Código: Guardianes

Capítulo 85

Por su parte, Jamily estaba dando los últimos retoques al círculo ritual que estaba pintando. Le dio un vistazo final al boceto que tenia en papel, y miró el que había dibujado en el suelo con satisfacción.

-Es hora de llamar a los guardianes, ¿no crees?- oyó decir a alguien detrás. La chica sabía perfectamente quien era, sólo esa persona y ella podían acceder a ese lugar.

-Sí, es hora- comentó, mientras abría un portal a su derecha. Se dio la vuelta en ese momento, y miró a su interlocutor.

Se trataba de un angelido, de pelo negro y ojos castaños, llevaba unos vaqueros azules y una camisa blanca- Gracias por la ayuda, General- le dijo ella, mientras le guiñaba un ojo, tras lo cual, desapareció por el portal.

Llegó al otro lado, a la Ermita, y se encontró con Asmeya, que estaba dando vueltas por el salón como si fuera una leona enjaulada, cosa que le sorprendió, pues normalmente era una chica bastante tranquila. Otra cosa que le llamó la atención fue no ver a Atenea en su mesa, rellenando papeles, o leyendo algún periódico. Fue a preguntarle a la chica que era lo que pasaba cuando notó la energía de un portal abrirse cerca de la casa, y sonrió al notar que eran los guardianes. Antes de entrar, y mirándo por la ventana, noto que Yumi colocaba sus manos en la cabeza de Milly, quien sonrió al ver como su pelo recuperaba la longitud original. Por su parte, Tamiya recuperó su pelo al obtener la gema.

-¡Al fin en casa!- exclamó Tamiya, mientras entraba como una exhalación a la casa. Vio entonces a la mujer alada que estaba en la casa, se paró de golpe.

-Me alegra que halláis vuelto ya, ¿pero donde están Aelita, Asmeya y Susan?- les preguntó, pues no veía a ninguna de las tres. Asmeya se les acercó, fue entonces que el grupo reparó en que ella estaba visiblemente alterada.

Precisamente en ese momento Aelita y Asmae llegaron a la Ermita, atravesando a toda velocidad el bosque de Kadic. Nada más llegar, todo el grupo notó sus caras de preocupación, cosa que no les gustaba para nada, más si también Asmeya estaba en ese estado.

-¡Alguien o algo se ha llevado a Atenea!- exclamó nada más llegar Aelita. Todos se miraron con preocupación, y, acto seguido, las hermanas comenzaron a contar lo ocurrido al resto.

-Tenemos que ir a buscarla, a saber donde está- dijo Noelia, mientras se acercaba a la puerta- Mejor será que planeéis lo que vais a hacer, ir de sitio en sitio buscando sólo hará que perdáis el tiempo y que vayais como gallinas sin cabeza- les dijo Jamily, hablando por primera vez en ese rato.

-¿Y que propones?- preguntó William. Jamily sonrió, cogió el libro de Atenea y se lo entregó a Asmeya- La reina me pidió que, si a ella le pasaba algo, que fueras tú la que ocupara su lugar- le dijo, mientras le entregaba el libro mágico. Así mismo, le dio también los papeles de la reina, y, nada más tenerlos en sus manos, los colocó contra su pecho, poniendo los brazos en forma de cruz.

-Este ya no es un lugar seguro- dijo entonces Jamily, mientras salía de la Ermita. Todos se miraron con curiosidad, nunca les habían atacado allí.

-Creo que el enemigo ya sabe donde estáis, ¿no notáis nada raro?- comentó entonces, mientras miraba hacia todos lados.

-Últimamente huele a hidrógeno cerca de la Ermita- comentó Marin- Los de mi especie podemos oler el hidrógeno- añadió rápidamente, ante la mirada de Jamily.

-¿Y a que se puede deber?- preguntó Sam, pero la chica no pudo decir muy bien de donde podía provenir.

-¿Y a donde iremos, entonces?- preguntó Jeremy. Jamily entonces abrió un portal, y les invitó a pasar- Iremos a donde yo vivo, a ese sitio es casi imposible acceder- les dijo, mientras poco a poco el grupo iba pasando en dirección a ninguno sabía donde exactamente.

-Por cierto, ¿donde anda Susan?- preguntó. Sería Jeremy quien respondiera- Se está ocupando de un asunto de alienígenas en París, seguro que pronto vuelve- dijo, mientras cruzaba el portal. Jamily asintió, le mandaría un mensaje a su gema para que supiera que todos estaban bien.

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Tras varias horas de total oscuridad, Atenea finalmente pudo ver lo que había a su al rededor. El que le quitaran aquel gorro de la cara no sólo le permitía saber donde estaba, también le ayudaba a coger más aire, pues comenzaba a asfixiarse poco a poco debido no sólo a que le era más difícil respirar, también por el miedo que sentía en ese instante. Notó que sus manos estaba atadas por una cadena de hierro a la silla donde estaba sentada, aunque la misma le permitía moverse con bastante libertad. A su lado, una mesa de madera maciza con apenas detalles, y un par de sillas más. La sala donde estaba estaba bien iluminada, con las paredes totalmente blancas, y con varias de ventanas en cada una de las mismas.

-Atenea- le llamó una voz. Ella se giró asustada, y vio a una mujer a su lado- ¡¿Donde estoy?!- preguntó la pelirosa, mientras la otra mujer se sentaba a su lado.

Llevaba un traje de ejecutivo, con corbata incluida, camisa blanca, e incluso una corbata. Tenía el pelo moreno y los ojos pardos, su piel era blanca y tenía un aire que a Atenea no le gustaba para nada.

-El lugar no importa- dijo la mujer, mientras un par de hombres, también trajeados, se colocaban al lado de la única puerta que allí había- Lo que sí importa es esto- le dijo, mientras le mostraba unas imágenes.

Atenea las miró, y las reconoció al instante- Son de la lucha contra Zeros...- murmuró- ¿Que pasa con ellas?- preguntó, sin entender.

-¿No me reconoces?- preguntó la mujer, con serenidad. Atenea abrió mucho los ojos, pero la mujer habló antes que ellas- Mi verdadero nombre es Tamiel, me cambié de nombre al de Zeros pues no creía que los seres vivos dotados de inteligencia le hicieran bien al mundo- comenzó a hablar.

-Tras la lucha contra los guardianes, y una vez que nuestros cuerpos físicos quedaron destruidos, la energía de la lucha nos rodeó totalmente, y purificó nuestras energías- le explicó Tamiel.

-Los siete volvimos al Cielo, esperando redención, pero lo que nos encontramos fue un ejercito listo para luchar, listo para aniquilar la Tierra en el proceso si hacía falta- siguió Tamiel- Y esa no era nuestra labor- finalizó.

Atenea estuvo callada unos segundos antes de decidirse a hablar- ¿Por qué me secuestrasteis?- le preguntó ella. Tamiel suspiró.

-Si nos hubiéramos acercado de frente, nos hubierais atacado, y no estamos en condiciones para ello- dijo el ángel, mientras bajaba ligeramente la cabeza.

-Aún nos estamos recuperando, ya estamos casi listos, pero de haber ido nada más bajar del cielo, ahora estaríamos muertos- le explicó Tamiel.

-¿Y por qué debería confiar en vosotros? Queríais acabar con la humanidad- le dijo Atenea. Otro de los allí presentes, Atenea supuso que otro ángel, se acercó.

-Lo que Tamiel intentó explicar es que el arcángel Lucifer, hace miles de millones de años, logró que una multitud de ángeles le siguieran en su intentona de demostrar que los seres inteligentes sólo traen mal a los mundos donde están, entre ellos nosotros- empezó a hablar el ángel- Nadie nos lograba parar, hasta que llegaron los guardianes originales, y ahora, ya puros de nuevo, al volver al Cielo, sólo vimos un recordatorio de lo que pasó hace tanto tiempo, y lo queremos evitar- finalizó el mismo.

-Sólo que ahora será una batalla entre ángeles y demonios- añadió Tamiel. Atenea estaba realmente confusa en ese punto.

-¿Y queréis que convenza a los chicos para que ayuden a evitar la guerra?- preguntó Atenea, a lo que el otro ángel asintió.

-Los guardianes no pueden ser neutrales en esto- dijo el ángel- Sobretodo teniendo en cuenta el papel que jugaron en nuestra guerra, que no pasó desapercibida para el Cielo- dijo el otro ángel allí presente.

-Saben que sois fuertes aunque no hayan podido con querubines como nosotros, son conscientes de que vuestro poder puede ser una amenaza, y quieren teneros controlados- le dijo Tamiel.

Al ver como Atenea se iba perdiendo cada vez más, el otro ángel suspiró.

-Disculpa mis modales, me llamo Adiel, y somos querubines- comenzó- Tanto Adiel como yo estamos en el mismo rango,aunque hay diferentes niveles- dijo Tamiel.

-Dentro de la jerarquía celestial, el rango más bajo son las parcas, encargadas de llevar las almas de los muertos a su lugar; después están los cupidos, ángeles encargados de los sentimientos y las emociones; por encima de ellos, estamos los querubines, cuya principal labor es la de observar a los hombres; después, los ángeles estándar que todos conocen, tienen múltiples misiones, entre otras formar el fuerte de las hordas del cielo; siguen los tronos, ángeles que supervisan el trabajo de los ángeles con rangos menores, su principal labor es proteger el orden en los niveles bajos de la jerarquía; por encima de ellos, están los serafines, ángeles de inmenso poder, son la élite del cielo; y finalmente, los siete arcángeles, los primeros seres celestiales en existir, y los más poderosos de todos, sus ordenes siempre son obedecidas por todo el cielo- explicó Adiel.

Según iba explicando, Atenea iba comprendiendo en que posición se encontraban los guardianes. Si habían tenido difícil derrotar a unos querubines, que al fin y al cabo están en la parte baja de la cadena, no quería ni imaginar lo que pasaría si se enfrentaran contra algo más fuerte.

-Entonces lo que Gamma dijo de guerra es verdad...- murmuró Atenea. Tamiel suspiró- Será un demonio, pero de vez en cuando dice la verdad- dijo el ángel- No os fiéis de él, seguro que lo que quiera que os haya dicho es para bien de él- le advirtió Adiel.

Atenea les miró- ¿Me devolvéis a la Ermita, al menos?- pidió ella. Tamiel iba a decir algo, cuando un fuerte resplandor y un potente chirrido irrumpió en la sala.

Sin mediar palabra alguna, Adiel se lanzó sobre Atenea y ella tan solo sintió un fuerte tirón, y por inercia cerró los ojos. Cuando los abrió se vio sola en un bosque, aunque por el rabillo del ojo podía ver la Ermita. Más aliviada, se acercó a la misma, pero ni bien recorrió un par de metros, una fuerza descomunal la lanzó contra un árbol. Ella calló pesadamente contra el suelo, y miró a su agresor.

-¡¿Quien eres?!- gritó, al ver como aquel tipo se lanzaba contra ella. Era de piel negra, con una sudadera roja y vaqueros. De pronto, sus ojos se iluminaron en color negro, y sonrió con malicia.

-Si estas llamando a esos enclenques serafines, es inútil, les he matado- dijo, mientras se acercaba- Ven conmigo sin oponerte- exigió, mientras la agarraba del brazo, y si bien Atenea intentó resistirse, nada pudo hacer contra la fuerza de aquel ser.

-¿Eres un demonio, no?- preguntó Atenea, mientras andaban, a lo que el hombre se paró en seco y la miró- Eres lista, para ser humana- dijo, con diversión.

La llevo a rastras hasta la propia Ermita, y la metieron a la fuerza en la sala. Allí, en pleno salón, vio una mesa con toda clase de utensilios de tortura, y, en la pared, un par de bridas de cuero. La mujer no estaba dispuesta a probar ninguna de esas cosas, pero algo le decía que lo acabaría haciendo. Fue entonces que algo la levantó del suelo y la aventó contra la pared,y, en ese instante, las bridas se ataron a sus muñecas, sujetándolas con firmeza para que no se cayera.

-¿Por donde empezar..?- se preguntó, mientras cogía un cuchillo de la mesa que había a su lado. Atenea tragó saliva despacio, preparándose mentalmente para lo que venía.

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De vuelta con el grupo, este apareció en la dimensión donde vivía Jamily. Todos observaron el lugar impresionados, la casa, el cielo que ese lugar iluminaba... Era realmente increíble. Se trataba de un área enorme, con el suelo formado por placas de mármol, estando el cielo formado por estrellas y constelaciones. Iluminando aquella dimensión había un sol que se veía como si se estuviera en el espacio exterior, pero no molestaba para nada a la hechicera. Cerca de donde aparecieron había una cabaña de madera bastante bonita y bien cuidada, con unos árboles cerca de ella. Entró a la cabaña, y la observó sonriente. Era amplia, con una mesa grande en el medio y una chimenea en el fondo, con unos cuadros pintados en las paredes y algunas plantas con flores.

-Bienvenidos a mi hogar- dijo, con una sonrisa. Entonces, por la puerta salió un angelido. De piel clara, ojos pardos y pelo negro, llevaba una camisa blanca y unos vaqueros. En su cinturón llevaba una espada.

-No me lo creo...- murmuró Aurora, mientras se acercaba al angelido. Este la miró con una ligera sonrisilla- ¿Michaelis Celestis?- preguntó ella, a lo que el personaje asintió.

-Es el principal general del ejercito de Heavenland- les explicó Jamily- Vive conmigo, somos... como decirlo...- dijo ella. Fue Michaelis quien respondió- Somos pareja, estamos aquí por que no la veían con buenos ojos, además, me cansé de la corte y de los bailes de salón- dijo él.

Jamily se rio al ver la cara que pusieron muchos de los presentes, sobre todo las chicas. Por el carácter de la hechicera no se lo esperaban, pero ahí estaban.

-¿Que es eso que hay en el suelo?- preguntó Susan, mientras señalaba el círculo que previamente había dibujado Jamily.

-Es un círculo ritual, lo usaré para potenciar vuestros poderes, aunque me temo que es de un sólo uso por lo peligroso de su ejecución, imagino que ya todos tendréis vuestras gemas- dijo, aunque en ese momento se fijó en que Milly no la tenía, y suspiró.

-Habrá que esperar a que ella tenga su gema- dijo Jamily, mientras iban hacia la cabaña donde vivía con Michaelis, y el resto le siguieron.

Justo en cuanto entraron a la casa, el libro que sostenía Asmeya en sus manos, se iluminó de pronto, y se abrió en el aire. En cuanto las hojas pararon de moverse, el libro se posó sobre una mesa, y todos se acercaron a ver que era lo que ponía.

-La gema de la antimateria se encuentra en la brecha entre las dimensiones- leyó Asmeya, mientras poco a poco las letras aparecían en la hoja.

-¿A que se puede referir?- se preguntó Percy. Ninguno parecía saber de qué estaba hablando el libro, e incluso Susan y su hermana comenzaron a especular sobre las posibilidades, mientras el resto se concentraba en planificar qué harían con Atenea, pues era evidente que no podían dejar ese tema de lado.

Sería Milly quien daría una respuesta a la primera de las preguntas- Puede que se trate de un agujero negro- dijo ella, pensativa.

-¿Vosotras que pensáis?- le preguntó Sam a las dos chicas de Gallifrey. Estas asintieron ante la posibilidad que había planteado Milly.

Ante la vista de que ya sabían a donde debían ir, decidieron quienes iría con Milly para protegerla, mientras el resto irían a por Atenea. Decidieron que con Milly irían Marin, Electra y William, y fue la segunda quien abrió el portal para ir a su siguiente destino.

-Espero que les vaya bien...- comentó Aurora, algo nerviosa por dejarles ir solos, pero la situación era de riesgo, debían rescatar a Atenea cuanto antes.

Tras irse los cuatro, se sentaron a la mesa a debatir qué era lo que debían hacer, y, sobre todo, como encontrar a la reina.

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Antes de atravesar el portal al completo, Electra y William elevaron su energía y se rodearon de la misma, y Marin recubrió a la peliroja con la suya para protegerse de las inclemencias del espacio. En cuanto lo atravesaron, sintieron un empujón gravitacional muy fuertes, y, usando su energía, se protegieron de aquella enorme fuerza. Cuando notaron que ya nada tiraba de ellos, se relajaron y pudieron ver sus al rededores. Y la verdad es que los mismos eran impresionantes, pues al frente de ellos, una estrella de color azul giraba a toda velocidad sobre sí misma. A su lado, y girando también sobre su eje, se encontraba un agujero negro no mucho más grande que un país. Ambos cuerpos celestes giraban entre ellos en un sistema binario que ningún científico se creería. Al rededor de ambos cuerpos giraban un total de cuatro gigantes gaseosos de un tamaño entre los de Júpiter y Urano, con atmósferas de diversos colores y densidades, e incluso algunos de ellos tenían manchas de grandes tormentas que se veían desde el espacio

-Una estrella de neutrinos...- comentó Marin, mientras observaba el objeto celeste lanzar cada veinte segundos dos rayos de energía que iban en direcciones opuestas. (1)

-¿Eso es bueno o malo?- preguntó Electra- No son excesivamente calientes, pero será mejor no acercarse mucho, más teniendo en cuenta lo que tiene al lado- dijo Marin,señalando el agujero negro.

-¿No se supone que el agujero negro se habría tragado la estrella?- preguntó William. Marin asintió- Eso sería lo normal, pero la gravedad a veces produce situaciones como esta, cosas imposibles- le respondió la dama del tiempo.

-¿Entonces a donde vamos?- preguntó William. Marin iba a proponer algo, cuando Milly señaló en una dirección- ¡Mirad eso de ahí!- gritó.

Los otros tres miraron en esa dirección, y se sorprendieron de ver una enorme nave espacial que se encontraba cerca del planeta más alejado del sistema binario. Era de color gris, con cuatro grandes motores en la parte baja, contaba con dos alas que se situaban en la mitad posterior del navío espacial, y, desde donde estaba el grupo, se podían ver grandes cristaleras que permitían ver el exterior.

-Deben ser comerciantes de materia oscura y neutrinos- dijo Marin, mientras miraban como la nave se desplazaba por las cercanías del planeta gigante.

-¿Vamos allí?- dijo Milly, a lo que el resto asintió. Se acercaron por la parte trasera del vehículo espacial, la cual contaba con una pasarela y una enorme rampa de ascenso que se usaba para llenar la bodega de carga.

Una vez que se colaron, ya no hacía falta la protección energética, así que dejaron de recubrirse de la misma. La atmosfera de la nave era bastante buena, como si estuvieran de verdad en un planeta, el aire era puro y la temperatura debía rondar los veinte grados. Comenzaron a andar por las pasillos, que estaban bien iluminados y contaban con el suficiente espacio para que cinco personas andaran cómodamente una al lado de la otra. Las paredes eran blancas, y en el suelo había placas de color azul. Cada varios metros había puertas con cerradura magnética, aunque no se preocupaban en ver que era lo que había en ellas. No se preocuparon por ellas hasta llegar a una puerta cerrada. Antes de que nadie pudiera decir nada, Marin sacó su destornillador sónico y lo apuntó hacia la cerradura. Esta dio un suave pitido y un led que había en la misma se iluminó en color verde, permitiendo al grupo entrar a la sala.

-Esta debe de ser la sala de mandos- comentó Marin al ver el habitáculo.

Tenía varios monitores que representaban gráficos y datos, algunos incluso tenía unas palancas, que seguramente servían para mover alguna parte de la nave. Ligeramente por detrás de los mismos había un sillón que tenía en su reposabrazos derecho una pantalla, así como una vista privilegiada del frente, pues miraba directamente al enorme cristal que tenía delante. En cuanto al suelo, este tenía una línea de luz que cruzaba cada uno de los monitores de la sala, y de ese mismo haz central salían varias líneas que decoraban las paredes, siendo las paredes y el suelo de color grisaceo. El grupo se fue acercando poco a poco a las diversas pantallas, aunque no entendían muy bien lo que ponía, ya que usaba una terminología que no entendían, al menos tres de ellos. Decidieron no tocar las pantallas por si acaso, hasta que Marin se fijó en el ordenador del sillón principal. Lo que vio no le gustó nada.

-Hay un pico de neutrones en la estrella, dentro de poco va a generar una explosión gamma- murmuró Marin, preocupada.

-Explicate- pidió Milly. Marin suspiró- Las estrellas de neutrones pueden girar cientos de veces sobre su propio eje cada segundo, y generan pulsares electromagnéticos cada cierto tiempo. En este caso, la próxima explosión será especialmente violenta, aunque ya lo sean de por sí- explicó la dama del tiempo.

-¿Y que hacemos?- preguntó William. Marin iba a responder, cuando se abrió la puerta de la sala. Vieron entrar a una joven de piel negra con un mono de trabajo lleno de manchas de color gris. Se quitó rápidamente los guantes y sacó un arma.

-¡¿Quienes sois?!- preguntó, apuntando hacia ellos. Todos alzaron las manos- He visto lo de la estrella de neutrones y...- pero Marin se tuvo que callar cuando hubo un templor en la nave.

-Mierda, ya empieza...- murmuró la mujer, mientras corría hacia los mandos de la nave- ¡Tenéis suerte de que ahora estemos en problemas!- exclamó, mientras se colocaba en el asiento principal y tomaba las palancas con decisión.

Apenas había girado el enorme navío cósmico hacia la derecha, cuando un pulsar salió a velocidad luz de la estrella. Marin se dio cuenta de ello, y también la mujer que acababa de ponerse a los mandos, pero era tarde. El potente rayo les dio de lleno, y las luces estallaron, al mismo tiempo que toda la nave temblaba con violencia.

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Minutos más tarde de irse sus compañeros, el resto de guardianes se encontraban al rededor de la mesa de la casa de Jamily, debatiendo qué hacer. Había dos frentes, por un lado, estaban los que optaban por buscarla activamente a lo largo de la Tierra y Asmara, suponiendo que estaba en uno de los dos mundos; el otro bando consideraba que era mejor rastrear su energía para dar con ella e ir a buscarla con la certeza de que estará allí.

-¿Y si hacemos las dos cosas?- propuso Nicolas- Así, mientras unos la buscan por su energía, el resto puede recorrer Asmara y la Tierra y buscarla así- explicó el rubio.

Todos se miraron, la verdad es que la idea de Nicolas tenía sentido. Y eso hicieron, Aurora, Noelia, Yumi y Patrick se quedarían allí, y el resto buscaría a Atenea a ras de tierra. Una vez organizados los grupos, y como no tenía nada mejor que hacer, Jamily decidió ir al jardín de la casa, donde observó su pequeño huerto. Le gustaba cuidar plantas, le relajaba, de vez en cuando le gustaba evadirse de la locura de vida que llevaba. Se preguntó qué estaría haciendo Loki, aquel loco dios pagano era bastante desquiciante a veces, pero se había acostumbrado a él. Pese a llevar tantos siglos siendo amigos, había algo raro en su persona, pero la hechicera no era capaz de determinar el qué exactamente.

-Bonitas plantas- comentó una voz detrás de ella. Jamily se giró, y vio a Yumi, que se encontraba rodeada de su energía color verde esmeralda. Jamily asintió- Las cuido habitualmente- dijo la mayor, a lo que la japonesa sonrió.

-Se nota- dijo, mientras se ponía en cuclillas al lado de las plantas, y las tocó con las yemas de los dedos. Rápidamente las plantas crecieron con vigorosidad, y Yumi sonrió- A pesar de que ya esté acostumbrada a mis poderes, me sigue gustando hacer esto- reconoció la chica.

Jamily se sentó a su lado, en silencio- ¿Crees realmente que haya una guerra?- preguntó, mientras miraba al infinito. Jamly suspiró pesadamente y asintió- Los dioses paganos están asustados, saben lo que se avecina- respondió.

Mientras, el resto de guardianes cruzaban la Tierra. Odd, Jeremy, Susan, Jhonny y Ulrich volvaban por el cielo, mientras Sam, Percy, Herb, Nicolas, Sissi, Aelita, Asmae, Hiroky y Tamiya iban por tierra, aunque a los nuevos les costaba seguir el ritmo, pero se esforzaban para poder salvar cuanto antes a Atenea. Corrían a velocidades altísimas, recorriendo todo recoveco que se encontraban por el camino, que no eran pocos. En sus múltiples aventuras habían aprendido a buscar en los lugares más insospechados, y en ello estaban cuando notaron un pico de energía venir desde las cercanías de la academia. Por esa zona andaban cerca Sissi, Odd y Asmae, que decidieron ir a ver que pasaba, aunque aquel pico de energía no les había gustado nada.

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Por su parte, Susan había logrado acorralar, con la ayuda de Lady Bug y Chat Noir a un ser con un aspecto bastante particular. Tenía forma humanoide, con grandes ojos color naranja, piel lila y brazos largos y musculosos que llegaban hasta las rodillas. Sus piernas eran cortas y musculosas, de aproximadamente la mitad de longitud que los brazos, por lo que tenía un aspecto de mono. Antes de que pudiera hacer nada ninguno de ellos, en el cielo apareció la misma nave que se suspendía en el aire de París amenazante, y de la misma salió un haz de luz que rodeó al alienigena, que nada pudo hacer para evitar que se lo llevaran. En seguida, el vehículo espacial salió volando hacia el cielo, pero Susan, ni corta ni perezosa, sacó un teléfono, y marcó rápidamente un número.

-¿Eh, a donde creéis que vais?- preguntó cuando el otro lado descolgó- Volved rápidamente aquí- ordenó. Calló durante unos segundos y después siguió- Me da igual que sea peligroso, os habéis saltado el artículo 14 de la Declaración Universal- dijo, seria.

Al rato sonrió, y colgó el teléfono, justo a tiempo para que la nave volviera y, con un haz de luz, recogiera a los tres personajes, quienes aparecieron de nuevo en la sala de mandos, donde el capitán del buque les esperaba.

-Tú no eres de este mundo- dijo, mientras Susan se acercaba a él. Ella asintió- Puede, pero he estado bastante tiempo aquí- reconoció Susan.

-¿Para qué tantas molestias por este pequeño planeta?- preguntó el capitán- Ni siquiera es tu mundo, es más, ni siquiera teníamos pensado atacar- dijo el capitán. Susan sonrió de medio lado.

-Este planeta es un oasis de vida, además, tiene vida inteligente- dijo Susan- Vale, los humanos igual no son un ejemplo de civilización a gran escala, pero mírales, hasta han ido a su satélite- dijo Susan.

-Además, amenazar a todo un planeta por un sólo prisionero, por mucho que fuera un farol... ¿no lo encuentras excesivo?- preguntó Susan. Durante toda esa conversación, tanto Lady Bug como Chat Noir se mantenían en silencio, ni sabían qué decir en esos instantes.

-Es un planeta menor, nadie se daría cuenta de lo que quiera que pase aquí- dijo el Capitán, mientras su rostro tomaba un gesto serio.

Susan sonrió ligeramente de lado- ¿Es este mundo una amenaza para los Duranto?- preguntó. El capitán la miró con curiosidad- Tenéis todos los sistemas de comunicación de este planeta bajo vuestro control, ¿de verdad consideráis a la Tierra como una amenaza?- preguntó de nuevo.

El capitán negó con diversión- No- respondió. Susan se metió las manos en los bolsillos- En ese caso, imagino que no te habrás dado cuenta de un detalle, y es que no sois los únicos que habéis venido hasta aquí, ha habido otros anteriormente, y lo que os debéis preguntar es... que les ocurrió- dijo Susan.

De pronto, en todos los monitores, aparecieron imágenes de los guardianes recorriendo el planeta de cabo a rabo, demostrando sus múltiples poderes. Así mismo, fueron apareciendo los rostros de cada uno de ellos, hasta que, por último, apareció el de Susan, y mientras era rodeada por su energía, la propia Susan se colocó delante del holograma de su rostro.

-Os lo diré si no lo habéis descubierto ya... correr- dijo, con rostro sereno, aunque por dentro se estaba divirtiendo.

En seguida, los tres fueron devueltos a tierra firme usando el mismo medio por el que subieron. Nada más volver a París, la nave salió disparada de nuevo en dirección hacia el espacio. Susan se rio ligeramente, y ambos héroes no pudieron dejar de mirarla.

-S-se estaban yendo...- murmuró Chat Noir, a lo que Susan asintió- Ya, pero así no volverán a amenazar a un planeta inocente por algo así- dijo- Además, que se vayan está bien, que no vuelvan más es mejor- siguió la dama del tiempo.

-Ha sido un placer, Susan- dijo Lady Bug, mientras ambas chicas se daban la mano. Eso mismo hizo con Chat Noir, y, tras eso, ambos se fueron cada uno por su lado.

Susan, por su parte, volvió a la Ermita, pero justo en ese momento, notó un pico de energía cerca de la Ermita. También se dio cuenta de que en su gema había un mensaje psíquico, y, por la energía de dicho mensaje, debía ser de Jamily. Esperando que nada malo pasara, fue corriendo en dirección a la Ermita. A medio camino se encontró con Sissi, y más tarde, Odd y Asmae. Los tres le explicaron a la dama del tiempo lo que había pasado con Atenea, cosa que a la chica le sentó algo mal, pues le había cogido cariño a la mujer. Cuando se encontraban en un radio de cincuenta metros del lugar del pico de energía, siguieron avanzando pero en esa ocasión andando.

-¡Fiajos!- murmuró Asmae, acercándose a alguien tirando en el suelo. Se percataron rápidamente de que estaba muerto, pues tenía los ojos cerrados, pero eso no era lo más raro. Lo que era extraordinario era que, saliendo de su espalda, había un par de alas que estaban pintadas en el suelo, aunque daba la impresión de que algo con esa forma había ardido y habían dejado esa huella en el suelo.

-Noto una energía conocida viniendo de esta persona...- murmuró Sissi, mientras tragaba saliva. Todos dieron un respingo cuando oyeron un fuerte grito de mujer, seguido de un silencio absoluto. Lo peor era que reconocerían esa voz en cualquier lado...

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(1) La estrella de neutrinos es un tipo de estrella hipermasiva y con un radio minúsculo, de apenas 12 kilómetros, y cuenta con la peculiar característica de girar a velocidades extraordinarias, en cuyo caso puede incluso lanzar rayos de plasma cada x tiempo. Los agujeros negros, por su parte, nacen del colapso gravitacional de grandes estrellas, de entre 10 y 25 masas solares, y cuentan con un campo de acción tan potente que ni la luz puede escapar de ellos.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who.