Hola gente!
Yay, eh cosa de Viernes que me hace muy feliz porque el Lunes mi hermano se larga a la escuela ahahahaha! pero tengo que ir por él ._. sigo sin entender la idea del todo b-but well mientras la rueda del samsara se tambalea e intento sostenerla lo demás esta bien.
¡Gracias por los reviews! Cada uno es como un leve paro cardíaco (debo de ser inmortal o una mutación de gato con coyote xD) En cuanto al fic, el capitulo anterior, la cosa del beso... uhh, no quería hacerlo tan pronto.. pensaba en dejarle un poco más de cordura a Sam pero cuando releí el capitulo antes de ponerlo la cosa del beso me dejo en las nubes... así tenía que ser, sin mucho pensar o sería una gran parida mental y por supuesto no podía ser un beso cualquiera porque un beso cualquiera entre ese par jamás es lo que está en mi imaginación xD pero bien este arco es largo ._. es largo y es muy crucial para la trama mucho más adelante... no más spoilers por el bien de la causa (?) Ah... los celos, es tan divertido hacer eso xD
Ya, al fic!
Había un precioso caballo marrón con crines negras, se veía fuerte y veloz… pero era agresivo, de hecho era una yegua salvaje que fue encontrada herida en la época de lluvias cerca del viejo granero de la casa de la abuela Camille. Ella la encontró cuando era solo una potranca con una pata rota y muchos arañazos en el lomo y las piernas, mi abuela dijo que pudo haber sido atacada por un puma y en su intento de huir corrió hasta llegar a su terreno y saltó la barda para terminar cayendo en la zanja y se rompió la pata. Era una yegua muy hermosa, pero estaba mal alimentada y enferma… el veterinario había dicho que no sobreviviría, pero, la abuela no lo permitió y cuido de ella con tanto esmero que a la semana de haber llegado la yegua ya había recuperado un poco de peso y hacia el intento para pararse y apoyar la pata. Para cuando pasó un mes el animal ya podía incluso correr, no por mucho tiempo, pero lo hacía… la abuela intentó liberarla porque ella ya era vieja y no podría hacerse cargó de la yegua para cuando mis primos y yo fuéramos de vacaciones en la primavera.
Una noche abrió la puerta del granero y arreo al animal afuera, pero no se movió, no se fue. No quería irse… le gustaba estar ahí, a lado de la abuela.
Desde entonces habían pasado siete años y hacía menos de cuatro que la abuela Camille había muerto a los 86 años de edad.
La casa era cuidada por Bruno un muchacho de 19 años que vivía con su bisabuela, una vecina y amiga de mi abuela Camille, él se hacía cargo de limpiar y mantener en buenas condiciones la casa, también vigilaba el terreno, cuidaba y alimentaba a las gallinas, cosechaba las hortalizas de la abuela, cuidaba el jardín y sobre todo cuidaba de la yegua de mi abuela, Lady.
Si, si, la rosada y encantadora historia se la contaba a Eric y a mis sobrinos cuando los visitaba de vez en cuando… más a mis sobrinos que al pequeño Eric, pero igualmente quedaba encantando.
Bueno el último párrafo no, era una aclaración que me gustaba agregar para mi misma al recordar a mi abuela y a su rebelde compañera, Bruno era un gran amigo mio, si, aun cuando entre nosotros corrían casi cinco años de diferencia siendo yo mayor, pero siempre cuando visitaba a la abuela nos volvíamos como uña y mugre. Ya sé, mal ejemplo
Antes dije que había estado solo dos veces en el lago, cierto, pero debo aclarar que todos los años desde los dos años de edad, tanto en vacaciones de Navidad como de verano pasaba por lo menos dos o tres semanas en la casa de mi abuela.
Isabel, Annette y yo éramos las consentidas, las favoritas de la abuela… así que no fue de extrañar que al morir en su testamento tuviésemos una parte más grande de su herencia que el resto de la familia, además su casa quedo al nombre de las tres. Por supuesto que eso fue el tema de discusión y peleas entre la tía Margaret y mi madre durante un tiempo, pero, peor aún para mí que iba a cumplir 19 y deseaba con todas mis fuerzas largarme de casa de una vez por todas. Al final se llegó a un acuerdo, uno sumamente injusto, que la primera de las tres en tener hijos se quedaría con la propiedad ¿Qué clase de trato era ese?
La victoria era de Isabel claro está, pero, ella me cedió sus derechos sobre la casa cuando se casó porque dijo que no quería ser el factor de la anarquía entre la familia, más de lo que ya era. Lo malo de esto fue que si yo ya era aborrecida por mis tías ahora era oficialmente la oveja negra de la familia ¿Cómo culparlos? Yo era la rebelde, la descarriada, la que no terminó una carrera, la que era tan femenina como una piedra, la loca que decidió ser escritora, la que se fue de casa y la que ni siquiera era un pariente de verdad de Camille… yo era adoptada y por si fuera poco siempre hacían énfasis en que mi madre biológica era una enferma mental con esquizofrenia y mi padre biológico era un enfermero muerto de hambre, además de violador… se, por eso al final de cuentas hacía un año le vendí mi parte a Annette y la parte de Isabel se la di a Bruno. Con una única condición, Lady la yegua de mi abuela era completamente mía tal como el testamento decía.
Así que siempre estaba más que dispuesta a ir a montar y ver a Lady, en memoria de mi abuela, evadiendo a mi familia bajo la confidencia de Isabel por supuesto.
Así que en cuanto baje de la camioneta de Robert y pude ver la estructura del establo a unos metros del camino al lago no pude evitar sonreír aun cuando mi día era tan malo como para ponerme a llorar y no salir de casa jamás.
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El sonido que provocaban los tacones al caminar por el camino empedrado me traía un montón de recuerdos de mis vacaciones en compañía de la abuela Camille, recordé su manera de hablar como si todo fuese una historia o un cuento de hadas, era maravillosa en ese sentido y sobre todo cuando en las noches de tormenta nos contaba historias para dormir y evitar que Annette llorara porque le espantaban los truenos. Sobre todo recordé lo enérgica que era a pesar de su edad y como era que siempre intentaba hacer todo por su cuenta sin importar que tan difícil pudiera ser el trabajo ella siempre tenía una sonrisa en su rostro.
Aun era muy temprano apenas darían las ocho de la mañana y el aire frio era acompañado por una fina capa de neblina rodeando los frondosos pinos y el piso húmedo repleto de pasto.
Respiré hondo absorta y fascinada, aire como ese jamás podría caber en Bridgeport, ni en el pequeño Weston… este aire era completamente limpio. Necesitaba algo como eso después de tanto caos y estrés en la ciudad.
Me estremecí ante la brisa, me agradaba pero mi cuerpo lo consideraba como una onda de viento glacial y con el suéter intentando caerse de mis hombros la cosa solo empeoraba, al menos la llovizna dejó de caer poco antes de salir de casa de mis padres.
El camino empedrado seguía hasta el pórtico de madera de la casa de la abuela y menos de un kilometro siguiendo la carretera de tierra a través del espeso bosque de pinos llegabas al magnifico lago Appleton un lugar sacado como de un sueño. Me fascinaba cuando era adolescente y ahí podía sacar las más maravillosas ideas para escribir, cada vez que buscaba algo en que inspirarme la postal del lago que guardaba en el closet me servía de mucho.
Vi a Annette renegar mientras se limpiaba sus botas, por un momento me arrepentí de darle mi parte de la casa, repito, Annette era una loca fanática de la moda y en definitiva este lugar no se ajustaba a ella en ningún sentido… seré tonta ¿Cómo le di mi parte?
Pero anonada seguí contemplando el paisaje repleto de plantas y olor a tierra mojada ¿Cómo es que alguien con tan poca coordinación como yo no se ha roto una pierna aún? La razón tiene nombre y apellidos además de una burlona y encantad… burlona sonrisa.
—Me sorprende mucho que aún no tirite de frio—, dijo Robert en tono divertido mientras pasaba a lado de Sebastián cargando una hielera.
Saqué la lengua enojada, yo no soy tan friolenta.
—Ah, debe de faltar poco para eso—, se burló Sebastián apretando su agarré sin quitar su mano de mi hombro.
—Bueno pero seguro que la forma en que la abrazas debe de quitar el frio ¿Eh?— dijo Stephanie soltando una risa.
Gruñí y sentí como me ardía la cara, de hecho mi cara ha estado así desde hace un rato… ciertamente mi cara a estado al rojo vivo desde que bajé de la camioneta y la fantástica idea de Sebastián por ayudarme a bajar termino en esto, el abrazándome por la cintura de mi lado derecho, tan pegado como fuera posible para impedir que el maldito suéter dejase ver la marca… aunque mi hombro estaba más que descubierto del lado donde Sebastián estaba. Pero bueno, eso afectaba mi coordinación demasiado y si no fuera por él habría caído varios metros atrás. Además no puedo negar que de esa forma Charlotte se había vuelto casi invisible… casi.
Esto del abrazo no significaba la tregua ni mucho menos, aún quería patear a Sebastián hasta matarlo por haberme besado, haberme dicho que lo besé estando ebria cuando me aseguró lo contario, por mentiroso y fingir como si nada… aún quería preguntarle porqué lo hizo, aún estaba muy confundida y asediada por la culpa, pero, por el momento lo que encabezaba mis prioridades era saber que sucedía con Lilian y para eso necesitaba tan siquiera que fingiera algo de interés y me ayudara a saberlo lo más pronto posible.
Mientras subía los escaloncillos del pórtico con extremo cuidado sentí a mi acompañante tensarse un poco, desconcertada aparté la mirada de mis pies y mi día pareció mejorar un poco.
Bruno, lo dude por un momento pero si, era Bruno el que estaba parado en la entrada hablando con Jerry, podría reconocer su sonrisa donde fuera. Mi animó mejoró aún más cuando Jerry volteo a ver furioso a Sebastián y mi animó mejoró aun más cuando Sebastián se percató de mi cambio de animo al reconocer al apuesto hombre de cabello negro y ojos verdes.
Bruno era muy diferente, vamos hacía casi cuatro años que no venía y en aquel entonces él tenía 16 y ahora estaba por cumplir 20… obviamente tenía que cambiar en algo. Para empezar ya no era tan debilucho, ahora sus músculos se marcaban por encima de la camisa de franela, su piel morena, su cabello negro un tanto rizado se lo dejo largo, sus rasgos se veían más marcados y varoniles, sus ojos habían adquirido un tono de verde un poco más claro casi llegando al gris, había crecido y era mucho más alto… más alto aun que Sebastián, calculé que llegaba casi a los dos metros, ahora era muy fornido… incluso se le marcaba el torso a través de la camiseta… si ya sé que ya repetí que era musculoso pero es lo primero que noté; incluso su voz había cambiado siendo ahora más profunda y grave… su voz sería descrita como "acta para hacer que te tiemblen las piernas como gelatina al decir tu nombre" y para rematar el cambio era un caballero de pies a cabeza. Pero seguía siendo el mismo Bruno que yo conocí en el fondo, seguía teniendo la misma sonrisa que parecía destellar, seguía riéndose ante mi torpeza, seguía haciéndome reír hasta reventar, seguía siendo tan valiente como siempre, aun podía hablar de lo que fuera con el, aun era muy bueno montando, aun era incapaz de ponerle la montura Lady, aun era un poco torpe en la cocina y aún seguía llamándome enana.
— ¿Enana?—, le oí decir mientras se aproximaba entusiasta hasta mí.
Apresuré mi paso un poco sintiéndome como si arrastrará un peso bastante grande.
— ¡Tu!— dije con entusiasmo.
—No te reconocí—, dijo Bruno con esa sonrisa radiante.
—Yo tampoco… creciste demasiado, antes solo eras un par de centímetros más alto que yo—, dije algo frustrada pero sin quitar la alegría que la presencia de Bruno me daba.
Entonces la tensión ejercida en mi cintura se incrementó un poco, Sebastián carraspeo con fuerza y aquello me pareció como si gruñera algún insulto. La felicidad se me cayó por los pies y algo nerviosa avancé un paso hacía el interior de la casa.
El chirrido del piso de madera al caminar era opacado por el ruido que se formó en el interior. No vi a mi madre en ningún lado y volteé un momento hacía atrás pero lo único que pude ver fue a Jerry de muy mal humor.
—Eh, muchacho ¿Por qué no nos ayudas a bajar las cosas de la camioneta?— inquirió autoritariamente Jerry mientras miraba con disgusto el posesivo agarre del demonio.
Sebastián curvó un poco los labios formando una mueca y le fulminé con la mirada, entonces me soltó y por un momento creí escuchar su voz maldiciendo otra vez.
—Será mejor que yo también le ayude señor— se ofreció Bruno.
—No niño, ya estamos bien—, dijo Jerry con una gran sonrisa mientras le daba una palmada en la espalda.
¿Acaso Jerry es bipolar?
—Pero tú no creciste en absoluto—, la voz de Bruno me sacó de mi cabeza y algo aturdida pero captando la broma le miré algo enojada.
—Ah, es que tú eres un niño en pleno crecimiento—, me burlé recobrando el ánimo.
— ¿Ese es tu mejor insulto? Decaíste con la edad supongo— atacó con una sonrisa burlona y divertida.
Bufé sin poder evitar reír.
—Al menos tengo edad para beber— dije con superioridad.
—Vaya privilegio— soltó con ironía —debes de ser sumamente peligrosa—, me guiñó el ojo.
Nos soltamos a reír.
— ¡Pero a quien tenemos aquí!— exclamó la dulce voz de Alice, la vieja y querida Alice.
—Alice—, alcancé a decir antes de que me abrazara y me sacase el aire, para tener 90 años apretaba fuerte.
— ¡Pero mírate! ¿Ya la miraste Bruno? Eres bellísima niña irreconocible, parece como si hubiesen pasado años desde la última vez que te vi—, exclamo desbordando alegría por sus ojos azules.
—De hecho si pasaron años, — reí con suavidad— pero usted es la misma…
—Arrugada y vieja— canturreo Bruno de manera juguetona, Alice enrojeció del coraje y negó con la cabeza.
—Vamos, te a de hacer falta un buen chocolate caliente—, dijo recobrando el animo y me guío hasta la sala donde el resto de mi familia se acomodaba en los sofás.
—Si que me hace falta—, solté en un murmuro apagado.
Bruno me miró con curiosidad y antes de que dijera algo Alice ya había regresado con una gran taza de chocolate caliente.
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El chocolate es un antidepresivo poderoso, eso y tener a mi lado el calor y encanto de Bruno era de mucha ayuda, parecía como si en aquella taza de chocolate hubiesen añadido una gran cantidad de felicidad liquida.
Era maravilloso, mi suerte parecía estar cambiado… pero eso no iba durar, una vez que regresará a casa de mis padres todo se haría polvo y tendría que enfrentar y lidiar con todas mis preocupaciones y problemas. Así mismo tenía mucho pero mucho tiempo para que Sebastián me volviera loca.
Suspiré otra vez.
—Eh bonita, dime que te pasa—dijo Bruno.
Stephanie y Annette no me quitaban la mirada de encima desde el otro lado del pórtico. Me alisé la falda disimuladamente mientras me cruzaba de piernas sentada en el escalón.
No me gustan las faldas— reproché evadiendo el tema.
— ¿Entonces por qué traes una?— se mofó cruzando los brazos parado al final de los escaloncillos.
—Una pequeña bruja que vive en la montaña creyó que sería una buena idea para que la bruja mayor se apartara del guapísimo muerto andante—, dije fulminando a Annette con la mirada.
—Así que si es tu novio— dijo Bruno bajando el tono.
No supe que decirle, podía mentirle como a todos los demás y decirle que si… pero Bruno era uno de los pocos amigos que tenía, no quería mentirle pero no era viable la opción de decirle la verdad, toda la verdad.
—Es complicado—, resoplé poniéndome de pie.
—También es complicado tratar con tu yegua, será mejor que vayas a verla o un día de estos me arrancará un dedo—, dijo con un deje de molestia en la voz y caminó en dirección al establo.
Le resté importancia y con entusiasmo le seguí, caminé con más cuidado pero un poco más rápido. Los tacones se hundían en el piso de tierra reblandecido por el agua, arruinar las botas de Annette no se veía como una mala idea en ese momento.
Aspiré el aire impregnado del olor de los pinos y me abrí paso por entre la puerta de madera, el establo estaba muy concurrido a mi pesar, me refiero a que había por lo menos unos 12 caballos más pero eso no me impidió el reconocer a la enérgica Lady la que relinchó con fuerza desde el fondo del establo.
Ahí estaba, un hermoso caballo marrón con crines negras y aquella chispa vivaz en sus ojos se encendió cuando estuve a menos de un metro de ella.
—No se deja tocar por mi, igual que siempre— dijo Bruno sacando un precioso caballo de pelaje más obscuro que Lady— cepíllala y ponle la montura— dijo señalando una sección del establo.
— ¿Por qué hay tantos caballos aquí?—, pregunté mientras le acariciaba la cabeza a Lady, era gigantesca, tenía que estirar la mano por sobre mi cabeza para tocarla.
—Todos son míos— dijo con una sonrisa— creí que un poco de compañía iba a ablandarla pero cada vez es más hostil… es como tú— dijo con el ceño levemente fruncido y una sonrisa repentinamente amarga.
Lady resopló como si entendiera sus palabras, abrí la puertezuela del box y pasando la mano por su cuello la saqué de ahí con lentitud.
— ¿Por qué dices que es como yo?— pregunté con un poco de frialdad yendo por un cepillo a la pequeña bodega, Bruno estaba ahí sacando una silla de montar.
—Ah… no es nada—, dijo con nerviosismo.
—Claro—, nuevamente le reste importancia mientras comenzaba a cepillar a Lady.
Estaba algo inquieta y movía la cabeza con emoción… ella era agresiva con todos menos conmigo y la difunta abuela Camille, a veces dejaba que Isabel se le acercara pero mi hermana siempre había sido una gran miedosa por todo aquello que llegase a tener vida… o cualquier cosa que implicara el fuego.
Yo también estaba emocionada, hacía mucho que no veía Lady y ciertamente los animales son como mi relajante y antidepresivo más eficaz… pero algo comenzaba a incomodarme, me sentía observada, sumamente observada y aquella mirada no era para nada agradable.
— ¿Qué tanto me miras?— dije secamente, Bruno pareció sorprendido y siguió ajustándole las riendas al caballo… como si no me hubiese escuchado, pero estaba colorado.
Oh por favor ¡¿Qué les sucede a los hombres que no pueden ver una minifalda sin alborotarse?! Es igual sean humanos o demonios… diablos ¿Por qué saber que Sebastián estaba mirando me hizo sonrojar?
Resoplé sonriendo de lado y fui por la montura de Lady.
—Aun así…— me aproximé a Bruno sonriendo— gracias por cuidarla—, le dije con tono amable mientras lo tomaba de un brazo.
u cara brilló en un rojo intenso, reí bajamente mientras se rascaba la cabeza con una estúpida sonrisa enmarcada en su rostro.
—N-no es nada enanita, sabes que ese es mi trabajo— dijo recomponiendo su expresión y pasó su brazo por mi espalda intentando abrazarme.
Lady relinchó como si estuviese molesta por la cercanía de Bruno a mí… pero, no, ella relinchó con molestia mirando a través de la puerta. Inmediatamente pensé que era porque había alguien más allá fuera… eso era normal, ella era sumamente agresiva con otras personas pero en cuanto sentí aquella opresión en el cuerpo y la quemazón en mi hombro no pude evitar girar a ver quien era.
Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.
Bruno masculló algo pero sonrió con arrogancia cuando volteó también, las piernas me temblaron un poco y la cara de Sebastián no me ayudo en nada. Ahí estaba él… por un momento vi aquel brillo purpureo en su mirada pero inmediatamente desapareció, sin embargo, sus ojos parecían estar en llamas de un rojo profundo y apretaba los dientes haciendo una mueca de disgusto muy marcada.
O esto era muy bueno o era muy malo… casi podía ver una especie de aura negra rodeando al mayordomo, creo que los caballos podían verla porque relincharon asustados y nerviosos cuando el demonio se abrió pasó dentro del establo.
—S-Sebastián—, murmuré apenas conteniendo una burlona sonrisa ¿Qué clase de reacción era esa? ¿Eran… celos? Debo de estar loca.
Pero Bruno mantenía esa expresión arrogante en su cara, estaba desconcertada… él no era así nunca y ¡¿Qué diablos era esa expresión de enojo en Sebastián?!
— ¿Se le ofrece algo?—, dijo Bruno arrastrando las palabras.
—El señor Simmons necesita su ayuda—, dijo el demonio con sorna y se acercó hasta quedar a unos pasos de mí, la marca me ardió con fuerza.
—Ah… si el señor necesitará ayuda vendría aquí, él sabe donde esta el establo—, dijo mientras su mano raposa tocaba mi hombro, me estremecí.
—Es urgente—, repuso Sebastián con firmeza, una sonrisa ladina se formó en sus labios.
—Que venga él a decírmelo— la sonrisa de Bruno se ensanchó como si eso fuera un reto, su agarré bajo a mi cintura en cuanto eso paso sus miradas se encontraron como si fuese un choque.
Creí que se agarrarían a golpes… ¿Pero qué diablos?
El estruendoso alarido de Lady los separo abruptamente, Bruno término por un lado del establo tumbado en la tierra y la paja, Sebastián se hallaba en un extremo del establo cerca de la puerta y Lady se interponía entre mí y ese par mientras movía las patas como si les advirtiera que no podían acercarse más mientras que yo me aferraba al cuello de Lady o caería al suelo en cualquier momento. Su respiración iba casi tan agitada como la mía y le acaricie el lomo intentando tranquilizarla. Ella resoplo sacudiendo la cabeza e inmediatamente pude ver como era que Bruno salía de ahí apretando los puños.
Suspiré aliviada y recogí la montura que estaba en el piso, le coloqué las riendas a Lady y sin mucho apuro salí del establo con ella a mi lado sintiendo como esa mirada carmesí me quemaba.
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Espero les guste el capitulo, yo amo a Lady... es como un cabaSam xD b-but well ojo por ojo Sebastian! e_é insisto con algunas de la interrogantes de antes ¡¿Quién diantres es Lance?! Oh, ya sé no lo mencioné en el capitulo pero quiero recalcarlo
El siguiente si mal no calculo estará el ehh... Miércoles o Jueves de la semana próxima, ya está listo pero para ese día será.
But well people I'm go out, so please when I return I want to see a lot of reviews! Ok no but this is my dream xD Yay!
Sam, la que los ama con todo su corazoncillo de pollo que se a tragado ese gato malvado (:
