Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 18

Sabía que espiar a su hija no era del todo correcto; sin embargo, al verla junto a un muchacho, sus instintos de padre se activaban obligándolo a hacerlo. Entendía, con muchísimo dolor, que su primogénita ya no era aquella pequeña niña que correteaba tras sus pasos. No, ya no era una niña. El tiempo la tomó y la moldeó con dedicación; la convirtió en una bella y joven mujer.

Quieto, inmóvil, como un vigilante oculto en las sombras, Mr. Satán la vio conversar por unos minutos con Shapner quien, inclinándose hacia ella, le ofreció un beso que Videl aceptó al terminar de despedirse. Aquel gesto acabó de confirmárselo, Videl ya no se sujetaba de su mano. Ahora, yendo por el mismo sendero que él en su adolescencia, sujetaba la de su pareja.

Pensativo, observándolos por medio de la ventana de su habitación, el campeón evocó aquellas largas y eternas despedidas que él y su amada esposa compartieron en su época de jóvenes al acabarse una de sus tantas citas. Recordó su nerviosismo al besarla por primera vez, revivió aquel sentimiento cálido y diáfano que lo embargaba al demostrarle su amor.

Riéndose, soltando una corta carcajada, Mr. Satán pensó en lo mucho que practicó su presentación y sus modales para cuando conocería a su suegro. Ese era el temor y el reto más grande que un chico enamorado debía afrontar. No importaba si lograba conquistar el corazón de su musa; si su progenitor no lo aceptaba, era casi un hecho que su relación moría de inmediato.

– Es un buen chico, puedo verlo a simple vista–murmurando, comentándose a él mismo, Mr. Satán no despegaba sus ojos de Shapner y Videl–sé que es horrible que lo utilice como una marioneta, pero sólo lo hago por el bien de Videl. Cuando todo esto termine y ese maldito desaparezca del mapa, lo recompensaré como se lo merece…

Imaginando la cara decepcionada y molesta de su esposa en el más allá, Mr. Satán volvía a justificar sus acciones argumentando que, debajo de lo ruin de sus métodos, sus intenciones eran las de un hombre que sólo buscaba lo mejor para su hija. Así pues, sin moverse de allí, Mr. Satán esperó pacientemente hasta que Shapner se retiró mirando a Videl entrar en la mansión.

La cena entre los tres fue agradable y amena, se contaron anécdotas además de alguna que otra hazaña del pasado que, en el fondo de su conciencia, Mr. Satán no olvidaba su innegable falsedad. No obstante, dejando el tema de Cell a un costado, el resto de la velada fue muy productiva llegando a conocer al jovencito que pretendía a su Videl.

Shapner, contándole con detalles lo ocurrido en aquella discoteca, le comentó que no dudó en el instante exacto cuando presenció como la vida de Videl corría peligro. Mr. Satán, en silencio y oyéndolo con gran atención, no se cansaría de darle las gracias asegurándole que Videl era el tesoro más valioso que existía para él sin importar las abundantes riquezas en sus bolsillos.

Después, cuando se dio la oportunidad, Mr. Satán pudo hablar a solas con él insinuándole sus planes. Si bien el rostro y las palabras de Shapner le indicaban que accedió a su demencial propuesta, el campeón aún no tenía una respuesta concreta y clara de su parte teniendo el temor que, destrozando sus ambiciones, Shapner no aceptara ser la carnada.

– Necesito hablar con él otra vez, sé que él piensa lo mismo que yo. Lo necesito, necesito su ayuda para que esto funcione…

Volteándose, ya usando su bata y un par de pantuflas, Mr. Satán cerró las persianas y cortinas caminando lentamente hacia su cama sentándose en el borde de ésta. Junto a él, en la mesa de noche, y esperándolo fielmente, yacían un vaso vacío y una botella de whisky que el campeón no se demoró en admirar. Queriendo dormir profundamente, su paladar lo incitó a una última copa.

Sirviéndose, inundando su boca con el ardiente licor, el padre de la otrora justiciera disfrutó con lentitud de aquel añejo sabor rogándole a todas las deidades del universo que le concedieran su bendición. Y como si fuese un meticuloso ajedrecista, colocó sus piezas en el tablero confiando que su jugada le permitiese destruir a ese despreciable sujeto de disfraz y casco ridículo.

Shapner, sintiéndose casi un rey, ignoraba que sólo era un peón más esperando su turno de ser enviado a la guerra.

– Sé que funcionará, sé que todo saldrá bien…

Poniéndose cómodo, cubriéndose con las mantas, el campeón apagó la bombilla de la lámpara hundiéndose en la suavidad de sus almohadas mirando la oscuridad que lo rodeaba. Poco a poco, cerrando sus párpados, el cansancio lo dominó sumergiéndolo en lo más recóndito de su ser. Allí, en aquel reino onírico, cualquier cosa era posible a pesar de las imposibilidades.

Pronto, sin que lo notase, reapareció en lo que parecía tratarse de un pasillo tenuemente iluminado por luces que daban la impresión de flotar por encima de él. Enseguida, al continuar con su pausada caminata, el entorno fue aclarándose más y más descubriendo que aquel sitio era una especie de galería donde, colgando a ambos lados, varias imágenes se manifestaron para él.

Eran distintas fotografías enmarcadas en un recuadro dorado; empero, rompiendo las reglas de la realidad, los retratos allí colgados se movían para asombro del campeón como si aquello fuera obra de algún mago o brujo. Aún así, haciéndole dibujar una orgullosa y complacida sonrisa en los labios, esas visiones le mostraban escenas futuras llenas de felicidad y paz.

Videl, sosteniendo un diminuto bulto rosa en sus brazos, le sonreía a Shapner quien acariciaba al bebé que ella cargaba ladeándose, al unísono, hacia un sorprendido Mr. Satán que no escondía sus deseos por conocer a su nieta. De repente, escuchando un eco detrás de él, el salvador del mundo se giró topándose de frente con otro de aquellos cuadros mágicos.

Impoluta, usando un elegante y pulcro vestido blanco, Videl le saludaba al ser abrazada por Shapner quien lucía un distinguido traje de etiqueta. Los dos, con semblantes radiantes y alegres, extendieron sus manos hacia él mostrándoles los anillos de boda que los unía para siempre. Mr. Satán, más maravillado que nunca, no encontró manera alguna para expresar sus sentires.

Era como si una alguna puerta o abertura hacia el futuro se hubiese abierto ante él; pero, proyectándose en retrospectiva, la secuencia de eventos que observaba iba desplazándose hacia atrás arribando, gradualmente, hasta su más cercano presente. Vio a Shapner y Videl comprometiéndose, asistiendo a la universidad y graduándose de la preparatoria.

¿Qué es eso?

Pero, al llegar a donde levitaba el último de aquellos augurios del porvenir, una luz muy intensa emergió no muy lejos de él robándose su curiosidad por completo. Aproximándose, marchando hacia esa incandescencia que resaltaba en las tinieblas, Mr. Satán pudo notar como un paisaje más familiar y normal se apreciaba desde el otro extremo de ese brillo.

A pesar de no entender muy bien qué sucedía, el campeón mundial no experimentó ni el más ínfimo temor sintiéndose atraído por aquel extraño portal que se abrió delante de él. Con rapidez, sin que pudiese reaccionar, la densa negrura se iluminó justamente cuando se atrevió a tocar ese fulgor que, envolviéndolo en su totalidad, lo forzó a protegerse cubriéndose con sus antebrazos.

Mr. Satán; todo está listo, es sólo cuestión de tiempo para que ese bufón aparezca por aquí.

Pestañeando, no sabiendo muy bien adónde se encontraba ahora, Mr. Satán se sobresaltó al oír la voz de Van Zant quien, armado hasta los dientes, estudiaba los alrededores con un par de binoculares. Aún confundido, Mr. Satán percibió los susurros de una gran cantidad de sujetos que se hablaban entre sí diciéndose que todo saldría como lo planearon.

Girándose, dando una vuelta entera sobre sus pies, el padre de Videl descubrió que se hallaba en una bodega abandonada cuyas paredes de ladrillos se veían repletas de telarañas. Enfocándose de nuevo en Van Zant, el campeón caminó hacia él deteniendo sus pasos cuando aquel mafioso se volteó ordenándoles a sus tropas que estuviesen listas para actuar cuando él lo indicara.

No lo olviden, ese chico será el cebo para distraerlo–dándoles indicaciones a los suyos, el criminal habló con suavidad y lentitud–no sabemos cuánto tiempo pueda resistir ese chico contra ese payaso de circo; pero en el momento justo lo atacaremos con todo lo que tenemos…

¿Qué está pasando aquí? –Deseoso de explicaciones, Mr. Satán todavía no comprendía la naturaleza de la visión que presenciaba– ¿qué ocurre, qué piensan hacer?

Haremos lo que acordamos: destruiremos de una vez por todas al Gran Saiyaman; y al terminar, usted nos dará el dinero que nos prometió–guiñándole un ojo, Van Zant delineó una perversa mueca en sus facciones.

¡Jefe, ya llegó…ya llegó!

Aumentando la tensión en el ambiente, uno de los subordinados de Van Zant alertó al grupo señalando con un dedo la silueta del Gran Saiyaman quien descendía con delicadeza desde lo más alto del cielo. Mr. Satán, apresurándose, se asomó por la grieta de uno de los muros confirmando la llegada del superhéroe pero, robándole el aliento, también se topó con alguien más en el área.

Es Shapner, en verdad es él…

Así es, era él. Shapner, aparentando estar solo en la zona, se ubicaba a unos cuarenta metros de donde se ocultaba el ejército de Van Zant estando firmemente parado en su lugar. El rubio, con un temple de acero, no retrocedió ni una pulgada al ver como el Gran Saiyaman aterrizaba frente a él para encararlo. Aquello, le gustase o no a Mr. Satán, era precisamente lo que él planeó.

Y si bien la distancia entre él y Shapner era considerable, Mr. Satán podía escuchar lo que ambos conversaban percatándose de como la hostilidad en sus afirmaciones subía como la espuma.

No sé si eres muy valiente o un tremendo estúpido–el Gran Saiyaman, cruzándose de brazos con arrogancia, lanzó la primera burla de la confrontación–deberías rendirte antes que esto comience, no tengo pensado contenerme si de verdad me desafías…

Típicas palabras de un embustero charlatán que pretende esconder sus mentiras con intimidación–inquebrantable, Shapner le replicó seguro de sí mismo–no pienso irme de aquí sin antes hacerte pagar por todo lo que has hecho; hoy voy a mostrarle a toda Ciudad Satán quién eres en realidad…

Se nota que eres un imbécil, estás cavando tu propia tumba–despacio, avanzando hacia el novio de Videl, el enmascarado se colocó muy cerca de él estando casi cara a cara–vete de aquí, niño bonito. Vete mientras puedas, dejaré que te marches entero sin romperte nada. Considera que fui piadoso…

Ya te lo dije, no me iré de aquí hasta que te haya quitado ese ridículo casco y les muestre a todos que eres un fraude–apretando los dientes, Shapner tomaba su papel con mucha seriedad ignorando el peligro que aquello conllevaba–eres igual que Cell: un fracasado que sólo quiere llamar la atención usando un disfraz y trucos baratos. Mr. Satán desenmascaró y venció a Cell; yo haré lo mismo contigo.

¿En serio? –Estrujando sus puños, el encapuchado le cuestionó con un tono nada heroico–me gustaría ver qué eres capaz de hacer con sólo un brazo, si continúas provocándome sólo conseguirás que te rompa el otro.

Por Videl haría lo que fuese, incluso dar mi vida con tal de verla feliz de nuevo…

Eres un caso perdido, considérate hombre muerto.

Mr. Satán, sin apartar sus ojos de ellos, tragó saliva al ver como Shapner se abalanzó contra el Gran Saiyaman logrando conectarlo con un vibrante puñetazo en la visera de su máscara. Aquel golpe generó un sonido seco al concretarse, aquello evidenciaba que Shapner lo atacó con toda su fuerza desde el inicio quedándose inmóviles por un santiamén.

Estén alertas, dejaremos que peleen un poco y luego haremos nuestro trabajo–Van Zant, mirando el letal espectáculo, sostenía un rifle conteniendo la tentación de apretar el gatillo–quiero ver cuánto logra resistir ese chico; después de todo, fue entrenado por usted, Mr. Satán…

Ahh sí, sí.

Riéndose, robándose las miradas de propios y extraños, el Gran Saiyaman rompió el silencio con sus estruendosas risas sintiéndose victorioso. Pero Shapner, por su parte, no perdía la calma ni se alteraba. Segundos más tarde, callando las burlas del enmascarado y fortaleciendo al rubio, una resquebrajadura comenzó a extenderse por el casco del superhéroe llegando a casi destrozarlo.

El Gran Saiyaman, completamente incrédulo por lo que veía, dio un paso hacia atrás examinando con preocupación aquel objeto que protegía su identidad. Mr. Satán, pasando del terror al júbilo, balbuceaba incoherencias al no darle crédito a lo que presenciaba llenándose de más y más esperanza sin comprender que solamente miraba lo que quería ver.

Volviendo a concentrarse en la pelea, miró como el Gran Saiyaman había cambiado abruptamente su personalidad perdiendo aquella aura de supremacía que, literalmente, lo encumbraba a niveles casi divinos y celestiales. Shapner, por otro lado, mantenía su posición esperando el instante más oportuno para reanudar su ofensiva.

¿Lo ves, puedes verlo? –Shapner, ganando más y más confianza, aprovechó la incertidumbre de su rival para golpearlo psicológica y moralmente–el final ya llegó, tus días de falso héroe se terminan justo aquí. Ya no tienes salida, admite tu mentira o cae ante mí…

No creas que me asustas sólo por romper un poco mi casco, cuida mejor tus palabras.

Deberías sentirte afortunado que sólo puedo usar uno de mis brazos, imagina lo que te haría si pudiera usar los dos–irguiéndose, Shapner acomodó un mechón de su cabello en una oreja en tanto miraba fijamente al enmascarado frente a él–he entrenado; me he fortalecido. Mr. Satán me entrenó y me preparó para este momento, con su ayuda le devolveré a Videl la felicidad que le robaste…

¿Te encanta repetir las mismas tonterías todo el tiempo, no es así? –Colocándose firmemente ante Shapner, el Gran Saiyaman borró el escepticismo de su cara cansándose de las habladurías de Shapner–de todos modos, Mr. Satán y Videl tienen algo más en común aparte de ser padre e hija: ambos son historia antigua, ya son piezas de museo.

¿Cómo te atreves?

Esa es la verdad, los dos son antigüedades. Esta ciudad merece un héroe más grande y poderoso que ellos; y yo soy ese héroe–extendiendo sus brazos, el Gran Saiyaman se vanagloriaba llenando de ira a Shapner y su suegro allí presente–Videl, en específico, era débil. Yo fácilmente supero sus habilidades, puedo volar con libertad sin necesitar de un avión para hacerlo. Acéptalo Shapner, tu linda chica era un estorbo. No tienes idea de cuántas veces salvé su trasero, de no haber sido por mí ya estaría muerta. Yo solamente la quité del camino antes que saliera lastimada.

¡Maldito!

Pero, esta vez, fue el Gran Saiyaman quien contraatacó disparándose hacia Shapner mientras éste gritaba de rabia. Aún así, desafiando la lógica, Shapner resistía los embates del encapuchado utilizando su único brazo disponible como un escudo para absorber y repeler las arremetidas del Gran Saiyaman. Empero, de continuar las cosas así, el rubio terminaría necesitando ayuda.

¿Qué están esperando? –Vociferándole a Van Zant, un agitado Mr. Satán le cuestionó–ya se divirtieron suficiente, si no intervienen ahora ese maldito acabará con él.

No se desespere, Mr. Satán–con frialdad, divirtiéndose de verdad con lo que contemplaba, Van Zant le respondió sin tomarse la molestia de voltearse a mirarlo–debería tener más fe en su muchacho; después de todo, usted insistió mucho en que él fuera la carnada. Además, los dos están en un espacio muy abierto y necesitamos que Shapner lo lleve hasta el edificio del frente para arrinconarlo en ese lugar.

Y sin olvidarse del plan, Shapner hacía precisamente eso. Con su resistencia al máximo, fue moviéndose hacia el punto acordado donde Van Zant desplegaría su artillería para eliminar de una vez por todas a ese infeliz. Sin embargo, queriendo hacer el trabajo sucio él mismo, Shapner no consideraba ni vagamente solicitar apoyo pese a la herida en su hombro derecho que lo limitaba.

El Gran Saiyaman, atacándolo con una lluvia de puñetazos, no se daba cuenta que estaba dirigiéndose hacia una trampa. Shapner, igual que un hueso duro de roer, se negaba tercamente a rendirse soportando sus derechazos como si fuese un saco de boxeo. Aquello continuó así por una eternidad, parecía que el superhéroe inclinaba la balanza a su favor sin que nada lo detuviese.

¿Mr. Satán sólo te enseñó a defenderte o qué?

No; también me enseñó a usar la cabeza.

¿Qué?

Inclinándose, lanzándose al suelo, Shapner se libró de los azotes del Gran Saiyaman colocándose, con éxito, a espaldas de él. Desde ahí, aún tendido en el pavimento, el novio de Videl lo sujetó de su capa tratando de tirarlo al piso. No obstante, teniendo intenciones de volar, el Gran Saiyaman se elevó unos centímetros siendo detenido por Shapner quien se rehusaba a soltarlo.

Impetuoso, incrementando su potencia, el Gran Saiyaman trató de liberarse entretanto Shapner lo retenía padeciendo un dolor terrible en su extremidad izquierda al impedirle emprender el vuelo. Estirándose, comenzando a rasgarse, el manto rojizo del enmascarado se hallaba al tope de su límite hiriendo los dedos de Shapner al escurrirse entre éstos.

¡Arrrrggggg!

Gruñendo, soportando el huracán de dolencias que desgarraba sus nervios, Shapner recibió una pizca de alivio cuando aquella tela carmesí cedió rompiéndose de un extremo al otro. Y eso, sorpresivamente, le ofreció una prueba tangible para sus constantes acusaciones y alegatos.

¡No puede ser! –Aterrizando aparatosamente, el Gran Saiyaman le gritó con una voz temerosa nunca antes escuchada en él– ¡esto no puede estar sucediendo!

Soltando leves pero oscuras estelas de humo, una mochila equipada con un propulsor quedó expuesta a simple vista al ya no ser camuflada por aquel largo lienzo escarlata. Dicho aparato, por las chispas eléctricas que saltaban de él, dala la impresión de haberse descompuesto impidiéndole a su portador volver a surcar el firmamento con aquella elegancia que maravillaba a sus fanáticos.

¡Lo sabía, lo sabía! –Explotando en éxtasis, Shapner no se demoró en señalar tal descubrimiento con gran placer– ¡tal y como te lo dije: eres un farsante igual que Cell!

¡Cierra la boca!

Era ilógico que alguien como tú fuera más fuerte que Videl, yo siempre supe que eso no era posible–mirando su sangrante mano izquierda por un santiamén, Shapner la usó para apuntarle–no eres más que un fraude, una mentira. Usas trucos baratos para aparentar que tienes poderes sobrenaturales. Eres una maldita basura, finalmente te he desenmascarado como lo que realmente eres.

A lo lejos, arrebatándole a Van Zant sus binoculares, Mr. Satán examinó al Gran Saiyaman quedándose en blanco ante el hallazgo de Shapner. Tal cosa era demasiado ilusorio, demasiado casual, demasiado conveniente. Tal vez el campeón ya entendía que todo aquello no era real; o quizás, buscando aliviar la presión sobre él, sólo por ese momento simplemente se lo creyó.

Sus recuerdos del Torneo de Cell y sus temores que el Gran Saiyaman estuviese relacionado con aquellos sujetos desconocidos se esfumaron de sus pensamientos. Lo que atestiguaba era precisamente lo que necesitaba para convencerse a sí mismo que; pese a lo absurdo que pareciesen, sus delirios podrían funcionar.

Y viendo aquel espejismo, Mr. Satán quiso ir aún más allá.

¡Ya es hora, es nuestra oportunidad! –decidido, el padre de Videl le aseveró a Van Zant–cumple con tu trabajo, termina con esto de una buena vez…

Van Zant, tragándose su orgullo, no era la clase de individuo que permitiera que otro lo tratara como su sirviente; aún así, honrando su convenio, asintió ordenándole a sus matones que marcharan detrás de él. Y así, habiéndose convertido en juez y jurado, Mr. Satán también deseaba ser el verdugo que le diese fin al bastardo que destruyó a su hija.

Con lentitud, tomándose su tiempo para disfrutar de hasta el último detalle, Mr. Satán caminó tranquilamente siguiendo el mismo trayecto que, segundos antes, recorrieron las tropas de Van Zant agitando sus armas y gritando como unos dementes. Un paso a la vez, sin ninguna prisa, Mr. Satán escuchaba los sonidos característicos de una paliza al acercarse a la multitud enardecida.

¿Quién hubiese imaginado que la persona más amada y respetada en toda Ciudad Satán sería el arquitecto de semejante barbarie?

¿Qué pensaría Videl si pudiese ver lo que allí sucedía?

¿Se lo agradecería con todo su corazón o lo odiaría por toda la vida?

¡No dejen de disparar, no tiene forma de escapar!

Rodeado y acorralado, habiendo perdido sus alas, el superhéroe hacía cuánto podía por cubrirse de los múltiples disparos que lo impactaban sintiendo como los proyectiles lo forzaban a caer arrodillado. Sus atacantes, riéndose y gozando de su infortunio, meramente se detenían por unos instantes para reemplazar sus cargadores reiniciando con rapidez el intenso y mortal fuego.

El ruido era ensordecedor, era como si una auténtica guerra se estuviese librando en aquel desolado y abandonado páramo. Allí, apartados de las cámaras de la prensa y escondidos de cualquiera que los viera, hasta el más noble de ellos perdió la moral siendo parte de aquel crimen. Porque, fuese o no un héroe, el acto que estaban cometiendo era un crimen.

¡Debe usar alguna especie de blindaje en sus ropas, dispárenle todo lo que tengan! –Van Zant, impresionado por su resistencia, miraba como el suelo se llenaba de humeantes y vacíos casquillos que parecían nunca terminarse– ¡este malnacido no sale con vida de aquí!

Deteniéndose, olvidándose que sólo llevaba puesta su bata de dormir, Mr. Satán se exigía a él mismo seguir mirando. Aquello no era más que el fruto de su odio, era la cosecha que brotó de la semilla de la venganza que él alimentó con sus más viles ambiciones. Quería más, quería que lo redujeran a una masa de carne irreconocible para que no quedase ni la más leve memoria de él.

Y al ser esto un producto de su invención, las normas de la realidad se retorcieron aún más para cumplirle sus caprichos.

Irremediablemente, como era de suponer, aquel pintoresco traje no pudo aguantar más desintegrándose al recibir las inclementes descargas provenientes de ametralladoras, pistolas y escopetas. Y el Gran Saiyaman, aquel símbolo de justicia y rectitud que inspiraba a los niños, se desplomó sobre sí mismo apenas teniendo fuerzas para emitir un desgarrador lamento de agonía.

Pronto, para deleite del campeón y su yerno, la abundante sangre se hizo notar a su vez que incontables trozos de tejido salpicaban los alrededores dándole, a sus acciones, matices de ser una carnicería. Complacido, maravillándose de ver a ese rufián tendido en medio de un sangriento charco, Mr. Satán alzó sus manos ordenando que los cañones finalmente se silenciaran.

Mr. Satán, permítame acabar con él–Shapner, corriendo hacia él, le solicitó con gran expectación–le prometo que me encargaré personalmente de enviarlo al infierno…

No, seré yo quien le dé el tiro de gracia–firme, con una mirada homicida, en Mr. Satán ya no quedaba ni la sombra del que alguna vez fue–hiciste tu parte muy bien, te prometo que te recompensaré por tus servicios. Ahora es mi deber como padre terminar con el desgraciado que se metió con mi hija…

Tenga Mr. Satán, haga los honores…

Volteándose, el campeón contempló el revólver que Van Zant le ofrecía embrujándose por el brillo metálico de aquel instrumento de muerte. Nunca antes había usado una cosa similar, ni una sola vez. Pero hoy, tratándose de una ocasión tan especial, la tentación acabó de corromper su podrida conciencia aceptando el ofrecimiento de Van Zant adueñándose con vigor de dicho artefacto.

Miedo, emoción, incredulidad, asombro y placer. Aquellas fueron algunas de las emociones que lo invadieron al verse a él mismo sosteniendo un arma; sin embargo, yendo mucho más allá que eso, un hormigueo recorrió todo su ser haciéndolo sentirse poderoso. No era el poder que el dinero le otorgaba a diario; no, era otra clase de poder: era la facultad de decidir quién vive y quién muere.

Y él, no pudiendo dar marcha a atrás, ya había tomado su decisión.

No sé quién diablos eres ni tampoco imagino de dónde saliste, pero cometiste un grave error al cruzarte en el camino de hija–hablándole, sosteniendo con firmeza la pistola, Mr. Satán le apuntó directamente a la cabeza–ya no me importa si tienes que ver con los fenómenos que conocí en el Torneo de Cell, ahora mismo te haré desaparecer para siempre…

El Gran Saiyaman, todavía con vida pese a la gravedad de sus heridas, alzó su vista conectado su mirada con la del campeón. Ambos, por un breve santiamén, mantuvieron el contacto visual antes que Mr. Satán se atreviese a hacerlo. El estallido del casquillo lo aturdió por su falta de experiencia; no obstante, al recuperarse, la escena ante él lo convenció que hizo lo correcto.

Allí, tirado e inerte, yacía el culpable de haber empujado a su hija al precipicio. Ahí, con un sangrante agujero en su frente, el Gran Saiyaman no volvería jamás a interponerse en su familia ni en sus asuntos. Ignorando la algarabía en sus cercanías, Mr. Satán se arrodilló aproximándose lo más que pudo a él examinándolo con cuidado mientras experimentaba una calma indescriptible.

Sí, desde cualquier otro ángulo sería señalado como un asesino, su impecable reputación quedaría manchada con el asesinato de aquel farsante y embustero. Aún así, sabiendo cómo se desarrollaría el futuro, Mr. Satán no se arrepentía ni se lamentaba. Del fallecimiento de ese falso superhéroe nacería una nueva Videl; una Videl que sanaría sus heridas y viviría libre de pesares.

Él cargaría el peso en su conciencia, él llevaría en su espalda la responsabilidad para que ella fuese feliz. Aquel fue un punto de no retorno para él, a partir de ahora será el padre que Videl siempre mereció.

Mr. Satán, quizás deberíamos quitarle el…

Sí Shapner, yo también estaba pensando en lo mismo…

Como si fuese un niño abriendo sus regalos de navidad, a Mr. Satán no le importó mancharse las manos con más sangre desabrochando, con gran ansiedad, la correa que mantenía en su sitio aquel casco anaranjado y con antenas. Poco después, halándolo con desesperación, vio como el rostro de aquel desconocido iba revelándose un centímetro a la vez.

Al fin sabría quién era…

– ¡Ahhh…!

Despertando, oyendo el repetitivo timbrar del despertador, Mr. Satán se sacudió no reconociendo el lugar donde se hallaba. Apagando de un manotazo aquel molesto ruido, el campeón retiró las sábanas que lo cubrían sentándose en el borde de la cama. Ahí, empezando a pensar con más claridad, fue acomodando sus ideas recordando y entendiendo que lo anterior fue sólo un sueño.

Volteándose, mirando el vaso con rastros de whisky en su interior, el campeón fue atando cabos sueltos suponiendo que eso motivó la violencia y el frenesí de aquella visión. No obstante, lejos de arrepentirse o asustarse, Mr. Satán miró su palma derecha jurando que aún podía tocar el revólver entre sus dedos. Si no hubiese sido únicamente una ilusión, habría pensado que fue cierto.

Se quedó ahí por varios minutos, ni siquiera se dio cuenta que Videl ya había terminado de desayunar y que en escasos instantes se marcharía a la escuela. Su mente todavía divagaba reviviendo el disparo final, su corazón bombeaba con ímpetu anhelando que aquello se materializara borrando del mapa a ese maldito entrometido.

Pero, cueste lo que cueste, él haría que ese espejismo se volviese una realidad.

Sin cambiarse de ropa, usando lo mismo que la noche anterior, Mr. Satán abandonó su habitación entrecerrando los ojos por la potente brillantez del sol que lo recibió de golpe. Pestañeando, adaptándose a la luz, el campeón recibía los buenos días de sus muchas sirvientas quienes limpiaban hasta el último rincón de la mansión como lo hacían con regularidad.

Una de ellas, acercándosele, le entregó el diario como era usual además de indicarle que el desayuno lo esperaba en la mesa. Agradeciéndoselo, Mr. Satán caminó por los pasillos de su residencia bajando la enorme escalera divisando, muy cerca de la puerta principal, la silueta de una mujer que no se tardó en reconocer e identificar.

– Videl…

Lucía preciosa, bella y joven. Era igual a su madre cuando se conocieron y enamoraron, Videl era la esencia misma de su amada esposa.

– ¿Ya te vas a la escuela, hija?

– Sí papá–respondiéndole, Videl se giró a verlo–cuando bajé a desayunar no te vi en la mesa, supuse que te quedaste dormido.

– Anoche bebí un par de copas antes irme a la cama, ya sabes que cuando bebo termino durmiendo de más…–notando que su semblante parecía estar más jovial, Mr. Satán se alegró por dentro.

– Sí, siempre te ocurre lo mismo.

– Cuando llegues a la escuela salúdame a Shapner, dile que espero verlo por aquí muy a menudo–sin olvidarse de su experiencia nocturna, la imagen de Shapner ganó más valía para él–hay muchas cosas que me gustaría hablar con él, quiero conocer mejor a mi yerno.

– Se lo diré cuando lo vea–con evidente prisa, Videl le asintió con la cabeza–ayer se quedaron mucho tiempo platicando a solas… ¿de qué más quieres hablarle?

– No te preocupes, no pienso hacerle daño ni nada. Solamente quiero llevarme bien con el que podría ser el padre de mis futuros nietos, estoy seguro que tu madre así lo hubiese querido–no queriendo delatarse a sí mismo, Mr. Satán usó la primera excusa que cruzó por su mente–Shapner es un buen chico, sabes que no confío en nadie sin primero conocerlo y no encuentro malas intenciones en él. Espero que el cuide de ti cuando me vaya para reunirme con tu madre, pongo en las manos de Shapner mi más adorado tesoro.

Viendo la hora en el costoso y elegante reloj de péndulo situado a su izquierda, Mr. Satán se prestó a despedirse de ella.

– Vete antes que llegues tarde, y no olvides saludar a Shapner de mi parte.

– Sí–no demorándose más, Videl corrió a la salida– ¡nos vemos luego, papá!

– Nos vemos luego…

"Te amo, hija"–pensativo, Mr. Satán le dijo mientras la veía retirarse rumbo a la escuela–"te prometo que muy pronto voy remediar todas mis fallas, volveremos a ser la familia feliz que alguna vez fuimos".

Caminando, sin apartar a Videl de sus pensamientos, Mr. Satán cruzó la estancia entrando en el comedor donde su plato ya se encontraba esperándolo. Poniéndose cómodo, sentándose en su silla favorita, a Mr. Satán le resultaba increíble lo rápido que avanzó el tiempo evocando que apenas ayer, en esa misma mesa, oficialmente Shapner se presentó ante él como su yerno.

Mirando su turbio reflejo en el café caliente frente a él, Mr. Satán constató la dolorosa e ineludible verdad: su juventud hacía mucho que se marchó. Las ojeras y las canas sobresalían en su arrugada piel, el cansancio se apoderaba de él con más frecuencia recordándole que, cuando menos lo esperase, se iría de este mundo dejando atrás a Videl sin que pudiese evitarlo.

Al meditar sobre eso Shapner volvía a ganar más notoriedad, escalando más posiciones dentro del círculo interno de la familia Satán. Cuando el problema del Gran Saiyaman se resuelva, le encargará al rubio la misión más grande que pudiera dejarle: cuidar y amar a Videl cuando él ya no esté. Mr. Satán deseaba saber que, al partir, Videl estaría segura y en buenas manos.

– Quizás sólo fue un sueño, pero sé que todo funcionará. Tiene que funcionar…

Hambriento, dándole un mordisco a una de las varias rebanadas de pan tostado, Mr. Satán desplegó el diario matutino ojeando sus páginas superficialmente deteniéndose, en seco, al toparse con una enorme fotografía de Videl y del Gran Saiyaman que era acompañada por un extenso artículo donde ponían en evidencia el incremento del crimen en las calles de la ciudad.

Profundizando en la lectura y analizando lo allí escrito, Mr. Satán observó cómo la tasa de criminalidad se había disparado en las semanas recientes desde que Videl, abruptamente, renunció a su más consagrada pasión. Casi simultáneamente, el Gran Saiyaman también se desapareció abandonando a los confiados uniformados que contaban con su invencible presencia.

En el pasado, tal cosa nunca fue una preocupación para él. Solamente le importaba que las cifras de su cuenta bancaria continuaran creciendo al agrandarse su fortuna. Pero, hoy en día, dicha situación sólo lo impulsaba más hacia adelante ignorando todas las advertencias que se cruzaban con él. Quizás el método elegido era ruin y cobarde; aún así, no trataría de retractarse.

Y al recordar su plan, Shapner volvió a brillar en su cabeza sabiendo que debía asegurarse que el chico aceptara el papel que tenía preparado para él. Sabía que al rodearlo de lujos y riquezas el rubio no dudaría en acceder; aunque, para su tranquilidad, Mr. Satán quería atar todos los nudos para que no quedase ningún cabo suelto.

Podía ver la cara decepcionada de su esposa al pulir sus intenciones; pero escudándose en el bienestar de Videl, Mr. Satán se repetía a él mismo que en circunstancias extremas se necesitaban medidas desesperadas. Y su ingenio, encendiéndose como una bombilla, lo iluminó al saber cuál será su siguiente jugada en aquella retorcida partida de ajedrez.

– ¡Sashimi! –llamando a su mayordomo, el campeón se olvidó de comer.

– Sí, Mr. Satán.

– Dile a mi chofer que prepare mi limusina, necesito hacerle una visita al alcalde…

– De inmediato, Mr. Satán.

Sonriente, el campeón le prometía a su pequeña que muy pronto una gran sonrisa adornaría sus labios. Curiosa y trágicamente, aquello fue lo que Gohan perdió al posar sus ojos en Videl esa mañana.


Radiante, llenando de luz las instalaciones deportivas de la escuela, el sol se hacía sentir mientras el alumnado se aglomeraba esperando la llegada de su maestro. Algunos, refugiándose en la fresca sombra de los árboles cercanos, se ponían cómodos en el pasto platicando hasta el cansancio sobre el más reciente e inesperado tema de conversación en la preparatoria.

Videl, oyendo como muchos susurraban su nombre, mantuvo la calma haciendo todo lo posible por ignorarlos mientras Shapner la abrazaba por la espalda negándose a soltarla. Él, disfrutando de cada pequeño detalle al estar junto a ella, le brindaba cortos y fugaces besos en su rostro a su vez que le dedicaba dulces y cariñosas palabras al oído.

Ireza, sacándole provecho a los rayos del astro rey, bronceaba sus piernas cerrando los ojos al disfrutar de la brisa que bailaba con sus dorados cabellos. Inclinándose, mirando a su amiga, Ireza soltó con disimulo una risa complacida al maravillarse, según ella, por lo lindos que se veían. Ireza, ignorando muchas verdades, cayó engañada ante su perfecta imagen romántica.

Sin embargo, luciendo una expresión muy opuesta a la de Ireza, Gohan les acompañaba sentado de espaldas a Videl y Shapner creyendo que, al no verlos directamente, no terminaría cometiendo una equivocación que ni siquiera las esferas del dragón serían capaces de remediar. Así pues, apoyando su mentón en una de sus rodillas, se enfocó en un puñado de rocas cerca de él.

Y sin esperarlo, al juguetear con aquellos guijarros, su memoria lo hizo retroceder al inicio.

Hola Gohan, al fin llegas…

No prestándole atención al saludo amistoso de Ireza, Gohan se congeló al ver como Shapner y Videl compartían un profundo beso trayéndole, para su desgracia, recuerdos del sueño que tuvo anoche donde el mismísimo Cell se mofó de él liberando, para bien o para mal, su instinto saiyajin como en mucho tiempo no sucedía.

Aún era capaz de verse a él mismo demostrándole a Shapner sus poderes sin ninguna censura, aún palpaba la espesura de la sangre del rubio escurriéndose entre sus dedos. Y allí, ante una Videl horrorizada y completamente aterrada por sus acciones, Gohan se vio aplastando el cráneo de Shapner salpicando los alrededores con su abundante esencia carmesí.

Empero, más allá de la ira y la rabia, fue una amarga tristeza la que lo impactó al presenciar aquel gesto de amor. Se maldecía a sí mismo por no haber sido consciente de sus sentires, si tan sólo hubiese entendido la felicidad y alegría que la compañía de Videl representaba para él, quizás habría buscado la manera de ser honesto con ella.

Pero Shapner, demostrando ser mucho más hábil que él en tales cuestiones, se le adelantó. Echaba de menos la intensidad con la cual ella lo perseguía, extrañaba su tenacidad y astucia al tratar de resolver el enigma de su álter ego justiciero. Y máxime, añoraba volver a sentir su cercanía. Para Gohan, desde que llegó a Ciudad Satán, Videl marcó un antes y un después en él.

Tal vez era porque su carácter le recordaba a su madre, pero Videl nunca requirió de coquetería ni de artimañas para causarle un acalorado sonrojo en sus mejillas. Ella, sin quererlo ni notarlo, fue la primera chica que le provocó sentimientos que ahora, siendo ya demasiado tarde, Gohan comenzaba a comprender mirando como otro usurpaba el lugar que él deseaba para sí mismo.

Inmóvil, aún igual de petrificado que una piedra, Gohan reaccionó de golpe al escuchar un segundo llamado de Ireza quien, agitando su mano, consiguió sacarlo de su trance. Pestañeando, teniendo dificultades para caminar, Gohan se aproximó a su asiento viendo de soslayo como Shapner se negaba a separarse de Videl manteniéndola cautiva con sus impíos y falsos encantos.

¿Ya lo notaste, verdad? –Ireza, sin borrar la felicidad de su semblante, inclinó su cabeza hacia atrás de forma jocosa.

¿Qué cosa…qué?

¡Por todos los cielos Gohan, no seas tan despistado!

Te refieres a…–tomando asiento y hablándole con torpeza, Gohan le comentó.

¡Pues claro! –Susurrándole, Ireza se reclinó en su hombro derecho disponiéndose a conversarle con voz baja–como te vi tan asombrado cuando llegaste creí que te habías dado cuenta.

La verdad sí, sí me di cuenta. No me esperaba ver a Videl y Shapner de ese modo–intentado no mirarlos de nuevo, Gohan se esforzaba por sostener su mirada fija en el pizarrón del salón.

Aún no tengo todos los detalles; pero al fin Shapner consiguió convencer a Videl–con picardía, sacando a relucir su jovialidad, la rubia le aseveró–así que los dos ahora son novios.

¿Novios? –no queriendo demostrar que ya lo sabía, fingió lo mejor que pudo logrando engañar a Ireza–creía que a Videl no le interesaban esas cosas, también pensaba que a ella Shapner no le despertaba ningún interés…

Pues las cosas cambian, Gohan–muy sonriente, sin imaginarse que sólo empeoraba el sentir del pelinegro, Ireza no se resistió a hablar más sobre el tema–siempre supe que Shapner nunca se rendiría, desde que lo conozco sé lo locamente enamorado que está de Videl. Pero lo que más me sorprende es que ella al fin se atreviera a darle una oportunidad. Cuando los vi tomarse de la mano esta mañana casi me muero, ya era hora que Videl tuviese un novio.

Yo no quiero parecer un entrometido pero… ¿no te parece que es algo muy precipitado? –inquieto, no ocultando su disgusto por la recién formalizada relación, Gohan le preguntó ganándose una mirada inquisitiva por parte de Ireza.

¿Precipitado? –Le cuestionó Ireza regresándole la pregunta y arqueando una ceja–yo diría todo lo contrario, creo que ya era hora que pasara algo entre ellos dos.

Gohan, incapaz de darle el visto bueno al noviazgo de Videl y Shapner, pretendía dar otro alegato pero la rubia retomó la palabra con rapidez.

Los conozco a ambos desde la primaria, y desde esa época Shapner nunca escondió sus sentimientos por Videl. Shapner siempre los admitió–todavía murmurándole, Ireza evocó aquellos tiempos cuando iban abandonando la niñez para convertirse en jóvenes–pero Videl; a diferencia de Shapner, nunca cambió esa cara fría y terca desde que nos conocimos.

No teniendo más alternativa, Gohan guardó silencio tratando de imaginar a una Videl anterior a la actual. Una Videl que, debido a las vueltas y giros del destino, no se cruzó con él desconociendo su existencia por muchos años.

Videl ha sufrido mucho, sé que no se nota porque ella lo esconde pero la muerte de su madre la golpeó muy duro–teniendo cuidado de no ser escuchada por la pelinegra, Ireza disminuyó aún más el volumen de su voz haciéndola casi inaudible excepto para Gohan–fui a muchas de sus fiestas de cumpleaños cuando éramos niñas; y sin importar cuántos regalos recibiera, ella no cambiaba su rostro.

Las comodidades y opulencias que flotaban alrededor de Videl eran la envidia de miles, cualquiera hubiese deseado estar en sus zapatos para gozar de los placeres de ser multimillonario; no obstante, Ireza entendía a la perfección lo banal y superficial que era todo aquello para Videl. Nadie, absolutamente nadie, podría entender a Videl como ella lo hacía.

A mí también me parece extraño ver a Videl tan cerca de un chico, en especial Shapner–soltando una leve risa, Ireza llenó de alegría su expresión al sentir empatía por su eterna camarada ojiazul–Videl necesitaba que alguien le diera un vuelco a su vida, que alguien la sacara de la caverna donde se escondía y que la hiciera feliz. No sé cuánto tiempo duren juntos ella y Shapner; pero me alegro por ellos, les deseo lo mejor y espero que sean muy felices los dos.

No encontrando cómo replicar, Gohan se vio obligado a permanecer callado colocando sus libros y demás utensilios sobre la mesa girándose, muy lentamente, hasta que sus retinas observaron por encima de Ireza viéndolos charlar el uno con el otro sin percatarse aún de su llegada. Y los celos, agregándole pimienta a su volátil humor, le hicieron fruncir el ceño.

Odiaba verlos tan unidos, no lo soportaba. Reprimirse, contener sus emociones, lo convertía en una bomba de tiempo tremendamente peligrosa que explotaría cuando su resistencia ya no pudiese aguantar más. Sin embargo, ofreciéndole otra perspectiva, las afirmaciones de Ireza tuvieron el poder suficiente como para hacer tambalear su ya nervudo e irritado carácter.

¿Y si Videl realmente necesitaba a Shapner?

¿Y si Videl realmente hallaba la felicidad en los brazos del rubio?

¿Y si Videl realmente se sentía enamorada de Shapner como él lo estaba de ella?

Por una fracción de segundo dudó pero, manteniéndose firme en sus convicciones, su terquedad objetó toda incertidumbre.

¡No!

¡Aquello no podía ser!

¡Aquello no era más que una treta para aprovecharse de ella!

Quizás Ireza tenía razón, tal vez la única forma de borrar ese fachada de seriedad y enfado en Videl era brindándole algo que era imposible de comprar para el dinero. Aún así, Gohan se reafirmaba que Shapner no era el indicado para esa tarea, él no era más que un oportunista que únicamente sacaba provecho de un momento de debilidad para hacer con Videl lo que siempre codició.

Vaya, pero si es Gohan. No me di cuenta cuando llegaste…

Atizando el fuego, no siendo consciente que apuntaba los cañones hacia él mismo, Shapner le habló robándose inmediatamente la atención de un Gohan con pretensiones belicosas.

Hola Gohan, yo tampoco te vi llegar…

Y sin saberlo, salvando a Shapner y tranquilizando a Gohan, Videl se hizo notar obsequiándole una cara amigable que maquillaba su difícil situación. Apaciguando las aguas, por ahora, el maestro entró en el salón obligándolos a todos a guardar silencio y a enfocarse en sus estudios. Aquella especie de tregua funcionó por unas horas pero, como era de esperar, acabó terminándose.

– Disculpen la demora muchachos…–llegando levemente retrasado, el profesor de deportes se presentó ante ellos provocando que sus alumnos se pudiesen de pie y se reuniesen a su alrededor–veo que el grupo está completo, así que comencemos de una vez.

Sin más demoras, el instructor los guió hasta la enorme y recientemente inaugurada pista de atletismo que rodeaba las canchas de baloncesto y béisbol con las que contaba el colegio. Allí, aún perdido en sus adentros, Gohan buscaba con desesperación algún modo para acercarse a Videl y hablar con ella sin que Shapner pudiese interponerse.

Así pues, entretanto hacían unos leves ejercicios de calentamiento, Gohan nunca apartó su vista de Shapner quien, platicando con el maestro que también era su entrenador de boxeo, le hizo convencerse que ya era necesario que saltara al ruedo y tomara al toro por los cuernos. Era fundamental que lograse hablar con Videl a solas.

– Bien muchachos, ya fue suficiente calentamiento. Acérquense todos…–habiendo sonado su silbato, rápidamente se ganó la atención de todos incluyendo a Gohan–usualmente siempre jugamos algún partido de béisbol o baloncesto pero en esta ocasión cambiaremos de disciplina, el día de hoy practicaremos un poco de atletismo.

– ¿Vamos a correr algunas carreras? –uno de sus varios alumnos, alzando su mano, le interrumpió para formularle una pregunta.

– Exactamente, pero primero quiero que den diez vueltas a toda la pista y más adelante haremos algunas carreras con relevos–quitándose su cronómetro que colgaba de su cuello, el profesor se lo entregó a Shapner quien continuaba a su lado–Shapner; ya que por tu condición no puedes esforzarte mucho, te agradecería que me ayudaras tomando el tiempo…

– Claro, con gusto.

– Perfecto, los demás comiencen a correr…

Como era normal, a ciertas chicas les molestó la idea quejándose entre ellas que su maquillaje se arruinaría por el sudor que las cubriría. Otros, felices de olvidarse de las molestas clases de matemáticas o historia, no se tardaron en apretar el paso. Les gustase o no, les divirtiera o no, obedecieron la orden comenzando a trotar formando un gran pelotón.

Gradualmente, notándose quiénes tenían mejor condición física, los más rezagados fueron quedándose atrás a su vez que los más hábiles se mantenían al frente liderando las primeras posiciones. Videl, siendo una de ellas, avanzaba en silencio viendo fijamente el camino frente a ella agradeciéndole al cielo por aquel efímero instante de soledad.

Ireza, quien al inicio la escoltaba batallando por seguirle el ritmo, fue agotándose con demasiada rapidez aceptando que no podría continuar cerca de su amiga para platicar sobre ella y Shapner. Por ende, creyendo que nadie la seguiría, Videl se alejó de los demás logrando completar dos vueltas sin ningún acompañante cercano.

No obstante, aquello cambiaría de repente.

Escuchando como alguien se aproximaba, Videl se volteó levemente sin lograr descubrir de quién se trataba. Sus coletas, saltando y agitándose por el viento, la traicionaron transformándose en una espesa barrera que le bloqueaban el panorama detrás de ella. Pero, aprovechando que se internaba en una curva, el ángulo fue el óptimo alcanzando a descubrir de quién se trataba.

– Gohan…

Así es, era él.

– Te felicito Videl, en pocos minutos le sacaste mucha ventaja al resto del grupo…

Videl, respirando con pesadez y sintiendo su corazón bombeando con vigor en su pecho, notó de inmediato como Gohan no lucía igual de agitado que ella dándole la impresión de no estar haciendo ni el más mínimo esfuerzo. El pelinegro, alcanzándola sin problemas, se posicionó a su derecha sincronizando sus pasos para seguir uno junto al otro.

– No pareces cansado, ni siquiera estás empapado en sudor–Videl, recalcándole directamente sus observaciones, se lo comentó al verlo.

– Aunque no lo parezca, hacer ejercicio no es algo difícil para mí–conectando sus miradas por un segundo, Gohan quería aprovechar la oportunidad ahora que ni Shapner ni Ireza les podían escuchar–vivo en las montañas y en gran parte de la zona que rodea mi casa no hay carreteras ni caminos, sólo kilómetros y kilómetros de campos casi interminables.

– No puedo ni tan siquiera imaginármelo, pero debe ser un paisaje muy bello y tranquilo.

– Sí, lo es–regresando sus ojos al sendero delante de él, Gohan buscaba la manera de tocar el verdadero tema a tratar–cuando llega el invierno todo se cubre de nieve, el blanco se extiende hasta más allá del horizonte. Es precioso pero muy frío, semanas antes salgo a cortar leña para poder resistir las nevadas.

– Ya veo, eso explica por qué no pareces agotado.

– Disculpa que me entrometa pero…–cambiando el eje de la conversación, Gohan al fin hizo la jugada que quería–cuando llegué esta mañana a la escuela escuché muchos rumores que hablaban de ti y Shapner, al entrar al salón los vi a los dos juntos así que supongo que…

– Sí, sé que están hablando de mí a mis espaldas–no ocultando su molestia, Videl hubiese querido otro tópico para charlar–pero de todos modos lo que dicen es cierto, Shapner y yo…somos novios…

– Videl, perdóname por lo que voy a decirte pero, no pareces muy feliz.

– ¿Qué?

– Esa es la impresión que me causas al verte, tu cara no miente–dejando los rodeos, Gohan le aseguró–te noto incómoda, molesta y muy presionada.

– ¿Por qué me estás diciendo esto? –con un tenue enfado, Videl sacó un poco de aquella personalidad agresiva de antaño.

– Videl, algo anda mal. Lo sé, puedo verlo–ya no teniendo tantas precauciones como antes, Gohan lanzó el primer dardo–no me parece lógico lo que sucede, no tiene ni pies ni cabeza. Recuerdo haberte escuchado un millón de veces decirle a Shapner que dejara de molestarte, se lo dijiste todos los días desde que llegué a la escuela. Y ahora, de la nada, tú y él están juntos. Eso tiene que ser un mal chiste.

Videl, sin saber qué decir, se quedó sin habla.

– A pesar de tener poco tiempo conociéndote, pude darme cuenta de ello en unos segundos–hubiese querido decirle que era el Gran Saiyaman, pero aquello habría sido demasiada información para que ella la procesara–no importa lo mucho que diga amarte, sé que no sientes lo mismo. Puedo leerlo en tu mirada, sabes muy bien que no miento.

– ¡Gohan, ya basta! –Poniéndose a la defensiva, girándose hacia él, Videl frunció el ceño con disgusto–creo que ya fue suficiente, no tienes ningún derecho en entrometerte en mis asuntos. No tengo por qué darte explicaciones de nada, lo que haga o no con mi vida no es de tu incumbencia.

Videl, como si desease desaparecer y dejar todo atrás, aumentó la velocidad intentando alejarse de Gohan dando por terminada la plática. Aún así, él no tuvo dificultades para alcanzarla.

– ¡Deja de huir Videl, tú no eres así!

– ¡Ya cállate Gohan, no sabes nada de mí!

– Te equivocas, te conozco más de lo que imaginas.

No sabiendo el motivo que la llevó a hacerlo, Videl giró completamente su cabeza sin dejar de correr mirando a Gohan quien se hallaba muy cerca de ella. Se sentía enojada, sorprendida y aterrada. Sospechó que Ireza la bombardearía con un millar de preguntas sobre ella y Shapner, ya estaba lista para ello. Sin embargo, no imaginó que Gohan también la pondría en entredicho.

Videl, cerrando sus ojos debido a la potente luz del sol, trató de girarse de nuevo hacia el frente para salir de allí cuanto antes. Empero, arruinando sus planes, sus pies chocaron entre sí mientras se volteaba provocando que perdiera el equilibrio y tropezara. Gohan, estando a pocos metros de ella, intentó ayudarla sin éxito viéndola estrellarse contra el duro suelo.

– ¡Videl!

Shapner, desde la lejanía, apartó su vista del cronómetro buscando a Videl topándose con aquella escena. Ireza, mucho más atrás de ellos, apenas pudo ver a Videl caer a raíz de la abundante sudoración que bloqueaba su visión. Gohan, maldiciéndose al creer que usó las palabras equivocadas, fue el primero en llegar a auxiliarla oyendo los gritos de Shapner en la distancia.

Aturdida, padeciendo una potente jaqueca, Videl observó sus alrededores descubriendo numerosas siluetas rodeándola pero, antes de perderse en la inconciencia, Videl juraría que una de ellas era la del Gran Saiyaman.

Fin Capítulo Dieciocho

Hola, muchas gracias por leer y continuar estando al pendiente de esta historia. La verdad no sé si tengo una maldición encima porque siempre termino alargándome más de lo que esperaba, simplemente me siento muy cómodo escribiendo y cuando me doy cuenta el contador de palabras ya se disparó hasta las nubes.

No me quedó más remedio que volver a cortar el capítulo, siento que sería una grosería obligarlos a leer una cantidad descomunal de páginas. No deseo abusar de la gentiliza de ninguno de ustedes, espero al menos que les haya gustado el episodio. Cualquier opinión o crítica que gusten dejar en los comentarios se las agradeceré mucho.

Antes de irme, les doy las gracias a Saremi-San 02, Giuly De Giuseppe, SViMarcy, Yuki Nekoi y a ZhadYen01 por sus opiniones en el capítulo anterior.

Gracias por leer y hasta la próxima.