Yay! emm hagamos un trato, entre más comentarios haya menos me tardaré en subir el siguiente capitulo!

Creo que hubo una cosilla por ahí con la marca en el hombro de Samantha, bien supongo que algo así debe aclararse... (?) al principio y desde el principio mi fantasía me mostraba el pentagrama tatuado en el hombro derecho donde justamente lo deje... pensé en otro lugar, primero me vino la idea de ponerlo en el cuello y eso se me hizo estupido a final de cuentas además ya la estoy haciendo batallar con la cosa en el hombro ahora en el cuello yo creo que Samantha se sale del fic y me ahorca xDD luego quize ponerla en un ojo lo que es algo cliché para mi porque bah Ciel ya tiene su marca en el ojo y el punto de hacer el fic con una protagonista mujer era alejar a Ciel de mi mente, luego pensé en ponerla en la espalda ¿De qué sirve estando ahí si no va a verse y no será mortificante? entonces pudo quedar también en el abdomen de Samantha pero es ella ¡Jamás en su vida enseñaria la panza! una chispa pervertida en mi cabeza me decía que podía ponerlo cerca de la clavicula o bien en un pecho y eso me gusto pero repito... Samantha se saldría del fic y me mataria e_eU así que la deje ahí porque era mi idea original desde el momento en el que comenze a fantasear con esto y pues porque es divertido poner a la protagonista en esas situaciones donde se histeriza hasta con el vuelo de una mosca xDD Digo esto para que por casualidad no me diganq ue plagie otro fic porque ya pusieron que la marca de la tipa/o está en el hombro y yo soy plagiadora por eso e.é no, la verda es que ni recuerdo haber leído eso en otro fic ._.U y digo leer fics es casi todo lo que hago aparte de ver anime o molestar a mi gato así que... creo que lo aclare ._.

aasdasda ahora hablando de otras cosas un saludin especial para... ehh 1995 gracias por el review y seguir la historia ;_; mi amarte profundamente desde ahora!

Respecto al capitulo diré que después del cuatro la cosa se pone muy buena xD muahahaha ehh... los primeros tre son como una introducción así que la cosa no anda tan movida y pues poco a poco les haré reir tanto como yo rei escribiendo esto... ehh el primer capitulo es sumamente ¿fuerte? por eso la M y pues ya todo loq ue tengo que decir ya fue dicho ._.


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Mis niveles de estrés eran apenas soportables, hacía menos de una semana que Sebastián había llegado a mi vida, desde mi contrato con él, desde mi secuestro y mi casi muerte, desde la última vez que había visto a Richard quien seguía desaparecido.

Habíamos salido del hospital dos días después de que despertara. Me enteré de que justo después de la masacre en el sitio donde me habían torturado Sebastián me sacó de ahí y repentinamente todo se incendio, no quedo rastro alguno del maldito lugar o de los malditos que me habían secuestrado. Discutí con Sebastián por eso ¿Cómo se le había ocurrido terminar con la evidencia de lo único que podía ayudarme a saber porque habían hecho eso y en donde estaba mi prometido? Pero bueno, siguiendo con lo que decía resulta que en el mundo exterior mientras yo era torturada y el tiempo paso en cámara lenta para mi, en realidad transcurrieron dos días en los que Jess recibió una llamada pidiendo mi rescate… más de seis millones de dólares era lo que pedían a cambio de mi. Jessica actuó de manera un tanto madura y corrió tras el primer avión con destino a Nueva York acompañada únicamente de su teléfono celular, reportó mi secuestro y la desaparición de Richard pero la policía era tan útil como las cortadoras automáticas de pavo, entonces al atardecer del segundo día Sebastián llego al hospital del centro de Manhattan conmigo en brazos.

Como iba diciendo salimos del hospital dos días después de que despertara e inmediatamente mi asistente, Jess y yo tomamos un avión de regreso a casa.

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Mi departamento no era gran cosa pero tampoco vivía en una pocilga, estaba en un último piso en el complejo de edificios Charlotte's square a menos de un kilometro de la editorial; tenía una linda vista a las luces de la ciudad, no era muy grande pero lo suficiente como para que mi encantadora hermana Isabel me visitara, había tres habitaciones, la mía, la que le había acondicionado a Isabel en sus visitas pero ella no venía desde hace cuatro años…, y la de huéspedes. Afortunadamente no subía a pie los 14 pisos y usaba un elevador. En realidad mi departamento era como un loft de dos plantas y lo tenía desde, si, hace cuatro años cuando las regalías de mi segundo libro me dieron la independencia y dinero necesarios para comprarlo. Una pequeña entrada con un perchero y unas macetas con frondosas plantas de hojas esmeraldas, una sala con todas sus comodidades, un amplio sofá de cuero negro donde me encantaba tomar las siestas o echarme a ver televisión cuando mi mente no producía nada o estaba fatigada por lo mismo, una televisión de plasma de unas 62" creo… un estéreo y mi favorito… a unos pasos de la sala estaba el piano de cola que era herencia de la abuela de Richard y se empeño en regalármelo la vez que la conocí hace menos de un año antes de que enfermara, después de la estancia con sus espectaculares y enormes ventanales con vista a la incansable ciudad estaba un comedor algo grande porque yo era una solitaria empedernida y mi escasa compañía era Richard y jamás comíamos en esa mesa, siempre en el sofá o la mesilla de la terraza, la cocina era algo amplia, con una larga barra con tres sillas, una estufa doble que era nueva y un refrigerador en donde sin problemas podía meter la comida de todo un año… bueno contemos con que yo tampoco comía demasiado, mi amiga inseparable la cafetera y el que me había salvado de tantas… el microondas. Yo no era un prodigio en la cocina pero tampoco era una asco, sabía lo suficiente gracias a las enseñanzas de mi madre y un par de semanas encerrada en la casa de mi hermana quien era incapaz hasta de hervir agua. Como fuera la cocina del departamento a veces se llenaba de deliciosa comida cuando se me daba la gana, había una puertezuela al final de un pequeño pasillo alado de la cocina y más allá de las escaleras al segundo piso, ahí estaba la terraza, la que me había producido una infinidad de largos momentos de inspiración alado de una maquina de escribir y hoy día una laptop que funciona horrorosamente. Como había dicho era de dos plantas, primeramente había una puerta que daba a un medio baño, luego estaba un pasillo que daba a las habitaciones, primero la de huéspedes que no era la gran cosa, solo una cama, un par de cabeceras y un ropero, un pequeño baño privado y un televisor ya viejo. Luego estaba la de Isabel, no sé porque conservaba sus cosas ahí, tampoco era muy grande pero eso si tenía una gran cama de dos plazas, un gran armario y una zapatera, un tocador y un pequeño balcón. Al fondo del pasillo se hallaba mi habitación, alfombrada de color negro y con paredes blancas como las de toda la casa, mi habitación era la más grande, con un baño propio y el doble de grande que los demás, mi cama matrimonial envuelta en delgadas sabanas pero una gruesa colcha, un pequeño cuarto que usaba de vestidor, un par de cabeceras y mi escritorio, la guitarra que fue mi último regalo de navidad a los 13 años estaba acomodada en un taburete alado del librero, tenía mi propio balcón conectado a la amplia terraza donde había una mesilla donde solía desayunar, el baño cubierto de losetas color grafito y hueso tenía su regadera, su lavabo y el W.C. pero mi favorita, la tina de baño ¡con hidromasaje!.

Regresé de inmediato de mi paseo mental por el departamento en cuanto la luz verde del semáforo se puso, sentía al oficial de transito mirándome desde hace rato… o eran cosas mías o el mercedes color plata seguía siendo inalcanzable y como de sueño.

Di un rápido vistazo por el rabillo del ojo al asiento de a lado, Sebastián Michaelis, mi asistente inspeccionaba a detalle mi auto ¿Acaso nunca había estado dentro de un auto o algo parecido? Quizás si, quizás en su vida demoniaca no existían tales cosas como mi mercedes de puertas mariposa, o aún no se recuperaba del shock en el aeropuerto. Jamás había visto a alguien tan emocionado o curioso por estar en un abarrotado aeropuerto con una armada de aeromozas coqueteándole descaradamente… ¡Concéntrate en el camino Samantha!

-¿Su casa está lejos?-, la manera en que me hablaba me hacía sentirme vieja, importante, pero muy vieja.

-Ya casi llegamos-, murmuré sin apartar la vista del camino- no me trates de usted, dime Sam o tutéame si no te acostumbras-, repetí por segunda vez en el día ¿Eso le era muy difícil?

-Es un lindo auto-, cambió de tema y sonreí satisfecha-… jamás había estado dentro de uno, mucho menos de uno así-, admitió, evité enfrenar y gritar como lunática.

-¿Qué?-, oh, encima de sentirme estúpida me sentí al borde de un ataque de risa-, ¿En qué clase de mundo viven los demonios hoy en día?-, bromé dando vuelta a la cuadra que me llevaría a casa.

-Créame que es muy diferente y no venía por aquí desde hace más de un siglo-, dijo como si fuese algo ordinario, nuevamente controle mis impulsos de gritar como loca…. Yo era una histérica con problemas psicológicos ¿No se nota, verdad?

-Así que, la última vez que hiciste un contrato fue antes de la invención del automóvil… eres todo un anciano-, seguía bromeando entretenida de la situación y aprovechando que estaba por entrar a la calle del Charlotte's square.

-No, el automóvil ya existía en aquellos tiempos pero me sorprendió demasiado lo rápido que avanzo la civilización en tan poco tiempo comparándolo con otras épocas-.

-Eso fue gracias a los americanos-, admití un tanto orgullosa, había notado en los gestos de Sebastián que era extranjero… bueno sabía que era extranjero pero me refiero a que no había estaba en américa antes… supongo.

-Aquí es-, exclamé bajando la velocidad.

El imponente edificio principal del Charlotte's square se levantaba al otro lado de la reja de seguridad y la pequeña gaceta policial, saque la identificación y se la enseñé al guardia quien me guiño un ojo y me dejo pasar, le chifló al mercedes y me pregunto quien era mi acompañante.

Frank Wiesse era el guardia principal del complejo de edificios desde que me mude ahí, era un sujeto simpático que rondaba por los 49, un tanto robusto pero fornido y unos centímetros más alto que yo, su cabeza pronto formaría una prominente calva pero lo que conservaba de cabello era pelirrojo, de facciones un tanto toscas pero se notaba que en algún punto de los 20 y los 30 era un galán, usaba unos pantalones color caqui y su chaqueta negra con la insignia de seguridad, su inseparable gorra negra y unas gafas obscuras estilo John Lennon que guardaba en el bolsillo de su camisa de vestir blanca.

-Es mi nuevo asistente-, dije con una sonrisa, observé a Sebastián quien miraba perplejo el edificio-, nos vemos luego Frank-, me despedí del guardia con un saludo militar y aparqué el mercedes no muy lejos de la entrada.

-¿Podrías bajar a ayudarme?-, casi le doy un codazo a Sebastián, él inmediatamente se bajo del mercedes y me abrió la puerta con galantería.

Aun me costaba un poco de trabajo el caminar, todavía no me reponía del todo pero según el doctor me estaba recuperando rápidamente.

Me ayudó a bajar y escuche los pesados pasos de alguien detrás de nosotros.

— ¡Eh! ¡¿Pero que le a pasado Carson?!—, gritoneó el mismo Frank cerrando la puerta de mi automóvil.

— Me accidente en Nueva York— me excusé sin borrar la sonrisa intentando que se fuera lo más pronto posible.

— ¡Ah! ¿Qué jamás me escucha cuando le digo que vaya con cuidado, señorita? Déjeme que los ayude a subir el equipaje—.

—Esta bien Frank, pero ahí dentro llevo cosas más valiosas que tu sueldo por un mes—, gritoneé agarrada de los brazos de Sebastián.

—Se lleva muy bien con el guardia del edificio—, me susurró Sebastián mientras caminábamos rumbo a la entrada de puertas corredizas de vidrio del Charlotte's.

—Será mi jefe de seguridad en Weston Valley…—, el demonio me miró interrogante y al entrar al edificio me sentí un tanto desorientada.

— ¿Señora Samantha?—, chilló el recepcionista saltando desde atrás del escritorio de conserjería.

— ¿Se encuentra bien?—, interrogó... ese sujeto era un completo entrometido— ¡Estaba tan asustado de que uno de mis residentes hubiese sido secuestrado!—, gritó a los cuatro vientos sin moverse del borde del escritorio.

¡Ah! ¡¿Tenía que gritarlo?! ¡Ahora todo el maldito edificio lo sabía!

Lo ignoré a pesar de que quería degollarlo ahí mismo, arrastré a Sebastián conmigo dentro del elevador y la puerta se cerró en las narices del recepcionista.

— ¡NOS LARGAREMOS DE AQUÍ LO MÁS PRONTO POSIBLE!— grité histérica apoyando la cabeza contra la puerta del elevador.

El demonio se río de mí mientras me sujetaba de los hombros.

—Quería conocer este lugar—, me dijo con su falsa inocencia. Bufé irritada… sería el minuto más largo de mi existencia.

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La llegada a mi departamento no fue la que espere en ninguno de los sentidos, había cajas por todos lados. No se lo había dicho a Jessica pero planeaba mudarme con Richard a una casa grande en una zona residencial en las colinas de Weston Valley un lugar alejado del centro de la ajetreada y atestada ciudad de Bridgeport y la oficina donde estaba la editorial.

Sería mejor para mi, no me mortificaría tanto en cuanto al asunto de Richard, habría más espacio creo que empezaba a ser claustrofóbica y mi departamento no era el ambiente más cómodo con un demonio en él.

Principalmente por él, lo supe en cuanto se le quedo mirando a mi mercedes… era un engreído amante del lujo, o al menos eso me daba a entender cuando alego en un murmullo arrastrado "Creí que sería más grande o lujoso, en cambio parece una ratonera" así había descrito mi departamento… ¿Cómo era posible que alguien que quedaba anonado por subirse a un auto despreciara un loft amplio y costoso?

No lo sé.

Le había entregado la habitación de huéspedes e inmediatamente me colgué al teléfono para hacerle una cuenta en el banco a su nombre, quedo maravillado, me dio las gracias por mi generosidad. Le dije que no era por buena voluntad, que a partir de entonces él tenía que trabajar para mí y ganarse su salario como una persona normal, no se mostro inconforme a la idea pero tampoco quedo maravillado. El muy desgraciado dejo impecable el departamento, desde el tapete de entrada hasta los barandales de la terraza rechinaban de limpios. Cada mañana me levantaba con Sebastián al pie de mi cama, me hacía gritar y maldecir todas las mañanas ¡No entendía que yo era capaz de vestirme sola! Algo que le agradecía infinitamente era el desayuno que encontraba en mi mesa todas las mañanas y sobre todo la humeante taza de café, las cajas desperdigadas por la sala estaban acomodadas en un solo montón e inclusive la montaña de papeles en mi escritorio estaba acomodada y archivada en un cajón.

Creo que algo así me hacía falta para organizar mi vida puesto que a partir de su llegada una oleada de inspiración me atesto y escribí tanto como no lo hacía en mucho tiempo…

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— ¡Pero si amas tu departamento!—, grito Jessica Sammuels, mi editora; sentada en mi cama mientras yo despegaba un poster de la pared frente a mi escritorio que Lance me había regalado en mi cumpleaños.

Sebastián sostenía unas tijeras y la cinta adhesiva con una mano mientras que con la otra sostenía la silla donde me había trepado.

—Ya hay alguien que quiere comprarlo, además la casa de la colina es mucho más grande y cómoda—, argumenté firmemente… había quedado resentida con lo de ratonera…

—Pero… ¿No crees que estás siendo muy impulsiva?—, hizo un nuevo intento por convencerme.

—Ya lo tenía planeado Jess, amaras Weston Valley tanto como el nuevo borrador—, le reté con una sonrisa mientras lograba despegar el poster.

—Las cosas ya están empaquetadas ¿Hay que ahorrar tiempo, no?—, dijo Sebastián, por primera vez decía palabra ante Jessica.

— ¿Dónde más colgarás a todos tus chicos?—, se refirió con burla a la pared tapizada de decenas de poster y cartulinas de personajes de series japonesas que mi buen Lance me enviaba de vez en cuando.

—Hay más espacio y más paredes para llenar, tranquila Jess si no hay suficiente te regalo los que te gusten—, hice un ademán que pretendía ser gracioso pero terminé cayendo de la silla, o eso quise. El gritillo de Jessica me aturdió más que la caída y el hecho de estar sobre los brazos del guapísimo asistente.

—Ten más cuidado—, susurro el demonio en mi oreja, Jessica se sonrojo como tomate y se soltó a reír.

Si yo fuera la Samantha de hace dos semanas me habría puesto colorada, pero no, le agradecí a Sebastián con un tono… ¿coqueto? Y fulminé a Jessica con la mirada.

—Pero Weston Valley está muy lejos de aquí…—, reprochó Jess.

—Precisamente, me hará bien, estaré alejada del ruido de la ciudad y me amarás aún más a distancia querida mía ¡Imagina cuantas cosas no escribiré ahí!—, dije con tono meloso guardando el último poster en una caja de cartón sobre la cama—, hay suficiente espacio como para que te quedes ahí… o mejor aún ¡Hay tanto espacio como para que tu extraño novio nos visite!

—Deja de bromear—, corto Jessica y se levantó de mi cama, tomó la carpeta sobre el escritorio y se rascó la cabeza—, será mejor que termines este libro en el menor tiempo posible… y corrijas los demás.

—Yo veré que así sea—, enfatizo mi asistente con una sonrisa en los labios, Jessica se fue y entonces me tiré en la cama.

— ¿Cuándo veremos la enorme casa?—, Sebastián se tiró a mi lado… creo que no era la única que quedaba agotada después de las visitas de Jessica…

—Frank está al pendiente de todo nos dirá cuando podamos irnos… ¿Te aburres de esto?—, pregunté mirando el techo de tirol blanco.

—Nunca había hecho un contrato con una persona de letras… pero, es un tanto aburrido de vez en cuando—, dijo con parsimonia en el mismo tono de siempre y me puse a pensar.

Llego a mí como si mis neuronas alfin reaccionaran y provocaran un choque eléctrico en mi cerebro.

Contemplé a Sebastián ¡Oh Sam eres una completa idiota!

—Sebastián—, dije, el me miró de manera menos intimidante— oh… ¿Es la misma camisa de ayer?—, el asintió, me sentí estúpida—, ¿El mismo pantalón?—, asintió otra vez y azoté mi mano contra mi rostro.

— ¡Vamos de compras!—, exclamé como si esa fuera mi actividad favorita, Sebastián me miró incrédulo y me levanté de un saltó de la cama llevándome las manos a la cabeza… ¡Yo odio ir de compras!

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Eran las doce del día y estaba segura de que desperdiciaría todo el día buscando un espacio para estacionarme, esto me ganaba por ser alguien considerada y alguien tan despistada… ¡¿Por qué no me di cuenta antes de que Sebastián necesitara ropa?! ¡Será porque el muy tonto jamás se quejaba de nada!

Estacioné el mercedes color plata lo más lejos posible de la entrada al centro comercial pero aun así me sentí tan observada que quise esconderme cientos de metros bajo tierra, imagine que me encogía cuando Sebastián salió del auto y la puerta del mercedes en mariposa dejo boquiabierto a un sujeto gordito ¡Oh diablos!

Y eso fue en el estacionamiento, creí que yo era invisible por un segundo cuando pasamos frente a la heladería en la parte baja del centro comercial y un montón de chicas de preparatoria rodearon como moscas al demonio quien parecía pasarla en grande, pero, yo estaba a su lado y no deje que coquetearan libremente con él, sentí sus miradas venenosas y ahora, pues ahora de una manera estúpida se me subio el ego, tomé a Sebastián de la mano y les sonreí altaneramente mientras levantaba la mano derecha para acomodarme un mechón de cabello y asegurarme de que vieran el diamante de mi sortija ¡¿Por qué diablos hice eso?! Entonces el grupo de chicas parecieron frustradas y se largaron de la heladería.

Sebastián me miro divertido cuando nos sentamos en una de las mesas del local.

— ¿Qué fue eso?—, me pregunto burlón y arqueo una ceja… lo mismo me pregunto yo.

—Nada—, fingí demencia y tomé mi teléfono celular del bolso de mi pantalón… dos mensajes de Jess, un mensaje de Lance Riddle un chico que iba conmigo en secundaria y uno de un numero desconocido.

Este último me extraño… ese teléfono lo usaba para mi familia y mis amigos, nadie más tenía ese número.

— ¿Qué quieres hacer?—, le pregunté a Sebastián guardando mi teléfono… ya vería después de que se trataba.

—Lo que usted quiera—, contestó con su sonrisa infernal.

—Sam y no me trates de usted—, le corregí por… ¿Millonésima vez desde que nos conocimos?— intenta tener opinión propia ¡No solo para molestarme! Di algo que quieras… cualquier cosa, yo pago ¿entiendes?

—Bueno…—, pareció pensárselo y miró rápidamente el centro comercial, me miro y de manera mecánica me levante de la silla junto con él.

Me arrepentí tanto de eso… recorrimos creo que veinte tiendas, comprando ropa para él, me compró ropa, me hizo comprar zapatos ¡DEMONIOS COMO ODIO COMPRAR ZAPATOS!, él se compro zapatos, se compró un teléfono celular a petición mía, y al final llegamos a mi peor pesadilla… una tienda de mascotas…

Yo no era un amargada que odiara a los animales… bueno en teoría soy una amargada pero jamás me imagine la escena que me encontraría, ahí estaba yo frente a la cosa más repugnante y asquerosamente linda que pude haber visto jamás. Un gatito.

—Es hermoso…—, murmuro Sebastián embelesado, evite soltar una carcajada ¿hablaba del gato?— es tan peludo… esponjoso, jamás había visto tal belleza—, deseé estar en mi escritorio y estampar mi cabeza contra él mientras reía como lunática.

Entonces volteo a verme con una mirada que me derritió pero recobre la compostura sujetando el anillo de Richard con ambas manos, sus ojos del color de la sangre parecían suplicarme de la misma manera cuando me obligo a comprar zapatos… ¿Era una mirada como de perro? Si algo así…

—No—, dije firmemente, sabía a donde llevaba todo ese teatro—, No voy a comprarte un gato—, casi me muerdo la lengua y me solté a reír, me sentí como mi madre cuando Isabel y yo la acompañábamos a hacer las compras e Isabel rogaba porque le comprara una muñeca y yo rogaba porque no me comprara zapatos de charol o de color rosa con moños.

El demonio me miró con una mezcla de enojo y reproche.

-Dijo que cualquier cosa-, uso mis palabras en mi contra y arqueo una ceja intentando persuadirme.

—Si, sé que fue lo que dije pero… no pienso comprarte una mascota, lo siento pero soy una amargada y no me agradan los animales—, murmuré volteándome dispuesta a salir de la tienda.

— ¿Puedo comprar más zapatos entonces?—, dio en mi punto débil y me volteé aterrada, con un tic en el ojo y observe al animalito en el aparador… "ADOPTAME"

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Apoyé la cara en el volante mientras revisaba el teléfono, la sensación de deja vu me hizo mirar el anillo de diamante y suspiré.

Jess hacía de la suyas con los mensajes..

"Sam, me fascino ¡Amé el escrito!"

"Sam, siento lo de la mañana, me da algo de miedo que te vallas a un lugar tan lejos con alguien que apenas y conoces… ¿Por qué lo contrataste?"

Contesté "El me salvo la vida… se lo compenso con trabajo"

"Eso fue muy impulsivo"

"Estaré bien Jessica"

"Es por lo de Richard ¿Intentas llenar el vacío de Richard?"

Me dieron ganas de llorar y no le contesté… yo no lo usaba para eso, Sebastián era mi peldaño para encontrar a Richard.

"Lo siento"

"En verdad lo siento, lo dije sin pensar ¡Sam perdóname!"

"Responde… lo siento"

Las suplicas de Jess me hicieron sonreír levemente, me sentía machacada y sin energía. Le conteste un simple "Perdonada" y volvió a enviarme otro mensaje "¡Sí! ¡Vayamos juntas a cenar en Bridget's town!" me sentí agonizante y tecleé con dificultad "Lo siento Jess, pero mi asistente se convirtió en padre"

"¿Qué?"

"Tengo un gato…"


ARADRADR la cosa de los nombres de las ciudades al principio me revolvió la cabeza ._. pensaba poner lugares reales pero luego de media pagina no supe que hacer... me confundía más al final puse Bridgeport que es una ciudad del juego de los sims 3 xD me gusto pero luego vino el incoveniente con las demás y medio les cambie el nombre pa' que sonaran mejor de cierta forma; como resultado quedo Weston Valley una pequeña ciudad no muy urbanizada y un tanto campestre.

Quizá se hayan dado cuenta, y si, Samantha es un tanto egocentrica y ¿Cómo me dijeron? ehh... ¿extravagante? también un poco material, pero bien tiene dinero, mucho dinero y hace y compra lo que se le viene en gana así que ¿POr qué no un mercedes como auto? pero en el fondo es sencilla (claro xD) y la mayor parte del tiempo quiere pasar desapercibida lo que es ironico porque siempre soñó con ser una escritora famosa, pero bien ella se contradice todo el tiempo.

Espero y le sgute, no sé que decir ya ._.

Sam fuera!