Hola gente!
Dije que esperaría más tiempo para el siguiente capitulo pero ni yo me aguante y también dije algo sobre mujeres abreias, amo a las muejres ebrias.. son mujeres pero ya saben con alcohol y sentidos difusos? xD hehehe es que.. agh me amo, si, me amo... tenía dos opciones diferentes para este capitulo; en primera estaba el capitulo justo como está aquí y eso en verdad me fascina pero, es como tener un hijo sin nombre (?) no sé de que hablo... emm como segunda opción tenía una capitulo siendo narrado por Sebastián y la verdad hacer eso sería como ehh.. ¿Cómo lo diría? Sería como destruir mis propias ilusiones cuando en este capitulo todas mis esperanzas se vuelven realidad! (?) No me gusta contradecirme porque me confundo y eso confunde la historia y lo último que quiero son lectores confundidos pero si MUY INTRIGADOS muahahahahahahahahaha *cof* cof*
Prepárense para un ataque cardíaco! HAHAHAHA el fic xDD
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Estaba muy cómoda, era como si pequeñas y suaves manos me recorrieran los pies, estaba muy cómoda… no recordaba que mi cama fuera tan cómoda, me dolía horrores la cabeza ¡Iba a matar a Sebastián! Seguramente el muy tonto intentaba despertarme abriendo la cortina ¡De seguro su engendro estaba sobre mi cama!
Me levanté lentamente, veía borroso y estaba mareada… cama grande, muy grande, sabanas blancas, colcha negra, persianas blancas, el gato negro de Sebastián mirándome seriamente, una peluda gata de color gris y cara y patas atigradas, un diván negro luego de la cama y Sebastián semi desnudo frente al televisor…
¡¿SEBASTIÁN SEMI DESNUDO?!
No sé que pasó primero, mi grito, el color rojo fosforescente de mi cara; que ambos animales huyeron aterrados de la cama o que me cubrí con la sabana hasta la punta de los cabellos…
¡¿QUÉ DEMONIOS HICE ANOCHE?!
—Ah, buenos días—, canturreo el demonio apartando la sabana, sonriéndome, estaba tan cerca con el cabello mojado… tan sexi ¡¿Qué rayos estoy pensando?!
Me bajé de la cama con tanta torpeza que caí dándome un buen sentón contra el piso, no sé que dolió más… mi trasero, mi cabeza o mi orgullo ¡Maldita sea!
—C-c ¡Cúbrete…!— balbuceé histérica mientras me levantaba del suelo—¡¿Qué haces bañándote en mi habitación?!—, lo encaré roja hasta las orejas… momento…
—Está es mi habitación—, dijo y sonrió burlón.
El grito que salió de mi garganta debió escucharse hasta China. Me pegué a la puerta entre avergonzada y furiosa… abrí la puerta lista para huir.
Un fuerte mareo me volvió más torpe y Sebastián me agarró antes de caer. Imaginen la escena… Sebastián con el cabello mojado, con el torso desnudo y solo una toalla alrededor de su cintura hasta la mitad de sus piernas, luego estaba yo con una playera de tirantes azul semi transparente sumamente pegada a mi cuerpo y la ropa interior de encaje ¡Encaje!
Reconsideré la idea de dormir con más ropa a pesar del calor asfixiante de las noches en Weston Valley.
— ¡Siento interrumpir!—, gritó Jessica a medio pasillo con la cara tan roja como los brillantes ojos de Sebastián.
¡Rayos! ¡Rayos! ¡RAYOS!
Di un portazo empujando al tonto, pero muy TONTO demonio.
— ¡Vístete y explícame que pasó anoche!—, grité histérica.
—Se acabó una botella de wiski y después arrasó con los vinos…—
Grité interrumpiéndolo recargando la cabeza contra la puerta… ¡Si seré idiota!
—Agh…— me queje pataleando y golpeando la puerta— ¡Vístete y explícaselo a Jessica!— ordené al borde del colapso y corrí a mí habitación.
Lo primero que hice fue ducharme dejando el estéreo prendido y a todo volumen, canté fuerte intentando calmar mis nervios y furia pero no ayudó para la odiosa resaca, la cabeza estaba a punto de estallarme… ¡¿Por qué Jess estaba en mi casa?!
Me tarde lo menos que pude con la mente deambulando entre interrogantes de lo que pudo pasar anoche… una confusa imagen se formo en mi cabeza, Sebastián me sostenía mientras pataleaba enfurecida y arrojé el anillo de Richard al jardín trasero.
Entre en pánico buscando como loca el anillo. No lo encontré por ninguna parte. Me alteré más y aún envuelta en la toalla corrí escaleras abajo, escuché la voz de Jessica al otro lado de la estancia donde estaba el bar y me oculté tras la pared intentando escuchar lo que decían.
Observé con cuidado, Jessica estaba sentada en uno de los sofás y Sebastián se sentaba del otro extremo con la gata gris en su regazo… ¿De dónde salió ese animal?
—Discúlpame por eso Sebastián, Sam es muy impulsiva cuando la está pasando mal… ella es muy cerrada como te as dado cuenta y no suele decir lo que siente en especial con personas a las que acaba de conocer—, dijo mi amiga bebiendo de su vaso de agua.
—No hay necesidad de disculparse—, intervino Sebastián acariciando al animal en su regazo, insisto, de donde diablos salió ese gato…
Jess pareció incomoda y desvió la mirada como si su vaso de agua fuese la octava maravilla del mundo, bufó con molestia.
—Sebastián tienes que saber algo si piensas seguir aquí viviendo junto a Sam—, Jessica puso un semblante serio, intenté no correr y hacer un dramática entrada, el demonio le miró atentamente—, mira no me parece mal lo que estas haciendo, solo intenta no tocar el tema, justo ahora está algo frágil y algo como eso sería demasiado no solo para ella, si no también para mi, soy su mejor amiga y no quiero verla mal—, caí en cuenta de un montón de cosas ¡Demonios Jessica!
Me recargué en la pared ¿Qué tuve que haber dicho mientras estaba ebria como para que Jessica dijera algo así? Cuando estaba ebria hablaba demasiado sobre cosas de las cuales jamás hablaría estando en mis cinco sentidos ¡Diablos!
Jessica pareció afligida, suspiro y se paso una mano por su cabello perfectamente alaciado.
—El tema es un tanto complicado pero entenderás, creo, que lo que te conté es suficiente… no espero tampoco que lo entiendas y no está mal si se te hace algo muy estúpido pero para mí es importante que ella este bien—, ¡¿Por qué no dijo más?! ¡Quiero saber de que diablos habla!
—Le agradezco su preocupación, yo la cuidaré debidamente a partir de ahora—, dijo mi asistente con una endemoniada sonrisa en su rostro.
Eso me sacó de quicio y corrí de regreso a mi habitación olvidando por completo porque había bajado.
Casi me pongo a llorar otra vez, no quería que él supiera nada sobre mi… no tenía porque.
— ¿Cariño?— Jessica se oía muy preocupada—, ya sé que escuchaste lo que dije abajo—.
— ¿Eres psíquica o qué?—, murmuré abriéndole la puerta.
—Lo siento querida… perdón por malinterpretar las cosas—, me abrazó sacándome el aire—… me lo explico todo, tendremos que guardar todo lo que tenga alcohol bajo llave y encerrarte con llave—, bromeó tomándome del rostro y me sonrió.
Suspiré, sin alivio solo con cansancio… por ahora lo único que sabía es que hablé sobre mi madre y sobre Richard, por tanto, arrojé el anillo en un acto de locura y lloré como desquiciada. Seguía preocupada por que tanto hice además de eso… ahh, la sola idea me provocaba unas tremendas ganas de saltar por la ventana.
—Tenemos una reunión en menos de dos horas—, me dijo sería. Casi me golpeó contra la pared ¡Lo había olvidado por completo!
—Ahora relájate, vístete, te doy cinco minutos para hacerlo y tienes que bajar a tomar algo de café y disculparte—
— ¡¿Disculparme?!
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El café amargo me reacomodo la cabeza y mi resaca se redujo a cero, pero, estaba de nervios y no era por la cafeína o la laguna mental sobre los sucesos del día anterior, no, Sebastián sonreía casi tanto como cuando fuimos de compras… ¡Maldita sea!
Jessica y su traje blanco entraron por la puerta del mercedes y su fino perfume europeo invadió cada centímetro de mi auto.
—Te maquillaré luego, tienes unas ojeras espantosas—, dijo Jessica cerrando la puerta y me hizo estremecer—, ¿Sabes llegar al centro de Bridgeport?—, le preguntó a Sebastián, él asintió acomodándose los guantes negros como de motociclista dejando ver sus uñas negras, las que por ni un solo momento parecieron importarle a Jessica— Es en el edificio cubierto de ventanales en todas partes—, indició Jess.
El demonio me dedicó una de sus penetrantes miradas a través del retrovisor justo antes de colocarse los lentes de sol… ¡Estaba al volante de mi auto!
¡Mi auto!
Lo observé colocándose el cinturón y prendió el mercedes… gemí por lo bajo aferrándome a mi asiento ¡¿Por qué él iba a conducir mientras yo me quedaba como una tonta en los asientos de atrás?!
—La resaca no es buena para conducir—, me recordó Sebastián.
Grité frustrada y no quise ni ver como era que sacaba el auto del garaje.
No sabía que pudiera conducir, al parecer lo hacía bien y lo estaba disfrutando, esa media sonrisa en su cara era como un instrumento de tortura psicológica.
El estéreo sonaba con fuerza y la música se colaba por mis oídos durante todo el camino por Weston Valley.
Cuando el verde panorama y las casas de antaño y madera de Weston Valley desaparecieron me tranquilicé, la carretera ante la saliente ofrecía una vista única del mar iluminado por el radiante sol, el faro podía verse en lo alto de una pequeña isla al sureste del pueblo.
Tras unos minutos y mi ataque de nervios erradicado la carretera fue remplazada por el camino de concreto y el letrero dando la bienvenida a Bridgeport, mi antiguo hogar, solo recuerden el departamento denominado ratonera por el demonio que sonreía conduciendo mi mercedes.
Bridgeport era una ciudad con tres veces más kilómetros cuadrados que el verde valle de Weston y con tantas personas como contaminación en su cielo gris y casi siempre nublado, pero, irónicamente una tarde bajo el opaco sol de Bridgeport era equivalente al calor de un desierto. Una jungla de concreto en su totalidad, su único espacio verde era un desierto y maltratado parque aledaño a la zona fea de la ciudad.
Esta ciudad se dividía en dos gracias a un tanto pequeño pero excepcionalmente imponente puente de hierro que apartaba la apacible zona residencial del caótico centro, cabe decir que Bridgeport estaba repleto de bares, antros y restaurantes yendo acorde con su vida nocturna. Igualmente abundaban los rascacielos y unidades departamentales, por esto mismo era casi imposible conseguir una casa, o todas estaban ocupadas o estaban en la zona fea… ¿Ahora comprenden lo animada que estaba por largarme de ahí y cambiar la ciudad por el acogedor pueblillo que es Weston?
Cuando cruzamos el puente me encontraba tranquila a pesar de que estábamos atascados en el tráfico.
Jessica maldecía rechinando los dientes y decidió comenzar a colocarme el maquillaje, me iría mal el resto del día por dos razones, llegaríamos tarde a esa importante reunión que no me importaba en lo más mínimo… mi atención en ese instante se centraba en descubrir que diablos fue lo que hice y dije estando ebria, segunda razón, si llegábamos tarde Jessica me haría la vida de cuadritos… encima del maquillaje.
Cuando pudimos avanzar quedaban menos de quince minutos para la hora acordada y la editorial estaba del otro lado de la ciudad justo en el centro donde el tráfico era asfixiante. De una manera que aun sigo sin entender del todo el presumido y pretencioso de mi asistente resultó ser todo un as al volante, no solo se escabullía de manera interesante tomando atajos evitando todo el tráfico si no que hizo que llegáramos a tiempo y me demostró que tampoco soportaba a Jessica cuando se ponía de mal humor.
Estábamos a principios de Mayo lo que significaba que alrededor de las 11 de la mañana hasta las cuatro de la tarde hacía un calor insoportable y como dije, el clima de Bridgeport en la temporada de calor era desértico. Así que cargaba con unos lentes de Sol y me vestí de manera ligera… como Jess me dio cinco minutos me puse también de lo primero que encontré. Terminé dándome cuenta de algo, lo que también haría enfurecer a Jessica.
Sebastián fue el primero en bajar del auto, seguido de Jessica y luego yo… creo que comencé a derretirme, me sentí como si el demonio y yo fuésemos un par de estrellas de rock y Jessica nuestra estirada representante… me había puesto unos jeans entubados de mezclilla negra rasgados de las rodillas y deshilachados de los pies, una playera holgada con la frase "Fuck you!" estampada con letras negras y me caía por uno de los hombros, las zapatillas de mezclilla sucias y el cabello suelto y un tanto despeinado, seguida de Sebastián y su playera de rayas blancas y negras con un chaleco negro, pantalones de mezclilla con chaperones y cadenas colgando del cinturón y unos zapatos negros, añádanle los guantes de motociclista y sus lentes negros. Encima yo llevaba también unos lentes negros y un anillo de remplazo con incrustaciones de brillantes… como una segunda sortija de compromiso adornado por un montón de pulseras en mi brazo que sonaba a cada uno de mis movimientos.
Jessica me miró con algo de humor pero cansada, ella se había enfundado en uno de sus elegantes trajes ejecutivos con pantalones blancos y tacones altos.
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—Si, no habrá problemas con las fechas esta vez… es un proyecto prometedor así que no habrá problemas, me encargaré de que Sam se haga responsable—, la voz de Jessica al marco de la puerta de la sala de juntas era sin duda el inicio de mi calvario.
Estaba sentada en una de las grandes sillas giratorias de una de las salas de juntas en el piso más alto de el edificio de la editorial, Sebastián estaba sentado a mi lado ayudándome a organizar la carpeta mientras me terminaba un café expreso de la maquina del pasillo.
Jessica respiró sonoramente como si se quitará un gran peso de encima, se sentó a un lado mio y una fila de ejecutivos entró por la puerta de vidrio.
Cada uno me saludó al llegar, sentí sus miradas inquisidoras recorriéndome de arriba abajo especialmente a mi playera, el anillo y la marca de mi hombro derecho, si, para mi desgracia el hombro descubierto era ese donde la marca del contrato de Sebastián me mortificaba… le había dicho a Jessica que era un tatuaje y ella solo refunfuñó diciéndome loca. Sebastián a mi lado se veía un tanto incomodo y enojado, creo que ante los recatados hombres de negocios en trajes de diseñador mi asistente era un desalineado con las uñas negras y el cabello despeinado.
La sala de juntas se quedo en silencio, Jessica se mordió los labios, Sebastián apretó la mandíbula y juro que sus ojos sacaron chispas cuando ese sujeto entró. Estaba ahí, era un hombre alto, tan alto como Sebastián; su piel blanca con una tonalidad ligeramente diferente a la de mi asistente (¡¿Por qué me resulta imposible no compararlos?!), sus rasgos afilados pero finos y masculinos, cabello negro con un reflejo ligeramente morado, lentes de corte rectangular y sin duda la mirada que formaría parte de mis peores pesadillas, sus ojos dorados me miraban de una manera tan asfixiante, como si me travesara y me devorara con los ojos…. ¿Cómo describir su mirada sin traumarme a mi misma? Era escalofriante.
Mi tiempo se congeló… tuve una sensación extraña, familiar y eso solo lo hacía más extraño. Su presencia era como la de Sebastián, tener a Sebastián a mi lado a veces resultaba un poco incomodo pero era como un imán yo me sentía irremediablemente atraída hacía él pero disminuyó un poco con el tiempo. En cambio la de este sujeto que se sentó al otro extremo de la mesa de juntas quedando frente a mí era parecida pero en extremo incomoda, atediante y turbia.
Si yo fuera la adolescente de hace un par de años mis hormonas habrían organizado una revolución… en cambio no, soy adulta y ni si quiera el hecho de que estuviera en la misma habitación que los dos hombres más guapos que había visto en la vida me hacía sentir algo.
¡Que diablos estás diciendo! Uno de ellos es un maldito demonio y el otro… no hay manera de verlo en la que no me parezca un violador…
—Él es Claude—, dijo Jessica poniéndose de pie caminando con sus tacones detrás mio donde un proyector daba la imagen al muro con una serie de gráficas—, Claude Faustus es el nuevo presidente de la compañía editorial que te publica Samantha—, me removí incomoda en mi silla, su mirada fija era para mi no para la presentación.
Jessica colocó su mano en mi hombro y extendió la otra en dirección a Sebastián.
—Ella es Samantha Carson la autora de la saga a comercializar…—, me sentí devorada en vida, no solo por el aterrador Claude si no por las miradas de los ejecutivos y la del demonio… el aire se volvió irrespirable, trague saliva temiendo que Sebastián fuera a lanzarse sobre el cuello de Claude en menos de un segundo.
Le di un sorbo al café intentando calmar mis nervios.
Me sentí presa del déja vù cuando Sebastián me tomó de la mano donde mi anillo relució, era como aquella vez en el centro comercial donde ahuyenté a las mujeres que rondaban al demonio mostrando mi anillo con orgullo y una sonrisa altanera… solo que esta vez los papeles se habían invertido.
—Soy Sebastián Michaelis, el novio de Samantha—.
¡¿QUÉE?!
Casi me ahogo con el café, tosí como maniática mientras Jessica tan estupefacta como yo me levantó de la silla ayudándome a respirar otra vez.
La cara de Jess evitó que hiciera una escena ¡¿Pero que demonios estaba pensando Sebastián diciendo eso?! ¡¿Por qué diablos tenía puesto ese maldito anillo de entre los montones que tenía?!
—Discúlpennos un momento—, musité histérica jalando a Sebastián fuera de la sala de juntas, Jessica se vio apenada pero recobró su postura.
Claude Faustus pareció asesinar a Sebastián con los ojos, un escalofrió me recorrió entera.
— ¡¿Pero qué fue eso?!—, murmuré enojada estrellándolo contra la pared.
Si por un insignificante segundo me había pasado por la cabeza el disculparme pues ahora JAMÁS me iba a disculpar con él.
—Se veía muy incomoda, tenía que hacer algo—, dijo como si nada.
¡¿Esa era su excusa?!
—Pudiste decir otra cosa ¡Tenías que decir soy su asistente! No… no eso—, le pegué con los puños en el pecho de manera infantil, sabía que ni un millón de mis golpes le dolerían.
Mi resaca regresó pero también me afligí… sin poder evitarlo pensé en Richard y mi histeria se resquebrajo.
—La señorita Jessica dijo que tenía que cuidarla, la estoy cuidando de…
—¿De Claude?—, solté con ironía-, mira, puedo cuidarme de un hombre como él, lo único de lo que deberías cuidarme es de el acosador que me envía esos mensajes ¡Lo único que debes hacer es ayudarme a encontrar a Richard! Lo harás como lo que eres y como lo que yo te digo que seas ¡No más! ¡No fingiremos que eres mi novio o lo que sea que se te venga a la cabeza!-, apenas y pude contener mi tono y me pase las manos por la cabeza… esto era patético, el simple hecho de decir su nombre me volvía demasiado frágil.
Sebastián frunció el seño notoriamente molesto, me dio un poco de curiosidad saber porque le enojaba la presencia de Claude y la mención de Richard en nuestras discusiones, no dije más, estaba lo suficientemente molesta como para no preguntar nada en un buen rato.
Volví a la sala de juntas con un semblante decaído… no lo admitiré pero de alguna manera poco usual estaba más afligida por discutir que por mi prometido. Me senté en la silla y le puse atención a Jessica y su parloteo sobre mi libro, ni eso me animaba. No me atreví a ver al demonio en toda la reunión, ni la mirada de Claude me sacaba de mi ensimismamiento y mis dudas sobre la noche anterior me invadieron con más fuerza… mierda ¿Qué pude haber hecho?
Una imagen se planteó en mi cerebro, una que me hizo enfurecer y ponerme roja hasta las orejas… negué con pánico, casi comencé a hiperventilar y me puse las manos en la cara.
Besé a Sebastián… anoche, lo besé justo antes de meterme a su habitación, lo besé ¡LE DI UN BESO!
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Hahahahahahahaha Muahahahahaha ¿Ya ven que dije? Y si, Claude Fautus en este fic... ¡¿CLAUDE?! Lo odio.. enserio... ¡LO ODIO CON TODA MI PERSONA! Agh es despreciable pero.. no sé que haría sin él e_é b-but well Claude es el factor de la anarquía y eso es lo único que diré.
Hahaha en cuanto a lo de la situación con el alcohol NO DIRÉ DETALLES HASTA QUE LA BOMBA EXPLOTE ahahah xD soy mala, y amo ser mal (?) Qué hay con la oración del final? Oh, eso, eso es la cosa más maravillosa y quizá la peor cosa que a Samantha le pueda pasar
Acá entre nos me fue imposible de resistir el impulso de hacer escenas con mucha carne(?) a la vista xD y si, el primer párrafo es mi favorito ;)
Nos leeremos en el siguiente capitulo que estará ehh... la verdad ya está listo pero, hacer esto de corrido me provocara problemas para ponerme al corriente a la larga así que.. ehh... si ponemos fechas estará aquí ya sea o el Jueves o el Miércoles de esta semana :D
Les quiere Sam!
