Estaba amaneciendo en el antiguo reino humano de Asmara. Apenas estaba saliendo el sol cuando, en una choza a las afueras de la capital, Eritrea, una joven aelida realizaba ejercicios de calentamiento antes de empezar la jornada. Estaba haciendo flexiones en el suelo, metida en sus pensamientos, sin darse muy bien cuenta de lo que pasaba a su al rededor. Pero de lo que si se enteró fue de la presencia de una mujer que se colocó justo delante de ella.

-¡Hola Jamily!- dijo alegremente la mujer, mientras se colocaba en cuclillas delante de la bella aelida. Esta alzó la mirada y vio a una mujer de unos veinte años, de pelo rubio con ojos oscuros.

-Hola María- le dijo la aelida, levantándose. Se fijo en la rubia delante de ella. Era de rostro típico griego, como casi todos sus amigos humanos de la época, de piel blanca y ropas sencillas.

-¿Cuando llegara el resto?- le preguntó. María se hundió de hombros- Ni idea, ya sabes que la gran mayoría vive al otro lado de Eritrea y por muy magos que sean no tienen súper poderes- le dijo la rubia.

Jamily asintió, e invitó a pasar a su amiga. La cabaña no tenía gran cosa, una cama de paja, con una manta encima, un fuego con un caldero humeante, paredes de madera, y un par de estanterías. El techo, por su parte, estaba formado por pilares de madera cubiertos de paja, la típica cabaña. Se sentaron en una mesa, y María dejó una pequeña piedra en la mesa que tenía guardada en el pantalón.

-¿Usarás tu esa piedra?- le preguntó Jamily, curiosa, cogiéndola en sus manos- Sí, es lo mejor que encontré la verdad- dijo la rubia, mientras suspiraba y se apoyaba en la mesa.

Jamily suspiró- Supongo que valdrá, solo espero que el hechizo funcione- dijo, mientras le daba un libro que tenía a su lado a Elena abierto por una hoja específica. Esta asintió.

-Es arriesgado, pero yo creo que es la mejor manera de lograrlo- le dijo Elena- Además, contamos con el beneplácito de la reina Diana, la más fuerte del grupo- le recordó la otra.

Antes de que la aelida pudiera decir nada, a la cabaña entraron varios hombres y mujeres, jóvenes que estaban entre los 20 y los 25, todos de diferentes razas, colores de pelo y ojos. Había de todo, castaños, pelirrojos, de ojos verdes, oscuros, una angelida... un grupo bastante peculiar. Jamily se les acercó sonriendo.

-¡Ya tardabais!- les dijo, mirándoles, invitándoles a sentarse a la mesa- ¿Trajisteis las piedras para el hechizo?- les preguntó.

Cada uno le mostró una piedra circular, más o menos del mismo tamaño todas ellas, de las típicas que uno puede encontrar a la orilla de un río. Jamily, con una sonrisa, es guió a la parte de fuera de la cabaña, y se internaron a un bosque cercano. Andaron por un sendero que, por las marcas del mismo, debía de ser bastante transitado por carromatos tirados por caballos u otros animales de tiro. Andaron unos quinientos metros hasta llegar a una intersección que llevaba a un camino bastante menos transitado, casi virgen, y que era obviado por el resto de transeúntes del camino, que no eran pocos. Recorrieron ese camino menor hasta llegar a un pequeño templo.

-Haremos aquí la ceremonia- les informó Jamily, a lo que sus acompañantes asintieron- Bien chicos, colocaos en circulo- les pidió Diana, la reina humana de Asmara. Debía de ir de incógnito, por eso llevaba ropas también bastante cómodas, de entrenamiento. El grupo al completo que colocó formando un circulo, y a la orden de Diana se tomaron de las manos, y observaron lo que hacía la hechizera.

Habían colocado en un pedestal todas las piedras que habían traído, y las habían puesto cada una en frente del que la había traído. Entonces, Jamily comenzó a recitar una oración que tenía en un pequeño pergamino. Durante el proceso, y en un bol, ella fue echando diversos ingredientes al mismo. Sus compañeros observaban lo que ella hacía, más o menos tenían todo claro sobre que era lo que había que hacer ya que usaban como guía uno de los libros de Diana, pero tenían sus ciertas dudas sobre que aquello fuera a funcionar, pero esperaban que la hechicera aelida estuviera en lo cierto sobre eso.

-¡Comencemos!- dijo Jamily, alzando las manos al cielo, y comenzando a recitar en griego lo que ponía en una pequeña tela. Conforme ella hablaba, el cielo se nublaba y el viento aullaba con violencia, comenzando a caer rayos a los pocos segundos. También notaban que la temperatura bajaba y subía de golpe sin previo aviso, y que la tierra temblaba bajo sus pies, más Jamily no se detenía. Cuando dijo la última palabra, un potente estallido se produjo y un rayo de luz impactó sobre ellos, cegándoles y tirando los mismos al suelo. El exceso de luz no se fue hasta minutos más tarde, pero aún les costaba poder ver y seguían parpadeando para acostumbrar a sus ojos. Cuando pudieron ver con normalidad buscaron con las miradas las piedras del altar. Y allí estaban, intactas, como si nada hubiera pasado.

-Todo este lío para nada...- murmuró uno de los chicos, de piel, ojos y pelo oscuros como el cielo nocturno- No te preocupes Delos, seguro que lo acabaremos logrando- le animó una chica bastante parecida a él.

-Eso espero, Asia, por que a este rimo ese cabrón de Zeros acabará con todo- le respondió un chico rubio que había por allí.

-Plubio lleva razón, hemos probado de todo y nada sirve, esperemos que no sea demasiado tarde cuando eso suceda- dijo otro de los chicos de pelo marrón y con algo de barba que se encontraba junto a Plubio, de nombre Ignis.

-¡No seáis mal agoreros!- les riñó una chica asiática, de pelo moreno y ojos castaños- Por una ez tengo que estar de acuerdo contigo Haruka- se rió un chico a su lado, también de raza asiática, muy parecido a ella. La chica le propinó como respuesta un golpe en el hombro, haciendo que el chico se quejara.

Por eso mismo el grupo se empezó a reir- Parece mentira que no conozcas a tu hermana, Akira- le dijo una chica de pelo moreno y tez más propia de alguien del norte de europa que de alguien del sur.

-Sí, Tania tiene razón. Por cierto, deberíamos plantearnos volver a la ciudad, la gente debe estar preguntándose cosas y no creo que les haga mucha gracia no vernos por allí- comentó una chica idéntica a Tania, de nombre Erika.

Alena, también presente allí iba a hablar cuando oyeron un potente rugido, más propio de una bestia mítica que de un animal común de los que vivía en un bosque. No se parecía a nada de lo que ninguno de ellos había oído jamás, y era bastante más potente que el rugido de un oso o un lobo, que era lo más peligroso de los animales que por allí vivían. Y lo peor es que no iban armados para poder defenderse. Además, estaban relativamente lejos de cualquier camino transitado, así que estaban solos allí, en el bosque. Se disponían a irse para evitar problemas, cuando un portal se abrió en el cielo. El portal era dorado, pero eso no era lo más increíble. Lo más espectacular fue la bestia que del portal salió. Se trataba de un animal de más de tres metros de altura de una bella piel de color blanco, con las pezuñas de color oro y un aro que rodeaba su lomo y que contaba con cuatro puntas. De su cabeza salían dos picos a los lados que parecían ser sus orejas, y de la propia cabeza nacía una hermosa crin que parecía la estela que dejaba una estrella fugaz. La parte de abajo de su cuerpo era de color grisáceo, y sus ojos eran verdes. Con solemnidad bajó a tierra, donde se posó y anduvo gracilmente hacia el grupo.

-Vosotros debéis ser los que me llamasteis- dijo aquella espectacular criatura, hablando por telepatía.

Ninguno del grupo habló, pero Jamily observó de reojo la escritura que acababa de leer. Durante el hechizo había leído un nombre, Arceus. Sumó dos y dos, y dedujo el nombre.

-Así es, Arceus- le dijo Jamily, acercándose a la entidad. Arceus asintió- Noto energías enormes en esta realidad... ¿estáis luchando contra ellos?- les preguntó Arceus.

En ese momento otro de los chicos se adelantó a Jamily- Sí, pero no podemos luchar contra ellos ahora, somos demasiado débiles- dijo el chico. Era pelirrojo con los ojos verdes.

-Necesitáis mi ayuda por lo que entiendo- dijo, mirando a Anker, el chico que acababa de hablar- Te lo agradeceríamos, Arceus- le dijo una chica también de raza negra pero más joven que los anteriores. Sus ojos avellana claros contrastaban con su rizado pelo negro, su nombre era Almeta.

El ser entonce elevó su energía, y ante los chicos se abrió un portal de color perla. Con una invitación de la cabeza de Areus, el grupo entró al mismo, confiando en que Arceus pudiera ayudarles.

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Una vez que cruzaron el portal, se fijaron en el sitio en el que se encontraban. Se trataba de un lugar algo idílico, con las constelaciones bañando el cielo, que a pesar de verse como si fuera de noche ninguno de ellos tenía problemas de visibilidad, pues el suelo, de cristal, reflejaba la luz de las estrellas que llenaban el cielo. Así mismo, la luna, en todo su esplendor, iluminaba desde la izquierda de la bóveda celeste, y, a su lado, un resplandeciente sol hacía que parte del cielo se viera de día, en contraste con la otra parte, que hacía que pareciera de noche. A los lados de aquel lugar podían ver dos filas, una por lado,de columnas dóricas, todas decoradas con las figuras de una bestia, cada una distinta de la otra, y, en un idioma que no llegaban a entender muy bien, podían ver escritos lo que parecía el nombre de la bestia y su historia. En total, vieron 46 columnas que formaban dos líneas de 23 a cada lado, y otras 11 que estaban algo más apartadas formando un grupo más pequeño. Se fijaron en que, delante de ellos, se encontraban, además de Arceus, otras 17 bestias, todas ellas de diferentes tamaños y tonos de piel, algunas eran más grandes que el propio Arceus, y otras eran del tamaño de un perro, por lo que había de todo.

-Bienvenidos a Columna Lanza, el lugar desde el cual, tanto mis legendarios como yo, observamos el mundo y lo protegemos de aquellos males que amenazen con destruirlo, somos los protectores de esta dimensión-dijo Arceus, solemnemente, mientras daba un paso adelante.

Entonces, y de un grito de Arceus, las piedras que cada uno de los miembros del grupo había traído consigo antes para el ritual se elevaron en el aire, y cada una recibió la energía de cada uno de las bestias que allí estaban, por lo que se llenaron de su poder. Así mismo, el propio Arceus, elevando su energía, potenciaba los poderes que poco a poco llenaban las piedras, las cuales iban cristalizando según avanzaba el proceso, volviéndose gemas de los diversos colores de las energías de cada uno de los seres allí presentes. Minutos más tarde, el proceso había terminado, y 14 de las 18 gemas recién creadas fueron cada una a su dueño según Arceus iba hablando.

-La gema del agua, portadora del poder Kyogre-y según decía eso, la bella gema voló hacia el brazo de Plubio, que fue rodeado por la energía de la gema. La criatura legendaria nombrada rugió. Se trataba de un ser parecido a una orca, de colores azulados y dos grandes aletas con dibujos formados por líneas rojas que se alargaban hasta la parte central de su lomo. Sus ojos eran amarillos, y la parte baja de su cuerpo era color blanco. Debía de medir más de 4 metros.

El proceso siguió.

-La gema de la luz, portadora de mi poder- dijo Arceus, mientras la gema mencionaba volaba hacia su portador, que fue a parar a las manos de Diana, quien también se iluminó de la luz de la misma.

-La gema de la fe, creada por Jirachi, y portadora de sus poderes y de los míos- y con eso, la gema se dirigió al antebrazo de Alena. Jirachi era un ser bastante pequeño, del tamaño de un niño, de piel blanca y en su cabeza contaba con algo parecido a un sombrero amarillo del estilo de un mago. Sus ojos oscuros contrastaban con su piel, aunque su cabeza estaba decorada por tres cintas de lienas de color azul cían. En su tripa había dibujada algo parecido a un ojo cerrado.

-La gema del fuego, forjada por Ho-Oh-dijo Arceus, y conforme eso pasaba, la gema se elevaba en el aire y se dirigió sin titubeos hacia Ignis, quien se fijo en el ser que había creado su gema. Se trataba de un ave bastante grande. Sus plumas eran rojas como el fuego, desde su cráneo hasta las alas y la parte alta del vientre. En cuanto a la parte baja del vientre eran de plumas blancas, y en cuanto a la parte más exterior de las alas eran verdes. Su pico era no muy largo de color amarillo, y contaba con una pequeña cresta en su cabeza. Sus ojos eran oscuros, así como sus garras. Las plumas de su cola eran doradas.

-La gema de la tierra, creada por Groudon- dijo Arceus, mientras la gema se acercó a Arken, quien miró a la enorme criatura. Se trataba de una especia de lagarto enorme de unos tres metros de alto con escamas de color rojo y negro, estando las negras formando un dibujo a lo largo de todo su cuerpo, además de en las zonas donde su cuerpo se podía doblar, como en las articulaciones. Contaba con una hilera de picos blancos a ambos lados del cuerpo, además de una cola en forma de punta. En sus zarpas contaba con enormes garras puntiagudas.

-La gema del rayo, nacida del poder de Zekrom- dijo Arceus, y la gema, brillando en colores amarillos, fue directa a María, quien observó a la criatura. Se trataba de una especia de dragón completamente negro de amenazantes ojos rojos. Tenía dos alas a las espalda, y al final de su cola contaba con una suerte de motor que expulsaba chispazos eléctricos de color azul.

-La gema de los metales, creada por Registeel- la gema fue directa a Delos, quien se vio recubierto por una luz color metálica. El chico se fijó en el ser nombrado. Se trataba de una criatura de aspecto humanoide con una piel metálica y una cabeza que, de lo grande que era, también formaba el torso de Registeel. La parte central de su cuerpo era color negro, rodeado de dos partes de color plata que formaba el metal, por lo que esa parte negra era la parte interna y la parte gris la externa. Sus ojos eran varios puntos rojos en la parte negra de su cuerpo, y su cadera era un disco, y por debajo de la misma, dos patas bastante cortas, en evidente desproporción del resto del cuerpo.

-La gema del viento, nacida de los poderes de Rayquaza- la gema, según hablaba Arceus, se dirigió hacia Laura, la cual se vio envuelta por una energía verde. La angelida se fijó en Rayquaza. Se trataba de una larga serpiente de más de 7 metros de largo, con escamas verdes y amarillas las cuales formaban bellos dibujos por su cuerpo. Contaba, además, con dos pares de aletas dorsales con los bordes rojos, y en la parte media-alta de su espalda contaba con otras dos aletas dorsales que podían considerarse como alas. Contaba con solo dos brazos con tres garras, y ojos amarillos.

-La gema del tiempo, creada por Dialga- la gema fue directa a Tania, quien la recibió en su antebrazo. Notó que una de las bestias rugió en cuanto la gema llegó a ella, y dedujo que debía de tratarse de Dialga. Se trataba de un animal cuadrúpedo de unos cinco metros de alto, de escamas color azul y con prominentes picos en la zona de la cadera que estaban ligeramente inclinados, en color plata. Sus zarpas contaban con cuatro garras cada una del mismo color que los picos de su cadera, así como los cuernos que tenía en su alargada cabeza. Sus ojos eran rojos, y en los laterales de su cuerpo discurría una línea de escamas azul cían. En su pecho, y rodeado por protecciones de color plata había un enorme diamante que se iluminaba en la misma tonalidad que la energía que rodeó a Tania.

-La gema del espacio, contenedora de la fuerza de Palkia- La gema voló a gran velocidad hacia Erika, dándole tres vueltas antes de posicionarse en su brazo. Se fijo entonces en que Palkia estaba bufando, por el sonido de alegría. Se trataba de un dragón bípedo, de escamas rosa pálido, con líneas que discurrían por su cola y vientre, así como por los brazos y cuello. En la espalda tenía dos alas escamosas, y en su cabeza se distinguía una cresta del mismo color que sus escamas. En sus hombros contaba con dos perlas que se iluminaron en cuanto la energía recubrió a Erika.

-La gema de la oscuridad, creada por Giratina-aquella gema fue a parar a manos de Arion, un joven de pelo negro y ojos oscuros, algo solitario, pero bastante agradable cuando se le conocía. El chico se fijó en la bestia mencionada. Se trataba de un dragón bastante parecido a Rayuquaza en cuanto tenía una figura esbelta y alargada, pero las similitudes acababan ahí. La parte de arriba de su cuerpo era gris, con la parte de abajo, en la parte del pecho y de la cola con escamas en franjas rojas y negras alternadas. Contaba con dos pares picos en el extremo de la cola, otros dos a la mitad, y otro par a la altura de donde habría unos brazos. El cuello estaba protegido por protecciones que solo dejaban al aire la parte de abajo del cuello, estas eran de color amarillo y de las mismas nacían alas negras con picos rojos en su extremo superior. Su cráneo estaba protegido por un protector de color amarillo, con los extremo en punta. Sus ojos eran rojos.

-La gema de las bestias, creada por el polivalente Mew- la gema voló hacia un feélido rubio con una curiosa mota de pelo morado en medio del rubio. Su nombre era Thirio, de ojos oscuros y mirada divertida, sonrió al ver a Mew. Se trataba de una suerte de gato color rosa con una cola tan larga como su cuerpo, de pequeñas manos y pies desproporcionadamente grandes, y ojos azules como el océano.

-La gema de la naturaleza, creada por Shaymin- dijo Arceus, y la gema fue a parar a Haruka. La chica se fijó en que Shaymin se trataba de un adorable erizo de color blanco, teniendo en vez de pinchos cubriendo su espalda una tupida planta con una flor. Sus ojos verdes entonaban a la perfección con su espalda, además, contaba en el lado derecho de su cabeza con una hermosa flor rosa con un punto negro en cada una de los cuatro pétalos.

-La gema de la esperanza, creada por Lugia-dijo Arceus, y la gema se iluminó ligeramente y voló en dirección a Asia, quien se quedó ensimismada viendo como brillaba hasta que oyó un fuerte rugido. Alzó la vista, y vio una enorme bestia, de color blanco con la parte de los ojos de color azul y cinco placas que se extendían como si fueran aletas a la espalda. Su larga cola estaba terminada en una punta de lanza, y en su tripa sus escamas eran color azul. Contaba con dos enormes alas que contaban con algo parecido a dedos, cinco para ser exactos, en su extremo. Asia sonrió al verle, parecía un dragón.

Akira entonces miró a las otras tres personas sin gema. Eran su amigo Mino, y las dos chicas más jóvenes, Liria y Almeta. Mino era de pelo castaño y ojos verdes con pecas en la zona de la nariz y de piel clara. Liria, por su parte, tenía el cabello corto y de color rokizo oscuro con ojos oscuros y también de piel clara, al contrario de Almeta, que era de raza negra con trenzas de color negro y ojos oscuros.

-¿Por qué nosotros no tenemos gemas?- le preguntó Akira a Arceus. Este les miró y avanzó ligeramente, y en seguida las cuatro gemas restantes comenzaron a levitar y fueron con él. Sin decir nada estas se iluminaron ligeramente, y Arceus dirigió su mirada al grupo.

-Las gemas que quedan son las de la materia, la antimateria, la vida y la muerte-les dijo- Y me temo que las gemas no encuentran a nadie preparado para tener su poder- les dijo, con voz serena.

-¿No nos consideran dignos?- preguntó Almeta, con curiosidad, a lo que Arceus asintió.

-Pero no os sintáis mal, estas gemas son muy poderosas, no es de extrañar que no puedan decidirse por alguien- les dijo. Tras eso, dirigió desde lo alto de su cabeza un ligero rayo de luz que llegó a sus pechos, dándoles una sensación bastante cálida.

-Os he dado la capacidad de usar, al igual que vuestros compañeros, la energía que reside en vuestro interior. Todo ser vivo tiene una energía, esa energía es lo que les da la vida, lo que les hace sentir, sufrir... esa energía puede ser usada por aquellos que la hayan liberado, y os aseguro que puede llegar a ser enorme- les dijo, acercándose despacio.

Conforme se acercaba, una luz le iluminó, y se transformó a una figura humana. Su pelo era blanco, con los ojos color verde, figura delgada sin no demasiada musculatura, de mirada placida. Llevaba una toga que cubría parte de su pecho y toda la parte baja del cuerpo. Se les acercó con una ligera sonrisa.

-Espero que con esto podáis luchar contra vuestros enemigos, guardianes de la naturaleza- les dijo, mirándoles a todos- Tened en cuenta una cosa, ahora sois conocedores del poder de la naturaleza y de sus secretos, pero tanto el ser humano como todas las especies inteligentes deben de descubrir estos secretos por sí mismos, además, todas las especies deben respetar sus leyes, por lo que no debéis darle beneficios a unos u a otros, simplemente velar por que el equilibrio del mundo se mantenga- dijo Arceus, con energía en sus palabras, pero también con sabiduría implícita en el mensaje.

Entonces, les sonrió- Ojalá logréis derrotarles, nos veremos- dijo, mientras abría detrás de ellos un portal- Ahora solo os queda entrenar para aprender a manejar esos poderes- les dijo, mientras les agarraba delicadamente de los hombros, como lo haría un padre.

-Muchas gracias, Arceus- le dijo Jamily, hablando por primera vez desde que habían llegado allí. Tras eso, el grupo volvió a atravesar el portal, volviendo a su mundo, con la esperanza de que con esa ayuda la guerra se decantara a su favor.

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Pasaron una semana entrenando. Sus poderes se estabilizaban según pasaba el tiempo, y estaban bastante seguros de su victoria, por eso se acercaron a un pueblo donde tenían bastante seguridad de que estaba uno de los hermanos de Zeros, concretamente Dinto. Habían llegado por la mañana temprano, pues sabían que Dinto pasaría por allí al mediodía, y aprovecharían para atacarle. Pero fue un enorme desastre, ya que Dinto les dio una paliza. Eran demasiado débiles en comparación a él, ni siquiera abrió los ojos para luchar contra ellos, si hubiera querido les hubiera matado con total facilidad. Por suerte para los guardianes, un grupo de aldeanos atacaron a Dinto con lanzas, haciendo que se distrajera lo suficiente para poder huir de allí. Durante la huida, Delos se había fijado en que ni las lanzas le hacían daño, pero durante la escaramuza vio que tenía guardada una espada bajo la ropa. Notó los materiales de los que estaba hecha, y dedujo que aquella espada si que podría hacerles daño, ya que eran materiales poco comunes pero que él podría desarrollar a partir de otros metales gracias a sus poderes y crear armas con esos materiales. Cuando volvieron a casa, decidió contárselo al resto.

-¿Crees que eso valdrá para lastimarles? Ni nuestros ataques más fuertes fueron suficientes contra él- le dijo Akira, pero Delos asintió.

-Estoy completamente seguro, solo necesito una serie de ingredientes y podré forjar armas para todos nosotros- les dijo, mientras comenzaba a escribir en un papel, el cual se lo tendió a Erika. Esta lo cogió y leyó los ingredientes que en el había escrito.

-Son... pocos, ¿no?- le dijo la chica, contando. Apenas llegaban a 10. Pero Delos asintió- Esos son los ingredientes que discerní, me pondré a trabajar en ello hoy mismo- le dijo.

Al grupo le pareció bastante bien la idea, pues estaban de acuerdo, no perdían nada intentándolo. Delos, en su fragua en la que él trabajaba antes de todo el lío de los guardianes. Trabajo semanas enteras intentando encontrar las proporciones correctas para los materiales y así hacer armas adecuadas para el combate. Pero era difícil pues en ocasiones las armas salían demasiado endebles y se partían al mínimo golpe, y en otras ocasiones eran demasiado duras y rígidas, haciendo que fueran demasiado pesadas y que fuera más difícil controlarlas apropiadamente. También se pasaba los días haciendo diversos tipos de armas, pues algunos de sus compañeros le pidieron específicamente un arma para poder luchar. Por ejemplo, Ignis le pidió unos chakrams, los típicos de su pueblo, así como Plubio, que le pidió un tridente en vez de una espada. A Delos poco le importaba forjar un arma u otra ya que le era bastante fácil. Lo difícil, como se había dicho antes, era encontrar las proporciones adecuadas. Era ya tarde cuando Delos se disponía a hacer el último intento del día. Tenía ya casi lista la mezcla, solo le faltaba añadir el último ingrediente, oricalco. Se disponía a añadirlo a la mezcla cuando la puerta se abrió de pronto, y un rayo de luz impactó contra la mezcla en el instante en el que el oricalco acababa de juntarse con el resto de elementos. Un fuerte estallido provocó que Delos tuviera que salir corriendo de allí por si acaso.

-¡¿Estáis bien?!- dijo Diana, acercándose hacia la casa, de la cual salía un denso humo blanquecino. Delos se fijó en ella, estaba sudando así que debía de estar entrenando. Así mismo, se dio cuenta de que al lado de la puerta, y levantándose del suelo ayudándose de la pared se encontraba Mino.

-Yo si, pero...- dijo Mino, intentando entre ver a través del humo- La casa está bien, lo que no sé es si lo está la mezcla que tenía hecha- dijo, algo molesto, Delos.

Sin decir más, entraron a la casa, esperando ver todo en orden, aunque lo dudaban. Delos se acercó casi sin poder ver a la mesa y sin chocar con nada ya que se conocía de sobra aquella fragua. Fue entonces que notó una energía provenir de la mesa donde estaba creando su nueva mezcla. Y sonrió, pues vió una plancha de metal plateado resplandecer ligeramente. La tocó delicadamente con las manos, y pudo notar a la perfección como aquella plancha compuesta por diversos metales tenía unas características muy parecidas a la de la espada que vio a Dinto.

-¡Lo logramos!- gritó, cogiendo la plancha entre sus manos. Apenas pesaba, pero tenía una estructura perfecta para poder hacer diversos tipos de armas, podía hacer con aquel material prácticamente cualquier arma, lo sabía, podía notarlo. Y estaba deseando probar que se podía lograr con ella.

Segundos después notó como sus amigos iban entrando hasta donde él estaba al oir su grito, deseando ver que era lo que pasaba. Y no pudieron más que felicitarle por su éxito, ya imaginando como serían sus armas.

-Mañana a primera hora comenzaré a crear las primeras armas, no sé muy bien como podremos darle poder a esas armas, pero estoy convencido de que podremos lograrlo- les dijo Delos, sonriendo como un niño pequeño e ilusionado.

-Vayámonos a casa, cenemos, y mañana comenzarás con eso- dijo Thirio, sobándose el estomago. El grupo se rió, aquel feélido no parecía tener fondo. Entre risas, bajaron a la casa de Delos y Asia para comer juntos tras el duro día de entrenamientos, deseando saber que les deparaba el futuro

A la mañana siguiente, y tal y como les había dicho Delos, este subió a la fragua y comenzó a trabajar. Tenía ya pensadas todas y cada una de las armas para sus compañeros: un par de chakrmans para Ignis, unas tonfas para Laura, el tridente de Plubio, una espada para Arken... tenia mucho lío, en definitiva. Se pasó horas usando el martillo para darle una forma apropiada a cada arma, quería que fuesen perfectas, y aquel material permitía darle diversas formas que con acero no se hubieran podido hacer, por ejemplo. También estuvo sus buenas horas comprobando el filo de las diversas armas, como la de la lanza de su hermana Asia o las dagas de Erika. Por otro lado, también comprobó la consistencia de armas más contundentes como el martillo de María e incluso su hacha de doble filo. Tan concentrado estaba, que ni se dio cuenta de que ya pasaban las cuatro de la tarde y ni había comido siquiera. Tuvo que ser Liria y Almeta la que le trajeran la comida al chico, quien ni sudaba en aquella fragua.

-¡Descansa un poco Delos, te vas a derretir aquí dentro!- le espetó Liria, dejando una bandeja con un plato a rebosar de comida, un cuchillo y una hogaza de pan para acompañar. El chico les sonrió.

-Tranquilas, no me pasará nada por el calor, pero tenéis razón, debo comer algo o me dará algo- se rio, mientras se sentaba en una banqueta y comenzaba a comer.

Las chicas se fijaron en lo que había en la forja. Vieron varias armas ya acabadas en un lado de la pared aún bastante calientes pero que estaban listas para su uso, y varios moldes con el metal fundido asentándose en ellos para así darle forma al metal y crear así las armas que quedaban.

-¡Son preciosas Delos!- exclamó Almeta, mientras las observaba sin llegar a tocarlas. Este sonrió agradecido- En cuanto su dueño la toque, se inundarán de su poder y tomarán otros colores, más adecuados a la energía que cada uno de nosotros, adaptándose a las necesidades de su dueño. Es un material increíble- comentó Delos, soñando todas las posibilidades imaginables.

Nada más acabar de comer, salió corriendo hacia la mesa y siguió trabajando con las armas. Quería acabar cuanto antes. Golpeó el metal, le dio forma, y cuando quedó contento por la misma, comenzaba el proceso de volver su superficie lo suficientemente afilada como para cortar cualquier cosa. Delos, al terminar, observó orgulloso de si mismo por las armas creadas, y decidió llamar al grupo para que tomaran las armas en sus manos.

-¿Ya están listas?- le preguntó al entrar Tania, observando la fragua. Hacía un calor de mil demonios, aunque ellos lo notaban menos gracias a que eran guardianes. Delos sonrió.

-Allí las tenéis, tan solo coged cada uno la vuestra- les pidió, invitándoles con un gesto a hacerlo. Sus compañeros hicieron eso mismo. Y, en tan solo unos segundos, la estancia se llenó de luces de todos los colores, así como de una inmensa energía. Uno a uno, cada uno de los miembros del grupo era revestido por una armadura de sus respectivos colores, todas ellas con bellas decoraciones en color oro o blanco, y así como sus armaduras mejoraron y se hicieron completas, sus armas también, tomando el color de sus respectivas energías. Notaban, así mismo, que las armas les habían incrementado sus energías a unos niveles que no creían posíbles, se sentían imparables.

-¿No está mal, eh?- les dijo Delos, orgulloso de su trabajo. El grupo vitoreó su nombre y su destreza a la hora de fabricar las armas, pues era de vital importancia hacerlo cuanto antes para así luchar en igualdad de condiciones contra Zeros y sus hermanos.

-¡Vamos a luchar contra esos monstruos!- dijo María, alzando su martillo en alto, con muchos ánimos. Si bien varios de ellos estaban con María y querían ir a por los siete hermanos, decidieron al final que era mejor que entrenaran para dominar las armas.

Y eso hicieron. Entrenaron durante días para poder luchar, y seguían a los hermanos de Zeros por Asmara. Cada vez que tenían una pista de ellos, iban a ese sitio para luchar contra ellos, más siempre llegaban tarde, tan solo quedaban soldados que luchaban por la causa de Zeros. En uno de aquellos combates, en Lemuria, pasó algo bastante extraño. Laura pasó por un portal que se formó de la nada en el aire, la chica apenas pudo hacer nada para evitarlo. El grupo intentó saber a donde había acabado, pero volvió segundos más tarde de nuevo por un portal. La chica les explicó lo que había pasado, según parece fue al futuro, y había conocido a sus sucesores. Eso les dio esperanzas de poder luchar contra los hermanos de Zeros. En su siguiente encuentro, sin embargo, no tuvieron tanto éxito. En aquella ocasión, tuvieron que luchar contra Phoebe, la única mujer en el grupo de Zeros. Si bien pudieron enfrentarla más o menos bien, Phoebe logró luchar contra ellos y casi logran tenerla contra las cuerdas. Pero el grupo sabía que aquello no era suficiente. Debían conocer su punto débil, alguno debía tener.

-¿Pero como lograremos la información? Nunca dejan testigos- dijo algo desalentada Erika. Diana fue quien respondió- Sabemos que ellos son demonios, representan cosas malas, por tanto, si nosotros logramos algo que represente algo bueno seguro que les debilitaremos- respondió la pelirosa.

El grupo la miró- ¿Y como planeas hacer eso?- le preguntó Plubio, curioso. Ella sonrió- En palacio tengo un libro que seguro nos será muy útil- les respondió.

Y dicho y hecho, se dirigieron hacia allá. Nada más entrar a la biblioteca del palacio de Eritrea, Diana fue directa por los pasillos, sin dudar por donde iba, hasta a una estantería bastante grande. En general todas las estanterías eran grandes, de un tamaño de 3 metros de alto de madera y llenas de libros, pero esa en concreto era más grande, hasta se necesitaba una escalera para llegar a la parte más alta para coger un libro. Y eso mismo hizo Diana, cogió una escalera y se encaramó a lo alto de la misma, cogiendo un libro en el proceso. En cuanto lo cogió, bajó rápidamente y lo comenzó a revisar hasta que paró en una hoja y sonrió.

-¡Esto era lo que buscaba! Crearemos estos siete talismanes, es bastante sencillo en realidad- les dijo, tendiéndoles el libro a sus amigos.

El grupo revisó el libro y asintió. Era bastante sencillo en la base, pero seguro que les iba a costar. Debían usar unas piedras como las que usaron al principio con las gemas, y usarlas para crear los talismanes. Para ello, debían inundarlas de energía positiva, creando así los diversos talismanes para siete de ellos. El proceso fue algo largo, era difícil crear los talismanes, y más acertar con el tipo de talismán que deseaban. Pero eventualmente lo lograron. Crearon siete: valor, amistad, amor, sabiduría, sinceridad, confianza, esperanza y entrega. Descubrieron como hacerlas más fácilmente cuando se dieron cuenta de que era mejor que lo hiciera una persona que sintiera esa sensación muy especialmente y que tuviera en la mano la piedra correspondiente, previo proceso de hechizarla. Tuvieron que ir a varios puntos de Asmara para lograrlo, pero finalmente estaban listos para la pelea final contra los siete hermanos. Sabían que se encontraban en la zona del mar del Alja, al sur del reino humano de Asmara. Allí se produjo el combate final entre los guardianes y los hermanos de Zeros. Tras unas muy duras batallas, el grupo fue, uno por uno, encerrando a cada hermano en una vasija, donde quedarían encerrados por mas de mil años, gracias a la magia de la reina Diana. Una época de paz empezaría después de estos acontecimiento, hubo guerras entre las diversas naciones de Asmara, pero ninguna amenaza a gran escala como la que representaban Zeros y sus hermanos. Se habían ganado los guardianes un lugar de honor en el folclore de Asmara, pero no se llegaron a saber sus nombres nunca, era un misterio.

Hubo muchos que les pusieron nombres, pero nadie pudo decir nunca cuales eran sus verdaderas identidades. Solo Jamily Mörker, hechicera aelida, conocía esos nombres, gracias a la magia ella había logrado alcanzar una pseudo inmortalidad usando una técnica que la diosa Atenea de un mundo paralelo le enseñó, el misopethamenos. Aún podía morir, pero desde luego de vieja no. Y gracias a eso, podría ayudar a la nueva generación de guardianes a la lucha que estos tuvieran, pero antes de eso, darles su merecido homenaje a sus amigos. Por ello, construyó un pequeño templo con las estatuas de sus amigos a todo detalle, y en la parte baja, sus nombres escritos junto con su fecha de nacimiento y de muerte. Eso mismo hizo, tardó unos meses en acabar el templo y otros tantos hasta finalizar todas las estatuas, pues las quería hacer cuanto más cercano al original mejor, todo esto mientras sus amigos estaban celebrando el triunfo. Ella les dijo que tenía que buscar plantas para hacerles una comida, pero en realidad se dedicaba a eso, otros días en cambio les decía que iba a ver a algún familiar.

Una vez finalizada aquella obra, y ya que había vuelto cada uno a su vida normal, decidieron que era buena idea esconder las gemas, una vez que su dueño hubiera muerto, dejándola en algún sitio seguro. Lo decidieron escribir en un libro, uno que les dio la reina Diana, el cual sería usado, dos mil años más tarde, por la nueva generación de guardianes, pero en aquella época aquel libro serviría como memorandum de su historia, para que así no fuera olvidada. No solo escondieron las gemas, también las armas y los talismanes, incluidas las gemas que no tenían dueño, es decir, las de la antimateria, materia, vida y muerte. ¿Que les deparará el futuro? Nadie lo sabía, pero estaba clara una cosa, sus sucesores seguro serán capaces de luchar contra lo que quiera que se tengan que enfrentar...

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Como siempre, he aquí el especial aniversario que se celebra cada 31 de Diciembre, en este año se celebran nada menos que tres años de historia, que no es poco! Muchas gracias a todos los que leer esta historia, que espero que os esté gustando a todos, y un especial saludo a TsukihimePrincess, DarkClaw1997, Alejito480, Draoptimussprime3 y BadTouch, sin los cuales esta historia desde luego no hubiera llegado tan lejos.

Dicho esto, Felices Fiestas a todos, un abrazo y que paséis un muy feliz 2017!