Muahahaha tengo una malvada pero maravillosa (?) idea. Actualizar antes de las 8 de la noche no es mi costumbre, con otras historias siempre llego a estar editando antes de subir y termino actualizando a eso de las 11/12 de la noche ._. supongo que eso es buena señal. Aunque la inspiración siempre llega luego de las 5 xD

Tampoco suelo actualizar fines de semana así que esto es extraño... me siento rara e.é en cuanto a la historia diré que amo a Jess y al fenómeno mencionado Lance, ah, pero qué quien es.. eso no lo diré, es la malvada idea xD

ASDASDDASDA! el fic :)


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Me encontraba inusualmente tranquila, había dormido como un bebe a pesar del paquete, la carta, las fotografías de un cuerpo mutilado, la marca de mi espalda, la desaparición de mi prometido y el horroroso parecido entre la victima y yo… SC Susan, Samantha, Carson, Connors… eso debía de mantenerme al borde del colapso, pero no, yo soñé con Weston Valley. Era nuestro último día en el departamento, hoy mismo nos iríamos a la mansión (lo admití) en Weston, esa era mi prioridad.

Había decidido por el bien de mi condición mental que respondería a la carta de Undertaker una vez terminada la mudanza y esperaría por si volvía a ocurrir otro asesinato.

-Es la última caja-, dijo mi asistente con una media sonrisa en el rostro.

Frank nos ayudó a bajar las cajas hasta el camión de mudanza aparcado a lado del mercedes, mi paranoica mentalidad me hizo pensar que en cualquier momento golpearían mi auto. Le di una mirada al ahora vacío departamento y al borde del llanto recordé cada momento con Richard en ese lugar… maldita sea, no quería ponerme de sentimental.

-Ah, era un lugar agradable-, dijo Sebastián colocándome su mano en mi hombro… la marca me ardía un poco cuando hacía eso, siempre lo hacía a propósito. Siempre que estaba cerca sentía la marca arder como si se prendiera en llamas.

-No más ratonera-, musite cerrando la puerta.

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La partida de mi departamento fue más difícil de lo que me imagine, creo que lloré… no lo sé. Por primera vez deje de ser posesiva con mi auto, estaba algo ida… no podía sacar de mi cabeza a Richard.

Mi entusiasmo por Weston Valley me deprimió más… era la casa en la que viviría con Richard regresando de Nueva York… diablos era demasiado deprimente. Estaba tan deprimida que le había rogado a Sebastián por que se sentara a mi lado en la parte trasera del mercedes y había dejado que Frank condujera el camino a nuestro nuevo hogar.

Apenas y tuve el tiempo como para recomponerme y dejar de llorar cuando observe el tramo de carretera que separaba a Weston Valley de la ciudad. Weston Valley era un pequeño poblado, una pequeña ciudad con grandes espacios verdes y una pequeña zona costera, era así de pequeña que solo había una escuela, un hospital, una estación de policía y su propio cementerio. Era un lugar ideal con una zona de suburbios dividida en la zona campestre o country y un par de calles después había una fila de casas conservadoras muy al estilo victoriano o como una típica casa americana. Mi nuevo hogar estaba un tanto apartado del centro del lugar, en las colinas donde estaban los lotes residenciales, tendría que compartir ese lugar con dos familias, pero las casas estaban lo suficientemente apartadas entre si como para darme todo el espacio y soledad necesarios. Pude haber puesto mi casa en un lote aún más alejado de todo, cerca del camino que limitaba a Weston Valley con el magnifico estado y la colindante ciudad campestre de Appleton Lakes donde vive Isabel, pero aquel lote tenía un pedacito de playa privado y yo no era fanática del sol y la arena, no era la mejor nadadora y la idea de arrojarme al agua era constante en mi cabeza… me convertiría en una bronceada suicida si me mudaba ahí.

Frank soltó una exclamación que me hizo recuperar por un pequeño instante el animo, subíamos la colina y ante nosotros la vista de la nueva casa era magnifica.

Cuando dio la vuelta a la glorieta de los residenciales me pareció creer que Frank lloraba pero no pude ver más por sus lentes de sol… Sebastián amplió su sonrisa cuando el mercedes se aparcó afuera de la casa.

Era grande, dos pisos de soberbia y excentricismo puro, por un momento me cuestione como era posible que Richard se iba a casar conmigo.

Desde la imponente entrada del otro lado de las rejas de seguridad automatizadas se alzaba un pequeño bosquejo que rodeaba la casa, como se lo prometí a Frank… una pequeña cabaña alado de la entrada que servía también de gaceta o casa de seguridad, la entrada mostraba un camino empedrado donde los autos podían pasar y rodeaba una fuente al centro del lugar. El estacionamiento era de gruesas columnas en color crema con jardineras vacías pero dejaban ver los ventanales del pasillo con escaleras. Con una escalerilla en el pórtico techado con teja de barro café y una puerta doble de vidrio de cada lado del recibidor que permanecía formando un pequeño pasillo entre las puertas y la escalera al segundo piso, la casa se dividía en dos, del lado derecho se encontraba un corredor donde la luz del sol pasaba libremente por los grandes ventanales, el corredor de piso de madera te conducía primeramente a la sala por un desnivel de tres escalones, la sala en su totalidad alfombrada en color beige te daba una vista muy acaramelada del jardín de flores a lado del camino empedrado del estacionamiento, la pantalla ya estaba instalada en la blanca pared de la estancia y a su alrededor los dos sofás de cuero negro se veían acogedores junto a la chimenea de un lado de la tele, en la sala tenía un largo acuario con un sinfín de pececillos de colores que nadaban felices a lo largo y ancho de toda la pecera.

A unos metros de ahí la cocina completamente equipada y con una barra de madera obscura y recubrimiento de cerámica negra con tres sillas en ella. En la cocina había una puerta de vidrio que daba al jardín trasero donde la piscina curveada se veía espectacular y lo restante del jardín también, en el jardín trasero tenía una mesa con una sombrilla para comer afuera de vez en cuando y un par de sillas reclinables para tomar el sol.

Frente a la cocina esta el comedor de una larga mesa de vidrio y madera negra con sillas igualmente de madera negra y cojinetes color beige, el comedor permanecía con un piso de madera en comparación con la cocina de losetas color grafito para el piso y paredes de loseta café claro. Después detrás de las escaleras principales en el recibidor detrás estaba una pequeña biblioteca con estanterías de roble y un sofá dromedario de color rojo frente a los ventanales con vista a la piscina.

Del extremo izquierdo de la casa tenía una segunda sala de estar un poco más grande que la primera y con un equipo de sonido y una consola de videojuegos… algo me decía que la necesitaría. No sé porque pero esa era mi idea. Un pequeño bar con una repisa que llenaría de vinos y licores finos para complacer a mi padre quien seguramente no tardaría en visitarme. De ese lado de la casa también hay un pequeño gimnasio y por su puesto el garaje con un mini taller lleno de herramientas de todo tipo, Sebastián quedo encantado cuando entramos al garaje y frente a él un Peugeot convertible blanco se hallaba estacionado en el garaje.

Continuando con el segundo piso mi habitación era la más grande conectada a un pequeño estudio y ahí era donde paraban a dar la escalera de caracol de la biblioteca, conociendome pasaría la mayor parte del tiempo entre el estudio y la biblioteca así que los deje juntos.

Mi habitación era bastante grande, tenía mi propia televisión y un sofá lo suficientemente cómodo como para dormir en el, la cama matrimonial con sabanas violetas fue mi adoración y no dude en aventarme en ella cuando estuve en mi habitación. Un armario que estaba acondicionado como un vestidor donde toda mi ropa cabía sin problemas, el baño fue mi parte favorita, conservé la tina de hidromasaje del apartamento y la puse ahí, junto con una regadera, un amplio lavabo y lo que necesitaba para que eso fuese un baño de verdad.

Había otras cuatro habitaciones, la segunda más grande se la di a Sebastián, me asegure de que tuviese un baño privado con regadera y tina de baño, el espacio suficiente como para que el y su pequeño engendro pasearan libremente, y claro un televisor.

Las demás habitaciones estaban amuebladas de una manera sencilla, cama, un mueble para la ropa y una mesilla. Las tenía ahí por cualquier cosa.

En total la casa contaba con seis habitaciones, todas con baño privado, dos baños en la planta baja, una biblioteca, un garaje con espacio para cuatro autos, una cocina bien equipada y grande, un comedor, dos salas, un gimnasio, un estudio, la piscina y una mesa en el jardín de atrás. Ah, no olvidemos la pequeña cabaña al inicio que era como un pequeño departamento hecho especialmente para Frank, con cocina y todo.

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Encontré a Sebastián en el patio trasero donde estaba la piscina junto con Frank quien se tomo de un trago una botella de agua sabor limón.

-Si que tiene un lindo lugar-, alardeó sentándose en la escalerilla de la puerta trasera en la cocina.

-Te lo dije-comente con una sonrisa.

-Pensar que lo a diseñado usted misma ¡Es aún mejor que en los diseños!-, Dijo Frank con una sonrisa de oreja a oreja.

Me sonrojé.

-¿Lo diseñaste tú?-, pregunto un incrédulo Sebastián, asentí frenéticamente.

-Estudié arquitectura… no terminé la carrera pero sé lo suficiente como para hacer todo esto-, añadí con orgullo.

-El jardín también es cosa suya-, dijo Frank tapando su botella- Es una jefa muy talentosa ¿No has probado su comida?-.

-La verdad no… creí que no sabía ni hervir agua-.

Esa comparación me hizo reír recordando a mi hermana y su temor a las sartenes.

-Es una lastima-, comentó Frank, era todo un adulador-… por cierto ¿Cómo consiguió el lugar?-

-Ah, fue una especie de favor-, ambos me miraron curiosos-… resulta que uno de los vecinos me pidió arreglar su jardín y pintar el cuarto de su hija adolescente, este sujeto resulta ser el dueño de la constructora de Weston Valley y su esposa una agente de bienes raíces, me vendieron a buen precio el lote y me ayudaron con el material y la construcción, el otro vecino; la señora de la casa es la alcaldesa y ella me puso el jardín porque me debía un favor que tenía algo que ver con su esposo un cirujano que viaja seguido… el favor fue que le hiciera de niñera con su hijo de siete años y su hija de 4, los niños me amaron y la condición fue que podrían visitarme cuando quisieran… el resto salió de mi dinero, las regalías de los libros compraron el auto y la mitad de los muebles, la otra mitad la puso mi padre con el dinero de las acciones que compre a su nombre… la cabaña de Frank es producto de los muebles del departamento, y con el dinero de la venta del departamento planeo comprar otro auto…-.

Frank parecía aturdido, se rascó la cabeza y me miro como si yo fuese un ente maravilloso y magnifico.

Se levantó sin decir nada de la escalera, me guiñó un ojo y corrió dichoso hasta su cabaña.

-Arquitectura, cocina, un don con los niños, buena para los negocios y decoradora de interiores… ¿Por qué escritora?-, la voz de Sebastián intentaba colarse en mi mente de manera ponzoñosa.

Sonreí mientras entraba a la cocina.

-Solo así podía ser libre…

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Me desperté empapada en sudor, con la respiración agitada y al borde de la cama… trague saliva con dificultad y lancé un sonoro suspiro.

-Fue una pesadilla-, me repetí a mi misma en un murmullo apagado.

Me levante observando por el ventanal de la habitación como la luna estaba en su punto más alto, cuarto menguante, me quede estática observando por la ventana el jardín y corrí las cortinas de suave tela blanca.

Me aproxime con paso lento al gran baño de la habitación, el sentir los fríos mosaicos blancos del piso enlosetado del baño bajo mis pies fue gratificante, prendí la luz de la lámpara pegada al espejo del lavabo y baje la mirada lentamente al espejo. Me veía espantosa, mi cabello estaba todo enmarañado, tenía unas ojeras gigantes, los ojos hinchados y los labios enrojecidos… parecía un fantasma.

Me lavé la cara restregándome las manos en los ojos y me pasé el cepillo con fuerza en la cabeza.

Llevaba cuatro noches sin poder dormir desde nuestra llegada a Weston Valley, en parte era la mortificación que Sebastián había inducido en mí a partir de la adopción del gato… pensaba en los otros cuatro mininos en el aparador que esperaban por ser adoptados, pero, mi mortificación más grande era el anillo de compromiso de Richard… no había señales de él, me había distraído en otras cosas como en escribir y me había desviado de mi objetivo, mi venganza y encontrar a Richard. Sin embargo eso no era la razón de no poder dormir, eran las pesadillas, las que me había causado el mensaje de ese número desconocido. No, el hecho del asesinato de Susan Connors seguía sin perturbarme.

El mensaje mostraba una foto de Richard y yo mientras bajábamos del avión en Nueva York y la siguiente frase "¿Extrañas esto?"

También había otro donde mostraba una foto mía durmiendo y la frase "Dulces sueños"

Tomé el celular con manos temblorosas y lo apagué, casi siempre lo apagaba y Jess me había regañado un sinfín de veces por tener el celular apagado. Salí de mi habitación caminando de puntillas, miré el corredor con la esperanza de que Sebastián no me escuchará y no saliera de la habitación al fondo del pasillo, tampoco había señales del pequeño gato negro… siempre dormía en la habitación de Sebastián.

Aspiré hondo y baje con cuidado cada escalón, era lo que odiaba en veces de las escaleras en el recibidor, el hecho de que estuvieran en el recibidor y que ahí se ponía demasiado obscuro en las noches. Atravesar el corredor con los ventanales hacía la sala me produjo una sensación parecida a cuando veía películas de terror. Tenía dos estúpidas ideas rondándome en la cabeza, en primera el hecho de que sabía que alguien me vigilaba y era el mismo que había enviado el mensaje con una foto de Richard y yo; en segunda yo era alguien malditamente detallista y fijada en cuanto a mis cosas, por lo tanto aún en medio de la obscuridad de la madrugada podía notar perfectamente si algo estaba fuera de lugar en la casa y había notado un pequeño detalle… la puerta de vidrio a lado de la enorme pecera estaba abierta.

Caminé de puntillas y casi me caigo al bajar los tres escalones hacía la cocina. Entonces corrí al refrigerador y saqué un jugo, me senté en la barra con los pies colgando y me pareció gracioso medir 1.60… yo era una completa enana en comparación a Sebastián con su 1.82 de estatura. Trague el jugo con lentitud, tenía un montón de ideas para escribir pero mis preocupaciones y pesadillas me paralizaban al momento de ponerme frente al ordenador e intentar escribir.

-¿Qué hace aquí?-, la voz de Sebastián me hizo pegar un brinco de la barra y trate de no escupir el jugo.

-¡¿Qué haces tú aquí?!-, pregunté en un grito algo alterada.

-Tomaba aire fresco…-, dijo desde la puerta de la cocina.

-¿A está hora?- pregunté yendo en dirección a la pecera del muro, era relajante verla después de esa clase de sustos.

-La piscina se ve maravillosa de noche-, comentó pasando por delante de mí… ah, por eso la puerta de la estancia estaba abierta- no me ha contestado-, nuevamente usaba ese tono serio pero sus intenciones de persuadirme seguían ahí.

Desde nuestra llegada a Weston Valley Sebastián estaba demasiado encantador, podía decir que intentaba seducirme… ¡Ja! Si no caí en sus encantos cuando me sentí claustrofóbica en el departamento ¿Qué me haría cambiar de opinión?... no pienso averiguarlo.

-Tenía sed-, musite dispuesta a regresar por donde vine.

-¿Pesadillas?-, preguntó, me quede congelada en mi sitio sin saber que decir… ¿Cómo se había enterado?

-¿De qué tratan?-, volvió a decir colocándose enfrente de mí.

-No estoy segura…-, balbuceé clavando la mirada en el piso… ¡Oh había una mancha en la alfombra de la sala!

-Es tarde, debe dormir-, su voz me pareció lejana y se fue, lo vi subir las escaleras y escuche el sonido de la puerta al cerrarse.

Me tendí en el piso… por alguna razón estaba molesta y seguía intranquila por las pesadillas.

En mi dedo anular el anillo de compromiso de Richard solo lograba revolverme más la cabeza… me había aferrado a ese anillo como si fuese mi vida. Comencé a llorar sin entender porque lo hacía.

Yo era sumamente posesiva y material, me había sucedido un par de ocasiones antes. La primera vez tenía cinco años y era inseparable de un elefante de felpa rosado, lo adoraba como si fuese mi propia vida y lo llevaba a donde fuera hasta que un día en el jardín de niños Matt Stimson un pequeño brabucón lo arrojo por la ventana del autobús en la excursión al zoológico. Fue la primera vez que golpeé a un niño y la primera vez que lloraba tanto.

Volvió a ocurrir cuando iba en cuarto de primaria, Isabel y yo fuimos con mamá a comprar ropa en mi cumpleaños, mamá estaba buscando como loca una falda de holanes de su talla y mi hermana y yo nos metimos entre los bastidores buscando botones para nuestra colección… si era muy infantil y tonto, en especial por Isabel quien ya tenía 14; entonces en el piso donde se colgaban las gabardinas encontramos un reluciente medallón con una piedra falsa de ámbar y enmarcado por un metal que me pareció plata formando una especie de ojo. Isabel alego que me lo regalaba de cumpleaños y yo encantada no me quitaba el medallón ni para dormir o bañarme… sin él me sentía perdida y fuera de mi, era como un pedazo de mí, hasta que un día lo perdí… hice el peor drama de mi adolescencia cuando eso pasó. Volvió a ocurrir con un anillo que Austin Jhensen un sujeto que conocí en el curso de examen para preparatoria me regaló un anillo en forma de flor con el centro negro, nuevamente se hizo como una parte de mi pero lo perdí no pasada una semana, jamás me había avergonzado tanto y hui de Austin mi futuro novio durante casi un mes… también a mediados de tercero de secundaria cuando el loco de Lance y yo fuimos de compras y a jugar videojuegos en la plaza abarrotada de gordos sudorosos y señoras neuróticas, en esa ocasión me compré con el dinero que había ganado en una apuesta contra Lance una cadena con una preciosa llave de plata… la protegí mejor que a mi misma hasta que la cadena se rompió y guarde la llave en lo más profundo de una caja que ahora estaba arrinconada en mi closet con la gran etiqueta "SECUNDARIA".

Caminé con la cabeza apunto de estallarme y lloraba con fuerza, me arrastré hasta el bar de la estancia. No sé en que pensaba, de hecho no pensaba… bueno pensaba demasiado pero no estaba consciente de lo que hacía… extrañaba a Richard, me dolía demasiado pensar en él… en sus abrazos, sus besos, sus caricias, la manera en la que decía mi nombre, la manera en la que me hacía sonrojar.

Llego un momento de la noche en que reí como loca mientras me acababa una botella de wiski… ¿Por qué tenía que sucederme todo esto? ¿Por qué no me mataron y ya? ¿Por qué no me llevaron solo a mí y dejaron a Richard en paz? ¡¿Por qué?!

-¡¿POR QUÉ?!-, grite histérica y arrojé la botella contra el suelo de la barra-… maldita sea-, gruñí furiosa cuando el cristal me corto el dedo cuando intenté limpiar y me eché a llorar gimiendo a los cuatro vientos.

Tomé otra botella… esta vez un vino tinto del 89 y me la tomé sin miramientos…

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La cosa de los mensajes me causo terror, eso porque soy apegada a los teléfonos celulares e imaginar que algo así pase me da terror así que lo vi como un buen punto de presión :D además que la situación de ponerla ebria me divierte mucho... ah ¿Qué locura hará una desesperada mujer estando ebria... más aún cuando vive con Sebastián Michaelis?