Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 13

Mirando el paisaje montañoso a través de los cristales de las ventanas, Milk se olvidó por un segundo de sus quehaceres domésticos sin que ella lo quisiese. Desde hacía varias semanas atrás, su instinto de madre no paraba de susurrarle que algo estaba sucediendo con Gohan. No sabía con exactitud de qué se trataba, pero presentía que no era nada bueno.

Lentamente, sin dejar de pensar en su primogénito, Milk fue reanudando sus labores acabando de lustrar el vidrio de aquella ventanilla. Lo pulió con esmero, aún con su mirada fija en el panorama verdoso que caracterizaba a las Montañas Paoz. Y de repente, reapareciendo por el lado derecho, Goten se robó su atención al intentar atrapar una rana que se escapaba de sus manos.

Tanto Gohan como Goten eran, sin lugar a dudas, el tesoro más grande que su amado Goku le dejó en este mundo antes de morir. Y al pensar en ello, Milk volvió a sucumbir ante esa inquietud que golpeaba su pecho temiendo por Gohan. Girándose, Milk caminó con lentitud hacia la cocina intentando distraerse con el sinfín de deberes que demandaban su presencia.

Abrió el grifo y tomó el primero de los muchos platos sucios que se apilaban en el lavabo, lo fregó con fuerza retirando las manchas de comida restaurando su impoluto brillo. Así pues, acelerando su ritmo, Milk hizo lo mismo con el resto de la vajilla limpiando una pieza a la vez. Sin embargo, cuando menos lo esperaba, volvió a congelarse sumergiéndose en sus recuerdos y pesares.

¡Mamá, dame un poco más!

Goten, ya te he dicho que no hables con la boca llena cuando estés comiendo.

Sí, mamá.

Recibiendo de Goten su tazón vacío, Milk se volteó hacia Gohan esperando que él también quisiese un poco más de la cena que compartían. No obstante, y yendo contra todos los pronósticos, Gohan apenas había masticado algunas cucharadas manteniéndose más callado de lo normal. Daba la ilusión de ser una estatua, parecía más una roca que una persona viviente.

¿Gohan, vas a querer un poco más? –Milk, queriendo sacarlo de ese perpetuo silencio, le consultó confiando en que le respondiera.

No mamá, así estoy bien. Gracias…

De acuerdo.

Milagrosamente, Gohan le contestó aunque lo hizo con un tono de voz apagado y serio. Tomando nota de ello, Milk se apresuró en servirle otra vez a Goten para sentarse ante Gohan buscando el momento adecuado para hablarle. Viéndolo allí, sentado y ensimismado, Milk se vio obligada a aceptar un hecho que irremediablemente no podía ignorar más: Gohan ya no era un niño.

Si bien Gohan aún conservaba esa inocencia e ingenuidad que heredó de Goku, su rostro iba tornándose más y más maduro dejando en el pasado su semblante infantil. Era delgado y muy alto, poco a poco se acercaba a su adultez. Y tal cosa, sin que él lo desease, le causaba una profunda tristeza a su madre.

Milk, mirándose a sí misma, suspiró resignada al ver como las arrugas se apoderaban paulatinamente de su piel. Atrás se quedó aquella joven terriblemente enamorada que se moría de ganas por casarse con Goku, ahora era una mujer mucho más juiciosa gracias a las experiencias que la han golpeado, para bien y para mal, con los años.

Pronto, cuando ni siquiera lo vea venir, Gohan se marchará para tener su propio hogar. Y por qué no, su propia familia. Empero, entretanto esa hora llegue, Gohan seguía siendo su responsabilidad y lo guiaría lo mejor que pudiese por aquel sendero llamado vida. Y aprovechando que Goten se retiró a ver televisión al terminar de comer, Milk supo que esa era la ocasión propicia para actuar.

No me pasa nada, mamá. Sólo que estoy muy cansado, no he dormido bien últimamente.

Pidiéndole a Gohan que le ayudara a levantar la mesa, Milk con mucha sutileza le cuestionó su cabizbaja actitud chocando con la primera línea de defensa de Gohan. Aún así, con la terquedad que se requiere en una crisis familiar como esta, Milk no renunció y continuó taladrando aquel muro de piedra que Gohan construyó para ocultarse.

¿Cansado? –Milk, hablándole con suavidad, no quería sonar demasiado exigente ni entrometida– ¿acaso ocurrió algo malo en la escuela?

Algo así, pero no tiene importancia.

Gohan, hijo, háblame con confianza. No temas hablar conmigo sobre lo que sea.

Mamá no te preocupes, sólo que no es fácil vivir rodeado de tantas personas que no entenderían quién soy ni porqué poseo los poderes que tengo.

Gohan, sé que no es fácil para ti estar en una escuela llena de gente nueva–olvidándose de todo, Milk le sonrió con honestidad–cuando te pedí que te inscribieras en esa preparatoria lo hice para que tuvieras una mejor vida, no quiero que vivas encerrado en las montañas como un ermitaño por toda la eternidad. Eres joven, mírate, ya eres más alto que yo. Quiero que salgas y conozcas el mundo, que seas un hombre de bien.

Mamá…

No voy a mentirte, hijo. Quisiera poder leer tu mente y saber qué ocurre, pero no sería correcto de mi parte presionarte para que me lo digas–caminando hacia él, Milk no pudo resistirse a la tentación de acariciarle el rostro al llenarse de nostalgia–cada día que pasa te pareces más a tu padre, cómo desearía que él estuviese aquí para verte. Has crecido tanto, hijo. Y yo me hago más y más vieja…

Mamá, no digas esas cosas…

Al contrario, hay que decirlas. No voy a ser joven para siempre, llegará el momento en que sea una anciana. Tú crecerás y Goten también, quiero lo mejor para ustedes dos, quiero verlos siendo hombres felices y exitosos–conmovida pero sacando a relucir su temperamento, Milk no bajó los brazos–no te haré más preguntas por ahora, pero quiero que sepas que sé que algo te sucede. No puedo ni imaginar de qué se trata, lo ignoro por completo pero cuando desees decírmelo aquí estaré para escucharte.

Luego de eso, un avergonzado Gohan le dio las gracias antes de retirarse a su habitación quedándose allí hasta la mañana siguiente. Mientras sus hijos dormían, Milk se debatió consigo misma recriminándose por no haber sido más incisiva; no obstante, creyó de todo corazón que había actuado bien al no presionarlo para sacarle una explicación racional a su conducta.

Así pues, llegada la hora de preparar el desayuno, Milk se levantó rogándole al cielo que Gohan se le acercara para decirle aquello que tanto lo afligía. Pese a su fe, Gohan devoró su refrigerio con rapidez despidiéndose con un simple "hasta pronto" antes de emprender el vuelo hacia Ciudad Satán. Tal suceso, aumentando su agobio, sólo la inquietó más impacientándola por respuestas.

– Goku, ahora más que nunca desearía que estuvieras aquí con nosotros…

Milk, reaccionando y volviendo a la realidad, retomó sus tareas sin borrar de su mente el rostro de Gohan. No pudiendo hacer algo más por el momento, Milk elevó una sincera plegaria deseando que Gohan se sintiera mejor con él mismo. Lamentablemente para ella, su súplica fue escuchada por el diablo quien se encargó personalmente que ocurriese justo lo opuesto.

La clase, hallándose a muy poco de acabarse, daba la ilusión de fluir con normalidad. El maestro, inmerso en sus comentarios, les narraba a sus alumnos cómo se constituyó el gobierno mundial que mantenía en orden al mundo. Por su parte, la mayoría de la veintena de adolescentes allí reunidos, más que escucharlo vigilaban con apatía el reloj colgado por encima del pizarrón.

Aunque, encerrados en una burbuja, cuatro chicos en particular tenían sus propios asuntos con los cuales lidiar. Ireza, mordisqueando su bolígrafo, era la que menor presión poseía sobre sus hombros muriéndose de ganas por irse a casa. Pero, sin dejar de darles tenues vistazos a sus amigos, la rubia percibía la efervescencia que crecía en un impaciente Shapner situado a su lado.

Videl, extremadamente callada, tragaba saliva con recurrencia sabiendo que con el sonar de la campana debería hacerle frente a su inmensa deuda con Shapner. Por ende, luchando por contener su nerviosismo y ansiedad, la otrora justiciera sacudía sus piernas diciéndose en sus adentros que dejara de ser una cobarde y que simplemente se rindiera ante la corriente.

Ireza, quien sospechaba los sentires de Videl, esperaba poder hablarle una vez que la lección se terminase. Ladeándose a su otro costado, la rubia miró por casualidad a Gohan el cual lucía una expresión muy diferente a la que regularmente suele tener. Si bien la rubia era terriblemente despistada para los estudios, nunca se le escapaban ese tipo de detalles sobre sus compañeros.

El Gohan abstraído y huraño que veía junto a ella, contrastaba en demasía con el Gohan sonriente y alegre que conocieron meses atrás. Tal vez su imaginación se pasó de la raya, pero Ireza juraría que dicho cambio se dio precisamente cuando Shapner regresó del hospital. Carecía de pruebas para probar sus suposiciones, pero Ireza intuía que quizás no estaba muy lejos de la verdad.

– Bueno clase, es todo por hoy. Nos vemos la próxima vez.

Escuchando como el timbre que los liberaría finalmente se manifestó, aquel grupo de jóvenes empezó a recoger sus pertenencias más que deseosos por irse de allí. Sin embargo, para Ireza, Videl, Gohan y Shapner, ese sonido significó muchísimo más que sólo marcharse del salón. Así pues, dispuestos a enfrentar sus demonios, el cuarteto se puso de pie sin más preámbulos.

Shapner, sin la necesidad de hablar, se limitó a mirar a Videl con una cara vivaz y desbordante de felicidad. Por fin el día que tanto esperó desde su niñez había llegado. Por fin tendría aquella cita que por años luchó por obtener. Por fin podría caminar por las calles de Ciudad Satán tomándola de la mano. Y nada ni nadie, ni siquiera el Gran Saiyaman, sería capaz de impedirlo.

– No olvides lo que hablamos ayer…–susurrándole con disimulo, Ireza le habló a Videl mientras recogía su mochila–te llamaré en la noche, diviértete. Te lo mereces.

– Lo intentaré…

Dando un último suspiro, Videl cerró sus ojos volteándose con lentitud hacia Shapner entretanto se sumergía en su actuación. De su faz desapareció su miedo e incertidumbre quedando sepultados debajo de su falsa apariencia relajada, y Shapner, embobado por su sonrisa y el por brillo azul de sus retinas, extendió su brazo izquierdo hacia ella invitándola a acompañarlo.

Videl, olvidándose de su juicio, le imitó sintiendo como sus dedos hacían contacto con los de Shapner, los cuales, se aferraron a ella con ímpetu. Aquel acto tan sencillo resultó ser sumamente poderoso tanto para ellos dos como para Ireza y Gohan, quienes guardaban silencio al contemplarlos. Asimismo, ese fue un error más en la larga cadena de errores que protagonizarían.

Shapner, no queriendo demorarse más, se despidió de Ireza apenas mirando a Gohan quien tampoco dijo nada. Videl, esforzándose por dominar los tacones que adornaban sus pies, caminó con Shapner temiendo resbalarse y caer al suelo. Gohan e Ireza, saliendo del aula pocos segundos después, los miraron a la distancia teniendo pensamientos muy diferentes uno del otro.

– Jamás creí que vería este día, jamás–Ireza, sin medir sus palabras, meramente fue sincera y espontánea–me encantaría tomarles una fotografía, pero sé que Videl me mataría si lo hiciera.

– ¿De verdad crees que sea correcto que Videl salga con Shapner? –Gohan, igualmente, habló en voz alta diciendo más de lo que quería.

– ¿Por qué me preguntas algo así? –la blonda, dándole una mirada inquisitiva, no se tardó en preguntarle.

– Lo siento, no me expresé bien–corrigiéndose con prisa, Gohan no pretendía levantar sospechas aunque eso ya era inevitable–lo que quise decir es que me parece que es muy precipitado que Shapner salga con Videl aún sin recuperarse del todo, hace unos días todavía estaba en el hospital.

– Ya veo–no muy convencida, Ireza le siguió la corriente–pues yo no lo veo de ese modo; al contrario, creo que eso le ayudará a Shapner a sentirse mejor. Además, se nota que él está muy feliz por salir con Videl. Ya no recuerdo cuántas veces intentó invitarla a una cita.

Gohan, no sabiendo cómo responder a eso, se vio forzado a silenciarse apretando sus puños con disconformidad. Ireza, empezando a avanzar deseosa de llegar a su casa y tomar una ducha helada, se giró observando a Gohan de soslayo indicándole con la mirada que la siguiera. No obstante, el hermano mayor de Goten tenía otros planes en mente.

Diciéndole la primera excusa ridícula que se le ocurrió, Gohan tomó otro camino separándose de la rubia. Una vez que se aseguró que nadie más se hallaba cerca, el hijo de Goku corrió por las escaleras del edificio llegando hasta la azotea donde suele aterrizar y despegar. Teniendo la cautela de no ser avistado, Gohan se agachó inspeccionando los alrededores con gran ahínco.

Y abajo, alejándose más y más de la escuela, Gohan los encontró frunciendo el ceño al ver que aún caminaban tomados de la mano.

– ¿Por qué estás tan callada? –Shapner, acariciando sus dedos con ternura, le consultó al notar que Videl miraba el piso sin decir nada.

– Perdóname Shapner, es que me siento un poco extraña.

– ¿Extraña? –arqueando un ceja, Shapner la miró.

– Bueno, esta es la primera vez que salgo con alguien. Incluso, es la primera vez que camino con un chico tomándolo de la mano.

– ¿Y eso te molesta?

– En realidad, no lo sé.

– Videl, escúchame un momento–deteniéndose en seco, Shapner logró que ella lo mirase directo al rostro–no deseo que te sientas incómoda, mi intención es pasar una linda tarde junto a ti. Si te tomo de la mano es porque me gusta tu cercanía, me gusta sentir el calor de tu piel. Me gustas mucho, Videl. Sólo quiero mostrarte mi amor, ni más ni menos…

– ¿Nunca te cansaste de intentarlo, nunca te hartaste de tratar de ganarte mi atención? –Videl, mirando sus manos unidas, lo interrogó humedeciendo sus labios resecos.

– Cuando me di cuenta que me había enamorado de ti, me ilusioné mucho con la mera idea de invitarte a salir. Recuerdo que solía practicar frente a mi espejo varias veces tratando de encontrar el discurso correcto para convencerte, practicaba por horas armándome de valor para hacerlo–riéndose de sí mismo, Shapner contempló el sol ante él antes de regresar su vista a Videl–el primer rechazo fue el más doloroso de todos, aún me sigue doliendo un poco pero eso no me desanimó. No, no lo hizo. Aquello sólo me animó a intentarlo de nuevo.

– Lamento tanto si fui muy grosera, siempre fui muy desconsiderada contigo…

– No pongas esa cara, Videl. No te cuento esto para que te sientas culpable, sólo trato de hacerte ver lo loco que estoy por ti–halándola suavemente hacia él, Shapner le regaló una expresión divertida–como te decía al principio, no es mi intención hacerte sentir incómoda. Si te molesta que te sujete de la mano, dímelo y no dudaré en soltarte.

En realidad sí le incomodada, le incomodaba muchísimo. Pero Videl, ignorándose a sí misma, temía que al hacerlo cayera de nuevo en aquel oscuro abismo donde la atormentarían todas las pistas y suposiciones sobre la verdadera identidad del Gran Saiyaman. Ya estaba harta de aquello, no quería saber nada más sobre el justiciero. Sólo quería olvidarse de él. Olvidar y fingir.

Y Shapner, siendo más que únicamente su placebo, también era su cuerda de salvamento. Y como tal, no la soltó.

– No, no hay ningún problema. Sólo tengo de acostumbrarme, eso es todo.

Escuchando como su corazón saltó de alegría al oírla, Shapner se dispuso a retomar su marcha.

– Entonces vamos, tomemos un paseo…

Gohan, viéndolos convertirse en diminutos puntos negros al perderse en la lejanía, agachó la cabeza teniendo un insoportable duelo con sí mismo. Shapner se atrevió a pasar por alto su advertencia, quisiese o no, tendría que dar un paso más allá poniendo a prueba su propia moral. Aún así, guiándose por sus corazonadas que lo prevenían del rubio, Gohan no retrocedió.

Se suponía que debería estar volando de regreso a las montañas; empero, haciéndole frente a las circunstancias, tendrá que pensar en algún pretexto para justificarle a su madre su demora. Activando su reloj, el traje del Gran Saiyaman lo cubrió sintiendo como el viento agitaba con violencia su capa. Sin más que esperar, el heroico enmascarado emprendió el vuelo.

Gohan, cruzando los dedos, confiaba en que pudiera mantener la calma pasase lo que pasase.


La noche anterior había sido demasiado reveladora para él mismo, fue una noche donde el propio Mr. Satán por fin tuvo la valentía necesaria para reconocer que los sucesos del Torneo de Cell no eran ninguna falacia. Habiendo mirado de nuevo la vieja cinta de video de aquel evento, para el campeón estaba más que claro cuál era la naturaleza del desgraciado que atormentaba a su hija.

Aquella antigua grabación era el indicio que con tanto empeño Videl se esforzó por encontrar, tal indicio completaría el rompecabezas uniendo las miles de pistas y conjeturas que la otrora justiciera recolectó por varios meses. Metafóricamente hablando, dicha evidencia era una especie de Santo Grial que daría por finalizado el misterio del Gran Saiyaman.

Así pues, luego de sincerarse, Mr. Satán sabía que no se enfrentaba con un tipo cualquiera. El Gran Saiyaman, debajo de su risible aspecto, ocultaba a un ser que en potencia podría destruir la ciudad entera si así lo quisiese. Un individuo con tales poderes sobrehumanos era inmensamente peligroso, de no controlarse sería capaz de hacer lo que sea sin que nadie pudiese detenerlo.

Sin embargo, dejando de lado aquellos apocalípticos temores, para el campeón su prioridad principal era vengarse de él por todo el daño y sufrimiento que desató en Videl. Pensó en eso durante horas, casi no durmió fraguando miles de planes para lograrlo. Por ende, al levantarse con la llegada del alba, se dirigió al comedor combatiendo contra el cansancio que arrastraba.

Buenos días, señor…

Buenos días, Sashimi.

El desayuno ya está listo, señor–su fiel mayordomo, parado con elegancia junto a él, terminaba de colocar los utensilios en la mesa iniciando por millonésima vez con su monótona rutina– ¿desea desayunar ya o prefiere esperar a que baje la señorita Videl?

Anoche no dormí muy bien, Sashimi. Preferiría empezar ahora mismo con una taza de café negro.

Cómo usted desee, Mr. Satán.

Haciéndoles varios ademanes a las sirvientas, el mayordomo giró instrucciones a sus subordinadas quienes, con rapidez, le sirvieron una taza caliente de café al campeón mundial. Mr. Satán, viendo su propio reflejo en la cálida superficie de su bebida, sopló el humo que salía de ésta dándole un gran sorbo que inundó su cuerpo con hirviente cafeína.

Tal sustancia, reanimándolo, fue aplacando su agotamiento sintiéndose con más energías. Al terminarse aquel primer vaso, Mr. Satán no se tardó en pedir un segundo que en el acto empezó a degustar. No era usual en él empezar el día de esa manera, pero no despreciaría las propiedades vigorizantes que dicho líquido poseía.

Detrás de él, a los pocos minutos, Mr. Satán escuchó como alguien descendía por la escalera de la mansión, lo cual, lo hizo suponer que se trataba de Videl. Confirmando sus deducciones, una voz femenina resonó en las paredes saludándolo con una pizca de vergüenza. Y teniendo muy frescos en su memoria los pensamientos de la noche anterior, el campeón se dio la vuelta.

¡Videl! –casi escupiendo su café, Mr. Satán se quedó atónito al voltearse y ver el vestuario que su hija llevaba puesto esa mañana– ¿Videl, por qué estás vestida así?

Papá, recuerda que ayer te dije que saldría con Shapner después de la escuela–evitando hacer contacto visual con su padre, Videl se apresuró a tomar asiento ocupando su lugar en la mesa.

Pero, pero Videl–muy conmocionado, el campeón se tomó un segundo para recuperar la elocuencia– ¿no crees que es un atuendo muy revelador?

Muchas veces en el pasado, Mr. Satán le hizo toda clase de regalos a su hija donde incluía vestidos y zapatos que cualquier otra chica de su edad hubiese matado por tener. Aún así, Videl se negaba a usarlos afirmando que no le interesaba su apariencia ni tampoco su vida social. Por ello, Videl acostumbró a todos a siempre verla con ropa sencilla y escasamente femenina.

Pero eso, abruptamente, se acabó hoy.

Mr. Satán se vio inundado por los característicos celos que todo padre experimentaba al ver a su primogénita vestida para una cita, tal cosa lo llevó a jurar que estrangularía a cualquier jovencito que se atreviese a ponerle un dedo encima a su adorada niña. No obstante, al escucharse a él mismo en su mente, Mr. Satán debió detenerse al recordarse una dolorosa e innegable verdad.

Videl ya no era ninguna niña.

Joven, enérgica y hermosa como su madre, así era su hija. Tal cosa era la crónica de una muerte anunciada, tarde o temprano llegaría el momento en el cual Videl tendría un pretendiente. Pero, al evocar sus esperanzas para que Shapner se aliara con él, Mr. Satán tuvo que tragarse su orgullo y sus prejuicios no poniéndoles ningún obstáculo a Videl y Shapner para que salieran juntos.

¿Revelador? –Videl, aún sin verle, se entretenía jugando con sus cubiertos–pues esta ropa me la compraste tú hace mucho, sólo estoy usando lo que tú mismo me diste, papá.

Lo sé Videl, lo sé. Sólo que no me esperaba que la usaras, me tomó por sorpresa verte así vestida–acabando de tomarse su café, Mr. Satán trató de no empezar su día con el pie izquierdo–te ves muy hermosa, hija. Me recuerdas a tu madre cuando salimos en nuestra primera cita, nunca olvidaré lo linda que se veía.

Gracias, papá…

Aquí tiene, señorita–Sashimi, sirviéndole su desayuno, interrumpió la conversación–su platillo favorito: huevos fritos, tocino y pan tostado acompañado de jugo de naranja.

Gracias, Sashimi. No me canso de comer esto.

Lo sé, señorita. Lo sé…

Sabiendo que tendría que irse a la escuela muy pronto, Videl empezó a desayunar comiéndose todo lo más rápido que le fuese posible. Mr. Satán, por su parte, también degustaba de su refrigerio recién servido todavía sin saber precisamente cómo comenzar. Y al levantar la mirada, pensando en Shapner, el campeón tuvo un súbito golpe de genialidad.

Videl, no olvides traer a Shapner a cenar esta noche–ocultando su impaciencia, Mr. Satán fue zanjando sus intenciones con cautela–quisiera conocer a ese muchacho, estaré esperándolos a los dos con gran emoción.

Sí papá, no me olvidaré de eso…

Ambos, al terminar, se levantaron preparándose para atender sus distintas obligaciones. Mr. Satán, sin comentárselo, notó la dificultad con la cual Videl caminaba al usar aquellas zapatillas de tacón. Despidiéndose de ella con un beso en la mejilla, Mr. Satán le dijo que se divirtiera en su cita con Shapner recordándole, otra vez, que los esperaría a los dos para cenar.

A medida que las horas iban pasando, y estando encerrado en su oficina, Mr. Satán fue ensayando mentalmente la plática que ansiaba tener con Shapner a solas. Aunque, antes de tan siquiera convencerlo de que luche contra el Gran Saiyaman, el campeón no quería verse metido en un grave problema si algo salía mal. Le guste o no, requería más ayuda de lo que creía.

Recordó la fantasía que tuvo la noche anterior, vio en su cabeza como un grupo de hombres armados se enfrentaban sin temor al superhéroe a cambio de una jugosa suma en efectivo. En un principio desechó esa posibilidad al catalogarla de extrema; empero, al reconsiderarla, Mr. Satán pensaba que no era tan mala idea.

¿Pero de dónde sacaría a sujetos de ese tipo dispuestos a ir a la guerra por él?

¿Cómo conseguiría contratar a alguien así sin poner en riesgo su ilustre imagen pública?

La respuesta, inesperadamente, se la dio la televisión.

Van Zant, el reconocido mafioso y traficante de armas, salió bajo fianza esta mañana de la penitenciaría de Ciudad Satán luego de que su abogado consiguiera su liberación al alegar que las evidencias que la policía tenía en contra de su cliente eran circunstanciales–habiendo encendido su televisor, el noticiero local apareció frente al campeón por obra y gracia del destino–la policía, por otro lado, lamentó profundamente que la liberación de Van Zant haya sido autorizada a pesar de las toneladas de evidencias que lo incriminan en múltiples de casos de asesinato y crimen organizado.

En la pantalla de aquel aparato, Mr. Satán observó en silencio como un muy sonriente Van Zant era acompañado por su abogado al ser liberado de prisión. A pesar que el campeón mundial era una celebridad en su ciudad, era tan grande su obsesión por enaltecer su prestigio que no le prestaba atención a la criminalidad que carcomía la urbe rebautizada con su apellido.

Por ende, sin conocer realmente la peligrosidad de aquel mafioso, Mr. Satán se dejó seducir por su imagen confiada llegando a interesarle más. Al seguir oyendo el noticiero, el padre de Videl escuchó como aquel individuo controlaba los suburbios más bajos de la metrópoli adueñándose, literalmente, de dichos territorios convirtiéndose en una figura de peso entre los criminales.

A pesar de su liberación, la policía espera reunir pruebas aún más contundentes con las cuales se les permita recapturarlo–narrando con fluidez, Mr. Satán se quedó mirando a la periodista que daba las noticias–pasando a la sección del clima, para esta semana se pronostican fuertes lluvias además de…

Si bien la voz de la reportera continuaba escuchándose en la oficina del campeón, la concentración de éste fue tan profunda que la ignoró por completo. A medida que la disyuntiva que estremecía su mente se fortalecía, Mr. Satán sintió como el sudor comenzaba a acumularse en su rostro al ir rindiéndose ante esa arriesgada pero tentadora alternativa.

Ni siquiera él mismo se lo creía, verdaderamente consideraba buscar a ese pandillero peligroso para hacerse de sus nada legales servicios. En su vida había cometido equivocaciones mayúsculas como haber engañado a todos con respecto a Cell; pero de concretarse lo que pensaba, esta nueva equivocación lo condenaría al mismísimo infierno sin perdón alguno.

– No hay nada más que discutir. Haré todo lo que sea necesario y si eso me obliga a ensuciarme las manos, lo voy a hacer–levantándose de su asiento, Mr. Satán deliberadamente le dio la espalda a la pintura de su esposa no teniendo la valentía de mirarla–algún día Videl entenderá lo que hice y me lo agradecerá, pero hasta que ese día llegue no le diré nada…

Apagando la televisión y saliendo de su despacho, Mr. Satán se dirigió a su habitación habiendo tomado una decisión. Una decisión que, dolorosamente, le tomaría mucho tiempo perdonársela a él mismo. Así pues, cometiendo otro imperdonable pecado, el campeón se cambió de ropa y le ordenó a su chofer que se preparara para salir.

Su primera parada fue en el banco de Ciudad Satán, donde con una marcada seriedad y discreción, sacó una fuerte suma de dinero que transportó consigo en una maleta negra. Tratándose del héroe que salvó a todos de Cell, ninguno de los funcionarios de esa entidad bancaria le preguntó el motivo de tan elevado retiro. Usando su fama a su favor, Mr. Satán ocultó sus intenciones.

– ¿Adónde quiere ir ahora, Mr. Satán?

El conductor de su limusina, rompiendo con su mudez, le cuestionó su próximo destino haciéndolo saltar en su asiento mientras se aferraba con más ahínco a la valija que traía con él. Su conciencia, esforzándose por última vez, intentó persuadirlo de detenerse mostrándole varias imágenes mentales de sí mismo siendo descubierto por la prensa generando un escándalo sin precedentes.

Asimismo, vio a Videl quien le recriminaba por lo que hizo rechazando sus excusas y motivaciones. Ante tal visión, el campeón casi se arrepiente de lo que planeaba; no obstante, la amenazante sombra del Gran Saiyaman se cernía por encima de él atrapándolo en una oscuridad que le heló los huesos. Y así pues, olvidándose de la ética y la honestidad, Mr. Satán no dio marcha a atrás.

– Quiero que todo lo que veas y escuches a partir de ahora lo conserves en el más absoluto secreto, no quiero que nadie se entere de esto–hablándole con un tono de voz muy intimidante, el amable Mr. Satán que amaban las masas se transformó en un Mr. Satán que dejaría boquiabierto a quien sea–si deseas seguir trabajando para mí, necesito que me des tu palabra y tu lealtad.

– Sí señor, haré todo lo que usted me diga–respondiéndole con un temor muy humano, aquel pobre conductor no tuvo más remedio que aceptar los términos que le impuso su patrón–puede confiar en mí, pase lo que pase lo conservaré en secreto.

– Perfecto–pidiéndole perdón a su esposa en el más allá, Mr. Satán se dispuso a comenzar– ¿has oído hablar de un tipo llamado Van Zant?

– Sí señor, he leído un par de cosas sobre él en los periódicos. Dicen que es miembro de la mafia, hace poco salió bajo fianza de la cárcel.

– Muy bien, ahora dime si sabes dónde puedo encontrarlo.

– ¿Encontrarlo? –muy dudoso, le indagó.

– Sí, eso dije–le replicó padeciendo una mezcla de ansiedad e inseguridad– ¿tienes idea de dónde podría encontrarlo?

– No podría responderle con exactitud, pero por lo que he escuchado en la televisión tiene su guarida en los vecindarios del sur de la ciudad–haciendo memoria, el chofer del campeón le afirmó todavía sin creer que tuviese esa conversación con Mr. Satán–dicen que controla todo ese lugar, incluso he oído rumores que ni la policía misma se atreve a entrar allí.

– Bueno, en ese caso, daremos un paseo por el sur de la ciudad–respirando hondo, Mr. Satán se armó de valor para proseguir–anda, enciende el motor, quiero que me lleves ahí.

– ¿Está hablando en serio, Mr. Satán? –Viendo a su jefe por medio del espejo retrovisor, aquel hombre no le daba crédito a lo que sucedía– ¿de verdad piensa buscar a ese tipo tan peligroso?

– Ya me oíste, así que andando–Mr. Satán le reiteró con enojo–y no lo olvides, no le digas nada de esto a nadie. Si quieres conservar tu empleo, mantén la boca cerrada.

– Claro señor, como usted diga.

Reanudando su viaje por las autopistas de Ciudad Satán, aquel automóvil fue alejándose del concurrido y bullicioso centro acercándose a los barrios donde proliferaban las pandillas y bandas que con tanta pasión Videl combatió durante años. Pero ahora, después de renunciar a seguir luchando contra el hampa, tales organizaciones eran una auténtica pesadilla para la policía.

La presencia de un coche tan lujoso resaltó en el paisaje urbano como una antorcha en la negrura generando, instantáneamente, que los residentes de ese sector se enfocaran en éste. Mr. Satán, viendo aquello a través de las ventanillas, tragó saliva temiendo que sus ambiciones se arruinaran. Aún así, no teniendo más opciones, debió confrontar tal situación.

Teniendo muchísima precaución, fue pidiéndole indicaciones a todo aquel que se topaba en su camino, logrando así, enrumbarse hacia el sitio donde Van Zant se escondía. Habiéndose estacionado frente a su destino, Mr. Satán se puso un par de lentes oscuros junto a una chaqueta gris esperando que eso protegiera su identidad de los entrometidos.

– Bien, aquí vamos…

Abriendo la puerta de su auto, Mr. Satán plantó un pie afuera no sabiendo si su demencial plan funcionaría o no. Pese a eso, solamente podía confiar en que todo saliera como él quería. Y ante la mirada vigilante de unos cuantos sujetos armados, el campeón caminó hacia ellos pidiéndoles que lo llevaran con su jefe asegurándoles que venía a ofrecerle un lucrativo negocio.

Repitiéndose que hacía tal cosa por Videl, Mr. Satán cruzó el umbral ante él deshaciéndose de su moralidad.


Las primeras cuadras que caminaron estuvieron marcadas por el silencio, Videl no sabía qué decir así que prefirió permanecer callada únicamente dejándose guiar por el rubio. Shapner, por su parte, fue grabando en su memoria cada segundo que pasaba junto a ella queriendo inmortalizar aquella humilde pero valiosa caminata al lado de Videl.

Parecía que el destino se apiadó de ella concediéndole una pequeña tregua, desde el detalle más minúsculo hasta el más gigantesco, Videl admitía que las cosas no se desarrollaban nada mal. Los numerosos transeúntes que iban y venían no la reconocían a raíz de su cambio de apariencia, lo cual, para alivio de Videl, le quitaba un enorme peso de encima.

Inclusive, aquellos zapatos que tanto dolor le habían provocado desde que se los colocó, fueron cediendo permitiéndole a Videl caminar con más normalidad. Ni ella misma se lo creía, estaba caminando con tacones logrando mantener el equilibrio tal y como muchas veces vio a Ireza hacerlo. Aunado a eso, sus adoloridos pies se adaptaron a su calzado dejando de agobiarla.

Al hacer una breve parada en un cruce peatonal, Videl miró su propio reflejo en los cristales de una gran tienda departamental quedando sorprendida con lo que presenciaba. En ese instante, al verse arreglada, peinada y maquillada, Videl volvió a experimentar aquella sensación que tuvo al mirarse en el espejo del baño de chicas en la escuela: se sintió bonita.

Lo más usual era que el orgullo y la satisfacción por su fuerza física se apoderaran de ella; sin embargo, aquel calor interno que la llenaba por su nueva imagen, la hacían explorar un rasgo mancillado de su personalidad. Ella nunca le dio crédito a su propia belleza, siempre la ignoró y la dio por menos diciéndoles a todos que no le interesaba lucir bien ni para ella ni para nadie más.

Podía oírse a sí misma en el pasado asegurando que jamás se vestiría como el resto de las mujeres de su edad; empero, las actuales circunstancias la forzaron a tragarse sus palabras admitiéndose que le gustaba lo que veía. Aquel sentimiento no alcanzaba los niveles extremistas de Ireza, pero sin duda era un significativo avance que la ayudaría a sanar su muy maltratado autoestima.

– Vamos Videl, el semáforo ya está en rojo. Crucemos.

Shapner, sacándola de sus pensamientos al hablarle, la jaló con suavidad motivándola a retomar su marcha cruzando en un santiamén aquella congestionada avenida. Videl, siendo oriunda de Ciudad Satán, recorrió sus calles y esquinas miles de veces llegando a familiarizarse con su entorno hasta formar parte de él.

Aunque ahora, para su asombro, aquel recorrido que compartía con Shapner fue como si redescubriera su ciudad. No obstante, cuando apenas empezaba a mirar con otros ojos a Ciudad Satán, Shapner frenó sin aviso justo en medio de la acera por donde caminaban volteándose hacia ella quien le miraba con una expresión confundida.

– Como te dije antes Videl, con este paseo quiero demostrarte de una vez por todas que mi amor por ti es sincero y verdadero–queriendo ir con calma, Shapner le alegó al darle un nostálgico vistazo al lugar donde se hallaban–aunque no me lo creas Videl, este sitio tiene un valor muy especial para mí.

– ¿Y qué tiene de especial este lugar? –Videl, viendo por encima de sus hombros, le preguntó con auténtica curiosidad–yo sólo veo una vieja caseta telefónica, un poste de alumbrado público, un bote de basura y una goma de mascar pegada al suelo.

– Bueno, sé que a primera vista no luce como un sitio fuera de lo ordinario–soltando una tenue carcajada, Shapner le dio la razón–pero lo que lo hace tan importante para mí, fue que aquí me enamoré de ti.

– ¿Aquí? –Frunciendo el ceño, Videl se quedó en blanco al no saber qué pensar–pero no recuerdo que alguna vez…

– Sospechaba que no lo recordarías, fue hace muchos años cuando sucedió–sonriéndole, Shapner tomó una bocanada de aire fresco antes de continuar–recuerdo que dejaste olvidado uno de tus libros en el salón, así que al verte salir lo tomé y te busqué para entregártelo. Al comienzo te perdí de vista, no sabía dónde vivías así que miré en todas direcciones esperando poder verte.

Videl, sin interrumpirlo, se limitaba a sólo escucharlo.

– Por suerte pude encontrarte en la distancia, y al hacerlo comencé a correr queriendo alcanzarte. Cuando estuve cerca de ti te grité un par de veces pero no me escuchaste, seguí gritándote hasta que finalmente te detuviste justo aquí donde estamos ahora.

– Sinceramente no recuerdo nada de eso…

– Es comprensible, éramos unos niños en aquel momento–asintiendo con la cabeza, Shapner le aseveró–cuando te frenaste para darte la vuelta, aproveché esa oportunidad para volver a correr hasta que estuvimos frente a frente. Lo que pasó luego no puedo sacarlo de mi mente por más que lo intente, y no es mi intención exagerar; pero esa fue la chispa que comenzó con todo esto.

Valiéndose que todavía sus manos yacían entrelazadas, Shapner las contempló provocando que Videl lo imitase observando tal unión.

– Cuando te di tu libro nuestras manos se tocaron, fue sólo por un segundo, menos de un pestañeo; pero lo que sentí se quedó grabado en mi alma–apretando sus manos, Shapner la miró fijamente maravillándose por el resplandor azulado que emanaba de sus ojos–antes de eso ya me parecías una chica muy linda, pero aquel roce lo superó todo. Sé que tal vez te sea difícil de comprender, quizás te parezca una tontería infantil; puedes pensarlo si quieres, pero aquello me hizo amarte hasta el final de mis días.

– Yo no sé qué decir…

– Poder caminar contigo, tomándote de la mano como lo hago ahora, ha sido un sueño que esperé cumplir desde aquel día. Han pasado muchos años y una infinidad de decepciones, pero al fin te tengo justo a mi lado–tirando de Videl con delicadeza, Shapner consiguió cerrar la brecha que los distanciaba rozando la punta de su nariz con la de ella–sé que estoy diciendo muchas cursilerías, pero por favor compréndeme, estoy diciéndote cosas que tenía guardadas dentro de mí desde hace muchísimo tiempo…

Videl, enmudeciéndose, se sintió más incómoda de lo que ya estaba. Le avergonzaba estar en esa posición con Shapner a plena luz del día, siendo observados por todos aquellos que caminaban a su alrededor. Ante dicha situación tan embarazosa para ella, Videl le daba las gracias al cielo que nadie aún la identificaba como la hija del campeón. De lo contrario, la vergüenza sería mayor.

No obstante, recordándose a sí misma la colosal deuda que tenía pendiente con él, no se resistió permitiéndole al rubio materializar con ella antiguas fantasías amorosas. Después de todo, si continuaba con vida era debido a él. De no haber sido por Shapner, aquella mortal bala la hubiese impactado robándole su último aliento enviándola al misterioso más allá.

Pese a cualquier incomodidad, ella se mantuvo firme tal y como se hallaba.

– ¡Maldita sea! –Exclamó Shapner con tono burlón–desearía poder usar mi otro brazo para abrazarte, me muero de ganas por hacerlo.

– Tal vez yo pueda hacer algo al respecto–obligándose a compenetrarse más en su cita, Videl trató de tomar un poco la iniciativa.

– ¿Algo como qué?

– Algo como esto…

Mordiéndose la lengua, Videl hizo un movimiento que en muchas ocasiones vio hacer a cientos de chicas al estar con sus novios en los pasillos de la escuela. Con torpeza, demostrando su inexperiencia en dichas cuestiones, Videl alzó sus brazos rodeando el cuello de Shapner obsequiándole una fingida sonrisa. Y fijando su vista en los labios de él, Shapner captó el mensaje.

Para Shapner fue algo mágico, casi salido de este mundo. Ambos se encontraban en el sitio exacto donde su amor por ella floreció, el sitio exacto donde Videl le robó el corazón sin quererlo y sin darse cuenta. Así pues, como el joven perdidamente enamorado que era, la besó sin importarle que los demás peatones los mirasen mientras transitaban a escasos centímetros de ellos.

No había prisa, ni razón para apresurarse. El Shapner impulsivo de antes la hubiese besado con desenfreno como si su existencia estuviera a punto de acabarse; empero, el Shapner que se reinventó a sí mismo la besaba con lentitud deseando inundarla con millones de caricias, a su vez, que le hablaba en un idioma que sólo ella era capaz de entender:

No estás sola.

Aquí me tienes.

Te amo tanto, Videl.

Déjame amarte y nunca te lastimaré.

No le era posible explicarlo, pero Videl juraría que oyó la voz de Shapner retumbando en su cabeza como si éste le estuviese hablando con algún tipo de hechizo. Y al oír como aquellas palabras se repetían sin cesar ganando más vigor, Videl presenció cómo su cordura dio incontables vueltas exorcizando los demonios que la hacían sentir débil, indefensa, cobarde y derrotada.

Y al nublarse su juicio al ser anestesiada, la Videl combativa y dura que yacía atrapada en su interior se liberó por un instante queriendo más de aquel bálsamo que borraba la insoportable culpa y al Gran Saiyaman de sus recuerdos. Del mismo modo que un adicto quiere una dosis más, Videl le regresó el beso con una fiereza y vehemencia que dejó helado al mismísimo Shapner.

Esa era su Videl, su auténtica Videl. Era como si ella desease devorarlo desde dentro, como si Videl buscara con zozobra una respuesta que aliviara definitivamente sus recriminaciones y pesares. Él, cegado por ella, no se percató del nulo afecto en aquel húmedo roce. Videl, lejos de comportarse como una mujer enamorada, actuaba como alguien que se ahogaba y luchaba por respirar.

Separándose de él al terminarse el oxígeno en sus pulmones, Videl suspiró satisfecha habiendo logrado desconectar su sensatez al beber el dulce veneno de Shapner. No obstante, dicho efecto somnífero no dudaría para siempre, sólo aliviaría sus amarguras temporalmente forzándola a buscar otra cucharada aún más potente la próxima vez.

Tal cosa, irremediablemente, la dominaría como una marioneta exigiéndole más y más de Shapner haciendo lo que sea por una pizca de su placebo. Pese a que ese escenario parecía imposible de vencer, Videl podría liberarse fácilmente si tuviese la suficiente voluntad para confrontar sus temores expiando sus tormentos. Pero esto, tristemente, tardaría mucho en concretarse.

Sacando lo peor de ella, este embrollo la hará tropezar con la misma piedra hasta que las caídas sean tantas que colapse por completo. Y desgraciadamente para Shapner, entre más intente ayudarla más daño le haría. El rubio, sin proponérselo ni planearlo, sería el instrumento con el cual Videl se reduciría a cenizas a sí misma.

– ¿Nos vamos a quedar aquí parados todo el día? –Videl, bromeándole, rompió el silencio sin previo aviso–alguien me prometió una cita y aún sigo esperándola.

– Esta sólo fue la primera parada, aún falta mucho por hacer–rodeándola con su único brazo saludable, Shapner se paró a la derecha de Videl deseoso de retomar su marcha.

– Por cierto, tengo que decirte algo antes que lo olvide–notando que Shapner se disponía a caminar, Videl evocó la promesa que le hizo a su padre.

– ¿De qué se trata?

– Mi papá me pidió que te invitara a cenar esta noche, él quiere conocerte y hablar contigo–comentándole las intenciones del campeón, Videl dejó sin habla al rubio por unos segundos–antes que volvieras a la escuela, yo le conté a papá lo que sucedió en aquella discoteca. Cuando le dije que me habías invitado a salir, de inmediato me dijo que quiere agradecerte personalmente por haberme protegido de aquel disparo.

– Vaya, no sé qué decirte–genuinamente sorprendido, Shapner no se esperaba una invitación así–para mí sería un inmenso honor conocer a tu padre, con todo gusto me reuniré con él.

– Bien, entonces acompáñame a mi casa cuando anochezca.

– Claro que sí.

Volviendo a caminar, Shapner delineó una sutil expresión sonriente aún asombrado por lo bien que estaban saliendo las cosas. Obviamente, confiaba que en alguna futura oportunidad pudiese conocer al padre de su amada para hacerle ver sus anhelos con ella. Sin embargo, Shapner creía que dicho encuentro sucedería muchísimo más adelante cuando hubiese consolidado su relación.

Al parecer, el destino quería compensarle todas sus decepciones y rechazos otorgándole justamente lo que deseaba. Y Shapner, ni lerdo ni perezoso, no se demoró en sacarle provecho a eso viendo como su viejo sueño de la infancia se materializaba más rápido de lo que hubiera imaginado. Aquello era tan perfecto que no parecía ser real, era demasiado fantástico.

Tal impresión abrió una delgada grieta en él haciéndole cuestionarse la maravillosa fortuna que, repentinamente, llovía con abundancia sobre él cumpliéndole sus más grandes y profundos deseos. Videl, quien siempre respondió con un rotundo "no" a sus invitaciones, ahora paseaba con él sin negarse a ninguna de sus proposiciones.

Inclusive, la Videl que antes sólo le ofrecía ceños fruncidos y negativas, hoy le concedía el máximo premio al dejar que la besara. Y al analizar esos dos elementos, Shapner recordó aquella pesadilla donde la Videl ilusoria con la cual fantaseaba por las noches le advertía que Videl no le amaba en realidad. Si bien trató de olvidarse de esa advertencia, a Shapner le resultó imposible hacerlo.

Te amo Shapner, y por ese amor que te tengo te digo que despiertes, deja de engañarte–aquella falsa Videl, febrilmente, intentó razonar con él– ¿sabes por qué lo de ustedes dos nunca va a funcionar, quieres que te lo diga?

Digas lo que digas, no voy a creerte.

Ella ha sufrido tanto por el Gran Saiyaman, lo odia a tal grado que está enferma por pensar en él–tratando de explicarle, ella le afirmó–por eso desea, ruega a gritos algo que le haga olvidar, algo que borre su memoria…

¡Qué estupideces dices!

Y ese algo eres tú. Tú eres un capricho para ella, una excusa para olvidarse de la realidad y fingir que es feliz cuando no lo es–esa Videl, dejándolo frío, no renunció–ella te usará, te usará como una cortina de humo para engañarse a sí misma. Todo lo que haga lo hará en beneficio propio, jamás corresponderá honestamente tus sentimientos. Sólo te lastimará y mucho.

¡Cierra la boca! –Interrumpiéndola, Shapner se negó a escuchar más boberías sin sentido– ¡tú no sabes nada de ella, nada, no la conoces!

¡Sí la conozco! –Le contestó poco antes de marcharse– ¡la conozco porque soy ella!

– ¿Ocurre algo?

– ¿Qué?

Videl, la Videl de carne y hueso, lo sacó de aquella evocación regresándolo de golpe al mundo real.

– Te pregunté que si te ocurre algo, es que bruscamente te quedaste callado.

– No, no me pasa nada–Shapner le replicó veloz–sólo pensaba en nuestra próxima parada.

– Eso mismo quería preguntarte, hacia dónde vamos ahora.

– No seas impaciente, llegaremos en unos minutos más…

Sonriéndole apresurado, Shapner maquilló su repentina intranquilidad volteándose hacia el frente queriendo unos minutos para él solo. Aprovechándose que ella no dijo nada más, el rubio luchaba por desestimar las acusaciones que la apócrifa Videl lanzó contra la verdadera. Era absurdo, se decía a él mismo, no podía creer en las palabras de un producto de su imaginación.

No importaba por qué Videl se tornó tan condescendiente con él, no importaba por qué aceptaba sus ofrecimientos sin tan siquiera dudar. Lo único que le interesaba era que al fin la tenía junto a él, que al fin pudo probar el sabor de sus labios más de una vez y que al fin podía tomarla de la mano como si fuese su novia. Al fin, Videl aceptó su amor sin resistirse ni rechazarlo.

Al fin, ella era suya.

– Anda Shapner, dime adónde nos dirigimos.

– Sólo te diré que iremos al lugar donde quise llevarte la primera vez que te invité a salir…

A pesar de su terquedad e incredulidad, aquella fisura en su confianza meramente era el preludio de su venidero declive. Y más adelante, mucho más adelante, giraría su mirada hacia el pasado lamentándose por no haberle prestado más atención a las señales que presagiaron su ruina. Pero ya llegaría la hora para lamentarse, ya llegaría la hora de abandonar aquel utópico espejismo.

Entretanto, ambos continuaron engañándose a sí mismos.

– Mantén la calma, mantén la calma. No hagas una estupidez que llegues a lamentar.

Gohan, parado en el techo de un edificio cercano, observaba tácito como Shapner y Videl paseaban tranquilamente por la ciudad. Venía vigilándolos desde que salieron de la escuela, manteniéndose atento a los movimientos del rubio esperando el más mínimo exceso de Shapner para descender en picada y ponerse un alto a sus fechorías.

Lamentablemente para Gohan, fue Videl quien lo tomó desprevenido haciendo algo que no se esperaba. Días atrás, cuando la escuchó contándole a Ireza sobre el incidente en el hospital, Gohan juraría que fue Shapner quien la presionó para concretar aquel infame beso. Empero, sacudiendo sus cimientos, Videl besó a Shapner dejando a Gohan mudo e inmóvil al verlos.

Tal imagen le resultó atroz, aquello no correspondía con la Videl que conoció meses antes. No sabía cómo definirlo, pero Gohan intuía que debajo de esa aparente felicidad una reveladora verdad ansiaba mostrarse a la luz. Y aferrándose a esa diminuta esperanza, Gohan controló sus ganas de estrangular a Shapner enjaulando al salvaje saiyajin que moraba adentro de él.

– Necesito acercarme más, desde aquí no pudo escucharlos…

Volando por encima de todos sin ser notado, y como lo haría un halcón, el Gran Saiyaman vigiló a la hija de Mr. Satán y su acompañante dispuesto a seguirlos hasta el infierno mismo de ser necesario. Aunque tal vez, sin que ninguno de los tres lo supiesen, ya estaban allí. Un infierno que sacaría a relucir sus secretos mejor guardados, arrancando las máscaras que usaban como rostro.

Cada uno de ellos, justa y amargamente, cosechará el fruto de sus pecados.

Fin Capítulo Trece

Hola, muchísimas gracias por leer. Como llegué a comentar en uno de los capítulos anteriores, me resulta muy extraño imaginarme a Videl y a Shapner juntos. Tal vez, por la obvia razón, que ellos dos en la serie nunca llegaron a nada siendo Gohan quien lograría construir una sólida relación con Videl. Y Shapner, por su parte, quedó relegado a un costado hasta desaparecer por completo.

Para mí, Shapner es de esos chicos que están condenados al fracaso. Es el típico estereotipo del estudiante fanfarrón que es vencido por el nerd al que subestimó desde el principio. Es interesante tratar de meterse en la mente de un tipo como él, a primera vista parece que tiene la cabeza hueca pero si se excava más a fondo se encuentran detalles muy complejos.

Como mencioné antes, pienso que Shapner está destinado a ser vencido por Gohan en cualquier cosa que tenga que ver con Videl. Pero antes de llegar a ese punto, quiero ver cómo sería su vida si por un instante Videl estuviese con él. Y precisamente eso es lo que me encanta de los Universos Alternativos, cualquier suceso que se imagine es posible de explorar y ver adónde nos lleva.

Al recordar el final de DBZ y al ver DBS, me pregunto qué habrá sido de Shapner e Ireza. Lógicamente, al ser personajes de relleno, es natural que no se enfoquen en ellos dejándolos en el olvido para siempre. Sinceramente me gustaría volverlos a ver en la serie, me encantaría que hicieran un capítulo de relleno mostrando algún reencuentro entre Gohan y Videl y los dos rubios.

Una de las cosas que me divierten de este fic, es imaginar a Gohan sintiendo celos por Videl a raíz de su proximidad con Shapner. Sé que esa no es una idea innovadora y que ya se ha visto en otros fics, pero yo deseo explorarla a mi manera. Tras la sombra de un indicio es el hermano gemelo de Lo malo de ser un héroe, así pues pueden ir dilucidando por cuál camino avanza la trama.

Mientras escribía, quise escuchar un poco de música para concentrarme mejor y terminé topándome con una canción que, en mi humilde opinión, calza a la perfección con la esencia del fic y con este capítulo en particular. Si alguno de ustedes tiene curiosidad y quiere escucharla, los invito a buscarla en You Tube con este nombre: Kaleo - Way Down We Go.

Bueno, ya hablé demasiado, no quiero aburrirlos con tanta palabrería. Les doy las gracias a Vanessa García, Giuly De Giuseppe, Guest, Ferunando, y a Majo24 por sus comentarios en el capítulo anterior.

Gracias por leer y hasta la próxima.