Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 17
Desde el primer momento en que dio un paso fuera de su casa, la oscuridad del cielo se extendió por encima de él dejándole muy en claro que el día de hoy no sería nada agradable. Gohan, tratando de aparentar un mejor estado de ánimo, desayunó junto a su hermano y madre masticando con rapidez deseando marcharse a la escuela lo más pronto posible.
Milk, pudiendo leer entre líneas, se limitó a desearle buena suerte recalcándole infinitamente cuánto lo amaba. Despidiéndose de él con un beso y un abrazo, la esposa de Goku lo vio partir con una notoria urgencia internándose entre las grises nubes que rodeaban las exóticas montañas Paoz. Viéndolo convertirse en un diminuto punto en la lejanía, Milk no ocultó su amarga tristeza.
Gohan, tolerando una leve pero molesta fiebre, se reclamaba a él mismo por no haberse cubierto durante la fuerte tormenta que lo golpeó la noche anterior. La época de lluvias, adueñándose del clima, llegó para hacerse sentir desatando violentos aguaceros que daban la apariencia de ser huracanes. Pese al resfriado que lo embargaba, el saiyajin se negaba a permanecer en cama.
Necesitaba aire fresco; necesitaba una pizca de soledad.
Haber visto en sueños la muerte de su padre únicamente empeoró su humor, revivir ese terrible instante resucitó toda la culpa y el odio que tenía guardado para sí mismo. Cada vez que cerraba los ojos podía ver el rostro de su papá sonriéndole antes de desaparecer, tal imagen le resultaba tan real que juraría que perdería la cordura si aquel espejismo no se terminaba.
– Por favor hijo, dile a tu mamá que me disculpe–otra vez, sin que fuese capaz de evitarlo, Gohan escuchó las palabras de su padre como si éste se encontrase justo frente a él–siempre hice las cosas a mi manera sin hacerle caso. Estoy orgulloso de ti, cuídate mucho, Gohan…
– Papá, ojalá estuvieras aquí…
Sin embargo, aquella pesadilla vino a recalcarle un hecho fundamental: sino actuaba con firmeza, la situación de Videl y Shapner se volvería incontrolable e irreversible. Si bien los espió durante su cita en el cine, Gohan todavía no reunía todas las piezas del rompecabezas que le permitirían comprender la estrategia del rubio. No tenía ni idea de cómo Shapner logró acercarse tanto a ella.
Fastidiado, Gohan detestaba tener que admitir su desventaja al compararse con Shapner a la hora de socializar con mujeres. No obstante, algo dentro de él continuaba diciéndole que aquello no era más que una cortina de humo. Videl, la verdadera Videl que admiraba por su valentía y agallas, jamás caería como una tonta enamorada en los brazos de Shapner.
No tenía las pruebas para demostrarlo; aunque sabía que no se equivocaba.
Teniendo muy presente su grave equivocación siete años atrás, Gohan se exigía no tropezar con la misma piedra. Y es allí, justamente allí, que el instinto saiyajin se combinó con las emociones humanas creando una volátil mezcla de ira y celos. Ver a Shapner y Videl juntos era una cosa; pero verlos como pareja tomándose de la mano y besándose, le hacía hervir la sangre.
Era tal su disgusto que, de no controlarse, explotaría como ante Cell.
– Vaya, me halaga mucho saber que no me has olvidado…
Deteniéndose, interrumpiendo su vuelo de golpe, Gohan se paralizó al oír una voz familiar. Girándose, moviéndose lentamente hacia atrás, se percató como una espesa neblina lo rodeaba bloqueando la luz del sol robándole el color a una mañana nada feliz. Cerrando los puños, desconfiando de todo, Gohan pensaba proseguir cuando aquella presencia se manifestó otra vez.
– Si no fuera porque reconocí tu ki, hubiera pensado que eras un patético humano más…
– ¿Qué es esto? –Replegándose, Gohan venía varias siluetas moviéndose en la niebla sin conseguir identificar qué eran– ¿qué está ocurriendo aquí?
– Pensé que te alegrarías al verme de nuevo; sobre todo luego de lo espectacular que fue nuestra batalla…
– Sé muy bien quién eres, reconocería esa voz en cualquier parte–confundido, rastreando hasta la más diminuta huella de ki, Gohan no hallaba nada en sus alrededores aunque los cabellos de todo su cuerpo se erizaron al unísono–lo que no entiendo es cómo es posible que estés aquí…
– La verdad ni yo mismo me lo explico, únicamente sé que estoy aquí haciéndote compañía…
Gohan, agudizando su vista, notó como una mancha negruzca resaltaba entre la densa capa nubosa adquiriendo una forma más definida a medida que transcurrían los segundos. Tal suceso, propició que aquella entidad maligna lograse solidificarse apareciendo con claridad frente a él. Y Gohan, quedándose petrificado, a duras penas pudo pronunciar el nombre de aquel vil ser.
– Cell…
– No pongas esa cara Gohan, se supone que esto es una inocente reunión de amigos–flotando hacia él, Cell le veía dibujando una hipócrita y falsa sonrisa manteniéndose de brazos cruzados.
– ¿Amigos? –Pasando del asombro a la furia, Gohan se envalentó acercándosele–tú y yo nunca seremos amigos, eso nunca sucederá.
– ¡Qué cruel eres, Gohan! –Replicándole con una fingida modestia, el androide de piel verdosa negó con la cabeza–jamás sospeché que fueras una persona tan rencorosa…
– ¿Cómo es posible que estés vivo? –Ignorando las burlas de Cell, Gohan lo señaló exigiéndole respuestas ante su imposible regreso– ¡deberías estar en el infierno!
– Ya te lo dije hace un segundo: no sé por qué estoy aquí, simplemente aparecí frente a ti.
– ¿Y qué es lo que quieres? –Poniéndose en su postura de pelea, Gohan se olvidó por completo de la preparatoria y demás trivialidades– ¿acaso quieres volver a pelear conmigo, Cell?
– La oferta suena muy tentadora, me encantaría tener la revancha contigo algún día–actuando con una inusual tranquilidad, Cell no perdía su engreído tono de voz–pero creo que tendremos que esperar por otra ocasión, como no tenía contemplado regresar a la Tierra mi poder no es el adecuado para desafiarte. Aunque, siendo honesto contigo, me decepciona que ya no poseas aquella fuerza tan impresionante con la cual me venciste. Supongo que abandonaste los entrenamientos después de mi torneo…
– Eso a ti no te incumbe–increpándolo, Gohan sólo se mentalizaba en comprender cómo era posible que Cell estuviese allí hablando con él.
– Es gracioso, has crecido mucho desde la última vez que nos vimos–soltando una carcajada, Cell giró su cabeza hacia la derecha mirando en la distancia a Ciudad Satán–y por la forma en que vistes, imagino que te diriges a la escuela.
Gohan, desconcertado por la actitud de aquel villano, guardó silencio vigilándolo con atención.
– No quiero demorarte, Gohan. Tal vez deberías apresurarte o llegarás tarde–mirando con más interés la urbe en la lejanía, Cell cambió de posición preparándose para volar–y ya que estoy aquí, me gustaría acompañarte…
– ¡Qué!
– ¡Apresúrate o te quedarás atrás! –vociferando, Cell salió disparado a gran velocidad dirigiéndose directamente hacia Ciudad Satán ante la mirada incrédula de Gohan.
– ¡Cell, detente! –Reaccionando tardíamente, Gohan le gritó emprendiendo una desesperada persecución por alcanzarlo y detenerlo– ¡ni se te ocurra matar a alguien!
Pasmado, sin darle crédito a lo que sucedía, Gohan volaba como un demente esforzándose al máximo por recortar la ventaja que Cell mantenía sobre él. Aquello no tenía ni el más remoto sentido, hacía unos minutos su cabeza debatía cómo detener a Shapner y ahora, sin tener idea de qué hacer, perseguía al que fuese su peor enemigo y el autor de sus más dolorosas desgracias.
Tal cosa era completamente inverosímil; a excepción de ser resucitado por las esferas del dragón, no existía otra manera para que Cell hubiese retornado a la Tierra. Empero, aumentando su desconcierto, Gohan no hallaba una explicación coherente para el comportamiento tan relajado de quien amenazase con exterminar a la raza humana tiempo atrás. Este Cell era diferente.
El Cell que recordaba no habría tenido la gentileza de conversar con él, el Cell despiadado que conocía lo hubiese atacado dando todo su poder con tal de asesinarlo y vengarse. Aún así, la situación estaba tomando otro contexto. Y al darse cuenta que Cell se le escapaba de las manos, Gohan se vio forzado a teñirse de dorado para volar con muchísima más potencia.
– ¡Me doy cuenta que los años te han afectado, Gohan! –Girándose levemente, Cell le habló sin dejar de volar– ¡te has vuelto muy lento!
– ¡Ya basta, ya fue suficiente! –Más enojado que antes, Gohan comenzaba a perder la paciencia hartándose de la conducta anormal de Cell– ¡detente inmediatamente, no estoy de humor para juegos!
– ¡Pero yo sí!
Divirtiéndose, como si se tratase de una competencia o una carrera, el denominado androide perfecto aceleró a fondo realizando varias piruetas y maniobras acrobáticas siendo perseguido por un Gohan que, por más que lo intentaba, veía con frustración como no lograba detenerlo por más que se empeñaba en hacerlo. Cell, actuando como un niño, meramente se burlaba de él.
En cuestión de pocos minutos; tanto Cell como Gohan, completaron el larguísimo trayecto desde las montañas Paoz hasta la escandalosa Ciudad Satán sobrevolando algunos rascacielos y carreteras. Gohan, preocupándose por la seguridad de sus habitantes, temía que Cell atacase la metrópoli desatando un genocidio que cobraría la vida de incontables víctimas.
Goku, sin dudarlo, se había sacrificado para evitar precisamente eso y no permitiría que el acto desinteresado de su padre terminase en vano. Era verdad que desde que terminó aquella horrible batalla dejó los entrenamientos para tener una existencia más pacífica; sin embargo, de ser necesario, pelearía nuevamente con Cell asegurándose que esta vez no regresase nunca más.
Pese a su determinación, Gohan se llevó otra sorpresa cuando al terminar de atravesar una nube observó a Cell flotando tranquilamente mirando los alrededores tal y como lo haría un turista. El saiyajin, sin perder su escepticismo, se apresuró y optó por ser él quien iniciase con las hostilidades. Trataría de alejarlo de la ciudad, ese sería su primer objetivo.
Apretando los puños, Gohan preparó un explosivo puñetazo enfilándose hacia Cell confiando en que aquel ataque fuese el inicio de una victoria. Con aquella esperanza en sus adentros, Gohan ejecutó su ofensiva al situarse a ínfimos metros de Cell. Pero, arruinando totalmente sus planes, el androide con las células de los mejores artistas marciales del mundo, se le adelantó.
– ¿Acaso no me escuchaste, Gohan? –Sosteniendo el puño de Gohan con una sola mano, Cell ni siquiera se tomó la molestia de voltearse para verlo–te dije muy claramente que no estoy aquí para pelear contigo, por más que intentes provocarme no lucharé contra ti…
– Me niego a confiar en ti, no te creo…
– Gohan, si quisiese hacer algo ya lo hubiese hecho–sonriéndole otra vez, Cell usó su otra extremidad para señalarle un edificio en el suelo–olvídate de tus tontos deseos por enfrentarme, si no te das prisa llegarás tarde a clases…
Sin darle la oportunidad de objetar, Cell se desapareció en menos de un pestañeo evadiendo la sólida vigilancia de Gohan. Aunque, para alivio del primogénito de Son Goku, no se demoró en localizarlo viéndolo aterrizar suavemente en la explanada de concreto que funcionaba como entrada de la preparatoria, la cual, se encontraba repleta de estudiantes.
Regresando su cabello a la normalidad, Gohan descendió en picada aterrizando detrás de un frondoso árbol asegurándose de no ser visto por nadie en los alrededores. Cell, saludándolo con un ademán, se mantenía inmóvil junto a una caseta telefónica. Tal escena le resultó increíble a Gohan, ninguno de los muchos allí reunidos se inmutó ni se alteró con la presencia de Cell.
– No pongas esa cara, parece que hubieras visto a un fantasma…–caminando con lentitud, los pasos de Cell resonaban con su característico rechinido que retumbó en los oídos de Gohan–además no olvides que no quieres que nadie sepa de tus poderes, te recomiendo que seas más discreto…
– ¿Cómo sabes todo eso? –pasando de la ira absoluta al rotundo desconcierto, Son Gohan le preguntó con un inaudible susurro– ¿tú no eres el verdadero Cell, quién eres en realidad?
– Quizás deberías ir a la enfermería de la escuela, la fiebre que padeces se hizo más fuerte–comprobando su temperatura al tocar la frente de Gohan, Cell se preocupó genuinamente por él–sino haces algo al respecto podrías enfermar seriamente. Y la próxima vez que esté lloviendo, al menos cúbrete con un paraguas…
Comprobando su propia temperatura, Gohan se dio cuenta que las palabras de Cell no eran una mentira. Lo que en un inicio fue una fiebre muy leve, en muy pocos instantes se había fortalecido ganando el triple de intensidad. Despacio, levantando su vista del suelo, las retinas de Gohan se posaron en las de su extraño acompañante aún incrédulo que él estuviese allí.
– No has respondido a mi pregunta–susurrando, teniendo la precaución de no ser escuchado por cualquiera de los que hallaban allí, Gohan le cuestionó a aquella entidad que tomaba la apariencia de Cell– ¿quién eres, acaso estoy delirando?
– No tiene caso responder a una pregunta cuya respuesta es obvia–ladeándose, Cell empezó a alejarse de él enrumbándose hacia el interior de la preparatoria–por otro lado, fuiste tú quien pensó en mí y yo solamente aparecí…
– Esto tiene que ser una broma, he perdido por completo el juicio.
Sin más alternativa, y escuchando como la campana de la escuela se hacía notar, Gohan caminó detrás de Cell viendo con asombro que nadie más se percatara de él. Tal cosa, sólo le indicaba que ese individuo frente a él no era más que un producto de su imaginación. Convencido de ello, la siguiente preocupación de Gohan fue cómo deshacerse de él.
– Ya que estoy aquí, aprovecharé la oportunidad para mostrarte algo que debes ver. Y no te preocupes por mí, tan pronto como lo veas me iré…–leyendo sus pensamientos, el falso androide le replicó mientras se abría paso entre los centenares de jóvenes que se apresuraban hacia sus salones–y así comprenderás que haberme vencido hace siete años fue inútil, entenderás que no debes tenerle compasión a los humanos…
– ¿De qué demonios estás hablando, Cell? –percatándose como una jovencita se volteó a mirarlo con una expresión confundida, Gohan se reprendió a él mismo y volvió a preguntar pero con voz muy baja– ¿a qué te refieres con todo eso?
– Pronto lo verás…–con una media sonrisa propia del verdadero Cell, éste continuó caminando por los corredores de la escuela doblando en una esquina.
Gohan, diciéndose a él mismo que se estaba volviendo loco, conjeturó que todo esto no era más que una alucinación muy vívida y realista creada por el resfriado que padecía. Aquello; si bien le sonaba lógico en cierta forma, también le parecía una ridiculez. Esta no era la primera vez que enfermaba de algo así; empero, jamás experimentó nada igual.
No debería perder el tiempo escuchando a una estúpida ilusión, debería dar media vuelta para buscar a Videl y a Shapner encargándose del rubio de una vez. Quizás esta situación le enfurezca tanto como su pelea con Cell, pero esa no era justificación para interesarse más en un monstruo tan despreciable como él. No obstante, frenando en seco, Cell se detuvo.
– ¿Ahora qué? –Fastidiado, Gohan tiró la toalla–ya me di cuenta que esto no es más que una especie de retorcido sueño; y como no eres real, no puedes hacerle daño a nadie así que me largo de aquí.
– Espera Gohan, aún no has visto lo que quiero mostrarte.
– No me interesa.
– ¿En serio? –Con sarcasmo, Cell le debatió–pensé que esa chica llamada Videl era de tu interés, fue por ella que te traje hasta aquí.
– ¿Videl? –Regresando, Gohan no supo describir la sensación que lo embargó cuando Cell pronunció aquel nombre– ¿cómo sabes de ella?
– La conozco porque tú la conoces–girándose, Cell le apuntó a la puerta de un salón a su derecha–deberías darle un vistazo a ese salón, creo que encontrarás algo que te dejará sin palabras…
Su conciencia le decía que se marchara; sin embargo, sintiendo una incómoda opresión en su pecho, Gohan miró de reojo a Cell quien le asentía con la cabeza animándolo a abrir la puerta. El saiyajin, extendiendo su mano sin que pudiese resistirse, se aferró al pomo de la cerradura comenzando a girarla bajo la atenta mirada de Cell quien esbozaba una mueca complacida.
Delicadamente, teniendo sumo cuidado de no delatarse, el corazón de Gohan casi se paró cuando escuchó una serie de ruidos que provenían desde el interior de aquella aula. Gohan, volteándose hacia Cell, se le quedó mirando por un santiamén antes de envalentonarse para investigar lo que allí sucedía todavía sin saber por qué obedecía a las indicaciones de Cell.
– Por favor Shapner, detente. No estoy lista para hacer algo así…
– Confía en mí, será algo inolvidable…
Reconociendo en el acto aquellas dos voces, Gohan se adentró en esa habitación aprovechándose de la oscuridad que allí reinaba. Con cautela, controlado por una curiosidad casi sobrenatural, Gohan se agachó escondiéndose detrás de un armario de libros escolares asomándose apenas unos cuantos milímetros para no ser detectado.
Al fondo, en una pared, justo en la esquina opuesta donde él se ubicaba, Gohan los vio. Eran Videl y Shapner quienes, estando demasiado cerca para el gusto de Gohan, conversaban entre ellos teniendo sus rostros frente a frente. Gohan, por su parte, se mantenía petrificado observando todo llenándose, gradualmente, de una dolorosa amalgama de rabia y tristeza.
– Te amo Videl, estoy loco por ti desde niño–Shapner, recitando su repetitivo discurso por enésima vez, le declaraba su amor a una Videl que le respondió con un tímido sonrojo–nunca nadie podrá amarte tanto como yo, nadie.
– Lo sé, me has dicho eso mil veces.
– ¿Me amas, Videl? –presionando sus cuerpos, estando abrazados y reclinados contra una pared, Shapner le masculló–respóndeme, Videl… ¿me amas?
– Sí…
Rodeando su cuello e inclinándose hacia adelante, Videl le contestó además de obsequiarle un efusivo beso que Shapner no se demoró en corresponder. Gohan, desde su escondite, no pudo disimular sus sentires estrujando sus puños a su vez que sus brazos temblaban. Cell, a sus espaldas, le dedicó una burlesca carcajada sin dejar de ver a aquella pareja de adolescentes.
Shapner, sacando a relucir sus carnales pretensiones por ella, le besó con cada vez más ímpetu atreviéndose a explorar la boca de Videl con su lengua, a lo cual, ella le imitó emitiendo un sonoro concierto de quejidos. Aunque, enfureciendo más a Gohan, los inquietos dedos de Shapner se cansaron de sólo abrazarla descendiendo con prisa hasta la cintura de Videl.
Y allí, sosteniéndola de su femenina figura, Shapner se aferró a ella llevando hasta el límite la fortaleza de su extremidad izquierda consiguiendo levantarla unos cuantos centímetros del suelo. Ignorando el dolor de su hombro lastimado, Shapner la colocó con suavidad encima de una mesa cercana negándose a dejar de besarla.
No soportando tanta cólera, la cordura de Gohan fue debilitándose cediéndole el control al instinto saiyajin que, con su natural salvajismo, empujó a Gohan haciendo que se pusiese de pie. Ya no le importaba que lo vieran; al contrario, se indignaba que un patán como Shapner tuviese la osadía de continuar con sus fechorías pese a las graves lesiones que padecía.
– ¡Espera Shapner, detente por favor! –Videl, cegada por las caricias y besos de Shapner, aún no se daba cuenta que eran vigilados muy atentamente por Gohan–ya te dije que no estoy lista para hacer algo así, no me siento cómoda…
– Mi amor, no tengas miedo–insistente, queriendo complacer sus fantasías con ella, Shapner se esmeró en hablarle con un tono romántico que disimulase su impaciencia–sólo quiero demostrarte lo mucho que te amo, te prometo que después de este día te amaré el triple…
– Es que no estoy segura, alguien podría vernos–irónicamente, seguía sin notar a Gohan a unos metros de distancia–si mi padre se entera, me matará…
– Ya te lo dije, confía en mí…–con una amplia sonrisa, Shapner le robó un beso mientras su mano izquierda se internaba bajo la blusa blanca de Videl acariciando con sus yemas la erizada piel de su novia–no tienes idea de cuántas veces soñé con este momento, por favor déjame demostrarte mi amor…
– Como me salvaste la vida en aquel tiroteo, supongo que te debo una–bajando sus defensas, la Videl valiente e intrépida que Gohan recordaba se evaporó para ser reemplazada por una Videl débil y sumisa atrapada en las redes de Shapner–sólo se amable conmigo, esto es nuevo para mí…
Habiendo escuchado las palabras de Videl, Gohan veía confirmadas sus sospechas las cuales le indicaban que Shapner, muy descaradamente, le sacaba provecho a la culpa que Videl sentía por el disparo que él recibió. Tal cosa, le permitía al sinvergüenza de Shapner sobrepasarse con la otrora justiciera cumpliendo sus asquerosos impulsos y deseos.
– No tengas miedo, Videl–susurrándole, Shapner no se detuvo por nada del mundo–ya verás que te gustará…
Sujetando aquella prenda de vestir, Shapner fue elevando la blusa de Videl despojándola lentamente de ésta. Pronto, alimentando el fuego que ardía en él, el bello vientre de la antigua heroína de Ciudad Satán fue apareciendo ante Shapner a medida que la desnudaba. Su ombligo, libre de cualquier barrera, le hizo tomar una efímera pausa antes de terminar con su faena.
Con cada milímetro que Shapner desvestía, la paciencia de Gohan se iba por el caño sabiendo que no podría contenerse por mucho más. Ya no le interesaba saber cómo Shapner la convenció para llegar hasta este punto, únicamente deseaba destrozarlo convirtiéndolo en un inmundo cadáver. Porque, de ser necesario, Gohan lo borraría del mapa sin tener el más minúsculo remordimiento.
Y aquello era más que necesario, alguien debía ponerle un alto a Shapner y ese alguien sería él.
– Eres preciosa, bellísima… –arrojando la camiseta de Videl al suelo, Shapner se tomó un segundo para admirarla en toda su gloria.
Gohan, trastabillando, se paralizó justo cuando pretendía intervenir quedándose parado mirándola sin articular ni una frase. Videl, sonrojada y apenaba, trató de cubrirse un poco al ver la expresión de Shapner quien no apartaba sus retinas de su sostén. Siendo aquel el último obstáculo que le impedía admirar sus senos desnudos, Shapner no vaciló en desaparecerlo de su vista.
– ¡Basta, ya he visto suficiente!
Necesitando de tan sólo un movimiento para completar su desfachatez, Shapner se sobresaltó al oír el potente grito de Gohan viendo como su esperada oportunidad se esfumaba sin que pudiese evitarlo.
– Tienes cinco segundos para alejarte de ella o no me haré responsable de lo que te pase–si bien su cabello permanecía completamente negro, sus ojos brillaban con un fulgor turquesa presagiando que en cualquier momento se bañaría en oro–aléjate de ella ahora mismo…
– ¿Cómo demonios nos encontraste? –Haciendo caso omiso a las advertencias de Gohan, Shapner simplemente se volteó para responderle sin mostrar signos de temor– ¿y quién te crees que eres tú para decirme lo que puedo o no hacer con mi novia?
– Eres un cerdo, un maldito charlatán–caminando hacia él, Gohan se olvidó de Cell quien le veía con gran diversión–traté de ser amable, traté de no llegar a esto pero no me dejaste opción.
– Escúchame bien, idiota–poniéndose cara a cara con Gohan, Shapner lo seguía mirando como el nerd del salón al cual le hacía bromas todos los días–tú no eres nadie para venir a amenazarme, no eres más que el tonto de la clase que saca buenas calificaciones en los exámenes. Así que mejor lárgate por donde viniste y no te metas en lo que no te importa…
– No, no pienso irme de aquí sin primero darte una lección…
– ¿Tú piensas darme una lección? –Burlándose, Shapner levantó su puño izquierdo poniéndolo al lado del rostro de Gohan–no tienes idea con quién te estás metiendo, sabelotodo. Aunque sólo pueda usar una mano puedo darte una golpiza; además, no tendrías el valor de pelear conmigo.
– ¿Acaso no piensas hacer nada, Gohan? –Cell, uniéndoseles, se aproximó a Gohan llenando aquel salón con el rechinar de sus pies–pudiste vencer a alguien tan poderoso como yo; pero no te atreves a hacer lo mismo con una hormiga como él.
– Esto es muy diferente, él es un simple humano–respondiéndole al androide, Gohan pasó por alto que tanto Shapner como Videl no se alteraron por la inesperada intervención de Cell–él y tú no son iguales.
– Te equivocas, no hay diferencia alguna entre él y yo–posicionándose a la derecha de ambos, Cell prosiguió con su argumento–esto era lo que quería mostrarte, debes entender con qué clase de sabandijas estás tratando. Los humanos son malagradecidos, oportunistas y ruines por naturaleza, pasaste por un infierno para derrotarme sólo para ver cómo estos insectos te escupen al rostro.
Cell, echándole más leña a la hoguera, dejó mudo a Gohan quien clavaba su mirada en la arrogante y petulante expresión facial de Shapner. El hermano de Goten, tratando de ignorar al androide, se repetía mentalmente que el rubio era un simple ser humano, utilizar sus poderes contra él lo rebajarían al mismo nivel de los monstruos que combatió desde niño.
No obstante, los alegatos de Cell hacían eco en los pensamientos de Gohan destrozando la endeble barrera que su cordura construyó para contener al animal salvaje que vivía en sus entrañas. Shapner, sin borrar su burlesco semblante, continuaba encarándolo actuando como el típico bravucón buscapleitos que imponía su dominio empleando la intimidación y el miedo.
Aún así, de seguir provocándolo, sería Shapner quién experimentaría el verdadero terror.
– ¿Qué te ocurre, idiota? –Shapner, queriendo darle un empujón, lo golpeó con un poco de fuerza descubriendo que no consiguió moverlo ni una pulgada– ¿acaso ensuciaste tus pantalones?
– Gohan, mejor vete de aquí–Videl, cubriéndose con sus brazos, se ganó la atención del pelinegro–todo está bajo control, márchate antes que termines en la enfermería hecho pedazos.
– ¡Deja de contenerte, demuéstrale lo que puedes hacer! –Cell, agrandando la intensidad de las llamas, simplemente quería ver el mundo arder gracias a la locura descontrolada de Gohan–el mundo entero te ha pisoteado, Gohan. Nadie te da las gracias por haberlos salvado de mí, todos te ven como una basura sin valor. Incluso un payaso ridículo se pavonea diciendo que él me venció, el sacrificio de tu padre ha sido olvidado por toda la humanidad. No merecen tu compasión…
– ¿Qué quieres que haga entonces? –Posando su vista en Shapner, Gohan le consultó a Cell quien iba manipulándolo como a una marioneta.
– Si de verdad te interesa esa chica; si de verdad te importa tanto, entonces actúa como un guerrero, actúa como un saiyajin. Enfréntalo con la misma crueldad y rabia con la cual me enfrentaste a mí, deja de buscar excusas estúpidas para perdonarle la vida y demuéstrale lo insignificante que es en realidad. Hace unos minutos prometiste que harías todo lo que fuese necesario por alejarlo de ella, ya es tiempo que lo demuestres…
– Hazme un favor, lárgate por dónde viniste y déjame con mi novia a solas–Shapner, volteándose hacia Videl sin tener la más mínima preocupación, se disponía a reanudar sus sucias acciones–ambos queremos pasarla bien juntos, preferimos no tener público mirándonos…
Sin interesarle que Gohan estuviese viéndolo, Shapner extendió su brazo explorando la espalda de Videl buscando con sus dedos cómo desabrochar el sostén que ella llevaba puesto. Gohan, sintiendo que la represa de sus emociones reventó, supo que no podía retroceder. Ya no había espacio para diálogos amistosos ni para más salidas diplomáticas, aquello se acabó por completo.
Haber confiado en la buena voluntad de Shapner, fue lo que permitió que éste abusara de la culpabilidad de Videl casi obligándola a entregarse a él como si fuese un objeto. Y allí, entrando en piloto automático, Gohan plantó una de sus manos en el hombro de Shapner interrumpiéndolo cuando se preparaba para terminar de desnudar la hermosa silueta de porcelana de Videl.
– Te lo advertí, te lo advertí…
Shapner, quien pretendía decirle algo, enmudeció al percatarse como los escritorios y sillas en aquella aula comenzaban a sacudirse igual que en un terremoto. Los cristales de las ventanas, agrietándose y quebrándose, fueron otro indicativo que la tolerancia de Gohan ya no resistió más. El rubio, girándose hacia él, se quedó boquiabierto al mirar diminutas chispas eléctricas en Gohan.
– Desde que esto comenzó no has sido más que una maldita rata, sabes muy bien que Videl se siente culpable por el disparo que recibiste, sabes muy bien lo mal que ella se siente…–teniendo problemas para hablar con fluidez, el enojo de Gohan le hacía apretar tanto sus dientes que casi no podía separarlos–dices amarla de toda la vida pero con tus actos sólo demuestras lo contrario; tú no sientes amor por ella, solamente quieres arrancarle la ropa y presumir que Videl Satán fue una de tus conquistas. Me das asco, eres un malnacido infeliz…
Si bien Shapner se dispuso a replicarle, su voz se apagó cuando un estallido de luz tremendamente luminoso lo tomó desprevenido encegueciéndolo sin remedio. Gohan, escuchando su corazón bombeando como no lo hacía en muchísimo tiempo, aplicó más presión en su agarre generándole un dolor indescriptible a Shapner quien gritó liberando una mezcla de pánico y sufrimiento.
– Eso es Gohan, enséñale a este renacuajo quién manda aquí–Cell, alejándose de ambos, le dio espacio a su antiguo rival para que hiciese con Shapner lo que quisiese–ofrécele el mismo terror que me diste a mí…
– ¿Pero…pero qué es esto? –Experimentando una transición de la confianza a la inseguridad, Shapner sentía como su hombro lastimado se desgarraba un músculo a la vez amenazándolo con quedar lisiado– ¿quién eres…?
– En un segundo lo averiguarás…
Mirándolo como si fuese uno de los Cell Juniors que destrozó en aquella pelea, para Gohan la delgada línea que separaba lo moral de lo incorrecto se borró debatiendo de qué forma haría que Shapner pagase por todas sus bajezas. Moviendo su cabeza hacia Videl, Gohan contempló el horror que ella esbozaba en sus facciones susurrándole que todo esto era por su propio bien.
Sólo quería ayudarla.
Sólo quería protegerla de él.
Sólo quería salvarla de las sucias artimañas de Shapner.
– Te arrepentirás de haber puesto tus manos en ella…
Levantándolo, como si pesase menos que una pluma, Gohan lo arrojó contra el pizarrón escuchando el impacto sin importarle cuántos huesos se haya roto. Shapner, empotrado en el cráter que él mismo creó al chocar, convulsionaba incontrolablemente ahogándose en la sangre que se escurría de su boca. Gohan, satisfecho y complacido por su obra, se le acercó ávido de más.
Halándolo de su chaqueta y tirándolo al suelo, Gohan lo pateó con tal rencor que le destrozó varias costillas en un pestañeo. En ese instante se olvidó de todos: de su madre, de su hermano, de su padre, de Picorro y demás amigos. La única idea en su mente corrompida era pulverizar a Shapner, dicha ambición no se esfumaría hasta que finalmente la concretara.
– ¿Qué pasa, adónde se fueron tus ánimos? –Sintiéndose infinitamente superior a Shapner, Gohan se comportaba con la misma arrogancia que le nubló el juicio ante Cell siete años atrás–pensé que al menos intentarías defenderte…
Agonizante, padeciendo múltiples contusiones y hemorragias, Shapner a duras penas podía soltar algunos lamentos.
– ¿Te das cuenta de la realidad, ahora comprendes lo minúsculo que eres? –Poniéndose de cuclillas junto a un malherido Shapner, Gohan sujetó su brazo izquierdo mientras el rubio le veía con una evidente dificultad–desde que llegué a esta escuela no has hecho nada más que sentirte como una celebridad, piensas que el mundo gira a tu alrededor y que eso te da el derecho de hacer lo que quieras con los demás. Pues déjame decirte que te equivocas…
Sin aviso, simultáneamente que sus labios sonreían del mismo modo que Freezer o Cell, en una sola maniobra Gohan le retorció el brazo a Shapner rompiéndoselo ante la mirada aterrorizada de una Videl que no reconocía al Gohan frente a ella. Shapner, incapaz de seguir gritando, únicamente demostró su agonía con la pálida y casi inerte tez de su cara.
– Y ahora…–elevando su mano derecha, Gohan se preparaba para apuñalarlo con ella teniendo como objetivo el corazón del rubio–envíale mis saludos al demonio…
– ¡Alto, detente Gohan! –Cell, inesperada y milagrosamente, alzó la voz deteniendo a Gohan a ínfimos centímetros de asesinar a Shapner.
– ¿Por qué me detienes, Cell? –Girándose hacia el androide, Gohan lo interrogó– ¡no te entrometas!
– No pienso detenerte; al contrario, quiero darte una sugerencia…
– Habla.
– ¿Recuerdas cómo acabé con el inútil de Número Dieciséis? –Carcajeándose, Cell le hizo hacer memoria–sé que lo recuerdas, es imposible que lo hayas olvidado.
– Claro que lo recuerdo, jamás olvidaría algo así–teniendo muy fresca en sus recuerdos aquella escena, Gohan no lo pensó mucho y se irguió observando a Shapner tendido en el piso–nunca pensé que algún día estaría de acuerdo contigo; no es mala idea.
Cell, con un sutil ademán, lo incitó a continuar a lo cual Gohan no se tardó en colocar un pie sobre la cabeza de Shapner. A diferencia de Cell, Gohan no lo mató de inmediato optando por torturando lentamente al ir aplicando más presión poco a poco. Como resultado de aquello, los oídos de Videl escucharon los más horrendos y espantosos clamores que alguien pudiese dar.
Oyendo como su cráneo se fisuraba a raíz de la compresión, la escasa lucidez que Shapner aún conservaba fue mermándose sin que nada ni nadie hiciese algo por salvarlo. Divirtiéndose, haciéndolo pagar por sus engaños y jugarretas, Gohan vio desde un asiento de primera fila como los globos oculares de Shapner se salían de sus cuencas a su vez que su anatomía se deformaba.
– Adiós…
Dándole la estocada final, con las risas de Cell musicalizando el ambiente, Gohan lo aplastó en su totalidad presenciando como incontables trozos de masa cerebral y otros tejidos salieron volando salpicando los alrededores. Cubierto con la abundante sangre derramada de Shapner, Gohan se giró hacia Videl queriendo decirle que era libre del rubio y que él se encargaría de cuidarla.
Empero, Videl no le miraba como él lo esperaba.
– ¡Aléjate de mí, aléjate de mí! –sin importarle estar semidesnuda, Videl vociferó con todas sus fuerzas queriendo huir de él– ¡eres un monstruo, eres un monstruo!... ¡aaaahhhhhhhhhhhh!
– ¡Ahhhh!
Abriendo los ojos de golpe, empapado con una gruesa y goteante capa de sudor, Gohan regresó a la realidad oyendo el insistente timbrar de su despertador. Reaccionando con torpeza, todavía inseguro de dónde estaba y qué sucedía, Gohan presionó un botón silenciando aquel aparato contemplando los luminosos números que marcaban el tiempo.
Su raciocinio, reuniendo las piezas y apagando las alarmas, fue tranquilizándolo haciéndolo entender lo que realmente sucedió. Tal cosa no fue más que un sueño, un sueño tan realista y tangible que puso en evidencia las más primitivas y barbáricas aspiraciones que yacían en lo más profundo de su subconsciente sacándolas a la luz para que él mismo las notara.
Inseguro y temeroso de sí mismo, Gohan apartó las mantas dándose cuenta que la fiebre que pescó la noche anterior aún seguía allí actuando como un catalizador que empeoró sus delirios. Las manos le temblaban, tanto que juraría que éstas cobraron vida propia sin que pudiese controlarlas. Ambas, en silencio, le ordenaban materializar lo que sus pesadillas imaginaron.
– ¡Gohan, Gohan!
Sobresaltándose, aún con la imagen de Shapner muriendo bajo sus zapatos, un inquieto Gohan se enfocó en la puerta de su habitación que retumbaba al ser golpeada por Milk desde el otro extremo.
– ¿Gohan, no te has levantado? –Preguntando por él nuevamente, Milk insistió–ya deberías estarte duchando, llegarás tarde a clases…
– Un segundo, sólo dame un segundo–recobrando el don del habla, Gohan se apresuraba por poner en orden las cosas–voy enseguida.
– No te tardes, el desayuno ya está servido.
Con el sonido de los pasos de Milk bajando por la escalera, Gohan se envalentó saliendo de su recámara sin dejar de oír las duras palabras de Videl. Ignorando a Goten quien le dio los buenos días, Gohan se encerró en el baño metiéndose en la corriente de la regadera buscando enfriar los caldeados ánimos que se agitaban en él.
Primero el sacrificio de su padre; ahora el mismísimo Cell le daba una visita.
Videl, durante meses, persiguió un millar de indicios queriendo encontrar la llave que le permitiría entender lo que el Gran Saiyaman verdaderamente significaba. Una búsqueda que, conduciéndola por un sendero peligroso y arriesgado, la llevó a descubrir lo peor de sí misma convirtiéndose en lo opuesto que ella representaba.
Y Gohan, viajando por el mismo escabroso camino, estaba desenterrando una faceta suya que olvidó y que hubiese deseado no resucitar de nuevo.
Habiendo terminado de arreglarse, Videl tomó su mochila llenándola con sus libros y libretas de apuntes preparándose para ir la escuela cargando en su espalda el peso de estar ligada a alguien más. Porque, para bien y para mal, su tambaleante caminar la otorgó de un título que años atrás jamás imaginó para sí misma: ser la novia de Shapner.
Siendo sincera, la propia Videl no recordaba muchos detalles del día cuando lo conoció. En aquel entonces, su padre acababa de derrotar a Cell y su popularidad subía como la espuma sin control alguno; así pues, sufriendo la reciente muerte de su madre, Videl se sentía harta de toda la atención que recibía sólo por ser la hija del salvador del mundo.
Esmerándose, haciendo un gran esfuerzo por retroceder en el tiempo, Videl hallaba diminutos fragmentos de memoria como el día cuando se presentó en la escuela o cuando entabló amistad con él. Shapner, en un principio, daba la impresión de ser como uno más de los muchos chicos que le pedían un autógrafo o una fotografía del campeón; aunque, milagrosamente, tomó otro rumbo.
Shapner, desbordando un enorme interés en ella, fue el primero en verla como una persona y no como un medio para llegar a lo más alto. El rubio, comportándose muchísimo más amable que cualquier otro jovencito de su salón, intentaba ganarse su aprecio con cada pequeña acción que hiciese. Videl, sin poder evitarlo, sí notó sus intenciones pero lo veía con otra clase de ojos.
Desde allí en adelante, desde ese momento en específico, Videl le dejó muy en claro que ella no compartía los mismos sentimientos que él le ofrecía. Las negativas y los rechazos se volvieron el mantra más sagrado de Videl quien, con dureza, convirtió la palabra "no" en una punzante lanza que se clavó en lo más profundo del corazón de Shapner.
Una lanza que, en cada oportunidad, se hundía más en él.
Una lanza que, muy honestamente, jamás pensó en sacar.
Una lanza que, contra todo pronóstico, ella misma retiró.
Hallándose a escasos segundos de salir de su habitación, Videl se volteó a su mesa de noche acercándose a ésta para buscar su teléfono. Tomándolo, sosteniéndolo en su mano, la antigua justiciera se percató de inmediato de la gran cantidad de mensajes y llamadas perdidas que atestaban la pantalla de su móvil. Y aquella avalancha, provenía de un mismo origen: Ireza.
– A veces me arrepiento de haberle dado mi número telefónico…–revisando rápidamente los mensajes, Videl se prestó a leer sólo unos cuantos.
Te deseo mucha suerte con Shapner, diviértete.
¿Adónde fueron, te llevó a cenar a algún restaurante?
¡No olvides contarme todo lo que hagan, quiero detalles!
Trata de ser amigable con él, no seas la gruñona amargada de siempre.
– Lo usual, nada nuevo…
Olvidándose de las tonterías de su amiga, Videl finalmente se encaminó hacia el exterior dándole las gracias al cielo por haberse librado de aquellos horribles zapatos de tacón. Sus pies, durante toda la noche, no dejaron de reclamarle prometiéndoles que no utilizaría un calzado así nunca más. Y esta mañana, con un infinito alivio, llevaba puestas unas cómodas zapatillas deportivas.
– Videl…
Terminando de bajar la escalera de la mansión, la pelinegra se prestaba a marcharse cuando la gruesa voz de su padre detuvo su andar. Mr. Satán, usando una bata y un par de pantuflas, caminó hacia ella cargando el periódico matutino en una mano. Videl, saludándolo, trató de reflejar una expresión más jovial confiando en que aquello le permitiría irse cuanto antes.
– ¿Ya te vas a la escuela, hija?
– Sí papá–le respondió sin rodeos–cuando bajé a desayunar no te vi en la mesa, supuse que te quedaste dormido.
– Anoche bebí un par de copas antes irme a la cama, ya sabes que cuando bebo termino durmiendo de más…–estudiándola de pies a cabeza, Mr. Satán admitía que esta mañana su hija lucía un poco mejor que en días anteriores.
– Sí, siempre te ocurre lo mismo.
– Cuando llegues a la escuela salúdame a Shapner, dile que espero verlo por aquí muy a menudo–queriendo sonar lo más paternal y amistoso posible, Mr. Satán también quería enviarle un mensaje oculto al rubio–hay muchas cosas que me gustaría hablar con él, quiero conocer mejor a mi yerno.
– Se lo diré cuando lo vea–titubeando, Videl buscaba la manera de romper con esa atmósfera tan incómoda que la rodeaba–ayer se quedaron mucho tiempo platicando a solas… ¿de qué más quieres hablarle?
– No te preocupes, no pienso hacerle daño ni nada. Solamente quiero llevarme bien con el que podría ser el padre de mis futuros nietos, estoy seguro que tu madre así lo hubiese querido–ocultando sus planes como un actor profesional, Mr. Satán eludió sin problemas la pregunta de Videl–Shapner es un buen chico, sabes que no confío en nadie sin primero conocerlo y no encuentro malas intenciones en él. Espero que el cuide de ti cuando me vaya para reunirme con tu madre, pongo en las manos de Shapner mi más adorado tesoro.
Videl, con más incomodidad todavía, no era muy anuente a ese tipo de halagos por parte de su padre. Aún así, guardó silencio.
– Vete antes que llegues tarde, y no olvides saludar a Shapner de mi parte.
– Sí–no demorándose más, Videl corrió a la salida– ¡nos vemos luego, papá!
– Nos vemos luego…
Ignorando la extraña sonrisa de su padre al irse, Videl lanzó la cápsula de su aeronave materializándose ésta ante ella en una cortina de humo multicolor. Entrando en la cabina, Videl se prestó a encender el motor propulsándose veloz gracias a los caballos de fuerza de la turbina. Y sin más, piloteó su avión alejándose de la mansión Satán pensando de nuevo en el dilema de Shapner.
Estar con él no era una tarea fácil; más allá del efecto somnífero que el rubio causaba en ella, no existía otro motivo para su relación. Sabía que era tremendamente egoísta por usarlo de esa manera, pero no tenía otra alternativa. Shapner era como un bote salvavidas que impedía que se ahogara en el mar de sus tormentos; sin embargo, al navegar con él, no arribaría a ningún puerto.
¿Podría llegar a sentir algo por él?
¿Llegaría el día en que correspondería su amor?
Respirando profundamente, mirando en la lejanía el edificio de la preparatoria, Videl se afanó en hallar cosas buenas en él. A su vez que maniobraba la palanca de mando, Videl hizo a un costado cada uno de los defectos y peculiaridades que no le agradaban de él. Y con sinceridad, como si buscase un tesoro enterrado en una playa repleta de arena, Videl enumeró sus cualidades.
Si bien era muy presumido, Shapner siempre se dirigió a ella con caballerosidad estando presente junto a ella cuando lo necesitase. Pese a que el boxeo no era una disciplina que le interesase; las artes marciales sin duda la emocionaban más, reconocía que al menos Shapner no era ningún debilucho ni enclenque indefenso.
– A papá le simpatizó, supongo que eso le da puntos extras…
Y aquello era todo, por más que buscaba Videl no encontró algo más que le hiciese enamorarse de él. Si nunca antes se embelesó por sus encantos, difícilmente lo haría bajo las actuales circunstancias. Aún así, sabiendo muy bien que ya no era posible retroceder, Videl se armó de valor para asumir su puesto como la pareja de Shapner ante la mirada de quién fuese.
Mirando a su derecha, enfocando su mirada en las nubes que flotaban a su alrededor, Videl fue incapaz de no evocar aquellas persecuciones donde, llevando a su aeroplano al límite de su capacidad y resistencia, dio hasta la última gota de sudor por intentar ataparlo. Empero, para su frustración, el Gran Saiyaman conseguía escapársele con una molesta facilidad.
El Gran Saiyaman ya era parte del pasado, ya no le importaba saber quién demonios era. La prioridad más significativa para ella era reconstruir su vida, el resto la tenía sin cuidado. Así pues, realizando un descenso controlado y estable, Videl desplegó el tren de aterrizaje posándose con suavidad sobre el asfalto a unos cuantos metros de la entrada de la escuela.
Años atrás, aquel recorrido desde su hogar hasta la preparatoria hubiese tardado varios minutos de más provocando que llegase tarde a sus lecciones. La policía, implorando por su ayuda, la habría necesitado desde la salida del sol no pudiendo hacerles frente a asaltabancos, ladrones, pandilleros y demás mafiosos que proliferaban en los barrios más viles de la ciudad.
Todavía sin tocar el suelo con sus propios pies, Videl echaba de menos aquellos días añorando la adrenalina que corría por sus venas riéndose como una niña pequeña al pulverizar a cuanto matón la desafiara. Si tan sólo el maldito Gran Saiyaman no existiese, si tan sólo ese entrometido no la hubiera arrastrado hasta la cloaca donde se situaba; tal vez sería la que alguna vez fue.
Pero, sobresaliendo en la larga lista de los bandidos más peligrosos de Ciudad Satán, Videl pensó en el que fue su mayor rival antes de la llegada del enmascarado volador. Van Zant, persistente y necio como la mala hierba, fue un verdadero dolor de cabeza que en más de una ocasión estuvo a muy poco de acabar con ella. No obstante, su duro entrenamiento y maestría, venían a su rescate.
– Me pregunto qué habrá sido de él, hace mucho tiempo que no volví a escuchar de Van Zant–saliendo de su aeronave, Videl desconocía que Van Zant había salido de prisión apenas unos días antes.
Haberse encerrado en una burbuja de cristal para huir de la sombra del Gran Saiyaman, la hicieron desconectarse del mundo donde vivía sin sospechar la inaudita alianza entre Van Zant y su propio padre. Videl, sin que lo imaginase, no alcanza a observar como los destinos de varias personas convergían en un mismo punto de colisión. Y esto, obviamente, la incluía a ella.
– Al menos es una mañana soleada–recordando el clima tan torrencial que los empapó a Shapner y a ella, Videl le agradecía al cielo por no haberse enfermado por culpa de aquel diluvio.
Apresurándose, dirigiéndose a la puerta de acceso, Videl estudiaba las cercanías avistando a algunos maestros y a alumnos de otros niveles. De continuar con sus estudios con normalidad, no tardaría en graduarse haciéndose la interrogante que todo adolescente debe responder previamente a entrar en su adultez: ¿Cuál carrera universitaria elegiría?
En secreto, sin comentárselo a nadie, Videl fantaseaba con la idea de incursionar en la abogacía combatiendo desde una corte a los más repugnantes malhechores. Para Videl era bastante molesto arrestarlos para que luego un abogado corrupto y manipulador les regresase la libertad; por ende, queriendo hacer algo al respecto, Videl deseaba convertirse en una tenaz abogada.
Suponía que su padre, el campeón mundial, no estaría muy de acuerdo con tal decisión imaginando que él desearía que ella tomara su puesto convirtiéndose en la poseedora del cinturón del campeonato. Sin embargo, mirando su presente, el futuro que parecía claramente definido y delineado se nubló quedando escondido detrás de una espesa capa de incertidumbre.
– ¡Videl, Videl! –Reconociendo de inmediato esa chillona voz, Videl únicamente debió detenerse para ver a Ireza apresurándose a su encuentro– ¿acaso no recibiste mis mensajes?
– ¿Y dónde quedaron los "buenos días"? –Seca, pero no grosera, Videl le replicó al estar cara a cara con ella.
– ¡Qué delicada! –Con un ligero enfado, Ireza frunció el ceño cumpliéndole su petición–buenos días, Videl. Espero que hayas dormido de maravilla…
– No es necesario el sarcasmo, Ireza–bufando, para Videl no eran nuevas aquellos leves caprichos de su camarada rubia–y respondiendo a tu pregunta: sí, sí recibí tus mensajes.
– Bien, entonces cuéntamelo todo–llenándose de curiosidad, la rubia lució su mejor sonrisa– ¿adónde fueron, qué pasó, cómo estuvo tu cita?... ¡habla, habla, no te quedes callada!
– Tranquilízate, no puedo responderte con tanto escándalo–acercándose a ella, Videl bajó su tono de voz–y no hagas tanto ruido Ireza, no quiero entrometidos escuchándonos…
– De acuerdo, haré silencio para que me cuentes todo…
– Pues, por dónde empiezo…
– ¡Videl, Ireza!
Justo cuando Videl se disponía a comenzar, ambas señoritas se vieron interrumpidas al unírseles el hombre que precisamente era el centro de su conversación. Shapner, con una expresión jovial y feliz, alzó una mano en señal de saludo aproximándoles aún usando su cabestrillo para sostener su brazo lastimado. Videl, por su parte, le miró preparándose para retomar su actuación.
Shapner, relajado y ansioso por rencontrarse con ella, caminaba con un ritmo rápido pero moderado no queriendo parecer desesperado. Ireza, sin poder evitarlo, le hacía pequeños gestos a Videl quien, algo enojada, se limitó a sólo arrugar su nariz. Pero su cara seria se desdibujó cuando él, al fin, detuvo su caminata al pararse a su derecha.
– Hola Ireza, buenas días.
– Buenos días, Shapner–guiñándole un ojo, la picardía de Ireza salía a flote automáticamente ganándose otra mirada asesina de Videl– ¿cómo sigues de tu hombro?
– Bien gracias, aún me duele pero poco a poco irá sanando–respondiéndole con naturalidad, Shapner se ladeó hacia Videl inclinándose para ponerse a la altura de sus labios–hola, mi amor…
– Hola, Shapner…
Videl tenía pensado preguntarle cualquier trivialidad sin importancia cuando, sin que lo esperara, Shapner le robó un suave beso que desvaneció su vocabulario. Por instinto, olvidándose que Ireza los miraba con una tonta expresión de fascinación y sorpresa, Videl cerró sus párpados devolviéndole con lentitud aquella caricia que adormecía su sensatez con su dulce veneno.
Debía admitir que el acto de besar le gustaba, cuando cerraba los ojos enfocaba todo su ser en el sentido del tacto experimentando y saboreando aquellas sensaciones que Ireza, en miles de ocasiones en el pasado, le presumió al contarle sus aventuras fugaces con decenas de chicos. Aún así, al separarse sus bocas, la anestesia se terminó trayéndola de vuelta como un relámpago.
– ¡Sino los estuviera viendo, no me lo creería! –Ireza, explotando como una bomba, les felicitaba efusivamente– ¡díganme que es oficial, díganmelo!
– Pues sí, ayer mismo lo conversamos y concretamos nuestra relación–orgulloso, diciendo públicamente esa afirmación que sólo dijo en fantasías, Shapner se sentía en el paraíso al presentarse como el novio de Videl–incluso Mr. Satán me dio su consentimiento…
– ¿Por qué no me lo dijiste desde el principio, Videl? –Con reproche, Ireza le apuntó con un dedo–yo te he contado de mis ex novios, nada te costaba habérmelo dicho cuando nos vimos.
– Ireza, nos encontramos hace menos de cinco minutos–con su característico tono de voz tosca, Videl recordaba que ella sabía que esto pasaría tarde o temprano–además, recuerda que estaba a punto de contártelo cuando Shapner llegó.
– En todo caso los felicito, se ven tan lindos juntos–soltando una risita casi infantil, Ireza aplaudió con alegría–los conozco desde la primaria, sé que les irá muy bien a los dos. Muchas felicidades.
– Gracias…–al unísono, pero con distintas intensidades, tanto Shapner como Videl le contestaron.
– ¿Dormiste bien anoche? –Hablándole a su novia, Shapner le hizo las típicas preguntas de un joven enamorado– ¿no te resfriaste o algo?
– No, por suerte no me enfermé pese a habernos empapado anoche. Dormí bien, gracias…
– ¿Se empaparon? –cuestionándoles, Ireza les dialogó–ahora que lo recuerdo ayer por la noche llovió muchísimo, parece que ya empezó la temporada de lluvias.
– Sí, cuando íbamos a casa de Videl la lluvia nos atrapó.
La campana, interrumpiendo su charla, se escuchó a sus espaldas indicándoles que debían ingresar a la escuela. Reanudando su andar, el trío se dirigió a su salón como lo habían hecho millones de veces; no obstante, en esta ocasión, resplandeció un cambio significativo. Shapner y Videl, uno al lado del otro, avanzaban tomados de la mano adentrándose en los corredores de la preparatoria.
Ireza, mirándolos de soslayo, se decía a ella misma en sus adentros que debía tomar cientos de fotografías cada vez que pudiese. Shapner, con la frente en alto y sin soltarla, se susurraba que por fin su más anhelado sueño se materializó a pesar de todas las amarguras que tuvo que recibir. Videl, por su parte, únicamente se mantenía callada tratando de ignorar a los demás.
Porque, incomodándola más de lo que ya estaba, los restantes estudiantes veían boquiabiertos la escena que ella y Shapner protagonizaban. Muchas jovencitas, murmurándose entre sí sin disimular, trataban de hallar una explicación para lo que observaban manifestando incredulidad y hasta enojo ya que ellas, con anterioridad, coquetearon con el rubio sin lograr enamorarlo.
Videl, si bien poseía uno de los apellidos más pesados y respetables del orbe, también padecía de un denso rechazo por la mayoría de las mujeres que, tachándola de poca femenina y presumida, no le mostraban ni la más mínima muestra de amabilidad. De allí, es que Ireza resultaba sumamente relevante para Videl por ser su única amiga.
El trayecto hacia la puerta de su aula se le hizo eterno a la pelinegra, tanto que perdió la cuenta de cuántas veces se preguntó si hubiese sido mejor quedarse en cama. Empero, arribando a su destino, los tres tomaron sus asientos habituales esperando por su maestro. Shapner, muy meloso con Videl, no se demoró en abrazarla acariciando lentamente sus tensos hombros.
– Papá me pidió que te dijera que quiere verte muy seguido en casa, dijo que quiere conocerte más y hablar contigo.
– No quiero dejar plantado a tu padre, cuando te acompañe a casa al salir de clases me tomaré unos minutos para saludarlo.
– Anoche, antes de irte, te quedaste hablando con él–recordando ese detalle, la curiosidad innata de Videl titiló como en sus mejores tiempos– ¿de qué estaban hablando?
Shapner, demorándose un sospechoso instante, se acercó al oído de Videl para responderle de manera más privada.
– Pues me dijo que te cuidara y que no me sobrepasara contigo, me dijo que tratará de respetar nuestra relación dándonos espacio pero, si yo me paso de listo, no dudará en enviarme a la luna.
– ¿En serio te dijo eso, Shapner? –escéptica, Videl no creía en su contestación aunque le sonaba creíble.
– Claro mi amor, de qué más hablaríamos…
Shapner, como si quisiese acabar con el tema, empezó besar la mejilla de Videl dejando un tibio rastro de sus cariños en la sensible piel de la otrora justiciera. El rubio, con honestidad, quería cubrirla con el amor que desde hacía mucho deseaba demostrarle en cuerpo y alma. La adoraba como a una diosa; era su musa, su mujer. Y por ello, la trataría como tal.
Videl, percibiendo como la voz de la razón iba callándose con las acciones de Shapner, fue girándose con lentitud como si un imán la halara con su poder. No prestándole atención al sitio dónde se encontraban ni quiénes les rodeaban, pronto Shapner concretó su segunda hazaña del día besándola con calma gozando de cada roce que ambos creaban.
Él se veía feliz, se veía más radiante que nunca. Y para Videl, aquello hacía que la balanza fuese nivelándose pagando un centavo a la vez su deuda con él. En silencio, sin dejar de besarlo, Videl volvía a hablarse con ella misma: al menos él se ganó el derecho de tener una oportunidad con ella, quizás algún día pueda mirarlo como él siempre quiso que lo mirase.
Entre tanto, corriendo por los pasillos, Gohan trataba de apaciguarse aún asombrándose que haya logrado llegar a la escuela. Durante el vuelo, el saiyajin vigiló sus cercanías preocupándose que Cell se manifestase en carne y hueso acabando de destrozarle la poca cordura que le quedaba. Pero, para su fortuna, aquello no pasó de ser un mero temor.
Agotado, no sintiéndose con ganas de entrar a clases, Gohan se resignó a tolerar los síntomas del resfriado que lo aquejaba recalcándose que no podía darle más terreno a Shapner del que ya había ganado. De no presentarse, el rubio tendría vía libre para hacer lo que quisiese con Videl. Y al meditar sobre eso, el recuerdo de la visión de Videl y Shapner juntos sólo empeoró su humor.
– Hola Gohan, al fin llegas…
Cruzando la puerta, con la voz de Ireza zumbando en sus tímpanos, Gohan levantó la vista localizando a la rubia que le saludaba con un ademán. Sin embargo, como si todo dentro de él se derrumbara, sus ojos se movieron a la izquierda viendo con consternación que lo predicho por sus sueños se cumplía: Shapner y Videl, besándose frente a él, ni siquiera notaban su presencia.
Gohan, sin conseguir apartar la mirada de ellos, juraría que oía a Cell riéndose y burlándose de él.
Fin Capítulo Diecisiete
Hola, muchas gracias por leer. La verdad decidí cortar el capítulo hasta aquí porque se estaba alargando demasiado, tenía pensado que la primera escena durase sólo un par de páginas pero me fue gustando la idea y cuando me di cuenta se extendió a más de la mitad del episodio. Por eso, como dije, lo corté en este punto para no cansarlos con una lectura enorme.
Ya para terminar por hoy, les doy las gracias a Giuly De Giuseppe, SViMarcy, El Calabazo, ZhadYen01 y a Saremi-San 02 por sus comentarios en el capítulo anterior.
Gracias por leer y hasta la próxima.
