dijiste que no te arrepentías de lo sucedido y que incluso estabas dispuesta a salir con él–Ireza, argumentando con cautela, pretendía aminorar el volcán ardiente que agitaba el corazón de Videl– ¿todavía sigues pensando igual o has cambiado de parecer?

– Yo, yo…no lo sé.

– Entonces, Videl, no te lastimes a ti misma atormentándote por ese beso–tomándola de los hombros, Ireza le platicaba con suavidad–lo mejor que puedes hacer es hablar con él y decirle que necesitas un tiempo para pensar lo que ocurrió. Si él realmente te ama como te lo dijo un millón de veces, te comprenderá y respetará tu decisión.

– No puedo creer que un simple beso me volviera loca.

– Un beso es algo muy poderoso, Videl. Es la máxima representación del amor que una persona puede darle a otra–sin medir las consecuencias de esa inocente opinión, Ireza se dejó llevar.

– Eso no me ayuda, Ireza.

– Lo siento, sé que debes tener un huracán en la cabeza, pero lo que dije es cierto.

– Y lo peor, es cuando además de volverte loca quieres que aquello se repita.

Llevándose una mano a la boca por el asombro, Videl se percató de lo que acababa de decir blasfemando en sus adentros por haberlo dicho. Si bien Ireza ya estaba enterada de todo, a Videl aún le incomodaba y le molestaba expresar abiertamente sus más íntimos y privados sentimientos. Y no logrando evitarlo, un brillante sonrojo tiñó la piel de su cara avergonzándola.

– Vamos, no te avergüences, no tiene nada de malo querer un beso–Ireza, a pesar de la situación, le acotó con un tono cargado de picardía–siempre actúas como una doncella de hierro, y aunque sé que tienes muchas dudas, me alegra que al fin estés rompiendo esa máscara de acero.

– Ireza…

– ¡Videl! –frunciendo el ceño, Ireza la interrumpió–no eres ni la primera ni la última chica que no sabe qué hacer cuando un chico la besa, así que todo ese agobio que tienes es normal. No te presiones tanto.

– No es sólo eso, es que…–no queriendo decirle que prefería pensar en Shapner que enfrentar al Gran Saiyaman, Videl consiguió detenerse.

– ¿Qué pasa, por qué te quedas callada? –Arqueando una ceja, Ireza sospechaba que ocultaba algo–te conozco mejor que tu propia sombra, anda, dime, qué sucede.

– Nada, no te preocupes, no es nada…

– ¡Ajá!–exclamó Ireza sin creerle–entre más intentes negarlo más me convences que escondes algo.

– Ya te dije que no es nada–acercándose al lavabo, Videl abrió uno de los grifos sumergiendo sus palmas en la fría corriente de agua–sólo que hoy no ha sido mi día, de hecho, desde ayer.

– ¿Por qué? –Terca e insistente, la blonda no se rendiría hasta que Videl escupiera lo que ocultaba– ¡vamos Videl habla, recuerda que fuiste tú la que me pidió ayuda hace unos minutos!

– Está bien, está bien–habiéndose acumulado bastante agua en sus manos, la otrora justiciera enjuagó su cara con aquel helado líquido–mi papá regresó ayer a la ciudad, y como me lo temía, se enteró que renuncié a la policía y a las artes marciales.

– Ya veo…

Aliviada al ver que Ireza creyó en esa patraña, Videl pudo continuar escondiendo que apetecía estar con Shapner porque él le hacía olvidar al superhéroe enmascarado. Imaginando la decepción y los reclamos que Ireza le haría al enterarse de tal cosa, Videl sepultó esa verdad en lo más hondo de su ser rogándole a todas las deidades del universo no tener que admitirla jamás.

Pero, llegado el momento, deberá hacerlo.

– Desde que nos vimos se ha comportado muy raro, ahora no deja de hacerme preguntas por todo–secándose con una toalla de papel, Videl le conversaba mirándola gracias al cristal del espejo–sabes que no me gusta que se entrometan mucho en mi vida, pero sé que se comporta así por mi culpa.

– No imagino de qué hablaron pero creo que es bueno que hayan hablado–retocándose su peinado, la rubia no dejaba pasar cualquier oportunidad para cuidar su imagen–aún recuerdo que una vez te quejaste porque a él le importaba más defender su título de campeón mundial que otras cosas, incluyéndote a ti.

– Aunque fue incómodo que de un momento a otro se mostrara tan interesado en mí, hasta él me trajo hoy a la escuela…

– Hablando de la escuela, el receso se acabará en dos minutos–consultando la hora con su reloj de pulsera, Ireza se vio forzada a retomar el tema inicial para desdén de Videl–no puedes pasar todo el día escondiéndote de Shapner, vas a tener que hablar con él lo quieras o no, y sobre todo, tendrán que charlar de adónde quieren llegar luego de ese beso que te dio.

– No puedo hacerlo, no puedo–Videl agitó su cabeza al negarse–pensé que podría hablar con él con normalidad pero no tengo el valor…

– Sé que me odiarás por decirte esto, Videl, pero de todas formas lo diré–humedeciéndose los labios, Ireza se preparó para sacudirla de arriba a abajo esperanzada de hacerla reaccionar–te estás comportando como una cobarde, y tú no eres así, no lo eres.

Girándose inmediatamente hacia ella, Videl pretendía objetarle cuando Ireza se le adelantó silenciándola.

– Te he visto hacer cosas increíbles, cosas que ni yo ni ninguna otra chica en esta escuela podrá hacer jamás–tomándola de los hombros, la rubia no se anduvo con rodeos y fue directa con ella–no tiene nada de malo sentir temor, pero si hay algo que me demostraste desde el día en que nos conocimos es que no eres una cobarde. Así que encáralo, míralo a los ojos y dile de una vez todo lo que piensas y sientes, no lo evadas más. Evadir no resuelve nada.

Pasmándose instantáneamente, la mismísima Ireza no se daba crédito a lo que recién dijo; empero, todo lo dicho, palabra por palabra, era absolutamente cierto. Videl, por otro lado, sólo atinó a agachar la vista a su vez que se daba la vuelta observando la pared repleta de grafitis ante ella. Admitiendo que no tenía otra opción, Videl cerró sus ojos rogando por hallar un ápice de paz.

Habiendo perdido la cordura, Videl ya no podía confiar en la lógica como en el pasado. Ésta, desde el fatídico instante en que conoció la existencia del Gran Saiyaman, la hizo quedar atrapada en un laberinto interminable hasta que, milagrosamente, la silueta de Shapner apareció en su camino brindándole una salida fácil, prometiéndole que todos sus problemas ya no le dolerían más.

Y reusándose a obedecer a la fría lógica, Videl apretó sus puños mientras hacía lo mismo con sus dientes. Escuchó como sus nudillos crujieron al cerrarse, y al endurecerse éstos como roca sólida, Videl lanzó un potente puñetazo a la pared tal y como cuando combatía criminales en las calles infestadas de delincuentes en Ciudad Satán.

Ireza, anonada por esa reacción violenta, solamente se le quedó mirando sin imaginar que esa era la única manera con la cual Videl era capaz de exorcizar de su cuerpo todos aquellos demonios que se divertían con ella. Y precisamente, la jovencita de largas coletas negras, nuevamente se volteó contemplando a su amiga rubia con una expresión más serena y relajada.

– De acuerdo, haré las cosas como dices–jadeante, Videl retomó la comunicación verbal con Ireza–cuando tenga la oportunidad indicada para charlar con él a solas le diré lo que pienso. Si todas esas cursilerías que me dijo en el hospital son ciertas, entonces él deberá comprenderme.

– Así se habla, ahora te pareces un poco más a ti–aliviada por verla entrar en razón, Ireza sonreía ampliamente cuando, inevitablemente, el sonido de la campana anunciando la conclusión del receso las forzó a mirarse una a la otra–bueno, ya es hora de que volvamos al salón.

– Sí, lo sé.

– ¿Estás lista, Videl?

– Sí, andando.

Sin más alternativa, Videl se encaminó de vuelta a su salón de clases viendo como otros jóvenes corrían desesperados no queriendo llegar tarde a sus siguientes lecciones. No obstante, Videl se tomó su tiempo dando un paso a la vez despreocupándose de una eventual llegada tardía. Y sujetando el pomo la cerradura, Videl desechó cualquier pensamiento y plantó un pie adentro.


Lo sabía, algo andaba mal entre Shapner y Videl, sabía que así era. Gohan, jugueteando con su bolígrafo, se repetía esa frase una y otra vez convenciéndose a sí mismo de tener la razón. Ver como ella huyó, literalmente, al escuchar el llamado de Shapner, fue la prueba que terminó de cristalizar todas y cada una de las sospechas que el pelinegro había tejido contra el rubio.

Una diminuta parte de su mente racional luchaba por detenerlo, por hacerlo pensar con más calma y lentitud con la esperanza de evitar que cometiera una equivocación que más adelante lamentaría. Sin embargo, la terquedad y la ira característica de la raza saiyajin le cegaban, impidiéndole tener la más sensata y razonable reflexión.

Viéndolo de soslayo, Gohan miraba a Shapner reclinarse en su asiento con una actitud que no era para nada la usual en él. Y analizando su rostro, Gohan traía desde el fondo de su memoria la agresividad que el rubio expulsó al oírlo mencionar el nombre del Gran Saiyaman. Tal evocación, fue utilizada por su paranoia para reforzar su progresivo recelo irracional hacia él.

Shapner era el típico adolescente que no podía quedarse callado por más de treinta segundos, siempre tenía que hacer cualquier broma o chiste deseoso de hacerse notar. Asimismo, por sus logros pasados en el ring de boxeo, Shapner se pavoneaba luciéndose ante Videl aunque ella no se molestaba por prestarle atención. Pero ahora, las cosas sugerían lo contrario.

"Él trama algo, estoy seguro que sí"–hablándose mentalmente, Gohan iba delineando un semblante serio en su faz sin darse cuenta de ello–"Videl nunca permitiría que la besara sin romperle la cara primero, debió haberla engañado de alguna manera".

– ¿Ocurre algo, Gohan?

Sacándolo de sus cavilaciones, Shapner destrozó su concentración sacudiéndolo por completo haciéndole frente a sus punzantes miradas.

– Sí, me gustaría hacerte algunas preguntas…

El hermano de Goten, sin dejar su conducta poca amigable, le contestó a su pregunta con voz firme. Tal cosa, era una gigantesca diferencia a tu cotidiana forma de ser timorata y titubeante. Aquello era paradójico, como si ambos se hubiesen quietado las etiquetas que los identificaban como el brabucón fanfarrón y el genio tímido que conseguía calificaciones perfectas.

– ¿Algunas preguntas? –Shapner, con una confianza que irritó aún más a Gohan, le cuestionó con buen humor–bueno, te escucho.

– Seré directo–olvidándose totalmente de sus alrededores, para Gohan sólo existían el rubio y él en esa habitación– ¿acaso sucedió algo entre tú y Videl recientemente?

– ¿Qué si sucedió algo recientemente entre Videl y yo? –reiterando el cuestionamiento de Gohan, Shapner lucía asombrado–no entiendo a qué te refieres con eso.

– Vamos Shapner, no tiene caso que me mientas–comportándose más agudo, Gohan no midió el volumen de su voz–Videl está actuando muy rara últimamente, y me di cuenta que es así desde que ocurrió el desafortunado incidente donde te hirieron hace ya varias semanas atrás.

– ¿Adónde quieres llegar con eso?

– Me imagino que ya debes saber que Videl se hizo a un lado en seguir ayudando a la policía, incluso, dejó de practicar las artes marciales cosa que amaba muchísimo–reuniendo sus argumentos poco a poco, Gohan iba apuntando sus cañones hacia él dispuesto a dispararle si era necesario–y como dije antes, todo eso comenzó desde que recibiste ese disparo en el hombro.

– Aún no me explicas adónde quieres llegar con todo eso.

– Sé que tengo muy poco tiempo de haber llegado a esta escuela, pero con los meses que he estado aquí creo conocer el temperamento de Videl, y es obvio que ella no actúa como debería.

– Pues no eres el único que piensa así, es más que claro que Videl está pasando por un momento difícil–Shapner, sin perder la serenidad, le aseveró con toda naturalidad–la conocí en mi primer día de escuela cuando llegué a Ciudad Satán, así que créeme, si tú crees conocerla con sólo unos cuantos meses, yo la conozco de toda una vida.

– ¿Entonces, si ambos se conocen tan bien, por qué Videl te evade?

– ¿Me evade? –Shapner, levantando una ceja, jugueteó levemente con su larga cabellera dorada–no sé por qué me haces tantas preguntas Gohan, pero creo que estás viendo cosas donde no las hay.

– Desde que regresaste a la escuela esta mañana ella ni siquiera te mira, y no exagero, lo sé porque lo noté–señalándole tal cosa, Gohan parecía dar vueltas y vueltas resistiéndose a las ganas que tenía de decirle que se alejara de ella–y justo cuando ibas a hablarle ella se levanta y se marcha apresurada, si me dices que eso no es evadir pues no sé cómo llamarlo.

– Escúchame Gohan, eres un buen tipo, me caes bien aunque no lo creas, pero pienso que tus preguntas no tienen ningún sentido–girándose para acabar con la conversación, Shapner simplemente pretendía ignorarlo–en cierto modo, lo que me sucedió pasó porque yo lo permití. Perfectamente me hubiera quedado parado justo donde estaba, mientras Videl recibía el disparo dejándola gravemente herida o peor aún, muerta.

No sabiendo qué responder a eso, Gohan se vio obligado a permanecer callado.

– Pero no lo hice, ni siquiera pensé en las consecuencias de lo que hacía, sólo me puse frente a ella y la cubrí–endureciendo sus afirmaciones, Shapner le dio un fugaz vistazo a su hombro lastimado–ella y yo hablamos hace unos días, me dijo que se sentía culpable por lo ocurrido pero sé que ella no tiene ninguna responsabilidad. Aunque, conociéndola como la conozco, le tomará algo de tiempo quitarse la culpa de encima. Y como es una chica muy testaruda, la ayudaré en todo lo que pueda.

– Y eso me recuerda una cosa, en el hospital dijiste que el Gran Saiyaman era un…

– No menciones ese nombre otra vez, sabes muy bien lo que pienso de ese infeliz estafador–con veneno en su boca, Shapner esbozó una expresión de enfado en su cara–desde que ese payaso apareció no ha hecho más que hacerle la vida imposible a Videl, no es más que un farsante que busca fama. Si tan sólo tuviera la oportunidad de tenerlo frente a mí, les demostraría a todos lo que realmente es.

Gohan, ocultando sus puños debajo de su escritorio, los apretaba conteniéndose de levantarse y revelarle allí mismo quién era en realidad para hacerle tragar sus reproches. No obstante, haber hecho tal cosa no era propia de él, por ello, prefirió ignorar lo dicho por Shapner pensando más en Videl que en él mismo. Pero, llegada la ocasión indicada, cumpliría el deseo de Shapner.

– Como muy bien sabes, Videl ha estado bajo mucha presión por razones que no son necesarias explicar, por eso quería pedirte que le des espacio, déjala respirar tranquila, ya verás que se repondrá.

– Me doy cuenta que las cosas son muy diferentes a como las recordaba, hasta tú te comportas muy extraño, Gohan–Shapner, sentándose hacia adelante, señaló algo que resultaba imposible de no notar–entiendo tu preocupación por Videl, yo también me preocupo por ella, pero creo que estás exagerando de más. Videl no me está evadiendo ni tampoco la estoy presionando, solamente quiero que se sienta bien consigo misma y que vuelva a hacer la Videl que conocí por muchos años. Así que por favor Gohan, saca de tu cabeza esa idea disparata que hay algo malo entre ella y yo.

Mentiroso, le gritó Gohan internamente, él sabía con lujo de detalles que eso no era verdad. Ese beso que muchos otros mirarían como algo romántico, para Gohan fue el empujón que necesitaba para ver sus augurios consolidarse. Aún sentía un repudio efervescente por su álter ego justiciero, pero lo necesitaría para ponerle un alto a Shapner quien iba sacando ventaja de la situación.

Detrás de esa fachada de gentiliza y jovialidad, Gohan veía al mismo Shapner que conoció desde que llegó a la preparatoria. Un chico charlatán, presumido e insistente que constantemente acosaba a Videl con sus oleadas de insinuaciones egoístas. Pero ella, en el pasado, se encargaba de él sin apuros poniéndolo en su lugar; sin embargo, ahora, ella no le ponía ningún obstáculo.

Gohan, sin darse cuenta, caía aún más profundo en esa ceguera que su enojo saiyajin producía, haciendo cada vez más difícil que se quitara esa venda de los ojos. Lamentablemente para él, recorría un turbulento sendero del cual ya no hay retorno. Y justo como Shapner llegó a soñarlo semanas antes, el Gran Saiyaman se plantaría en contra del rubio dispuesto a pelear con él.

Un jovencito enamorado y un superhéroe atormentando, eran la mezcla ideal para el caos. Y en ese preciso momento, con el sonido de la campana dando por finalizado el receso, la variable que faltaba en la ecuación se manifestó ante ellos al cruzar el umbral de la puerta dejándolos a los dos, instantáneamente, todavía más inmersos en sus mentes.

– Qué alivio, pensé que llegaríamos tarde a clase.

Ireza, siendo la única que habló en ese instante, habría sido capaz de cortar la tensión en el aire con un cuchillo al observar como las miradas de Videl y Shapner se conectaron en un santiamén. Extraña e inquietantemente, la blonda también se percató como las retinas azabaches de Gohan miraban, con un interés nada sutil, la interacción entre el rubio y la pelinegra.

Con mucha tristeza, Ireza se convencía que los problemas acabarían empeorando; si bien no comprendía del todo el porqué.

– Disculpa que haya estado tan callada toda la mañana Shapner, sólo que he tenido muchas cosas en que pensar–Videl, hablándole a Shapner al tomar asiento, finalmente se atrevió a atravesar ese muro invisible que inútilmente intentó construir para alejarlo de ella–pero como todos te dijeron cuando llegaste, me alegra mucho ver que estás mejor.

– Gracias Videl, te lo agradezco–Shapner, comportándose con sencillez y sin sobrepasarse como acostumbraba, le respondió muy sonriente–ya me hacía falta escuchar tu voz, y si no es mucha molestia, me gustaría que platicáramos a solas más tarde.

– Claro, por supuesto, tengo que decirte un par de cosas.

Shapner, en su interior, explotó de alegría al escucharla ampliando aún más su sonrisa. Videl, por su parte, meramente le vio sin decir nada más. Aquello, años atrás, hubiera sido impensable. Ella lo hubiese rechazado con una contundente negativa, destrozando sus aspiraciones por millonésima vez haciéndolo hundirse aún más en el pantano de la desilusión.

Y silenciando aquella vocecita que intentaba hacerle ver el error que estaba por cometer, Videl la ignoró nadando contra de la corriente dispuesta a equivocarse. Sabiendo que, con ello, tanto ella como Shapner, terminarían lastimados cuando llegase la hora de enfrentar las secuelas de lo que, precisamente, comenzaría justo ese día.

Gohan, callado y escasos metros de ambos, solamente se quedó mirándolos de reojo delineando todavía más el ceño fruncido que ya marcaba su piel. Intrigado, muerto de curiosidad por averiguar qué se dirían, Gohan no tuvo más remedio que recurrir a su otro yo. Empero, Ireza se hizo notar alterando los planes que cada bando comenzaba a fraguar mentalmente.

– Videl, lamento mucho echarte a perder tu charla con Shapner; pero, no olvides que habíamos planeado quedarnos a estudiar hoy con Gohan después de clases–la rubia, reclinándose hacia su amiga, le recordó la reunión que ya tenían planeada desde tiempo atrás–la prueba de matemáticas será la próxima semana, necesito aprobar ese examen cómo sea.

– Es cierto, lo había olvidado por completo.

– ¿Ocurre algo? –Shapner, fingiendo que no las oyó, le rogaba al cielo por un milagro para que su ansiada conversación con Videl no se cancelara.

– Parece que tendremos que hablar después, la próxima semana tendremos examen de matemáticas y ya habíamos acordado quedarnos a estudiar en la biblioteca Gohan, Ireza y yo–Videl, explicándole resumidamente, le susurró–pero podemos hablar mañana.

– Yo entiendo, pero Videl, sinceramente, desearía hablarte hoy mismo, necesito que hablemos–incapaz de esconder su decepción, Shapner involuntariamente la tomó de la mano volviendo a sentir la increíble suavidad que ésta poseía a pesar de tener la fuerza para tumbar a un hombre–te prometo que no me demoraré, serán unos cuantos minutos, luego podrán reunirse los tres.

Ese era el primer contacto que, desde hacía dos semanas, compartían uno con el otro produciendo que Videl se contrajera en su asiento, reviviendo, inevitablemente, aquel beso que jamás imaginó que le concedería. Sus ojos azules pudieron ver su desesperación, su ansiedad y su impaciencia mientras él apretaba su agarre sobre ella al esperar su respuesta.

Una respuesta que, tanto Shapner como ella, ya presentían cuál era.

– ¿Gohan?–Videl, sin hacer nada para soltarse del rubio, se giró hacia su izquierda buscando al pelinegro con la mirada.

– ¿Sí, Videl? –Simulando estar despistado, Gohan le contestó observando primeramente como las manos de los dos se hallaban unidas– ¿pasa algo?

– Sé que recuerdas que Ireza y yo te habíamos pedido que nos ayudaras a estudiar para el examen de matemáticas–con una rápida elocuencia, la hija del campeón mundial le afirmó a un serio Gohan– ¿te molestaría que ustedes dos empezaran sin mí?

Bufando, Gohan se esforzó por sonar normal:

– Claro, no hay problema–mintiéndole, a Gohan no le agradaba en lo más mínimo que Shapner consiguiese estar a solas con ella–Ireza y yo te estaremos esperando en la biblioteca.

– Perfecto Gohan, muchas gracias, los veré ahí a los dos.

Y luego de eso no se dijo nada más. Demorada y apurada, la profesora de literatura se presentó en el salón iniciando de inmediato con su lección. Entre tanto ella impartía sus explicaciones, Videl, a diferencia de la clase de historia, no le fue posible ignorar a Shapner aunque quisiese hacerlo. Ya que él, con sus acciones, se robó completamente su atención. Sobre todo, su sentido del tacto.

Si bien Shapner mantenía su vista en el pizarrón, sus dedos jugueteaban con la muñeca de Videl creando una infinidad de pequeños chispazos que, atrevidos y tímidos a la vez, le iban nublando el juicio arrebatándole el más mínimo pensamiento. Y por más incorrecto que fuese, por más culpa que sintiese, ella se obligó a sentir disfrutando de aquella caricia cómplice y somnífera.

Ahí estaba, su anestesia, su sedante que borraba al Gran Saiyaman de su cabeza. El estrés por el regreso de su padre se evaporó, su fuerte nerviosismo y la duda que la embargó con vehemencia también se esfumaron. Todo el dolor y toda la rabia se fue dejándola en paz. Videl, a lo largo de su existencia, tropezó varias veces acumulando yerros que la avergonzaban y la lastimaban.

Pero, sin darle espacio a las especulaciones, Shapner se convertiría en un gigantesco error que en el futuro siempre lamentaría y que por sí sola no podría superar. Lo lograría, por supuesto, pero con la ayuda de otro hombre. Un hombre que, aún, no le producía atracción.

– Los veré en la biblioteca, espérenmele ahí.

Habiéndose terminado la jornada escolar, los alumnos recogían sus pertenencias emprendiendo el camino de regreso a sus hogares. Sin embargo, cuatro de ellos aún continuaban ahí sin pensar tan siquiera en irse a sus casas.

– De acuerdo–Ireza, acercándosele, le obsequió un fraternal abrazo–mucha suerte, y no lo olvides, no te guardes nada, sé honesta. Si los sentimientos de Shapner son como él los describe, entonces deberá comprenderte y respetar tus deseos.

– Lo sé, y no te preocupes, no tengo pensado reservarme absolutamente nada. Se lo diré todo y él tendrá que escucharme.

Sin decirle algo más, Ireza retrocedió deseándole la mayor de las suertes a su amiga. Odiaba verla así: deprimida, asustada y desdichada. Quería que volviera a ser como antes: orgullosa de sí misma, apasionada por los combates y más importante aún, feliz. Muchos creían conocer a Videl, pero de ella sólo sabían quién era su padre y nada más. Conocían su fama, pero no sus sentires.

Con esa reflexión en su mente, Ireza se juraba que si Shapner era el chico destinado a devolverle a Videl su equilibrio y a sanar sus heridas, entonces ella apoyaría con fervor que el rubio viera consagrado su mayor afán: amar a Videl con total libertad. Por ello, sin emitir ni un ruido, Ireza observó cómo Videl caminaba hacia Shapner quien la esperaba metros más adelante.

Gohan, cruzado de brazos, y actuando como si aquello no le importase, los miró de soslayo alejándose en aquel solitario pasillo hasta que estos se perdieron al doblar en una esquina. No confiaba en Shapner, sospechaba que el rubio planeaba algo, y tal como lo decidió ayer por la noche, protegería a Videl de él o de quién fuere aunque ella no lo quisiese.

Y allí, delineando con sus yemas su reloj, Gohan se preparaba para cambiar lugares con el superhéroe. Tal cosa, le gustara o no, lo enfilaría a un inevitable rumbo de colisión con Shapner. Ya no se quedaría callado, ya no se tragaría sus palabras, ya no titubearía más. Si el Gran Saiyaman fue quien inició todo, así pues, cueste lo que cueste, él se encargaría de cerrar el círculo.

Aceptando las futuras consecuencias, Son Gohan cumpliría la apetecida petición de Shapner: el Gran Saiyaman y el rubio, al fin, estarían cara a cara.

Fin Capítulo Nueve

Hola, muchas gracias por leer otro capítulo de este fic. Sé que no fue un episodio muy emocionante, pero representa un gran avance en la trama. Muchas veces en la vida, enfrentamos problemas que nuestra terquedad y orgullo no nos dejan resolver con facilidad, y aún más, cuando la solución es tan simple como ser honestos y afrontar los hechos hablándolos sin evadirlos. Pues esa es la idea que trato de construir con este fic, ver como la arrogancia complica más las cosas.

Muchos elementos se están mezclando, y estos, gradualmente, llegarán a un único resultado lógico: conflicto. Los tres, como ya lo dije en capítulos anteriores, están cometiendo error tras error viéndose atrapados en un torbellino que sacará lo peor de cada uno. Pero, por el cariño y respeto que les tengo a estos personajes, quiero mostrar como superan sus propios obstáculos reivindicándose, no sin antes caer y morder el polvo.

En cuanto a la mayor cercanía entre Shapner y Videl, repito lo que opiné en el capítulo cuando se besaron: no me gusta para nada verlos juntos pero tampoco quiero que todo en el fic sea color de rosa, sino todo lo contrario, gris y con muchas manchas negras. Shapner en el animé tiene una escasa participación, incluso en los fics se le suele usar más como un complemento y no más. Aquí le doy un poco más de protagonismo, a su vez, que es el detonante de gran parte de la crisis.

Bueno, con esta simple reflexión me despido de ustedes por el momento. Les agradezco muchísimo a todos los que leen esta historia, sé que no es el típico fanfic de Gohan y Videl como me gusta hacerlos, pero trato de experimentar con un universo alternativo donde su relación no sea un lecho de rosas. Les deseo una muy feliz navidad a todos y un año 2017 lleno de muchas bendiciones, me voy por ahora pero nos volveremos a ver muy pronto.

Ya para retirarme, les doy las gracias a Vanessa neko chan, HnW, Majo24, Supergohan12345, ScarDreamer y a Linkyiwakura por sus comentarios en el capítulo anterior.

Gracias por leer y hasta la próxima.