Yay! no más exámenes para mi en por lo menos una semanas y si todo me va bien en dos :D así que a celebrar con un capitulo nuevo del fic!

Ahahaha debo decir que no tengo ni idea de que diablos pude haber sacado en mi examen, la verdad estaba algo difícil y casi nada de lo que venía en las guías y los ejercicios de repaso venía en el examen, pero, ah la supervisora fue nada menos que un amor en cuanto a eso y respondió una que otra duda pero shhhh... he, fuera de eso estoy segura de pasar pero no sé con cuanto... ahh.. mientras tanto puedo respirar con tranquilidad mientras mi padre no se exceda con su felicidad, la rueda del samsara se hará virutas en muy poco tiempo eso lo sé...

Ahahaha en cuanto al fic... la cosa arde xDD ah~ esta entre intenso/raro/deprimente pero confuso. Sip, ataque cardíaco asegurado muahahahaha!


Me enfurruñé temblando de frio, para mi bendita suerte yo era muy friolenta y lo que para cualquiera era una fresca brisa para mi era una gélida ventisca. Encima de eso tenía aquella mala sensación, si, aunque me había librado en parte de un pequeño gran peso anoche justamente ahora mi cabeza era asediada por aquel mal presentimiento que de manera horripilante siempre era cierto… si, la misma inquietud de cuando viajé a Nueva York.

Sin duda mi paranoia había sido inducida por las palabras de Charlotte y la existencia de Lilian en mis recuerdos.

Volví a tallarme los brazos envueltos en un suéter de lana verde mientras observaba como Sebastián me sonreía con amabilidad desde la puerta de la habitación. Me incorporé retomando mi postura y sin poder evitarlo tirité mientras volví a envolverme en la cobija.

Muy a mi pesar tenía que salir de ahí y era mejor hacerlo lo más pronto posible, aún si implicaba tener que salir al lago y morir de hipotermia.

El itinerario familiar continuaba, mi calvario continuaría y mi cerebro se haría puré antes del mediodía, ah y apenas eran las siete de la mañana. Mierda.

Si yo tenía frio aumenten el aire frio de una mañana lluviosa y la fresca temperatura del lago y sus alrededores. Había estado ahí por lo menos dos veces en reuniones familiares cuando la abuela Camille vivía, la primera a los ocho años junto con Charlotte y Robert en las vacaciones de primavera; la segunda vez hace seis años cuando tenía 14 años… siempre en esas dos ocasiones llovía antes de ir al lago y justo al momento de irnos. Si, siempre e tenido la misma jodida suerte…

—Nos esperan abajo señorita—, dijo Sebastián ocultando su impaciencia detrás de su eterna sonrisa.

No quería recibir más sermones que vitamina C pero si me quedaba ahí se me licuarían los sesos.

—Averiguará lo que ocurre, ya lo verá—, las palabras del demonio me dieron algo de confort y aun con los dientes castañeándome me levanté—… aun así debería de usar algo más grueso, nunca vi a una mujer tan temblorosa— se burló.

Inmediatamente la comodidad se hizo añicos.

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—Buenos días—, la cantarina y amable voz de mi prima, la pequeña y encantadora Annette revoleteo en mis oídos cuando al llegar al vestíbulo me rodeo con los brazos cariñosamente.

—Buenos días Annie—, murmuré pegada a su melena castaña y rizada.

—Perdón por no saludar antes Sami, pero ya sabes, mamá suele ser muy fastidiosa en compañía de la tía Evangeline—, dijo apenada y con cautela.

—No hay problema Annie, entiendo perfectamente…—, dije con cansancio.

Su respingada y pequeña nariz hizo un gesto cómico que asemejo la picardía y sus grandes ojos café chispearon centrando su atención en Sebastián. Me tomaba de la mano.

—Buenos días Sebastián—, dijo conservando la alegría y calidez de su expresión. Eso me desconcertó.

—Igualmente—, dijo el cortésmente— ¿No tienes frio Annie?—, la manera tan casual en la que lo dijo me sorprendió tanto que por mi mente paso rápidamente la conclusión de que mi prima era sumamente sociable y Sebastián empatizo un poco con ella cuando estaba inconsciente pero más allá de mi mente las tripas se me revolvieron y una pequeña chispa borboteo en la boca de mi estomago.

—Para nada, vivo en la montaña recuérdalo, estoy más que acostumbrada al frio… aun así Samantha es tan sensible, apenas y soporta el hielo en las bebidas—, Dijo ella soltando una risilla mientras colocaba la mano en su ceñida cintura, gesto típico de ella.

—Lo e notado—, dijo Sebastián divertido.

Quería golpear al demonio pero a la vez patearme en las costillas a mi misma.

—Ah… veo que son grandes amigos ¿Eh?—, me sentí tan fuera de lugar que de pronto el frio se me estaba yendo.

Justo cuando creí que las cosas eran raras, Robert y Stephanie cogidos de la mano hicieron acto de presencia por la puerta de entrada.

Mis entrañas se estrujaron con fuerza cuando la bella cara bronceada de Stephanie saludó con un beso en la mejilla a mi estupido asistente.

— ¿Qué tal la mañana Sebastián?—, preguntó Robert clavando sus ojos azulados en mi callada y temblorosa persona. Me confundí aún más.

—Mejor de lo que parece—, bromeó Annie acomodándose su blusa de algodón rosada.

— ¿Podemos ir a desayunar? Tengo hambre—, espeté secamente.

Los tres me dedicaron unas sorprendidas miradas y sin decir palabra se largaron camino al comedor de la cocina. No los culpo, yo estaba más sorprendida y confundida que ellos tres juntos.

— ¿Desde cuando eres amigo de mis familiares?—, mascullé de mala gana observando la burlona sonrisa de Sebastián.

—Ah, Creí que quería que diera una buena impresión— contesto con altanería haciéndose el imbécil.

Bufé decidida a entrar al comedor.

—Si, no que te hicieras amigo de mi familia—, musité.

— ¿Sucede algo malo?—, la voz de Tom sonó como la de alguien que interrumpía una discusión marital ¡Ah eso se escucho tan mal!

—Oh, Sam ¿Tan temprano y ya discutiendo?—, se mofó Charlotte con su voz chirriante y falsa.

Cuenta hasta diez…

—Sopórtala un rato más—, y la voz de Charlotte se escuchó tan cerca que pude haber sacado humo por la nariz— pero bueno, supongo que ya estas más que acostumbrado a su carácter ahuyenta hombres—, su risa me hizo abrir los ojos con rapidez dispuesta a fulminarla con la mirada y callarle la boca.

—Como sea—, prosiguió a un par de pasos de mi, me sonrió con sorna y entonces sus pintados labios se estamparon del lado derecho de Sebastián y rozaron la comisura de sus labios.

Me dieron tantas ganas de romperle la nariz a Charlotte… pero si hacía eso que diablos iba a demostrar, además no es mi problema si besa o no a Sebastián. Enserio no me importa.

¿Entonces por qué salí disparada al comedor maldiciendo a Charlotte?

—Querida es un gusto verte…— el tono de Jerry bajo en cuanto me vio refunfuñar pero recompuse mi cara y le sonreí— ¿Sucede algo malo cariño?—, preguntó preocupado pero vi una chispa de felicidad en sus ojos — ¿Ese muchacho te hizo enojar?—, preguntó abrazándome, preguntas, preguntas…

—No, todo bien Jerry— dije con una sonrisilla falsa, Jerry relajo su sonrisa como si un cubo de agua fría le cayera encima— ¿Por qué no nos sentamos a desayunar?

—Claro que si— nuevamente sonrió con ganas y tomándome de un brazo me colocó en una silla en el extremo de la larga mesa.

Annette a tres lugares de mi me interrogó con la mirada, alcé los hombros restándole importancia.

Escuché la voz de la tía Margaret en la cocina, sus murmullos siempre eran demasiado altos como para no oírlos y cuando hablaba con mi madre estos parecían más gritos que susurros.

—No debiste de haber hecho eso, la mujer no está en sus cabales, además es tu hija ¡No tiene derecho ni la cara como para dirigirte la palabra!—, le escuché decir cuando sus rizos color zanahoria se asomaron por el arco de la puerta, mi madre le miró con severidad y calló la boca de inmediato. Eso disparó mi mente entre un montón de conclusiones pero todas apuntaban a una sola persona: Lilian.

Sentí sus ojos almendrados pasar por donde estaba y no hice más que encogerme, seguí sus ojos con cautela y me di cuenta de que la mirada no era para mi… volteé lentamente y la escena me puso la sangre a hervir.

Tom ya se había sentado un lugar antes del otro extremo de la mesa y le limpiaba la cara al pequeño Eric así que no pudo ver como su esposa permanecía colgada del cuello de Sebastián cerca de las escaleras.

Mi madre pasó con su porte elegante pero arrastró tanto los pies que el sonido de sus tacones resonaba como si tiraras un par de grandes y pesadas cajas, se recargó en la escalera y la mirada horrorizada de Charlotte se convirtió en una llena de esa emoción que le vi cuando habló conmigo la tarde pasada.

No vi más y me volteé de nuevo concentrada en cualquier otra cosa que no fueran esos dos, lo que era muy estúpido porque en mi cabeza solo estaban esos dos ¡Demonios!

¡Estúpida zorra que ni siquiera siente consideración por su hijo o su torpe marido que jamás se da cuenta!

Jerry afortunadamente no vio nada y llegó con su peludo perro amarillo pegado a una pierna y un plato repleto de panqueques.

El animal colocó sus patas sobre mis piernas y a modo de saludo me lamio la mejilla. Todo mi enojo y preocupación se disipó al pasar las manos sobre el espeso pelaje dorado del perro. Amo a ese animal.

Mi burbuja feliz entre lengüetazos de perro y sus patas peludas reventó cuando sentí aquel ardor en mi hombro. El que se provocaba cada vez que Sebastián ponía su mano ahí.

Entonces el peludo animal se abalanzó sobre el y le lamió la cara con felicidad ¡Amo a ese animal!

— ¡Eh! ¡Quieto perro!— protesto Jerry conteniendo la risa.

— ¡Saca a ese maldito perro de aquí! —, gritó mi madre sentándose en su lugar justo en el extremo opuesto a mi, quedando frente a mi…

El perro espantado chilló lastimeramente y se fue de regreso a la cocina.

—Vayan a lavarse—, ordenó mi madre y a regañadientes me paré de la silla observando la mueca burlona de Charlotte sentada a un lado de mi madre como si nada hubiese pasado.

No hay que ser un genio como para saber que el demonio estaba detrás mio y sin prisa caminé al baño de la estancia, cuando tuve enfrente la puerta del baño con uso de toda mi fuerza abrí la puerta tan rápido como pude y me arrojé dentro empujando a Sebastián enfrente de mi.

— ¡¿Qué diablos fue eso?!—, gritamos al mismo tiempo mientras la puerta se cerraba y caí sobre de él.

El piso de baldosas blancas perfectamente limpias parecía una grosería cuando sobre el Sebastián se encontraba tirado, su perfecto rostro, su cabello negro caía sobre su rostro, sus labios entre abiertos y su mirada carmesí chispeante y seductora.

¿Qué estoy pensando? No, esto esta mal, esto esta muy mal… yo amo a Richard más que a cualquier otra cosa, hago todo esto por él y solo por él. Maldita sea ¿Por qué diablos tiene que pasar esto?

Mi mente se quedo en blanco cuando sus brazos tomaron mis hombros con delicadeza, el ardor de la marca me hizo estremecer pero aún más el aliento del demonio a un par de centímetros de mis labios.

Lo miré, hipnotizada, el frio se esfumó y la sensación de calidez que recorría mi cuerpo era abrumadora, el sonido de mi corazón iba al ritmo del suyo y nuestras respiraciones acompasadas… sus ojos brillaron de un rojo intenso al igual que el rubor de mis mejillas. Entrecerré los ojos respirando con dificultad, mi nariz rozó la suya y me mordí el labio avergonzada y pase mis manos sobre su pecho envuelto en esa camisa negra que se le veía tan bien… maldición.

Le vi sonreír levemente y con un dedo levantó mi barbilla para que pudiera verlo directamente a los ojos. La intensidad de su mirada se multiplico y con espantosa lentitud acortó la distancia entre nosotros.

¿Pero que demonios estoy haciendo…? Estoy besándome con Sebastián ¡Eso está pasando…!

Cerré los ojos con fuerza, al demonio… ¿Qué más podía perder? Tan siquiera iba a disfrutar lo que me quedará por el momento hasta que él se comiera mi alma.

La intensidad subió y el calor también, las piernas me temblaban pero ya estábamos tirados uno sobre el otro, no podía caer más, esto era demasiado irreal… entonces entró por mi fosas nasales, el aroma de su colonia y fallecí besándolo con más rapidez.

Sus labios sobre los míos era al cosa más malditamente genial del mundo… pero todo lo bueno tiene que acabar y entonces el aire se acabó en mis pulmones y nos separamos… diablos.

Me apoyé en su cuello sin decir nada, él tampoco dijo nada y cerré los ojos ¡Estaba en el piso del baño de mis padres encima de Sebastián! ¡¿Qué diablos iba a hacer si nos descubrían?!

Chasqueé la lengua y cerré los ojos, aspiré con fuerza… un delicioso olor a fresas apenas perceptible estaba impregnado en su cuello… ¡¿Olor a fresas?!

Todo se vino abajo, me separe tan rápido que todo me dio vueltas y me levanté de un salto.

Sebastián tumbado en el piso me miró confundido.

— ¡Besaste a Charlotte!—, dije al borde de un ataque.

Él me miró incrédulo pero enfadado y se levantó.

— ¡Fresas! Ese es el perfume de esa zorra ¡Hueles a fresas!—, en mi mente se estancó esa imagen de ella colgada de su cuello— ¡Cierto! ¡Te quedaste demasiado tiempo con ella! ¡La besaste! Y luego me besaste ¡¿Creíste que no me daría cuenta?! Además coqueteabas con Stephanie y con Annette ¡Maldito demonio idiota!— grité furiosa acercándome más y más golpeándolo en el pecho con el puño.

Sebastián frunció el seño de manera horripilante, tan enfurecido como yo.

—Yo no la bese—, dijo firmemente y me acorraló bruscamente contra la pared del baño.

—Pero ella a ti si ¡Y tu te dejaste!—, estaba demasiado exaltada.

—Eso no pasó así, nunca dejaría que alguien como ella me besara— arrastró las palabras mientras alzaba la voz, sus ojos reflejaban la cólera en su estado más puro.

— ¿Ah no? —, y yo comencé a ser sarcástica— ¡¿Entonces porqué me besarías si no es para hacer que me olvidé de lo que vi?!

—Tú me besaste—, dijo sin inmutarse y con una mueca de desagrado y decepción colocó su mano en mi hombro y apretó.

— ¡Eso no es cierto!—, protesté roja de la furia.

—Ah, ¿Se ha olvidado ya de su estupidez cuando casi se arroja a la piscina semidesnuda y ebria? Usted me besó—, dijo con sorna y se fue cerrando la puerta estrepitosamente.

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Error, mi cerebro ya estaba hecho puré. Algo estaba mal, ya no era un tonto presentimiento, algo definitivamente ocurría entre mis familiares… al menos con mi madre y sin duda eso tenía que ver conmigo, puede que me ocultará algo y para terminar Charlotte se había enterado. Como deseaba huir de ese lugar e ir a ahorcar a mi hermana.

Dejando de lado la escena del baño, una vez que el demonio salió de ahí me lavé la cara y las manos y salí poniendo mi mejor cara fría para ocultar lo muy confundida y exaltada que estaba por dentro.

Me senté en el comedor ante la mirada de todos mis familiares, en especial a la de cierto demonio que estaba sentado a mi lado, no me atreví a dirigirle la palabra en todo el rato.

No, quizá para mi suerte la situación con mi madre me importaba más que otra cosa por el momento, más aun cuando durante el desayuno observé detalladamente el comportamiento de mi madre, la que estaba inusualmente callada y seria, Charlotte (Zorra infeliz, arrastrada arpía ponzoñosa) que se veía de lo más nerviosa y de ves en cuando murmuraba algo acercándose lo más posible a mi madre quien palidecía y me miraba rápidamente. Algo me estaba ocultando, era algo grande.

Y no lograría saberlo si no le decía nada al estupido mayordomo que fingía ser mi novio. El asunto del baño volvió a estancarse en mi mente… me sentía como una estúpida y debo admitir que también me sentía como una maldita zorra… ¡Estoy comprometida maldita sea! Mi enojo se convirtió en culpa e indignación… que horrible día.

Los panqueques eran muy empalagosos, la miel estaba pegajosa, el café sabía a agua de calcetín y tomar un desabrido y acido vaso de jugo no era una opción viable… todo estaba mal.

Acabé de desayunar, de hecho apenas y mordisque un panqueque y me acabe una taza de café, me acabé medio plato de huevos y apenas y mordí la tira de tocino crujiente ¡Tan mal estaba que ni terminé con el tocino!

Parecía un deprimente robot, contestaba con asentimientos y encogimientos de hombros a cualquier cosa que dijeran mis primos, los que hablaban animadamente con Jerry y con Sebastián… el muy maldito parecía llevarse de maravilla con mi familia y parecía totalmente ajeno a lo que paso en el baño ¡¿Como no?! ¡Es un demonio no tiene sentimientos! Él puede besarse con cualquiera y ni se inmutará. Yo había traicionado a mi prometido y me sentí fatal, pero Sebastián parecía divertirse como nunca hablando de autos con Robert ¡Maldición!

Esperé a que la mayoría terminara sus platos y cuando mi madre se levantó y se fue hacía su habitación, seguramente a arreglarse para salir, me levanté y apresurada llevé mi plato al fregadero, lo lavé y regresé a mi habitación dispuesta a colocarme ropa que no apestará a la colonia de Sebastián y el perfume barato de Charlotte…

—Sami, yo también estaría celosa con un novio como él y con Charlotte rondando— la voz de Annette revoloteó en la habitación ¿Desde cuando estaba ahí?

— ¿Celosa?—, dije estúpidamente ¡Yo no estoy celosa porque para empezar Sebastián no es mi novio!

—Oh, prima, quizá sea más joven que tu y no tenga ni la más mínima idea de lo que es tener novio gracias a mi madre, pero, eres demasiado obvia… mueres de celos admítelo—, dijo mientras se acercaba peligrosamente al mueble donde guarde mi ropa.

¿Celos?

La palara jamás había hecho tanto énfasis en mi cerebro, toda la actividad se detuvo en mi cabeza mientras entonando la voz de mi prima lo repetí una y otra vez

Celos.

La palabra se entremezcló con lo que Sebastián soltó en el baño y como si corrieran la cortina entre lo que olvide estando ebria recordé con exactitud lo que paso ¡Mierda es cierto!

Me senté al borde de la cama con la mirada ida.

—Para eso me tienes a mí, seré diseñadora ¿Lo sabes? Mamá no lo sabe y por eso estudio leyes pero en cuanto terminé la carrera me dedicaré a ser diseñadora—, dijo con ilusión mientras rebuscaba entre la ropa que permanecía en los cajones— vaya, no hay mucho aquí para lo que necesito pero esto servirá—, dijo sacando un par de prendas y las colocó en mi cama con cuidado.

— ¿Para qué necesitas mi ropa? Te quedará grande, soy una talla más— susurré secamente.

—No seas tonta—, dijo soltando su melodiosa risa, anonada la mire expectante— tienes que llamar la atención.

— ¿Eh?—, meneé la cabeza mirando la ropa, unas mayas de licra negra, un blusón con manga de color morado claro y lencería de encaje.

No recuerdo haber empacado eso…

—Tienes que hacer que Sebastián no te quité la vista de encima ¡Con esto estará bien si te presto unas botas y te maquillo un poco!—, el entusiasmo de su voz me trajo de vuelta del limbo.

— ¡¿Eh?!

.

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Me subí a la camioneta de Robert con cuidado, las botas tenían un tacón alto… yo no sabía caminar con tacones, si no moría al caer con ellos me torcería el tobillo o me fracturaba una pierna.

Annette era encantadora, femenina y una loca de la moda… además de una loca insensible al calor y al frio, ella era insensible literalmente mientras que yo temblaba como gelatina al menor cambio de temperatura ¡¿Querían asesinarme o algo así?! Encima de eso yo tenía tanta coordinación en los pies que me tropezaba hasta conmigo misma ¡¿Cómo iba a caminar con esas botas por la superficie enlodada y pastosa del lago y sus alrededores?!

Encima, como iba a montar con esas cosas puestas… las botas no eran el mayor de los problemas si no la pequeña falda tableada a cuadros y el suéter que caía por mis hombros que Stephanie me prestó ¡Mi madre iba a matarme si veía la marca! Por si fuera poco en cualquier descuido se me caería el suéter… yo no tenía tanto busto como Stephanie ni era tan alta como ella… ella era como una supermodelo y yo era una enana que nadaba en su suéter de lana blanca! En todo caso ese no hubiese sido un problema si Annette no me hubiese obligado a quitarme la camiseta que llevaba debajo y si tampoco me hubiese obligado a ponerme esa provocativa lencería de encaje… ¡¿Cuándo demonios empaqué eso?! No quiero ni mencionar la diminuta cosa de encajé entre mis… ¡¿Cómo diablos iba a montar con eso puesto?!

Gemí frustrada cuando Annette y Stephanie subieron a la camioneta, ambas me miraron con una sonrisa cómplice, Steph me guiñó un ojo y Annette asintió mientras se acomodaba sus botas de gamuza rosa.

El tío Alfred se subió enfrente y del lado del copiloto Robert se sentó mientras sostenía en brazos al peludo perro de mi padre, Robin se llamaba.

Por último entró Sebastián y se fue conmigo en la parte de hasta atrás. La camioneta arrancó.

Mi maquillista y vestuarista comenzaron a secretearse, ahora si estaba histérica. Además estaba nerviosa… sentí la mirada del demonio como si fuera a devorarme de un segundo a otro, mi perfume sería descrito como "acto para hacer que alguien se te eche encima a la menor oportunidad" y el conveniente peinado en el que habían rizado ligeramente mi cabello y atado en una coleta de lado la que convenientemente dejaba toda la piel de mi cuello a la vista del lado derecho donde el suéter blanco caía con mayor frecuencia, para joderme a mi misma era del lado de la marca ¡Perfecto!

Permanecí pegada al lado de la ventanilla cruzada de piernas intentando cubrir lo que más se pudiera con la cortísima falda, menos mal que llevaba las mayas, pero era difícil entre decidir que mantener en su lugar, si la falda o el suéter travieso… como fuera no podía pasarme algo peor, estaba a salvo al ir en la camioneta de Robert con el tío Alfred al volante, porque de lo contrario si hubiese ido en el mercedes sola con Sebastián puede que lo del baño llegará a repetirse o peor aún, discutiría con él otra vez y enserio necesitaba contar con él para descubrir que era lo que mi madre ocultaba desesperadamente de mi. Si era sobre lo que yo estaba pensando, me desboronaría.

Me mordí el labio recubierto de brillo sabor cereza y suspiré cruzándome de brazos, observé de reojo a Sebastián, solo tenía su camisa negra encima. Me preocupé. Estábamos a 8 grados y aun con calefacción no llegábamos ni a los 15.

— ¿Por qué no te pusiste una sudadera o algo?—, murmuré bajito volteando a verle.

Creí que no me respondería por la falta de emoción en su rostro, no había sonrisa, creo que estaba enfadado conmigo.

Bajé la mirada pensativa ¿Por qué estaba enojado?

¡Claro le gritaste que se dejo besar por una zorra y anduvo de ofrecido con tu prima!

—… ¿No tienes frio?—, pregunté un poco más alto y me despegué al menos cinco centímetros de la ventanilla.

Observé su cara inmutable, pero aquel brillo suspicaz de sus ojos permanecía mirándome el cuello. Me puse más roja que la camiseta a cuadros de Jerry.

—No—, pareció reaccionar al ver el rubor de mi rostro y la sonrisa de siempre apareció en su cara.

Aparté la mirada incomoda y restregué las manos en la tela de la falda.

Su mirada se intensificó, me sentí insignificante y para relajarme cante bajito una canción que solía alegrarme…

I'm tugging at my hair… I'm pulling at my clothes, I'm trying to keep my cool…— no sirvió y la sensación de sus ojos recorriéndome de la cabeza a los pies se multiplicó al igual que el tono de rojo de mi cara—… I know it shows—, trastabillé sintiéndome tonta y respire hondo—… I'm starring at my feet; my cheeks are turning red… I'm searching for the words in my head…

Entonces me callé, y más avergonzada moví los pies y me senté sin cruzarlos. Torpe canción, torpe letra…

Entonces por primera vez la fortuna me sonrió y la camioneta se detuvo cuando estaba segura de que Sebastián se echaría sobre mí como una bestia hambrienta o yo saltará del vehículo en movimiento, respire aliviada pero el par de diablillas en los asientos de enfrente se tomaron su tiempo en salir… ¡Como deseo tener a mi Isabel aquí para escudarme!

—Ella intentaba decirme algo...—, murmuró Sebastián cuando Stephanie salió de la camioneta.

— ¿Qué?—, al fin pude mantener la mente fría y quitada de la pena me aproximé a su lado curiosa.

—Charlotte quería decirme algo sobre su madre, algo que tiene que ver con usted… por eso se acercó, no quería que nadie la escuchará—, dijo con un semblante que parecía sincero.

— ¿Enserio? ¿Qué más te dijo?— dije desesperada por una respuesta.

— Fue cuando su madre llegó y se llevó a Charlotte evadiendo mi pregunta… lo único que alcanzó a decir fue que—, se aclaró la garganta y se acercó lentamente a mi oído— Tuvo un ataqué, ella tuvo un ataque por los medicamentos

—Oh…— me mordí el labio angustiada y apreté la tela de la falda con fuerza.

— ¿A qué se refiere?—, uso un tono preocupado y me tomo por los hombros.

Pasé saliva con dificultad, palidecí… mis sospechas eran ciertas y mordí con más fuerza mi labio evitando que temblara.

—Lilian—, murmuré con la voz débil.


Cha cha chan! Ya, el coso rojo aún no está ahí pero... como que ya se hacen una idea, o no? ._. hasta aquí llegue con los capítulos que ya tenía escritos así que e_é haciendo cálculos el siguiente es para este Viernes y ahora si, a meter presión... ummm tengo pensado actualizar de una a dos veces por semana si todo va bien en cuanto a la inspiración y esas cosas para que se me ocurran otras torturas más creativas (? xD Pero por hay si tienen alguna sugerencia de como se hará esto de ahora en adelante en cuanto a las fechas y actualizaciones bienvenidas serán...

Hmp, E! Fuera de eso no tengo más que decir

RECUERDEN DEJAR MUCHISISIMOS REVIEWS! Amo contestar reviews... me hacen estúpidamente feliz y alegre x) So, Common people your comments increase my hapinness!

Sam, la que los ama con todo su enrarecido, frió y achicharrado corazoncillo de pollo! C: