Código: Guardianes

Capítulo 83

Susan vio como sobre ella caían una larguísima vara de hierro de fácilmente diez metros de largo, y un yo-yo con los dibujos de una mariquita. Ella los esquivó con facilidad, dando una voltereta hacia atrás, y contempló a sus atacantes. Eran un chico y una chica, ambos con traje de mallas, pero con grandes diferencias entre uno y otro, ya que el de él se asemejaba a un gato, de color negro e incluso con un par de orejas en lo alto de la cabeza, con una especie de garras en lugar de manos. En cuanto al de ella, era de color rojo con motas negras que se asemejaba al de una mariquita, con un antifaz con los mismos colores del traje, así como su compañero.

-No sé quien pensáis que soy, pero no soy vuestra enemiga- les dijo Susan, mientras hacía desaparecer su armadura, volviendo a sus ropas de civil.

Ambos personajes la miraron con sorpresa- ¿No estás tú detrás de todo esto?- le preguntó la chica, sin entender muy bien, a lo que Susan asintió.

-He venido a ayudar, esos extraterrestres han venido a por un preso, y mi intención es atraparle- les dijo, mientras los otros dos se miraban.

-En ese caso será mejor que nos presentemos, yo soy Chat Noir- dijo el chico, mientras se apretba las manos con Susan- Yo soy Lady Bug, nuestra misión es... digamos proteger París de las manos de un malvado villano Lepidóptero- explicó la chica.

-Si soy sincera no he oído hablar de vosotros hasta ahora...- dijo la chica, intentando recordar si realmente había oído alguna vez esos nombres.

Eso fue así hasta que lo recordó. Un día, ella y sus compañeros estaban viendo una serie, cuando fue cortada por noticias urgentes. En ellas, se veían a dos adolescentes luchando contra una especie de gigante de roca, salvando París en el proceso. Tras concentrarse unos segundos, efectivamente notaron las energías de aquellos personajes, incluyendo las del villano de turno, aunque como ya se resolvió el caso le restaron importancia y siguieron viendo la televisión.

-Mi nombre es Susan- se presentó ella- la guardiana del tiempo- les dijo, mientras volvía a activar su gema, recubriéndose así con su armadura. En su mano derecha se materializó su guadaña, la cual se colocó al hombro cuando acabó de formarse.

Tras eso, comenzó a correr por las calles, seguida de cerca por los otros dos personajes, quienes a penas tuvieron tiempo de preguntar a que se refería Susan con "guardiana del tiempo", pero esperaban que les fuera de ayuda en lo que quiera que venía.

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Por su parte, Atenea y sus hijas asistían a una de las reuniones más aburridas que las adolescentes habían vivido en su vida. Y es que si bien al inicio era interesante pues nombraban lugares y personas que no conocían ni habían oído hablar de ellos en su vida, e incluso revisaban el mapa que había al fondo para ver de donde venían, a los organizadores del evento no se les había ocurrido mejor tema para iniciar la reunión que la repartición de determinadas zonas de Asmara que habían quedado en un vacío legal tras el resurgimiento de los países de Asmara. Precisamente Atenea hablaba en ese momento en el púlpito principal, con unos cuantos papeles en las manos, dando su alegato.

-Por todas estas razones, el Gobierno del Reino Humano de Asmara reclama las tierras del estrecho de Greyland como suyas, así como un radio de cincuenta kilómetros en el interior- dijo Atenea, acabando de hablar.

En cuanto ella acabó de hablar, varios de los presentes pidieron el habla con un gesto poco amigable en el caso del representante de los feélidos.

Aelita resolpló en su asiento, y se pasó las manos por las mejillas- Voy a ir al baño, ¿me acompañas?- le susurró Asmeya, al ver la cara de aburrimiento de su hermana menor.

Ella asintió, procurando no pasar muy cerca de Asmae, quien estaba a punto de dormirse. Salieron de la sala tratando de no molestar demasiado, y enfilaron el pasillo en dirección a los baños del edificio. Tuvieron que dar un par de vueltas para encontrarlos, pero finalmente lo lograron. Entraron y se encerraron en el mismo.

-¡Esto es un aburrimiento!- exclamó Aelita- No envidio para nada que tu vayas a ser la próxima reina- dijo ella, haciendo que Asmeya se riera.

-Eso si llego a reinar, es posible que el país se convierta en una República, muchos quieren que se haga el cambio- dijo la mayor, mientras se arreglaba ligeramente el pelo, mirándose en el espejo.

-No lo sabía...- comentó Aelita- En realidad sé poco de nuestro hogar, aunque haya estudiado bastante, aún hay muchas cosas que no me suenan- reconoció ella, algo apenada.

Asmeya le sonrió con complicidad- No te preocupes, yo...- Asmeya paró de hablar cuando las luces comenzaron a parpadear, hasta que la luz se fue definitivamente. Aelita creó una ligera esfera de luz y miró al techo, notaba algo raro en el ambiente, pero no sabía decir qué era.

-Vaya, no recuerdo que se hubiera ido la luz en este edificio...- Asmeya volvió a ser cortada por un grito. Y ambas reconocieron en seguida quien produjo el grito.

Salieron corriendo del cuarto y volvieron a la sala de la reunión. A medio camino notaron un estallido de energía, por lo que Aelita aceleró todavía más, dejando en seguida atrás a su hermana. Segundos más tarde volvió la luz, momento en el cual Aelita irrumpía en la sala. Buscó con la mirada a su madre y hermana, y sólo vio a Asmae encadenada a la pared y ni rastro de Atenea.

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El frío intenso del invierno no era nada en comparación con el temor que se sentía en el ambiente. Nada más ser encontradas, Tamiya fue llevada a la fuerza por uno de los soldados, que la agarró violentamente del antebrazo y la obligó a caminar a paso rápido. Desde esa posición podía ver a Odd correr a su lado, mientras que Milly, que logró huir de los perros gracias a Odd al menos en principio, fue pillada por otro de los soldados, y ambas fueron llevadas al campo de concentración. Nada más entrar, ambas tuvieron que aguantar las arcadas, pues el fuerte hedor a muerte cubría el ambiente. Además, el olor del sudor de los trabajadores forzados que no hacían otra cosa más que picar piedras se sumaba al olor a carne quemada, lo que empeoraba y mucho el ambiente.

-Llevadlas a que se preparen- ordenó el que parecía el oficial a cargo de esa parte del campo. Era un hombre algo mayor, de pelo ya canoso y profundos ojos azules, que analizaron fríamente a ambas jóvenes.

Tras hacer el saludo habitual, llevaron a ambas a una sala contigua, donde las obligaron a sentarse en unos taburetes. En seguida apareció otro soldado con una maquina de cortar el pelo, y, sin apenas pensarlo, raparon al casi cero a ambas chicas, lo cual fue especialmente difícil en el caso de Tamiya debido a sus rastas. En cuanto las raparon, las levantaron a mala manera y les dieron sus uniformes a rayas.

-¡Id hacia los barracones!- les gritó uno de los guardias, empujándolas con violencia. Ellas tuvieron que obedecer, pues no podían hacer otra cosa más que eso, no podían defenderse.

Tras recorrer varios pasillos, salieron de nuevo al exterior, donde el frio las golpeó de nuevo, pero esta vez fue peor, ya que su cuerpo solo era protegido por la fina tela de sus ropas de preso, y estas poco o nada podían hacer contra el intenso frío que hacía en aquel sitio. Al menos tenían unos zapatos que impedían que sus pies tocaran el barro del suelo, que se veía bastante frio, como todo en el ambiente. Una vez que las dejaron solas, observaron su al rededor. Se estremecieron al ver que todas las personas que estaban encarceladas en ese campo eran mujeres. Y más aún al ver en que estado vivían, pues las condiciones de salubridad debían ser mínimas a juzgar por el estado de su piel y pelo, que estaban totalmente embarrado. En sus ojos no había más que miedo y miseria, ni un atisbo de esperanza o deseo de vivir. Ninguna se acercó a las recién llegadas, ya sea por miedo, indiferencia o simplemente por no tener fuerzas suficientes para abandonar el sitio donde estaban. Ambas adolescentes se preguntaron por qué no estaban metidas en las chozas que debían servir como casa para las reclusas, pero notaron que estaban cerradas.

-¿Que hacemos ahora?- le susurró Milly a Tamiya. Esta simplemente le indicó con la mirada un sitio- Allí parecen tener fuego, no sé tú, pero yo estoy helada- le respondió Tamiya.

Como no tenían otra cosa con la que guarecerse del frío, ambas chicas se acercaron al fuego, el cual estaba hecho en un bidón de metal, donde de vez en cuando tiraban trozos de madera y periódicos viejos. Una de las reclusas las miró.

-Os veo muy sanas...- murmuró, para en seguida comenzar a toser con fuerza. Por instinto, ambas se taparon la boca y nariz, simulando toser también. A saber lo que tenía aquella mujer.

Se fijaron mejor en ella. Era una mujer morena, de ojos pardos y nariz aguileña, con unas gafas redondas y de unos veinte años de edad. A su lado, y totalmente inmóvil y sin hablar, había una chica que se le parecía notablemente, pero con menos años, rondaba los 15 años.

-Acabamos de ser capturadas- le respondió Milly. La otra solo tosió con fuerza, mientras giraba la cara, procurando hacerlo hacia el suelo. Esperaron un poco a que pudiera hablar, pero al ver que iba para largo, siguieron hablando.

-Yo me llamo Milly Solovieff, ella es Tamiya Diop- se presentó la pelirroja, que por inercia fue a darle la mano a la joven, pero se abstuvo al ver su mal estado.

-Por tu apellido debes ser rusa...- comentó la mayor, a lo que Milly negó- De hecho soy francesa, como mi amiga- le corrigió Milly.

La mayor asintió- Me llamo Margot, Margot Frank. Ella es mi hermana menor, Ana- se presentó la morena- Este es el campo de concentración de Bergen-Belsen- les dijo Margot. (1)

Las adolescentes se miraron entre ellas-E-encantadas- murmuraron, mientras se cobijaban con unas mantas que Ana les pasó, sonriendo débilmente.

-Habéis tenido suerte de haber sido capturadas tan tarde, bueno, ya me entendéis- dijo Margot, mientras abrazaba por detrás a su hermana, quien no dejaba de temblar. Tamiya asintió.

-Sí, supongo que...- sus palabras se cortaron al oir el ruido de hombres gritando. Tamiya y Milly se giraron para ver, al contrario que las hermanas, que bajaron la cabeza y se cobijaron bajo las mantas.

Pudieron ver una fila de unas dos decenas de presas que iban formando con las esposas y varios soldados evitando que se escaparan. Todas iban con la cabeza agachada, algunas lloraban y otras simplemente iban murmurando cosas que desde allí no se podían escuchar, pero que por la posición de las manos parecía un rezo, pues las mismas estaban entrelazadas sujetando en ocasiones una cruz de madera. Una, en un momento de locura, corrió con desesperación en dirección a la verja más cercana, pero en seguida uno de los guardias la agarró con facilidad de la camisa y la devolvió con violencia a la fila. Pero antes de que nadie pudiera reaccionar, apareció una mujer de aproximadamente la misma edad que Margot. Llevaba una falda larga hasta los tobillos y una camisa remangada, con su pelo rubo impoluto a pesar de la suciedad del ambiente. Se acercó a la que intentó huir y le propinó con violencia un golpe en el bajo vientre y la golpeó con una fusta durante cerca de minuto y medio. Cuando se cansó, con un gesto miró a un guardia, que obligó a levantarse a la presa, y siguieron andando. (2)

-¡No las miréis!- les advirtió Margot, mientras agarraba a Milly y Tamiya y las obligaba a mirar a otro lado- Por que puede que corráis su misma suerte- les dijo, aguantando las lagrimas.

-¿Te refieres a...?- gimió asustada Tamiya, que deseaba que no fuera en lo que estaba pensado. Pero Ana le confirmó sus temores- Van a ser gaseadas. Lo peor es que suelen obligar a otras presas a recoger los cadáveres- respondió Ana, con un hilo de voz.

-Imagínate tener que recoger el cuerpo muerto de tu madre, o el de tu hermana...- siguió hablando, pero acabó tosiendo. Vio como algo de sangre goteaba de la comisura de sus labios, pero obvió ese hecho.

-Será mejor que vayamos a las barracas. Huele tan mal que los guardias no suelen entrar a no ser que haya registro, y esos registros son cada vez menos habituales- dijo Margot, levantándose con dificultad, tras lo cual ayudó a su hermana. Guiadas por la mayor, las cuatro entraron a una barraca cercana, se sorprendieron de ver como, con unos golpes en la puerta, esta se abrió.

-Si no eres pícaro, este sitio, o los nazis, te mata- respondió simplemente Margot, entrando a la barraca. Una vez que las cuatro entraron, la puerta se cerró de nuevo.

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De vuelta con Susan, esta estaba apostada en el tejado de una casa cercana a la nave. A su lado, LadyBug y Chat Noir observaban impresionados la enorme nave que estaba suspendida en el aire. Era de color negro, con ventanales en la parte delantera dela nave y un par de alas que servían para darle a la nave una mayor aerodinámica, aunque en el espacio no haya aire ni nada que pueda actuar como freno a la velocidad que la misma pueda alcanzar. Además, se podían ver cuatro pares de motores en total, uno de esos pares en la parte de abajo, y los otros tres en la parte anterior del chasis de la nave. Susan , que estaba agachada, finalmente se levantó.

-¿Podréis alcanzar la nave?- les preguntó a los dos héroes, quienes se lo pensaron- Esta difícil, la verdad- reconoció Chat Noir- Está tan arriba que no sé si mi yo-yo podrá alcanzar un punto de apoyo- explicó LadyBug.

Susan entonces sonrió, y les tendió las manos- Yo os subiré- les aseguró, mientras ellos se agarraban de sus brazos. Susan entonces se rodeó de su energía, la cual también cubrió a los otros dos.

-¡¿Qu-que es esto?!- gritó LadyBug, pero antes de que pudiera recibir alguna respuesta, vio como la ciudad de París quedaba a sus pies, pues estaban ascendiendo en el aire a una velocidad vertiginosa, y, por miedo, cerró los ojos con fuerza.

Segundos más tarde, notó bajo sus pies una superficie lisa, por lo que se atrevió a abrir de nuevo los ojos. Se vio entonces en una plataforma de la nave, junto a Chat Noir, quien ahogaba una arcada con la mano en la boca. Susan le colocó entonces una mano en la frente, y logró mitigar el mareo que sentía el heroe.

-Tus poderes si que son fabulosos- comentó este, ya recuperado del trepidante ascenso- Gracias, ahora, entremos a la nave, he visto una puerta por la que podemos entrar- les dijo.

La puerta estaba al lado de donde habían aterrizado. Supusieron que debía tratarse de una terraza exterior de la nave pues contaba con una barandilla de un metro cincuenta de altura aproximadamente. Al otro lado, en la pared de la nave, había una puerta sin ventana que al lado tenía un panel, probablemente era la cerradura. Entonces, Susan sacó de su bolsillo un artilugio alargado color índigo, con un led verde al extremo, en apariencia parecía un bolígrafo pues tenía un botón, pero en cuanto Susan apretó el botón, del aparato nació un zumbido que dirigió a la puerta. Segundos más tarde, la puerta se abrió, y Susan simplemente empujó la puerta un poco, permitiendo pasar a sus acompañantes. Ninguno se dio cuenta de la luz parpadeante roja que iluminaba la pantalla al lado de la puerta.

-Digamos que no soy de por aquí- dijo simplemente Susan al ver las caras de Chat Noir y LadyBug, a la vista llena de interrogantes- ¿Eres de otro mundo?- se aventuró a decir la heroína, a lo que Susan asintió.

-Mi historia es larga de explicar, será mejor que acabemos con esto y os la explicaré- les dijo Susan, a lo que los otros dos asintieron.

Tras eso, se aventuraron por los pasillos. La nave por dentro era de pasillos amplios, bien iluminados y sin estorbos en el camino, con puertas a los lados cada varios metros, aunque no seguían un orden específico. Así mismo, eran bastante largo, y se ramificaba en diversas ocasiones en varios caminos, aunque se mantuvieron andando de frente. Tras varios minutos andando, se encontraron finalmente con una puerta en frente.

-Esto.. ¿A donde vamos, Susan?- preguntó entonces Chat Noir. Ella simplemente revisó la puerta.

-Las naves Durantas, así se llama la especie que ha venido, suelen tener siempre la misma red de pasillos en su interior- les explicó la chica- Si no me equivoco, esta debe ser la sala centrar- dijo, mientras la abría con el destornillador sónico.

Segundos más tarde, la puerta se abrió. Los tres entraron a la sala para inspeccionarla, pero tuvieron que quedarse quietos nada más entrar y alzar las manos al verse rodeados de una decena de soldados, con sus armas apuntando a ellos.

-¡Quietos, u os dispararemos!- gritó uno de los guardias. Susan bajó poco a poco las manos, y si bien todos los Durantos la apuntaron a ella directamente, ella no se amedrentó.

-No vamos armados, venimos a hablar- dijo la chica. Por un lateral apareció el que parecía el capitán de la nave. Llevaba una gabardina con un traje por debajo de corbata. Analizó con la mirada al grupo, y, con un gesto segundos más tarde, mandó a sus hombres bajar las armas.

-¿Cómo habéis entrado a mi nave?- inquirió, mientras se acercaba a Susan. Ella le sostuvo la mirada- Nos impulsamos desde el techo de un edificio usando un impulsor cuántico que tengo en mis zapatos- le respondió ella.

El capitán de la nave, entonces, se acercó a los mandos- En cualquier caso, nosotros estamos en una misión importante, me temo que no puedo atender a vuestras demandas- dijo, pulsando una serie de botones. Segundos más tarde, los tres desaparecieron de la sala, apareciendo de nuevo en una plaza aledaña a la casa desde la que se habían impulsado.

-¿Y que hacemos ahora?- preguntó LadyBug, a lo que Susan sonrió- Está claro que han venido a por un preso, así que les ayudaremos a encontrarlo- empezó ella- Si fuera por una epidemia todos llevarían máscara, pero no es el caso- siguió Susan, a lo que ninguno de los otros dos se pudo oponer.

-Entonces habrá que buscar a ese preso, ¿no?- preguntó Chat Noir, a lo que Susan asintió- Buscad cualquier cosa sospechosa, cuando lo encontréis avisadme- dijo Susan.

-¿Pero cómo lo..?- la pregunta de Chat Noir se paró cuando Susan le agarró con delicadeza de la cabeza y le acercó a su rostro. LadyBug frunció ligeramente el ceño durante los primeros segundos, pero se rió cuando ella le propinó un cabezazo.

-¡Él es un poco tonto, pero..!- Susan en seguida repitió el mismo procedimiento con ella. Lo que vio nunca se lo hubiera creído. De pronto, en su cabeza retumbaron cientos de recuerdos, imágenes, sonidos, olores, sensaciones... Y lo comprendió. Eran los recuerdos de... No. ¿Ella también? ¿Y tenía semejantes poderes?

-Esto nos unirá psíquicamente y podremos comunicarnos mejor. Y ya de paso os he contado mi historia- dijo, mientras se empezaba a mover sin siquiera esperar a que ellos se repusieran del golpe, mucho menos de todo lo que ahora inundaban sus mentes.

-¡E-espera!- le gritó Chat Noir, corriendo detrás de Susan, que sonrió un poco. En el intercambio ella también obtuvo recuerdos de ellos. Y lo que vio le gustó, en el fondo eran como sus compañeros, con muchos menos poderes, pero en el fondo eran iguales, jóvenes valientes que quieren proteger a la gente.

También se parecían en cuanto a la forma de actuar a los héroes del mundo paralelo en el que ella y su hermana casi acaban teniendo que pelear con una chica lobo bastante sanguinaria, ese en el que sus compañeros son súper héroes con poderes y con quienes se juntaron de nuevo cuando recuperaron el talismán de Nico.

-¿Estáis bien?- les preguntó ella. Ambos se acercaron y asintieron-

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-¡¿Donde está mamá?!- gritó Aelita, corriendo a auxiliar a su hermana. Esta logró liberarse antes de que Aelita llegara a ella, pero sólo miraba al suelo sin ser capaz de reaccionar.

Para ese momento, ya toda la sala estaba hasta arriba de guardias armados con armas de fuego y camisas anti balas, que protegían la retirada de los Presidentes por las diversas puertas del hemiciclo. Tardaron apenas cinco minutos en evacuar a todos los mandatarios, tiempo que usaron las tres hermanas para escabullirse entre los mismos, sin ser vistas por los guardias, que ya se encargaban de revisar las múltiples cámaras de seguridad del recinto para ver qué había pasado. Una vez que estaban en un lugar más apartado, Asmae les contó a sus hermanas qué había pasado.

Flashback.

Tras salir Aelita y Asmeya, Atenea llegó a donde estaba su otra hija mientras revisaba sus papeles con concentración, pues en un rato debía volver a hablar una vez que terminara la ronda de intervenciones, pues se hacían las preguntas a los que hablaban.

-¿Te enteraste de mi intervención, hija?- le preguntó Atenea, despertando a una adormilada Asmae

-Fue interesante- dijo la adolescente, mientras se colocaba mejor en su asiento y se arreglaba instintivamente el pelo con una sonrisa

Atenea alzó una ceja, sin creérselo demasiado, pues la había visto cabecear varias veces- Ya, bueno, lo importante es que...- Atenea paró de hablar cuando las luces parpadearon un par de veces.

Antes de que nadie dijera nada los técnicos de la sala fueron a revisar las bombillas y el cableado sin interrumpir las ponencias. De pronto, se oyó un fuerte pitido que obligó a todos los presentes taparse las orejas, y, segundos más tarde, una muy intensa luz llenó toda la estancia. Aunque Asmae tuvo que cerrar los ojos, agarró a su madre del brazo e intentó ponerla detrás de ella, pero una intensa fuerza la obligó a desistir, mandándola contra la pared. Antes de que ella pudiera hacer nada, se sintió atada a la pared, y notó una fuerte presión en el pecho, como si unas cadenas la presionaran. Segundos más tarde, la luz desapareció, y Asmae se vio atada a la pared por una cadena. Fue entonces que vio que su madre no estaba con ella. Había desaparecido.

Fin del Flashback.

-¿Estás segura de eso, Mae?- le preguntó Asmeya, a lo que su hermana menor asintió- Sí, siento que el que emitía esa luz se llevó a mamá- dijo la chica.

Asmeya entonces se levantó, y apretó los puños. Mientras Aelita le daba un vaso de agua a Asmae, la mayor mandó un mensaje al grupo para avisar de lo acontecido, esperando que el grupo entero se pudiera reunir pronto. ¿Que debía hacer? Se preguntó. En primer lugar, ninguna sabía lo que había pasado, y la única testigo de lo sucedido es Asmae. En segundo lugar, el pánico debe estar haciendo mella en los Presidentes, pues algo o alguien a entrado con total facilidad al que se supone que es uno de los edificios más seguros que hay en uno de los países más seguros que hay, por lo que la paranoia no tardará en hacer efecto y verán sombras donde no las hay. En tercer lugar, la reina Atenea ha sido secuestrada delante de todos y no se ha dejado ningún tipo de marca o huella, al menos que ella haya podido ver. Estuvo pensando en eso y en otras muchas cosas hasta que se decidió.

-Vosotras dos iros, yo me quedaré aquí para ver si puedo descubrir algo, y no me vale un no por respuesta. Ya he avisado al resto para que se reúna el grupo en la Ermita lo antes posible- les dijo Asmeya, mientras sus hermanas, con reticencia, se iban.

Ya sola, Asmeya volvió a la sala donde hasta hace unos minutos se realizaba la reunión. Allí vio a la policía con la zona ya acordonada y revisando todo lo imaginable: asientos, mesas, papeles desperdigados, las paredes, micrófonos, y, sobretodo, la zona donde estaba Atenea antes de que se la llevaran. Intentó colarse, pero un guardia la vio y la obligó a irse con el resto de Presidentes. Asmeya bufó molesta por no poder hacer sus propias averiguaciones, aunque no iba a rendirse tan fácilmente. En cuanto el guardia dejó de verla, se metió por los pasillos de palacio. Antes de todo lo sucedido con Zeros, ella pasaba largas tardes en ese palacio en verano, pues sus padres y los reyes de Heavenland de la época eran buenos amigos y solían juntarse un par de semanas en ese lugar. Y gracias a jugar con por aquel entonces príncipe por los pasillos, se los sabía de memoria. Corrió por los pasillos hasta llegar a una puerta, la cual abrió sin demasiados problemas, llegando de nuevo a la sala donde habían secuestrado a su madre.

-Tendré que esperar a que se vayan...- murmuró al ver la cantidad de policías que había en el edificio. Entonces se fijó en uno de los policías, una mujer. No podía ser...

-¿Seriel?- murmuró, mientras se fijaba en la chica. Sí, sin duda era ella. No había duda, hasta tenía la misma cara de seriedad que tenía habitualmente. Lo curioso es que llevaba las ropas de un agente de policía más.

Asmeya le hizo varias fotos, no entendía que hacía allí, lo que quiera que estaba pasando debería ser importante como para que el ángel estuviera allí, más estando disfrazado de agente. Lo curioso es que tan solo se limitaba a observar, aunque de vez en cuando movía las manos hacia ciertas zonas, pero de forma muy comedida, sin que nadie se diera cuenta más que Asmeya. Grabo varios de esos gestos, y se fue, debía informar al resto de esas noticias. Fue esquivando a los guardias que registraban el edificio, y salió por una puerta lateral, evitando de esta manera el tumulto de la entrada, aunque se acabó acercando al mismo para que nadie sospechara de su falta.

-¡Al fin apareces!- exclamó uno de los jueces que estaban moderando, concretamente la feélida- Venga, pasa por allí para que tachen tu nombre, solo quedabas tú- dijo, mientras acompañaba a Asmeya a una mesa en la que había varios papeles con cientos de nombres subrayados con un color verdoso.

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Mientras todo esto pasaba, Jamily se encontraba en el hotel "La Divina Comedia". Desde hacia unos días ella estaba allí con los dioses de las diversas mitologías del mundo, que se habían creado un bunker en ese hotel contra lo que pudiera pasar. Al principio Jamily creía que era solo paranoia, pero las pruebas cada vez eran más concluyentes: algo se avecinaba. Por eso, se encerró en su cuarto y cada vez que estaba sola, que era la gran parte del tiempo, se dedicaba a perfeccionar su hechizo para potenciar los poderes de los guardianes. Como Loki sólo pasaba por el cuarto para dormir y bañarse, ella podía concentrarse sin demasiadas interferencias. Sólo era interrumpida cuando los dioses paganos se reunían para alguna nueva información. Ella agradecía no estar bajo su poder y no estar subordinada a la organización de los dioses, por que de ser así tendría que salir a menudo para ir a saber donde. Precisamente en ese momento ella se disponía a ir a un sitio especial, su zona de entrenamiento. Abrió un portal, y entró al mismo, llegando a una dimensión especial que su amiga Erika, la guardiana original del espacio, creó para ella. Se trataba de un área enorme, con el suelo formado por placas de mármol, estando el cielo formado por estrellas y constelaciones. Iluminando aquella dimensión había un sol que se veía como si se estuviera en el espacio exterior, pero no molestaba para nada a la hechicera. Cerca de donde apareció había una cabaña de madera bastante bonita y bien cuidada, con unos árboles cerca de ella. Entró a la cabaña, y la observó sonriente. Era amplia, con una mesa grande en el medio y una chimenea en el fondo, con unos cuadros pintados en las paredes y algunas plantas con flores. A un lado había una cocina con todo lo que una cocina moderna debe tener, y, en un lateral de la casa, unas escaleras, que llevaban a un segundo piso donde están los cuartos. Ella no subió las escaleras y se limitó a dejar sus cosas encima de la mesa.

-Voy a preparar el círculo ritual para el hechizo, y todo estará listo- murmuró, cogiendo unas tizas y saliendo de la casa. Se alejó unos veinte metros del edificio, y comenzó a pintar en el suelo.

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(1) Las hermanas Frank estuvieron, junto a su familia, en el campo de concentración de Auschwitz, pero el 2 de Septiembre de 1944 fueron trasladadas ambas hermanas al campo de Bergen-Belsen, donde fallecieron por una epidemia de tifus en marzo de 1945, poco antes de que el campo fuera liberado por tropas británicas el 15 de abril de 1945. Su famoso diario lo dejó de escribir el 1 de agosto de 1944, pues fue hecha presa por las SS nazis el día 4 de ese mismo mes. El único que sobrevivió al holocausto fue su padre, Otto. El resto de su familia murió durante el mismo.

(2) En los campos de concentración había una organización muy estricta, teniendo por un lado a las mujeres, por otro a los judíos, gitanos, y así sucesivamente. El campo de Bergen-Belsen tenía un área que era femenina, y aunque tenía mandos de las SS varones, las mujeres también tenían puestos de mando en esa área, sobre todo de cuidadoras, cargo que era el que más cerca estaba de las reclusas y con las cuales se solían ensañar determinados días de la semana para llevarlas a las cámaras de gas.

Espero que os guste esta segunda parte tanto como la primera! Disculpad la tardanza, pero no pude acabar antes, espero que no me matéis ^^U No podré actualizar en un tiempo por los exámenes, así que tened paciencia

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.