Código: Guardianes

Capítulo 84

El hedor que había dentro de las barracas era infernal, pero allí al menos no hacia el frío que hacía en el exterior, aunque existiera el peligro constante de infectarse con cualquiera de las dolencias de las mujeres que allí estaban. Desde fuera, las barracas tenían el aspecto de una cabaña de montañero, hechas totalmente de madera, con pocas ventanas, y con un sólo piso de altura. El interior era poco espacioso pues estaba abarrotado de hileras de camas de doble altura que a la vista de cualquiera apenas tenían espacio suficiente para una persona, pero igualmente las mujeres que allí dormían se apretujaban entre ellas para que todas cupieran en ese mínimo espacio. Eso pasaba tanto en la parte de arria como la de abajo, y se notaba a la legua que las sabanas de esas camas no se habían limpiado en mucho tiempo, pues eran de color pardo en vez de blanco. Las pocas que tenían almohada las compartían con la que tuvieran al lado, y muchas también compartían las sabanas, manteniendo así un calor que en esa época del año venía muy bien para las que estuvieran enfermas.

-Nuestras camas son estas, aunque creo que ya no quedan más puestos libres...- comentó Margot, mostrando a las adolescentes la parte que les correspondía. Por el tamaño del colchón se notaba que dormían juntas, con poco espacio para moverse y abrazadas entre ellas.

-No pasa nada, podemos dormir juntas- les dijo Tamiya, restandole importancia. Por dentro deseaba irse de allí cuanto antes, aunque no tenía pinta de que eso fuera a pasar, y si tenían que estar allí, prefería estar junto a su mejor amiga el mayor tiempo posible.

-Espero que esteis bien el mayor rato posible, aunque...- dijo Ana, aunque tuvo que parar para toser. Cuando acabó, siguió hablando- Será mejor que os ocultéis y paséis desapercibidas- dijo la menor.

Milly asintió. Decidió subir a su parte de las camas, y tras ella, fue Tamiya. Se recostaron en el colchón, y reprimieron una mueca por el fuerte olor que desprendía, aunque era mejor eso que tener que dormir en el suelo. Tras colocarse una al lado de la otra, decidieron intentar contactar con sus amigos. Sacaron uno de sus móviles, y lo abrieron. Ya lo tenían en la mano cuando se acordaron que en aquella época internet no existía, así que era inútil. Vieron entonces como un pájaro se colaba por una de las ventanas de la choza, y se acercaba hasta ellas con ligereza. Nadie más allí dentro pareció darse cuenta de ello. Notaron que en la parte alta de su cabeza el ave contaba con una mancha morada.

-¿Odd?- murmuró Milly, esperanzada, a lo que el ave asintió, y se acurrucó a su lado con prontitud. Ambas adolescentes sonrieron, al menos así sabían que estaban protegidas.

-¿Sabéis cual de las dos será la portadora de la gema de la vida?-preguntó Odd, aún si cambiar a su forma humana, pero ambas negaron.

-El caso es que...- pero las palabras de Milly se cortaron cuando oyeron jaleo fuera de los barracones. Ambas saltaron de la cama con agilidad y corrieron a ver que pasaba, junto a las mujeres que se podían mover y que también estaban dentro del mismo.

Lograron, tras apoyarse sobre unas maderas que estaban sueltas, ver lo que pasaba. Y enseguida desearon no ser testigos de ese espectáculo dantesco. Vieron a unas reclusas ser golpeadas salvajemente por una mujer rubia, que, curiosamente, era la misma que llevó anteriormente a un grupo a las cámaras de gas. La misma que golpeó con una fusta a una mujer que intentó huir inútilmente.

-Maldita perra...- murmuró una de las reclusas. Milly y Tamiya la oyeron, pero por el gesto que puso la aludida, ella también. Se acomodó la falda como si tal cosa, y se acercó despacio hacia ellas.

Las dos chicas notaron a una mano tirar de ellas hacia atrás, y estaban en el suelo justo cuando la mujer rubia estaba frente a frente con la que la acababa de insultar.

-¿Cómo me llamaste, zorra judía?- le preguntó, colocando la fusta justo en su cuello. La reclusa bacilo unos segundos, tras lo cual le escupió en la cara.

En seguida, la rubia la agarró de los hombros y la tiró al suelo, tras lo cual sacó una pistola de debajo de su camisa, y tiró a bocajarro contra la frente de la mujer, matándola al instante. Entonces, se levantó, y miró a uno de los guardias, que había recorrido unos metros al ver que la rubia había sido atacada.

-¡Coge a estas putas y llevatelas a las cámaras de gas!- gritó, furiosa. En seguida, varios guardias cogieron a una veintena de reclusas y se las llevaron a la fuerza hacia las cámaras.

Durante la trifulca, más de una le propinó un mordisco en la manos a sus captores, pero poco o nada pudieron hacer. La mujer rubia seguía dando ordenes e instrucciones, decidiendo ella misma que mujeres se llevaban y quienes no. Milly y Tamiya se encontraban ocultas tras unas maderas, pero eso no fue suficiente para parar la determinación de la furiosa nazi, que señaló a Tamiya, que fue llevada a la fuerza. Milly buscó con la mirada a Odd, pero antes de que pudiera hacer nada, ella notó un tirón. Era Margot, que estaba cubierta por una manta, la que la estaba parando.

-Ya nada puedes hacer por tu amiga...- le dijo, seria. Milly sintió un nudo en el estomago, eso no podía estar pasando. Su corazón latía a mil por hora, no oía ni veía nada más allá de su mejor amiga siendo arrastrada a la fuerza.

Sus ojos se llenaron rápidamente de lagrimas, y sintió un abrazo por la espalda. Se trataba de Margot, que, a pesar de estar enferma, cuidaba de ella a pesar de solo conocerse por unos minutos. Deseó tener más poder para poder proteger a Tamiya. Mientras tanto, Odd, aun en forma de pájaro y posado en un techo, observaba como se llevaban a Tamiya con relativa impotencia. Podía salvarla sin demasiados problemas, pero eso supondría usar sus poderes, y por tanto intervenir en la historia. Por otro lado, y eso si que no supondría intervenir de forma directa, podía protegerla usando su energía, como hicieron cuando fueron a recuperar la gema de la materia de Hitoky. Si hacía eso, protegería a Tamiya de lo que le fuera a pasar, y nadie se daría cuenta y la historia se mantendría a salvo. Se felicitó a si mismo por ello, y rodeó a Tamiya con su propia energía. Le gustaría hacer lo mismo con las otras mujeres, pero estaba atado de pies y manos en ese sentido. Con eso en mente, les pidió a uno de sus compañeros que hicieran lo propio con Milly. Segundos más tarde, notó como la energía de Marin protegía a la peliroja.

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Susan, por su parte y de vuelta en París, se encontraba al lado de un portal junto a Lady Bug y Chat Noir. Estos observaban como Susan, usando su destornillador sónico, lo dirigía hacia el dintel de la puerta de acero y cristal. Segundos más tarde, recogió el mismo en su bolsillo, y empujó ligeramente la puerta, abriéndola.

-¿A que esperáis?- les preguntó, ya dentro del edificio, pues ninguno de los dos había pasado- ¿No sería esto allanamiento de morada?- preguntó Lady Bug.

Susan se hundió de hombros- No si el dueño no se da cuenta. Además, por el que se tiene que preocupar es por quien se coló en esta casa antes- le respondió.

Y es que, tras bajar de la nave que estaba en los cielos de París, los tres se pusieron a buscar al preso que los aliens buscaban, no por gusto, sino por la amenaza que habían tenido la cortesía de lanzar. Si no encontraban y entregaban al preso, usarían la fuerza, y, en palabras de Susan, "Ni todos los ejércitos de la Tierra juntos serían capaces de hacerles frentes durante más de unas horas". Así que, nada más bajar, se pudieron a buscar. Susan les dijo que deberían buscar cosas que no estuvieran en su sitio. Tras una media hora de correr por las calles de París, encontraron un edificio que parecía emitir mucha energía electromagnética. Y eso era definitivamente raro. Para comprobarlo usaron el móvil de Susan, que empezaba a fallar en cuanto se acercaba a la casa.

-Aquí debe haber algo raro- comentó Susan, mientras analizaba la casa con la mirada. Gracias a ser una dama del tiempo sus sentidos están especialmente desarrollados, más aún siendo una guardiana. La casa era el típico edificio de varias casas, con al entrada compuesta por placas de marmol en el suelo y paredes, con algunos cristales a los lados. En el fondo se podían ver un par de ascensores, pero prefería ir por las escaleras por si acaso. Además, notaba perfectamente como el electromagnetismo venía desde los pisos superiores. Por ello, Susan subió por las escaleras lentamente, seguida por los dos héroes.

-Quitaos de la cabeza que los seres de otro mundo son cabezones de piel verde y antenas- les pidió, subiendo los escaleras. Chat Noir rió ligeramente mientras se rascaba ligeramente la nuca, a lo que su compañera simplemente suspiró ligeramente- No sé de que especie sea nuestro objetivo, pero puede ser cualquier cosa- dijo, deteniéndose al llegar al primer piso.

-Yo buscaré por aquí- les dijo- Vosotros si queréis ir a los pisos superiores podéis ir- dijo, internándose en la parte de las viviendas.

Llegó a la primera puerta, y se concentró. Cerró los ojos, y notó varias energías allí dentro, pero ninguna fuera de lo normal. Repitió el proceso con todas las casas, pero no notó nada raro en ninguna de ellas. No, hasta que oyeron un grito de pánico desde el tercer piso. Corrieron por las escaleras hasta el donde oyeron el grito, que, por el tono, debía tratarse de un hombre. Al llegar, vieron a un hombre tirado en el suelo, a todas luces inconsciente. Se trataba de un hombre de unos treinta años, totalmente calvo y con algo de bigote, con traje negro.

-¿Crees que sea nuestro alienigena?- preguntó Chat Noir a Susan, quien ya se encontraba junto al hombre, examinando sus constantes. Tras levantarse, se dirigió a los otros dos.

-Puede, fijaos en sus manos- les pidió. Estos obedecieron, y se acercaron para ver mejor. Notaron una sustancia rara en las manos, de color magenta.

-¿Que es eso?- preguntó Lady Bug, aunque más o menos se hacía a la idea de lo que podía ser. Susan, tras ellos incorporarse, dirigió su destornillador sonico hacia aquel extraño líquido, y lo examinó al terminar este de sonar.

-Lo que pensaba, es la sangre de un Sandox- dijo- Son una raza algo conflictiva, pequeños pero de fuerte físico- dijo la chica, mientras se acercaba a una ventana que había en uno de los laterales.

-Suelen realizar encargos de gente bastante poderosa, para matar a alguien- siguió Susan, a lo que ambos héroes se sintieron algo cohibidos por la información- Y probablemente le pillaran en plena faena- acabó la dama del tiempo.

-¿Cómo son?- preguntó Lady Bug. Susan sonrió- Cuando le veas lo sabrás- dijo, mientras avanzaban hacia las escaleras.

Susan, entonces, elevó su energía y estuvo buscando por los alrededores. La sangre que había dejado el Sandox aún emanaba la suficiente energía como para poder identificar a su dueño, y su localización. Estuvo así cerca de diez minutos, hasta que abrió los ojos, estos ligeramente iluminados de color índigo, que se desvaneció en cuanto ella parpadeó.

-Está a veinte minutos de aquí, es realmente veloz- dijo Susan- Claro, las condiciones de este planeta son mejores que las de su mundo natal- siguió, mientras comenzaba a bajar las escaleras.

Durante el descenso, ella les estuvo explicando a lo que se refería pues la cara que pusieron de no entender le recordaba demasiado a la que ponían sus compañeros cuando ella o su hermana les explicaba según que cosas. Entre otras cosas, le dijo que el planeta de los Sandox, de nombre homónimo al de la especie, tiene una gravedad superior a la de la Tierra, por eso se pueden mover como si un humano estuvieran en la Luna. Además, son expertos combatientes y les encanta luchar, aunque su código de honor es demasiado fuerte y no suelen atacar a no ser que sea imprescindibles, o que se trate de un encargo. Estaba en ello cuando llegaron de nuevo a la calle.

-¿Y cómo vamos a llegar hasta donde ese... ser está? Si es tan veloz, no podremos alcanzarle- comentó Chat Noir, sin saber muy bien como actuar ahora. Susan extendió la mano por unos segundos, y delante de ellos se abrió un portal.

-Tranquilos, es totalmente seguro- les aseguró, mientras pasaba la mitad de su cuerpo por el portal- los dos héroes parisinos se miraron, y decidieron confiar en la dama del tiempo. Nada les indicaba lo contrario, por eso tomaron el brazo de Susan, y entraron con determinación al portal.

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Asmeya corría por las calles de Celestia. Tras la desaparición repentina de su madre, Atenea, en pleno Congreso de Presidentes, todos huyeron hacia la salida y se habían reunido a la entrada de la misma, intentando en todo momento que quienes hubieran secuestrado a Atenea, pues estaba claro que había sido un secuestro, no se llevaran a nadie más. Así mismo, grupos de agentes especiales peinaban el lugar de la reunión y un perímetro de varios kilómetros a la redonda, esperando encontrar a la reina humana, aunque Asmeya estaba segura de que no iban a tener éxito. Por ello, sería ella misma la que buscaría a su madre, así que tomó la determinación de escabullirse mientras el resto de líderes asmarianos huían en diversos vehículos oficiales, aprovechando así la confusión del momento. Para que nadie se preocupara por su desaparición les mandó un mensaje de texto al grupo informándoles de sus planes, y salió corriendo. A los pocos metros se dio cuenta de que un vestido no era lo más cómodo para correr, por eso se metió en una tienda de ropa a por algo más cómodo. Tomó unos pantalones deportivos y unas zapatillas de correr, y sin decir nada pagó al angelido de la tienda, que la miraba sin saber muy bien que hacer ante esa situación.

-No debí de dejar de entrenar con Airis...- murmuró, a los minutos de empezar a correr, sin un punto fijo. Se encontraba en un callejón, recostada contra la pared, pensando en su próximo movimiento.

No tenía muy claro que hacer en ese momento, hasta entonces había actuado sin pensar demasiado. Pero estaba decidida a buscar a su madre, y no sabía muy bien quien podía ayudarla en su misión. Lo que tenía claro era precisamente salvar a Atenea, por ello acabó decidiendo su plan de actuación. Lo primero era ir a la Ermita, y para ello el único medio era usando un portal. Agradeció saber usar la magia que le enseñaron su madre y su cuidadora, y procedió a usar los polvos mágicos para abrirlo. Tras decir unas palabras, los lanzó al aire, y un portal se abrió ante ella, el cual atravesó, llegando en unos instantes a su destino, la Ermita. Llegó a la entrada, y abrió la puerta, cerrada con llave, lo que indicaba que no había nadie dentro. Se introdujo en el edificio, y allí subió a su cuarto, donde se cambió de ropa, tras lo cual bajó de nuevo al salón, donde usualmente trabajaba su madre.

-A ver si alguno de los chicos me...- pero dejó de hablar al ver el libro abierto y por la página donde estaba la frase que indicaba el lugar de la gema que se había despertado. Gruñó ligeramente, eso suponía que todos, o la gran mayoría, estaban a la misión, y probablemente las únicas que no estaban en la misma eran Aelita y Asmae. Lo que no entendía era que hacían sus hermanas para no haber llegado aún. Precisamente en ese momento las vio entrar por la puerta. Iban salas.

-¡Asmeya!- le dijo Aelita, corriendo hacia ella. La mayor la abrazó ligeramente- ¿Y el resto?- preguntó la menor- Les hemos buscado pero no están por ningún lado, solo Susan- dijo Asmae.

-¿Y no ha venido?- eso a Asmeya no le cuadraba- Nos dijo que estaba liada con no sé que historia de Durantos, que era urgente, y que te dijéramos que el resto habían ido a por la nueva gema- le informó Aelita.

Asmeya asintió, eso sí tenía más sentido- Por mi parte no pude buscar mucho, el palacio está lleno de agentes de seguridad, lo están peinando todo- les dijo- Me temo que sólo tenemos la pista de Seriel, pero no puedo quedarme quieta con eso- dijo la mayor.

Asmae asintió- Me temo que lo más sensato es esperar al resto, no tenemos ni idea de lo que ha podido secuestrar a Atenea, ni donde puede estar. No tenemos ni rastro de su energía, como si hubiera desaparecido de pronto, es muy raro- comentó Aelita

-¿Creéis que Seriel está involucrado en esto?- preguntó Asmeya al rato- No sé, es un ángel al fin y al cabo, ¿no se supone que son los buenos?- siguió hablando la peli rosa.

-Creo que Jamily nos podrá dar una mejor respuesta, al fin y al cabo es una maga con muchos conocimientos- dijo Asmae.

Las otras dos asintieron, tenía razón, era lo mejor para poder encontrar a la madre. Pero no sabían a ciencia cierta donde estaba, sólo sabían lo que su madre les había dicho, y era que estaba en una especie de motel vete a saber donde haciendo un hechizo para el grupo. No sabían más, y si bien podrían intentar encontrarla con su energía, puede que tardara demasiado o puede que tardaran muy poco en dar con ella, aunque nada perdían por intentarlo.

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Tamiya sentía miedo. Mucho miedo. El tramo de ir desde donde estaba ella, en los barracones, hasta el sendero que llevaba a las cámaras de gas se le hizo especialmente largo a la adolescente. Notaba las duras manos del guardia que la llevaba a la fuerza sujetarla del brazo, sin ningún tipo de cuidado, y la empujó con violencia hacia el resto del grupo de mujeres cuando estaban a unos pocos metros, las cuales se estaban apretando entre ellas. Notaba las toses, los cuerpos semidesnudos de sus compañeras totalmente quebrados y temblando, su miedo... Notaba el frío, notaba el odio en las miradas de sus compañeras, e incluso podía oír como más de una maldecía por lo bajo a sus captores. Cuando hubo una treintena de mujeres reunidas, la mujer rubia se decidió a llevarlas finalmente a las cámaras.

-Llevadlos- ordenó, con una ligera sonrisa ladina en su boca. Los guardias obedecieron, y empujaron a las mujeres, las cuales empezaron a andar sin demasiada prisa, en un intento vano de alargar unos minutos su vida.

En ese instante, apareció por allí un hombre. Era de piel clara, con pelo moreno corto y ojos oscuros, con la barba recortada. Llevaba un uniforme negro, con las solapas del cuello decoradas cada una con tres botones en una de las solapas color gris, aunque en la misma, y en diagonal, había cuatro líneas también grises que llegaban hasta la mitad del primero de los botones. Llevaba una gorra militar con el águila en la parte del frente, botas militares grises, y una esvastica en el brazo derecho. Todos los guardias se cuadraron nada más verle e hicieron el típico saludo nazi, el cual el hombre respondió al mismo. (1)

-¡¿Se puede saber que hacen estas mujeres en dirección a la cámara de gas?!- gritó, al ver el dantesco desfile. Reparó entonces en la mujer que había organizado aquel espectáculo. Y sonrió, de su rostro desapareció cualquier tipo de enfado o molestia.

-Irma Grese...- dijo, mientras se acercaba. Ella asintió, y le miró- Fui yo, capitán Kramer- dijo ella, mientras miraba a las reclusas- Esas zorras no nos tienen respeto, por eso... decidí aleccionarlas- dijo, mientras el capitán andaba en dirección a los puestos de guardia. (2)

Si bien ambos individuos se fueron de allí, eso no impidió que los guardias se las llevaran de allí igualmente, y sin que nada ni nadie parara aquella situación. En el cielo, Tamiya podía ver como un ave sobrevolaba el recinto, ella deseaba que fuera Odd, confirmó ese pensamiento al sentir la energía de Odd recubriendo su cuerpo, eso la hizo sentir más segura, pero no retiró el miedo que sentía. Obligadas por los guardias, aumentaron el ritmo de su andar en dirección a las cámaras de gas, donde un destino que ninguna quería afrontar les aguardaba. Algunas de las mujeres rezaban, aunque Tamiya no podía entender muy bien lo que decían por estar en otro idioma, pero se hacía a la idea de lo que decían. De pronto, sintió un escalofrío, cosa que le sorprendió por que la energía de Odd le protegía. Notó una poderosa energía cerca de allí, y por el rabillo del ojo vio una figura.

-¡Caminad!- gritó uno de los guardias, empujando a las que iban detrás del grupo, obligando a las reclusas a caminar en unos pocos segundos la decena de metros que había entre ellas y las cámaras.

Tamiya observó las cámaras. Eran grandes edificios de ladrillos rojos, sin ventanas y con escasa iluminación interior a juzgar por lo que se veía a través de las puertas verdes entre abiertas. A un lateral de los edificios, dos enormes tanques de metal estaban conectados a todos los edificios usando largos y gruesos tubos. Condujeron a las treinta mujeres hacia las cámaras, y, junto a ellas, varios guardas. En número ellas eran más del doble o incluso el triple, pero el miedo era más poderoso que cualquier superioridad numérica. A mitad del pasillo, las metieron a una sala algo grande, con unas taquillas sin números, con varios bancos. A Tamiya le recordó a la sala donde se cambiaban antes de hacer gimnasia.

-Desnudaos- ordenó uno de los guardias, apuntando su arma hacia ellas. Ellas se miraron entre ellas, pero al ver la cara que puso el mismo, obedecieron. Tamiya no se sentía muy cómoda con esa situación, pero lo hizo. Se quitó la poca ropa que llevaba, y buscó un sitio donde dejarla. Notó que a un lado había una camilla con varias decenas de camisas y pantalones, y la dejó ahí. Se tapó los pechos, que si bien estaban empezado a crecer, ya para su edad tenían un tamaño considerable.

-Que pena que te vayamos a matar, negrita- comentó el guardia, con ojos lascivos. Ella no se dejó intimidar y le intentó sostener la mirada, pero no pudo.

-No le hagas caso- oyó a una mujer detrás de ella. Tamiya se giró, y vio a una mujer de unos cuarenta años- Aunque te sorprenda, pocas mujeres acaban violadas en estos campos, algo bueno tenía que tener estar aquí...- comentó, mientras se erguía.

-¿A que se refiere?- preguntó Tamiya. Fue el guardia el que contestó- Muchas mujeres acaban de putas en campos dedicados a eso en exclusiva, y nos abastecen- dijo, mientras una sonrisa adornaba su rostro.

Tamiya tragó saliva, en parte no le sorprendía, estaban en una guerra al fin y al cabo, pero una cosa es suponer y otra es saber. Poco después todas las mujeres estaban totalmente desnudas, y las sacaron de esa sala. Las condujeron tras eso por un largo corredor hasta una sala sin ventanas de ningún tipo y unos extintores en la parte de arriba. Tamiya sintió un enorme terror en el preciso instante que cruzó la entrada hacia la cámara, notó como algo la abandonaba pero le restó importancia. Su corazón comenzó a latir a mil por hora, su boca se secó en unos instantes, y el pánico inundó sus ojos. Lo peor era sentir la presión en el ambiente, tanta, que hasta le costaba respirar, y comenzó a hiperventilar, aunque un último empujón la sacó de ese trance, cayendo tras eso al suelo. Desde esa posición, ella se fijo en una curiosidad de las paredes, y es que en ellas había una serie de símbolos raros, pintados a mano, y que llenaban paredes, techos y suelos. Notó entonces frío, y dolor en el brazo, y eso la sorprendió. Y entonces lo entendió. (3)

-Odd... no...- murmuró, con sus ojos llenos de lágrimas. Por alguna razón, la energía de Odd ya no le protegía, estaba totalmente indefensa. Y no se dio cuenta hasta ese momento. Notó como la pintura que formaba los símbolos que pintaban las paredes estaban ligeramente iluminados, pero ninguna más se dio cuenta.

Segundos después, vio como del techo salía un denso humo. Todas las mujeres comenzaron a gritar mientras bajaba al suelo, sin poder huir ni escapar. Tamiya simplemente se levantó, con los ojos llenos de lagrimas, sabiendo que su vida acababa ahí. Moriría sin poder ver a ninguno de sus seres queridos u amigos, moriría sin poder hacer nada para evitarlo, y eso hizo que su pecho se estrujara con fuerza. Fuertes toses se oyeron por toda la sala, los pulmones de las desdichadas mujeres ardían por el venenoso humo que estaban obligadas a inhalar, y sus ojos no daban a basto para soltar lagrimas, no solo de pena y rabia, también para protegerse inútilmente. Desde fuera, Odd intentaba, por todos los medios, entrar al edificio y sacar de ahí a Tamiya, pero por mucho que lo intentaba no era capaz, algo le impedía pasar, ni sus ataques de energía podían romper esos muros, ni con todos sus poderes podía. Sabía que sus compañeros estaban viniendo a ver que pasaba, y notaba como intentaban entrar también, pero sin poder hacer nada en absoluto. Dentro, Tamiya estaba arrodillada en el suelo, llorando y tosiendo sin parar, notaba el veneno matarla poco a poco, sus pulmones estaban comprimidos en su pecho, y su corazón latía con violencia. Oía los cuerpos muertos caer uno por uno, los gritos apagarse poco a poco, y los pocos signos de vida desvanecerse sin remedio. Ella cerró los ojos, deseaba poder para evitarlo, deseaba darles vida, deseaba tanto... Sin darse cuenta, una ligera luz de color amarillo la rodeó en ese instante, pero nadie quedaba para ser testigo de ello. Notó entonces, una vez más, frío, pero esta vez con más intensidad. Se atrevió a abrir los ojos, ¿como era posible allí una corriente de aire ? Y lo que vio la impactó, pues se fijó en un hombre trajeado caminar tranquilamente por la sala, mientras se acercaba a una de las mujeres, la que la defendió del guardia. Tamiya frunció ligeramente el ceño, pues podía verla por duplicado, una tirada en el suelo, y la otra de pie delante de aquel extraño individuo. Más raro aún le pareció el hecho de que se convirtiera en una esfera de luz y que se elevara hacia el cielo.

-¿Qu-quien eres?- preguntó la joven, en un hilo de voz. El hombre se giró. Su tez pálida resaltaba con sus ojos astutos color marrón y pelo del mismo color perfectamente peinado, lo que más llamó la atención de la chica fue su colgante, pues se trataba de un anillo color plata con una calavera tallada.

-Entiendo...- murmuró este, mientras se acercaba a la joven. La observó sin mostrar emoción alguna en el rostro, tan sólo durante unos instantes. Se levantó, y procedió a alejarse de Tamiya unos metros.

-Finalmente has venido- comentó, metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta- Hace mucho, un ser muy interesante me dio esto- dijo, mientras le mostraba a Tamiya una piedra transparente perfectamente tallada. En cuanto la sacó, la energía que recubría a la joven se intensificó, aunque esta no pareció darse cuenta

-L-la gema...- murmuró Tamiya, mientras sacaba fuerzas de donde no tenía para levantarse, pero acabó cayendo al suelo.

Oyó entonces como algo caía al suelo, y alzó ligeramente la vista. Ante ella, vio la gema que hasta hace unos segundos sostenía aquel individuo, y extendió el brazo para agarrarla. En cuanto sus dedos rozaron aquel objeto, emitió un fuerte brillo color naranja. Una vez que el fogonazo de luz se hubo ido, Tamiya pudo comprobar que su piel, hasta ahora desnuda, ahora estaba cubierta por una armadura color naranja de cuerpo completo, cuyas perneras y protecciones del brazo tenían una tonalidad más oscura. De sus hombreras caían una capa de color blanco.

-Guau...- murmuró, contemplando sus nuevas prendas. Quiso agradecer a su salvador el darle la gema, pero no le vio. Es más, junto a ella sólo estaban los cadáveres de sus compañeras.

Una ola de tristeza llenó su corazón en ese momento, aunque ya poco podía hacer, pensó. Dejó de pensar en ello cuando notó las energías de sus compañeros, e intentó salir de allí, más cuando oyó pasos acercarse a la sala. Pensó en el método que usaban sus amigos para salir de un sitio, y se concentró en abrir un portal, extendiendo el brazo. Una tenue energía naranja la rodeó, y comprobó que tuvo éxito al ver abrirse uno delante de ella. Lo atravesó justo en el momento que se abría la puerta, apareciendo justo al lado de sus compañeros, que la abrazaron nada más verla, evidentemente más tranquilos al ver que estaba sana y salva.

-¿Donde está Milly?- preguntó, tras separarse del abrazo de Odd, que era el más preocupado con diferencia- La hemos sacado de allí sin que nadie la viera, sólo faltaba que ella también acabara en una cámara de gas- dijo Yumi, visiblemente más tranquila.

Precisamente la pelirroja fue a abrazar a Tamiya, que la recibió con los brazos abiertos. La muchacha notó en su piel las lagrimas de la otra, y también rompió a llorar. Estuvieron así unos minutos, tiempo que sus compañeros aprovecharon para llevarlas a terreno seguro en la Ermita, y que toda aquella aventura quedara como una buena anécdota.

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Por su parte, Jamily estaba dando los últimos retoques al círculo ritual que estaba pintando. Le dio un vistazo final al boceto que tenia en papel, y miró el que había dibujado en el suelo con satisfacción.

-Es hora de llamar a los guardianes, ¿no crees?- oyó decir a alguien detrás. La chica sabía perfectamente quien era, sólo esa persona y ella podían acceder a ese lugar.

-Sí, es hora- comentó, mientras abría un portal a su derecha. Se dio la vuelta en ese momento, y miró a su interlocutor.

Se trataba de un angelido, de pelo negro y ojos castaños, llevaba unos vaqueros azules y una camisa blanca- Gracias por la ayuda, general- le dijo ella, mientras le guiñaba un ojo, tra lo cual, desapareció por el portal.

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(1) Como en cualquier ejército u organización paramilitar, en las SS había una serie de rangos de mando. En este caso, se trataba de un capitán de las SS, un Hauptsturmfhürer en alemán.

(2) Tanto Irma Grese como el capitán Josef Kramer fueron personajes reales que participaron activamente en el holocausto en el campo de concentración de Bergen Belsen. Que llamaran a Irma "La perra de Belsen" también es real, pues mantenía un idilio con el capitán antes nombrado, además de su especial crueldad y dureza con los reclusos del campo. Ambos se ganaron la horca, según los jueces, tras finalizar la guerra un par de meses después, en los juicios de Bergen-Belsen.

(3) En las guerras suceden toda clase de tragedias y brutalidades, y, efectivamente, miles de mujeres de ambos bandos fueron violadas por los soldados del bando opuesto. Y por desgracia, al ser los vencedores, estos actos llevados a cabo por soldados soviéticos, americanos, etcétera no se llegaron a conocer hasta años después

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.